Escritura Social

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from Enredada

Arcano
Me gusta mucho el olor de la ropa de invierno cuando la sacas del fondo del armario al empezar el frío, huele así como arcano.
Huele un poco al armario de las chaquetas antiguas de mi madre, las que se ponía de joven pero se le quedaron estrechas y nunca donó, porque ella echaba de menos entrar en esa ropa y deshacerse ellas era como admitir que ese tiempo nunca volvería.
Huele un poco al armario de la casa de mi abuela, con toda la ropa de mi tía, la que se marchó del pueblo exiliada porque fue madre soltera en los 90, y eso era tal vergüenza que no volvimos a saber de ella hasta que el niño tuvo 10 años.
Huele un poco a tiempos pasados, que no fueron mejores porque ellas lo tenían todo más difícil, pero que de algún modo extraño me evocan cierta ternura, porque ellas me criaron, porque me convirtieron en la mujer que soy hoy.
Mi armario es relativamente nuevo —es sólo mi segundo invierno post-transición— pero me da mucha alegría que ya tenga ese olor a las mujeres que me precedieron, a sus historias, a sus secretos, a arcano.

 
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from Enredada

Vuelvo al sur
Nunca llega una a abandonar del todo un lugar que habitó.
Lo de volver al sitio donde creciste tiene un punto de nostalgia, por todo lo que dejas atrás —voluntaria o involuntariamente— y una parte de ilusión, por todas las cosas nuevas pero de alguna forma familiares que encuentras cuando regresas.
Yo siempre digo que dejé mi tierra para irme al exilio solo medio en broma. Y hago esfuerzos conscientes para no romantizar el pasado, porque tuvo sus luces y sus sombras, pero cuesta no hacerlo cuando vengo por unos días y acabo con el corazón partido en dos trozos iguales. Porque por una parte quiero volver a casa —al exilio— pero por otra me duele irme lejos de la gente que tantos años fue parte de mi vida y los lugares que tanto me marcaron.
Las caras nuevas en viejos espacios calan igual que las conocidas en los rincones que han cambiado. No encuentro forma buena de habitar el retorno, no consigo apartarme de la sensación de que es todo un poco onírico, de que no tengo derecho a vivirlo cono mío, de que no dejo de ser más que una invitada a la fiesta que en algún momento, indefectiblemente, acabará.
El último día del viaje tiene siempre un sabor agridulce. No sé si eso se cura, pero después de diez años yo no termino de acostumbrarme.
Nunca llega una a olvidar del todo las redes que tejió.

 
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from Enredada

Qué hace una chica como yo en un sitio como este
Aterrizo aquí después de un tiempo dándole vueltas a cómo canalizar toda esa energía que encuentro para hacer activismo de redes. Se oye mucho que la rabia es un importante factor de movilización hoy en día, y lo he podido comprobar porque yo siento mucha contra las redes privativas. Sin embargo, creo que como motor de cambio la ilusión es mucho más práctica, mucho más constructiva, y nos lleva a sitios mucho más bellos. No es que sea yo socióloga ni nada de eso, pero al menos a mi entorno y a mí siempre nos ha funcionado mejor.
Empiezo a escribir después de haber despertado del sueño profundo al que nos tienen sometidas las redes privativas. Lo que empezó hace 10 o 15 años siendo la promesa de la reconexión, la explosión de la socialización global, terminó siendo una pesadilla de tiempo secuestrado, cabezas bajas en el metro y falsa sensación de cercanía. Cuando abres los ojos ves muy claro que no es el enésimo vídeo de gatitos, ni la receta de brownies número 42 que enviamos lo que nos acerca a nuestros seres queridos; es esa llamada, ese audio, ese mensaje de texto para saber cómo estamos, cómo va la abuela, cómo está el tema ese de la casa. Y cuando lo vi —tras lo cual, como se dice comúnmente, ya no lo puedes desver—, decidí que quería hacer algo al respecto.
Estamos en un punto de inflexión, me parece. Cada vez oigo a más gente —no necesariamente cercana a la militancia del software libre— decir que está cansada de la dinámica en la que llevamos atrapadas estos años. No hay necesariamente una hoja de ruta ni una alternativa clara, pero sí hay un hartazgo generalizado de estar horas dándole al dedito para ver un montón de cosas solo tangencialmente interesantes pero altamente adictivas. El algoritmo nos conoce bien, pero no hay remedio contra el cansancio, o churn, como lo llaman en Silicon Valley.
Yo aquí he venido a dar brochazos de realidad a la gente cansada, y un hilito de esperanza a quienes decidan salir de la espiral. No solo hay vida después de Instagram o Tiktok, si no que además hay una tremenda sensación de libertad, de haber roto las cadenas, y de verte más cerca de tu gente —a pesar de que no te estén mandando tres reels cada día. Porque las redes no son Instagram, Mark Zuckerberg ni ningún tecnobró de Silicon Valley. Parafraseando el título del libro de Marta G. Franco, las redes somos nosotras. Las redes somos tú y yo.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🗡️ Escena sobre dos personajes del croquis, en tercera persona, corregida. He elegido a la guerrera y al «oso», también de forma aleatoria, pero me gustó la idea de mostrar que, de alguna manera, se sienten igual de solos.

—Cada vez hay más. —Interrumpe K mirando barranco abajo. —Sí. Siempre caen… —gruñe Oso sentado al borde. —¿Te importa? —Señala con intención de sentarse a su lado—. Las mejores puestas de sol son siempre aquí. —Sí. El sol baja en silencio y solo les acompaña una dulce brisa. Oso y K cruzan alguna mirada y sonríen. K es la única que no le tiene miedo y Oso jamás ha temido a nadie. Se saben los más fuertes, y esto les hace responsables del resto. Ninguno dice nada, aunque alguna vez lo han pensado: su enfrentamiento sería épico. Sentirían latir sus corazones y hervir su sangre. Sus gritos y gruñidos se escucharían durante días y nadie volvería a dormir en paz. Hasta el poderoso dragón correría a su montaña asustado. No tienen claro el resultado exacto salvo que destruirían el bosque y, entonces, ¿qué sería del resto? K nunca esquiva la terrible mirada de Oso. ¿Lo vería como un signo de debilidad? Oso siente como K le mira con respeto. ¿Qué pasará cuando solo sea un animal viejo? Los últimos rayos de sol caen sobre el infinito del mar de cuerpos y el momento termina. —Comida… —gime Oso, alzando el morro. —Vaya olfato que tienes, compañero. Estamos en la otra punta —dice K, incorporándose. —¿Ayuda? —bufa Oso y mira en dirección a la aldea de K. —No te preocupes, sabré volver —sonríe K socarrona—. ¿Qué? ¿Te vienes? Mis hermanas deben estar cocinando algo realmente bueno. —No lucha… —gruñe Oso mirando las garras de una de sus patas. K sonríe sujetando el mango de su espada. —Que se atrevan.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober11 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober

