Escritura Social

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from Siete lagartijas

Camino del exprimidor

Caminaba una naranja, triste y cabizbaja, camino del exprimidor.

Caminaba escoltada por dos altos y serios plátanos, que bajo su casco negro miraban al frente y que hacían resonar su botas —clac, clac— sobre la repisa de la cocina. La repisa era larga y estaba llena de frutas, todas tristes, reunidas allí para despedir a la pobre naranja. Los más compungidos eran, claro está, los familiares: los Naránjez, los Pérez-Limón y la señá Marieta, una lima que iba toda vestida de negro como si aquello fuera ya el funeral.

No faltaba nadie aquella mañana: estaba la cuadrilla de fresas, el elegante Don Melón, Cebollín y familia, también los Ruiz-Pepino. Incluso se contaba con la presencia de Johnny Puerro, flaco y melenudo rockero.

Caminaba la naranja y cada vez estaba más cerca el exprimidor. El aparato esperaba, reluciente, plateado y siniestro, preparado para empezar a rugir. Sin decirlo, todo el mundo se preguntaba: «¿Por qué tiene que ocurrir este estropicio cada día?». De pronto, entre la muchedumbre alguien levantó la voz:

—¡Hoy no queremos este crimen matutino! ¿Qué ha hecho esta pobre naranja?

Le respondió raudo un guisante joven, pero con mente de viejo:

—No es lo que haya hecho o dejado de hacer. Lo dice la Ley del Desayuno y la ley está para cumplir.

—Pero ¿quién se inventó esa ley? ¡Cambiémosla! —gritó alguien levantando furioso su gorra.

Se armó un gran revuelo, todo el mundo gritaba y quería hablar a la vez. Aunque no se entendía nada, el mensaje de todos era claro: nadie quería que la naranja fuese exprimida aquella mañana. Sobra decir que los menos interesados eran la propia naranja y su familia cítrica. Los más interesados: los dos plátanos altos, que llamaban al orden pero no conseguían nada.

Entonces ocurrió algo inaudito: alguien (tal vez Johnny Puerro o algún escurridizo espárrago) corrió hasta el cable del exprimidor, estiró de él con todas sus fuerzas y consiguió desenchufarlo.

Se hizo un silencio total. Los plátanos corrieron e intentaron volver a enchufarlo, pero tardaron demasiado en conseguirlo: para cuando se dieron la vuelta, la naranja se había escabullido y escondido entre la multitud. Los plátanos se pusieron a gritar y a tocar sus silbatos, pero allí no apareció naranja ninguna. Y por mucho que buscaron y buscaron, no consiguieron encontrarla por ninguna parte. ¿Qué paso entonces? Pues obvio, que aquella mañana alguien se quedó sin zumo en el desayuno…

(Después de este episodio, el pueblo consiguió hablar con el Presidente de la República de las Frutas y Verduras y, tras algunas negociaciones, se dejó de aplicar aquella ley tan antigua y violenta. En su lugar, se redactó la Nueva Ley del Zumo en Tetrabrick, mucho más justa para todos y que, por lo que se ve, sigue aún vigente hoy en día.)

#cuentos

 
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from Siete lagartijas

¡No se desmonte tanto, señor Leandro!

Lo que más hace el señor Leandro es estar sentado en su sofá, con la manta sobre las piernas y el pelo blanco despeinado. Siempre está viendo películas antiguas. Le encantan. A veces, tiene algún ataque de tos (esto le gusta menos).

El señor Leandro vive solo y, cada dos o tres días, recibe la visita de su vecina Sara, que a veces viene con su hija Leyla, de ocho años. Al señor Leandro le gusta mucho que venga Leyla porque juega con ella y se hacen bromas, la una al otro y el otro a la una.

(No sabemos apenas nada de las visitas de los hijos del señor Leandro, ni siquiera sabemos si tiene hijos.)

Cuando no está viendo películas antiguas, al señor Leandro le gusta mirar por su ventana, que da al patio. Allá arriba ve un trozo de cielo y así pasa un poco el rato. Tiene mucho tiempo, el señor Leandro.

Una tarde, el señor Leandro estaba viendo Los Goonies cuando le entró un ataque de tos. El ataque era de los buenos. De los buenos malos, se entiende. De los morrocotudos.

Cof, cof.

Y no podía parar de toser.

Cof, cof, cof.

Tosía tanto que hasta tuvo que parar la película.

COF, COF, COF.

El señor Leandro no podía detener aquel ataque de tos. Tosía tanto que por el patio no se oía otra cosa. No se oían las cumbias del primero, ni las conversaciones del tercero: solo las toses del señor Leandro.

¡¡COF, COF, COF!!

El señor Leandro sintió algo raro y vio cómo su pierna derecha se había separado de su cuerpo. Él seguía en el sofá y su pierna estaba caída en el suelo, pero no le dolía. «Vaya, ahora no podré ir muy lejos», pensó el señor Leandro en su sofá, pero la tos no paraba.

¡¡COF, COF, COF!!

Entonces vio cómo su brazo izquierdo también se caía al suelo. El señor Leandro lo miró pero tampoco se puede decir que se quedara perplejo. No había dolor, y lo de la pierna, al parecer, lo había preparado. «Al menos puedo seguir manejando los mandos de la tele y del vídeo», pensó el señor Leandro de forma bastante optimista. Y como la tos había remitido un poco, el señor Leandro volvió a la película.

Vio Los Goonies una vez más —podía haberla visto casi cien veces en toda su vida— y no pasó nada (a este lado de la pantalla, claro).

