Escritura Social

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from Reflexiones desde el Keuper

Cuaderno de #bitácora

Ya son muchas las entradas del blog y, aunque hice un archivo a mano, le seguía faltando un buscador.

Lo he creado utilizando las instrucciones, ligeramente modificadas, que hay publicadas en el foro de write.as.

Si queréis replicar el buscador en vuestro blog de writefreely, solo tenéis que copiar el siguiente código cambiando la dirección que aparece tras site por la dirección de vuestro blog.

<iframe src="https://duckduckgo.com/search.html?site=escritura.social/doclomieu"
        style="width:320px;height:40px;border:0;">
</iframe>

El buscador está situado en la cabecera del blog, bajo el nombre Buscar en el blog.

 
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from Apuntes de Rob

Hoy escuché un debate informal entre un músico (flautista y director de orquesta), otro músico pero de rock y una actriz de cabaret, el moderador fue un periodista. El debate giraba sobre la música electrónica y los DJ's, sobre si se puede disfrutar un concierto de música electrónica: el músico de rock y la actriz asintieron sobre los beneficios hasta terapéuticos de asistir a un concierto de música electrónica, hasta se dijo que los mexicanos somos ruidosos y disfrutamos la música a alto volumen debido a que esa música se disfruta únicamente de esa manera. El músico clásico no asintió del todo, pues defendió que la música a alto volumen puede dañar la salud y no es entendible, a lo que el músico de rock respondió diciendo que la novena de Beethoven se disfruta a alto volumen.

A todo esto me vino a la mente lo que pienso sobre el alto volumen, pues además de los daños fisiológicos, los daños mentales tanto personales y sociales son evidentes y quiero enfocarme en lo siguiente:

La música clásica siempre se escucha sin amplificación:

Aunque hay conciertos de música clásica al aire libre o espacios demasiado grandes que necesitan amplificación electrónica, esta se disfruta plenamente en una sala diseñada acústicamente para no amplificar el sonido. Qué pena sería asistir a un concierto de música clásica al aire libre y que me toque cerca de una gran bocina, quedaría sordo y no entendería nada.

Las dinámicas musicales se disfrutan en un concierto sin amplificar y en una sala adecuada, pues generalmente cuando en un concierto se amplifica el sonido, se utilizan compresores y limitadores, lo que altera el sonido original y no se puede disfrutar un momento musical suave (piano) y cómo este puede ir creciendo gradualmente hasta llegar a un momento fuerte (forte) y mucho menos escuchar la destreza de las y los músicos para controlar estas dinámicas. Este es un problema cuando se amplifica el sonido mediante la electrónica y la ingeniería de audio, se escucha este problema en las transmisiones en línea y en grabaciones: es difícil escuchar transmisiones y grabaciones que tengan bien medidas las técnicas de ingeniería de audio y no distorsionen las dinámicas.

La música no clásica puede no necesitar amplificación:

Los conciertos de rock, pop y otros géneros conocidos masivamente, son electrónicos por naturaleza y necesitan amplificación electrónica. Son para ser compartidos en masa y puedo decir que están diseñados para la masa. Pero ¿Qué pasaría si cambiamos los instrumentos a instrumentos acústicos y que requieran poca amplificación y hasta evitar la amplificación en algunos instrumentos? Sería más disfrutable y el virtuosismo de los músicos puede valorarse mejor. Seguro hay conciertos (no para las masas) de este tipo y estoy seguro que es otro mundo.

La música grabada a todo volumen:

Además de los daños fisiológicos de la música a todo volumen, ya sea con o sin audífonos, los daños al otro pueden ser peor. Disfrutar la música a todo volumen puede “cartártico” (como ir a la feria de juegos mecánicos y gritar, o ir a una manifestación y gritar en contra del Estado), pero puede dañar a otros (incluso a los animales). Algunos aseguran el valor terapéutico de esta música a todo volumen, pero es una terapia fácil, de autoayuda, una terapia de televisión. Sería lo mismo que buscar la meditación por medio de la religión.

El debate no pudo ir más allá, el músico clásico no pudo defender del todo su postura y los otros defendieron su postura sin ceder. Pude notar que sus posiciones de privilegio social no permiten la crítica al tipo de música al que están acostumbrados (y sé muy bien que hay mucho que criticar a la música clásica por su elitismo), es difícil concebir que lo que haces tiene repercusiones, porque pierdes privilegios o pone en duda tu posición de privilegio. La mesa de debate era por personajes de clase media (acomodada) y desde mi perspectiva esto limita el debate (no debería, pero sucedió).

Además...

La novena de Beethoven no se escucha a todo volumen. Para disfrutar la novena y cualquier otra obra sinfónica (que son las que pueden llegar a decibles altos), se disfrutan en vivo y en una sala de conciertos sin amplificar de ninguna manera, pues los momentos fortes pueden ser ensordecedores, pero gracias a la vida que no son muy largos y que siempre hay momentos suaves.

La música sinfónica al aire libre, amplificada y con público masivo, es eso, para las masas. Son intentos de masificar la música clásica, de convertirlos en show para “evangelizar” al público “inculto”.