Cuentan las guerreras que una vez se extendió el hambre por el Bosque. Cuentan, mientras me giran para que se dore mi carne, que el sufrimiento y el miedo se enquistaron hasta en las raíces. Cuentan, mientras me sazonan y riegan con mi propia grasa, que la caza prendió sus corazones. Cuentan, mientras me rajan y sirven, que juraron no volver a pasar hambre.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober10 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober/

Estoy seguro, es una risa. No es un animal, es alguien, y está en movimiento. Unas veces más floja y otras más fuerte, debemos estar relativamente cerca. Ahora parece sonar por allí. «No, por allí». «Espera, ¿hay más de una?». Empiezo a sentir algo de presión en el pecho mientras acelero el paso. Las risas van aumentando y me rodean. Corro. Corro como puedo, sorteando la vegetación, colándome entre los árboles. Evito piedras y raíces, pero no conozco el terreno. Tropiezo, trastabillo, choco. Las risas no paran. «¿Me estaré moviendo en círculos?». pronto llego a un claro y las risas parecen inundarlo. Vienen de todos lados, pero nadie entra. Aumenta de intensidad formando una barrera y me tapo los oidos; no sé qué otra cosa hacer. Unas ramas se mueven a un lado, alguien sale. No alguien, yo. Soy yo. Riendo. Riendo y con la mirada perdida. Otro ruido, por detrás, y otro yo sale entre los árboles. Luego otro, y otro. «¿Cuántos estamos aquí, hosita? ¿Y de qué se ríen?». No paran de salir. Ahora sí se acercan, son demasiados. Somos demasiados. Sus bocas ríen pero sus ojos gritan. Más y más fuerte. Todos a la vez. La risa ya no parece tan divertida.
—Jaja —me digo, «¿Lo pillas?», la «risa» ya no tan parece divertida—. Jajaja, ¡JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJA!

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🙀 Vale, me he saltado un poco las normas porque son dos personajes de mi croquis, uno debe ser el protagonista, y el secundario tiene que hacer de antagonista. Pues son dos secundarios y son antagonistas de pegarse. Lo voy a mandar igual porque me he divertido mucho haciéndolo. Me habían salido la guerrera y el gato, así que los he puesto en el bosque a combatir. Mientras pensaba la escena he pensado que sería súper divertido que el gato hablase maullando, pero para que me cuadre he escrito el diálogo y luego que cambiado las palabras por miaus.

La sangre se me inquieta. Cada músculo me grita que la caza ha empezado. Conozco cada sombra de este bosque y ellas me envuelven y protegen. Hoy, felino descreído, yo soy la noche.

Miau miaau mm miau miiiau. Miaaa mieee mie miiiiaau. ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! Mia mia miau miaauuu. M mi miau. Miiau miiaaa. Miaau. Mm miiiau mm miiiiaaa m ¡MIAU!

No veo el destello de su ojo a tiempo, pasa como una sombra junto a mi y 3 hojas cortan mi hombro. Ninguno gritamos, pero es mi sangre la que mancha el suelo. Es rápida la maldita rata, aunque le ha costado su posición. Está delante, agazapado entre las hojas, sobre ese tronco. No le voy a dar tiempo y hundo la espada. La hundo en la madera.

¿Mia miaa? Miaau miiia. !M MIIII MIAAAAA¡

Siento sus garras anclarse a mi espalda y sus colmillos a mi cuello. Tiene que ser ahora. Hecho la mano atrás, lo agarro fuerte y lo arranco volteándolo hasta tumbarlo de un golpe. Con la espada en su cuello le grito «¡RÍNDETE!». —Miaaa, miauu... —Te tengo, maldito. —Mm, miau mm miiiaa miiau. —No tan cerca como crees, aunque vas mejorando —Le sonrío mientras me incorporo para enfundar la espada. —Mm miiiaaauu... —¡JA! Sigue soñando, bola de pelo —Veo como me tuerce el gesto —¿Qué? ¿Crees que las otras tendrán lista la cena? Hoy hemos cazado bien —le digo guiñándole el ojo. —Miiau, miiia mm miaaau. —Tú siempre tienes hambre, venga, volvamos.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from O corvo gralla

Como semella que eu non atopo o intre para porme a escribir para este blog, a pesar de ter varios textos comezados, vouvos regalar un de Pessoa, do seu Livro do desassossego. Hai tempo que estou a lelo, e vou deixando en Mastodon os fragmentos que máis me gustan. O caso é que cheguei a este, longo de máis para a rede social, e demasiado bo para fragmentalo. É puro Pessoa, e toca un dos leitmotivs do livro: os sentidos como unha outra intelixencia, moi afastada da intelectual; o poder da imaxinación para superar as distancias.

O texto está tirado da edición dixital de Luso Livros; eu estou a lelo na edición de Tinta de China; na primeira o texto está en partes distintas do livro e desde “A renúncia é a libertação” até o final é un fragmento anterior; optei por poñelo tal e como aparece na edición de Tinta de China a cargo de Jeronimo Pizarro.

«Há uma erudição do conhecimento, que é propriamente o que se chama erudição, e há uma erudição do entendimento, que é o que se chama cultura. Mas há também uma erudição da sensibilidade.

A erudição da sensibilidade nada tem a ver com a experiência da vida. A experiência da vida nada ensina, como a história nada informa. A verdadeira experiência consiste em restringir o contacto com a realidade e aumentar a análise desse contacto. Assim a sensibilidade se alarga e aprofunda, porque em nós está tudo; basta que o procuremos e o saibamos procurar.