Ya era casi de noche y el señor Leandro intentó levantarse para ir a la cama. Pero no pudo. Es que no era fácil solo con una pierna y un brazo. Como era un abuelo de buen dormir, no se preocupó: se colocó bien la manta con una mano y se durmió en el sofá.

Durante la noche, el señor Leandro soñó que era un pez y que el mar era un bello lugar donde vivir.

Por la mañana, sonó el timbre. ¡Qué oportuna la visita! «¡Entre con sus llaves, querida vecina!», le gritó desde el sofá.

—Pero señor Leandro, ¡no se desmonte tanto! —le dijo Sara cuando entró y vio el panorama, el brazo y la pierna por los suelos.

—Ya ve, hija, la tos. Que cuando empiezo no puedo parar.

Sara le ayudó a recolocarse la pierna y el brazo y entre los dos consiguieron que se pusiera de otra vez en pie.

—¡Me encuentro como nuevo! —dijo el abuelo.

Y para celebrarlo, el señor Leandro empezó a bailar, haciendo el gamberro. Sara se rio con ganas y su risa rebotó por todo el patio, arriba y abajo.

En medio segundo, el señor Leandro pidió a Sara permiso para sacarla a bailar, y en dos segundos más ya estaban bailando juntos. Bailaban una bella y animada música imaginaria, y Sara sonreía mucho mientras pensaba que el señor Leandro era un gran bailarín.

#cuentos

 
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from Notas sueltas

Una pequeña piedra cae y apenas toca la ventana. Dentro de la casa se escuchan sus pisadas, sus palmoteos, sus reclamos. Exige un espacio, pretende ocuparlo. Percibimos que su único afán es diluir nuestras fronteras. El día es breve; la vigilia eterna. No sabemos si volverá a su habitación aletargado o encontrará un lugar sin ocuparlo todo, sin destruir nuestras almenas. O si se actualizará el desenlace monstruoso que no tenemos calculado.

 
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from Notas sueltas

Apenas oigo los trinos de los pájaros. Han vuelto o ya se van, no lo sé. Debo regresar antes de que suene la alarma. Busco con la mirada el viejo cuadro, que regalé dos semanas atrás. La distracción tensa mis cadenas. La alarma suena. Se acabo el espacio donde sólo suenan los pájaros, que ya se fueron.

 
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from Francisco Molinero

Con este hastag hemos empezado en Mastodon a poner poemas que luego son leídos por la gente. Se trata de ver cómo la poesía adquiere altura cuando el poema se regala y cada une la interpreta. Las voces, la composición, los acentos, las pausas y la comprensión de cómo se debe leer un poema son particulares, en cierta forma íntimas y cuando le autore las oye comprende como su trabajo se ha ensanchado, el tajo se ha hecho más profundo y ha llegado al hueso, ahí donde todes les poetes queremos llegar, donde se siente que la palabra tiene sentido, produce un temblor, hace rodar la lágrima, evoca, sana, lo explica todo, si es que algo tiene explicación. Este es el resumen de lo que terminó saliendo.

Autore: @SrMoshuelo@masto.es

sois lo que se ve abajo al otro lado a plena luz oculto en el hacer sinvergüenza ayudadme a no incrustar mi deseo en este panorama milimétrico de edificios y emociones sometidas sois sin saberlo el brote en lo más alto de la atalaya en vuestra voz y vuestros gestos me reconozco me detengo me permito el alivio y la esperanza

Así lo lee @fmolinero@neopaquita.es Así lo lee @gabrielTandil@rebel.ar Así lo lee @bettie@masto.es Así lo lee @jpuntoavi@masto.es Así lo lee @aguedapoesia@masto.es Así lo lee @cienfrasesMP@mastodon.social Así lo lee @Hirundo_sylvatica@masto.es

 
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from Los relatos de Ibnussabel

Cuando el sol desaparecía detrás de las murallas, el mar dejaba de ser un lugar conocido. Las olas cambiaban de color; el azul habitual se volvía profundo, denso, como si una sombra antigua yaciera bajo la superficie.

Guillem lo observaba desde pequeño. Mientras los otros marineros regresaban al puerto hablando de redes y vientos, él escuchaba el silencio que se mecía entre las olas. Para él, el mar no era solo agua, sino un ente vivo que respiraba con parsimonia.

«Los niños que vienen al mundo durante una tormenta no pertenecen del todo a tierra firme», solía decir su padre. La noche del nacimiento de Guillem, truenos y relámpagos rasgaron el cielo y el viento sacudió las barcas como si pretendiera arrancarlas del puerto. El primer grito del recién nacido se mezcló con el rugido del océano, que parecía el de una enorme bestia herida.

Guillem siempre creyó que su padre se dejaba arrastrar por sus fantasías de viejo marinero. Hasta el día en que, años más tarde, sintió la llamada del mar. Esa noche había salido solo en su barca mientras el pueblo dormía. Hacía semanas que los pescadores regresaban a puerto con las manos vacías; en las tabernas se extendía el rumor de que el mar estaba cambiando.

Cuando Guillem lanzó su red, el viento viró de golpe. Las olas crecieron con una fuerza antinatural. Una embestida le hizo caer y la oscuridad lo engulló. Luchó por respirar, pero el agua le colmaba la boca y se abría paso hacia sus pulmones. Cuando apenas le quedaba un hilo de energía, sintió un contacto extraño, suave y firme a la vez, como si el mar lo sostuviera en sus brazos.

Entonces, escuchó una voz. No provenía de fuera, sino de su propio interior: «Hijo de la tormenta, te esperamos».

