Escritura Social

Para leer...

Lee las últimas entradas de Escritura Social.

from A crit pelat

En «Verdad y justificación. El giro pragmático de Rorty»¹, Habermas hace una defensa de una noción fuerte de verdad. Como de costumbre, Habermas se muestra dispuesto a defender conceptos puntales de la filosofía que, aparentemente, se hallan bajo asedio de los pensadores contemporáneos. Este asedio acaba por resultar en un desafío al papel que se ha autootorgado la filosofía desde los siglos de la Ilustración. Si deshacemos las nociones filosóficas más básicas, el papel de la propia disciplina filosófica se ve afectado. La defensa que realiza Habermas responde a un intento de mantener vivo el ideal ilustrado, o por lo menos, salvar lo que se pueda de él. En este caso, la defensa del concepto de verdad responde a un intento por salvar el realismo. Hijo de su paradigma, Habermas construye esta defensa desde la aceptación de que la verdad ya no puede entenderse como una correspondencia entre un elemento lingüístico y un elemento extralingüístico, pues no hay un afuera del lenguaje. En este sentido, Habermas solamente «salva» la relación de correspondencia que propone Tarski en su teoría de la verdad, permitiendo que el lenguaje «simule» la adecuación con los hechos sin la necesidad de una metafísica sustancial. Esto revela un aspecto que trataré más adelante: Habermas intenta conservar la «intuición» que supone la verdad como correspondencia, aunque rechace la metafísica que la sostiene. Pero volviendo al concepto de verdad: ¿cómo hacemos justicia a la intuición cotidiana de que, cuando decimos que sabemos algo, decimos que eso que sabemos no es meramente una creencia u opinión nuestra, sino que hace referencia a algo que está fuera de nosotros, y que compartimos con el resto? Evidentemente, en el terreno del día a día, tan poco hace falta demostrar esto como hace falta demostrar que puedo mover mi brazo izquierdo. En cambio, en nuestra disciplina quasi fantasiosa, la reconciliación de una verdad como coherencia con la existencia de un mundo objetivo es una tarea desafiante y, por tanto, que nos apela. En este texto, el interlocutor de Habermas es Richard Rorty. La conclusión de este diálogo acaba siendo paradójica, pues la respuesta que propone Habermas acaba siendo más pragmática que la de Rorty. Para este último, hay que ponerse manos a la obra con un proceso de reeducación. La autocomprensión del común de los mortales es presa de un engaño platónico: la distinción entre saber y creer, entre convencer y persuadir. La tarea de la filosofía es crear un nuevo vocabulario que nos emancipe de cuestiones como el mundo objetivo, la verdad como correspondencia, etc. Es decir, a través de los juegos del lenguaje de la filosofía, tenemos que tratar de deshacernos de la asentada institución del realismo ingenuo.

I

El realismo se relaciona con la verdad desde los tiempos en que los pensadores se caían en pozos y establecían realidades independientes a ellos mismos. Un hombre libre ateniense decía que la verdad es decir de lo que es que es y de lo que no es que no es. Así, la verdad es verdad de un juicio, de un juicio que se adecúa a la realidad. Tal y como los presocráticos establecen una distinción ontológica entre ser y apariencia, establecen una distinción epistemológica entre saber y opinión. El saber se dice de la esencia de las cosas. La esencia de las cosas no son las cosas tal y como se nos aparecen, sino tal y como son, independientemente de nosotros. Toda la noción de una objetividad hace alusión a este «independientemente»: la realidad, es independiente de nosotros. La verdad sobre la realidad, por tanto, también lo es. De esta manera, la verdad de un juicio es una cosa y «nuestra creencia en que es verdader[o], o nuestra justificación para creer que es verdader[o], es otra muy diferente»². Pero para Rorty, no hay diferencia entre la justificación, es decir, la aseverabilidad justificada de un enunciado ante una comunidad de interpretación, y la verdad. «La diferencia entre justificación y verdad no es nada más que el aviso de que la justificación frente a una audiencia no es la justificación frente a otra»³. Cuando afirmamos que algo es verdad, lo hacemos siempre sobre la verdad de un enunciado de hechos, verdad cuyo apoyo es siempre otra verdad sobre un enunciado de hechos y así ad infinitum. Estamos de alguna manera atrapadas en el diálogo, que está basado en un horizonte de interpretación intersubjetivo. Por ello, el objetivo del quehacer filosófico no debería ser la búsqueda de la objetividad, sino de la solidaridad entre una comunidad cada vez más amplia. Esto tiene sus consecuencias: desde un etnocentrismo claro hasta una negación del tesoro más preciado de Habermas, a saber, el conocimiento universal: la razón como lo universal. Todo ello, obviamente, es inaceptable para él. Para Habermas, el abandono de una noción de verdad y, con ella, la normatividad de lo racional y un noción de progreso que pretende ir más allá de la comunidad de justificación hacia una búsqueda de un conocimiento que es cualitativamente distinto de lo que la mera aseverabilidad sostenida con argumentos implica, no es un problema epistemológico, sino una mala comprensión del modo de proceder mismo de una sociedad humana que efectivamente coopera y se entiende. De manera instructiva, Habermas nos introduce lo que presenta como «intuiciones» de paradigmas pasados. Podemos entender la historia de la filosofía como la sucesión de tres paradigmas: el paradigma ontológico, el paradigma de la conciencia y el paradigma lingüístico. En el paradigma ontológico, griego y cristiano, la verdad de la aprehensión mental está garantizada por la propia estructura conceptual de las cosas, que contienen ellas mismas su esencia; esto es, la verdad es una relación del ser. El nominalismo actúa como punta de lanza que comienza a quebrar esta comprensión sacando a los conceptos, a los universales, de las cosas mismas, y presentándolos como una construcción del espíritu. Debilitada la armadura, el pensamiento moderno atraviesa definitivamente la carne del paradigma ontológico, desplazando el fundamento de la verdad de la aprehensión mental: de las cosas mismas al sujeto que se las representa. El modelo de lo verdadero deja de estar en los objetos, y pasa a estarlo las vivencias interiores del sujeto, vivencias que siempre se le presentan como verdaderas por serle claras y distintas, y a las cuales tiene un acceso privilegiado. Pero con el trasvase de la responsabilidad epistémica del objeto al sujeto surge un problema: si la verdad se fundamenta en mis vivencias, o las estructuras trascendentales de la experiencia que yo poseo como sujeto, ¿cómo estoy seguro de la verdad de aquello que no son mis vivencias? La verdad como certeza es deudora de un subjetivismo que introduce una separación tajante entre una interioridad y una exterioridad y, con ella, un escepticismo sobre el mundo externo. Para Habermas, el escepticismo viene de suyo con el paradigma moderno. Siguiendo este modelo, el problema contextualista de Rorty también viene de suyo con el giro lingüístico, pero el relativismo que Rorty propone no es para Habermas la solución. De la misma manera que el escepticismo moderno no afirma la unidad entre ser y apariencia, sino que expresa el pasmo de no poder deshacer esta unidad bajo los conceptos mentalistas, el problema contextualista que expresa Rorty expresa el pasmo entre no poder diferenciar entre justificación y verdad, pero no afirma necesariamente, para Habermas, que no haya una diferencia o, en todo caso, que no se pueda abonar el terreno de ésta con aquélla. El problema tiene una enunciación simple: ¿qué nos autoriza a afirmar que la justificación de un enunciado ante una comunidad racional nos acerca a la verdad de este enunciado? En principio, nada. La pretensión de verdad de un enunciado se mide por su capacidad para resistir los envites argumentativos de una comunidad racional: superarlos significa que que las condiciones de verdad para ese enunciado están satisfechas. Pero ello no implica la verdad:

