Escritura Social

Para leer...

Lee las últimas entradas de Escritura Social.

from Notas al margen

Ha pasado un año desde que dejé de escribir. Ha pasado tiempo desde que abandoné esa primera novela que no sé cuántas veces inicié. Esos diarios que dejé a un lado.

No sé cuántos blogs he abandonado, en los que perdí más tiempo pensando en cómo se veían, dejando de lado lo más importante: escribir. Por eso ahora he abierto este blog, aquí, para volver a escribir. Siento que será difícil, pero ahora estoy más animado.

Y creo que ha sido gracias a dejar a un lado las redes sociales privativas. Se siente raro decir que ya no he abierto TikTok, que eliminé hace semanas Twitter —ahora conocido como una letra horrible como X—, e Instagram sigue ahí. He llegado a entrar, pero solo la abro para volverla a cerrar.

Y así he comenzado mi camino en el fediverso. Aunque hace mucho que me había hecho cuentas en diferentes instancias, siempre quedaron abandonadas. Pero hace como un año, un amigo y yo montamos nuestra propia instancia. Y ahora la he convertido en mi casa.

Y aunque estar lejos de esas redes me aleja de tener mayor visibilidad, me da igual. Porque al final todo está hecho para priorizar ciertos posts, ciertos videos… así que, ¿qué más da? Prefiero ser visto por pocos sin estar atado a un algoritmo.

Así que sí, quiero volver a escribir.

 
Read more...

from El rincón de ferlagod

Como os conté en el post anterior, si quiero que mi app BiblioHouse pese 300 MB o lo que me dé la gana, necesito mi propio terreno. Por eso, hoy os traigo una guía paso a paso para que cualquiera pueda montar su propia instancia de Forgejo en un VPS europeo, manteniendo el control total.

Este es el proceso que he seguido para levantar ForjaLibre.eu. Cambia midominio.com o tudominio.com por tu dominio:


Requisitos previos

Para que esto vaya fluido y no se quede colgado a la primera de cambio, vamos a necesitar:

  • Un VPS en Europa: Yo recomiendo un servidor con al menos 2 GB de RAM (un CX11 de Hetzner o un equivalente en IONOS).
  • Un dominio: En mi caso he usado forjalibre.eu. Debes añadir un registro A en tu panel de DNS que apunte a la IP de tu servidor.
  • Puertos abiertos: Asegúrate de tener abiertos los puertos 80 (HTTP) y 443 (HTTPS) en el firewall.

Pasos de instalación (ejecuta como root)

1. Actualiza el sistema e instala las dependencias

Lo primero es tener la casa limpia y con las herramientas necesarias.

apt update && apt upgrade -y
apt install git wget curl nginx-full certbot python3-certbot-nginx sqlite3 ufw -y

# Configuramos el firewall básico
ufw allow OpenSSH
ufw allow 'Nginx Full'
ufw --force enable

2. Crea el usuario y directorios de Forgejo

Por seguridad, Forgejo funcionará bajo su propio usuario de sistema.

adduser --system --shell /bin/bash --group --disabled-password --gecos 'Git Version Control' git

# Estructura de carpetas
mkdir -p /var/lib/forgejo/{custom,data,log}
chown -R git:git /var/lib/forgejo/
chmod -R 750 /var/lib/forgejo/

mkdir /etc/forgejo
chown root:git /etc/forgejo
chmod 770 /etc/forgejo

3. Descarga Forgejo

Bajamos la versión estable (v14.0.2) y le damos permisos de ejecución.

cd /tmp
wget [https://codeberg.org/forgejo/forgejo/releases/download/v14.0.2/forgejo-14.0.2-linux-amd64](https://codeberg.org/forgejo/forgejo/releases/download/v14.0.2/forgejo-14.0.2-linux-amd64)
mv forgejo-14.0.2-linux-amd64 /usr/local/bin/forgejo
chmod +x /usr/local/bin/forgejo

4. Configura el servicio systemd

Para que Forgejo arranque siempre con el sistema.

wget [https://codeberg.org/forgejo/forgejo/raw/branch/forgejo/contrib/systemd/forgejo.service](https://codeberg.org/forgejo/forgejo/raw/branch/forgejo/contrib/systemd/forgejo.service) -P /etc/systemd/system/
systemctl daemon-reload
systemctl enable forgejo