No se ahogó. Las olas lo depositaron con suavidad en la arena, como si fuera un objeto frágil que temieran romper. Permaneció tumbado boca arriba, con el corazón desbocado, mientras el mar recobraba su calma aparente.

Al amanecer, despertó en la cala más oculta de la costa. A su lado, aguardaba una mujer de edad indescifrable. Tenía los cabellos blancos como la sal y los ojos del color del cielo antes de una tempestad.

—Debes tomar una decisión —dijo. —¿A qué te refieres? —preguntó Guillem. —Hace mucho tiempo —retomó la dama misteriosa—, la tierra y el agua sellaron un pacto. Los hombres respetarían el mar y, a cambio, este les colmaría de vida. Años más tarde, el acuerdo se rompió. Tombau, un dragón tan antiguo como la costa, fue capturado y encadenado debajo de esa enorme roca que mira a la bahía.

Guillem había crecido escuchando leyendas como esa. Sin embargo, por primera vez, sintió que no eran tan solo cuentos que los padres contaban a sus hijos, sino una profunda herida, un desgarro.

—Si el dragón muere, también lo hará el mar —culminó la mujer.

Al caer la noche, el pescador tomó una barca y se dirigió al imponente peñón, impulsado por un viento que parecía conocer el camino mejor que él. La nave atracó casi sin necesidad de maniobrar. Guillem saltó a la arena y amarró la embarcación a un tronco cercano.

Ante él se encontraba la boca de una cueva. Se adentró en ella y avanzó a tientas en la penumbra. Alcanzó una cámara enorme, iluminada por multitud de cristales que reflejaban la luz de la luna llena que se filtraba a través de mil rendijas. En el centro, amarrado con una cadena de hierro y piedra, yacía Tombau. El dragón marino era una serpiente colosal, cubierta de escamas de distintos tonos de azul y verde. Sus ojos encerraban una tristeza tan grande que podría engullir el océano.

—Has venido. —La voz de la criatura resonó imponente. —Me llamaste —respondió Guillem. —Debes tomar una decisión, hijo de la tormenta. Si me liberas, el mar se desbocará como un animal. Será libre, imprevisible, peligroso. Los marineros arriesgarán sus vidas cuando faenen. Si me mantienes encadenado, en cambio, se consumirá poco a poco hasta desvanecerse como un recuerdo lejano.

Guillem pensó en el pueblo, en los pescadores y sus barcas amarradas en el puerto. Tomó la piedra más grande que pudo sostener y golpeó con dureza las cadenas que retenían a Tombau. Un espasmo descomunal sacudió la cueva. El dragón saludó al marinero con la cabeza antes de escurrirse entre las rocas.

Al día siguiente, el mar había cambiado. Las olas golpeaban las embarcaciones con violencia, pero las redes regresaban llenas de pescado. Los vecinos celebraban el retorno a la vida de antaño sin comprender el precio que habían pagado por ella.

A veces, en noches de luna llena, un rugido lejano atravesaba el horizonte. En esos momentos, Guillem paseaba hasta la muralla y contemplaba el vasto mar. Ya no era tan solo un pescador, se había convertido en un puente entre la tierra y el agua. Mientras alguien recordara lo que el mar había sido, el mundo no se sumiría en el silencio más profundo.

#relato

 
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from Apuntes de Rob

—Te escucho y pienso en la Francia del siglo XIX —dijo, sin mostrar condescendencia, sino una sincera admiración.

—¿Qué es lo que escuchas? —preguntó el intérprete, con gran escepticismo.

—A William Bouguereau. Muestras un estilo perfecto, resonando una belleza fácil de percibir.

—¿Es eso bueno? Porque no quiero ser de entendimiento simple —preguntó el intérprete, casi ofendido al ser comparado con pinceladas fotográficas.

—Lo es. Tienes una exactitud que muy pocos logran, pero ahora es el momento idóneo de mostrar lo que sientes ante esa sonoridad impecable.

 
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from Apuntes de Rob

Él ahora se dedicaba simplemente a mirar alrededor; ya no sentía a su compañero con quien compartía el mismo propósito. Los días pasaron sin sentirlo, sin encontrarle sentido a su existencia. Decidió cerrar los ojos para tratar de olvidar, pero, repentinamente, percibió a su compañero, quien le pedía ayuda para volver a juntar sus almas y dar vida a las vibraciones que embellecen el pasar del tiempo.

 
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from El escritorio de McAllus

Aunque odio el calor, junio es uno de mis meses favoritos porque me pillo mis dos semanas de vacaciones de verano. Así que he leído un poquito más y más tranquilo que los meses anteriores, aunque sigue siendo menos de lo que me gustaría pero he gastado mucho tiempo en entrenar, escribir (de esto a ver si pronto hago una entrada) y ponerme al día con un par de videojuegos de las últimas rebajas.

El resumen de lecturas es el siguiente: 1 poemario, 21 números de cómics americanos (en distintos formatos)

Semiótica nuclear

Un poemario obra de Ben Clark que publicó el mes pasado y que me leí de cara a la presentación que haría a principios de mes. Es muy corto pero intenso. Me causó un desasosiego tremendo su lectura por el paisaje desolador que nos presenta, aunque con pequeños momentos de luz en algunos de sus versos.

Una lectura muy recomendable.

Spiderman Noir: Crepúsculo en Babilonia

Tomo en tapa blanda que contiene 5 números americanos.

Mini serie de Spiderman Noir que recupera al personaje después de los acontecimientos del evento arácnido Spidergedón donde encontró su aparente fin. En esta aventura, aunque empieza en Nueva York, nos iremos a viajar por el mundo cual Indiana Jones para acabar en una excavación arqueológica.