«(...) la circunstancia de que las condiciones de verdad estén satisfechas no se convierte ella misma en una circunstancia epistémica por el hecho de que el desempeño discursivo de la pretensión de verdad sea la única vía para poder comprobar si estas condiciones (que tenemos que interpretar siempre a la luz del tipo de razones apropiadas al caso) están satisfechas»⁴.

Dicho de otra manera: si entendemos la verdad de un enunciado como algo que debería darse no solamente en nuestro contexto de justificación, sino en todos los contextos de justificación, jamás llegaremos a la verdad solamente por la vía argumentativa. La tesis habermasiana aquí es que la noción de verdad como afirmación incondicional va ligada a un realismo que se da de manera necesaria en el mundo de la vida intersubjetivamente compartido por una comunidad. La verdad tiene, para el pensador alemán, «un rostro jánico»⁵. La cooperación humana que constituye a las sociedades toma como fundamento que los sujetos nos referimos a un mismo mundo objetivo cuando utilizamos enunciados; sin esta referencia, no habría cooperación posible. Porque los enunciados no aparecen flotando y etéreos: el lenguaje aparece en forma de actos de habla, y antes de un análisis del lenguaje, hay un acto de afirmación o negación. Por ello, la verdad se presenta en el contexto de la acción como una certeza de acción, como una verdad que, de manera ingenua, tomamos como incondicional. Tomo como verdad incondicional todos los presupuestos que han cristalizado en la construcción y uso del coche con el que voy a trabajar todos los días. En el contexto de la acción, no me puedo permitir una actitud permanentemente hipotética. Pero cuando esta certeza de acción se rompe, cuando el coche no arranca, cuando la certeza de acción no es capaz es capaz de superar el test de la experiencia, es cuando paso a un plano argumentativo, donde, esta vez sí, tomo la certeza como un enunciado hipotético que tendrá que confrontarse a toda una serie de argumentaciones en contra o a favor. Cuando llevo el coche al mecánico esperando que arregle el coche, espero que el resultado de todo el proceso argumentativo (en el que expongo las condiciones del problema, el mecánico hace un diagnóstico y llega a unas conclusiones a partir de las cuales trata de reparar el coche, etc.) no sea simplemente una argumentación justificada para mi contexto particular: espero que la solución argumentativa del mecánico tenga una validez incondicional. Con esto Habermas quiere hacer hincapié en que si el resultado del proceso de argumentación no tiene la forma de una verdad, el enunciado hipotético no puede volver al ámbito de la acción donde la tomo una certeza que asumo de manera incondicional. Y es justamente para lograr esto último que el proceso de argumentación se idealiza; es decir, toma unos presupuestos que son contrafácticos (como que no hay injerencias ni presiones externas o internas, que participan todos los actores relevantes, etc.) para ir infinitesimalmente alejándose del contexto concreto de justificación. Se orienta hacia la verdad «descentrándose de la comunidad de justificación», a pesar de que el resultado del proceso argumentativo siempre tiene un resultado práctico para el contexto particular y, así, no se desliga de una motivación pragmática.

«Es cierto que la cuestión relativa al nexo interno entre justificación y verdad solamente se plantea en el plano reflexivo; pero tan sólo la interacción entre acciones y discursos permite dar respuesta a esta cuestión. (...) Solamente el entrecruzamiento de estos dos roles pragmáticos distintos —que pone en juego, en plexos de acción y discursos, aquel concepto de verdad “de rostro jánico”— puede explicar porque una justificación lograda en nuestro contexto habla en favor de la verdad (independiente del contexto) de la creencia justificada»⁶.

De esta manera, Habermas le está concediendo a Rorty que una noción de verdad como coherencia en un contexto de paradigma lingüístico no es propiamente una noción de verdad, si ésta la entendemos como incondicional. No obstante, la verdad no es el resultado de una investigación; la verdad es la condición misma del inicio del proceso de investigación. La alusión a un mundo común y compartido intersubjetivamente es una condición para se dé la cooperación y el entendimiento, así que funciona como estructura misma del mundo de la vida. La experiencia común del fracaso de una verdad que pensábamos que estaba completamente justificada es una «instancia pragmática de cercioramiento»⁷ que está basada en la suposición de un mundo objetivo. Visto así, el común de los mortales tiene todo el derecho a ser realista de manera ingenua 1. porque así lo requiere su coordinación con el resto de la comunidad y 2. porque la propia acción fallida basada en una pretendida de certeza de acción que termina no siéndolo es un mecanismo de falsación lo suficientemente convincente. Volviendo al ejemplo del motor de coche que no arranca, la condición para que yo tome una verdad como verdad incondicional, y lo haga de manera ingenua, es que esta verdad tenga la forma de un universal, de una afirmación incondicional. Creo incondicionalmente en el proceso reflexivo que ha seguido la persona que va a arreglar el coche y, cuando el motor arranca, creo que cualquier persona, en cualquier contexto, que siga este proceso reflexivo y lo aplique, hará que el motor arranque. Es decir, no le estoy pidiendo a la persona que me lo está arreglando que crea, justificadamente o no, cómo arreglarlo, sino que sepa, justificadamente, cómo arreglarlo. «La orientación hacia la verdad incondicional (...) es un reflejo de aquella otra diferencia, indispensable en el mundo de la vida, entre creer y saber»⁸. Ahora bien, esta explicación no es satisfactoria para Rorty, que, si bien acepta la ligazón entre el plano de acción y el plano de la argumentación, no acepta la relativización de un plano por el otro. Dicho de otra manera, no ve porque habría que armonizar una autocomprensión contextualista del conocimiento con la intuición cotidiana del realismo. Es más; el objetivo rortiano es conseguir el abandono de estas nociones ligadas al mentalismo, con lo que acaba perfilándose en contra del frecuente «ateísmo» de los pensadores pragmáticos: Rorty aboga por que nos despidamos de algo tan asentado en el sentido común como el realismo ingenuo mientras que es Habermas quien argumenta a su favor. Este «ir más allá de la comunidad de justificación» en el que insiste Habermas no es para Rorty más que la afirmación de que alguien está dispuesto a defender cierta proposición incluso ante otro público, es decir, ante otra comunidad de justificación. La búsqueda de la verdad para Rorty, explica Habermas, no es sino la búsqueda de un acuerdo intersubjetivo, sin coacciones, entre grupos de interlocutores cada vez más amplios: «esperamos justificar nuestra creencia frente a tantas y cuánto más amplias audiencias posibles»⁹. Pero, ¿realmente lo esperamos? ¿Hay una voluntad de ir más allá del propio etnos? Habermas afirma aquí que hay una leve idealización en la postura de Rorty: «Si “verdadero” es justamente aquello que, porque es bueno “para nosotros”, puede ser tenido como justificado “por nosotros”, no existe motivo racional alguno para ensanchar el círculo de los miembros de nuestra comunidad de justificación»¹⁰. En otras palabras, no hay ninguna razón, desde la postura rortiana, para querer defender nuestras afirmaciones antes otros públicos más allá de ciertas actitudes no dogmáticas y benevolentes que Rorty adjudica a la sociedad liberal contemporánea.

