Escritura Social

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from Francisco Molinero

Había abandonado la costumbre de quererte el gozo imperceptible de decirte el sortilegio la sensación tibia de templar tu piel con mis dedos.

Me había vuelto indolente, como un hipopótamo en medio del Mara.

Después vino la tormenta tu huida y engarzado en el collar de las desgracias el silencio.

Había abandonado la costumbre de quererte ahora que no estás no sé, no sé, quizá un esfuerzo un último intento te hubiera reconciliado hubiera abierto la tierra bajo tus pies pequeños y te hubiera obligado a mirar mis ojos sobresaliendo en la línea del agua asustado entristecido.

Luego me hundí para no verte. Hipopótamo

 
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from Francisco Molinero

A punto de abandonar la navegación me refugio en la soledad y el silencio en un retiro íntimo que busca mi ave fénix y encuentra trozos de luz escondidos entre la arena hilos de palabras que no han llegado a ser nada y deambulan solitariamente por otros caminos.

Todos los miedos están ahora sentados conmigo en un círculo como pintado de negro de humo todas mis armas, veintisiete puñales, al alcance solo de mi mano inerte todas la horas detrás en una hilera que se pierde.

Mi nombre es duda y soy alcohólico llevo meses sin beber y necesito al menos un abrazo una mano que me saque del círculo una insignia que me recuerde que cada día venzo al miedo un matiz de titanio que ilumine la estancia donde me refugio en la soledad y el silencio aquí donde la luz son cristales en la arena y la palabra se ausenta.

 
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from Francisco Molinero

He contado las piedras una a una cada minuto, cada hora, cada día ensartando las cuentas en el hilo del tiempo la luz que enhebra la vida.

El tiempo no es nada si descuentas el tedio las piedras romas por eso busco cristales de colores a ti entre los guijarros el espacio entre tus labios el silencio que te ofrezco.

He recontado los cristales entre las horas los colores por minuto, por año los días resplandecientes las sombras que produce tu pelo.

La vida no es nada si descuentas el espacio la distancia aparente por eso te busco bajo las sábanas presencia que sana la voz que deseo.

 
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from Francisco Molinero

Una amiga decidió desaparecer para estar tranquila y a mi me dio por buscar en la red. Metí su nombre en el buscador y resultó que apareció el mio. El círculo se ha cerrado. Otra vez la espalda desprotegida, la gatera. La sensación de linealidad es engañosa y nos mete siempre en estas sorpresas. La vida es un hilo del que cuelgan los acontecimientos, un hilo débil que pierde las cuentas, un hilo enmarañado que de vez en cuando nos trae el pasado en forma de presente y nos despista. Sigo la búsqueda.

 
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from Francisco Molinero

He esperado escondido tras la luna tu respuesta.

Acurrucado, temeroso del rechazo agarrado al intenso azul asido de la cornamusa.

Tus ojos me dicen lo que tu boca me niega.

Por eso espero una nevada intensa una luz que lo aplane todo que subvierta lo que pienso que te traiga.

Me inclino a buscar las lágrimas de tu no.

Pacientemente, entre los granos de tierra las busco las rebusco para saber de ti.

No soy capaz de decirte por qué me pasa esto.

Ni cuando te beso al oído y te susurro que te quiero.

Estoy acurrucado tras la luna esperándote escuchándote, por si tus ojos me buscaran por si tus labios dijeran lo que quiero.

Atrapo el tiempo entre los dedos los estrujo lo llevo triturado hasta lo alto.

Ahora sólo necesito dormir tal vez mañana tal vez mañana.

 
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from heyazorin

Los que me conocéis sabéis que soy una persona bastante polarizada a la hora de tomar ciertas decisiones. Diría que me cuesta ver los grises.

Quizá todo se deba a un esquema mental anticuado, demasiado rígido o a que —sencillamente— categorizar en dos me resulta más fácil para vivir que abrir el abanico a infinitas posibilidades.

La cirugía estética es una de esas categorías que tengo en el cajón de ni con tu dinero.

Desde siempre, las personas que se hacen tratamientos estéticos o cirugías por complejo me han parecido faltas de autoestima, autoaceptación y equilibrio emocional: si tienes un complejo, trabájalo y acéptalo porque acabar con él a base de bisturí o talonario sólo conseguirá que te focalices en uno nuevo.