Aunque mola ver al personaje fuera de su ambiente habitual debo decir que la serie es un poco más floja que las dos mini series que encontrábamos en el omnibus que leí el mes pasado. Y, además, he tenido cierto problema con los diálogos de la Doctora Huma con su coletilla (que imagino es cosa de la versión original pero no sé si la traducción hace más insoportable esa coletilla o era así también en inglés).

En cualquier caso muy entretenida y ojalá más mini series así en el futuro.

Marvel Pride 2026

Grapa con cuatro historias cortas que viene a tener la longitud de dos grapas normales americanas.

Se trata del típico número especial para apoyar a la causa que toque en ese momento y que en junio es al orgullo. Como suele pasar en estos especiales el mensaje que transmiten es importante y potente pero las historias bastante flojas. Eso sí a nivel de dibujo creo que todas están muy bien.

Mi historia favorita sin duda ha sido “Buenas noches, rosa azul”. Y es que Raven (mística) es un personaje al que le tengo mucho cariño y me gusta verla siendo feliz. “La que huye” es a nivel de acción la más potente y la segunda que más me ha gustado (aunque reconozco que no sabía de las relaciones de la Gata Negra más allá de la esporádica con Peter). Además, en esta segunda historia ver en acción a un personaje como Sera que solo conocía por el videojuego de Marvel Snap ha sido un aliciente muy interesante (y ahora tengo curiosidad por buscar en que colecciones han salido Sera y Ángela juntas para leer algo más de ellas).

Los nuevos vengadores 3

Grapa lomo con cuatro grapas americanas

Tal y como comenté el mes pasado que imaginaba, este es el último número de la colección. Solo una etapa de 10 números para este nuevo “volumen” de los nuevos vengadores. Ya no sé si Marvel los lanza con esta intención de duración o de verdad intenta hacer series abiertas que al no funcionar cancela.

La historia la verdad es que ha sido muy floja, los villanos patéticos, la traición de un miembro y los motivos cogidos por los pelos y cuando se ha resuelto que todo viene de la muerte de un villano en el evento un “Mundo bajo Muerte” más como han vencido, he soltado hasta un resoplido de lo patético que ha sido.

Como ya dije lo compré porque intento coleccionar donde sale X-23 pero a partir de ahora me lo voy a pensar mucho antes de comprar algo que no sea de este personaje en solitario (a ver si tras el evento del salto temporal vuelven a darle serie a Laura)

The Ultimates 7

Grapa lomo con tres grapas americanas

Los tres números que tenemos en esta grapa-lomo empiezan un poco antes de Endgame 2 y luego tras ese número del evento de cierre del Universo Ultimate.

Como viene siendo habitual en esta serie tenemos números centrados en un solo personaje junto a otros centrados en los equipos. En el primer número conocemos porque la avispa hizo lo que hizo y quien estaba detrás de sus acciones (con un giro de lo más interesante).

El segundo número de esta grapa sigue donde lo deja el anterior aunque se vuelve más grupal a la vez que nos cuenta el origen de otra versión de un personaje Ultimate (que, además, es Canon con el origen de un personaje que cambiaron después de la continuidad. Además explica que pasó con un héroe que perdimos de vista hace bastantes números de la colección.

En el tercer número vemos victorias de los Ultimates a la vez que intentos de contraataques de sus enemigos y, como suele ser habitual con los villanos estos se traicionan entre ellos o son dejados atrás en cuanto fracasan.

Ultimate Endgame 3

Grapa individual

Continua la serie que nos llevará al fin del Universo Ultimate con poca pinta de que esto vaya a cerrar satisfactoriamente.

Tenemos la aparición de un personaje que vimos en Invasión (la serie que lo inició todo) aunque no dura demasiado tiempo. Por supuesto, todo lleno de charlas cargantes de las que en verdad no revelan nada interesante. Además, tenemos una muerte importante que no tengo claro que sea real y es solo para crear el cliffhanger de este número.

Una cosita a destacar es la aparición de las Ultimate X-men dibujadas por alguien que no es Momoko y al verlas así dibujadas me da rabia porque creo que esa colección la habría disfrutado más solo con el guion de Momoko y con el dibujo de otro artista. Ellas junto a Killmonger han llegado al exterior de la Cúpula conectando por fin esas dos series con el resto del Universo Ultimate e imagino que se unirán a la batalla dentro de la Cúpula.

La Bruja Escarlata 2: Buscahechizos

Tomo tapa blanda con 6 números americanos

Continua la serie de Orlando al frente de la colección de la Bruja Escarlata. Con este tomo dos de la saga de Wanda con la puerta por la que llegan los que no tienen nada más. Una serie que creo solo es correcta aunque el caso de la semana suele resultar entretenido. Lo que echo de menos es que todo sea un poquito más oscuro y adulto, como en la serie que tuvimos guionizada por Robinson entre 2016 y 2017 (18 números que tengo en tres tomos 100% marvel y que me suena que Panini recopiló en tapa dura hace relativamente poco)

Después de este tomo, que se podría decir cierra este volumen de la Bruja, viene una mini serie en la que veremos a Wanda y Mercurio juntos que va antes de los tres tomos que ya tengo comprados de Wanda sin leer (dos sin numeración por parte de panini del personaje en solitario y otro con Visión que en mayor o menos medida entiendo son continuaciones uno de otros porque todos los guioniza Orlando).

