Escritura Social

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from Francisco Molinero

No hay un solo instante que no me acuerde de mí. Me tengo presente corpóreo en un círculo de ideas que no me vienen bien. De vez en cuando recuerdo la sensación de oler café o cualquier otro aroma reconfortante y entonces vuelvo obsesivo al mantra de mí mismo la gaza que me oprime el cuello. No soy capaz de escapar de mi propio infierno encontrar la grieta que me permita la huida o al menos que me deje mirar hacia fuera donde sé que andáis todes tan felices tan tristes como sois y yo os recordaba. Anhelo olvidarme de mi cuerpo el tiempo preciso para la lucidez sin miedo a que lo de fuera me espante y me recoja de nuevo en la cárcel de mi piel. No hay un solo instante que pierda el miedo a lo que hay fuera.

 
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from Retales, por @editora

Hoy me ha llamado mi amiga Bea. Hemos estado 59 minutos y 27 segundos hablando (lo dice mi Blackberry). Ella estaba cocinando y se acordaba de mí mientras picaba la cebolla porque estaba preparando empanada, con la receta que le dio mi madre una vez que hace años se encontraron en el Eroski. Fue en aquella temporada (su último piso de estudiante) en la que podríamos haber sido vecinas pero no, porque yo ya me había ido de Vitoria.

Nos hemos puesto al día también, claro, un poco. Me ha contado que su pareja lleva de baja desde septiembre, desde que la llamó ingresado de urgencia en el hospital cuando ella estaba en la peluquería y se fue con el pelo a medio cortar y sin pagar del susto que se llevó. Eso fue la última vez que hablamos, yo me quedé en que le habían dado el alta del hospital y que iba estando mejor.

Por supuesto, hemos hablado de lavaderos, de que ya me he puesto a leer su manuscrito, de cómo pondremos los pies de página y dónde irán las fotos. De simplificar por un lado y de añadir unas grabaciones nuevas que ha encontrado.

Nos hemos reído porque de repente sin darme cuenta le he hablado en catalán (siempre que hablo sobre mi guapa salta un resorte en mi cerebro y cambio al catalán sin pensar) y eso ha servido para confesarle que hay palabras casi imposibles de pronunciar para mí a pesar de que son tan esenciales como “lata de atún” (“llauna de toninya”) —insértese aquí el recuerdo, la complicidad, de todas esas noches de conversación en su piso de estudiantes cuando nos quedábamos hasta las tantas y yo era feliz con mi “latita de atún”—.

También he puesto en voz alta el cansancio que llevo acumulado, diez años para acabar un proyecto son muchos años y ahora que ya casi está todo, que solo falta amueblar para que @casatiajulia@pixelfed.social empiece su nueva vida, es justo cuando me fallan las fuerzas. No es fácil reconocer este desánimo repentino (ya pasará).

Nunca tuve un grupo de amigas como tal con las que hacer cosas. Amigas con las que se supone que compartes la vida, esto es, compartes actividades. Siempre fui una niña rara que no acababa de encajar porque me gustaba leer y estar en mi mundo.

Lo más parecido a alguien con quien “hacer cosas” era la Mari Trini, que vivía enfrente de casa de mi abuela en el pueblo y a quien veía todos los veranos. Tenía dos años más que yo y era un poco “cabra loca” así que aprovechaba esa diferencia de edad para arrastrarme a aventuras como escalar el castillo por el lado más difícil o meternos en cuevas en las que nos prohibían entrar. Una vez, cuando aún había autobús en el pueblo, cogimos “el coche” de Zaragoza, que pasaba lunes, jueves y sábados y nos fuimos a Canfranc un jueves para volver el sábado, aunque finalmente acabamos durmiendo en Huesca capital en casa de una compañera mía de universidad. Con el tiempo la Mari Trini “sentó cabeza”, se casó y tuvo dos hijos, quién lo iba a decir.

Pero en Vitoria, en mi día a día, mientras el resto de adolescentes quedaban para salir de fiesta, de excursión o de lo que fuera, yo me quedaba en casa, sola y sintiéndome diferente.

Conocer en Inglaterra, gracias a una beca, a las que hoy, 30 años después, aún son mis amigas («amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato» -RAE) para mí lo cambió todo. Pero no porque pudiera compartir montones de actividades con ellas, para nada. Ellas, de vuelta a Vitoria, seguían con sus cuadrillas y con su grupos y su vida. Yo empezaba la universidad, en otra ciudad, y también iba a lo mío.

Lo importante, lo sustancial, es que encontré personas que me entendían, que me daban otros puntos de vista, en las que podía confiar, que de repente me miraban no como “la rara” sino como “la interesante”. Personas con las que hablar a corazón abierto y a las que, sí, también podía contarles mi vida y ellas a mí la suya.

«Ya no compartimos la vida, nos la resumimos» dice este artículo. Resumir en vez de contar. «Si pudiéramos hablar bien con toda la gente que queremos, tal como queremos, con tiempo para disfrutar de ello en un plazo narrativo, en una pausa segura para ser escuchados y escuchar, quizá no escribiríamos», dice Carmen Martín Gaite, y continúa: «En el momento en el que hay alguien con quien puedes hablar, para mí que se quiten el cine, el teatro, los viajes...» (ver en Literatube)

Quizás el problema no sea el «contarnos la vida» en vez de compartirla. Quizás la cuestión está en los tiempos, en los plazos en los que se dan esas conversaciones. Por suerte mis amigas siguen siendo para mí, precisamente, esa «pausa segura para ser escuchada y escuchar».

