Escritura Social

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from Notas sueltas

Apenas oigo los trinos de los pájaros. Han vuelto o ya se van, no lo sé. Debo regresar antes de que suene la alarma. Busco con la mirada el viejo cuadro, que regalé dos semanas atrás. La distracción tensa mis cadenas. La alarma suena. Se acabo el espacio donde sólo suenan los pájaros, que ya se fueron.

 
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from Francisco Molinero

Con este hastag hemos empezado en Mastodon a poner poemas que luego son leídos por la gente. Se trata de ver cómo la poesía adquiere altura cuando el poema se regala y cada une la interpreta. Las voces, la composición, los acentos, las pausas y la comprensión de cómo se debe leer un poema son particulares, en cierta forma íntimas y cuando le autore las oye comprende como su trabajo se ha ensanchado, el tajo se ha hecho más profundo y ha llegado al hueso, ahí donde todes les poetes queremos llegar, donde se siente que la palabra tiene sentido, produce un temblor, hace rodar la lágrima, evoca, sana, lo explica todo, si es que algo tiene explicación. Este es el resumen de lo que terminó saliendo.

Autore: @SrMoshuelo@masto.es

sois lo que se ve abajo al otro lado a plena luz oculto en el hacer sinvergüenza ayudadme a no incrustar mi deseo en este panorama milimétrico de edificios y emociones sometidas sois sin saberlo el brote en lo más alto de la atalaya en vuestra voz y vuestros gestos me reconozco me detengo me permito el alivio y la esperanza

Así lo lee @fmolinero@neopaquita.es Así lo lee @gabrielTandil@rebel.ar Así lo lee @bettie@masto.es Así lo lee @jpuntoavi@masto.es Así lo lee @aguedapoesia@masto.es Así lo lee @cienfrasesMP@mastodon.social Así lo lee @Hirundo_sylvatica@masto.es

 
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from Los relatos de Ibnussabel

Cuando el sol desaparecía detrás de las murallas, el mar dejaba de ser un lugar conocido. Las olas cambiaban de color; el azul habitual se volvía profundo, denso, como si una sombra antigua yaciera bajo la superficie.

Guillem lo observaba desde pequeño. Mientras los otros marineros regresaban al puerto hablando de redes y vientos, él escuchaba el silencio que se mecía entre las olas. Para él, el mar no era solo agua, sino un ente vivo que respiraba con parsimonia.

«Los niños que vienen al mundo durante una tormenta no pertenecen del todo a tierra firme», solía decir su padre. La noche del nacimiento de Guillem, truenos y relámpagos rasgaron el cielo y el viento sacudió las barcas como si pretendiera arrancarlas del puerto. El primer grito del recién nacido se mezcló con el rugido del océano, que parecía el de una enorme bestia herida.

Guillem siempre creyó que su padre se dejaba arrastrar por sus fantasías de viejo marinero. Hasta el día en que, años más tarde, sintió la llamada del mar. Esa noche había salido solo en su barca mientras el pueblo dormía. Hacía semanas que los pescadores regresaban a puerto con las manos vacías; en las tabernas se extendía el rumor de que el mar estaba cambiando.

Cuando Guillem lanzó su red, el viento viró de golpe. Las olas crecieron con una fuerza antinatural. Una embestida le hizo caer y la oscuridad lo engulló. Luchó por respirar, pero el agua le colmaba la boca y se abría paso hacia sus pulmones. Cuando apenas le quedaba un hilo de energía, sintió un contacto extraño, suave y firme a la vez, como si el mar lo sostuviera en sus brazos.

Entonces, escuchó una voz. No provenía de fuera, sino de su propio interior: «Hijo de la tormenta, te esperamos».

No se ahogó. Las olas lo depositaron con suavidad en la arena, como si fuera un objeto frágil que temieran romper. Permaneció tumbado boca arriba, con el corazón desbocado, mientras el mar recobraba su calma aparente.

Al amanecer, despertó en la cala más oculta de la costa. A su lado, aguardaba una mujer de edad indescifrable. Tenía los cabellos blancos como la sal y los ojos del color del cielo antes de una tempestad.

—Debes tomar una decisión —dijo. —¿A qué te refieres? —preguntó Guillem. —Hace mucho tiempo —retomó la dama misteriosa—, la tierra y el agua sellaron un pacto. Los hombres respetarían el mar y, a cambio, este les colmaría de vida. Años más tarde, el acuerdo se rompió. Tombau, un dragón tan antiguo como la costa, fue capturado y encadenado debajo de esa enorme roca que mira a la bahía.

Guillem había crecido escuchando leyendas como esa. Sin embargo, por primera vez, sintió que no eran tan solo cuentos que los padres contaban a sus hijos, sino una profunda herida, un desgarro.

—Si el dragón muere, también lo hará el mar —culminó la mujer.

Al caer la noche, el pescador tomó una barca y se dirigió al imponente peñón, impulsado por un viento que parecía conocer el camino mejor que él. La nave atracó casi sin necesidad de maniobrar. Guillem saltó a la arena y amarró la embarcación a un tronco cercano.

Ante él se encontraba la boca de una cueva. Se adentró en ella y avanzó a tientas en la penumbra. Alcanzó una cámara enorme, iluminada por multitud de cristales que reflejaban la luz de la luna llena que se filtraba a través de mil rendijas. En el centro, amarrado con una cadena de hierro y piedra, yacía Tombau. El dragón marino era una serpiente colosal, cubierta de escamas de distintos tonos de azul y verde. Sus ojos encerraban una tristeza tan grande que podría engullir el océano.

—Has venido. —La voz de la criatura resonó imponente. —Me llamaste —respondió Guillem. —Debes tomar una decisión, hijo de la tormenta. Si me liberas, el mar se desbocará como un animal. Será libre, imprevisible, peligroso. Los marineros arriesgarán sus vidas cuando faenen. Si me mantienes encadenado, en cambio, se consumirá poco a poco hasta desvanecerse como un recuerdo lejano.

Guillem pensó en el pueblo, en los pescadores y sus barcas amarradas en el puerto. Tomó la piedra más grande que pudo sostener y golpeó con dureza las cadenas que retenían a Tombau. Un espasmo descomunal sacudió la cueva. El dragón saludó al marinero con la cabeza antes de escurrirse entre las rocas.

Al día siguiente, el mar había cambiado. Las olas golpeaban las embarcaciones con violencia, pero las redes regresaban llenas de pescado. Los vecinos celebraban el retorno a la vida de antaño sin comprender el precio que habían pagado por ella.

A veces, en noches de luna llena, un rugido lejano atravesaba el horizonte. En esos momentos, Guillem paseaba hasta la muralla y contemplaba el vasto mar. Ya no era tan solo un pescador, se había convertido en un puente entre la tierra y el agua. Mientras alguien recordara lo que el mar había sido, el mundo no se sumiría en el silencio más profundo.

#relato

 
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from Apuntes de Rob

—Te escucho y pienso en la Francia del siglo XIX —dijo, sin mostrar condescendencia, sino una sincera admiración.

—¿Qué es lo que escuchas? —preguntó el intérprete, con gran escepticismo.

—A William Bouguereau. Muestras un estilo perfecto, resonando una belleza fácil de percibir.

—¿Es eso bueno? Porque no quiero ser de entendimiento simple —preguntó el intérprete, casi ofendido al ser comparado con pinceladas fotográficas.

—Lo es. Tienes una exactitud que muy pocos logran, pero ahora es el momento idóneo de mostrar lo que sientes ante esa sonoridad impecable.