 
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from Reflexiones desde el Keuper

Si habéis estado siguiendo mi cuenta de Mastodon, llevo unos días trabajando en una base de datos para gestionar mi colección de estilográficas, tintas y papel en Obsidian. Creo que ya la tengo preparada a mi gusto, así que he decidido compartirla aquí, por si a alguien le puede resultar de ayuda o de inspiración para preparar la suya propia.

He de decir que todo esto comenzó por un toot de @rpla@masto.es. En dicho toot, comentaba que estaba preparando una base de datos de sus estilográficas en obsidian. Primero le respondí que, yo, para gestionar mi colección, utilizaba Fountain Pen Companion, pero, tras un intercambio de toots y pensarlo un poco, le vi un gran potencial a tener mi propia base de datos en obsidian. Decidí, por lo tanto, ponerme manos a la obra y crearla desde cero.

Ventajas de una base de datos en Obsdian

Pero antes de explicar como la he montado, voy a deciros las ventajas que le veo con respecto a FPC. No es lo más importante para mí, pero una de las ventajas es que dejas de depender de la infraestructura de otros. Además, en cada entrada de tinta, estilográfica y papel puedo tener mis propias fotos, comentarios más exhaustivos de cada una de ellas y, quizás lo más importante, puedo hacer referencias cruzadas para poder ver fácilmente como se comporta una tinta en un determinado tipo de papel.

Organización de la base de datos

No he creado una bóveda diferente para la colección de estilográficas, estoy utilizando mi bóveda personal. Lo que sí que he creado es una carpeta diferente dentro de ella, que he llamado “Estilográficas BD”. Esta carpeta la he dividido en cuatro subcarpetas diferentes, “Estilográficas”, “Tintas”, “Papel” y “Fotos”. En cada una de ellas se almacenan las notas correspondientes, excepto en fotos, que es donde guardo todas las fotografías.

Dentro de la carpeta “Estilográficas DB” también he creado dos ficheros tipo base, uno para mostrar las estilográficas y otro para las tintas. En los dos casos, he creado dos vistas diferentes, una tabla y una galería. La vista de tabla me permite ver, rápidamente, toda la información que me interesa de las tintas y las estilográficas, mientras que la vista de galería me permite ver las fotos de las muestras de tinta o las fotos de las estilográficas.

Parte de la tabla con las tintas y sus propiedades

Tabla con las tintas y las fotos de las muestras

Plantillas

He creado tres plantillas diferentes, una para las estilográficas, otra para las tintas y otra para el papel. Cada una de ellas tiene una serie de propiedades diferentes. Dentro de cada bloque de código, he marcado con % aquellas propiedades que considero necesitan un poco de explicación. Casi todas las propiedades son de tipo texto, excepto las que he marcado como “lista”, “true/false” y las que tienen el nombre de “fecha”. El cuerpo de la nota está en blanco, porque es donde incluyo los comentarios específicos, por ejemplo, donde lo compré o quien me lo regalo. También incluyo todas las fotografías, hago referencias cruzadas entre las notas, etc.

Estilográficas
---
tags:
  - Estilográficas
Marca:
Modelo:
Plumín:
Tipo de carga:
Color:
Cargada: %true/false
Fecha de carga:
Tinta: %link a la ficha de la tinta
Fecha de compra:
Fecha del primer uso:
Foto: %fotografía de la estilográfica
---
Tintas
---
tags:
  - Tintas
Marca:
Edición:
Color:
Propiedades especiales: %Lista
Tipo de tintero: %tintero/cartucho/muestra
Swabbed: %true/false
Muestra: %fotografía de la muestra de tinta
Fecha de compra:
Fecha del primer uso:
Fecha del último uso:
---
Papel
---
tags:
  - Papel
Marca:
Tipo:
Tamaño:
Color:
Tapas:
Interior:
Color papel:
Grosor papel:
Uso:
Fecha de compra:
Fecha del primer uso:
Fecha del último uso:
Foto: %fotografía del cuaderno
---
Ejemplo ficha completa

La nota comenzaría con el nombre de la tinta y las propiedades se verían del siguiente modo:

---
tags:
  - Tintas
Marca: Diamine
Edición: Cult Pens 7 deadly sins
Color: Amarillo
Propiedades especiales:
  - Shimmer
Tipo de tintero: Tintero
Swabbed: true
Muestra: "[[MuestraDiamineCultPensGreed.png]]"
Fecha de compra: 2025-06-01
Fecha del primer uso: 2025-12-09
Fecha del último uso:
---

Plugins

Para esta base de datos no hace falta ningún complemento comunitario específico. Sin embargo, yo tengo activo Notebook navigator. Me gusta la interfaz del cuaderno. Además, me permite añadir iconos a las carpetas, ocultar carpetas, crear accesos directos y fijar notas. Es muy útil y es un buen complemento para la base de datos, pero no es un requisito indispensable.

También podéis utilizar el complemento Remotely save para tener vuestra base de datos sincronizada entre dispositivos. Podéis haceros cuenta en Koofr, que permite la conexión WebDAV. Así tengo configuradas las dos bóvedas del trabajo. Sin embargo, para esta bóveda, al ser personal, he preferido utilizar Syncthing.

Terminando

Con los códigos que he compartido en la entrada ya podéis empezar vuestra propia base de datos. Solo tenéis que copiarlos en cada una de las plantillas, indicar el formato de las propiedades y comenzar a llenarla.