5. Configuración inicial app.ini

Aquí es donde quitamos los límites de tamaño. Crea el archivo de configuración:

nano /etc/forgejo/app.ini

Pega este contenido adaptado (ajusta tu dominio):

[server]
DOMAIN = tudominio.com
HTTP_PORT = 3000
ROOT_URL = https://tudominio.com/
ENABLE_GZIP = true

[database]
DB_TYPE = sqlite3
PATH = /var/lib/forgejo/data/gitea.db

[repository]
# Aquí ampliamos a 10 GB para tu app entre sin problemas
UPLOAD_MAX_FILE_SIZE = 10240 
MAX_FILES = 50

[session]
PROVIDER = file

[lfs]
ENABLED = true

Ajustamos permisos finales:

chown root:git /etc/forgejo/app.ini
chmod 640 /etc/forgejo/app.ini

6. Inicia Forgejo

systemctl start forgejo
systemctl status forgejo # Verifica que esté en "active (running)"

7. Configura Nginx + SSL (Let's Encrypt)

Configuramos el proxy inverso para que todo pase por HTTPS y permitamos subidas pesadas.

nano /etc/nginx/sites-available/forgejo

Contenido del archivo:

server {
    listen 80;
    server_name midominio.com;
    return 301 https://$server_name$request_uri;
}

server {
    listen 443 ssl http2;
    server_name midominio.com;

    # Clave para permitir uploads de más de 100MB
    client_max_body_size 50g; 

    location / {
        proxy_pass [http://127.0.0.1:3000](http://127.0.0.1:3000);
        proxy_set_header X-Forwarded-For $proxy_add_x_forwarded_for;
        proxy_set_header X-Forwarded-Proto $scheme;
        proxy_set_header X-Real-IP $remote_addr;
        proxy_redirect off;
    }
}

Activamos y pedimos el certificado:

ln -s /etc/nginx/sites-available/forgejo /etc/nginx/sites-enabled/
rm /etc/nginx/sites-enabled/default
nginx -t && systemctl reload nginx
certbot --nginx -d midominio.com

8. Setup inicial vía web

Ahora abre tu navegador en midominio.com y termina la configuración:

  • Base de datos: SQLite ya está listo.

  • Admin: Crea tu usuario y contraseña.

  • Confirmación: En Admin > Settings, verifica que MAXFILESIZE sea de 10240 MB.

¡Listo! Ya tienes tu forja funcionando, soberana y sin que nadie te diga cuánto tiene que pesar tu trabajo.

#Teconología #Tutorial #Forgejo

 
Leer más...

from Cuaderno de un solo ojo

—¿Qué le pasa al gatito de la ventana? —interrumpo a papá mientras me pone los patines. Papá dice que está malito. O que está viejito. O las dos. Yo creo que no es eso. Tiene cortes como los que salen en mis tebeos. Creo que el gatito debe ser un caballero, o un pirata, porque le falta un ojo y a todos los piratas les falta un ojo. Pienso que se pasa los días peleando y robando, y riendo muy fuerte. Cuando lo veo en la ventana siempre está muy serio; seguro que pensando en su siguiente aventura. Debe ser estupendo ser gatito pirata.

 
Read more...

from Páramo Imperfecto

#Pensamientos

Si solamente voy a hacer una cosa en esta extraña vida que se me ha dado, que sea ser consciente de que soy fascinante. Un trocito muy especial del universo que se levanta, que se alza y sabe que es un trocito especial del universo. Que sus átomos fueron parte de estrellas, polvo estelar de los confines del cosmos. Y hoy, aquí, ahora, lo sabe. LO SABE. Lo sabe y ha visto estrellas, mar y nieve. Ha visto mundo extraños e increíbles con ojos que no son ojos. ¿Dónde está mi principio y dónde está mi fin? ¿Dónde está el principio de mi conciencia y dónde está su fin? No hay principio. No hay fin. Aquí. Ahora. Eternamente. La compasión como cuestión de vida o muerte. Porque lo es. El sistema causa sufrimiento y el sufrimiento causa la compasión para resistir. Y, si me equivoco, reparar. ¿Cómo de lento lo puedo hacer? ¿Cómo de imperfecto lo puedo hacer? ¿Cómo, después de toda una vida persiguiendo rapidez y perfección? Ya no corro más. Se acabó la expectativa retorcida. Se acabó correr. Se acabó huir hacia delante. Estoy bien aquí. Estoy bien así. No quiero más. NO QUIERO MÁS. Mi libertad, decir que no al trozo de comida que no quiero. RESPETARME, POR FIN. Ya no me trago más mentiras. Les digo que NO. Trazaré los surcos, trazaré los caminos. Para que sea cada vez más sencillo seguirlos. Eso es lo que anhelo. Simpleza. Belleza. Lo bello es simple a la vista y complejo ante el cosmos. ¡Qué belleza soy, capaz de generar belleza! ¿Pero cómo puedes estar quemándote y seguir escribiendo? Ésta es mi meditación, ésta es mi plegaria. La canción que no sé escribir. Lo que sale de mí porque pasa a través de mí. ¿Alguien lo entiende? Ni lo sé, ni me importa. Es un susurro en el viento, por si más tarde lo quiero oír. O no. Siempre pensé que escribiría una gran historia. Ahora sé que soy una gran historia.