II

El origen de esta disputa se hunde en la concepción dispar que ambos autores tienen del transcurrir de la historia de la filosofía vista desde la óptica de los paradigmas. En definitiva, la postura radicalmente contextualista de Rorty no es otra cosa que llevar a sus últimas consecuencias la afirmación de que el pensamiento filosófico en el paradigma lingüístico no se ha desprendido totalmente de nociones del mentalismo asociado al paradigma de la conciencia. Para Rorty, de un paradigma a otro se produce un salto que genera una discontinuidad entre los mismos y los hace inconmensurables. En cambio, para Habermas, «el paradigma siguiente es más bien la respuesta a un problema que la devaluación del paradigma anterior nos ha legado. Los paradigmas no constituyen ninguna sucesión accidental, como piensa Rorty, sino que se encuentran en una relación dialéctica entre ellos»¹¹. La postura del primero excluye la continuidad de los procesos de aprendizaje de un paradigma a otro tanto como excluya la posibilidad de una objetividad del conocimiento. Por el contrario, la postura de Habermas, que implica una relación dialéctica entre paradigmas, permite un «poder aprender» entre diversas concepciones sobre lo primero o la fundamentación. Es en este contexto donde surge, desde mi punto de vista, una de las ideas más interesantes del ensayo: la de «intuiciones» o «imágenes» que «a pesar de haber perdido su valor continúan siendo sugestivas»¹². Una de las nociones básicas del paradigma ontológico consiste en la afirmación de que la verdad de los juicios está garantizada por una correspondencia con la realidad fundada ella misma en la realidad; aquello a lo que antes me he referido como una «relación del ser». Con el cambio de paradigma, esta «intuición» no se esfuma repentinamente, sino que permanece suspendida en el pensamiento moderno. Sin ella, no se entiende el escepticismo moderno que surge con la tajante separación entre interioridad y exterioridad. La certeza, que se apoya en el carácter privado de mis vivencias, da pie a la vez a la sospecha sobre el posible carácter ilusorio del mundo externo. Si habría que fundamentar a partir de nuestras vivencias la correspondencia entre el objeto y su representación, y cómo en caso afirmativo, es precisamente la discusión entre el idealismo y el empirismo. Tras el giro lingüístico, toda descripción de lo que ocurre en el mundo depende del uso interpretativo de un lenguaje común, de la participación en una comunidad que comparte una precomprensión lingüística. De esta manera, la realidad es ya siempre interpretada, y no hay contacto con ella sin una previa presuposición de creencias intersubjetivamente compartidas. Así se entiende que la validez de los enunciados es validez fundada para una comunidad de interpretación. Si, por tanto, las verdades son solamente accesibles en forma de lo que una comunidad de justificación puede aceptar racionalmente, surge la duda que venimos tratando más arriba: cómo separar justificación de verdad. Ante la inquietud de la posible o imposible identidad o no de este par es donde aparece de nuevo el fantasma de un paradigma pasado: la intuición de que nuestras ideas, lingüísticas, corresponden con una realidad que no es lingüística, o también, cierto contacto de nuestros sentidos con esta realidad extralingüística. Ya he apuntado a la solución que propone Habermas a través de poner este problema en la perspectiva de su teoría de la acción comunicativa. Lo que de ella no me queda claro es si es preciso llamar «certezas de acción» a aquello que acompaña a acciones de las cuales no dudo. No parece alocado decir que sí por una cuestión de definición: si no dudo, estoy seguro. Pero también sabemos, y Habermas es consciente, de que una certeza de acción más pronto que tarde se rompe ante una experiencia; es este sentido, se desvela como creencia. Entonces, ¿en qué sentido se fundamenta la verdad de un elemento de la argumentación en un elemento de la acción, si el segundo puede entenderse como una creencia? Por otro lado, ¿cómo se entiende el tránsito entre «el saber de los que actúan al saber de los que argumentan»¹³ y viceversa? Si como dice Habermas, «esta es una transformación asegurada, por decirlo así, por la unidad personal»¹⁴, ¿no estaría encerrando la clave del tránsito de la justificación a la verdad en un sujeto personal? Habría que discutir cuánto de ese «por decirlo así» está motivado por la influencia de un fantasma de paradigmas pasados o por una simple manera de expresarse. Pues sería una tontería aludir a una experiencia tan común como la de no saber corregir los propios actos aunque los argumentos en su contra sean irrefutables o, viceversa, bajar del pedestal una tesis porque la experiencia desborda las categorías que ofrece. En contraste, la solución que ofrece Rorty, volviendo a una especie de fundamento que se encuentra en una teoría neodarwiniana que, como dice Habermas, es incapaz de diferenciar entre la acción orientada al éxito y la acción orientada al entendimiento, tampoco resulta del todo satisfactoria. A pesar de ello, el ensayo resulta sumamente ilustrativo para tratar de entender, aunque a base de rodeos sea, cómo los problemas de fundamentación del paradigma lingüístico riman con los problemas de fundamentación que se han dado en otros paradigmas, aunque suenen de manera diferente. Lo que, en último término, no deja de inclinar la balanza a favor de la postura habermasiana de que hay una relación dialéctica entre distintos paradigmas, aunque está relación esté mediada por intuiciones o fantasmas.

_____ ¹ Jürgen Habermas, «Verdad y justificación. El giro pragmático de Rorty», en Verdad y justificación (Trotta, 2002). ² Michael Williams, Unnatural Doubts, p. 238, citado en Habermas, Verdad y justificación, p. 240. ³ Richard Rorty, «¿Es la verdad una meta de la investigación? Donald Davidson versus Crispin Wright», en Verdad y progreso. Escritos filosóficos, 3 (Paidós, 2000) ⁴ Habermas, Verdad y justificación, p. 249. ⁵ Habermas, Ibid, p. 244. ⁶ Habermas, Ibid, p. 253. ⁷ Habermas, Ibid, p. 252. ⁸ Habermas, Ibid. ⁹ Rorty, Verdad y progreso, p. 57. ¹⁰ Habermas, Verdad y justificación, p. 257. ¹¹ Habermas, Ibid, p. 234. ¹² Habermas, Ibid, p. 236. ¹³ Habermas, Ibid, p. 253. ¹⁴ Habermas, Ibid.