Yo tengo todavía que hacer muchas fotos y escanear muchas muestras. De momento, la base de datos se quedará así, pero puede que en el futuro la cambie, cuando vea si me hace falta algún parámetro extra.

Si os decidís a probarla, espero que me hagáis llegar vuestros comentarios.


Y, por supuesto, los hashtags:

#Estilográficas #Obsidian

 
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from Reflexiones desde el Keuper

Esta es la primera entrada del año del blog que no pertenece al cuaderno de bitácora. Así que, aquí viene otra vez, ¡Feliz año nuevo! Espero que sea la primera de muchas entradas en el blog este año.

-¿Y qué tiene esto que ver con el título de la entrada? Yo quiero saber que es el InCoWriMo.

Tienes razón. Comenzamos.

InCoWriMo es la versión abreviada de International Correspondence Writing Month (mes internacional de escribir correspondencia).

Se celebra desde el año 2013 y las instrucciones para participar son muy sencillas. Hay que escribir una carta, a mano, todos los días del mes de febrero. Y, además de escribirla, también hay que enviarla. Las cartas, o postales, pueden enviarse a una única persona, o podemos escribir cada día a una persona diferente, como se quiera. Tampoco es necesario conocer a la persona que leerá la carta. Desde la página de InCoWriMo también sugieren la posibilidad de escribir a desconocidos y dejar las cartas en el transporte público, por ejemplo.

Las instrucciones indican que hay que escribir una carta al día, pero, siendo la vida como es, puede que algún día nos toque escribir dos cartas para poder llegar a las 28 cartas a final de mes (escritas y enviadas). Tampoco podemos olvidarnos de lo más importante, disfrutar del proceso.

En la web de InCoWriMo ofrecen la posibilidad de intercambiar direcciones en los comentarios de la página. ¡No lo recomiendo bajo ningún concepto! De ese modo, vuestra dirección postal particular quedaría para siempre disponible en internet. Aunque no sé si estará operativo para febrero, os recomendaría, si estáis en España, que contactéis con Corresponderías, en su web o en mastodon: @corresponderias@mastodon.social. Su propósito es permitir el intercambio seguro de direcciones postales. Incluso están tratando de habilitar puntos de recogida de las cartas, para evitar dar direcciones postales particulares.

Si queréis participar este año, solo necesitáis una buena provisión de papel (o postales) y sobres, cargar vuestras estilográficas con vuestras tintas preferidas (o preparar vuestro mejor bolígrafo) y buscar un sitio donde, cada día, podáis dedicar 30 minutos a escribir una carta a vuestra pareja, familiares, amigas, “futuros amigos” (pen pals) o, por qué no, a una persona completamente desconocida.

Yo no sé si participaré. Me atrae la idea desde hace un par de años. Sin embargo, sé que soy poco constante en estas cosas y no creo que llegase a completar una carta al día. Quizás me apunte a medias y aproveche para escribir cartas a mis Nib pals. En estos tiempos de WhatsApp nos escribimos mucho, pero nunca con la profundidad suficiente para ponernos al día sobre las cosas importantes. Quizás febrero pueda ser un buen momento para empezar.


En este nuevo año también tenemos los hashtags de rigor para las entradas:

#Escribir #InCoWriMo

 
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from Enredada

Chico roble
Lo encontré en un claro del bosque. Destacaba, sólido y cálido, como un roble centenario.
Parecía haber cobijado innumerables criaturas, como si dar sombra y cuidar fueran algo natural en él.
Le hablé, me sonrió, y me dormí en la hierba cerca de sus raíces, rayos de sol tamizados acariciándome la cara. Cuando desperté, ya al atardecer, un manto de hojas me cubría y me calentaba.
Me marché a casa ya entrada la noche, arropada con el recuerdo –sólido y cálido– del chico roble centenario.

 
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from Retales, por @editora

Hoy me ha llamado mi amiga Bea. Hemos estado 59 minutos y 27 segundos hablando (lo dice mi Blackberry). Ella estaba cocinando y se acordaba de mí mientras picaba la cebolla porque estaba preparando empanada, con la receta que le dio mi madre una vez que hace años se encontraron en el Eroski. Fue en aquella temporada (su último piso de estudiante) en la que podríamos haber sido vecinas pero no, porque yo ya me había ido de Vitoria.

Nos hemos puesto al día también, claro, un poco. Me ha contado que su pareja lleva de baja desde septiembre, desde que la llamó ingresado de urgencia en el hospital cuando ella estaba en la peluquería y se fue con el pelo a medio cortar y sin pagar del susto que se llevó. Eso fue la última vez que hablamos, yo me quedé en que le habían dado el alta del hospital y que iba estando mejor.

Por supuesto, hemos hablado de lavaderos, de que ya me he puesto a leer su manuscrito, de cómo pondremos los pies de página y dónde irán las fotos. De simplificar por un lado y de añadir unas grabaciones nuevas que ha encontrado.

Nos hemos reído porque de repente sin darme cuenta le he hablado en catalán (siempre que hablo sobre mi guapa salta un resorte en mi cerebro y cambio al catalán sin pensar) y eso ha servido para confesarle que hay palabras casi imposibles de pronunciar para mí a pesar de que son tan esenciales como “lata de atún” (“llauna de toninya”) —insértese aquí el recuerdo, la complicidad, de todas esas noches de conversación en su piso de estudiantes cuando nos quedábamos hasta las tantas y yo era feliz con mi “latita de atún”—.