 
Leer más...

from Fernando Villanueva

Miro las anteriores entradas del (quasi)blog y veo que han pasado prácticamente dos años. Mucho tiempo como para retomar nada. Sin embargo, hoy me encuentro con ganas de escribir. No obstante, lo que me cuesta a menudo es encontrar algo que decir. Entre todo el inmenso ruido que sufrimos, no creo que lo que vaya a comunicar aporte absolutamente nada. De hecho, creo que uno de los problemas que tenemos, como sociedad, es que todo el mundo está diciendo cosas continuamente: por chat, en redes sociales de diverso tipo, en vídeo..., ¡incluso por teléfono! Sin embargo, frente a esta democratización de la expresión constante y sin filtro, tampoco creo que el anterior modelo, en el que solo unos pocos podían hablar y gozar de una cierta difusión para su mensaje, fuera mejor. Además, se daba también frecuentemente el mismo fenómeno: mucho hablar para poco que aportar (simplemente lo hacía menos gente, únicamente aquella que contaba con el privilegio de poder hacerlo). Tampoco me engaño: la difusión de un mensaje a gran escala hoy día sigue obedeciendo a lógicas de poder.

En la música –y en las artes, en la literatura, en las ciencias...– pasa algo similar: seguimos teniendo mucha producción que no va más allá de repetir lo que ya ha sido dicho (a veces, incluso por el mismo emisor) hasta la náusea. Quizá sea algo necesario para que, entre tanta cosa, aparezca de tanto en tanto algo que merezca la pena, pero es algo que tiene efectos perversos bastante claros. Por ejemplo, el gasto de recursos (tiempo, esfuerzo, atención...) en cosas que, siendo honestos, no lo merecerían.

En Mastodon, donde tengo una actividad lectora más o menos frecuente, escribo pocas veces. Sin embargo, la cantidad de veces que comienzo a escribir un toot para, incluso una vez terminado, borrarlo es considerable. ¿Por qué? Depende. En ocasiones, porque me doy cuenta de que estoy contando cosas que no me apetece que sean públicas. Otras veces porque, una vez leído el toot, me parece que lo único que aporta es ruido. Y no quiero colaborar a la generación de más ruido (aunque soy consciente de que casi siempre, cuando acabo publicando un toot, es lo que hago). Por eso, desde siempre, mi producción de mensajes en distintos ámbitos es bastante escasa: en casa hablo poco; compongo poco y solo cuando tengo algo que probar que me interesa; genero pocos mensajes en chats y redes sociales; etc. En fin, que me expreso con poca frecuencia y, a veces, cuando no me queda más remedio. Probablemente estoy haciendo de la necesidad virtud y toda mi opinión sobre el asunto tenga que ver con una cuestión de carácter, un carácter condicionado por una infancia y una educación que me dejaron claro que era mejor no expresarse mucho, no te fuera a caer una hostia, real o figurada. Quién sabe. O quizá, sencillamente, es que realmente no tengo nada que decir, nada que comunicar, y soy una especie de cáscara vacía.

 
Leer más...

from Reflexiones desde el Keuper

Esta es una entrada manuscrita. Todas las imágenes de mi cuaderno tienen Alt-Text para que la entrada del blog pueda ser leídas por todas las personas.