 
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from Apuntes de Rob

Él ahora se dedicaba simplemente a mirar alrededor; ya no sentía a su compañero con quien compartía el mismo propósito. Los días pasaron sin sentirlo, sin encontrarle sentido a su existencia. Decidió cerrar los ojos para tratar de olvidar, pero, repentinamente, percibió a su compañero, quien le pedía ayuda para volver a juntar sus almas y dar vida a las vibraciones que embellecen el pasar del tiempo.

 
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from El escritorio de McAllus

Aunque odio el calor, junio es uno de mis meses favoritos porque me pillo mis dos semanas de vacaciones de verano. Así que he leído un poquito más y más tranquilo que los meses anteriores, aunque sigue siendo menos de lo que me gustaría pero he gastado mucho tiempo en entrenar, escribir (de esto a ver si pronto hago una entrada) y ponerme al día con un par de videojuegos de las últimas rebajas.

El resumen de lecturas es el siguiente: 1 poemario, 21 números de cómics americanos (en distintos formatos)

Semiótica nuclear

Un poemario obra de Ben Clark que publicó el mes pasado y que me leí de cara a la presentación que haría a principios de mes. Es muy corto pero intenso. Me causó un desasosiego tremendo su lectura por el paisaje desolador que nos presenta, aunque con pequeños momentos de luz en algunos de sus versos.

Una lectura muy recomendable.

Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia

Tomo en tapa blanda que contiene 5 números americanos.

Mini serie de Spiderman Noir que recupera al personaje después de los acontecimientos del evento arácnido Spidergedón donde encontró su aparente fin. En esta aventura, aunque empieza en Nueva York, nos iremos a viajar por el mundo cual Indiana Jones para acabar en una excavación arqueológica.

Aunque mola ver al personaje fuera de su ambiente habitual debo decir que la serie es un poco más floja que las dos mini series que encontrábamos en el omnibus que leí el mes pasado. Y, además, he tenido cierto problema con los diálogos de la Doctora Huma con su coletilla (que imagino es cosa de la versión original pero no sé si la traducción hace más insoportable esa coletilla o era así también en inglés).

En cualquier caso muy entretenida y ojalá más mini series así en el futuro.

Marvel Pride 2026

Grapa con cuatro historias cortas que viene a tener la longitud de dos grapas normales americanas.

Se trata del típico número especial para apoyar a la causa que toque en ese momento y que en junio es al orgullo. Como suele pasar en estos especiales el mensaje que transmiten es importante y potente pero las historias bastante flojas. Eso sí a nivel de dibujo creo que todas están muy bien.

Mi historia favorita sin duda ha sido “Buenas noches, rosa azul”. Y es que Raven (mística) es un personaje al que le tengo mucho cariño y me gusta verla siendo feliz. “La que huye” es a nivel de acción la más potente y la segunda que más me ha gustado (aunque reconozco que no sabía de las relaciones de la Gata Negra más allá de la esporádica con Peter). Además, en esta segunda historia ver en acción a un personaje como Sera que solo conocía por el videojuego de Marvel Snap ha sido un aliciente muy interesante (y ahora tengo curiosidad por buscar en que colecciones han salido Sera y Ángela juntas para leer algo más de ellas).

Los nuevos vengadores 3

Grapa lomo con cuatro grapas americanas

Tal y como comenté el mes pasado que imaginaba, este es el último número de la colección. Solo una etapa de 10 números para este nuevo “volumen” de los nuevos vengadores. Ya no sé si Marvel los lanza con esta intención de duración o de verdad intenta hacer series abiertas que al no funcionar cancela.

La historia la verdad es que ha sido muy floja, los villanos patéticos, la traición de un miembro y los motivos cogidos por los pelos y cuando se ha resuelto que todo viene de la muerte de un villano en el evento un “Mundo bajo Muerte” más como han vencido, he soltado hasta un resoplido de lo patético que ha sido.

Como ya dije lo compré porque intento coleccionar donde sale X-23 pero a partir de ahora me lo voy a pensar mucho antes de comprar algo que no sea de este personaje en solitario (a ver si tras el evento del salto temporal vuelven a darle serie a Laura)

The Ultimates 7

Grapa lomo con tres grapas americanas

Los tres números que tenemos en esta grapa-lomo empiezan un poco antes de Endgame 2 y luego tras ese número del evento de cierre del Universo Ultimate.

Como viene siendo habitual en esta serie tenemos números centrados en un solo personaje junto a otros centrados en los equipos. En el primer número conocemos porque la avispa hizo lo que hizo y quien estaba detrás de sus acciones (con un giro de lo más interesante).

El segundo número de esta grapa sigue donde lo deja el anterior aunque se vuelve más grupal a la vez que nos cuenta el origen de otra versión de un personaje Ultimate (que, además, es Canon con el origen de un personaje que cambiaron después de la continuidad. Además explica que pasó con un héroe que perdimos de vista hace bastantes números de la colección.

En el tercer número vemos victorias de los Ultimates a la vez que intentos de contraataques de sus enemigos y, como suele ser habitual con los villanos estos se traicionan entre ellos o son dejados atrás en cuanto fracasan.

Ultimate Endgame 3

Grapa individual

Continua la serie que nos llevará al fin del Universo Ultimate con poca pinta de que esto vaya a cerrar satisfactoriamente.

Tenemos la aparición de un personaje que vimos en Invasión (la serie que lo inició todo) aunque no dura demasiado tiempo. Por supuesto, todo lleno de charlas cargantes de las que en verdad no revelan nada interesante. Además, tenemos una muerte importante que no tengo claro que sea real y es solo para crear el cliffhanger de este número.

Una cosita a destacar es la aparición de las Ultimate X-men dibujadas por alguien que no es Momoko y al verlas así dibujadas me da rabia porque creo que esa colección la habría disfrutado más solo con el guion de Momoko y con el dibujo de otro artista. Ellas junto a Killmonger han llegado al exterior de la Cúpula conectando por fin esas dos series con el resto del Universo Ultimate e imagino que se unirán a la batalla dentro de la Cúpula.

La Bruja Escarlata 2: Buscahechizos

Tomo tapa blanda con 6 números americanos

Continua la serie de Orlando al frente de la colección de la Bruja Escarlata. Con este tomo dos de la saga de Wanda con la puerta por la que llegan los que no tienen nada más. Una serie que creo solo es correcta aunque el caso de la semana suele resultar entretenido. Lo que echo de menos es que todo sea un poquito más oscuro y adulto, como en la serie que tuvimos guionizada por Robinson entre 2016 y 2017 (18 números que tengo en tres tomos 100% marvel y que me suena que Panini recopiló en tapa dura hace relativamente poco)

Después de este tomo, que se podría decir cierra este volumen de la Bruja, viene una mini serie en la que veremos a Wanda y Mercurio juntos que va antes de los tres tomos que ya tengo comprados de Wanda sin leer (dos sin numeración por parte de panini del personaje en solitario y otro con Visión que en mayor o menos medida entiendo son continuaciones uno de otros porque todos los guioniza Orlando).

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Qué estoy leyendo o voy a leer en Julio

Voy a empezar con las lecturas fijas de las novedades de cómics del mes que, por suerte, cada vez son menos conforme finaliza el nuevo Universo Ultimate: Nova Centurión 1 (tomo de 6 números surgido tras el evento Imperial), Patrulla-X Unida 1 (grapa mensual donde participa X-23) y Ultimate Endgame 4 (penúltimo número con mucho todavía por cerrar).

Voy a volver a mencionar a It, que dejé aparcada su relectura por lo voluminoso del libro físico y que me pasé a leer en el kindle. Pues bien, precisamente por pasarme a leerlo en el libro electrónico se acabó quedando relegado al olvido pero para el viaje de trabajo de junio lo retomé y, maldita sea, que bien ha envejecido este libro y que diferente es leer de adulto con respecto a cuando lo hice de adolescente. A ver si sigo avanzando con él y puedo acabarlo poco a poco en este año.