También he puesto en voz alta el cansancio que llevo acumulado, diez años para acabar un proyecto son muchos años y ahora que ya casi está todo, que solo falta amueblar para que @casatiajulia@pixelfed.social empiece su nueva vida, es justo cuando me fallan las fuerzas. No es fácil reconocer este desánimo repentino (ya pasará).

Nunca tuve un grupo de amigas como tal con las que hacer cosas. Amigas con las que se supone que compartes la vida, esto es, compartes actividades. Siempre fui una niña rara que no acababa de encajar porque me gustaba leer y estar en mi mundo.

Lo más parecido a alguien con quien “hacer cosas” era la Mari Trini, que vivía enfrente de casa de mi abuela en el pueblo y a quien veía todos los veranos. Tenía dos años más que yo y era un poco “cabra loca” así que aprovechaba esa diferencia de edad para arrastrarme a aventuras como escalar el castillo por el lado más difícil o meternos en cuevas en las que nos prohibían entrar. Una vez, cuando aún había autobús en el pueblo, cogimos “el coche” de Zaragoza, que pasaba lunes, jueves y sábados y nos fuimos a Canfranc un jueves para volver el sábado, aunque finalmente acabamos durmiendo en Huesca capital en casa de una compañera mía de universidad. Con el tiempo la Mari Trini “sentó cabeza”, se casó y tuvo dos hijos, quién lo iba a decir.

Pero en Vitoria, en mi día a día, mientras el resto de adolescentes quedaban para salir de fiesta, de excursión o de lo que fuera, yo me quedaba en casa, sola y sintiéndome diferente.

Conocer en Inglaterra, gracias a una beca, a las que hoy, 30 años después, aún son mis amigas («amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato» -RAE) para mí lo cambió todo. Pero no porque pudiera compartir montones de actividades con ellas, para nada. Ellas, de vuelta a Vitoria, seguían con sus cuadrillas y con su grupos y su vida. Yo empezaba la universidad, en otra ciudad, y también iba a lo mío.

Lo importante, lo sustancial, es que encontré personas que me entendían, que me daban otros puntos de vista, en las que podía confiar, que de repente me miraban no como “la rara” sino como “la interesante”. Personas con las que hablar a corazón abierto y a las que, sí, también podía contarles mi vida y ellas a mí la suya.

«Ya no compartimos la vida, nos la resumimos» dice este artículo. Resumir en vez de contar. «Si pudiéramos hablar bien con toda la gente que queremos, tal como queremos, con tiempo para disfrutar de ello en un plazo narrativo, en una pausa segura para ser escuchados y escuchar, quizá no escribiríamos», dice Carmen Martín Gaite, y continúa: «En el momento en el que hay alguien con quien puedes hablar, para mí que se quiten el cine, el teatro, los viajes...» (ver en Literatube)

Quizás el problema no sea el «contarnos la vida» en vez de compartirla. Quizás la cuestión está en los tiempos, en los plazos en los que se dan esas conversaciones. Por suerte mis amigas siguen siendo para mí, precisamente, esa «pausa segura para ser escuchada y escuchar».

Ojalá más tiempo para pausas, más tiempo para la amistad.

 
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from Enredada

Me duele mucho
cuando la gente se acerca
y luego sale corriendo.
Maldito mundo
de ventanas emergentes
scroll infinito
y atención dispersa.
El silencio
es un castigo
y el ghosting
son mis lágrimas
a la noche.

 
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from Enredada

Arcano
Me gusta mucho el olor de la ropa de invierno cuando la sacas del fondo del armario al empezar el frío, huele así como arcano.
Huele un poco al armario de las chaquetas antiguas de mi madre, las que se ponía de joven pero se le quedaron estrechas y nunca donó, porque ella echaba de menos entrar en esa ropa y deshacerse ellas era como admitir que ese tiempo nunca volvería.
Huele un poco al armario de la casa de mi abuela, con toda la ropa de mi tía, la que se marchó del pueblo exiliada porque fue madre soltera en los 90, y eso era tal vergüenza que no volvimos a saber de ella hasta que el niño tuvo 10 años.
Huele un poco a tiempos pasados, que no fueron mejores porque ellas lo tenían todo más difícil, pero que de algún modo extraño me evocan cierta ternura, porque ellas me criaron, porque me convirtieron en la mujer que soy hoy.
Mi armario es relativamente nuevo —es sólo mi segundo invierno post-transición— pero me da mucha alegría que ya tenga ese olor a las mujeres que me precedieron, a sus historias, a sus secretos, a arcano.