Que é viajar, e para que serve viajar? Qualquer poente é o poente; não é mister ir vê-lo a Constantinopla. A sensação de libertação, que nasce das viagens? Posso tê-la saindo de Lisboa até Benfica, e tê-la mais intensamente do que quem vá de Lisboa à China, porque se a libertação não está em mim, não está, para mim, em parte alguma. “Qualquer estrada”, disse Carlylé, “até esta estrada de Entepfuhl, te leva até ao fim do mundo.” Mas a estrada de Entepfuhl, se for seguida toda, e até ao fim, volta a Entepfuhl; de modo que o Entepfuhl, onde já estávamos, é aquele mesmo fim do mundo que íamos a buscar.

Condillac começa o seu livro célebre, “Por mais alto que subamos e mais baixo que desçamos, nunca saímos das nossas sensações”. Nunca desembarcamos de nós. Nunca chegamos a outrem, senão outrando-nos pela imaginação sensível de nós mesmos. As verdadeiras paisagens são as que nós mesmos criamos, porque assim, sendo deuses delas, as vemos como elas verdadeiramente são, que é como foram criadas. Não é nenhuma das sete partidas do mundo aquela que me interessa e posso verdadeiramente ver; a oitava partida é a que percorro e é minha.

Quem cruzou todos os mares cruzou somente a monotonia de si mesmo. Já cruzei mais mares do que todos. Já vi mais montanhas que as que há na terra. Passei já por cidades mais que as existentes, e os grandes rios de nenhuns mundos fluíram, absolutos, sob os meus olhos contemplativos.

Se viajasse, encontraria a cópia débil do que já vira sem viajar.

Nos países que os outros visitam, visitam-nos anónimos e peregrinos. Nos países que tenho visitado, tenho sido, não só o prazer escondido do viajante incógnito, mas a majestade do Rei que ali reina, e o povo cujo uso ali habita, e a história inteira daquela nação e das outras. As mesmas paisagens, as mesmas casas eu as vi porque as fui, feitas em Deus com a substância da minha imaginação.

A renúncia é a libertação. Não querer é poder.

Que me pode dar a China que a minha alma me não tenha já dado? E, se a minha alma mo não pode dar, como mo dará a China, se é com a minha alma que verei a China, se a vir? Poderei ir buscar riqueza ao Oriente, mas não riqueza de alma, porque a riqueza da minha alma sou eu, e eu estou onde estou, sem Oriente ou com ele.

Compreendo que viaje quem é incapaz de sentir. Por isso são tão pobres sempre como livros de experiência os livros de viagens, valendo somente pela imaginação de quem os escreve. E se quem os escreve tem imaginação, tanto nos pode encantar com a descrição minuciosa, fotográfica a estandartes, de paisagens que imaginou, como com a descrição, forçosamente menos minuciosa, das paisagens que supôs ver.

Somos todos míopes, exceto para dentro. Só o sonho vê com o olhar.

No fundo, há na nossa experiência da terra duas coisas só — o universal e o particular. Descrever o universal é descrever o que é comum a toda a alma humana e a toda a experiência humana — o céu vasto, com o dia e a noite que acontecem dele e nele; o correr dos rios — todos da mesma água sororal e fresca; os mares, montanhas tremulamente extensas, guardando a majestade da altura no segredo da profundeza; os campos, as estações, as casas, as caras, os gestos; o traje e os sorrisos; o amor e as guerras; os deuses, finitos e infinitos; a Noite sem forma, mãe da origem do mundo; o Fado, o monstro intelectual que é tudo... Descrevendo isto, ou qualquer coisa universal como isto, falo com a alma a linguagem primitiva e divina, o idioma adâmico que todos entendem. Mas que linguagem estilhaçada e babélica falaria eu quando descrevesse o Elevador de Santa Justa, a Catedral de Reims, os calções dos zuavos, a maneira como o português se pronuncia em Trás-os-Montes? Estas coisas são acidentes da superfície; podem sentir-se com o andar mas não com o sentir. O que no Elevador de Santa Justa é universal é a mecânica facilitando o mundo. O que na Catedral de Reims é verdade não é a Catedral nem o Reims, mas a majestade religiosa dos edifícios consagrados ao conhecimento da profundeza da alma humana. O que nos calções dos zuavos é eterno é a ficção colorida dos trajes, linguagem humana, criando uma simplicidade social que é no seu modo uma nova nudez. O que nas pronúncias locais é universal é o timbre caseiro das vozes de gente que vive espontânea, a diversidade dos seres juntos, a sucessão multicolor das maneiras, as diferenças dos povos, e a vasta variedade das nações.

Transeuntes eternos por nós mesmos, não há paisagem senão o que somos.

Nada possuímos, porque nem a nós possuímos. Nada temos porque nada somos. Que mãos estenderei para que universo? O universo não é meu: sou eu.»

 
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from Caparrazón

Esta mañana iba a trabajar en mi coche después de dejar a mis hijes en casa de su abuela. Llevan más de una semana enfermes, concatenando diferentes virus, y nos ha tocado hace varias visitas a centros de salud/hospitales públicos para asegurarnos de que no había nada potencialmente peligroso en sus organismos. Les han atendido bien algunas veces, regular otras. Eso sí, siempre en la pública, porque en esta casa creemos en ella y la defendemos (y no tenemos seguro privado).

En el trayecto el trabajo iba detrás de un autobús que tenía publicidad de un seguro de salud privado impresa en la parte trasera y laterales del vehículo. Cómo hace dos días me enteré con algo más de detalle del tema de los cribados del cáncer de mama, automáticamente me han asaltado diversos pensamientos al respecto que han acabado convergiendo en una idea perversa y desalentadora que necesito compartir con vosotres. Quiero dejar claro que mi intención no es arrastraros conmigo al pozo de la desesperanza, sino construir a partir de esta subjetiva lectura de la situación. Empezaré dando el titular:

La derecha va a ser la gran beneficiada de la mala gestión en la crisis de los cribados de cáncer de mama

En todo este esperpento, del que no voy ha hacer ahora una crónica ni resumen porque ya se ha hablado mucho, al final el mayor rédito político lo va a sacar la derecha. Igual a corto plazo cae algún nombre medianamente importante, aunque no lo creo. Pero estoy seguro que a medio plazo los beneficios van a ser incalculables. Desgastar la sanidad pública es un punto estratégico en el modus operandi de la derecha ultraliberal multienmascarada que habita nuestras instituciones públicas. Sus ideólogos están a años luz de nuestra mermada y constreñida capacidad profundización informativa, fruto de la enmierdificación y sobreinformación a la que estamos expuestes. Ellos (utilizo el masculino aquí intencionadamente) ya tienen una planificación de daños y beneficios de cualquier crisis pública que creen o favorezcan, y poco les importa que al final caigan un par de caciques si con ello se cumple su objetivo mayor. Pueden permitirse renunciar hasta a una posible reelección, a cederlo por cuatro u ocho años, porque saben que mientras la alternativa sea los que se disfrazan de socialistas (masc. int.), no habrá suficiente blindaje público para detener el tsunami ultraliberal que está arrasando nuestro planeta.