Voy a leer cuatro tomos de La Bruja Escarlata entre este mes y principios de agosto para estar al día de sus colecciones en solitario y sus mini series en equipo porque el 20 de agosto llega en español la colección de Wanda como hechicera suprema de la Tierra (sigue Orlando a la cabeza así que entiendo que respetará todo lo que él mismo ha escrito).

Me quedan rematar unos pocos relatos del libro Cortarse el cabello el libro de club de lectura para julio.

Y de rol estoy leyendo el manual básico de Blade Runner que quiero empezar a dirigirlo para la segunda mitad de agosto (o principios de septiembre si cuesta lograr quedar con la gente por el veranito)

 
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from Los relatos de Ibnussabel

Los sábados, Alicia visitaba a su madre en la residencia. La encontró sentada en el jardín, con aire ausente, como si estuviera concentrada pensando en sus cosas.

—Hola, mamá —la saludó y le dio dos besos.

Paquita, su madre, la miró fijamente y tardó unos segundos en reaccionar.

—Ay, hola, hija. ¡Qué bien que hayas venido! Hacía mucho que no sabía nada de ti. —Vengo todas las semanas, mamá. Hablamos ayer por teléfono. —Bueno, bueno. Ya será menos.

La sonrisa de la anciana transmitía una enorme felicidad. Se apoyó en su hija para levantarse del banco y le pidió que la llevara a pasear un poco, que le convenía moverse.

—Qué bien que hayas venido. Necesito que me ayudes con una cosa, que tu padre nunca me hace caso.

Alicia contuvo las lágrimas que empezaban a formarse en sus ojos. Su madre no se percató.

—Claro, mamá. Pero demos una vuelta primero, que hace muy buen día. —Es verdad. Además, me han dicho que me conviene moverme.

Mientras paseaban, Paquita siempre agarrada del brazo de su hija, Alicia se interesaba por el día a día de su madre.

—¿Qué tal estás? Tienes muy buena cara. —Estoy estupenda. Dice el doctor que tengo una salud de hierro. —Qué bien. ¿Y qué has comido hoy? —Es pronto. Aún no nos han llamado. —Pero si son las cinco de la tarde. —Ay, es verdad —corroboró la anciana tras mirar su reloj—. A veces me despisto un poco. —No pasa nada, mamá. Es normal. Creo que hoy teníais pescado —insistió. —Puede ser, hija. Aquí todos los días son iguales; es difícil distinguir lo de hoy de lo de ayer.

Paquita señaló con un gesto de cabeza a un anciano que estaba mordisqueando una galleta en un banco.

—Mira a Lucio, pobre. No sabe ni en qué día vive. Si me quedo así, me pones algo en la comida; que me acueste y no despierte. —¡Mamá! Menudas ideas tienes. —Ya ves. Cosas que pensamos las viejas. Lo último que quiero es ser un estorbo. ¿De qué me sirve estar viva si no me entero de nada? —No digas tonterías, mamá. Anda, sigamos con el paseo.

El momento de la despedida era el más difícil. Se pasaría la semana entera pensando en su madre. La llamaba casi todos los días, pero Paquita no era muy entusiasta del teléfono y colgaba pronto.

—Ay, hija. ¿Ya te vas? No has visto a tu padre. No sé dónde se ha metido este hombre. Debe de estar al caer. —Tengo que salir ya, mamá. Se ha hecho tarde. Otro día le veo.

#relato

 
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from El rincón de ferlagod

Llevo días dándole vueltas a una decisión técnica con Rocinante. Es el clásico escenario donde te obligan a elegir susto o muerte. La duda es sencilla de plantear, pero difícil de tragar: ¿Subo la app a la Play Store o la mantengo exclusiva en F-Droid?

Hasta hace poco, la respuesta era evidente: trinchera libre y soberanía digital. Pero el panorama va a cambiar radicalmente, y los desarrolladores independientes estamos en la diana.

El cerco de Google en septiembre de 2026

A partir del 30 de septiembre de 2026, Google va a empezar a desplegar un sistema de verificación de desarrolladores que bloquea la instalación normal de aplicaciones no registradas. Básicamente, si no pasas por su aro, pagas su cuota y les entregas tu identificación, tu app pasa a ser bloqueada por defecto.

Para saltarse este bloqueo, el usuario tendrá que usar un “flujo avanzado” absurdo: activar el modo desarrollador, reiniciar el móvil, tragarse varias pantallas de advertencia y esperar 24 horas de castigo antes de poder instalar el APK. Es un mecanismo diseñado puramente para generar fricción y ahuyentar a la gente.

El problema con F-Droid

Aquí es donde mi plan original hace aguas. Yo puedo firmar mis propios paquetes y certificarlos para que os los descarguéis directamente por Obtainium. Pero la filosofía de F-Droid es que ellos cogen mi código fuente, lo compilan en sus servidores y lo firman con sus propias claves.

Esto significa que las apps distribuidas por F-Droid se van a dar de bruces contra la nueva pared de Google, ya que no pueden cumplir con el sistema de verificación de identidad propietario.

No quiero ver a usuarios que no tienen una ROM personalizada se adentre en un laberinto de 24 horas y advertencias de seguridad solo por querer utilizar apps fuera de la PlayStore. No es justo para ellos.

El muro de los testers

La alternativa lógica para evitar esta fricción es claudicar y subir Rocinante a la Play Store. Pero solo de pensarlo me da pena.

Como ya sufrí en mis propias carnes, el peaje de entrada para las cuentas independientes en Google es encontrar a probadores (testers) que se instalen tu app y la mantengan durante 14 días seguidos. Buscar a personas dispuestas a hacer de cobayas para una app de nicho es un suplicio absoluto. Es una burocracia pensada para exprimirnos, no para quienes programamos software libre.

La encrucijada

Si me quedo solo en F-Droid, defiendo la pureza del código, pero condeno a los usuarios a un proceso de instalación infumable dictado por Google. Si me voy a la Play Store, le facilito la vida a la gente, pero me toca arrastrarme durante semanas mendigando testers y cediendo a Google.

Aún no he tomado una decisión en firme. De momento, sigo sopesando si vale la pena el desgaste de pelear en busca de testers o si, por pura practicidad, toca mancharse las manos.

¿Qué haríais vosotros en mi lugar?.

#Tecnología #Desarrollo #Android #SoftwareLibre #Reflexiones

 
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from Sé verlas al revés

Antecedentes

Una cosa que me gusta tanto como leer son los propios libros. Reconozco cierto fetichismo en mi relación con ellos; con el objeto. No tengo muchos, pero poco a poco voy construyendo una colección más o menos a mi gusto.

No sé si tanto como los libros (o leer) me gusta el orden. Soy una persona bastante ordenada. Aunque sin llegar a un extremo patológico, cierto es que algún que otro quebradero de cabeza me ha traído esta afición a tenerlo todo ordenado; normal cuando convives con personas con un concepto del orden diferente al de uno mismo. Muy diferente.

Recientemente he decidido ordenar mi biblioteca con cierto criterio más allá de agrupar los libros por autores. Una vez conseguido, a ver cuánto dura.

Interior de la biblioteca de la Abadía de Göttweig (Austria) - 2015. Por Jorge Royán. La imagen muestra parte del interior de una biblioteca, desde un nivel superior, cuyas paredes están repletas de libros en estanterías de madera. Se ve a un joven en el nivel inferior, ataviado con lo que parece ser una sotana negra, leyendo sentado. La escena resulta muy luminosa gracias a la luz que entra por grandes ventanales.