 
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from Enredada

Vuelvo al sur
Nunca llega una a abandonar del todo un lugar que habitó.
Lo de volver al sitio donde creciste tiene un punto de nostalgia, por todo lo que dejas atrás —voluntaria o involuntariamente— y una parte de ilusión, por todas las cosas nuevas pero de alguna forma familiares que encuentras cuando regresas.
Yo siempre digo que dejé mi tierra para irme al exilio solo medio en broma. Y hago esfuerzos conscientes para no romantizar el pasado, porque tuvo sus luces y sus sombras, pero cuesta no hacerlo cuando vengo por unos días y acabo con el corazón partido en dos trozos iguales. Porque por una parte quiero volver a casa —al exilio— pero por otra me duele irme lejos de la gente que tantos años fue parte de mi vida y los lugares que tanto me marcaron.
Las caras nuevas en viejos espacios calan igual que las conocidas en los rincones que han cambiado. No encuentro forma buena de habitar el retorno, no consigo apartarme de la sensación de que es todo un poco onírico, de que no tengo derecho a vivirlo cono mío, de que no dejo de ser más que una invitada a la fiesta que en algún momento, indefectiblemente, acabará.
El último día del viaje tiene siempre un sabor agridulce. No sé si eso se cura, pero después de diez años yo no termino de acostumbrarme.
Nunca llega una a olvidar del todo las redes que tejió.

 
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from Enredada

Qué hace una chica como yo en un sitio como este
Aterrizo aquí después de un tiempo dándole vueltas a cómo canalizar toda esa energía que encuentro para hacer activismo de redes. Se oye mucho que la rabia es un importante factor de movilización hoy en día, y lo he podido comprobar porque yo siento mucha contra las redes privativas. Sin embargo, creo que como motor de cambio la ilusión es mucho más práctica, mucho más constructiva, y nos lleva a sitios mucho más bellos. No es que sea yo socióloga ni nada de eso, pero al menos a mi entorno y a mí siempre nos ha funcionado mejor.
Empiezo a escribir después de haber despertado del sueño profundo al que nos tienen sometidas las redes privativas. Lo que empezó hace 10 o 15 años siendo la promesa de la reconexión, la explosión de la socialización global, terminó siendo una pesadilla de tiempo secuestrado, cabezas bajas en el metro y falsa sensación de cercanía. Cuando abres los ojos ves muy claro que no es el enésimo vídeo de gatitos, ni la receta de brownies número 42 que enviamos lo que nos acerca a nuestros seres queridos; es esa llamada, ese audio, ese mensaje de texto para saber cómo estamos, cómo va la abuela, cómo está el tema ese de la casa. Y cuando lo vi —tras lo cual, como se dice comúnmente, ya no lo puedes desver—, decidí que quería hacer algo al respecto.
Estamos en un punto de inflexión, me parece. Cada vez oigo a más gente —no necesariamente cercana a la militancia del software libre— decir que está cansada de la dinámica en la que llevamos atrapadas estos años. No hay necesariamente una hoja de ruta ni una alternativa clara, pero sí hay un hartazgo generalizado de estar horas dándole al dedito para ver un montón de cosas solo tangencialmente interesantes pero altamente adictivas. El algoritmo nos conoce bien, pero no hay remedio contra el cansancio, o churn, como lo llaman en Silicon Valley.
Yo aquí he venido a dar brochazos de realidad a la gente cansada, y un hilito de esperanza a quienes decidan salir de la espiral. No solo hay vida después de Instagram o Tiktok, si no que además hay una tremenda sensación de libertad, de haber roto las cadenas, y de verte más cerca de tu gente —a pesar de que no te estén mandando tres reels cada día. Porque las redes no son Instagram, Mark Zuckerberg ni ningún tecnobró de Silicon Valley. Parafraseando el título del libro de Marta G. Franco, las redes somos nosotras. Las redes somos tú y yo.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🗡️ Escena sobre dos personajes del croquis, en tercera persona, corregida. He elegido a la guerrera y al «oso», también de forma aleatoria, pero me gustó la idea de mostrar que, de alguna manera, se sienten igual de solos.

—Cada vez hay más. —Interrumpe K mirando barranco abajo. —Sí. Siempre caen… —gruñe Oso sentado al borde. —¿Te importa? —Señala con intención de sentarse a su lado—. Las mejores puestas de sol son siempre aquí. —Sí. El sol baja en silencio y solo les acompaña una dulce brisa. Oso y K cruzan alguna mirada y sonríen. K es la única que no le tiene miedo y Oso jamás ha temido a nadie. Se saben los más fuertes, y esto les hace responsables del resto. Ninguno dice nada, aunque alguna vez lo han pensado: su enfrentamiento sería épico. Sentirían latir sus corazones y hervir su sangre. Sus gritos y gruñidos se escucharían durante días y nadie volvería a dormir en paz. Hasta el poderoso dragón correría a su montaña asustado. No tienen claro el resultado exacto salvo que destruirían el bosque y, entonces, ¿qué sería del resto? K nunca esquiva la terrible mirada de Oso. ¿Lo vería como un signo de debilidad? Oso siente como K le mira con respeto. ¿Qué pasará cuando solo sea un animal viejo? Los últimos rayos de sol caen sobre el infinito del mar de cuerpos y el momento termina. —Comida… —gime Oso, alzando el morro. —Vaya olfato que tienes, compañero. Estamos en la otra punta —dice K, incorporándose. —¿Ayuda? —bufa Oso y mira en dirección a la aldea de K. —No te preocupes, sabré volver —sonríe K socarrona—. ¿Qué? ¿Te vienes? Mis hermanas deben estar cocinando algo realmente bueno. —No lucha… —gruñe Oso mirando las garras de una de sus patas. K sonríe sujetando el mango de su espada. —Que se atrevan.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober11 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober

Cuentan las guerreras que una vez se extendió el hambre por el Bosque. Cuentan, mientras me giran para que se dore mi carne, que el sufrimiento y el miedo se enquistaron hasta en las raíces. Cuentan, mientras me sazonan y riegan con mi propia grasa, que la caza prendió sus corazones. Cuentan, mientras me rajan y sirven, que juraron no volver a pasar hambre.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober10 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober/

Estoy seguro, es una risa. No es un animal, es alguien, y está en movimiento. Unas veces más floja y otras más fuerte, debemos estar relativamente cerca. Ahora parece sonar por allí. «No, por allí». «Espera, ¿hay más de una?». Empiezo a sentir algo de presión en el pecho mientras acelero el paso. Las risas van aumentando y me rodean. Corro. Corro como puedo, sorteando la vegetación, colándome entre los árboles. Evito piedras y raíces, pero no conozco el terreno. Tropiezo, trastabillo, choco. Las risas no paran. «¿Me estaré moviendo en círculos?». pronto llego a un claro y las risas parecen inundarlo. Vienen de todos lados, pero nadie entra. Aumenta de intensidad formando una barrera y me tapo los oidos; no sé qué otra cosa hacer. Unas ramas se mueven a un lado, alguien sale. No alguien, yo. Soy yo. Riendo. Riendo y con la mirada perdida. Otro ruido, por detrás, y otro yo sale entre los árboles. Luego otro, y otro. «¿Cuántos estamos aquí, hosita? ¿Y de qué se ríen?». No paran de salir. Ahora sí se acercan, son demasiados. Somos demasiados. Sus bocas ríen pero sus ojos gritan. Más y más fuerte. Todos a la vez. La risa ya no parece tan divertida.
—Jaja —me digo, «¿Lo pillas?», la «risa» ya no tan parece divertida—. Jajaja, ¡JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJA!

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🙀 Vale, me he saltado un poco las normas porque son dos personajes de mi croquis, uno debe ser el protagonista, y el secundario tiene que hacer de antagonista. Pues son dos secundarios y son antagonistas de pegarse. Lo voy a mandar igual porque me he divertido mucho haciéndolo. Me habían salido la guerrera y el gato, así que los he puesto en el bosque a combatir. Mientras pensaba la escena he pensado que sería súper divertido que el gato hablase maullando, pero para que me cuadre he escrito el diálogo y luego que cambiado las palabras por miaus.

La sangre se me inquieta. Cada músculo me grita que la caza ha empezado. Conozco cada sombra de este bosque y ellas me envuelven y protegen. Hoy, felino descreído, yo soy la noche.

Miau miaau mm miau miiiau. Miaaa mieee mie miiiiaau. ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! Mia mia miau miaauuu. M mi miau. Miiau miiaaa. Miaau. Mm miiiau mm miiiiaaa m ¡MIAU!

No veo el destello de su ojo a tiempo, pasa como una sombra junto a mi y 3 hojas cortan mi hombro. Ninguno gritamos, pero es mi sangre la que mancha el suelo. Es rápida la maldita rata, aunque le ha costado su posición. Está delante, agazapado entre las hojas, sobre ese tronco. No le voy a dar tiempo y hundo la espada. La hundo en la madera.

¿Mia miaa? Miaau miiia. !M MIIII MIAAAAA¡

Siento sus garras anclarse a mi espalda y sus colmillos a mi cuello. Tiene que ser ahora. Hecho la mano atrás, lo agarro fuerte y lo arranco volteándolo hasta tumbarlo de un golpe. Con la espada en su cuello le grito «¡RÍNDETE!». —Miaaa, miauu... —Te tengo, maldito. —Mm, miau mm miiiaa miiau. —No tan cerca como crees, aunque vas mejorando —Le sonrío mientras me incorporo para enfundar la espada. —Mm miiiaaauu... —¡JA! Sigue soñando, bola de pelo —Veo como me tuerce el gesto —¿Qué? ¿Crees que las otras tendrán lista la cena? Hoy hemos cazado bien —le digo guiñándole el ojo. —Miiau, miiia mm miaaau. —Tú siempre tienes hambre, venga, volvamos.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from O corvo gralla

Como semella que eu non atopo o intre para porme a escribir para este blog, a pesar de ter varios textos comezados, vouvos regalar un de Pessoa, do seu Livro do desassossego. Hai tempo que estou a lelo, e vou deixando en Mastodon os fragmentos que máis me gustan. O caso é que cheguei a este, longo de máis para a rede social, e demasiado bo para fragmentalo. É puro Pessoa, e toca un dos leitmotivs do livro: os sentidos como unha outra intelixencia, moi afastada da intelectual; o poder da imaxinación para superar as distancias.

O texto está tirado da edición dixital de Luso Livros; eu estou a lelo na edición de Tinta de China; na primeira o texto está en partes distintas do livro e desde “A renúncia é a libertação” até o final é un fragmento anterior; optei por poñelo tal e como aparece na edición de Tinta de China a cargo de Jeronimo Pizarro.

«Há uma erudição do conhecimento, que é propriamente o que se chama erudição, e há uma erudição do entendimento, que é o que se chama cultura. Mas há também uma erudição da sensibilidade.

