Blog de Doclomieu

El título de la entrada de hoy no deja mucho lugar a la imaginación. Durante el puente volví a verme algunos vídeos sobre “Commonplace Books”, llamados, en español, “Cuadernos de temas comunes” o “Libros de temas comunes”, si queremos hacer una traducción más literal.

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El otro día estuve jugando un rato con python, tratando, en realidad, de aprender un poco (la programación es mi gran asignatura pendiente). Siempre he pensado que cuando quieres aprender algo tienes que tener una motivación y, en este caso, se me ocurrió que la motivación para jugar podría ser crear un pequeño código que diese unas palabras clave para escribir una historia. Así que me puse al lío.

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Conduzco el último metro. Cuando dejo una estación tras de mí se apagan las luces y los sistemas de ventilación. Parada tras parada espero que alguien se suba a algún vagón, pero los andenes de todas las estaciones están completamente vacíos, al igual que mi metro, nadie ha subido desde la primera parada. No recuerdo un viaje tan lúgubre y solitario… La melancolía por los viejos tiempos se apodera de mi mente y mis sentimientos. Cómo me gustaba mi anterior trabajo. Requería más esfuerzo, pero merecía la pena. Me permitía disfrutar de compañía y buenas conversaciones. ¡La cantidad de gente famosa que conocí! ¡La cantidad de cotilleos que escuche! Si yo os contara… pero soy un profesional y esos secretos se vendrán conmigo a la tumba. Lástima que la modernización, las prisas y el desenfreno de la sociedad actual me hayan obligado a reciclarme. En estos tiempos hacen falta medios de transporte más rápidos y con mayor capacidad, medios de transporte de masas que impiden la socialización. Por ello, ahora soy el conductor del metro, metido en la cabina, conduzco solo todo el tiempo, como un ermitaño de los tiempos modernos. Sumido en mis pensamientos, llego, por fin, a la última parada. Me bajo de la cabina. Allí me espera mi jefe.

-Has hecho un buen trabajo, Caronte, ya no quedan almas que recoger, es hora de que disfrutes de tu merecida jubilación – me dice Hades con una sonrisa.

Mientras me lo dice, me tiende su mano cerrada. La abre y en ella veo dos relucientes óbolos. Siempre ha sido un sádico y esta es su broma final.


Este relato lo escribí, hace ya unos años, para presentarlo al concurso de microrrelatos XV Certamen de relato breve Raimundo Alonso. No fue seleccionado.


Y, por último, el hashtag de #Relatos


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Es última hora de la tarde y, por fin, los fieles salen del templo. Hoy salen tristes, compungidos, algunos lloran. Solo con verles se puede deducir lo que ha pasado. Hoy ha sido uno de esos días. Hoy la diosa ha reclamado un sacrificio y ha escogido una víctima entre todos los fieles. Nadie puede escapar de la diosa. Si ella escoge una víctima, todos la dejan ir. ¿Por qué le siguen siendo fieles a pesar de los sacrificios? Porque la diosa es la única con el poder para limpiar el alma de sus fieles de todos sus pecados. “Adiós, amigo”, se despiden todos los fieles mientras se alejan del templo, escuchando los alaridos de angustia y dolor de la pareja de la última víctima de la diosa.

Cuando todos los fieles se han ido y ya no queda nadie en el templo, una voz gutural rompe el silencio sepulcral que rodea al templo.

-¡Joder! ¡Otra vez se ha vuelto a comer un calcetín la lavadora!


Este texto se me ocurrió en octubre en Francia, cuando yendo en el tranvía me di cuenta de que llevaba dos calcetines desparejados.


Y, por último, el hashtag de #Relatos


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Ayer, gracias a una conversación en Mastodon entre @atighrada@zirk.us y @verity@kitty.town (muchas gracias a ambos), descubrí un pequeño movimiento que hay en internet de hacer los blogs manuscritos, es decir, escribir la entrada a mano y después hacerle una foto (o escanearla), para, por último, subirla al blog. Sin olvidarse de la accesibilidad, por lo que se utiliza un OCR para transcribir el texto.

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Hace mucho tiempo que no escribo en el blog (y eso que este texto lleva ya unos días reposando en mi cuaderno). Cuando escribí este texto en el cuaderno, llevaba ya unos días pensando en volver a retomarlo y escribir algo aquí. Como parece que este blog está casi centrado en exclusiva en estilográficas, voy a escribir sobre tintas, pero no sobre tinteros. Hoy voy a escribir sobre muestras de tinta.

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Gracias al regalo de Carlos y Juliette (los dos amigos a los que he dejado huérfanos de mi amistad en Francia), he podido probar, por fin, un plumín con un punto 1,1 stub.

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Una de mis aficiones son las estilográficas, las tintas y los cuadernos. Por suerte, ya he dejado la etapa de no “manchar” los cuadernos. Por fin los utilizo para escribir con la estilográfica. Tengo varios cuadernos empezados al mismo tiempo, uno para la escritura libre y los relatos (Midori A5), otro como diario (Leuchtturm1917 A5, 80g/m2) y uno de bolsillo para apuntar, principalmente, ideas del trabajo (Rhodia A6, 90g/m2). No cuento aquí el pad de Rhodia A4, que utilizo para las cartas. También tengo unos cuantos que he abandonado, un cuaderno de dibujo que me regaló mi pareja y que tiene las cubiertas ilustradas (me encanta, pero desgraciadamente no sirve para la estilográfica) y varios cuadernos con papel de ínfima calidad que me han ido regalando. Sin embargo, creo que no tengo suficientes cuadernos en uso, por lo que siempre estoy buscando ideas para darme el capricho de comprar uno nuevo y utilizarlo con algún fin específico.

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Hace ya unos meses, no recuerdo cuantos, pero creo que debió ser en junio o julio, me recomendaron que hiciese escritura libre como método para combatir mi sequía creativa. Los franceses son como dementores, que absorben toda mi energía vital, mi creatividad y mis ganas de vivir (pero con buen pan y queso), y yo necesitaba recuperar parte de esa creatividad que tanto echaba de menos. Ante ese consejo lo único que pude decir fue: excelente idea, me pongo a ello. Pero claro, no todo iba a ser tan sencillo. Cuando llegué a casa, me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que era la escritura libre. Una primera búsqueda en google no me dio ninguna información valiosa. Pedí consejo en mastodon, pero nadie parecía tener ningún recurso para saber que era esa escritura libre que me habían recomendado. Así que solo me quedaba leer en blogs y ver videos en youtube para tratar de encontrar algo de información que me permitiese hacerme una idea de lo que era la escritura libre. Aquí os dejo algunas de las ideas que encontré y que apliqué en mi escritura diaria para volver a despertar mi creatividad.

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Como parece que Escritura Social va a tener una larga vida, he decidido traeros hoy, en este fin de semana de Reyes, un microrrelato que escribí hace unos años. Además, tuve la suerte de que el microrrelato lo ilustró mi pareja (podéis encontrarla en su web Lápices y tardígrados). Espero que lo disfrutéis.

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