La conducta de evitación convertirá tu cara en un moñeco y ya no serás tú sino la imagen de un catálogo de servicios en una clínica. Labios hinchados, pómulos picudos, narices del ancho de un folio, mandíbulas somalíes, dientes de un blanco radiactivo, ojos hundidos en sus cuencas, frentes lisas como el suelo marmóreo, pelo recrecido y ordenado en urbanismo.

¿Qué tipo de personalidad da tanta importancia a un factor estético? Ególatras, acomplejados, personas infantiles instaladass de por vida en el síndrome de Peter Pan que practican la Ley del Mínimo Esfuerzo porque, ¿para qué hacer ejercicio o llevar una dieta saludable si puedo acudir a mi cirujano de confianza a realizarme una abdominoplastia que haga desaparecer todos y cada uno de mis excesos? ¿Por qué aceptar el envejecimiento su puedo auparme en la ola del rejuvenecimiento?.

—He pedido cita en la clínica para ponerme bótox en frente y ojos.

Hostia. No me lo esperaba, sinceramente. Cayó como una losa sobre mi cabeza: ¿mi propia pareja? ¿Qué broma macabra del destino es esta?

Intenté convencerla de que su frente no necesita una toxina que inactive sus músculos, de que dejara de ver putos reels de Instagram con mujeres perfectas rellenas de filtros beauty.

Ella se ancló en el conocido '—Si puedo verme mejor, ¿por qué no hacerlo?' a lo que respondí: '—Pues porque estás eligiendo el camino fácil, cariño'.

Y ahí acabó toda disquisición.

No sé cómo terminará esto.

 
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from torresburriel

Es espectacular como pasa el tiempo. Hace un mes casi que hice la última anotación por aquí. Hoy vuelvo porque sigo fascinado con la disciplina profesional en la que desempeño mi trabajo.

El ámbito del diseño, amplio donde los haya, es un gran desconocido fuera de la mera táctica o ejecución práctica. Hoy he estado lidiando con la petición de una empresa china que quiere contar con nuestros servicios en España en el ámbito del reclutamiento de usuarios. Qué poco hablamos de ello y qué mal lo hacemos quienes nos dedicamos a la investigación con usuarios, porque un proceso de reclutamiento serio, solvente y robusto hace mucho más eficiente cualquier inversión en research.

Quienes se juegan importantes inversiones en el ámbito de cualquier tipo de producto, digital o no digital, lo saben bien y deciden apostar por players solventes en ese terreno. No solamente experimentados, sino con la capacidad y la flexibilidad suficiente como para abordar proyectos donde la incertidumbre sea un compañero de viaje habitual.

 
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from Retales, por @editora

Esta mañana, tras una conversación sobre iglesias y cosas varias, le he propuesto a @NebelRebe@xarxa.cloud crear un grupo punk llamado «Las bendecidas».

Entonces, @borjadelgado@laterracita.online ha comentado:

Pero PARFAVAAAAAARRRRR Todo esto necesita estar escrito y recogido en un sitio fácilmente accesible ❤️❤️❤️

Así que me vengo aquí a contar el origen de todo esto y a copiar la conversación, y cito, para empezar, a NebelRebel:

Cómo empiezas buscando planes un sábado y, pasando por la iglesia, acabamos montando un grupo punk. Las memorias.

La cosa es que Nebel buscaba un sitio donde refugiarse unas horas que se queda colgada en un sitio y no encontraba nada: bibliotecas, museos... todo cerrado. Y el tema ha seguido así:

@editora Ya sé que suena raro, pero yo como refugio cuando tengo que hacer tiempo suelo entrar en un iglesia. Suelen estar abiertas y en esta época se está fresquito. Aunque es verdad que a esas horas lo mismo también pillas las iglesias cerradas (o no hay).

@NebelRebel hay un par, pero no lo contemplo como opción. Digamos que a los curas, en general, no les hago mucha gracia (ni ellos a mí) y o no les gusta que pase mucho rato en su iglesia o vienen a evangelizame, que no sé qué es peor.

@editora Mira, una de las ventajas de que soy invisible es que ni se fijan en mí. Ya que la Iglesia no sirve para nada, al menos que sus iglesias sirvan de refugio climático. Yo lo considero incluso activismo.