 
Leer más...

from Siete lagartijas

El interruptor

Clic-cloc, clic-cloc, pobre interruptor. Sube, baja, sube, ¡cero diversión!

Solo en la pared, ¡ay, qué aburrimiento! Espera el momento en el que se acerque el ansiado dedo que al fin le permita estirar el cuerpo. (Y tampoco cambia demasiado el cuento.)

Clic-cloc, clic-cloc, pobre interruptor. ¡Si al menos fueras un ventilador!

#poemas

 
Leer más...

from Siete lagartijas

En la Taberna del Salmón Dorado

Eran diecisiete los osos que estaban tomando un refrigerio aquella tarde en la Taberna del Salmón Dorado, y se respiraba entre ellos, entre los diecisiete, un ambiente raro.

Se acercaba la temporada de salmón y se rumoreaba que apenas se iba a poder pescar. Que si había pocos salmones, que si del valle subían negras noticias de ríos medio vacíos…

Así, los diecisiete osos estaban cabizbajos cuando entró en la Taberna del Salmón Dorado un pequeño armadillo que llevaba en la mano un maletín. Al principio nadie se dio cuenta, pero cuando el armadillo pidió un vasito de vino y empezó a hablar con el tabernero, su voz aflautada resonó y rebotó por toda la taberna. Y lo que contaba hizo que los osos fueran levantando las miradas de las mesas, y que sus orejas se fueran poniendo en punta.

—Un río vacío, ciertamente —aseguraba el armadillo—. Eso es lo que viene esta temporada. Y nadie sabe por qué. Pero el caso es que no va a haber salmón más que para unos pocos.

Los osos se sintieron aún más apesadumbrados. El armadillo, que hablaba con mucho aplomo, continuó:

—Claro que si uno sabe cómo hacer salir a los salmones del agua…

Uno de los osos se acercó de un salto y le preguntó:

—¿CÓMO?

—Hombre, bueno —respondió el armadillo haciéndose el remolón—, yo es que soy vendedor de medicamentos, sabe usted, para las farmacias. Y yo creo que si uno es un poco astuto y pone una pizquita de un producto, concretamente en este caso de bencemato de politonelo en el agua, donde va a pescar, pues…

En menos de tres segundos, el armadillo tenía a los diecisiete osos rodeándole. Los diecisiete osos querían saber qué pasaba si se ponía un poco de bencemato de politonelo en el agua.

—Lo descubrí un día de casualidad —siguió el armadillo completamente rodeado por los osos—. Resulta que si tú pones un poco de bencemato de politonelo en el agua… ¡Alehop! ¡El salmón salta fuera del agua!

Los osos saltaron también al oírlo. ¡El salmón saltaba fuera del agua! Uno de los osos preguntó con voz muy fuerte si el armadillo tenía bencemato de politonelo en su maletín. Quería comprárselo. Automáticamente, a muchos otros también les pareció una buena idea.

—Aaaaaah no, no, lo siento, muy señores míos. No llevo bencemato de politonelo. Bueno sí, la verdad es que un poco sí que llevo, pero este material es para las farmacias…

No pudo hacer mucho más. Enseguida todos los osos le quisieron comprar el bencemato de politonelo. Y se pusieron tan insistentes que al final, el armadillo casi se vio obligado a vendérselo.

En pocos minutos, cada uno de los diecisiete osos tenía su cápsula de bencemato de politonelo en el bolsillo. Después de esto, el bar no tardó en quedarse vacío, mientras que la cartera del armadillo estaba llena, rebosante de billetes. Se pidió un segundo vinito y el tabernero, que era un tejón ya entrado en años, le miró con el ojo un poco torcido.

El armadillo se bebió el vino tranquilamente y se marchó.

Un par de días después comenzó la temporada de salmón y allá fueron los diecisiete osos con sus diecisiete cápsulas de bencemato de politinelo. Cada uno se colocó en su recoveco, su roca, su zona del río favorita para la pesca. Y esperaron. Y no tardaron en ver que, en efecto, por el río subían muy pocos salmones. Así que cada uno de los diecisiete osos sacó su cápsula de bencemato de politinelo y la colocó en el fondo del río.

El río se llenó de espuma, de más y más espuma, porque las pastillas no eran otra cosa que detergente concentrado. ¡Vaya engañifa! ¡Y pobre río, como sufrió con tanta limpieza que no necesitaba! Por suerte, se le quitó pronto toda aquella espuma.

Cuando los diecisiete osos comprendieron que habían sido timados, lanzaron ruidosos gruñidos hacia el cielo y dieron zarpazos de rabia al agua. Y enseguida fueron todos corriendo hasta la Taberna del Salmón Dorado.

Nuestro amigo el armadillo, como podéis imaginar, estaba muy pero que MUY lejos de allí, y al tejón tabernero le dio un ataque de risa cuando le contaron lo que había pasado. En cambio, a los diecisiete osos todo aquello no les hacía ni pizca de gracia…

Los diecisiete osos buscaron durante mucho tiempo al armadillo y a su maletín, pero nunca jamás lo volvieron a ver por aquellas tierras.
#cuentos

 
Leer más...

from Francisco Molinero

Cuando me ocurre algo inesperado, súbito y grave, mi cuerpo bloquea las emociones, gran parte de las reacciones y se dedica a analizar la situación en un estado de tensión física y con la necesidad absoluta de focalizar. Es una respuesta no habitual, parece que me paraliza y sin embargo me permite calcular mis acciones posteriores con mucha frialdad, sin pasión y termino reaccionando con cero intervenciones sentimentales. ¿Es una buena estrategia? No lo sé. El cuerpo me funciona así. Lo que sé es que tiene consecuencias. El bloqueo lo que hace es remansar los sentimientos y cuando se quita aparecen todos de manera torrencial. Generalmente esa noche no duermo y a la mañana siguiente estoy profundamente deprimido. La sensación que me invade es la de no verle sentido a la vida. No aparecen ideaciones suicidas, simplemente incomprensión y pena. Así reaccioné a la muerte de mis padres, primero mi madre y luego mi padre. Realmente entiendo que visto desde fuera parezco insensible. Lo que nadie ve es la digestión de todo eso, la que se produce días después a veces meses.

 
Leer más...

from freak_obijuan

#libros #descarga #cultura #libre

Llevo un tiempo pensando en escribir este artículo. El acceso a la cultura de manera gratuita debería ser un derecho humano porque la cultura nos hace más humanos. En cuanto a las retribuciones a les creadores, entiendo que el esfuerzo debe ser remunerado, pero habría que formular procesos alternativos al de la compra a distribuidores o a través de plataformas digitales. Estos intermediarios roban al creador y con la sociedad conectada que tenemos es muy fácil tender puentes entre creador y consumidor.

Desde el momento en que comprar no es poseer, piratear no es robar

Os podéis imaginar en que lado ando yo. También he de decir que pago por contenidos cuando quiero que eses creadores sigan trabajando o si estimo que su obra lo merece. Seguro que hay modelos que puedan venir bien a consumidores y creadores. Lo importante es dejar fuera de la ecuación a los GAFAM y similares.