Ojalá más tiempo para pausas, más tiempo para la amistad.

 
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from La red somos Tú y Yo

Me duele mucho
cuando la gente se acerca
y luego sale corriendo.
Maldito mundo
de ventanas emergentes
scroll infinito
y atención dispersa.
El silencio
es un castigo
y el ghosting
son mis lágrimas
a la noche.

 
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from Francisco Molinero

Desde pequeño me recuerdo triste. Nunca he investigado si hay alguna componente genética o lo aprendí de alguna manera, pero ese es mi estado más normal. Soy una persona feliz. ¡Vaya, las contradicciones! Después de tanto tiempo me he acostumbrado a ser así y a vivirlo sin que me moleste más de lo necesario. Tengo normalmente una mirada escéptica sobre lo que leo o veo, soy de carácter abierto y no me cuesta relacionarme con la gente, me gusta bromear y tengo una mirada crítica e incisiva sobre lo que pasa a mi alrededor, intuyo que algo muy malo va a ocurrir en cualquier momento y he conseguido que esa sensación de desastre no me venza. La cuestión es que este estatus pesimista se convirtió en algo más que bruma y me arrastró hace años a una depresión. Algo se rompió dentro de mi, mi autoestima se derrumbó y aunque conseguí salir de todo aquello en algo menos de dos años, ayudado de medicación y algunas sesiones del psicólogo, hubo cosas dentro que quedaron dañadas. Valga esta introducción para poder entender lo que me pasó hace unos días cuando se me ocurrió hacer una pequeña excursión con mi pareja a un pueblo cercano que no conocíamos, con la disculpa de ir a un mercadillo de saldos que resultó ser un mercadillo sin nada interesante. Paseamos y nos decidimos por acercarnos a una pequeña cala que se llama Las Negras y pasar la mañana. Una de las cosas que se me han roto y que te comentaba antes, es la capacidad de no caer en el desánimo por nimiedades. Apenas una brizna consigue vencerme y paso de estar eufórico a caer en picado. El lugar es una maravilla y el paseo fue delicioso, encontramos a un pescador que acababa de llegar con su pequeña barca y vendía en la calle el fruto de su trabajo. Un pequeño corrillo, alabanzas al pescado de la zona y su diferencia con el de piscifactoría. Tenemos cara de no ser de aquí, así que nos endosaron algunas recetas al ver que preguntábamos por las especies que se vendían. Nos cobraron más que a los locales, eso no lo dudo y compramos una dorada hermosa y una corvina. Pesada con un peso de mano, redondeo a la baja del precio y nos fuimos felices con nuestra adquisición. Mientras fantaseábamos con la forma de cocinarlo yo hice la puntualización de que quizá sería bueno congelarlo porque el anisakis campa suelto por esos mares. Mi alerta de desastres se activó y arruinó la experiencia para Raquel que estaba ilusionada con la compra. Así, de una manera trivial empieza mi bajada a los infiernos. Puedo llevar bien mi pesimismo, pero odio chafar los ánimos de la persona a la que más quiero. Llegó el momento de elegir una terraza para tomar el aperitivo, había varias y yo decidí sentarnos en una en concreto en medio de pensamientos que empezaban a ser grises. Nada más sentarme tuve la sensación de haber elegido mal y el servicio que estaba más entretenido en preparar mesas para la comida tardó una eternidad en atendernos. A esas alturas mi ánimo ya era negro, así que tras una espera interminable y un aperitivo que aquí en Almería suele ser muy bueno y que en este caso fue normalito, nos fuimos de allí para volver a casa. En un instante la vida cambia y luego al repasar en mi memoria lo que ocurrió no soy capaz de entender el rosario de pequeños acontecimientos. El caso es que nos acercamos al coche, subimos a la perra en la parte trasera, yo hice el gesto automático de cerrar la puerta sin mirar y Raquel tropezó, se agarró al marco instintivamente, resultando que la puerta le golpeó los dedos de la mano con furia. Siento el dolor de Raquel como si fuera mio y no hablo de empatía. siento su dolor físicamente, así que quedamos los dos paralizados, ella con la mano herida y yo con el estómago encogido. Una mujer se nos acercó para ayudarnos, lo agradecimos pero ya habíamos conseguido sobreponernos. Todo parece trivial y nada fue absolutamente trágico, solo la tristeza de haber causado dolor por no poner la suficiente atención y el trabajo de remontar la sensación de amargura que consiste en que la cabeza se llene de imágenes negativas.

 
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from El escritorio de McAllus

Este último mes ha sido bastante duro y mis progresos de escritura han sido menores de lo esperado. De hecho hasta he descuidado mi diario de escritura.

Y es que el agotamiento mental que provoca mi trabajo y la necesidad de llegada de las vacaciones afectan a la creatividad. Ahora tengo dos semanas de vacaciones que espero me ayuden a despejar la mente y recobrar fuerzas.

También debo decir que el ocio rolero ha tenido que ver porque este mes he dirigido tres oneshots de tres sistemas de juegos distintos, dos de los cuales era la primera vez que los jugaba.