19-01-26. Entrada blog. Sobre mi letra escrita. Al hablar de las estilográficas, me encuentro, en ocasiones, con algunas personas a las que les gustaría usarlas, pero no se atreven por su mala letra. Si yo os contará...  y lo voy a hacer, seguid leyendo. Siempre he tenido una letra horrible, pero horrible. Un verano, cuando era pequeño, tendría 7-8 años, mi madre se empeñó en que mejorase mi letra. Todas las mañanas dedicábamos un rato a escribir. Todas, sin descanso, practicaba la caligrafía. Hasta que mi madre, la pobre, desistió. Mi letra no había mejorado un ápice en todos los días que llevaba practicando. Al final, letra de médico para toda la vida, pero sin serlo por mi aprensión a la sangre y a las agujas.

Me regañaron todos mis profesores, en el colegio, el instituto y en la universidad. Tenía que mejorar mi letra. Algunos hasta me amenazaron con no corregirme los exámenes, pero, por suerte, no lo hicieron. Si vieseis mis apuntes... Ni yo era los en capaz de entenderlos en muchas ocasiones. Así ha sido durante casi toda ni vida, hasta que me aficioné a las estilográficas. Las había utilizado para tomar apuntes en el instituto y la carrera, pero esto era diferente. Por supuesto, al inicio, mi letra seguía siendo horrible, de imprenta, pero poco a poco me fui aficionando a escribir mano y, un día, empecé a enlazar las letras, como cuando era muy pequeño. Y así he ido progresando, hasta donde estoy ahora. Sigue sin

![ser la letra más bonita del mundo, al menos, es legible por mí y por muchas de las personas que leen mis escritos y mis cartas. Es cierto que, en las reuniones, mis notas siguen siendo incomprensibles, porque escribo muy rápido. Pero cuando me siento escribir a en mis cuadernos lo hago con tiempo, con ganas y eso hace que pueda escribir despacio, poniendo atención en el movimiento del plumín y en las palabras que escribo. Ya solo me falta compartir aquí un ejemplo de lo que sería una de mis letras “legibles” en el año 2017 Para que la comparéis con esta entrada manuscrita de ni blog.]((https://imagenes.escritura.social/uploads/doclomieu/SobreMiLetraEscrita3.jpeg)

Y aquí el ejemplo de algo escrito en 2017. Si algo no lo entendéis, podéis utilizar el texto alternativo para descifrar mi letra. Otro ejemplo de mi letra actual, algo mejor que el de hoy, lo podéis encontrar en mi otra entrada manuscrita, “blogs manuscritos”.

![Ensayo Patricia. 15/03/17. Video cortado muy pronto. No ha dado tiempo a ver nada. ¿Por qué no se observa topografía al aplicar ultrasonidos? ¿Y si los ultrasonidos se aplican lateralmente en vez de verticalmente? ¿Por qué hay regiones distintas en UFM?]((https://imagenes.escritura.social/uploads/doclomieu/SobreMiLetraEscrita4.jpeg)


El título no me termina de convencer, pero al ser una entrada en el blog que está escrita a vuelapluma en el cuaderno, así se va a quedar.


Los hashtags de hoy son:

#Escribir #Estilográficas

 
Leer más...

from Apuntes de Rob

Hoy escuché un debate informal entre un músico (flautista y director de orquesta), otro músico pero de rock y una actriz de cabaret, el moderador fue un periodista. El debate giraba sobre la música electrónica y los DJ's, sobre si se puede disfrutar un concierto de música electrónica: el músico de rock y la actriz asintieron sobre los beneficios hasta terapéuticos de asistir a un concierto de música electrónica, hasta se dijo que los mexicanos somos ruidosos y disfrutamos la música a alto volumen debido a que esa música se disfruta únicamente de esa manera. El músico clásico no asintió del todo, pues defendió que la música a alto volumen puede dañar la salud y no es entendible, a lo que el músico de rock respondió diciendo que la novena de Beethoven se disfruta a alto volumen.

A todo esto me vino a la mente lo que pienso sobre el alto volumen, pues además de los daños fisiológicos, los daños mentales tanto personales y sociales son evidentes y quiero enfocarme en lo siguiente:

La música clásica siempre se escucha sin amplificación:

Aunque hay conciertos de música clásica al aire libre o espacios demasiado grandes que necesitan amplificación electrónica, esta se disfruta plenamente en una sala diseñada acústicamente para no amplificar el sonido. Qué pena sería asistir a un concierto de música clásica al aire libre y que me toque cerca de una gran bocina, quedaría sordo y no entendería nada.