Vamos al lío.

¿Cómo hace une amigue de otre amigue para descargar los libros que desee?

Métodos por orden de preferencia:

epublibre.org

https://epublibre.org es la cara visible del Proyecto Scriptorium. Las dudas que os surjan las podéis resolver en sus FAQ's. Al acceder a esta pagina completamente segura, sin registro y sin publicidad, es probable que tengáis problemas al estar bloqueada por muchos proveedores de Internet. La solución al bloqueo pasa por utilizar la red Tor o una VPN de vuestra confianza.

Las personas del Proyecto Scriptorium ponen un fondo bibliográfico impresionante en ePub, sobre todo en castellano, al servicio de los visitantes a modo de enlaces magnet. Para descargar los libros usando Tor Bowser basta con copiar la ruta del enlace, pegarla en tu cliente de BitTorrent favorito y disfrutar del contenido. Si estás accediendo a través una VPN y navegas con tu browser de referencia, simplemente haz click en el enlace magnet y deja que lo abra tu cliente BitTorrent.

En esta página puedes encontrar miles de libros de cualquier pelaje: con derechos de autor, libres, descatalogados, ficción, no ficción.... Las maquetaciones son excelentes, hasta el punto haber comprado un libro digital y esperar a que esté disponible en epublibre para leerlo porque la maquetación de la editorial es pésima.

Anna's Archive

Anna's Archive es otra impresionante base de datos de contenido online. Contiene un buscador sin registro previo que permite descargar de manera directa: libros, artículos científicos y muchos mas recursos de manera gratuita.

Os recomiendo buscar y filtrar por idioma porque la mayoría de su catálogo está en la lengua de Mordor.

Si no podéis acceder al enlace que proporciono es que han bloqueado o han eliminado ese proxy. La solución es usar VPN, tor Browser o buscar “annas archive” en cualquier buscador de Internet, preferiblemente que no sea Google.

Biblioteca secreta

Este es el método más fácil y accesible. No lo recomiendo en primer lugar porque depende de Telegram y no nos gusta registrarnos obligatoriamente para acceder a contenidos y tampoco nos apetece acceder a través de una plataforma que además de ser privada, no es libre ni transparente.

La Biblioteca Secreta es un bot que permite descargar libros en PDF y ePub en castellano, catalán e inglés. Como podéis imaginar, los administradores cierran periódicamente todos esos bots pero siempre hay alguno disponible. Para encontrar una biblioteca secreta puedes hacerlo en su pagina web http://bibliotecasecreta.nl/ o buscando “biblioteca secreta” en el buscador de Telegram y accediendo al resultado que tenga una imagen parecida a esta:

Logotipo de biblioteca secreta, un libro electrónico con parche en el ojo

Una vez dentro del chat con el bot, buscad por título o por autor como si estuvieseis chateando con un bibliotecarie, navegad por los contenidos y descargad lo que estéis buscando.

Como siempre, si no podéis acceder a la página web utilizad Tor Browser o una VPN

Soy consciente de la existencia de más opciones a la hora de buscar libros, pero estas me parecen las mejores alternativas libres de peligro. Si tuvieseis otras fuentes que os gustaría que añadiera, o cualquier otra duda comunicádmela en https://masto.es/@obijuan

Sentíos libres para tomar esta guía y darle el uso que necesitéis. Sí que me gustaría saber dónde se ha utilizado, pero no es necesario.

Leed, por favor.

 
Leer más...

from El rincón de ferlagod

Hace un tiempo planteé un dilema técnico y moral en este rincón: mantener el cliente de BookWyrm atrincherado en la pureza de F-Droid y ForjaLibre, o tragar arena y pasar por el aro de Google para evitar el bloqueo a las apps independientes.

Ya he tomado una decisión. Rocinante ya se puede descargar oficialmente desde la Google Play Store.

Pragmatismo para llegar a todo el mundo

El motivo de esta claudicación es simple: quiero que la aplicación llegue a todo el mundo.

Me paso el tiempo defendiendo la soberanía digital y huyendo de los monopolios, pero la realidad es tozuda. El 99% de los usuarios de Android no sabe qué es un repositorio, no va a instalar F-Droid y saldrá corriendo en cuanto el sistema operativo le suelte una advertencia de seguridad de 24 horas por intentar instalar un APK externo.

Si el objetivo real de Rocinante es sacar a la gente de las garras de Amazon (Goodreads) para llevarlos a una red federada como BookWyrm, la barrera de entrada tiene que ser cero. Ponerle trabas técnicas al usuario medio en nombre de la pureza moral es pegarse un tiro en el pie. Había que eliminar la fricción, y eso pasaba por poner la app en el escaparate que todos usan por defecto.

El código no se negocia

Quiero dejar algo muy claro a quienes ya usaban la app: el canal de distribución se amplía, pero la filosofía sigue intacta.

Rocinante es y siempre será software libre.

Que la aplicación se pueda descargar desde los servidores de Mountain View no significa que haya vendido sus tripas. Sigue sin haber telemetría oculta, sin rastreadores, sin anuncios y sin dependencias privativas chupando datos en segundo plano. Es exactamente la misma aplicación limpia que se compila para los canales alternativos, empaquetada para que cualquiera pueda instalarla con un solo clic.

El cuartel general no se mueve. El código fuente permanece abierto, auditable y alojado en forjalibre para quien prefiera revisarlo o compilarlo por su cuenta. A veces, para expandir el uso de herramientas libres, toca jugar en el campo del enemigo.

👉 Descargar Rocinante en Google Play Store

📦 Código fuente en ForjaLibre

#Tecnología #Desarrollo #Android #SoftwareLibre #Rocinante #Reflexiones

 
Leer más...

from Siete lagartijas

Los Nariz y Media

Es colmado muy curioso el de los Nariz y Media. Pides uno y llevas dos, quieres veinte y llevas treinta.

Llámese de ultramarinos o tienda de todo un poco, lleva tu lista bien clara que van a volverte loco.

«Mire, señora, no olvide probar estos pepinillos; no diga que quiere quince, que quiere usted veinticinco».

«Oiga, señor Aniceto, aquí está su coliflor. ¡Cómo le mira ese pavo! Se lo pongo con arroz».

Sumando, siempre sumando hacen negocio estos vivos, pero ya muchos clientes lo comentan en corrillos:

«Yo pedí cuatro melones y me dieron dieciséis». «Pues yo vine a por dos fresas y me fui con un pastel».

«Una lata de sardinas buscaba para mi tía, y salí con tres merluzas, ¡no entraban en la cocina!»

Pues así es este colmado, el de los Nariz y Media: puedes pedir veinte olivas y llevarte mil trescientas.

(Si no te gusta, no vayas; y si entras, pues te arriesgas.)