Pero a pesar de ello he logrado avanzar algo en todos mis proyectos de una u otra forma.

Frentes abiertos

Novela de fantasía

Pues este proyecto ha sufrido bastantes cambios en su planificación porque me vi que tenía demasiados puntos de vistas distintos y no les podía dedicar la evolución necesaria a todos esos personajes... para ello necesitaría una trama mucho más larga o una capacidad de escritura que todavía no creo tener.

Al final en la primera mitad de la novela habrá solo cuatro puntos de vista principales (dos de ellos bastante entrelazados). Es cierto que habrá un quinto punto de vista, pero que solo tiene dos capítulos en esta primera mitad porque su trama se desarrollará más en la segunda parte pero creo que era necesario.

Para la segunda mitad sigo sin tener el guión terminado pero tengo claro que habrá cuatro personajes con punto de vista: tres repiten de la primera mitad y otra, aunque ya había aparecido, es aquí donde recibe pov.

Y sobre capítulos he escrito en este período un capítulo y medio.

Novela corta Policíaca

Esta novela corta lleva tiempo parada aunque tengo 41 páginas ya escritas. Por desgracia el tiempo libre para escribir es el que es, aunque quiero retomarla aprovechando las vacaciones de diciembre.

Mi idea es pasar a limpio esas páginas ya escritos, aunque sin entrar aún en revisión, para poder repasar todo lo que tenía escrito y es que lo necesito porque fue hace meses la última vez que escribí algo de mi Diana.

Antología cyberpunk

Gracias al taller de 2024/2025 escribí dos relatos de temática cyberpunk. Esto me ha abrió el gusanillo de escribir más de este tipo de ambientación así que en las prácticas del taller que encajen quiero empezar (y luego terminar) relatos de este corte con idea de sacar una pequeña antología de relatos.

Antología Ciencia ficción

Pues como no tenía suficientes frentes abiertos, una reciente práctica del taller me recordó mi ambientación de ciencia ficción donde me encajaba el ejercicio... que por cierto no formaría parte de la antología pero sirve para conocer a uno de los que tendrían relato allí.

El taller de escritura

Sigo yendo un día en semana al taller desde septiembre y solo he fallado un clase en entregar la tarea y otra en que no he podido ir por estar enfermo (pero el ejercicio lo tenía hecho desde la semana anterior porque fue salir de clase y escribirlo).

Este rincón semanal sigue siendo mi refugio que me genera una paz mental que cada vez me cuesta más encontrar en solitario.

Recordad que en https://mcallus.net subo casi todos los ejercicios que hago (solo dejo fuera los que son capítulos de la novela de fantasía o de la policíaca)

 
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from La red somos Tú y Yo

Arcano
Me gusta mucho el olor de la ropa de invierno cuando la sacas del fondo del armario al empezar el frío, huele así como arcano.
Huele un poco al armario de las chaquetas antiguas de mi madre, las que se ponía de joven pero se le quedaron estrechas y nunca donó, porque ella echaba de menos entrar en esa ropa y deshacerse ellas era como admitir que ese tiempo nunca volvería.
Huele un poco al armario de la casa de mi abuela, con toda la ropa de mi tía, la que se marchó del pueblo exiliada porque fue madre soltera en los 90, y eso era tal vergüenza que no volvimos a saber de ella hasta que el niño tuvo 10 años.
Huele un poco a tiempos pasados, que no fueron mejores porque ellas lo tenían todo más difícil, pero que de algún modo extraño me evocan cierta ternura, porque ellas me criaron, porque me convirtieron en la mujer que soy hoy.
Mi armario es relativamente nuevo —es sólo mi segundo invierno post-transición— pero me da mucha alegría que ya tenga ese olor a las mujeres que me precedieron, a sus historias, a sus secretos, a arcano.

 
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from La red somos Tú y Yo

Vuelvo al sur
Nunca llega una a abandonar del todo un lugar que habitó.
Lo de volver al sitio donde creciste tiene un punto de nostalgia, por todo lo que dejas atrás —voluntaria o involuntariamente— y una parte de ilusión, por todas las cosas nuevas pero de alguna forma familiares que encuentras cuando regresas.
Yo siempre digo que dejé mi tierra para irme al exilio solo medio en broma. Y hago esfuerzos conscientes para no romantizar el pasado, porque tuvo sus luces y sus sombras, pero cuesta no hacerlo cuando vengo por unos días y acabo con el corazón partido en dos trozos iguales. Porque por una parte quiero volver a casa —al exilio— pero por otra me duele irme lejos de la gente que tantos años fue parte de mi vida y los lugares que tanto me marcaron.
Las caras nuevas en viejos espacios calan igual que las conocidas en los rincones que han cambiado. No encuentro forma buena de habitar el retorno, no consigo apartarme de la sensación de que es todo un poco onírico, de que no tengo derecho a vivirlo cono mío, de que no dejo de ser más que una invitada a la fiesta que en algún momento, indefectiblemente, acabará.
El último día del viaje tiene siempre un sabor agridulce. No sé si eso se cura, pero después de diez años yo no termino de acostumbrarme.
Nunca llega una a olvidar del todo las redes que tejió.