@dragonas ostia me incomodaría muchísimo entrar a echar el rato a una iglesia, no se have raro?

@editora En Soria vivo al lado de una joya del románico, por mí me pasaría horas ahí, pero lo que sí es rarísimo es cuando salen las monjas de clausura a una zona que tienen tras unas verjas, pero que las ves, y son como una aparición espectral. Ahora bien, son clarisas, y desde las clarisas cismáticas, como que las veo de otra manera XD

Por lo demás, una iglesia es un edificio fresquito, con bancos, abierto y en el que no tienes que consumir. Yo como soy muy de estar a mis cosas, me siento a pensar, sin más. Pero claro, yo tengo espíritu de ermitaña.

En Bcn, por cierto, iba mucho al claustro de la iglesia de Sant Pau en pleno Raval. Una maravilla. Un sitio con sombra y verde y que solo costaba entonces 50 ct y que no habían descubierto los turistas. Solía estar yo sola. Un remanso de paz en pleno barullo.

@NebelRebel St.Pau es monasterio, técnicamente. Es la iglesia más antigua de Barcelona. Originalmente estaba extramuros, por eso es Sant Pau del Camp (del Campo). Mi madre y sus hermanos fueron bautizados e hicieron la comunión allí. Mis padres se casaron allí. Les casó un cura republicano que ya estaba retirado y que, durante la dictadura, escondió una imprenta ilegal bajo la iglesia donde hacían panfletos rojeras. 😂

@editora ¿Tus padres se casaron en St. Pau??? Qué bueno. Me encanta ese sitio ❤️

@NebelRebel sí, y además fue una de las primeras bodas oficiadas en catalán, tras el franquismo. Se vinieron tan arriba ellos y el cura que, para salir de la iglesias, sonaron Els Segadors.

en realidad, a mi me tenían que bautizar allí también, pero el cura que había casado a mis padres ya no estaba, y el que tomó su puesto era muy borde. Les puso un montón de impedimentos y tuvieron una enganchada mi madre y él bastante sonada. Así que acabaron bautizándome rollo express en la Catedral, en la capilla del Cristo de Lepanto. 😅

@editora Toma ya. Yo pensaba que ibas a contar que habías tenido la suerte de ahorrarte el bautizo, pero este giro de guión no me lo esperaba. Así que bautizada en la mismísima Catedral... eso sí que es nivel :)

@NebelRebel ojalá habérmelo ahorrado, pero no. Bautizo y comunión, check. 😂 Lo de la primera comunión es muy divertido porque no me la dieron en la ceremonia de la PRIMERA comunión. El cura nos la dió el día antes porque PATATAS. Se lió con las confesiones y al final a mí no me confesó antes de dármela. Yo no tenía ni idea, pero en teoría, si tomas la eucaristía sin haberte confesado antes estás cometiendo sacrilegio. Así que bueno... Muy bien no empecé y la cosa no fue a mejor después. 😅

@editora A mí me pasaron por el manto de la virgen del Pilar siendo yo bebé y salgo berreando en brazos del monaguillo con pintas de que voy a morderle, jaja. Luego en el pueblo fui la última generación de bebés bendecidos por el mismísimo obispo pasando en burro por las calles y echando agua bendita. Te ponían en un canasto en la puerta de casa y el día del Corpus pasaba el obispo a darte la bendición. El mío fue el último año que pasó. A mí me flipan estos folklorismos.

@NebelRebel a mí también. Un poco además porque,a la que escarbas un pelín, todo ésto tiene una base pagana estupenda.

@editora Entre tu bautizo en la Catedral y mi bendición el día del Corpus, podemos crear un grupo punk: Las bendecidas XD

@NebelRebel Habrá que hacer una versión del “Quiero ser Santa” de Parálisis Permanente, para rematar. 😂

@borjadelgado Pero PARFAVAAAAAARRRRR Todo esto necesita estar escrito y recogido en un sitio fácilmente accesible ❤️❤️❤️ Vuestro punkismo eclesiástico costumbrista revolucionario es TOP SHIT !!!

@NebelRebel Y eso que aquí no os he contado La Movida en el colegio de curas. Que me pasé el ultimo año obligada a sentarme en la primera fila de la capilla durante las misas por culpa de Kurt Cobain, mis pintas y el Satanic Panic.