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Qué estoy leyendo o voy a leer en Julio

Voy a empezar con las lecturas fijas de las novedades de cómics del mes que, por suerte, cada vez son menos conforme finaliza el nuevo Universo Ultimate: Nova Centurión 1 (tomo de 6 números surgido tras el evento Imperial), Patrulla-X Unida 1 (grapa mensual donde participa X-23) y Ultimate Endgame 4 (penúltimo número con mucho todavía por cerrar).

Voy a volver a mencionar a It, que dejé aparcada su relectura por lo voluminoso del libro físico y que me pasé a leer en el kindle. Pues bien, precisamente por pasarme a leerlo en el libro electrónico se acabó quedando relegado al olvido pero para el viaje de trabajo de junio lo retomé y, maldita sea, que bien ha envejecido este libro y que diferente es leer de adulto con respecto a cuando lo hice de adolescente. A ver si sigo avanzando con él y puedo acabarlo poco a poco en este año.

Voy a leer cuatro tomos de La Bruja Escarlata entre este mes y principios de agosto para estar al día de sus colecciones en solitario y sus mini series en equipo porque el 20 de agosto llega en español la colección de Wanda como hechicera suprema de la Tierra (sigue Orlando a la cabeza así que entiendo que respetará todo lo que él mismo ha escrito).

Me quedan rematar unos pocos relatos del libro Cortarse el cabello el libro de club de lectura para julio.

Y de rol estoy leyendo el manual básico de Blade Runner que quiero empezar a dirigirlo para la segunda mitad de agosto (o principios de septiembre si cuesta lograr quedar con la gente por el veranito)

 
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from El rincón de ferlagod

Llevo días dándole vueltas a una decisión técnica con Rocinante. Es el clásico escenario donde te obligan a elegir susto o muerte. La duda es sencilla de plantear, pero difícil de tragar: ¿Subo la app a la Play Store o la mantengo exclusiva en F-Droid?

Hasta hace poco, la respuesta era evidente: trinchera libre y soberanía digital. Pero el panorama va a cambiar radicalmente, y los desarrolladores independientes estamos en la diana.

El cerco de Google en septiembre de 2026

A partir del 30 de septiembre de 2026, Google va a empezar a desplegar un sistema de verificación de desarrolladores que bloquea la instalación normal de aplicaciones no registradas. Básicamente, si no pasas por su aro, pagas su cuota y les entregas tu identificación, tu app pasa a ser bloqueada por defecto.

Para saltarse este bloqueo, el usuario tendrá que usar un “flujo avanzado” absurdo: activar el modo desarrollador, reiniciar el móvil, tragarse varias pantallas de advertencia y esperar 24 horas de castigo antes de poder instalar el APK. Es un mecanismo diseñado puramente para generar fricción y ahuyentar a la gente.

El problema con F-Droid

Aquí es donde mi plan original hace aguas. Yo puedo firmar mis propios paquetes y certificarlos para que os los descarguéis directamente por Obtainium. Pero la filosofía de F-Droid es que ellos cogen mi código fuente, lo compilan en sus servidores y lo firman con sus propias claves.

Esto significa que las apps distribuidas por F-Droid se van a dar de bruces contra la nueva pared de Google, ya que no pueden cumplir con el sistema de verificación de identidad propietario.

No quiero ver a usuarios que no tienen una ROM personalizada se adentre en un laberinto de 24 horas y advertencias de seguridad solo por querer utilizar apps fuera de la PlayStore. No es justo para ellos.

El muro de los testers

La alternativa lógica para evitar esta fricción es claudicar y subir Rocinante a la Play Store. Pero solo de pensarlo me da pena.

Como ya sufrí en mis propias carnes, el peaje de entrada para las cuentas independientes en Google es encontrar a probadores (testers) que se instalen tu app y la mantengan durante 14 días seguidos. Buscar a personas dispuestas a hacer de cobayas para una app de nicho es un suplicio absoluto. Es una burocracia pensada para exprimirnos, no para quienes programamos software libre.

La encrucijada

Si me quedo solo en F-Droid, defiendo la pureza del código, pero condeno a los usuarios a un proceso de instalación infumable dictado por Google. Si me voy a la Play Store, le facilito la vida a la gente, pero me toca arrastrarme durante semanas mendigando testers y cediendo a Google.

Aún no he tomado una decisión en firme. De momento, sigo sopesando si vale la pena el desgaste de pelear en busca de testers o si, por pura practicidad, toca mancharse las manos.

¿Qué haríais vosotros en mi lugar?.

#Tecnología #Desarrollo #Android #SoftwareLibre #Reflexiones

 
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from Sé verlas al revés

Antecedentes

Una cosa que me gusta tanto como leer son los propios libros. Reconozco cierto fetichismo en mi relación con ellos; con el objeto. No tengo muchos, pero poco a poco voy construyendo una colección más o menos a mi gusto.

No sé si tanto como los libros (o leer) me gusta el orden. Soy una persona bastante ordenada. Aunque sin llegar a un extremo patológico, cierto es que algún que otro quebradero de cabeza me ha traído esta afición a tenerlo todo ordenado; normal cuando convives con personas con un concepto del orden diferente al de uno mismo. Muy diferente.

Recientemente he decidido ordenar mi biblioteca con cierto criterio más allá de agrupar los libros por autores. Una vez conseguido, a ver cuánto dura.

Interior de la biblioteca de la Abadía de Göttweig (Austria) - 2015. Por Jorge Royán. La imagen muestra parte del interior de una biblioteca, desde un nivel superior, cuyas paredes están repletas de libros en estanterías de madera. Se ve a un joven en el nivel inferior, ataviado con lo que parece ser una sotana negra, leyendo sentado. La escena resulta muy luminosa gracias a la luz que entra por grandes ventanales.