Interior de la biblioteca de la Abadía de Göttweig, Austria. © Jorge Royan / www.royan.com.ar

Sobre el software

Después de una somera búsqueda de un software dedicado a este propósito y dado que uso el entorno de escritorio KDE, me decido por Tellico, un software de organización de colecciones muy completo. Por defecto viene con plantillas preconfiguradas para colecciones de libros, bibliografías, cómics, vídeos, música, monedas, sellos, tarjetas, vinos, videojuegos, juegos de mesa o archivos. Ahí es nada.

La interfaz es muy KDE, quizás algo sosa (algunos veréis aquí una perogrullada), pero muy efectiva. Además de permitir la introducción de datos a pinrel, ofrece la conexión a diversas bases de datos de internet para la descarga automática de información.

En mi caso he simplificado mucho los datos que he relacionado ya que mi objetivo es tener ordenados y localizados los libros. Con título, autor, año de publicación, género, subgénero y localización, tengo información suficiente para cubrir mis necesidades. Además he introducido algo de información complementaria como es la editorial y si forma parte de una colección.

Qué leo

Como en mi entrada anterior, en la que compartí el fichero con mis suscripciones a podcasts, pensaba hacer lo mismo compartiendo un archivo HTML o CSV exportado directamente desde Tellico, pero como en mi biblioteca no sólo hay libros míos, sino que también están los del resto de la familia, no termina de ser un fiel reflejo de mis gustos literarios así que, si te interesa, te invito a seguir mis lecturas en @luiseme@lectura.social, espero mantenerla al día. Eso sí, tras organizar mi biblioteca he descubierto libros que leí hace mucho y quiero volver a leer, junto con otros tantos que aún no he leído, por lo que me he propuesto darles una oportunidad antes de seguir aumentando la colección.

Nota mental: ¿se podrá exportar mi colección directamente (o con algún apaño) desde Tellico a BookWyrm?


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from keyeoh

Tengo un problema. Y hoy no tiene nada que ver con la ansiedad y la depresión, que esas ya se llevan a menudo su buena dosis de palabras mal escritas. El caso es que me gusta el café bueno. Y esto puede tener muchas lecturas.

Por un lado, desde un contexto sociológico y temporal, puede parecer que no soy más que el siguiente snob en la fila que ha sucumbido a la moda de los cafés de especialidad. De hecho, me resta mucha credibilidad el hecho de que me gusten los gin-tonics, los vinilos, las gildas y algún que otro revival más. Joder, si parece que van decidiendo las modas pensando en mis gustos.

Reconozco que voy a algún sitio de estos donde te preparan con ceremonias más o menos complicadas una buena dosis de ese maná negro que me tiene obsesionado. Y es verdad que los precios desprenden cierto tufillo a clasismo. Aunque me he fabricado algún argumento para plantear mi defensa ante el jurado popular.

En primer lugar, la diferencia abismal de precio no suele afectar tanto a los que nos gusta mucho el café. Y recalco lo de “suele”. Aquí en mi ciudad, conozco un sitio donde tuestan su propio café y un expresso vale lo mismo que en cualquier cafetería del montón. La clave está en lo del tipo de café, y es que creo que donde las franquicias consagradas sacan el mayor margen de beneficio es en esas bebidas derivadas llenas de leche, nata y colorines.

Pero a mí me gusta el café. Negro. Amargo. Y llevo tantos años tomando cosas sin azúcar que creo tener las papilas gustativas preparadas para distinguir un buen café de uno malo. Para mí, uno bueno es aquel que no me destruye el estómago, el intestino, y de paso se me lleva la alegría y las ganas de vivir. Ya se ve donde tengo puesto el listón.

El caso es que, siendo aficionado a lo amargo, uno es más propenso a sufrir atentados, pues no hay leche, nata o sobre de azúcar que se interponga, cual héroe de película de acción, entre el asco y mi persona. Así que, cuando me la juego, me la juego de verdad.

Puedo entender que a mucha gente, aquellas personas a las que les gusta tomar medios litros de cosas dulces y purpurina, ese dos por ciento (con suerte) de petróleo escondido en el fondo de su vaso gigante no les aporte o quite nada. Me alegro por elles. Pero no deja de hacerme gracia cuando alguna de ellas dice que le gusta más el café de un sitio que el de al lado.

Entiendo que el sustantivo se ha traspapelado, y que la palabra café ha devenido en el cóctel completo. Pero no puedo menos que sentirme triste al pensar en el pobre expresso que ha sido abandonado en el camino. Él nunca lo haría.

Esto es una lucha perdida de antemano, pues los bebedores de posos somos poquitos, y además gente con graves taras mentales  —como se puede desprender de todas las palabras anteriores. Así que no somos interesantes para el negocio. El tiempo pasará, los cafés de especialidad serán sustituidos por otra moda (que será, será) y nosotros nos quedaremos en casa, con el gotero del café inyectado en vena, graduando la dosis con cuidado, no vaya a ser que se nos descontrole la ansiedad y nos dé por escribir una entrada como esta en un diario.

 
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from El rincón de ferlagod

Publicar una aplicación en Android hoy en día es como tener que elegir entre pasar por el aro de una corporación que te trata como a un número, o someterte al escrutinio espartano de una comunidad de puristas. Como últimamente he estado lidiando con subir Rocinante y Mis Curas a ambas plataformas, os voy a contar cómo es darse de bruces con las dos realidades.

Y ya os hago el spoiler: me sigo quedando con F-Droid de calle. Pero no es un camino de rosas.

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Google Play: Los 12 probadores

En el ecosistema de Google, lo que menos importa es tu código. El verdadero muro es puramente administrativo. Resulta que, si tienes una cuenta de desarrollador nueva, Google te exige un peaje absurdo: tienes que conseguir a 12 testers (probadores) que se instalen tu aplicación y no la borren durante 14 días seguidos.

Si haces un juego chorra, igual engañas a tus amigos y familiares. Pero cuando desarrollas software de nicho, la cosa cambia. Mis Curas es una herramienta clínica para recomendar apósitos en las curas. ¿De dónde saco yo a 12 personas que quieran probar una app de heridas durante dos semanas enteras? Es un suplicio. Una barrera de entrada artificial diseñada, en mi opinión, para ahuyentar a los desarrolladores independientes y quedarse solo con los grandes estudios.

Eso sí, al César lo que es del César. Una vez que tragas saliva, pasas este bautismo de fuego y te aprueban la aplicación, la maquinaria va como un tiro. Para las siguientes actualizaciones solo tienes que subir la versión y, en un par de horas, la tienes revisada y online.

F-Droid: Rigor, pureza y paciencia

El repositorio del software libre es otro mundo. Aquí a nadie le importa cuántos colegas tienes para probar tu app. Lo que les obsesiona es que tu código esté limpio. Son más estrictos que la supervisora de planta en un turno. Si hay un solo rastro de telemetría, dependencias privativas de Google Play Services o licencias raras, estás fuera.

El proceso de publicación en F-Droid es soberanía digital en estado puro, pero tienes que remangarte:

  1. El Fork: Nada de subir un archivo APK y a correr. Tienes que clonar su repositorio principal (fdroiddata) en GitLab.
  2. La Receta: Tienes que crear un archivo de metadatos (en formato YML). Básicamente, es un manual de instrucciones donde les dices dónde está tu código en ForjaLibre y qué comandos exactos hay que ejecutar para compilarlo.
  3. El Escrutinio Automático: Abres el Merge Request y su sistema automático (lint) te revisa hasta las comas buscando bibliotecas que no sean de código abierto.
  4. La Revisión Humana: Si pasas la máquina, un voluntario revisa el tema de las licencias a mano.
  5. La Compilación Soberana: Y esta es la magia. F-Droid no confía en el instalador que tú les des. Ellos cogen tu código fuente y lo compilan de cero en sus propios servidores. Así garantizan al usuario que la app que se instalan es exactamente la que ven en el código, sin trampa ni cartón.