Creo que “punkismo eclesiástico costumbrista revolucionario” es un buen subtítulo para nuestro primer disco. 🤣🤣🤣

 
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from Retales, por @editora

Hubo algún tiempo en el que tal vez me gustó la verbena del pueblo. Las fiestas, los bailes en la plaza. Es un tiempo que pertenece a un pasado que no recuerdo, pero sé que existió porque las amigas de mi abuela, la mayoría ya fallecidas hoy, guardaban en su memoria lo «salada» que yo era de pequeña moviéndome al son de «los pajaritos» y tenían a bien recordármelo año tras año. Su memoria envolviendo a la memoria de esa niña diferente que en cuanto creció un poco dejó de ir a la plaza.

Recuerdo hoy, un viernes en el que son las fiestas del barrio en casa-padres (ya solo casa-madre) mientras suena la música en la plaza detrás del edificio y preveo una noche de no dormir, un texto que escribí en una de mis vidas pasadas, un 26 de junio de 2005 en Sitges. Sigue tan vigente a pesar de los años y del cambio de escenario que lo rescato aquí:

Recuerdos de verbena

Hoy hace una noche perfecta. El calor bochornoso del día ha desaparecido y sopla un vientecito fresco. Regreso a casa tras un paseo por el mar y me encuentro con que son las fiestas de mi barrio. La plaza está llena de mesas y gente comiendo y bebiendo, y a un lado algunos bailan al son de una orquesta. Estoy ante una típica verbena de pueblo, con sus abuelitas bailando pasodoble, los niños jugando a tirar petardos, las parejas maduras compenetradas en el baile, los jóvenes haciendo como que bailan bailes antiguos y los mayores haciendo como que bailan bailes modernos.

Yo, como siempre, estoy de observadora. Ése ha sido siempre mi papel. Nunca me apetecía bailar, nunca quería integrarme en esa escena. En los veranos de pueblo la observaba sintiendo que había todo un abismo entre aquella gente y yo. Si alguien se acercaba y me pedía bailar, me negaba rotundamente. Pero tampoco podía quedarme en casa, alguna extraña fuerza me llevaba siempre a observar aquella escena desde mi otro lado del cristal. Mis padres hacían lo posible para que me integrara. A mi madre no le gustaban demasiado los bailes, pero salía a la plaza para acompañarme, y mi padre solía sacarme a bailar un pasodoble o un vals. Ahora me enternece su gesto, pero entonces sólo quería que me dejaran sola.

No sé cuándo empecé a formar esa barrera entre el resto del mundo y yo, pero no siempre fue así. Mi madre y las hermanas de mi abuela me suelen recordar lo «salada» que yo era de niña, y lo mucho que se divertían viéndome bailar sola en el medio de la plaza «los pajaritos». Dicen que a mí me gustaba mucho bailar, pero yo no recuerdo esa época.

Al principio, la distancia abismal entre la vida de la verbena y yo me dolía como algo propio que en realidad es ajeno. Como saberse parte de algo y no poder pertenecer a ese algo. Como un árbol que de forma misteriosa hubiera podido crecer con las raíces tres palmos por encima de la tierra que debería alimentarle. Como si sólo un gesto sirviera para adentrarse en la vida que nos pertenece, pero algo tirara de nosotros y nos impidiera ese gesto.

Después, aprendí a acomodarme en mi lado del cristal, y las escenas al otro lado ya no me dolían como propias. Sucedían delante de mí, simplemente, y yo nada tenía que ver con ellas. No quería pertenecer a ellas. Sólo las observaba. Más tarde incluso dejé de ir a la plaza y me limitaba a escuchar la música desde mi habitación mientras trataba de dormir como si fuese un día más.

Y hoy estaba otra vez ante una verbena de pueblo. Pero hoy era distinto, porque sonreía viendo la escena, y además tenía ganas de bailar. Sonreía pensándome con ganas de bailar. No me sentía muy distinta a la niña que una vez bailaba «los pajaritos». Y el viento me ha traído unas palabras «Baila. Sola o no. Baila como quieras pero no te quedes observando, no te pierdas nunca poder disfrutar».