Interior de la biblioteca de la Abadía de Göttweig, Austria. © Jorge Royan / www.royan.com.ar

Sobre el software

Después de una somera búsqueda de un software dedicado a este propósito y dado que uso el entorno de escritorio KDE, me decido por Tellico, un software de organización de colecciones muy completo. Por defecto viene con plantillas preconfiguradas para colecciones de libros, bibliografías, cómics, vídeos, música, monedas, sellos, tarjetas, vinos, videojuegos, juegos de mesa o archivos. Ahí es nada.

La interfaz es muy KDE, quizás algo sosa (algunos veréis aquí una perogrullada), pero muy efectiva. Además de permitir la introducción de datos a pinrel, ofrece la conexión a diversas bases de datos de internet para la descarga automática de información.

En mi caso he simplificado mucho los datos que he relacionado ya que mi objetivo es tener ordenados y localizados los libros. Con título, autor, año de publicación, género, subgénero y localización, tengo información suficiente para cubrir mis necesidades. Además he introducido algo de información complementaria como es la editorial y si forma parte de una colección.

Qué leo

Como en mi entrada anterior, en la que compartí el fichero con mis suscripciones a podcasts, pensaba hacer lo mismo compartiendo un archivo HTML o CSV exportado directamente desde Tellico, pero como en mi biblioteca no sólo hay libros míos, sino que también están los del resto de la familia, no termina de ser un fiel reflejo de mis gustos literarios así que, si te interesa, te invito a seguir mis lecturas en @luiseme@lectura.social, espero mantenerla al día. Eso sí, tras organizar mi biblioteca he descubierto libros que leí hace mucho y quiero volver a leer, junto con otros tantos que aún no he leído, por lo que me he propuesto darles una oportunidad antes de seguir aumentando la colección.

Nota mental: ¿se podrá exportar mi colección directamente (o con algún apaño) desde Tellico a BookWyrm?

Transparencia con el texto Más entradas etiquetadas como #Libros, #SoftwareLibre y #GNULinux


 
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from keyeoh

Tengo un problema. Y hoy no tiene nada que ver con la ansiedad y la depresión, que esas ya se llevan a menudo su buena dosis de palabras mal escritas. El caso es que me gusta el café bueno. Y esto puede tener muchas lecturas.

Por un lado, desde un contexto sociológico y temporal, puede parecer que no soy más que el siguiente snob en la fila que ha sucumbido a la moda de los cafés de especialidad. De hecho, me resta mucha credibilidad el hecho de que me gusten los gin-tonics, los vinilos, las gildas y algún que otro revival más. Joder, si parece que van decidiendo las modas pensando en mis gustos.

Reconozco que voy a algún sitio de estos donde te preparan con ceremonias más o menos complicadas una buena dosis de ese maná negro que me tiene obsesionado. Y es verdad que los precios desprenden cierto tufillo a clasismo. Aunque me he fabricado algún argumento para plantear mi defensa ante el jurado popular.

En primer lugar, la diferencia abismal de precio no suele afectar tanto a los que nos gusta mucho el café. Y recalco lo de “suele”. Aquí en mi ciudad, conozco un sitio donde tuestan su propio café y un expresso vale lo mismo que en cualquier cafetería del montón. La clave está en lo del tipo de café, y es que creo que donde las franquicias consagradas sacan el mayor margen de beneficio es en esas bebidas derivadas llenas de leche, nata y colorines.

Pero a mí me gusta el café. Negro. Amargo. Y llevo tantos años tomando cosas sin azúcar que creo tener las papilas gustativas preparadas para distinguir un buen café de uno malo. Para mí, uno bueno es aquel que no me destruye el estómago, el intestino, y de paso se me lleva la alegría y las ganas de vivir. Ya se ve donde tengo puesto el listón.

El caso es que, siendo aficionado a lo amargo, uno es más propenso a sufrir atentados, pues no hay leche, nata o sobre de azúcar que se interponga, cual héroe de película de acción, entre el asco y mi persona. Así que, cuando me la juego, me la juego de verdad.

Puedo entender que a mucha gente, aquellas personas a las que les gusta tomar medios litros de cosas dulces y purpurina, ese dos por ciento (con suerte) de petróleo escondido en el fondo de su vaso gigante no les aporte o quite nada. Me alegro por elles. Pero no deja de hacerme gracia cuando alguna de ellas dice que le gusta más el café de un sitio que el de al lado.

Entiendo que el sustantivo se ha traspapelado, y que la palabra café ha devenido en el cóctel completo. Pero no puedo menos que sentirme triste al pensar en el pobre expresso que ha sido abandonado en el camino. Él nunca lo haría.

Esto es una lucha perdida de antemano, pues los bebedores de posos somos poquitos, y además gente con graves taras mentales  —como se puede desprender de todas las palabras anteriores. Así que no somos interesantes para el negocio. El tiempo pasará, los cafés de especialidad serán sustituidos por otra moda (que será, será) y nosotros nos quedaremos en casa, con el gotero del café inyectado en vena, graduando la dosis con cuidado, no vaya a ser que se nos descontrole la ansiedad y nos dé por escribir una entrada como esta en un diario.

 
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from El rincón de ferlagod

Publicar una aplicación en Android hoy en día es como tener que elegir entre pasar por el aro de una corporación que te trata como a un número, o someterte al escrutinio espartano de una comunidad de puristas. Como últimamente he estado lidiando con subir Rocinante y Mis Curas a ambas plataformas, os voy a contar cómo es darse de bruces con las dos realidades.

Y ya os hago el spoiler: me sigo quedando con F-Droid de calle. Pero no es un camino de rosas.