Mientras se suceden las crisis, una tras otra, la izquierda política y mediática poco a poco va asumiendo el marco, sin apenar darse cuenta, y denuncia con vehemencia la mala gestión del Moreno de turno. Una vehemencia que se transforma en ocasiones en inocencia, y que acaba generando la idea perversa que me abordó esta mañana en el coche, viendo el anuncio del seguro privado de salud. ¿Por qué tanta gente de izquierdas ya tiene contratado un seguro privado? Porque contra el superultraneoliberalismo no se puede luchar con sus mismas lógicas: la comunicación de masas es un modelo creado al servicio de los poderes fácticos. Así, mientras te metes de un salto a bucear en este diario o en aquel medio público para leer sobre la crisis de los cribados en la sanidad pública, el enfado y la necesidad de cambio afloran; pero también lo hace otro sentimiento, el del miedo a que te suceda a ti, a tus amigues o a tu familia. Y en el marco de instantaneidad en el que vivimos, en el que el individuo siempre va por delante, puedes llegar a pensar: “que mierda, esos impresentables tienen que caer y se tiene que blindar el sistema público de salud”. ¿Pero qué haces con ese miedo? ¿La sociedad cansada y desprotegida en la que vivimos está preparada para mirarlo a la cara, enfrentarlo y convertirlo en la energía movilizadora para exigir cambios? ¿Y si no podemos con todo? ¿Y si la vivienda, Palestina, las DANAS, las cuotas de autónomos, la ecoansiedad y la sanidad pública son demasiado para nosotres? ¿Y si pagando ese seguro de salud al menos estamos tranquiles de que a nosotres no nos va a pasar?

Estas preguntas muestran que cualquier salida es moralmente válida. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Pero creo que sí que es obligatorio plantearse cómo los medios e informadores independientes, incluso nosotres, debemos plantearnos como producimos, amplificamos o difundimos las informaciones. Porque cada político de derechas que llega al poder se pone el extremo de un grillete al tobillo y, al otro extremo, ata los servicios públicos esenciales que (todavía) garantizan cierta igualdad y bienestar a la clase obrera. Y cuando caen el gobierno de turno, siempre se lleva por delante un cachito de algo que era de todes. ¿Podemos hacer algo para revertir estas dinámicas? Por supuesto que sí. Lo más importante, sin lugar a dudas, es que hablemos de la desprotección informativa que sufrimos, que lo pongamos en común y nos tomemos nuestro tiempo para debatir las estrategias que podemos aplicar individual y colectivamente para luchar contra esta lógica. Yo propongo una: que cualquier tema relacionado con la mala gestión de los recursos públicos venga acompañado de un fuerte argumentario en contra de la empresa privada correspondiente. Para ser justo, me consta que ya se hace en algunos medios, pero luego siempre se acaban reproduciendo la dinámica de la inmediatez para mantenerse en el torbellino informativo, en la pesca de arrastre del clic. Ninguna información política sin su ataque a la empresa carroñera de turno. Parece radical, lo sé. Sin duda, es lo que necesitamos.

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

El destino: un dragón agazapándose en un túnel. Se resguarda del frío que todavía no está, pero ya viene. Aún no ha llegado el invierno, y eso significa que seguimos esperando la noche, que aún ni si quiera podemos presagiar el día que vendrá después, la primavera. La esperanza de sol es incluso más dulce que el sol, siempre será más perfecto lo que adivinamos que lo que vemos. Y este otoño a treinta grados, de aire pegajoso y mañanas oscuras, me arranca el privilegio de soñar con el deshielo. El verano caducó y ahora sólo veo el túnel. Habrá que entrar. Agazapada, escucho el sonido del viento como un arrullo envenenado. Espero, solamente espero a que me cubra la noche.

 
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from una vida flotante

Sopicaldos

No se me había pasado por la cabeza que esto fuera a ser un blog de recetas pero tampoco me parece mal. Estaba haciendo un concentrado para caldo y por qué no ponerlo por escrito y si a alguien le vale pues mira que bien.

La verdad es que es curioso porque no soy especialmente sopera pero cuando vi esta forma de preparar concentrado no me pude resistir y también se puede usar para cocinar otros platos y añadir sabor, no solo para sopicaldos (me encanta esa palabra).

La primera receta la encontré en un blog creo que canadiense que ya no existe. Pero en esa receta los ingredientes eran todo hierbas silvestres. En realidad da lo mismo, mientras mantengas la proporción de sal puedes hacerlo con lo que quieras y tengas a mano.

Dura infinito en la nevera, lleva tanta sal que se conserva perfectamente. Eso sí, tienes que tenerlo en cuenta cuando cocines, apenas hay que añadir sal o incluso nada.

Vamos a ello, yo he puesto apio, zanahoria, cebolla, ajo, apionabo, chirivía y la sal. Se pone todo en la batidora con vaso triturador, en tandas para que sea más fácil y quepa todo y se va triturando. Cuando está todo bien triturado y mezclado se vierte en botes y se guarda en la nevera, ya digo que dura meses y meses.

La proporción es por cada 500 g de verdura, 175 g de sal.

A la hora de usarlo con una cuchara de café rasa es suficiente para una sopa individual aunque mejor comprobar si es suficiente.

Los ingredientes son los que he usado esta vez pero admite cualquier hierba o verdura, otras veces he puesto perejil o tomates secos, cualquier vegetal es bienvenido.

Ojalá le sirva a alguien. ¡Buen sopicaldo!

 
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from una vida flotante

Días otoñales

Me encanta cocinar en el horno de la estufa de leña.