«No te quedes observando». Esa frase viene de otro mundo, atraviesa el cristal y sacude mi espacio. Pero en ese momento la sacudida es tan violenta que me tambaleo y ya no puedo seguir allí. No puedo seguir observando, pero no puedo participar de la escena. La sonrisa de antes me tiembla. ¿En cuál de los dos lados estoy? ¿En cuál quiero estar? Decido regresar a mi refugio de palabras. Lo leí ayer mismo, «para reflexionar sobre algo, yo, previamente, necesitaba plasmar ese algo por escrito».

Escribo y observo. La música suena a lo lejos tras mi ventana. Observo y escribo. Los recuerdos. Los deseos. Los espejismos.

Lo sé, tendría que haber bailado…

 
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from DanielSanz

Herencia familiar

Carlos espera con ansia que su padre llegue a casa, no es que le tenga especial cariño, de hecho no le tiene ningún cariño. Ni él ni sus dos hermanos pequeños que están sentados a la mesa con los ojos vidriosos por el sueño y las tripas rugiendo por el hambre. Son demasiado pequeños para insultar a su padre, pero no tardarán mucho en lograrlo. -Mamá ¿cuando llega papá? -Pregunta Roberto con un hilo de voz, a pesar de que sabe lo que va a suceder no puede contener la pregunta. -¡Que te calles joder! En el diminuto comedor no se escucha nada, tan solo el frotar de manos de Paca, la madre de las tres criaturas que esperan la comida. No tiene dinero para crema de manos y sus manos son ásperas como las de un marinero. De madrugada friega escaleras y por las tardes casas de otras personas. Su paga son unas pocas monedas, las rodillas destrozadas y los riñones machacados. Hace años que no camina bien y de la espalda mejor no hablar. Las vecinas dicen que no necesitaría cargar cubos de agua, con las lágrimas de dolor que brotan de sus ojos apagados cada vez que tiene que levantarse podría fregar toda la vida. Malditas zorras les grita la Paca cuando se las cruza. -Somos zorras y a mucha honra, doña dignidad. ¡Por lo menos nuestros hijos comen todos los días! -Responden riendo a carcajadas.

El pequeño reloj que tienen encima de la televisión marca las nueve y cuarto de la noche, los niños ya tendrían que estar en la cama con la tripa llena por la cena y un pijama limpio después de bañarse. Todavía no han cenado, ni siquiera saben si lo van a hacer. Lo que sí saben es que el baño no se lo dan, su madre les dice que ya está fregando todo el día, y su padre que los hombres no hacen eso. Se escucha un golpe en el portal, unos pasos pesados que tienen problemas para subir los peldaños de la escalera y una llave que recorre la puerta buscando el hueco donde debe ser introducida. Los niños no dicen nada, se levantan y van solos hacia la cama, saben que esta noche tampoco se cena. -¡Hijo de la gran puta! -Su madre va corriendo hacia la puerta la abre de golpe y su marido cae a plomo sobre ella, como ya es experta logra esquivarlo y cae al suelo dándose un costalazo que le arranca un estridente grito. Carlos se tapa la cabeza con la almohada para no escuchar la pelea. Odia a su padre, odia ese olor a vino barato que trae y odia la cara que pone su padre cuando introduce una tras otra todas las monedas de la paga que le dan en la tragaperras del bar de la esquina.

Carlos recuerda todo eso mientras está tirado en el suelo de su casa. Llega borracho, la paga que le han dado por ser viernes se la ha gastado entera en el bar de la esquina. No tiene muy claro como ha llegado hasta casa ¿le habrá acompañado algún parroquiano? Huele a orina, imagina que se habrá meado. Lo único que escucha son los llantos de su mujer de desesperación y de su hijo pequeño de hambre. -Puta vida, como te odio papá. -Murmura de forma ininteligible.