 
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from La red somos Tú y Yo

Qué hace una chica como yo en un sitio como este
Aterrizo aquí después de un tiempo dándole vueltas a cómo canalizar toda esa energía que encuentro para hacer activismo de redes. Se oye mucho que la rabia es un importante factor de movilización hoy en día, y lo he podido comprobar porque yo siento mucha contra las redes privativas. Sin embargo, creo que como motor de cambio la ilusión es mucho más práctica, mucho más constructiva, y nos lleva a sitios mucho más bellos. No es que sea yo socióloga ni nada de eso, pero al menos a mi entorno y a mí siempre nos ha funcionado mejor.
Empiezo a escribir después de haber despertado del sueño profundo al que nos tienen sometidas las redes privativas. Lo que empezó hace 10 o 15 años siendo la promesa de la reconexión, la explosión de la socialización global, terminó siendo una pesadilla de tiempo secuestrado, cabezas bajas en el metro y falsa sensación de cercanía. Cuando abres los ojos ves muy claro que no es el enésimo vídeo de gatitos, ni la receta de brownies número 42 que enviamos lo que nos acerca a nuestros seres queridos; es esa llamada, ese audio, ese mensaje de texto para saber cómo estamos, cómo va la abuela, cómo está el tema ese de la casa. Y cuando lo vi —tras lo cual, como se dice comúnmente, ya no lo puedes desver—, decidí que quería hacer algo al respecto.
Estamos en un punto de inflexión, me parece. Cada vez oigo a más gente —no necesariamente cercana a la militancia del software libre— decir que está cansada de la dinámica en la que llevamos atrapadas estos años. No hay necesariamente una hoja de ruta ni una alternativa clara, pero sí hay un hartazgo generalizado de estar horas dándole al dedito para ver un montón de cosas solo tangencialmente interesantes pero altamente adictivas. El algoritmo nos conoce bien, pero no hay remedio contra el cansancio, o churn, como lo llaman en Silicon Valley.
Yo aquí he venido a dar brochazos de realidad a la gente cansada, y un hilito de esperanza a quienes decidan salir de la espiral. No solo hay vida después de Instagram o Tiktok, si no que además hay una tremenda sensación de libertad, de haber roto las cadenas, y de verte más cerca de tu gente —a pesar de que no te estén mandando tres reels cada día. Porque las redes no son Instagram, Mark Zuckerberg ni ningún tecnobró de Silicon Valley. Parafraseando el título del libro de Marta G. Franco, las redes somos nosotras. Las redes somos tú y yo.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🗡️ Escena sobre dos personajes del croquis, en tercera persona, corregida. He elegido a la guerrera y al «oso», también de forma aleatoria, pero me gustó la idea de mostrar que, de alguna manera, se sienten igual de solos.

—Cada vez hay más. —Interrumpe K mirando barranco abajo. —Sí. Siempre caen… —gruñe Oso sentado al borde. —¿Te importa? —Señala con intención de sentarse a su lado—. Las mejores puestas de sol son siempre aquí. —Sí. El sol baja en silencio y solo les acompaña una dulce brisa. Oso y K cruzan alguna mirada y sonríen. K es la única que no le tiene miedo y Oso jamás ha temido a nadie. Se saben los más fuertes, y esto les hace responsables del resto. Ninguno dice nada, aunque alguna vez lo han pensado: su enfrentamiento sería épico. Sentirían latir sus corazones y hervir su sangre. Sus gritos y gruñidos se escucharían durante días y nadie volvería a dormir en paz. Hasta el poderoso dragón correría a su montaña asustado. No tienen claro el resultado exacto salvo que destruirían el bosque y, entonces, ¿qué sería del resto? K nunca esquiva la terrible mirada de Oso. ¿Lo vería como un signo de debilidad? Oso siente como K le mira con respeto. ¿Qué pasará cuando solo sea un animal viejo? Los últimos rayos de sol caen sobre el infinito del mar de cuerpos y el momento termina. —Comida… —gime Oso, alzando el morro. —Vaya olfato que tienes, compañero. Estamos en la otra punta —dice K, incorporándose. —¿Ayuda? —bufa Oso y mira en dirección a la aldea de K. —No te preocupes, sabré volver —sonríe K socarrona—. ¿Qué? ¿Te vienes? Mis hermanas deben estar cocinando algo realmente bueno. —No lucha… —gruñe Oso mirando las garras de una de sus patas. K sonríe sujetando el mango de su espada. —Que se atrevan.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober11 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober

Cuentan las guerreras que una vez se extendió el hambre por el Bosque. Cuentan, mientras me giran para que se dore mi carne, que el sufrimiento y el miedo se enquistaron hasta en las raíces. Cuentan, mientras me sazonan y riegan con mi propia grasa, que la caza prendió sus corazones. Cuentan, mientras me rajan y sirven, que juraron no volver a pasar hambre.