Las dinámicas musicales se disfrutan en un concierto sin amplificar y en una sala adecuada, pues generalmente cuando en un concierto se amplifica el sonido, se utilizan compresores y limitadores, lo que altera el sonido original y no se puede disfrutar un momento musical suave (piano) y cómo este puede ir creciendo gradualmente hasta llegar a un momento fuerte (forte) y mucho menos escuchar la destreza de las y los músicos para controlar estas dinámicas. Este es un problema cuando se amplifica el sonido mediante la electrónica y la ingeniería de audio, se escucha este problema en las transmisiones en línea y en grabaciones: es difícil escuchar transmisiones y grabaciones que tengan bien medidas las técnicas de ingeniería de audio y no distorsionen las dinámicas.

La música no clásica puede no necesitar amplificación:

Los conciertos de rock, pop y otros géneros conocidos masivamente, son electrónicos por naturaleza y necesitan amplificación electrónica. Son para ser compartidos en masa y puedo decir que están diseñados para la masa. Pero ¿Qué pasaría si cambiamos los instrumentos a instrumentos acústicos y que requieran poca amplificación y hasta evitar la amplificación en algunos instrumentos? Sería más disfrutable y el virtuosismo de los músicos puede valorarse mejor. Seguro hay conciertos (no para las masas) de este tipo y estoy seguro que es otro mundo.

La música grabada a todo volumen:

Además de los daños fisiológicos de la música a todo volumen, ya sea con o sin audífonos, los daños al otro pueden ser peor. Disfrutar la música a todo volumen puede “cartártico” (como ir a la feria de juegos mecánicos y gritar, o ir a una manifestación y gritar en contra del Estado), pero puede dañar a otros (incluso a los animales). Algunos aseguran el valor terapéutico de esta música a todo volumen, pero es una terapia fácil, de autoayuda, una terapia de televisión. Sería lo mismo que buscar la meditación por medio de la religión.

El debate no pudo ir más allá, el músico clásico no pudo defender del todo su postura y los otros defendieron su postura sin ceder. Pude notar que sus posiciones de privilegio social no permiten la crítica al tipo de música al que están acostumbrados (y sé muy bien que hay mucho que criticar a la música clásica por su elitismo), es difícil concebir que lo que haces tiene repercusiones, porque pierdes privilegios o pone en duda tu posición de privilegio. La mesa de debate era por personajes de clase media (acomodada) y desde mi perspectiva esto limita el debate (no debería, pero sucedió).

Además...

La novena de Beethoven no se escucha a todo volumen. Para disfrutar la novena y cualquier otra obra sinfónica (que son las que pueden llegar a decibles altos), se disfrutan en vivo y en una sala de conciertos sin amplificar de ninguna manera, pues los momentos fortes pueden ser ensordecedores, pero gracias a la vida que no son muy largos y que siempre hay momentos suaves.

La música sinfónica al aire libre, amplificada y con público masivo, es eso, para las masas. Son intentos de masificar la música clásica, de convertirlos en show para “evangelizar” al público “inculto”.

 
Leer más...

from Enredada

Chico roble
Lo encontré en un claro del bosque. Destacaba, sólido y cálido, como un roble centenario.
Parecía haber cobijado innumerables criaturas, como si dar sombra y cuidar fueran algo natural en él.
Le hablé, me sonrió, y me dormí en la hierba cerca de sus raíces, rayos de sol tamizados acariciándome la cara. Cuando desperté, ya al atardecer, un manto de hojas me cubría y me calentaba.
Me marché a casa ya entrada la noche, arropada con el recuerdo –sólido y cálido– del chico roble centenario.

 
Read more...

from Retales, por @editora

Hoy me ha llamado mi amiga Bea. Hemos estado 59 minutos y 27 segundos hablando (lo dice mi Blackberry). Ella estaba cocinando y se acordaba de mí mientras picaba la cebolla porque estaba preparando empanada, con la receta que le dio mi madre una vez que hace años se encontraron en el Eroski. Fue en aquella temporada (su último piso de estudiante) en la que podríamos haber sido vecinas pero no, porque yo ya me había ido de Vitoria.

Nos hemos puesto al día también, claro, un poco. Me ha contado que su pareja lleva de baja desde septiembre, desde que la llamó ingresado de urgencia en el hospital cuando ella estaba en la peluquería y se fue con el pelo a medio cortar y sin pagar del susto que se llevó. Eso fue la última vez que hablamos, yo me quedé en que le habían dado el alta del hospital y que iba estando mejor.