 
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from DanielSanz

Hoy es lunes y son las 5:47 de la mañana, un poco justo pero seguro que me da tiempo para compartir un pensamiento con todos vosotros. El viernes por la tarde decidí cambiar mis hábitos, desinstalé Clash Royal, un juego móvil al que llevo jugando un par de años porque logré mi objetivo de llegar a 9.000 copas en una parte del juego (el máximo) y por otro llegar a Liga Legendaria (el máximo). Si seguía jugando ya sería enfermizo porque me propondría entrar en el Top de España, luego de Europa... y a fin de cuentas era algo que empecé a jugar para distraerme y se convirtió en competición. Por lo tanto, con esta liberación de tiempo y estrés elegí volver a leer novelas, algo que siempre fue mi gran pasión (yo de pequeño no estudiaba para leer novelas) y hacía años que no hacía porque tan solo leía libros técnicos o históricos para aprender, no para disfrutar de la lectura. Rescaté el Kindle que tenemos por casa, lo cargué y seleccioné tres novelas para empezar. Y no os podéis imaginar que paz, que tranquilidad, que alegría es volver a leer. La primera fue una tremenda mierda que ya os contaré otro día, pero la segunda me está gustando mucho. En papel no pienso volver a leer, todo va a ser en formato digital por motivos personales. Tanto mi mujer como yo somos unos enamorados de la lectura, tanto es así que al juntar nuestras bibliotecas y estar juntos nos hicimos con una biblioteca de más de mil libros que, al tener que mudarnos a un piso, debimos regalar casi todos quedándonos con unos pocos cientos.... Y no podéis imaginar lo que duele eso. Ya son las 5:54 así que toca ir despidiéndome para salir hacia el trabajo. Como resumen os diré que me sorprende mucho lo fácil que nos olvidamos de nuestras pasiones, en mi caso leer novelas, porque nos obligamos a hacer algo más productivo con nuestro tiempo, en mi caso leer libros técnicos para aprender. Otra vez nos olvidamos de quienes somos buscando trabajar más en detrimento de tan solo desconectar y buscar ese niño interior que tanta falta nos hace en estos días.

 
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from DanielSanz

Hoy es domingo, son las 10:13 por lo que voy un poco más tarde de lo habitual. Estoy terriblemente cansado, la semana ha sido dura y ayer aproveché para hacer un montón de cosas y pasear aprovechando que hacía buen tiempo, en total unos veinte kilómetros. La cuestión es que hoy tan solo tengo ganas de estar tumbado y terminar una novela que comencé el viernes por la tarde. ¿Parece un buen plan verdad? Después de pasear temprano, llegar a casa, recoges la cocina y el cuarto, preparo una cafetera, escribo este pequeño texto para ver que tal funciona la plataformas de blogs que estoy probando.... Y ya via libre, a tumbarse al sofá disfrutando de una buena novela. Tan solo falla un pequeño detalle, mínimo incluso. La novela es una puta mierda. ¿O no? Tengo una duda que, espero, me podáis ayudar a resolver. La idea de la novela es buena, muy buena. Ya os hablaré con más calma de ella en un futuro, tranquillos. Como digo la premisa me gusta, es original, atractiva, habla sobre el sector literario, las modas, la adicción al éxito, morir de éxito, pasar de moda.... Son temas muy interesantes. ¿Por qué digo entonces que es una mierda? Porque todos, TODOS los personajes son imbéciles.. La protagonista es para cogerla y darle de tortazos hasta que se te canse el brazo, la némesis es una imbécil pusilánime que ni pinta ni corta, y los movimientos que hacen no tienen ningún sentido. De por si esto es algo bastante habitual a día de hoy (por desgracia) doy por hecho que la mayoría se habrá imaginado alguna novela de adolescentes... Las protagonistas son mujeres hechas y derechas de sesenta años, con estudios y trabajos de éxito que se comportan como niñas de quince años. Entonces, llegados a este punto, yo os pregunto. Partiendo de la base que la autora de la novela es una escritora conocida, que la idea central como tal me gusta, que voy por la mitad de la novela y que hoy es domingo... ¿Debería rendirme con la novela y aprovechar este día festivo comenzando otra novela o me sacrifico y la termino a ver si mejora?

 
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from torresburriel

Hay veces en las que los lunes saben a viernes. No porque al día siguiente no haya que trabajar, sino por esa indescriptible sensación de que uno está disfrutando por lo que viene.

En el caso de los viernes, lo que suelen venir es el fin de semana, el descanso, la fiesta, desconectar y olvidarse del trabajo.

En el caso de los lunes, concretamente de este lunes, el aroma es a esa maldita dopamina que sentimos quienes emprendemos cuando tenemos el Go de dos proyectos. Y más cuando ambos son un reto, por distintas razones.

Hoy es uno de esos lunes que saben a viernes.