 
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from Cuaderno de un solo ojo

#Chucktober #Chucktober10 https://sidiostedalimones.com/blog/2025/chucktober/

Estoy seguro, es una risa. No es un animal, es alguien, y está en movimiento. Unas veces más floja y otras más fuerte, debemos estar relativamente cerca. Ahora parece sonar por allí. «No, por allí». «Espera, ¿hay más de una?». Empiezo a sentir algo de presión en el pecho mientras acelero el paso. Las risas van aumentando y me rodean. Corro. Corro como puedo, sorteando la vegetación, colándome entre los árboles. Evito piedras y raíces, pero no conozco el terreno. Tropiezo, trastabillo, choco. Las risas no paran. «¿Me estaré moviendo en círculos?». pronto llego a un claro y las risas parecen inundarlo. Vienen de todos lados, pero nadie entra. Aumenta de intensidad formando una barrera y me tapo los oidos; no sé qué otra cosa hacer. Unas ramas se mueven a un lado, alguien sale. No alguien, yo. Soy yo. Riendo. Riendo y con la mirada perdida. Otro ruido, por detrás, y otro yo sale entre los árboles. Luego otro, y otro. «¿Cuántos estamos aquí, hosita? ¿Y de qué se ríen?». No paran de salir. Ahora sí se acercan, son demasiados. Somos demasiados. Sus bocas ríen pero sus ojos gritan. Más y más fuerte. Todos a la vez. La risa ya no parece tan divertida.
—Jaja —me digo, «¿Lo pillas?», la «risa» ya no tan parece divertida—. Jajaja, ¡JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJA!

 
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from Francisco Molinero

Hace unas semanas comentaba con mi hija que sigue estando presente el erróneo concepto de raza entre nosotres con escalofriante tranquilidad. No me refiero al racismo que es evidente y que hace hoy en día que las personas racializadas obtengan un plus de sufrimiento para sobrevivir, sino a la teoría pseudocientífica que lo soporta. Se me ocurrió entonces hacer una Encuesta en Mastodon para comprobar el arraigo del concepto. Hay que tener en cuenta el escaso valor científico de la encuesta, realizada además entre quienes están en mi Línea Temporal lo que les da un sesgo muy evidente hacia la izquierda política. Han contestado más de 150 personas y para sorpresa de nadie el 22% de quienes contestan piensan que las razas existen o tienen dudas. En los comentarios que reseño más abajo se matizan algunas de las respuestas y es posible que algunos de los síes se correspondan más con el hecho de considerar que los efectos del racismo son reales que con el convencimiento de que existen rasgos genotípicos que nos hacen diferentes y distinguibles. El concepto de raza parece que sigue anclado como cierto entre nosotres y por desgracia permea en personas de izquierda.

Tengo que empezar este pequeño artículo de forma contundente:

“Las razas no existen, ni biológicamente ni científicamente. Las personas por su origen común, pertenecen al mismo repertorio genético. Las variaciones que podemos constatar no son el resultado de genes diferentes. Si de “razas” se tratara, hay una sola “raza”: la humana.” (José Marín González, Doctor en Antropología de la Universidad La Sorbonne de París)

Así es NO existen diferentes razas cuando hablamos de personas.

La clasificación racial ahora abandonada, distinguía tres grandes razas: la blanca, la negra y la amarilla. Esta clasificación era compatible con el uso político de la raza durante el periodo colonial de finales del siglo XIX y principios del XX. Tal esquema tripartito mantenía a los europeos blancos claramente separados de sus súbditos africanos, asiáticos y pueblos originales americanos.

Aunque se suponía que las razas se basan en material genético compartido (heredado de un antepasado común), los primeros eruditos utilizaron rasgos fenotípicos (generalmente el color de la piel) para la clasificación racial. La clasificación racial tradicional asumía que las características biológicas, como el color de la piel, estaban determinadas por la herencia y que eran estables (inmutables) durante muchas generaciones. Sabemos ahora que una similitud biológica no indica necesariamente una ascendencia común reciente. El Homo sapiens no ha desarrollado razas distintas. Las similitudes biológicas entre los grupos humanos pueden reflejar – más que la ascendencia común – adaptaciones similares, pero independientes, a fuerzas de la selección natural similares, como el grado de radiación ultravioleta del sol en el caso del color de la piel, por poner el ejemplo de sesgo más usado. El color de la piel es un rasgo biológico complejo que depende de varios genes. La melanina, el principal determinante es una sustancia química fabricada en la capa externa de la piel. Ofrece protección contra diversas enfermedades como las quemaduras solares y el cáncer de piel. Es ventajoso tener mucha melanina si se vive en los trópicos donde la radiación UV es intensa. Fuera de los trópicos el color de la piel tiende a ser más claro. En América las poblaciones tropicales no tienen la piel muy oscura porque el asentamiento de los ancestros asiáticos de piel clara de los primeros pobladores fue relativamente reciente y no se remonta a más de 20.000 años. Fuera de los trópicos el papel de la melanina en el bloqueo de la radiación UV puede convertirse en una desventaja selectiva porque dificulta la producción de vitamina D. La deficiencia de vitamina D reduce la absorción intestinal de calcio que puede provocar la enfermedad nutricional del raquitismo. El color claro de piel maximiza la absorción de la radiación de UV y por tanto la fabricación de vitamina D. En el caso de los inuit una de las razones por las que no están pálidos es porque no han habitado esta región durante mucho tiempo, en términos geológicos y su dieta tradicional en aceites de pescado aporta suficiente vitamina D para que no sea necesaria una reducción de la pigmentación. El cambio en la dieta produce que sufran raquitismo y osteoporosis. Otro efecto es que la melanina ayuda a conservar el folato en el cuerpo humano y por tanto protege de los DTN como la anencefalia que provoca mortinatos o la espina bífida.