#poemas

 
Leer más...

from Los relatos de Ibnussabel

Los ecos de las revueltas mineras del norte empezaban a llegar a Colbridge & Mills. El enfado de los obreros hervía en la fundición. Jasper Colbridge, el dueño, temía que una sola chispa pudiera hacerlo saltar todo por los aires. Cuando su capataz entró en el despacho, con la cara colorada y sudorosa, comprendió que la revolución había llegado a su fábrica.

—Señor —empezó a hablar el capataz mientras recuperaba el aliento—, traigo malas noticias.

Jasper no contestó. Se levantó y se sirvió una copa de licor. No necesitaba escuchar más; sabía lo que vendría a continuación.

Los trabajadores se lanzaron a una huelga salvaje. Colbridge llamó a las autoridades y movió sus hilos para que actuaran con la mayor contundencia. El capataz preparaba listas de nombres y no le temblaba el pulso a la hora de despedirlos o entregarlos a la policía para que les dieran una lección.

Sin embargo, la revuelta no se sofocó. Se propagó a las otras fábricas de la región y convirtieron Stratfield en un campo de batalla. Los obreros se llevaban la peor parte. Además de perder su sustento, muchos acababan heridos de gravedad. Los dueños de las fábricas tampoco tenían motivos de celebración. Cada día que se prolongaban las huelgas, perdían grandes cantidades de dinero y sus clientes se veían obligados a buscar nuevos proveedores.

Los dueños de las fábricas tuvieron que aceptar que les salía más rentable llegar a algún tipo de acuerdo con los trabajadores que seguir prolongando la situación. Así pues, se reunieron con los cabecillas de la revuelta proletaria y acabaron cediendo un poco a sus demandas, lo suficiente para que volvieran al trabajo y la maquinaria se pusiera en marcha de nuevo.

Los obreros estaban eufóricos. Habían ganado. Les habían mejorado los salarios y habían readmitido a la mayoría de los despedidos. Los fabricantes también estaban contentos. Volvían a producir. Podían proveer a sus clientes y ganar dinero de nuevo. Los márgenes eran un poco más ajustados, pero seguía siendo un negocio rentable.

Sin embargo, la paz social puede ser efímera. Lo que un día se ve como un gran logro, deja de parecerlo al cabo de un tiempo. Además, con una guerra en ciernes, la economía se vuelve inestable y el coste de vida se dispara. Todo ello comportó que el malestar volviera a las fábricas.

Un buen día, Jasper Colbridge regresó a su casa después del trabajo y se encontró a sus hijos mayores jugando con una pelota. Le daban patadas y se la iban pasando, no parecía más que eso. Se quedó un rato observándolos y vio que también la lanzaban contra un muro y ganaban puntos si la pelota rebotaba dentro de un cuadrado pintado con tiza.

—¿A qué jugáis, chicos? —No estamos jugando, padre. Estamos practicando —contestó el mayor de los dos. —¿Y qué practicáis? —Es un deporte nuevo al que jugamos al salir de la escuela, pero es por equipos. Como solo somos dos, practicamos así. —¿Cómo se llama ese deporte? —Lo llamamos balompié, porque le damos al balón con el pie. —¿Y en qué consiste?

Los chicos le explicaron la mecánica de ese deporte. Al parecer, estaba ganando popularidad entre los jóvenes de Stratfield. Era un poco violento para su gusto, pero parecía interesante. Además, era popular también entre los muchachos de las fábricas, puesto que lo único necesario para practicarlo era un balón.

Al día siguiente, Jasper se reunió con algunos dueños de fábricas de la región para explicarles la idea que se le había ocurrido. Estos hablaron con otros empresarios y, en menos de una semana, la mayoría de los propietarios de la zona estaban de acuerdo en poner en práctica el experimento de Jasper.

Hablaron con los trabajadores que ejercían un cierto liderazgo natural sobre sus compañeros para exponerles la nueva idea. Habían pensado que, para limar asperezas, podían organizar un torneo de balompié, ese deporte nuevo al que jugaba la juventud. Para hacerlo más interesante, habían pensado en un premio en metálico para el equipo vencedor.

Los cabecillas de los obreros estaban un poco recelosos. Conocían el balompié. De hecho, más de uno lo practicaba. Lo comentaron entre ellos y llegaron a la conclusión de que no tenían nada que perder y, quien ganara, se llevaría un buen premio. Por lo tanto, aceptaron el desafío.

A lo largo del mes siguiente, voluntarios de todas las fábricas se fueron apuntando al torneo. Viendo el éxito de convocatoria, acabaron montando un equipo por cada empresa, más uno combinado que representaba a los patrones. En total, la competición reunió a catorce contendientes.

Los trabajadores estaban muy animados con el torneo. Se esforzaban más en sus tareas para poder salir a tiempo y prepararse para competir. Además, se reforzó el ambiente de camaradería entre los obreros.

Cuando por fin llegó el día de iniciar el torneo, los trabajadores estaban pletóricos. Incluso los que no iban a jugar, acudían como espectadores para disfrutar del espectáculo. Al acabar los encuentros, los ganadores rebosaban de alegría y los perdedores casi siempre aceptaban la derrota con deportividad.

Como eran tantos equipos, la competición duró cuatro días. Los dueños de las fábricas quedaron eliminados tras su primer encuentro, lo que produjo un gran alborozo entre todos los obreros. Los ganadores se hicieron con el premio prometido.

Aunque solo uno de los equipos había logrado ganar el torneo, como estaba estipulado de antemano, los trabajadores de todas las fábricas lo vivieron con alegría. Los de abajo habían logrado vencer a los de arriba. La celebración de la victoria se prolongó durante bastantes días.

Nadie pensaba en si los turnos eran demasiado largos, en si los salarios eran demasiado escasos ni en si las condiciones del trabajo eran demasiado peligrosas. Nadie pensaba en protestas ni en huelgas. Solo en cómo habían dado una lección a esos patrones explotadores. Por fin los habían puesto en su sitio.

Por su parte, los dueños de las fábricas también estaban de celebración. El plan de Jasper había sido todo un éxito. Sin duda, habría que repetirlo. Es más, tendrían que convertirlo en tradición. Quizá celebrarlo cada año. Y espaciar los partidos en el tiempo para que la competición durara más. Lo que haga falta para tener la fiesta en paz.

#relato

 
Read more...

from Francisco Molinero

Vengo a recordaros que el tiempo no es lineal, que no fluye como la experiencia nos parece demostrar y que los conceptos de pasado y futuro son construcciones humanas con poca o nula base científica. Pero no vengo a explicaros cosas de física que no sé entender yo de una manera cabal. Vengo a hablaros de mi experiencia del tiempo y lo que es más interesante, de la vida y como transcurre esta en una especie de ciclos cortos que terminan componiendo un ciclo medio que acaba por ser un ciclo de largo recorrido. La vida no la siento como una flecha que va desde el nacimiento hasta la muerte, la siento como un muelle que en cada vuelta me aleja del principio pero me lleva a una situación similar a la de la vuelta anterior. Ligeramente parecida, ligeramente distinta y si me paro a pensar en ello soy capaz de encontrar cierto sentido en lo que pasa y si me encadeno a la actividad irreflexiva, diaria, me consume en un tedio repetitivo que me agota. No espero que estas reflexiones de filósofo barato os ayuden mucho, más espero que me ayuden a mi a sobrellevar un cierto cansancio de vivir que se me hace cada vez más empinado.