 
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from O corvo gralla

Este artigo ten unha versión en podcast que podes escoitar (e subscribirte se che gusta) en Ivoox ou en Spotify.

Comezarei dun xeito que rexeitaría calquera manual moderno de periodismo: chafando o clickbait, quebrando o anzol e anticipando un par de parágrafos a descuberta do tema verdadeiro: neste texto non vou falar de Taylor Swift, senón de min, e, quizais, de ti.

Os concertos da artista estadounidense en Iberia (primeiro en Lisboa, despois en Madrid) trouxeron ríos de artigos, noticias, reportaxes e comentarios, moito balbordo e barafunda e pouca harmonía. Porén todas e todos saberedes que é un fenómeno mundial que atinxe a moitos máis ámbitos que os da música e que devén incontestabelmente do pulo das millóns de fans incondicionais que seguen cada un dos seus movementos. Noutros tempos –máis ben noutras circunstancias– eu tería formada unha clara e asertiva opinión sobre o fenómeno fandom en torno á cantante, e de camiño sobre a persoa e a súa música, e esa opinión estaría alicerzada sobre a desinformación e o prexuízo, porque os que temos estudos e un algo de cultura (e somos homes, que moito hai deso tamén) e mesmo loitamos activamente contra a desinformación e polo espíritu crítico, caemos a cotío nesta superioridade cultural que apaga selectivamente todas as luces da sabiduría e o coñecemento. Non vou aquí a despregar o catálogo de argumentos e diatribas que tería usado, nin tampouco das supostas virtudes e bondades da de Pensilvania; xa dixen que non ía falar de Taylor Swift. Mais o caso é que agora eu non son quen de desprezar e abafallar a cantante e as súas fans porque as circunstancias da miña vida inscríbenme nun contexto distinto que me arreda do cinismo e acouga o xuiz prevaricador que levo dentro: teño unha filla swifty, dun swiftismo que, agás o dos cueiros, cumpre cada un dos estereotipos: suspensión de todo espíritu crítico no que respecta á cantante, memorización de todas as letras de todas as cancións, seguimento constante de todos os seus movementos, inserción activa nos círculos de fans e entrada nun éxtase irracional ante a aparición da artista no concerto. Mais a miña filla é unha persoa intelixente, comprensiva, crítica, e isto, unido ao feito obvio de que é a miña filla, fíxome pensar que quizais detrás desta paixón desmedida había algo máis que un fenómeno naíf, que quizais ela –a miña filla– merecería outra mirada, unha menos sinxela e prexuizada.

Velaí a miña realidade: se non fora pola proximidade, o cambio de perspectiva e punto de vista, a variación do enfoque, seguiría a ter (e difundir) unha visión superficial dun fenómeno complexo. Non falo en absoluto dun relativismo cultural pop que valide calquera manifestación artística ou movemento social acriticamente; falo de molestarse en coñecer, de escoitar e non de ouvir, de aprehender, de observar e comprender en troques de xulgar. E se temos preguiza, se renunciamos a ese esforzo, se o asunto non nos interesa abondo como para perder o noso valioso tempo en estudalo, entón aínda temos un recurso infrautilizado e marabilloso, un arma revolucionaria que podería chegar a cambiar o mundo: dicir «non sei», «descoñezo o tema», «non estou informado», «non teño unha opinión formada»… Xa que logo: recoñecer a propia ignorancia.

Non sería completamente honesto se non vos falase dun aliado nesta aprendizaxe: o tempo, o vento da idade que púe e desbasta as arestas e frea o ímpeto e bota capas de experiencia sobre o cinismo e a prepotencia. Ollo, non estou dicindo que eu fora un auténtico cretino, nin sequera un imbécil de baixa intensidade: abonda con ser un home e levar de serie a necesidade ancestral de marcar territorio.

E vale; marcho axiña a facer pulseiras da amizade.

 
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from fjromero

Mi “escritorio”

Te voy a mostrar mi rinconcito de escritura:

Tablet con lo mínimo instalado, unos auriculares bluetooth y un teclado plegable bluetooth

Ahora te cuento un poco el rollo 😃. Por una parte, aprovecho el momento del almuerzo para escribir. Me voy a un despacho vacío, saco los cacharros que ves en la foto y empiezo a aporrear teclas (escena idealizada por el imaginario colectivo; la realidad es algo más compleja). También aprovecho algunos momentos en casa, claro, pero son los menos. En casa siempre hay algo que hacer.