Las razas humanas son categorías culturales, es decir, construcciones sociales que derivan de los contrastes percibidos en sociedades particulares, más que de clasificaciones científicas basadas en genes comunes. En Estados Unidos, las etiquetas raciales como blanco y negro designan categorías construidas socialmente definidas por la cultura estadounidense. La clasificación racial americana, gobernada por la regla de la hipofiliación, no se basa ni en el fenotipo ni en los genes. Los hijos de uniones mixtas, independientemente de su aspecto, son clasificados en el grupo del padre de la minoría.

Para quienes estéis interesades en el nacimiento de este concepto pseudocientífico os recomiendo la lectura de la vida y obra de François Bernier cuya obra Nouvelle division de la terre par les différentes espèces ou races qui l'habitent publicada en 1684 es considerada la primera clasificación moderna de las distintas razas humanas. De paso el concepto de que la raza blanca de verdad es la caucásica dejándonos a muchos españoles a merced de vaya usted a saber qué raza.

Otro personaje a tener en cuenta es Johann Friedrich Blumenbach que estableció que había cinco grandes grupos humanos: caucásicos, mongoloides, malayos, americanos y etíopes o negroides pero llegó a la conclusión que las diferencias entre ellos no justificaban un relato racial: “All national differences in the form and colour of the human body [. . .] run so insensibly, by so many shades and transitions one into the other, that it is impossible to separate them by any but very arbitrary limits.(Blumenbach [1825, 35−36])”

En el lado opuesto Meiners En su obra The Outline of History of Mankind proclamaba como principal característica de una raza su belleza o fealdad. Las razas “feas” eran consideradas inferiores, inmorales y de condición cuasi-animal. Los negros se distinguían de los blancos por su carencia de virtudes y lo terrible de sus vicios.

No no existen las razas humanas aunque sí perdura el poso que dejaron estas personas en la cabeza de muches de nosotres y sobre todo en el uso opresor del concepto que justifica la extorsión, la esclavitud, el genocidio y tantas otras barbaridades hoy en día. Por último me gustaría recordar que el racismo como cualquier otro prejuicio es como los packs de zumos, indivisible, así que donde hay un racista habita un machista, un nacionalista. Siempre.

Espero haber contribuido a aclarar algo este tema.

Comentarios recibidos en la encuesta:

“las razas entendidas como etnias, aclaro.”

“No existen las razas humanas en sentido biológico. Lo que sí existen son variaciones genéticas mínimas entre poblaciones, adaptaciones al entorno (color de piel, rasgos, proporciones, etc.), pero no diferencias suficientes para dividir a la humanidad en “razas”. El término “raza” es una construcción social e histórica, no científica.”

“¿Dónde pones la frontera entre una “raza” y otra? yo puedo parecer “blanco”, pero si me pones al lado de un nórdico, no está tan claro”

“Por lo que creo que queda claro que no hay razas en la especie humana.”

“Quizá deberíamos hablar de etnias.”

“Científicamente no existen razas, solo existe una, la raza humana.”

“Esto es así en principio pero luego leo quejas porque los ensayos clínicos se hacen solo con individuos blancos y los resultados no son extrapolables. Y no puedo evitar ver ahí algo que no encaja. De ahí mi “no sé”. Claro que si por raza os referís solo al color de la piel es otra cosa. Yo lo he interpretado como derivas genéticas asociadas a ciertos grupos de población. Y ahí ya “no sé”.”

“Pero esas cuestiones que tienen que ver con variación genética poblacional no sé si tiene que ver con el concepto de “raza”. Por poner un ejemplo, la movida que tienen los británicos con el Nolotil.”

” se ve que en humanos todo es un constructo para señalar al diferente, matarle e infundir miedo al resto, mi mayor y húmedo deseo es tener un mosaicismo klinefelter y así poder distanciarme de la especie. Se siente mucha vergüenza estando en el bando opresor.”

” biológicamente no, socialmente si. Fueron creadas, instauradas y aun son sostenidas por el “pensamiento” y status quo blanco occidental para perpetuar su jerarquía y justificar de múltiples formas la opresión de la que se benefician. Es importante matizar esto pq hay una violencia muy común q comete la blanquitud q es decir q no ve razas q solo ve humanos negando e invisibilizando las estructuras de opresión q establecieron con la invención de razas y las violencias q perpetuaron y perpetuan para mantener sus privilegios, y pues negando el problema no se actúa para solucionarlo.. Es algo muy común cuando la gente aun habla desde la colonialidad mental..”

“es difícil responder a esta pregunta, porque existir diría que no existen... pero no se puede negar que exista la discriminación por racialización aunque bueno, en ese contexto tampoco sería correcto hablar de raza sino en todo caso de rasgos de apariencia.”

“para asuntos médicos sí haría distinción, para discriminar no”

“Son un invento simbólico para perpetuar y sostener la dominación de unos grupos humanos sobre otros.”

” son un constructo social, pero eso no hace el racismo menos real. También es un constructo social el dinero, por ejemplo”

” la raza humana, ná más, ¿No?, aunque sea una mijita inhumana”

“Suelo trabajar desde un posicionamiento que bebe de los estudios raciales. Las razas, biológicamente, no existen. El racismo científico que tuvo su momento álgido en el siglo XIX, comenzó a desinflarse y se precipitó al abandono tras la II guerra mundial.