 
Leer más...

from Los relatos de Ibnussabel

Hace un día maravilloso para pasear por el Campo Grande. Los árboles empiezan a mudar sus colores y el parque se convierte en una fantástica paleta de verdes, ocres, amarillos y granates. El olor a resina y a tierra convive con el de los puestos de castañas asadas. Los transeúntes disfrutan del buen tiempo, ajenos a lo que sucede en el alfoz. Mencía, en cambio, no puede permitirse ese lujo. Por eso es le únique que camina con prisa.

Llega a la Academia de Caballería, un imponente palacio que aloja las sedes de algunos comités de la ciudad, y recuerda cuánto le impactó la primera vez que lo vio. El revestimiento captador de CO2 es totalmente transparente y deja a la vista la construcción original del siglo XX. Es asombroso cómo supieron adaptar los edificios históricos para hacerlos ecoeficientes sin arrebatarles el encanto de su época. Ni siquiera el ascensor y la cúpula fotovoltaica, añadidos a finales del siglo XXI, rompen la estética.

Vega y Pradillo le esperan en la sala del comité de Abastos. Aunque no hay una jerarquía formal y Pradillo es le más veterane, Mencía lidera el equipo.

—He estado en los campos del oeste. Tenemos problemas —arranca Vega—. La plaga ha destruido los cultivos cercanos al estadio. 230 hectáreas entre Valladolid, Zaratán y Arroyo.

—La buena noticia —añade Pradillo— es que los drones agrícolas han logrado exterminar la plaga y capturar varios especímenes para analizarlos y poder reaccionar antes la próxima vez.

—La mala es que nos arriesgamos a vivir la mayor escasez de los últimos treinta años —acota Mencía—. Los silos tienen un ligero excedente, pero este revés nos va a obligar a racionar el cereal durante el invierno. ¿Hemos contactado con el comité de Consumo?

—Claro, jefe. He llamado a Carlos Verdejo para concertar una reunión hoy mismo y elaborar un plan conjunto.

—¡Buen trabajo, Vega! ¿A qué hora?

—Dicen que cuando estemos listos. Nos esperan en el ayuntamiento.

Para llegar a la casa consistorial, atraviesan la calle Santiago. Se trata del principal eje comercial de la ciudad y es un placer recorrerla. Las fachadas cubiertas por jardines verticales albergan multitud de pájaros cantores que amenizan el trayecto. Al final aparece la plaza Mayor y, justo enfrente, el ayuntamiento.

Trabajar con Consumo suele ser fácil. A diferencia de otros organismos, no sienten ninguna necesidad de colgarse medallas. Se centran en optimizar el uso de los recursos para abastecer a la población y reducir los residuos. Por eso es agradable colaborar con ellos.

Carlos Verdejo, posiblemente el hombre más elegante de Valladolid, les recibe acompañado de su equipo.

—Parece que tenemos un pequeño problemilla de aprovisionamiento, ¿no es así?

—Eso me temo —contesta Mencía—. Hemos perdido unas 250 toneladas de cereal.

—Vaya —Verdejo tuerce el gesto—. Es más grave de lo que imaginábamos. El excedente de los silos no va a cubrir ni una cuarta parte, tendremos que buscar el modo de compensarlo.

—Teniendo en cuenta que nos acercamos al invierno —indica Jaizkibel, mano derecha de Carlos, mientras consulta su tableta—, lo más sensato sería recurrir a otras fuentes de biomasa. Podríamos hacer una tala controlada en el pinar de Antequera.

—No creo que a los de Espacios Naturales les haga mucha gracia —apostilla Pradillo—. Ya sabéis el empeño que ponen en mantener el equilibrio forestal.

—Tampoco les gustará quedarse sin calefacción en enero —insiste Jaizkibel—, cuando el frío aprieta y la cencellada dura semanas.

—Quizá deberíamos convocarles, y a los de Energía también —propone Vega—. Les llamo para ver cuándo tienen hueco.

Fija una reunión esa misma tarde. Como va a ser larga, se citan en un bar del pasaje Gutiérrez. Falta casi una hora, pero prefieren acercarse ya y tomarse el primer vino. Van por la segunda ronda cuando llegan los dos comités restantes. Tras los saludos y una nueva comanda, se ponen al día y empiezan a buscar una solución adecuada para todas las partes.

—Entonces, si lo he entendido bien, el problema no es tanto la alimentación como el suministro de electricidad, ¿verdad? —Carolina, cabecilla del comité de Energía, quiere asegurarse de comprender la situación.

—Así es —aclara Verdejo, que se ha erigido en portavoz de Consumo y Abastos—. El cereal perdido habría servido para generar unos 150 ­­­000 litros de biofuel.

—En ese caso os voy a dar una alegría. —Una amplia sonrisa llena el rostro de Carolina—. Hemos encontrado el modo de conservar el excedente de energía que generamos con el CO2 capturado en baterías de gel. Gracias a esta nueva tecnología de almacenamiento eléctrico, calculamos que vamos a necesitar muchísimo menos combustible. De hecho, según nuestras proyecciones, en unos años podríamos llegar a prescindir de él.

—¡Eso es una excelente noticia! —grita Mencía, un poco achispade—. ¿Cómo es posible que no supiéramos nada?

—Terminamos las últimas pruebas hace unas semanas. Está previsto anunciarlo en el pleno del martes. Creo que nos merecemos que nos invitéis a esta ronda, ¿no?

—A las que queráis —sentencia Pradillo—. ¡Tenemos que celebrarlo!

#relato #solarpunk

 
Read more...

from Sé verlas al revés

“Si algo he aprendido en esta vida, es que difícilmente puede uno escapar al funcionamiento propio de las cosas. Quiero decir que, si vives en Tokio, compartirás tu vagón de metro con once mil japoneses y, si lo haces en Oslo, raro será el día en que te libres del abrigo y la bufanda. Y yo, por aquel entonces, vivía en Londres.”

Fragmento de la portada de la película en la que se aprecia una calle residencial con viviendas de arquitectura típicamente británica y vehículos aparcados a ambos lados de la calle; y en la que asoma parte de un carro de supermercado lleno de trastos y, sobre éstos, un gallo. En la parte inferior de la imagen se puede leer el título de la película, "El factor Pilgrim".

Así da comienzo el “El factor Pilgrim”, la ópera prima de Alberto Rodríguez y Santi Amodeo. La sinopsis de la película bien podría sonar a chiste: “un español (Alex O'Dogherty), un italiano (Enrico Vecchi), un inglés (Simon Edwars) y un sueco (Jöns Pappila) sobreviven en el Londres de los noventa dedicándose al trapicheo de artículos de rastro cuando, por azares de la fortuna, cae en sus manos un objeto que podría cambiar la historia más reciente de la música y la de la banda más importante del panorama británico y mundial de los últimos tiempos, los Beatles.” A partir de este momento lo que parece ser una historia propia de la novela picaresca da un giro y se convierte en un trepidante thriller sin dejar de lado el toque humorístico y absurdo que impregna la relación de estos cuatro personajes.