¿El problema? Los tiempos de espera. Todo este proceso requiere una paciencia infinita. Puedes tirarte dias enteros en la cola esperando a que sus servidores compilen tu app y la liberen.

Mi veredicto

La burocracia comercial de Google genera un desgaste innecesario y te hace sentir que trabajas para ellos. F-Droid es lento, pero el proceso es transparente, ético y te garantiza un ecosistema limpio.

A veces hay que mancharse las manos publicando en la Play Store para llegar a los compañeros que no saben salir de la tienda por defecto de su móvil. Pero mi cuartel general y mi apuesta a largo plazo será F-Droid. Prefiero esperar dias en la trinchera del software libre que andar mendigando probadores para engordar el monopolio.

#Tecnología #Desarrollo #Android #SoftwareLibre #FDroid #Reflexiones

 
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from A crit pelat

Hace unas semanas, pasé por un bazar a comprar algunas cosas que me faltaban para un proyecto del trabajo. Sorprendentemente grande, plagado de estanterías y abarrotado como lo estaría un templo en honor al horror vacui, en él me recibe una persona que leo como china, con las dos manos reposando detrás de las caderas, que sostienen una postura impecablemente recta. Tras preguntarle si me puede ayudar, se dispone a acompañarme al pasillo 1B. Se dirige hacia allí girando sus hombros casi ciento ochenta grados, apoyándose en su pie derecho. Cuando llega a la altura del pasillo donde está el alambre que necesito, lo rebasa un par de pasos más para después volver a girarse como si tuviera un resorte dentro, y me señala el producto con la mano izquierda. En su particular coreografía, la mano derecha no se separa de su cuerpo en ningún momento. Mientras me entretengo en evaluar qué tipo de alambre me viene mejor, él espera paciente. No escudriña mi proceso de decisión, pero tampoco aparta la mirada hacia otro sitio. Tras mirar un par, me doy cuenta de que no tengo un criterio formado respecto a la elección de alambres, y vuelvo al primero. Cojo un par de rollos y le miro esperando alguna reacción. Él, sin cambiar la expresión, dice de manera solemne «Este es el mejor». Emprende la marcha de vuelta a la caja. A estas alturas, no puedo evitar fijarme. En sus pies, unos zapatos blancos impolutos, con algún detalle en azul marino y marrón piel. Viste unos pantalones vaqueros cortos con el camal doblado, que dejan ver unas piernas claras y sin pelos. Arriba, una camisa a cuadros, bien remetida en los pantalones. No hay ni una sola línea que no esté completamente equilibrada respecto al resto. Atraviesa el mostrador, que todavía conserva el metacralito de la pandemia, ahora ya ajado y repleto de pegatinas de cromos de fútbol. «Perdona, ¿me puedes hacer factura de esto?», a lo que contesta afirmativamente mientras se escucha el ruido de las teclas, al que le sucede el de una pequeña impresora. En el lado derecho del mostrador, entre la torre del ordenador y una pila de cajas de plástico, hay una serie de libretas con el lomo apuntando hacia el techo. El chico, con un movimiento lento, pasa la mano por encima, comenzando por la izquierda. Los dedos de la mano sobrevuelan las libretas como sobrevuelan las gaviotas el mar, generando una ilusión de quietud. En el momento justo, caen con precisión, afectadas de nuevo por la gravedad. Dirigiéndose hacia mí, coge la libreta con ambas manos, sosteniendo los lados entre los dedos índice y pulgar, ayudándose del corazón. Mientras descienden a la superficie, los dedos índice alzan de nuevo el vuelo y quedan apuntando a mí; mientras tanto, los otros dos ejercen una pequeña presión combando ligeramente la libreta. Ésta es la primera parte que toca el mostrador, e inmediatamente los dedos corazón se elevan para dejar lugar al resto. Tiene una tapa de cartón donde se lee claramente «FACTURAS». La abre pasando por el lado corto superior. Arranca el ticket y lo trae. Amansando con dos dedos su plegarse rebelde, comienza a pasar los datos: número de factura, artículo, precio. Al terminar, me ofrece la libreta junto a un «Por favor» que adquiere sentido cuando veo el resto de datos sin completar. Es mi turno. Mientras pongo el CIF de la empresa y la dirección, no puedo dejar de mirar de reojo los movimientos del chico. Arranca una bolsa pequeña y la sacude en un movimiento firme, llenándola de aire. Mete los rollos en ella y la deja cerca mía, haciéndola aterrizar tan suavemente que me parece que el tiempo se dilata tanto más cuanto se acerca la bolsa al mostrador. Acabo con los datos y no hace falta que se lo diga: en algún momento ha cogido el sello y está listo para estamparlo en la factura. Procede. Deja el sello. Ahora, con minuciosa atención, dibuja una recta con los dedos aplicando presión sobre la línea de puntos. Nada más acabar, hay un cambio brusco en el ritmo. Arranca las hojas con un movimento rápido y seco; de manera casi impercetible, lo acaba con un pequeño chasquido en los dedos que separa la copia de carbón del original. Deja la libreta en el mostrador y me ofrece mi parte. Tardo un par de segundos en reaccionar, pero cojo la hoja. Él cierra la libreta y, entonces, posa en ella todos los dedos de la mano excepto los meñiques. Hay una pausa que clama silencio. Un artesano respeta a sus herramientas y las trata con cariño. Con la mano derecha, repasa la libreta para que la superficie quede uniforme, y la lleva de nuevo al hueco de donde proviene. En ese momento, mientras está levantando la mirada, oigo un «Gracias». Lo pienso ahora y no estoy seguro de si se dirigía a mí o era la palabra que concluía el ritual. «Gracias» es mi respuesta. Pero mi palabra no quiere ser de conclusión. Estoy de alguna manera hipnotizado por sus ordenados movimientos y aún ni he cogido la bolsa. Por primera vez, noto un desajuste, una pequeña vacilación. Se produce cuando ya ha vuelto al lugar en que estaba cuando entré a la tienda, de nuevo con las manos tras la espalda baja. Hay una mínima intención de inclinarse hacia delante que es rápidamente neutralizada, como una vieja costumbre que todavía pervive correción tras corrección. Noto que detrás mía hay otra persona que ha entrado a la tienda. Se saludan y le pregunta por una bombilla. Él se dirige al pasillo 2A. Yo le sigo con la mirada, pero ya no está bailando para mí.

 
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from Sé verlas al revés

Desde que tengo uso de razón siempre ha habido una radio ahí, aunque fuera de fondo, aunque no siempre la escuchara. Seguramente este hecho explique el gusto que le tengo al formato podcast. Y no es que sea un “consumidor” de podcasts fuera de lo normal, si es que hay una norma para ello, pero me sale la media a más de un programa diario.

Imagen del positivado de un negativo en el que se ve a un ingeniero encargado de la radiodifusión durante la inauguración del Servicio de Radiodifusión de Palestina (30 de marzo de 1936) en Ramala. Colección fotográfica de G. Eric y Edith Matson.

Ingeniero encargado de la radiodifusión durante la inauguración del Servicio de Radiodifusión de Palestina (30 de marzo de 1936) en Ramala. | Dominio Público.

Sobre el software

Para la escucha, principalmente desde el móvil, recurro al que para mí es el mejor agregador de podcasts que conozco, AntennaPod, que, claro está, es software libre. Este programa, además de mantener al día mis suscripciones, notificarme, gestionar las descargas, etc., sincroniza perfectamente con otros dispositivos. En mi caso, la sincronización la consigo gracias al servicio web de gpodder.net.