Ahora bien, el concepto de “raza” sí existe como constructo social, económico, cultural y fenomenológico. Y no me refiero a componente étnico. “Raza” proviene de “razzia”, es decir, marcar un límite, diferenciar una cosa de otra. La división entre personas blancas, negras, marrones, mestizas, etcétera, es fruto del colonialismo europeo y sigue operando a día de hoy. Que las personas blancas neguemos las razas (amparándonos en la ciencia) es un privilegio más de nuestra blanquitud que nos lleva al “color blind”, decir que no vemos distinción porque todes somos de la especie humana. Pero la verdad es que la experiencia de una persona identificada como negra, marrón o mestiza dista mucho de la cotidianeidad de una persona blanca. Ojalá en 50 o 90 años podamos decir que no existen las razas, pero, para llegar a este fin, hay que trabajar fuerte para que los racismos (institucional, social, interpersonal, político) sean rémora del pasado.

Hay que ser antirracista para eliminar esa división social, económica y fenomenológica.”

“existen, en el mismo sentido en que existen las hipotecas o los pasaportes. quiero decir que es una construcción social y eso no significa que no existan ni que no tengan consecuencias, sólo que no son cosas “reales” en el sentido de tener una realidad física o biológica. Es difícil hablar de estas cosas sin ponerse pedante!”

 
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from Cuaderno de un solo ojo

🙀 Vale, me he saltado un poco las normas porque son dos personajes de mi croquis, uno debe ser el protagonista, y el secundario tiene que hacer de antagonista. Pues son dos secundarios y son antagonistas de pegarse. Lo voy a mandar igual porque me he divertido mucho haciéndolo. Me habían salido la guerrera y el gato, así que los he puesto en el bosque a combatir. Mientras pensaba la escena he pensado que sería súper divertido que el gato hablase maullando, pero para que me cuadre he escrito el diálogo y luego que cambiado las palabras por miaus.

La sangre se me inquieta. Cada músculo me grita que la caza ha empezado. Conozco cada sombra de este bosque y ellas me envuelven y protegen. Hoy, felino descreído, yo soy la noche.

Miau miaau mm miau miiiau. Miaaa mieee mie miiiiaau. ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! Mia mia miau miaauuu. M mi miau. Miiau miiaaa. Miaau. Mm miiiau mm miiiiaaa m ¡MIAU!

No veo el destello de su ojo a tiempo, pasa como una sombra junto a mi y 3 hojas cortan mi hombro. Ninguno gritamos, pero es mi sangre la que mancha el suelo. Es rápida la maldita rata, aunque le ha costado su posición. Está delante, agazapado entre las hojas, sobre ese tronco. No le voy a dar tiempo y hundo la espada. La hundo en la madera.

¿Mia miaa? Miaau miiia. !M MIIII MIAAAAA¡

Siento sus garras anclarse a mi espalda y sus colmillos a mi cuello. Tiene que ser ahora. Hecho la mano atrás, lo agarro fuerte y lo arranco volteándolo hasta tumbarlo de un golpe. Con la espada en su cuello le grito «¡RÍNDETE!». —Miaaa, miauu... —Te tengo, maldito. —Mm, miau mm miiiaa miiau. —No tan cerca como crees, aunque vas mejorando —Le sonrío mientras me incorporo para enfundar la espada. —Mm miiiaaauu... —¡JA! Sigue soñando, bola de pelo —Veo como me tuerce el gesto —¿Qué? ¿Crees que las otras tendrán lista la cena? Hoy hemos cazado bien —le digo guiñándole el ojo. —Miiau, miiia mm miaaau. —Tú siempre tienes hambre, venga, volvamos.

#ElBosqueTenebrosoDeMiMente

 
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from Reflexiones desde el Keuper

Este microrrelato es la novelización de un hecho real, que me ocurrió cuando estuve de estancia en Grenoble en la primavera-verano de 2021. El piso que alquilé no tenía persianas y el sol me despertaba prontísimo, así que hasta el segundo o el tercer café no era persona. El microrrelato lo escribí en Grenoble dos años más tarde. No tiene final, aunque sí lo tiene mi historia, pero, de haberlo incluido, hubiese resultado muy astracanado. Disfrutadlo.

Son las 5:30 y los rayos del sol entran por la ventana sin persianas, incidiendo en la cara de Doclomieu, que se remueve incómodo, se agita y trata de seguir durmiendo, aunque sabe que es imposible.

Diez minutos más tarde se levanta, frustrado por tener que madrugar por vivir en una casa sin persianas. Como todas las mañanas, se prepara su café y sus tostadas. Desayuna tranquilamente y lee un rato antes de prepararse para salir a trabajar. Después de ducharse y vestirse, Doclomieu está listo para salir. Se pone los auriculares y escoge un pódcast, hoy toca uno de humor.

De camino a la parada del tranvía, se le escapa alguna carcajada, seguida de una mirada en torno suyo para ver si alguien le ha escuchado.