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Google Play: Los 12 probadores

En el ecosistema de Google, lo que menos importa es tu código. El verdadero muro es puramente administrativo. Resulta que, si tienes una cuenta de desarrollador nueva, Google te exige un peaje absurdo: tienes que conseguir a 12 testers (probadores) que se instalen tu aplicación y no la borren durante 14 días seguidos.

Si haces un juego chorra, igual engañas a tus amigos y familiares. Pero cuando desarrollas software de nicho, la cosa cambia. Mis Curas es una herramienta clínica para recomendar apósitos en las curas. ¿De dónde saco yo a 12 personas que quieran probar una app de heridas durante dos semanas enteras? Es un suplicio. Una barrera de entrada artificial diseñada, en mi opinión, para ahuyentar a los desarrolladores independientes y quedarse solo con los grandes estudios.

Eso sí, al César lo que es del César. Una vez que tragas saliva, pasas este bautismo de fuego y te aprueban la aplicación, la maquinaria va como un tiro. Para las siguientes actualizaciones solo tienes que subir la versión y, en un par de horas, la tienes revisada y online.

F-Droid: Rigor, pureza y paciencia

El repositorio del software libre es otro mundo. Aquí a nadie le importa cuántos colegas tienes para probar tu app. Lo que les obsesiona es que tu código esté limpio. Son más estrictos que la supervisora de planta en un turno. Si hay un solo rastro de telemetría, dependencias privativas de Google Play Services o licencias raras, estás fuera.

El proceso de publicación en F-Droid es soberanía digital en estado puro, pero tienes que remangarte:

  1. El Fork: Nada de subir un archivo APK y a correr. Tienes que clonar su repositorio principal (fdroiddata) en GitLab.
  2. La Receta: Tienes que crear un archivo de metadatos (en formato YML). Básicamente, es un manual de instrucciones donde les dices dónde está tu código en ForjaLibre y qué comandos exactos hay que ejecutar para compilarlo.
  3. El Escrutinio Automático: Abres el Merge Request y su sistema automático (lint) te revisa hasta las comas buscando bibliotecas que no sean de código abierto.
  4. La Revisión Humana: Si pasas la máquina, un voluntario revisa el tema de las licencias a mano.
  5. La Compilación Soberana: Y esta es la magia. F-Droid no confía en el instalador que tú les des. Ellos cogen tu código fuente y lo compilan de cero en sus propios servidores. Así garantizan al usuario que la app que se instalan es exactamente la que ven en el código, sin trampa ni cartón.

¿El problema? Los tiempos de espera. Todo este proceso requiere una paciencia infinita. Puedes tirarte dias enteros en la cola esperando a que sus servidores compilen tu app y la liberen.

Mi veredicto

La burocracia comercial de Google genera un desgaste innecesario y te hace sentir que trabajas para ellos. F-Droid es lento, pero el proceso es transparente, ético y te garantiza un ecosistema limpio.

A veces hay que mancharse las manos publicando en la Play Store para llegar a los compañeros que no saben salir de la tienda por defecto de su móvil. Pero mi cuartel general y mi apuesta a largo plazo será F-Droid. Prefiero esperar dias en la trinchera del software libre que andar mendigando probadores para engordar el monopolio.