Hoy amaneció nublado y lluvioso y, aunque no hace mucho frío, decidí que iba a encender y hacer una coliflor asada. Es una receta que no sé muy bien de dónde saqué y probablemente ya la he modificado.

Se corta la coliflor en rodajas y se ponen sobre una bandeja de horno con un poco de aceite, ajo en láminas, la mezcla de especias que se quiera (yo he puesto hinojo, ají, semillas de coriandro y pimienta rosa) sal y un chorro de aceite por encima. Se pone al horno pero no sé cuánto tiempo, voy pinchando y dando la vuelta según veo, asar en una estufa de leña hace los tiempos un poco inciertos y muy diferentes a los de un horno eléctrico.

El otoño avanza, aún tengo la mesa del patio puesta pero creo que no va a durar mucho. Los árboles amarillean aunque hay algunos que mantienen las hojas verdes, me sorprende que haya fresnos amarillos y perdiendo hojas y otros se mantengan verdes. Aún me como alguna mora y ya he visto algún pedo de lobo.

Cuando voy con la bici ya huele a leña.

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

De momento La vida pasa de momento De momento... Aquí todo es de momento

Yo sé bien que tengo que luchar para sobrevivir que nadie será el dueño de mi porvenir tan sólo yo puedo saber qué quiero ser y proceder

Puede ser que viva de ilusiones que yo fabriqué que tenga en los bolsillos solo arena y fe pero del aire no me puedo alimentar, y esa es la verdad

Y aquí estoy jodida por este camino que escogí pero vale la pena llegar hasta el fin...

de momento – los aslándticos *

La lluvia ha mojado todo el confeti. Los globos se deshinchan desparramados por la calle, la pista de baile se mancha de barro y las palabras que volaban en el aire caen al suelo por su propio peso. Puedo ver cómo se hunden en los charcos.

Vuelve a ser octubre. Vuelvo a ver el cielo abrirse y volcarse en cascada. Se inundan los caminos y el agua corre como la sangre de una herida que no se cierra. ¿Todavía estamos así? Sí, todavía. Todavía. No se puede ir a mi pueblo en tren. No tengo trabajo. No llueve tanto como el año pasado, y, de todas formas, aunque lo hiciera vamos sobre aviso. Cierran los parques a tiempo. Tenemos miedo.

Esta vez no he salido corriendo del evento que se celebra en octubre. No he llorado en el metro. No he querido morirme (sólo un rato, dos días después. Como la resaca de una droga sintética). Puedo considerarlo un triunfo en sí mismo, o eso le diré a mi psicóloga la semana que viene y ella lo confirmará. Pero la fecha que cuelga sobre mi cabeza, afilada e indefinida, sigue amenazando la paz y amarga la dulce sensación de victoria.

¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Cuándo dejo de intentarlo? ¿Cuánto es demasiado tiempo? Evito hacerme estas preguntas, las sorteo como escollos en un mar en el que me ahogo, porque tengo que seguir nadando, seguir, seguir hacia adelante, el único camino es hacia adelante. ¿Hasta cuándo? No se sabe. De momento.

 
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from Mi perra vida

Relato – Experiencia de uso | Poema – Bagatela – José Emilio Pacheco | Reseña – La viralidad del mal – Proyecto una | Frase Robada – Alma Delia Murillo | Bonus track

Experiencia de uso

(secuencia del relato Efectos Adversos) La pantalla del teléfono de Jacobo se iluminó con las tres notifciaciones (la del reloj, el anillo y los audífonos inteligentes) que indicaban ausencia de información vital. Tres advertencias que le pedían confirmar si se había retirado sus dispositivos digitales, o en noventa segundos se le avisaría a sus contactos asignados para emergencias médicas. Jacobo continuaba tirado en el piso mientras la cuenta regresiva persistía, los colores cambiaban, del verde al amarillo, vaticinando la llegada del color rojo para detonar las alarmas.

...

Años atrás cuando la OCDE promovió la doble jornada laboral para trabajos remotos, bajo el argumento de que la IA podía multiplicar la capacidad de análisis y respuesta humanas, Jacobo fue de los primeros en solicitar la “oportunidad”, para lo cual se debía aprobar una exhaustiva evaluación de su desempeño previo, así como una serie de exámenes con los cuales determinaban el monto que le sería pagado, nunca se supo de alguien que recibiera más del cincuenta por ciento del sueldo que correspondía a la persona que previamente realizaba dicha labor. Pero cuando en la pantalla de la computadora apareció una advertencia indicando que su solicitud había sido aprobada, y se le había autorizado el treinta y ocho por ciento de incremento en su salario mensual, Jacobo sintió alivio, las deudas ya lo tenían muy apretado, comenzó a limitar las interacciones físicas con su reducido grupo de amistades, ya que acudir a algún establecimiento atendido por seres humanos era incosteable, y dado el limitado espacio de los departamentos, donde con dificultades cabrían tres personas, las interacciones se limitaban al entorno digital.

En su jornada laboral, algo de tiempo le daba para intercambiar mensajes y alguna videollamada ocasional con sus amigos. Ahora con este ingreso adicional pensó que, al menos una vez al mes podría ver en persona a sus camaradas, aunque no estaba tan seguro; el chat de salidas, tenía meses sin actualizarse. Pero apenas dos semanas después de la autorización de la doble jornada, el dar respuesta a sus dos jefes de silicio, ya queJacobo no tenía un superior humano eso se reservaba para algunos puestos de la alta dirección, le estaba consumiendo todo el tiempo durante las ocho horas laborales, e incluso tenía que extender sus actividades un par de horas más y algunas pocas el fin de semana.

En el limitado tiempo que le quedaba, deseaba descansar y jugar en su consola hiperrealista, por lo que ver cientos de mensajes de sus amigos sin leer le generaba pereza y fastidio, pero más fastidioso fue que le suspendieran el servicio de agua potable por falta de pago. La nueva carga de trabajo le hizo olvidar los trámites administrativos domésticos. Mientras realizaba el pago, le llegó una de las múltiples promociones a la pantalla del teléfono, invitándolo a usar una IA a la cual se le daba autorización legal para realizar trámites, pagos, y para sorpresa de Jacobo si ademas se le daba acceso a las aplicaciones de mensajería y redes sociales, podía interactuar con amigos y familiares, prometiendo ser el alma de su círculo de amistades y un ciudadano ejemplar, al cumplir con todas las responsabilidades establecidas por la sociedad. Dubitativo, Jacobo aceptó la prueba gratuita de cuatro horas, tiempo en el que la IA lo puso al corriente con sus pagos, detectó servicios que seguía pagando pero no usaba, y lo mejor fue el resumen de los chats familiares y amistosos que le narró directamente en sus audífonos. En cuestión de minutos todos los pendientes de su vida estaban al corriente.