Llega a la parada y ve que se aproxima su tranvía. Sin embargo, es uno de los viejos, de esos que no le gustan nada, porque son más pequeños y ruidosos que los nuevos. Deja escapar una nueva carcajada, que le arranca el podcast, y decide dejar pasar el tranvía. Habitualmente, después de uno viejo pasa uno nuevo. Además, el día es agradable y el podcast es muy divertido, no le importa esperar al próximo.

Cinco minutos más tarde, llega el siguiente tranvía, aunque la mala suerte hace que sea también viejo. Doclomieu decide no esperar más, se sube y, como el tranvía está casi lleno, se apoya en uno de los laterales del tranvía, agarrandose a una barra vertical para no caerse. Al arrancar el tranvía, la barra a la que va sujeto se mueve ligeramente. Doclomieu despotrica para sí mismo sobre el lamentable estado en el que se encuentran los tranvías viejos. Al llegar a la siguiente parada y frenar, Doclomieu vuelve a notar el movimiento de la barra.

Cuando el tranvía se pone en marcha de nuevo, Doclomieu escucha, apagada por el sonido del pódcast, la voz de una señora que, en francés, parece estar regañando a alguien. Como él no entiende francés, decide pasar del tema, aunque la voz de la mujer parece cada vez más acalorada. De repente, y antes de llegar a la siguiente parada, la barra a la que va agarrado comienza a agitarse violentamente, hasta que sale despedida de su mano. Doclomieu se gira sorprendido y mira la barra, que ya no está en su mano, pero que, sin embargo, sigue estando en su sitio. En ese momento es cuando la mira con detenimiento, observa que la barra no llega hasta el techo y, cuando mira hacia abajo, ve que la barra está sujeta entre las piernas de una señora sentada, que le mira con cara de pocos amigos y parece estar abroncándole. ¡Ha estado agarrado a una barra de cortina!


Quizás os estéis preguntado que hice tras este momento de vergüenza absoluta... Como no quería sujetarme de nuevo a ninguna barra, me senté en el único sitio libre que había en el vagón, con tan mala suerte que era justo delante de la señora. Íbamos sentados cara a cara. Yo iba escuchando La Ruina y me fui riendo todo el viaje, delante de ella, hasta que sé bajó un par de paradas antes que yo. Me iba riendo del pódcast, pero no me di cuenta de que la señora pudo interpretarlo como que me iba riendo de ella. Lo bueno es que, desde entonces, tengo historia para contar si alguna vez voy a ver a La Ruina. Y la señora también tiene historia para contar, si es que existe La ruine.

(Por escrito pierde mucho, pero a todas las personas a las que les he contado esta historia se han reído a carcajadas).


El jajajashtag de hoy es #Relatos

 
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from Francisco Molinero

He pisado cristales con los pies desnudos sin querer creyendo que caminaba sobre una alfombra mullida y ahora estoy dolorido. Me paro a pensar mientras el aire me acaricia la cara sin parar como una mano delicada que me cuidara y me siento reconfortado. No sé si el tiempo me empuja o me obstruye constantemente en una pelea que estoy seguro ya he perdido y entonces lo veo claro.

 
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from Francisco Molinero

Hace días que vengo notando una cierta sensación de extrañamiento con respecto a Mastodon. Noto estar viviendo un alejamiento de lo que me hizo maravillarme cuando hace un par de años la salida de mucha gente de Twitter para llegar al Fediverso, convirtieron una red medio muerta en un sitio agradable donde estar. Nada ha cambiado en la red que la haga peor. Sigue siendo un sitio amable donde leer y compartir, así que he sido yo el que ha cambiado, creo. Desde hace un tiempo, que decidí pausar el envío de una imagen de un ave al día, con lo que yo consideraba información relevante de la misma y he empezado a tener una actitud más pasiva, más de leer, he notado la sensación de no pertenecer claramente a la tribu. Es verdad que a este sentimiento ha contribuido alguna contestación más ácida de lo normal a lo que yo creía que eran mensajes de apoyo y seguro también aporta su grano de arena que estos días no están siendo del todo fáciles en lo personal. Todas las chinas se van juntando en los zapatos para no sentirlos cómodos. Las temáticas que veo en mi línea temporal y en las que no puedo participar por falta de interés, los debates sobre el cambio de hora, las fiestas de otoño que hace años que me son tan extrañas e irrelevantes como las muy católicas de navidad que por desgracia se acercan, los programas de TV que no veo, los podcaster que no sigo, los influencers a los que no conozco o el tiempo que siempre es demasiado caluroso o demasiado frio. Casi todo me resulta ajeno y empiezo a pensar que no cuadro en la foto, mi imagen sale movida mientras el mundo permanece nítido posando con cara de felicidad, como si en el último instante antes del flash hubiera sentido un impulso y en vez de sonreír me hubiera movido unos milímetros huyendo. Huir se me da de perlas. Puede que sea una especialización en la que he encontrado una forma de ser que sin embargo no me agrada. A estas alturas de la vida debería estar más asentado, más convencido de haber hecho todo lo posible y de alguna manera a gusto conmigo mismo, pero no es así. Sigo saliendo algo movido en la foto y empiezo a no tener herramientas para corregir el problema. Voy a respirar un poco más profundo y más lento a ver si de esa manera consigo amoldarme a una realidad que parece más terca que yo y que me viene diciendo hace tiempo que ya está bien de mirar atrás. Queda poco y es mejor que sea bueno de vivir.

 
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