Por supuesto, hemos hablado de lavaderos, de que ya me he puesto a leer su manuscrito, de cómo pondremos los pies de página y dónde irán las fotos. De simplificar por un lado y de añadir unas grabaciones nuevas que ha encontrado.

Nos hemos reído porque de repente sin darme cuenta le he hablado en catalán (siempre que hablo sobre mi guapa salta un resorte en mi cerebro y cambio al catalán sin pensar) y eso ha servido para confesarle que hay palabras casi imposibles de pronunciar para mí a pesar de que son tan esenciales como “lata de atún” (“llauna de toninya”) —insértese aquí el recuerdo, la complicidad, de todas esas noches de conversación en su piso de estudiantes cuando nos quedábamos hasta las tantas y yo era feliz con mi “latita de atún”—.

También he puesto en voz alta el cansancio que llevo acumulado, diez años para acabar un proyecto son muchos años y ahora que ya casi está todo, que solo falta amueblar para que @casatiajulia@pixelfed.social empiece su nueva vida, es justo cuando me fallan las fuerzas. No es fácil reconocer este desánimo repentino (ya pasará).

Nunca tuve un grupo de amigas como tal con las que hacer cosas. Amigas con las que se supone que compartes la vida, esto es, compartes actividades. Siempre fui una niña rara que no acababa de encajar porque me gustaba leer y estar en mi mundo.

Lo más parecido a alguien con quien “hacer cosas” era la Mari Trini, que vivía enfrente de casa de mi abuela en el pueblo y a quien veía todos los veranos. Tenía dos años más que yo y era un poco “cabra loca” así que aprovechaba esa diferencia de edad para arrastrarme a aventuras como escalar el castillo por el lado más difícil o meternos en cuevas en las que nos prohibían entrar. Una vez, cuando aún había autobús en el pueblo, cogimos “el coche” de Zaragoza, que pasaba lunes, jueves y sábados y nos fuimos a Canfranc un jueves para volver el sábado, aunque finalmente acabamos durmiendo en Huesca capital en casa de una compañera mía de universidad. Con el tiempo la Mari Trini “sentó cabeza”, se casó y tuvo dos hijos, quién lo iba a decir.

Pero en Vitoria, en mi día a día, mientras el resto de adolescentes quedaban para salir de fiesta, de excursión o de lo que fuera, yo me quedaba en casa, sola y sintiéndome diferente.

Conocer en Inglaterra, gracias a una beca, a las que hoy, 30 años después, aún son mis amigas («amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato» -RAE) para mí lo cambió todo. Pero no porque pudiera compartir montones de actividades con ellas, para nada. Ellas, de vuelta a Vitoria, seguían con sus cuadrillas y con su grupos y su vida. Yo empezaba la universidad, en otra ciudad, y también iba a lo mío.

Lo importante, lo sustancial, es que encontré personas que me entendían, que me daban otros puntos de vista, en las que podía confiar, que de repente me miraban no como “la rara” sino como “la interesante”. Personas con las que hablar a corazón abierto y a las que, sí, también podía contarles mi vida y ellas a mí la suya.

«Ya no compartimos la vida, nos la resumimos» dice este artículo. Resumir en vez de contar. «Si pudiéramos hablar bien con toda la gente que queremos, tal como queremos, con tiempo para disfrutar de ello en un plazo narrativo, en una pausa segura para ser escuchados y escuchar, quizá no escribiríamos», dice Carmen Martín Gaite, y continúa: «En el momento en el que hay alguien con quien puedes hablar, para mí que se quiten el cine, el teatro, los viajes...» (ver en Literatube)

Quizás el problema no sea el «contarnos la vida» en vez de compartirla. Quizás la cuestión está en los tiempos, en los plazos en los que se dan esas conversaciones. Por suerte mis amigas siguen siendo para mí, precisamente, esa «pausa segura para ser escuchada y escuchar».

Ojalá más tiempo para pausas, más tiempo para la amistad.

 
Leer más...

from Enredada

Me duele mucho
cuando la gente se acerca
y luego sale corriendo.
Maldito mundo
de ventanas emergentes
scroll infinito
y atención dispersa.
El silencio
es un castigo
y el ghosting
son mis lágrimas
a la noche.