Convencido de la utilidad de la IA procedió a la suscripción del servicio premium, que le permitiría actuar en todas sus instancias digitales, al darle acceso pluripotencial a todas las aplicaciones de su teléfono y con las cuatro horas en las cuales la IA consumió toda la información disponible de Jacobo, prometía crear un doble digital con 99.999% de precisión en el actuar digital cotidiano. Se preocupó de que su doble de silicio fuera demasiado entusiasta con sus amigos y se delatara la ausencia de interacción real, así que en la configuración pidió aumentar el grado de privacidad y reserva social.

Al paso de los días Jacobo estaba fascinado, ya que siempre terminaba con el cerebro frito después de diez horas continuas de trabajo, la IA le contaba lo ocurrido con su vida social, le divertía ver como en una película lo que transcurría con sus amigos, familia y el doble digital. No más de siete minutos había configurado como la duración máxima del resumen cotidiano, así que tuvo tiempo para reposar un poco y pensar en mejores estrategias para su videojuego. Ni siquiera tenía que preocuparse por su alimentación o enseres de uso común, la IA hacía las compras por él, siguiendo sus gustos y preferencias de comida rápida, shampoo y hasta alguna prenda íntima que la IA calculaba era momento de cambiar. Sólo tenía que salir a la puerta, recoger los paquetes que dejaban los drones y del mismo modo dejar las cajas y envases usados para que otro dron los recogiera y enviara al centro de reciclaje, lo cual le daba puntos y beneficios sociales en el portal de la municipalidad y otras instituciones.

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La pantalla del teléfono parpadeaba con más intensidad en color rojo, al iniciar la cuenta regresiva a partir del número diez, comenzó a sonar un pitido agudo e intenso. Cuando quedaban tres segundos para realizar las llamadas de emergencia se desactivaron las tres advertencias, mismas que solicitaron una segunda confirmación de que los dispositivos habían sido retirados del usuario y que ya no era necesario llamar a sus contactos. Se confirmó la información y antes de apagarse la pantalla, las tres aplicaciones sugerían no dejar de usar los dispositivos inteligentes, para poder ofrecer una mejor experiencia de uso.

Bagatela – José Emilio Pacheco

Para quien no haya visto cuanto yo vi parecerá mentira lo que pasó. El mundo es diferente. Todo cambió. No volverá a ser mío lo que perdí. ¿Dónde estará el pasado que terminó? ¿Cuál camino transita quien antes fui? Para quien no haya visto cuanto yo vi parecerá mentira lo que pasó.

La viralidad del mal – Proyecto una

Existe una tendencia entre varios grupos y movimientos no hegemónicos que demuestran preocupación por las condiciones sociales y antropológicas que estamos viviendo. Zygmunt Bauman o Javier Sicilia entre otras y otros también han abordado ese tema, pero La viralidad del mal esta desarrollado por un colectivo menos representado y mas disruptivo del norte global, aunque no niega su origen.

En este caso la premisa básica es la relación entre los medios masivos de cómputo y el sistema económico, este contubernio por definición degenera y genera dominación. En cinco capítulos muestra cómo la promesa de que la tecnología basada en silicio sería una fuerza que liberaría o al menos emanciparía a la sociedad de sus cadenas no se cumplió, se transformó en su verdugo. Por supuesto para ello hay que echar mano de lo obvio, las grandes tecnológicas y sus modelos de negocio, que esto último desde mi perspectiva, es lo más peligroso para la humanidad. En el pasado, la esclavitud ocurría lejos de quienes se beneficiaban, y hoy aunque también el sur global sigue siendo el más afectado, esta maldad esta embebida en todas las aristas del ser humano y prácticamente en todas las regiones del globo.

El ensayo es reaccionario, suficientemente duro y adecuadamente sustentado, al igual que trabajos intelectuales similares se encuentra en una fase contemplativa, pero es el momento histórico que vivimos. Un gran punto a favor es que está pensado y escrito para lectores comunes, que no necesitamos un doctorado en filosofía o sociología para entenderlo, y está lleno de referencias bibliográficas para quien quiera profundizar.

¡Una lectura por demás recomendable!

Frase robada – Alma Delia Murillo

El error es no tomarse las intuiciones en serio. Lo sé, siempre lo he sabido.

Bonus track

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from jartigag

1. Me atraían los ordenadores

Empecé a programar con un libro de la biblio de Soria. Usaba el ordenador viejo que mis padres le compraron a un compañero suyo de las ambulancias. Recuerdo que una cuidadora en verano se sorprendió de que fuera capaz de programar siendo yo “tan pequeño” (tendría 8-10 años).

2. Informática bien, pero no sólo eso

En bachillerato, me daba cuenta de que me había formado sobre todo en música, inglés e informática. Un amigo más mayor me contó que iba a estudiar Ing. de Telecoms. en Zaragoza. Me gustó lo que me explicaba, me gustó la ciudad y me gustó el Colegio Mayor que me enseñó. Yo tenía interés y facilidad con las matemáticas. También valoraba positivamente que existía una especialización en imagen y sonido (ya dentro de la carrera me enteré de que realmente nunca se había impartido).

En los primeros cursos encontré muy interesante el modelado de la realidad en sistemas y ecuaciones . Las asignaturas en las que mejor me desenvolvía eran las de programación.

3. Especialidad telemática

En la UPNA me llamaron mucho la atención áreas como la teoría de la información, redes informáticas, señales... Me decidí por la especialización en telemática porque me di cuenta de que esa era en la que más tiempo podía pasar sin cansarme ni perder el interés.

En todos estos años, el nexo que relaciona todo lo que me resultaba interesante en la carrera es la capacidad de establecer vías de comunicación entre personas.