Por otro lado, en el entorno de “escritorio”, aunque durante mucho tiempo he utilizado el programa gPodder (no confundir con el servicio web antes mencionado), hoy en día lo hago a través de Kasts; ambos programas permiten igualmente la sincronización, pero la interfaz de Kasts me resulta mucho más sencilla y amigable.

Qué escucho

Depende del momento me da por una cosa u otra, aunque hay algunos fijos diarios que no fallan, como son los programas que tocan la actualidad pero desde un punto de vista diferente al que podamos encontrar en noticiarios al uso o con una profundidad que va mucho más allá del titular. También me gusta mucho la fórmula del documental y, por supuesto, las buenas ficciones.

Os dejo un enlace al resumen html que genera el propio AntennaPod y también al archivo OPML por si lo quieres abrir directamente en tu agregador de podcasts favorito. Como verás, no es una lista muy extensa, por lo que te invito a que si sigues algún podcast en especial que pienses que merece la pena, siéntete libre de compartirlo.


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from Francisco Molinero

Ayer me apunté a este reto y aunque no conseguí terminarle creo que salieron algunas historias interesantes que alguien me animó a llevar al blog para que no se pierdan. Aquí van:

1.– En mi casa había tres habitaciones y vivíamos mis padres, mi hermana, mi abuela y yo. Me quedé sin habitación, así que dormía en la terraza que mis padres acristalaron, en un sofá cama que cada noche había que montar. ¡Me encantaba! era rojo y tenía una luz en el cabecero.

2.– Charlando con une amigue pensamos que podríamos hacer un servidor con UNIX que permitiera a la gente enviarse mensajes unes a otres. Usamos la red Videotex y montamos una empresa que se llamó Correo Telemático, Fracasamos estrepitosamente a pesar de alojar la página del parlamento europeo. Ni era el momento, ni era el país.

3.– Íbamos paseando por un parque mi novia (hoy mi mujer) y otra pareja de amigos cuando un coche Seat 1500 sale de la carretera, nos corta el paso y de él se bajan dos individuos muy mal encarados. Sacan las carteras y se identifican como policías. Nos detienen y nos llevan a la comisaría de Los Cármenes donde permanecemos detenidos durante horas sin saber por qué. Descubren que somos menores y que se han equivocado, nosotros no habíamos robado ninguna moto. A las 12 de la noche llaman a nuestros padres que nos sacan de allí. ACAB.

4.-Éramos jóvenes y escribíamos poesía. No era fácil abrirse camino entonces (ahora tampoco) y decidimos hacer una revista de poesía que hoy sería un fanzine. La llamamos La Alcayata y la vendíamos en la Cuesta de Moyano junto a las casetas de libros antiguos. La enviábamos por correo a la gente que nos la pedía. Un editor se apiadó de nosotres y nos publicó un libro que tituló Poetas Universitarios.

5.– Durante el servicio militar pasé una temporada en el hospital militar de Ceuta internado. En el jardín de delante de mi habitación crecían unas hermosas amapolas blancas que mis conocimientos de botánica me decían que eran las amapolas del opio. Cogí varias cápsulas y cuando me liberaron del secuestro las traje a Europa. ¡No veas las risas cuando me paró la policía militar en Algeciras!!!

6.– Aprendí a nadar tirándome de una roca en el Cabo de Palos en Cartagena. Mi padre en vez de estar abajo por si me ahogaba, lo grabó todo en su nueva cámara de Super8. Hay constancia.

7.-Éramos jóvenes y nos parecía que no teníamos barreras. Nos propusimos construir un kart. Compramos tubos de acero, los doblamos, los cortamos, los soldamos, un motor de un seat 600, frenos, cables, ruedas... y el kart arrancó. Un más que previsible accidente hizo que el bidón donde llevábamos la gasolina en la parte posterior se derramara incendiando el vehículo y poniendo en peligro la vida del conductor que con los años se hizo ingeniero y diseño algunas de las partes del que fue el primer minisatélite español lanzado al espacio.

8.-Estudiaba segundo de medicina. No había entonces numerus clausus y mi grupo era enorme. Llegó una muchacha rubia, americana, sobresaliente para todos aquellos gañanes que andábamos hasta arriba de hormonas y se incorporó a los estudios. La histología era jodida, el examen consistía en que te ponían en un microscopio, te daban una muestra y tenías que identificar el tejido del que se trataba, el tipo de células y responder a las preguntas de alguno de los profesores, todos del opus, que a los que teníamos largas greñas nos decían en voz baja: “con esos pelos no pensarás aprobar?! La americana aprobaba siempre. Ese verano me subí a Cangas de Onís a ver el descenso de las piraguas y allí me la encontré, en íntima conexión con el sinvergüenza del catedrático de histología.

9.-Acabo de ser elegido concejal en mi pueblo. Apenas nadie me conoce y denuncio que Gran Hermano se está rodando sin los correspondientes permisos a cambio de mordidas al grupo de gobierno. El tema se enciende y yo voy andando por la plaza de camino al ayuntamiento. Reconozco al dueño de la finca donde se rodaba que está hablando con otra persona. Alcanzo a oír que le dice muy enfadado al otro: “ha sido el hijo de puta del comunista, si le pillo le mato”. Fueron días, semanas duras. Gran Hermando dejó de hacerse en mi pueblo, hubo un juicio en el que estuve de testigo y aprendí qué es lo que se siente cuando te llaman al teléfono para decirte que tu familia peligra.

11.– Es mi primer día en el ayuntamiento y me presento al secretario con mis credenciales para que se me pueda nombrar oficialmente concejal. Fernando, que así se llamaba me dice: “eres el Francisco Molinero que has escrito en un libro que se llama Poetas Universitarios”. Sí, contesto algo sorprendido. Saca del cajón un ejemplar, me lo entrega y me pide: “lo puedes firmar para mi mujer que es muy fan tuya”. Y así es como firmé mi primer libro de poesía.

12.– He llegado a Voronezh después de una larga noche en tren desde Moscú. En el andén de la estación me espera Irina Kruskih que será mi intérprete durante mi estancia en la central nuclear. En el mismo tren viaja un grupo de tres japoneses que se embarcan con nosotres en el pequeño minibus que nos llevará hasta Novovoronezh. No son demasiados kilómetros pero la carretera no es especialmente buena, hace calor y estoy cansado. Irina y yo charlamos cuando el conductor nos indica algo en ruso. Irina me traduce que debemos parar porque hay un paso a nivel. Bajamos del vehículo y pasan los minutos sin que se adivine ningún tren, hasta que de pronto una enorme locomotora se acerca tirando de un larguísimo convoy con decenas de tanques y piezas de artillería en los vagones. Une de les japoneses saca la cámara y empieza a hacer fotos. El conductor grita, gesticula e intenta parar la acción. Es tarde. Los militares que están custodiando el paso se nos acercan corriendo. Irina sale al encuentro e intenta mediar. La situación es tensa y los japos están con cara de no entender nada, supongo que pálidos pero su tez no me permite saberlo. Termina el parlamento e Irina me dice que nos requisan los pasaportes y que nos tenemos que presentar en la comisaría del pueblo para saber que van a hacer con nosotros. El jefe del grupo de japoneses les echa una bronca que aunque no entiendo lo que dice es monumental. El fotógrafo y el otro están con la cabeza agachada aguantando el chaparrón. Se vuelven hacia mi, se arrodillan y me piden perdón, o al menos yo entiendo eso. El asunto se resuelve en el pueblo sin grandes problemas. Se decide que no somos espías si no más bien tontos de baba por hacer fotos de un convoy militar, se requisa la cámara y un susto pasad

13.– Me casé en los juzgados de la Calle de María de Molina en Madrid. Entonces no había un salón específico para las bodas por lo criminal, como decía mi tío y se celebraban en un salón con cierta prestancia y mucha madera. El juez es un hombre amable y teniendo en cuenta que la familia y amigues hemos estado más de media hora en las escaleras esperando turno, intenta acelerar, pero con toda la solemnidad que puede. Nos lee los correspondientes artículos del código civil que han de regir nuestra vida en común y apostilla: “estáis obligados, que no condenados, a vivir juntos” Risas entre les invitades.