 
Leer más...

from Enredada

Arcano
Me gusta mucho el olor de la ropa de invierno cuando la sacas del fondo del armario al empezar el frío, huele así como arcano.
Huele un poco al armario de las chaquetas antiguas de mi madre, las que se ponía de joven pero se le quedaron estrechas y nunca donó, porque ella echaba de menos entrar en esa ropa y deshacerse ellas era como admitir que ese tiempo nunca volvería.
Huele un poco al armario de la casa de mi abuela, con toda la ropa de mi tía, la que se marchó del pueblo exiliada porque fue madre soltera en los 90, y eso era tal vergüenza que no volvimos a saber de ella hasta que el niño tuvo 10 años.
Huele un poco a tiempos pasados, que no fueron mejores porque ellas lo tenían todo más difícil, pero que de algún modo extraño me evocan cierta ternura, porque ellas me criaron, porque me convirtieron en la mujer que soy hoy.
Mi armario es relativamente nuevo —es sólo mi segundo invierno post-transición— pero me da mucha alegría que ya tenga ese olor a las mujeres que me precedieron, a sus historias, a sus secretos, a arcano.

 
Read more...

from Enredada

Vuelvo al sur
Nunca llega una a abandonar del todo un lugar que habitó.
Lo de volver al sitio donde creciste tiene un punto de nostalgia, por todo lo que dejas atrás —voluntaria o involuntariamente— y una parte de ilusión, por todas las cosas nuevas pero de alguna forma familiares que encuentras cuando regresas.
Yo siempre digo que dejé mi tierra para irme al exilio solo medio en broma. Y hago esfuerzos conscientes para no romantizar el pasado, porque tuvo sus luces y sus sombras, pero cuesta no hacerlo cuando vengo por unos días y acabo con el corazón partido en dos trozos iguales. Porque por una parte quiero volver a casa —al exilio— pero por otra me duele irme lejos de la gente que tantos años fue parte de mi vida y los lugares que tanto me marcaron.
Las caras nuevas en viejos espacios calan igual que las conocidas en los rincones que han cambiado. No encuentro forma buena de habitar el retorno, no consigo apartarme de la sensación de que es todo un poco onírico, de que no tengo derecho a vivirlo cono mío, de que no dejo de ser más que una invitada a la fiesta que en algún momento, indefectiblemente, acabará.
El último día del viaje tiene siempre un sabor agridulce. No sé si eso se cura, pero después de diez años yo no termino de acostumbrarme.
Nunca llega una a olvidar del todo las redes que tejió.

 
Read more...

from Enredada

Qué hace una chica como yo en un sitio como este
Aterrizo aquí después de un tiempo dándole vueltas a cómo canalizar toda esa energía que encuentro para hacer activismo de redes. Se oye mucho que la rabia es un importante factor de movilización hoy en día, y lo he podido comprobar porque yo siento mucha contra las redes privativas. Sin embargo, creo que como motor de cambio la ilusión es mucho más práctica, mucho más constructiva, y nos lleva a sitios mucho más bellos. No es que sea yo socióloga ni nada de eso, pero al menos a mi entorno y a mí siempre nos ha funcionado mejor.
Empiezo a escribir después de haber despertado del sueño profundo al que nos tienen sometidas las redes privativas. Lo que empezó hace 10 o 15 años siendo la promesa de la reconexión, la explosión de la socialización global, terminó siendo una pesadilla de tiempo secuestrado, cabezas bajas en el metro y falsa sensación de cercanía. Cuando abres los ojos ves muy claro que no es el enésimo vídeo de gatitos, ni la receta de brownies número 42 que enviamos lo que nos acerca a nuestros seres queridos; es esa llamada, ese audio, ese mensaje de texto para saber cómo estamos, cómo va la abuela, cómo está el tema ese de la casa. Y cuando lo vi —tras lo cual, como se dice comúnmente, ya no lo puedes desver—, decidí que quería hacer algo al respecto.
Estamos en un punto de inflexión, me parece. Cada vez oigo a más gente —no necesariamente cercana a la militancia del software libre— decir que está cansada de la dinámica en la que llevamos atrapadas estos años. No hay necesariamente una hoja de ruta ni una alternativa clara, pero sí hay un hartazgo generalizado de estar horas dándole al dedito para ver un montón de cosas solo tangencialmente interesantes pero altamente adictivas. El algoritmo nos conoce bien, pero no hay remedio contra el cansancio, o churn, como lo llaman en Silicon Valley.
Yo aquí he venido a dar brochazos de realidad a la gente cansada, y un hilito de esperanza a quienes decidan salir de la espiral. No solo hay vida después de Instagram o Tiktok, si no que además hay una tremenda sensación de libertad, de haber roto las cadenas, y de verte más cerca de tu gente —a pesar de que no te estén mandando tres reels cada día. Porque las redes no son Instagram, Mark Zuckerberg ni ningún tecnobró de Silicon Valley. Parafraseando el título del libro de Marta G. Franco, las redes somos nosotras. Las redes somos tú y yo.