A erudição da sensibilidade nada tem a ver com a experiência da vida. A experiência da vida nada ensina, como a história nada informa. A verdadeira experiência consiste em restringir o contacto com a realidade e aumentar a análise desse contacto. Assim a sensibilidade se alarga e aprofunda, porque em nós está tudo; basta que o procuremos e o saibamos procurar.

Que é viajar, e para que serve viajar? Qualquer poente é o poente; não é mister ir vê-lo a Constantinopla. A sensação de libertação, que nasce das viagens? Posso tê-la saindo de Lisboa até Benfica, e tê-la mais intensamente do que quem vá de Lisboa à China, porque se a libertação não está em mim, não está, para mim, em parte alguma. “Qualquer estrada”, disse Carlylé, “até esta estrada de Entepfuhl, te leva até ao fim do mundo.” Mas a estrada de Entepfuhl, se for seguida toda, e até ao fim, volta a Entepfuhl; de modo que o Entepfuhl, onde já estávamos, é aquele mesmo fim do mundo que íamos a buscar.

Condillac começa o seu livro célebre, “Por mais alto que subamos e mais baixo que desçamos, nunca saímos das nossas sensações”. Nunca desembarcamos de nós. Nunca chegamos a outrem, senão outrando-nos pela imaginação sensível de nós mesmos. As verdadeiras paisagens são as que nós mesmos criamos, porque assim, sendo deuses delas, as vemos como elas verdadeiramente são, que é como foram criadas. Não é nenhuma das sete partidas do mundo aquela que me interessa e posso verdadeiramente ver; a oitava partida é a que percorro e é minha.

Quem cruzou todos os mares cruzou somente a monotonia de si mesmo. Já cruzei mais mares do que todos. Já vi mais montanhas que as que há na terra. Passei já por cidades mais que as existentes, e os grandes rios de nenhuns mundos fluíram, absolutos, sob os meus olhos contemplativos.

Se viajasse, encontraria a cópia débil do que já vira sem viajar.

Nos países que os outros visitam, visitam-nos anónimos e peregrinos. Nos países que tenho visitado, tenho sido, não só o prazer escondido do viajante incógnito, mas a majestade do Rei que ali reina, e o povo cujo uso ali habita, e a história inteira daquela nação e das outras. As mesmas paisagens, as mesmas casas eu as vi porque as fui, feitas em Deus com a substância da minha imaginação.

A renúncia é a libertação. Não querer é poder.

Que me pode dar a China que a minha alma me não tenha já dado? E, se a minha alma mo não pode dar, como mo dará a China, se é com a minha alma que verei a China, se a vir? Poderei ir buscar riqueza ao Oriente, mas não riqueza de alma, porque a riqueza da minha alma sou eu, e eu estou onde estou, sem Oriente ou com ele.

Compreendo que viaje quem é incapaz de sentir. Por isso são tão pobres sempre como livros de experiência os livros de viagens, valendo somente pela imaginação de quem os escreve. E se quem os escreve tem imaginação, tanto nos pode encantar com a descrição minuciosa, fotográfica a estandartes, de paisagens que imaginou, como com a descrição, forçosamente menos minuciosa, das paisagens que supôs ver.

Somos todos míopes, exceto para dentro. Só o sonho vê com o olhar.

No fundo, há na nossa experiência da terra duas coisas só — o universal e o particular. Descrever o universal é descrever o que é comum a toda a alma humana e a toda a experiência humana — o céu vasto, com o dia e a noite que acontecem dele e nele; o correr dos rios — todos da mesma água sororal e fresca; os mares, montanhas tremulamente extensas, guardando a majestade da altura no segredo da profundeza; os campos, as estações, as casas, as caras, os gestos; o traje e os sorrisos; o amor e as guerras; os deuses, finitos e infinitos; a Noite sem forma, mãe da origem do mundo; o Fado, o monstro intelectual que é tudo... Descrevendo isto, ou qualquer coisa universal como isto, falo com a alma a linguagem primitiva e divina, o idioma adâmico que todos entendem. Mas que linguagem estilhaçada e babélica falaria eu quando descrevesse o Elevador de Santa Justa, a Catedral de Reims, os calções dos zuavos, a maneira como o português se pronuncia em Trás-os-Montes? Estas coisas são acidentes da superfície; podem sentir-se com o andar mas não com o sentir. O que no Elevador de Santa Justa é universal é a mecânica facilitando o mundo. O que na Catedral de Reims é verdade não é a Catedral nem o Reims, mas a majestade religiosa dos edifícios consagrados ao conhecimento da profundeza da alma humana. O que nos calções dos zuavos é eterno é a ficção colorida dos trajes, linguagem humana, criando uma simplicidade social que é no seu modo uma nova nudez. O que nas pronúncias locais é universal é o timbre caseiro das vozes de gente que vive espontânea, a diversidade dos seres juntos, a sucessão multicolor das maneiras, as diferenças dos povos, e a vasta variedade das nações.

Transeuntes eternos por nós mesmos, não há paisagem senão o que somos.

Nada possuímos, porque nem a nós possuímos. Nada temos porque nada somos. Que mãos estenderei para que universo? O universo não é meu: sou eu.»