Hace tiempo me llevaba un portátil. El problema es que me perdía haciendo otras cosas diferentes. El ordenador es una gran herramienta, demasiado buena, que me permite divagar tanto que termino haciendo algo que no tiene que ver con mi objetivo original.

Me he tirado un tiempo buscando ideas de cacharros que permitan enfocar exclusivamente en escribir. He estado investigando las nuevas máquinas de escribir y me flipa mucho el BYOK, que es una pantalla a la que conectas un teclado bluetooth y comienzas a escribir.

Mi problema es que los veo demasiado caros y siempre pienso “esto te lo montas con una raspberri en dos patadas” y, claro, nunca lo hago.

Pero hace poco me acordé de que tenía una tablet que casi no uso, estaba llena de aplicaciones basura e iba lenta como ella sola.

Pensé: ¿por qué no aprovecharla?

La saqué, la limpié, reinicié sus valores de fábrica, le puse una tarjeta de 32 gigas, me negué a habilitar cualquier cuenta, oculté los accesos a las aplicaciones que no me dejó borrar en el segundo escritorio, desinstalé todo lo que pude, me descargué F-Droid y accedí a la Wifi de casa.

En la tarjeta de memoria me creé tres carpetas:

  • Libros, donde van libros en epub. No es la mejor pantalla para leer, pero si un día no me apetece escribir, tengo algunos libros pendientes, o ensayos para reforzar temáticas.

  • Música. Los mínimos discos (o ruido ambiente) que suelo escuchar cuando escribo.

  • Notas.

La tablet la utilizo siempre en modo desconectado. Ni wifi ni nada. La red es una tentación constante y quiero evitarlo cuando uso mi escritorio.

Estas carpetas las tengo sincronizadas con syncthing, de manera que, cuando termino de escribir algo, sí me conecto por mi móvil para que sincronice los archivos, y vuelvo a deshabilitar la conexión.

Para leer libros, instalé la app Librera Reader. Para escuchar música, Phonograph Plus. Y para las notas, Markor, que me deja crear listas de tareas en formato todo.txt y notas rápidas o sueltas.

La música la podría escuchar utilizando el servidor de Airsonic que tengo instalado, pero me obliga a estar conectado y, como he dicho antes, evito la conexión. Evito aún más cosas tipo Spotify porque, además de la conexión, te despista mostrándote más música que no has pedido.

Los auriculares y el teclado solo están enlazados a la tablet, no los utilizo para nada más. En la mochila llevo tres auriculares: estos, los buenos buenos y los normales por si llueve, que no me gusta usar los buenos buenos por si se estropean.

Lo que quiero explicarte es que mi rincón de escritura quiero dejarlo lo más aislado posible del mundo que me rodea. Solo puedo usar esas herramientas, y no quiero que nada me moleste. Podría usar el portátil, que tiene ya el teclado y sería más cómodo. Sí, pero al final, las sesiones de escritura son más cortas porque me apetece leerte en Mastodon, o ver tu último vídeo, o inventarme un proyecto y ponerme a programar. Hay infinitas formas de dejar lo que estoy haciendo para navegar por ocios alternativos. Tantos años usando ordenador que, por razones psicológicas, casi me siento obligado a hacer muchas más tareas de las que deseo hacer en un momento dado.

La desconexión a internet, la instalación de las apps mínimas, la omisión de cuenta alguna y el enlazado con hardware específico me permite enfocarme en lo que quiero hacer, que es una única cosa: escribir.

Pensé en cambiar el sistema operativo de la tablet y quitar Android, pero el que viene de fábrica sin activar ninguna cuenta me lo pone bastante fácil, la verdad. No me apetece pelearme en si el sonido no va, o la pantalla va más lenta... Ahora mismo, y sin instalar nada más ni actualizar nada, la tablet va de lujo (lo que ha cambiado con las últimas veces que la usé en su otra vida, mare meua).

De momento estoy muy feliz con esta solución. Te animo a que, si tienes un móvil antiguo o una tablet, la reinicies de fábrica, instales lo básico y la utilices sin conexión. Te enfocarás más en tu ocio.

#escritura

 
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