Desde las primeras escenas se aprecia cómo el ingenio del equipo técnico suple el irrisorio presupuesto con el que contó la película que, por no tener, no tenían ni autorización para rodar en las calles de Londres. Un trabajo en el que esas carencias son salvadas por un guion más que acertado, un ritmo trepidante y un genial trabajo interpretativo.

Para muchos, en esta película, la ciudad de Londres se convierte en un personaje más aunque, para mí, el gran protagonista que está presente durante toda la historia es la banda sonora: magistral. Ante la imposibilidad presupuestaria de afrontar los derechos de las canciones que querían incluir, recurrieron a Lavadora, una banda formada ex profeso por músicos de la escena underground sevillana para hacerse cargo del apartado musical de esta película y con vistas a ampliar el proyecto a futuras grabaciones, cosa que, con el tiempo, se llegó a confirmar.

Cabe mencionar que en el año 2000, el año de su estreno, entre otros reconocimientos recibió una mención especial en el Festival de San Sebastián «por su hilarante frescura y energía». En palabras del propio jurado, «nos hemos sentido particularmente impresionados por el original concepto del film y la inventiva de sus diálogos».

Mi relación con la película

Hará más de veinticinco años, por motivos que no vienen al caso, me tuve que hacer a toda prisa con una videoteca en VHS a partir de una lista de títulos, algunos conocidos, otros no tanto y otros totalmente desconocidos. El listado consistía en una serie de folios grapados con tres columnas: número de índice, título de la película y género. Sin duda, entre los totalmente desconocidos se encontraba El factor Pilgrim.

No sé cuánto tardé en verla por primera vez, supongo que antes vería otras más conocidas, pero desde ese primer visionado fueron muchas las veces que volví a verla. Algunas veces solo, pero otras tantas con amigos. A la mayoría de ellos, acostumbrados a un cine más comercial y a grandes producciones, no les atraía lo más mínimo o, directamente, nos mandaban (a la película y a mí) a la mierda; pero otros veían en ella una apuesta interesante, diferente y entretenida.

Desde entonces conservé una copia en VHS aunque durante mucho tiempo también la estuve buscando en formato digital, lamentablemente, sin éxito alguno. También anduve buceando por páginas de descarga, pero no logré nada más allá de alguna copia de mala calidad a partir de un VHS o alguna versión sin el doblaje final (los actores grabaron entre inglés y español según el caso), con lo cual resultaba más caótica aún. Se dio el caso de que la pusieron en televisión alguna que otra vez, aunque siempre me enteraba tarde.

Hasta que recientemente me dio por buscarla de nuevo y gratamente he visto que está en alguna plataforma digital y, ahora sí, peer to peer mediante, tenemos una buena versión disponible; basta pedírselo a tu mula favorita.

Como colofón a este pequeño homenaje no puedo hacer otra cosa que recomendarla una y otra vez. Puede que ya la hayas visto, pero si no, no dejes de hacerlo. Tal vez te llegue como me llegó a mí entonces y, de una u otra forma, pase a representar algo especial para ti.

Transparencia con el texto Más entradas etiquetadas como #Cine, #Underground y #OperaPrima


 
Leer más...

from Notas sueltas

Una pequeña piedra cae y apenas toca la ventana. Dentro de la casa se escuchan sus pisadas, sus palmoteos, sus reclamos. Exige un espacio, pretende ocuparlo. Percibimos que su único afán es diluir nuestras fronteras. El día es breve; la vigilia eterna. No sabemos si volverá a su habitación aletargado o encontrará un lugar sin ocuparlo todo, sin destruir nuestras almenas. O si se actualizará el desenlace monstruoso que no tenemos calculado.

 
Leer más...

from Notas sueltas

Apenas oigo los trinos de los pájaros. Han vuelto o ya se van, no lo sé. Debo regresar antes de que suene la alarma. Busco con la mirada el viejo cuadro, que regalé dos semanas atrás. La distracción tensa mis cadenas. La alarma suena. Se acabo el espacio donde sólo suenan los pájaros, que ya se fueron.

 
Leer más...

from Francisco Molinero

Con este hastag hemos empezado en Mastodon a poner poemas que luego son leídos por la gente. Se trata de ver cómo la poesía adquiere altura cuando el poema se regala y cada une la interpreta. Las voces, la composición, los acentos, las pausas y la comprensión de cómo se debe leer un poema son particulares, en cierta forma íntimas y cuando le autore las oye comprende como su trabajo se ha ensanchado, el tajo se ha hecho más profundo y ha llegado al hueso, ahí donde todes les poetes queremos llegar, donde se siente que la palabra tiene sentido, produce un temblor, hace rodar la lágrima, evoca, sana, lo explica todo, si es que algo tiene explicación. Este es el resumen de lo que terminó saliendo.

Autore: @SrMoshuelo@masto.es

sois lo que se ve abajo al otro lado a plena luz oculto en el hacer sinvergüenza ayudadme a no incrustar mi deseo en este panorama milimétrico de edificios y emociones sometidas sois sin saberlo el brote en lo más alto de la atalaya en vuestra voz y vuestros gestos me reconozco me detengo me permito el alivio y la esperanza

Así lo lee @fmolinero@neopaquita.es Así lo lee @gabrielTandil@rebel.ar Así lo lee @bettie@masto.es Así lo lee @jpuntoavi@masto.es Así lo lee @aguedapoesia@masto.es Así lo lee @cienfrasesMP@mastodon.social Así lo lee @Hirundo_sylvatica@masto.es

 
Leer más...

from Apuntes de Rob

—Te escucho y pienso en la Francia del siglo XIX —dijo, sin mostrar condescendencia, sino una sincera admiración.

—¿Qué es lo que escuchas? —preguntó el intérprete, con gran escepticismo.

—A William Bouguereau. Muestras un estilo perfecto, resonando una belleza fácil de percibir.

—¿Es eso bueno? Porque no quiero ser de entendimiento simple —preguntó el intérprete, casi ofendido al ser comparado con pinceladas fotográficas.

—Lo es. Tienes una exactitud que muy pocos logran, pero ahora es el momento idóneo de mostrar lo que sientes ante esa sonoridad impecable.

 
Leer más...

from Apuntes de Rob

Él ahora se dedicaba simplemente a mirar alrededor; ya no sentía a su compañero con quien compartía el mismo propósito. Los días pasaron sin sentirlo, sin encontrarle sentido a su existencia. Decidió cerrar los ojos para tratar de olvidar, pero, repentinamente, percibió a su compañero, quien le pedía ayuda para volver a juntar sus almas y dar vida a las vibraciones que embellecen el pasar del tiempo.

 
Leer más...