14.– Me han asignado otra central nuclear que visitar en Rusia. No la conozco. El pueblo parece llamarse Leninskaya o al menos eso reza en el visado que el consulado ha expedido para mi viaje. En aquellos tiempos el visado en Rusia exigía el lugar o lugares de destino y había que presentarlo ante las autoridades locales cuando se llegaba. En los hoteles de las centrales nucleares la presentación del visado ante la recepción suplía el requisito de ir a la comisaría. Me recogen en el aeropuerto de Cheremetievo en un Lada enorme y me llevan a la central. El viaje es un horror que ya conozco con un conductor muy charlatán, en ruso. Llego al hotel, presento mi visa y la mujer que me atiende pone cara de que la cosa no va bien. Me señala el nombre que pone en mi visado y me dice que ese pueblo ya no existe. ¿Cómo? esto no es Leninskaya? Niet, con la caída del muro muchos enclaves con nombres de antiguos dirigentes comunistas han cambiado y en concreto el de ese pueblo es uno de ellos. Vaaale, le digo en inglés ooook, pero es un pequeño error del consulado en Madrid que no tiene importancia. La cara de la mujer se tuerce un poco más y mira alrededor por ver si hay alguien escuchando. Mi visado no vale. Estoy ilegalmente en el país, me dice. Llamo a mi contacto en España, habla con el jefe de la central y me transmiten que no se puede hacer nada, que me dejan dormir en el hotel pero me tengo que marchar al día siguiente de madrugada. El mismo conductor charlatán me recogerá y me llevará al aeropuerto. Vale, me iré a dar una vuelta por el pueblo. Las malas caras se multiplican. Consigo que me expliquen. La zona está muy cerca de Chechenia y yo, querides, tengo una cara de checheno que no puedo con ella, según me dicen. Me aconsejan no salir y tentar a la suerte con la policía. No hice caso.

15.– Si pudiera calcular creo que he pasado más horas solo que en compañía de alguien.

16.– Quise ser maquinista de tren o al menos conducir un gran camión una vez. No lo descarto

17.– Mi mujer y yo llevamos dos años separados, el divorcio es complicado y solamente hemos ido al notario a hacer separación de bienes. Decido volver a pirineos donde siempre había sido feliz y me encaro a subir al Possets en solitario. Varias horas de caminata y lo consigo, corono mi primer 3.000 pero a la bajada me lesiono en una rodilla y paso unas cuantas horas solo en la montaña cojeando y tratando de llegar al refugio. Cuando lo consigo recibo la bronca de todos les montañeres por ir solo. Duermo y a la mañana siguiente me bajo al pueblo, llamo a Raquel y le digo que la quiero mucho, ella se coje un tren y me rescata de mi mismo. Hasta ahora.

18.– Tuve una orquesta e íbamos por los pueblos en fiestas. Yo conducía el camión y protegía a la cantante en los intermedios.

19.– La última huelga general me pilló en Barcelona. Iba con mi cámara y me metí con los fotógrafos en la parte de delante. Nos gasearon, nos lanzaron pelotas de goma, cargaron y les tuvimos que lanzar unas cuantas jardineras que atrancamos hasta hacerles retroceder. Viví la inconsciencia del peligro refugiado detrás de una cámara.

20.– Junto con dos amigues montanos una empresa de instalaciones solares. No había casi nadie que hiciese eso y estábamos segures de triunfar. Luego M.Rajoy hizo una ley para acabar con la fotovoltaica y nos arruinó. Mal momento, mal país otra vez.

21.– Nunca he tenido ni me he puesto un pantalón vaquero.

22.– Quisimos montar una comuna. Compramos un terreno y yo me fui a la escuela de cunicultura a aprender la cría del conejo. Construimos la nave y cuando estaba a medio hacer un vendaval la derribó. Marcial fue el único que aguantó, fue cabrero durante años y así se jubiló hace poco.

23.– Mi abuela era modista y me enseñó a coser. Mi mayor éxito fue hacerme una camisa

24.– La habitación de mi hija tuvo todos los muebles hechos por mí.

25.– Soy una persona triste pero lo disimulo perfectamente.

26.– Una vez me dejaron pilotar un avión sobre el Po en Italia y fueron minutos inolvidables.

27.– Trabajé de pinche de cocina en un hotel en la costa.

28.– Tocaba el bombo leguero en un grupo que hacíamos música andina. Y se llamaba Tiahuanaco.Hoy sería de una apropiación cultural que daría vergüenza, pero entonces nos parecía un tributo a los pueblos originarios. Mea culpa,

29.– Un día me rompí o me rompieron y desde entonces lloro con facilidad.

30.– En el aeropuerto de Cheremetievo en Moscú estaba esperando que anunciaran mi vuelo. Hasta que no lo hacían no se podía pasar el control y eso te exponía al peligro de ser retenido por la policía y posteriormente extorsionado. Se me acercó una mujer de unos 35 años. Hablaba inglés perfectamente y me dijo que si la podía atender unos instantes.uy rápidamente me explicó que deseaba que una carta que ella me la iba a dar fuera echada al buzón en España, porque si la echaba en Rusia nunca llegaría. Me dio la carta que estaba abierta y me pidió que la leyera para asegurarme de que no era nada ilegal. Estaba dirigida a una empresa española que se dedicaba a buscar hombres para casarse con rusas y así sacarlas del país. Tenía dos carreras, hablaba tres idiomas y tocaba el piano. Traje su carta y la eché en el buzón. La vida era muy difícil entonces en aquél país.

31.– He visto muchos muertos y ha muerto gente en mis brazos.

32.– La empresa me encargó un estudio estadístico sobre las bajas laborales, sus causas y tendencia. Entre otras conclusiones escribí en mi informe que las mujeres tenían un índice menor de días de baja que los hombres. El jefe de departamento me llamó para decirme que estaba equivocado, que posiblemente no había contado las bajas por maternidad (entonces solo eran derecho para las mujeres). Le demostré que no era cierto lo que decía. El párrafo nunca apareció en el informe

33.– Años 70, no se llevaban los grafittis en España. Un grupo de amigos decidimos pintar un gran mural en el túnel que cruzaba la autovía de la N5 a su paso por el barrio. Era una imagen del barrio que se levantaba por una esquina como si fuera un papel y al estilo de la piel del agua de Dalí y donde aparecía la naturaleza. Nacho terminó siendo catedrático de arte en la universidad, mostraba maneras.

34.– Me gusta hablar con la gente que no conozco.

35.-Mi amigo de juventud se veía que iba a prosperar en la vida, aunque tenía una relación tormentosa con sus padres que hacía que le tuviera yo que cubrir en muchas ocasiones. Ha terminado siendo un alto ejecutivo de uno de los dos mayores bancos de este país. El secreto de sus salidas nocturnas travestido de mujer queda en mi memoria.