 
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from Seluloquio

Esta mañana iba a trabajar en mi coche después de dejar a mis hijes en casa de su abuela. Llevan más de una semana enfermes, concatenando diferentes virus, y nos ha tocado hace varias visitas a centros de salud/hospitales públicos para asegurarnos de que no había nada potencialmente peligroso en sus organismos. Les han atendido bien algunas veces, regular otras. Eso sí, siempre en la pública, porque en esta casa creemos en ella y la defendemos (y no tenemos seguro privado).

En el trayecto el trabajo iba detrás de un autobús que tenía publicidad de un seguro de salud privado impresa en la parte trasera y laterales del vehículo. Cómo hace dos días me enteré con algo más de detalle del tema de los cribados del cáncer de mama, automáticamente me han asaltado diversos pensamientos al respecto que han acabado convergiendo en una idea perversa y desalentadora que necesito compartir con vosotres. Quiero dejar claro que mi intención no es arrastraros conmigo al pozo de la desesperanza, sino construir a partir de esta subjetiva lectura de la situación. Empezaré dando el titular:

La derecha va a ser la gran beneficiada de la mala gestión en la crisis de los cribados de cáncer de mama

En todo este esperpento, del que no voy ha hacer ahora una crónica ni resumen porque ya se ha hablado mucho, al final el mayor rédito político lo va a sacar la derecha. Igual a corto plazo cae algún nombre medianamente importante, aunque no lo creo. Pero estoy seguro que a medio plazo los beneficios van a ser incalculables. Desgastar la sanidad pública es un punto estratégico en el modus operandi de la derecha ultraliberal multienmascarada que habita nuestras instituciones públicas. Sus ideólogos están a años luz de nuestra mermada y constreñida capacidad profundización informativa, fruto de la enmierdificación y sobreinformación a la que estamos expuestes. Ellos (utilizo el masculino aquí intencionadamente) ya tienen una planificación de daños y beneficios de cualquier crisis pública que creen o favorezcan, y poco les importa que al final caigan un par de caciques si con ello se cumple su objetivo mayor. Pueden permitirse renunciar hasta a una posible reelección, a cederlo por cuatro u ocho años, porque saben que mientras la alternativa sea los que se disfrazan de socialistas (masc. int.), no habrá suficiente blindaje público para detener el tsunami ultraliberal que está arrasando nuestro planeta.

Mientras se suceden las crisis, una tras otra, la izquierda política y mediática poco a poco va asumiendo el marco, sin apenar darse cuenta, y denuncia con vehemencia la mala gestión del Moreno de turno. Una vehemencia que se transforma en ocasiones en inocencia, y que acaba generando la idea perversa que me abordó esta mañana en el coche, viendo el anuncio del seguro privado de salud. ¿Por qué tanta gente de izquierdas ya tiene contratado un seguro privado? Porque contra el superultraneoliberalismo no se puede luchar con sus mismas lógicas: la comunicación de masas es un modelo creado al servicio de los poderes fácticos. Así, mientras te metes de un salto a bucear en este diario o en aquel medio público para leer sobre la crisis de los cribados en la sanidad pública, el enfado y la necesidad de cambio afloran; pero también lo hace otro sentimiento, el del miedo a que te suceda a ti, a tus amigues o a tu familia. Y en el marco de instantaneidad en el que vivimos, en el que el individuo siempre va por delante, puedes llegar a pensar: “que mierda, esos impresentables tienen que caer y se tiene que blindar el sistema público de salud”. ¿Pero qué haces con ese miedo? ¿La sociedad cansada y desprotegida en la que vivimos está preparada para mirarlo a la cara, enfrentarlo y convertirlo en la energía movilizadora para exigir cambios? ¿Y si no podemos con todo? ¿Y si la vivienda, Palestina, las DANAS, las cuotas de autónomos, la ecoansiedad y la sanidad pública son demasiado para nosotres? ¿Y si pagando ese seguro de salud al menos estamos tranquiles de que a nosotres no nos va a pasar?

Estas preguntas muestran que cualquier salida es moralmente válida. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Pero creo que sí que es obligatorio plantearse cómo los medios e informadores independientes, incluso nosotres, debemos plantearnos como producimos, amplificamos o difundimos las informaciones. Porque cada político de derechas que llega al poder se pone el extremo de un grillete al tobillo y, al otro extremo, ata los servicios públicos esenciales que (todavía) garantizan cierta igualdad y bienestar a la clase obrera. Y cuando caen el gobierno de turno, siempre se lleva por delante un cachito de algo que era de todes. ¿Podemos hacer algo para revertir estas dinámicas? Por supuesto que sí. Lo más importante, sin lugar a dudas, es que hablemos de la desprotección informativa que sufrimos, que lo pongamos en común y nos tomemos nuestro tiempo para debatir las estrategias que podemos aplicar individual y colectivamente para luchar contra esta lógica. Yo propongo una: que cualquier tema relacionado con la mala gestión de los recursos públicos venga acompañado de un fuerte argumentario en contra de la empresa privada correspondiente. Para ser justo, me consta que ya se hace en algunos medios, pero luego siempre se acaban reproduciendo la dinámica de la inmediatez para mantenerse en el torbellino informativo, en la pesca de arrastre del clic. Ninguna información política sin su ataque a la empresa carroñera de turno. Parece radical, lo sé. Sin duda, es lo que necesitamos.

 
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