 
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from Mi perra vida

Relato — Efectos adversos | Poema — Lo que quedó de los noventas — Sofía Ochola Chávez | Reseña — Trampa 22 –Joseph Heller | Frase Robada –Yoda | Bonus track

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Efectos adversos

A pesar de sus dos empleos como asalariado en dos corporaciones de logística y algunos pequeños pero constantes trabajos que realizaba como autónomo, no le alcanzó el presupuesto para pagar el sobreprecio y adelantar una consulta médica anacrónica, como llamaban ahora a las consultas con médicos de carne y hueso. El saturado sistema programaba la cita más próxima entre cinco a seis meses, a menos claro que tuvieras el seguro médico premium o pagaras un recargo, para sacar de la lista a alguien con una póliza más limitada y te dieran su lugar.

Las cuentas no le salían a Jacobo, así que se tuvo que conformar con usar el servicio gratuito incluido en su póliza llamado consulta advance, nombre con el que designaban a una app (en su versión más básica) movida con la IA más avanzada del momento, que prometía reducir en noventa por ciento el número de consultas al médico de atención primaria y mas de la mitad para el caso de citas con el especialista.

Abrió la app, y lo primero que le pidió fue crear el perfil del médico que lo atendería. Entre decenas de opciones se decantó por una mujer blanca, de aspecto asiático, delgada, cabello negro, que hablara español con acento de Buenos Aires, una combinación ecléctica, que por cierto era la más solicitada gracias a la última serie creada por IA que versaba sobre caballeres y dragones, donde siendo la heroína robaba todos los suspiros. Ya estaba habituado a que en la pantalla fuera indistinguible la apariencia de estas entidades digitales con un ser humano de carne y hueso, agradeció haber instalado la app en su tableta digital para ver mejor a su sensual doctora, aunque deseaba que en su minúsculo departamento cupiera una pantalla plana de las que se empotran en la pared, pero aún así ella se veía radiante. Jacobo eligió que el entorno fuera la sala oval de la casa blanca, pero pudo haber seleccionado desde entornos submarinos, hasta estaciones espaciales.

La doctora de silicio era amable, escuchaba con atención las molestias que le refería Jacobo, no se distraía con la pantalla del teléfono celular o una computadora. Le pidió acceso a sus dispositivos de monitorización inteligentes, reloj, anillo, audífonos; y que instalara una actualización de la app que permitía ampliar las capacidades de la videocámara, para determinar decenas de mediciones de laboratorio, con una precisión cercana al cien por ciento, comparado con las molestas y dolorosas evaluaciones en sangre. Una vez autorizado el pago, el cual tuvo que reconsiderar para saber qué otro servicio podría cancelar y no afectar sus finanzas, la doctora de sus sueños determinó que el colesterol, triglicéridos que estaban elevados, así como la presión arterial descontrolada, eran los motivos que lo tenían con esos dolores de cabeza y una fatiga terrible que le estaba afectando en sus trabajos.

Le sugirió una aplicación para que cuidara su alimentación, las cuales por supuesto incluían un costosísimo menú personalizado, entregado por drones todos los días hasta la puerta de su casa; otra app de ejercicio con los mejores entrenadores virtuales en más de setenta y cinco disciplinas, que podían incluir acceso premium a los gimnasios físicos más modernos. Le respondió que lo pensaría, mintió, sabía que su economía no se lo permitiría, pero por un momento pensó que la doctora sabía que mentía, ya que tenía muchísima información personal corriendo por los miles de procesadores que la animaban, pero dado que no se inmutó, consideró que le había engañado.

Finalmente le preguntó sus preferencias sobre el tipo de tratamiento que deseaba recibir. Le ofreció una solución basada en nanotecnología, que se administraba una vez al año, en gotas para los ojos, el líquido instilado liberaba en su sistema nervioso miles de bioprocesadores visibles únicamente con potentes microscopios, que modificaban en tiempo real y sin efectos adversos la producción de hormonas, el funcionamiento de venas, arterias y otros órganos, era en realidad un tratamiento neurotecnológico y no farmacológico.

Jacobo se emocionó al escuchar ese cambio de paradigma en el tratamiento de las enfermedades, era un fanático de todos los avances de la ciencia. Tal entusiasmo le hizo olvidar su situación financiera, así que presionó el botón de aceptar en la pantalla de la tableta y cuando le llegó una notificación confirmando el precio del tratamiento, tuvo que declinar el ofrecimiento, ni destinando todos sus ingresos al tratamiento le alcanzaría para pagarlo. Por primera vez en toda la consulta, la doctora mostró un seño de desaprobación, él intentó mentirle diciendo que se sentía más cómodo con los fármacos tradicionales, y también estaba seguro de que mejoraría sus hábitos y bajaría de peso, no sería necesario un tratamiento tan sofisticado y de tan larga duración.

Tras ese pequeño error de programación, la mujer en la pantalla volvió a la empatía de antes, y procedió a explicarle cómo debía tomar los tres medicamentos que le entregaría un dron en su casa apenas terminara la sesión. Luego tomó varios minutos para describir los efectos adversos: sed, deseo de orinar frecuente, dolor de cabeza, estreñimiento, diarrea, vómito, tristeza, euforia y un largo etcétera. Seguramente la doctora detectó que sus signos vitales se alteraron con la letanía de eventualidades que experimentaría, porque le dijo que no se preocupara, que podía ofrecerle una pequeña actualización a su paquete básico, para que contara con consultas ilimitadas las veinticuatro horas, para así comentar su seguimiento y manejo de las molestias relacionadas con la terapia farmacológica. En esta ocasión no quiso mentirle y le respondió que no era necesario. En la pantalla apareció una notificación que le pedía confirmar que entendía los efectos adversos y que no deseaba incrementar su plan de atención médica digital. La doctora in silico se despidió programando su siguiente cita en ocho semanas, que era lo que su plan incluía. La “ intuición” de la doctora le hizo saber con precisión milimétrica que no aceptaría un plan adicional de consultas a demanda, así que desistió y terminó la consulta.

Jacobo se levantó de la mesa y fue a la cocina por un poco de agua, cuando le llegó la notificación de que el medicamento había sido entregado. Abrió la puerta y un par de cajas estaban a sus pies.