36.– ETA-pm acababa de disolverse constituyendo el partido Euskadiko Ezkerra. Yo militaba en la agrupación Mingorria de Madrid y teníamos un problema con una persona a la que no habían dejado entrar por Barajas. El asunto involucraba a los Tamiles y a alguien de Euskadi. Un grupo fuimos a Bilbao a discutir lo que nos había parecido una mala gestión del partido. Nuestra sorpresa fue cuando nos digeron que el mencionado solo merecía un tiro bien dao. Costaba deshacerse de las armas y de las costumbres.

37.-Conocí a Gloria Fuertes en persona, pasé una tarde en su casa haciendo una entrevista para nuestra revista La Alcayata. Yo quería ser poeta como ella.

38.– Mi primer trabajo serio fue de electricista, colocando ICP en las casas para que la gente tuviese que contratar más potencia. Cuando has trabajado para el diablo sabes cómo huele el azufre

39.– La primera vez que salí de España fui a París. Me enamoré de la ciudad y del museo Rodin.

40.-1987 salgo del aeropuerto Jomo Keniata en Nairobi con dirección a Nakuru, al Congreso Mundial de las Girl Guides. He alquilado un coche pero no he sido precavido y no he seguido las instrucciones de cambiar mi dinero en moneda local. Apenas a 1Km me encuentro una patrulla militar, o algo parecido. Son dos chavales con traje de campaña y armados con sendos fusiles automáticos. Me paran, bajo la ventanilla y el que está por mi lado me encañona. El muchacho sonríe mientras me va interrogando, de dónde vengo, a dónde voy. dónde está España.....Entiendo que lo que quieren es dinero. Me dice que no es razonable salir a esas horas solo por la carretera. Le explico que me ESTÁN ESPERANDO en Nakuru y el se ríe. Me pide el pasaporte y yo aprovecho para meter un billete de mil pesetas entre las hojas. Lo abre, se sonríe y deja ed encañonarme. Se lo enseña al compañero y se encoje de hombros. ¿Cuántos dólares son? me pregunta. Estoy rápido y el contesto que algo menos de 1.000 dólares, depende. Se le encienden los ojillos, me da una palmada y me desea un feliz viaje.

41.– Trabajaba en una de construcción. Su propietario era un individuo malvado y abusón que ejercía su jefatura con mano de hierro y corazón con pelos.

En la parte de construcción éramos unes cuarenta trabajadores a los que en un momento dado me dediqué a convencer de que deberíamos sindicarnos y luchar por nuestros derechos. El 100% de la plantilla nos afiliamos a las CC.OO. y planteamos una huelga indefinida para cobrar los salarios que nos debía desde meses y que se negaba a pagar. La cuestión es que después de parar y no conseguir nuestros derechos nos propusimos crear un piquete que evitara la salida de camiones del recinto de la empresa. El piquete informativo se apostó a primera hora de esa mañana en las cocheras. Frente a nosotros la hilera de camiones, furgonetas y compañeros que nos increpaban. El jefe llamó a la policía que se presentó e intentó mediar en el conflicto. El policía a cargo del operativo me preguntó por las intenciones. Le dije que allí no se movía nadie hasta que nos prometiera el pago de lo adeudado y en un momento, Félix, que así se llamaba el mal nacido, se subió al camión que estaba frente a nosotros, arrancó y se tiró contra la primera fila del piquete. Todo sucedió en un instante, los compañeros que estaban en primera línea conmigo saltaron para librarse y yo me quedé solo ante el camión.

De pronto vi en mi cara la imagen del pegaso que lucía el camión en la rejilla delantera y oí el soplido de los frenos al activarse para parar justo delante de mi. Me quedé petrificado. No fue un acto heroico como así pareció entonces. Simplemente me quedé helado y quieto. Es verdad que no pestañee, ni grité, ni hice aspavientos, simplemente me quedé ahí de pie delante de la mole cargada de materiales para las obras. El policía que había venido a mediar se dio cuenta de lo que estaba pasando, saltó a la cabina y arrastró fuera de ella a mi jefe para después detenerlo. Mis compañeros volvieron a la formación, me felicitaron y se recompusieron.

42.– Tengo la mecha muy corta. He mejorado, pero tengo muy mal carácter.

43.– He salido en TV varias veces actuando, he pisado las tablas de un teatro, he actuado en una peli de Almodovar y durante un tiempo de mi vida que estuve en paro casi dos años, pensé ganarme la vida como Papa Nöel en los grandes almacenes.

44.– Una tarde se presentó una mujer en mi puerta: “¿es usted Francisco Molinero?” mmm, pues depende pa qué. Soy fulanita de tal, abogada y le comunico que tiene usted una herencia esperando a que la cobre.... y la cobré.

45.-En un viaje de la empresa, la persona que compraba los billetes de avión se equivocó de aeropuerto y me mandó a 150 km de mi destino. Los taxis en Alemania son caros para esas distancias.

46.– Mi hijo llevaba dos años en Canadá y nos fuimos a pasar el verano con él. Alquilé una enorme autocaravana e hice la reserva de todos los sitios donde debíamos parar para conocer las montañas de la Columbia Británica con la suficiente antelación. Me gustan las cosas bien planificadas. Al día siguiente de llegar a Vancouver llamé a la agencia para que me dieran las instrucciones para recoger la autocaravana y fue entonces cuando me informaron que la reserva que yo había hecho era para el año siguiente. Parece un desastre, pero posiblemente este despiste salvó la vida de mi mujer.

47.– A mi padre le tocó la lotería y nos regaló a cada une de la familia una cosa. A mí me regaló un órgano electrónico.

 
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from A crit pelat

Tras leer el texto, no puedo pensar sino con dificultad que exista una sociedad civil que constituya una “base social de una esfera pública autónoma”. El poder del Estado y el poder del Mercado parecen atosigar hasta tal punto a la ciudananía que un espacio libre para que la sociedad autónoma actúe como contrapartida a estas dos lógicas, es decir, que constituya un espacio no sistémico, no dominado ora por la lógica estrátegica, ora por la lógica administrativa de reproducción del poder (en el caso de que en algún momento pudieramos separarlas) parece algo difícil de distinguir si uno no pone un gran empeño en hacerlo. Por otro lado, “el proceso de formación de la opinión y voluntad públicas” parece claramente secuestrado por la producción de subjetividad de las redes sociales. El “mundo de la vida” al que se refiere al final del texto transmite la sensación de quietud que expresa la mirada perdida de un sujeto lobotomizado que, cuando se mueve, lo hace como un zombie. Las “iniciativas de asociaciones conformadoras de opinión” parecen más bien iniciativas de asociaciones privadas de formación de opinión, que dan la sensación de constituirla y regenerarla espontáneamente, pero que, en un movimiento paradójico, la hilvanan finamente a través de impactantes afectos negativos canalizados mediante un algoritmo híper-customizado, generando realidades sociales completamente depredadoras entre ellas. No parece que estos recursos del mundo de la vida sean “difícilmente accesibles a los intentos de intervención y dirección”; quizá sí a una intervención política pero definitivamente no a una intervención privada. Finalmente, las exclusas que deberían ser la institucionalización de los procedimientos y presupuestos comunicativos que dan presunción de racionalidad a la voluntad y opinión democráticas están siendo continuamente derribadas por procedimientos de mercantilización y privatización; el filtro que hace potable el agua social se está vendiendo al mejor postor, que filtrará e infiltrará lo que dicte la lógica estratégica de mercado. No soy de los que creen que la transparencia deba ser una cualidad del agua social, pero sí debería serlo la potabilidad. Sin embargo, ni la transparencia ni la potabilidad son cualidades que impiden su potencial de energía hidráulica, sin la cual nada, ni Estado ni Mercado, se mueve. Hacia dónde es lo que queda por ver.

 
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