 
Read more...

from Cuaderno de un solo ojo

🗡️ Escena sobre dos personajes del croquis, en tercera persona, corregida. He elegido a la guerrera y al «oso», también de forma aleatoria, pero me gustó la idea de mostrar que, de alguna manera, se sienten igual de solos.

—Cada vez hay más. —Interrumpe K mirando barranco abajo. —Sí. Siempre caen… —gruñe Oso sentado al borde. —¿Te importa? —Señala con intención de sentarse a su lado—. Las mejores puestas de sol son siempre aquí. —Sí. El sol baja en silencio y solo les acompaña una dulce brisa. Oso y K cruzan alguna mirada y sonríen. K es la única que no le tiene miedo y Oso jamás ha temido a nadie. Se saben los más fuertes, y esto les hace responsables del resto. Ninguno dice nada, aunque alguna vez lo han pensado: su enfrentamiento sería épico. Sentirían latir sus corazones y hervir su sangre. Sus gritos y gruñidos se escucharían durante días y nadie volvería a dormir en paz. Hasta el poderoso dragón correría a su montaña asustado. No tienen claro el resultado exacto salvo que destruirían el bosque y, entonces, ¿qué sería del resto? K nunca esquiva la terrible mirada de Oso. ¿Lo vería como un signo de debilidad? Oso siente como K le mira con respeto. ¿Qué pasará cuando solo sea un animal viejo? Los últimos rayos de sol caen sobre el infinito del mar de cuerpos y el momento termina. —Comida… —gime Oso, alzando el morro. —Vaya olfato que tienes, compañero. Estamos en la otra punta —dice K, incorporándose. —¿Ayuda? —bufa Oso y mira en dirección a la aldea de K. —No te preocupes, sabré volver —sonríe K socarrona—. ¿Qué? ¿Te vienes? Mis hermanas deben estar cocinando algo realmente bueno. —No lucha… —gruñe Oso mirando las garras de una de sus patas. K sonríe sujetando el mango de su espada. —Que se atrevan.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
Read more...

from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober11 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober

Cuentan las guerreras que una vez se extendió el hambre por el Bosque. Cuentan, mientras me giran para que se dore mi carne, que el sufrimiento y el miedo se enquistaron hasta en las raíces. Cuentan, mientras me sazonan y riegan con mi propia grasa, que la caza prendió sus corazones. Cuentan, mientras me rajan y sirven, que juraron no volver a pasar hambre.

 
Read more...

from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober10 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober/

Estoy seguro, es una risa. No es un animal, es alguien, y está en movimiento. Unas veces más floja y otras más fuerte, debemos estar relativamente cerca. Ahora parece sonar por allí. «No, por allí». «Espera, ¿hay más de una?». Empiezo a sentir algo de presión en el pecho mientras acelero el paso. Las risas van aumentando y me rodean. Corro. Corro como puedo, sorteando la vegetación, colándome entre los árboles. Evito piedras y raíces, pero no conozco el terreno. Tropiezo, trastabillo, choco. Las risas no paran. «¿Me estaré moviendo en círculos?». pronto llego a un claro y las risas parecen inundarlo. Vienen de todos lados, pero nadie entra. Aumenta de intensidad formando una barrera y me tapo los oidos; no sé qué otra cosa hacer. Unas ramas se mueven a un lado, alguien sale. No alguien, yo. Soy yo. Riendo. Riendo y con la mirada perdida. Otro ruido, por detrás, y otro yo sale entre los árboles. Luego otro, y otro. «¿Cuántos estamos aquí, hosita? ¿Y de qué se ríen?». No paran de salir. Ahora sí se acercan, son demasiados. Somos demasiados. Sus bocas ríen pero sus ojos gritan. Más y más fuerte. Todos a la vez. La risa ya no parece tan divertida.
—Jaja —me digo, «¿Lo pillas?», la «risa» ya no tan parece divertida—. Jajaja, ¡JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJA!

 
Read more...