Desde el principio, el diurético se llevó mal con su próstata, y no paraba de ir al baño a orinar con muchas dificultades y frecuencia, día y noche. Afortunadamente todo su trabajo era desde casa, así que no tenía problemas, pero le estaba afectando el sueño. Al paso de los días el monitoreo de sus dispositivos inteligentes indicaba que no se encontraba en metas de presión arterial, y todas las amenazas que eso implicaba para su salud, también lo invitaba a contratar la app de nutrición y ejercicio, al menos en el plan básico, para así lograr los objetivos. Él sabía que no podía pagarlo, así que tuvo que quitarle tiempo a su videojuego hiperrealista, al que destinaba su escaso tiempo libre y buscó en su red social videos para hacer ejercicio en casa sin comprar ningún equipo especial. Le costó bastantes horas, ya que los videos que le aparecían normalmente estaban relacionados con la venta de algún producto o servicio, pero persistió y encontró un par que consideró serían suficientes para iniciar.

La primera y única sesión fue una tortura, se sentía peor que con los diuréticos, sudó como si saliera a pasear en verano, lo que le hizo recordar que hacía meses que no salía a la calle, y no estaba seguro de qué estación del año era. A pesar de la fatiga, la playera empapada de sudor y la voluntad devastada, terminó diez minutos de burpees, desplantes y otras torturas. Se tuvo que detener porque todo indicaba que a su aparato digestivo no le gustaba tanto brinco, y un cólico acompañado de una inminente sensación de ir al sanitario lo forzaron a detener su sacrificio.

Una vez que las necesidades del colon y la vejiga fueron satisfechas, se levantó a lavarse las manos y sintió un mareo que lo obligó a detenerse del lavabo, vio su cara en el espejo, pálido casi trasparente, había dejado el teléfono celular en la cocina, pero alcanzó a escuchar varias notificaciones insistentes, que no pudo leer y le indicaban que su presión arterial había bajado a niveles peligrosos, intentó abrir el grifo para enjuagarse la cara, pero todo oscureció a su alrededor.

Las piernas dejaron de responderle y se desvaneció, golpeando la nuca en el toallero de metal que tenía a sus espaldas. Jacobo estaba inerte tirado en el suelo del baño.

(continuación) ...

Lo que quedó de los noventas — Sofía Ochola Chávez

Bob Ross pinta en mi cara un paisaje de árboles magullados envueltos en una perfección pétrea. Mandela fue elegido presidente, una y otra vez, hasta que se hizo un monstruo, una dictadura autodenominada como mandelista, pero eso solamente fue un mal sueño de Colosio, justo antes de morir. Bob Ross decía que era sencillo, con esa voz en español súper-puesto, y ese afro que podía haber sido una vagina. Mi cara seguía fresca, obedecí a un impulso incomprensible, encendí un cigarrillo y busqué mis nervios, mi estrés y estreñimiento, en un tipo de depresión generacional, inconexa en internet. Terminé refugiada, en una luz azul neón, con cigarros y cervezas, buscando a Ren y Stimpy, recordando cuando niña, me masturbaba mirando algún capítulo al azar. ¿Por qué Ren y Stimpy me provocaban? Quizás lo grotesco, quizás las groserías aisladas, quizás el poder revitalizante de ser una caricatura que podía hacerte sentir el aroma de la pestilencia y la ineptitud de unos brutos. Me tiré la cerveza encima y Bob Ross entendió que los paisajes perfectos eran lo más triste del mundo. Ofreció, sin duda alguna, hacer una pinturita de Minnie Mouse, a lo que uno se niega, por pura dignidad. Tomé la última botella llorando fuerte con conversaciones sin sentido, pero con una pequeña sonrisa de satisfacción pasando entre mi generación — el lugar más solo para llorar o llevar a cuestas tus problemas — . Mis pasos se van quebrando y sigo diciendo que tengo un sueño, algún sueño en algún lado. Muevo la toga, y aviento el birrete entre toda mi generación, en la ciudad de los sueños rotos, en lo que quedó de los noventas.

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Prefiero ser un chicle de clorofila en el hocico de cualquier vago.

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Trampa 22 –Joseph Heller

Antes de comenzar debo decir que, normalmente me genera repelús un libro con la etiqueta “best seller”, aunado a que el autor es originario de los Estados Unidos de Norteamérica y para rematar la portada está escrita completamente con mayúsculas. Una vez expresados mis prejuicios, prosigo. Trampa 22 fue escrita en 1953 y publicada en 1961, en el entorno de la guerra entre Vietnam y los sempiternos “defensores” del orden y la paz mundial, por lo que vale la pena contextualizar adecuadamente la obra.

De manera simplista la novela representa un mundo absurdo, irracional, ilógico en medio de la guerra, es decir una perogrullada. La extensión del libro es notable, por lo que se requiere paciencia ya que, desde su arranque te adentra en este universo delirante, que desubica, ya que no se esperan tales personajes y comportamiento en una novela de guerra. Conforme se avanza dejas de pensar que es un episodio de El Chavo del Ocho para darte cuenta de que, es la estética a través de la cual Jopeph Heller desea expresar su desacuerdo. Este disentimiento lo llevó a ser un libro de culto entre los adolescentes de la época. Pero si comparamos esta manifestación de desaprobación, en comparación con todas las protestas contra la guerra realizadas en el país vecino, Trampa 22 podría considerarse un capítulo de Los Simpson, casi un precedente al meme como forma de protesta. Aunque debemos darle la concesión de que es una de las primeras manifestaciones antibelicista.

¿Porqué considero que es un best seller que envejeció mal? En un mundo con más conciencia social, con una alteridad mas presente, y por supuesto, cuando un bufón plutócrata esta liderando el caos mundial, ante este escenario, la obra se percibe insulsa, nimia. Los sinsabores ocultan el ingenio de Heller que, utiliza recursos literarios y estilísticos que son lo único que me tuvo pegado a las páginas.

En un mundo donde sólo hace falta ver los titulares para saber que estamos viviendo una época de horror injusto e irracional, no hace falta una novela cómica para subrayarlo. Pero si lees esos periódicos, ves esas noticias y no percibes el dolor ni el sufrimiento de los oprimidos, entonces sin duda este libro es obligado, para que a través de sus seiscientas páginas confirmes que la guerra es una rotunda estupidez, sin importar sus supuestas justificaciones.

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Frase robada — Yoda

El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento.

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