#Tecnología #Desarrollo #Android #SoftwareLibre #FDroid #Reflexiones

 
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from A crit pelat

Hace unas semanas, pasé por un bazar a comprar algunas cosas que me faltaban para un proyecto del trabajo. Sorprendentemente grande, plagado de estanterías y abarrotado como lo estaría un templo en honor al horror vacui, en él me recibe una persona que leo como china, con las dos manos reposando detrás de las caderas, que sostienen una postura impecablemente recta. Tras preguntarle si me puede ayudar, se dispone a acompañarme al pasillo 1B. Se dirige hacia allí girando sus hombros casi ciento ochenta grados, apoyándose en su pie derecho. Cuando llega a la altura del pasillo donde está el alambre que necesito, lo rebasa un par de pasos más para después volver a girarse como si tuviera un resorte dentro, y me señala el producto con la mano izquierda. En su particular coreografía, la mano derecha no se separa de su cuerpo en ningún momento. Mientras me entretengo en evaluar qué tipo de alambre me viene mejor, él espera paciente. No escudriña mi proceso de decisión, pero tampoco aparta la mirada hacia otro sitio. Tras mirar un par, me doy cuenta de que no tengo un criterio formado respecto a la elección de alambres, y vuelvo al primero. Cojo un par de rollos y le miro esperando alguna reacción. Él, sin cambiar la expresión, dice de manera solemne «Este es el mejor». Emprende la marcha de vuelta a la caja. A estas alturas, no puedo evitar fijarme. En sus pies, unos zapatos blancos impolutos, con algún detalle en azul marino y marrón piel. Viste unos pantalones vaqueros cortos con el camal doblado, que dejan ver unas piernas claras y sin pelos. Arriba, una camisa a cuadros, bien remetida en los pantalones. No hay ni una sola línea que no esté completamente equilibrada respecto al resto. Atraviesa el mostrador, que todavía conserva el metacralito de la pandemia, ahora ya ajado y repleto de pegatinas de cromos de fútbol. «Perdona, ¿me puedes hacer factura de esto?», a lo que contesta afirmativamente mientras se escucha el ruido de las teclas, al que le sucede el de una pequeña impresora. En el lado derecho del mostrador, entre la torre del ordenador y una pila de cajas de plástico, hay una serie de libretas con el lomo apuntando hacia el techo. El chico, con un movimiento lento, pasa la mano por encima, comenzando por la izquierda. Los dedos de la mano sobrevuelan las libretas como sobrevuelan las gaviotas el mar, generando una ilusión de quietud. En el momento justo, caen con precisión, afectadas de nuevo por la gravedad. Dirigiéndose hacia mí, coge la libreta con ambas manos, sosteniendo los lados entre los dedos índice y pulgar, ayudándose del corazón. Mientras descienden a la superficie, los dedos índice alzan de nuevo el vuelo y quedan apuntando a mí; mientras tanto, los otros dos ejercen una pequeña presión combando ligeramente la libreta. Ésta es la primera parte que toca el mostrador, e inmediatamente los dedos corazón se elevan para dejar lugar al resto. Tiene una tapa de cartón donde se lee claramente «FACTURAS». La abre pasando por el lado corto superior. Arranca el ticket y lo trae. Amansando con dos dedos su plegarse rebelde, comienza a pasar los datos: número de factura, artículo, precio. Al terminar, me ofrece la libreta junto a un «Por favor» que adquiere sentido cuando veo el resto de datos sin completar. Es mi turno. Mientras pongo el CIF de la empresa y la dirección, no puedo dejar de mirar de reojo los movimientos del chico. Arranca una bolsa pequeña y la sacude en un movimiento firme, llenándola de aire. Mete los rollos en ella y la deja cerca mía, haciéndola aterrizar tan suavemente que me parece que el tiempo se dilata tanto más cuanto se acerca la bolsa al mostrador. Acabo con los datos y no hace falta que se lo diga: en algún momento ha cogido el sello y está listo para estamparlo en la factura. Procede. Deja el sello. Ahora, con minuciosa atención, dibuja una recta con los dedos aplicando presión sobre la línea de puntos. Nada más acabar, hay un cambio brusco en el ritmo. Arranca las hojas con un movimento rápido y seco; de manera casi impercetible, lo acaba con un pequeño chasquido en los dedos que separa la copia de carbón del original. Deja la libreta en el mostrador y me ofrece mi parte. Tardo un par de segundos en reaccionar, pero cojo la hoja. Él cierra la libreta y, entonces, posa en ella todos los dedos de la mano excepto los meñiques. Hay una pausa que clama silencio. Un artesano respeta a sus herramientas y las trata con cariño. Con la mano derecha, repasa la libreta para que la superficie quede uniforme, y la lleva de nuevo al hueco de donde proviene. En ese momento, mientras está levantando la mirada, oigo un «Gracias». Lo pienso ahora y no estoy seguro de si se dirigía a mí o era la palabra que concluía el ritual. «Gracias» es mi respuesta. Pero mi palabra no quiere ser de conclusión. Estoy de alguna manera hipnotizado por sus ordenados movimientos y aún ni he cogido la bolsa. Por primera vez, noto un desajuste, una pequeña vacilación. Se produce cuando ya ha vuelto al lugar en que estaba cuando entré a la tienda, de nuevo con las manos tras la espalda baja. Hay una mínima intención de inclinarse hacia delante que es rápidamente neutralizada, como una vieja costumbre que todavía pervive correción tras corrección. Noto que detrás mía hay otra persona que ha entrado a la tienda. Se saludan y le pregunta por una bombilla. Él se dirige al pasillo 2A. Yo le sigo con la mirada, pero ya no está bailando para mí.

 
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from Sé verlas al revés

Desde que tengo uso de razón siempre ha habido una radio ahí, aunque fuera de fondo, aunque no siempre la escuchara. Seguramente este hecho explique el gusto que le tengo al formato podcast. Y no es que sea un “consumidor” de podcasts fuera de lo normal, si es que hay una norma para ello, pero me sale la media a más de un programa diario.

Imagen del positivado de un negativo en el que se ve a un ingeniero encargado de la radiodifusión durante la inauguración del Servicio de Radiodifusión de Palestina (30 de marzo de 1936) en Ramala. Colección fotográfica de G. Eric y Edith Matson.

Ingeniero encargado de la radiodifusión durante la inauguración del Servicio de Radiodifusión de Palestina (30 de marzo de 1936) en Ramala. | Dominio Público.

Sobre el software

Para la escucha, principalmente desde el móvil, recurro al que para mí es el mejor agregador de podcasts que conozco, AntennaPod, que, claro está, es software libre. Este programa, además de mantener al día mis suscripciones, notificarme, gestionar las descargas, etc., sincroniza perfectamente con otros dispositivos. En mi caso, la sincronización la consigo gracias al servicio web de gpodder.net.

Por otro lado, en el entorno de “escritorio”, aunque durante mucho tiempo he utilizado el programa gPodder (no confundir con el servicio web antes mencionado), hoy en día lo hago a través de Kasts; ambos programas permiten igualmente la sincronización, pero la interfaz de Kasts me resulta mucho más sencilla y amigable.

Qué escucho

Depende del momento me da por una cosa u otra, aunque hay algunos fijos diarios que no fallan, como son los programas que tocan la actualidad pero desde un punto de vista diferente al que podamos encontrar en noticiarios al uso o con una profundidad que va mucho más allá del titular. También me gusta mucho la fórmula del documental y, por supuesto, las buenas ficciones.

Os dejo un enlace al resumen html que genera el propio AntennaPod y también al archivo OPML por si lo quieres abrir directamente en tu agregador de podcasts favorito. Como verás, no es una lista muy extensa, por lo que te invito a que si sigues algún podcast en especial que pienses que merece la pena, siéntete libre de compartirlo.

Transparencia con el texto Más entradas etiquetadas como #Podcasts, #SoftwareLibre y #GNULinux


 
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