Escritura Social

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from keyeoh

Hoy es 8 de marzo y celebramos el día internacional de la mujer. Poco me parece un día. Deberíamos dar gracias a cada minuto por gozar de la compañía de esa mitad de la humanidad que siempre ha estado ahí, sobre todo en los mejores momentos de nuestras vidas. Y ha estado ahí en segundo plano, relegada siempre de forma sibilina por las normas heteropatriarcales no escritas que gobiernan nuestras sociedades modernas.

No hay debate. El que niega la existencia de la brecha lo hace por ignorancia o porque no desea que las cosas cambien. Te basta hablar con una mujer, interesarte por la historia de su vida, para entender los obstáculos diarios a los que se enfrenta. Las mierdas que tiene y ha tenido que aguantar, sólo por pertenecer al bando “equivocado” de la historia.

Tengo la suerte de haber vivido rodeado de muchas mujeres. Ello me ha permitido añadir su perspectiva vital a muchos de los aspectos que gobiernan mi día a día. Ellas tienen que ser las protagonistas de su victoria final, y es por eso que sé que mi rol es de aliado. No quiero caer en esas trampas mortales de la retórica en las que un grupo de machirulos glosa la figura de la mujer sin tener ninguna cerca. Eso sí, ellas saben que cuentan con mi hacha.

A mi madre, con quien tengo una relación nueve meses más larga que con todas los demás, que me crió y educó con todo el amor del mundo, y que tuvo la mala suerte de vivir su juventud en una época en la que las mujeres no eran ciudadanas de pleno derecho en este país. Gracias.

A mi compañera, maravillosa en todo lo que hace. Madre, amiga, trabajadora, pilar de esta familia. Que me dio la oportunidad y me permitió crecer como persona a su lado. Gracias.

A mis hijas, a quienes les he dicho siempre que no se arruguen, que defiendan sus derechos y que por favor hagan de este mundo un lugar mejor. Vuestro es el futuro. Gracias.

A mis amigas y compañeras de trabajo, de las cuales aprendo de continuo. Mi propósito es escucharos todavía más y apoyar la consecución de esos derechos que os ganáis día tras día. Gracias.

Gracias a todas. Porque un mundo mejor con las mujeres es un mundo mejor para todes. A ver si nos entra en la cabeza de una puta vez, y nos olvidamos de los malditos privilegios.

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

Moverme, hacer, es la forma que encuentro de sentir que tengo cierto control sobre un entorno que me resulta doloroso. Hacer podría conseguir que cambie algo, o quizás no. No hacer es la garantía de que nada cambiará. Hasta llegar a mis límites, seguiré haciendo. No quiero sentir que no hice todo lo que pude, que no lo intenté todo, hasta el último aliento, botón, camino, agujero. Cuando me detengo, por imposibilidad o extremo cansancio, es como si me contemplara cayendo al vacío, siendo alcanzada por un futuro que no deseo y del que intento huir a toda la velocidad que me permiten mis manos. Parar me llena de angustia. Sólo me alivia el hacer. Pero la certeza de que soy alguien más allá de esta persona en continua carrera hacia ninguna parte poco a poco se desdibuja.

 
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from Francisco Molinero

Ayer asistí a un debate entre Nazanin Armanian y Rafael Poch, ambos analistas políticos, ella más especialista en Irán y él en Rusia, sobre la situación en la guerra contra Irán que está sucediendo en la actualidad.

Pocas certezas y bastantes incertidumbres y especulaciones. Por ejemplo aprendí que en Irán hay dos ejércitos, uno llamemosle regular y otro que es la Guardia Revolucionaria. Son independientes y después del asesinato de gran parte de los líderes del país muy malamente coordinados.

Nazanin nos habló de una línea estratégica que se inicia tras la caída de la URSS y el derrocamiento del Sha por parte del pueblo Iraní. Irán entonces es un fuerte aliado de EE.UU. y la estrategia a partir de ese momento consiste en imponer al anticomunista Jomeini al frente e instaurar la República Islámica que se dedica a masacrar cualquier atisbo de oposición por la vía del asesinato de miles y miles de personas. Kurdos, izquierdistas, ateos, palestinos. Sí Jomeini es el encargado de acabar con Arafat y su partido político Al Fatah que a los ojos de EE.UU. y de Irán estaba lleno de ateos e izquierdistas. La estrategia según esta analista, de los EE.UU. es la de ir acabando con todas las revoluciones árabes que se daban en la zona. Acaban con Irak, con Libia, con Afganistán, con Líbano, con Siria, con Pakistán, con Palestina y crean un círculo de seguridad alrededor de Israel. El ataque a Irán es un paso más de esta estrategia. Poch sin embargo considera que la decisión de los EE.UU., no la de Israel, es absolutamente improvisada y el resultado es bastante incierto dado que el levantamiento del descontento popular para derrocar al gobierno no parece plausible. La respuesta de Irán ha causado estupor en el bando atacante. Cierre en la práctica del estrecho de Ormuz por donde pasan importantes cantidades de Petróleo, Gas y comercio en general. Golpeo de infraestructuras militares en los países árabes de la región, hostigamiento en territorio de Israel, especialmente en Tel Aviv. Cada día que pasa la guerra se complica más para los EE.UU. que necesita gran cantidad de armamento de intercepción (misiles Patriot o similares) con costes de más de tres millones de dólares, frente a drones con costes de poco más de 50.000$. En el año 2025 se construyeron 620 misiles tipo Patriot. Ukrania se ve afectada y ya sabe que no contará con esta ayuda. China presta ayuda de inteligencia con sus satélites al gobierno Iraní, pero no se moja a la espera de que su enemigo se parta los dientes en una guerra sin estrategia según describía The Economist. Rusia se debate entre esperar y ver o lanzar una nueva ofensiva en Ukrania aprovechando la situación.

La guerra puede durar unas semanas, quién sabe, los efectos económicos van a aflorar y puede que revienten las burbujas que se han creado como la de la IA, cada día siguen muriendo civiles en medio de un escenario de estrategias de dominación, decisiones impulsivas y gobiernos repugnantes.

EE.UU. es un imperio que muere y piensa hacerlo matando.

 
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from keyeoh

Pues resulta que tengo la espalda bastante tocada. Eso ha dicho el médico. Como buen coleccionista, me he hecho con unas cuantas hernias de diseño. Y luego he rematado con algo de artrosis porque lo de las hernias ya estaba muy visto. Un cuadro.

La verdad es que grave, grave, no es. Tengo en mi entorno a gente pasándolo mucho peor. Quizás lo que menos estoy llevando es el diálogo conmigo mismo. Ese en el que me recuerdo que ya tengo una edad, que la entropía es muy suya, y que al final todos vamos degenerando. Cada uno a su ritmo.

Ninguna crisis de la mediana edad sin sus achaques. Ningún medio siglo sin llegar al ralentí. Me tendré que poner en modo ahorro de batería, y olvidar todas las actividades que requieren de alegría y movimiento de cadera. Bueno, todas, todas, no.

A estas alturas poco importa si el culpable fue el deporte descontrolado, los entrenadores indocumentados, mi yo adolescente haciendo burradas, o el primo hermano de una dieta baja en calcio. Mi espalda ha dicho que necesita mimos y yo, obediente, voy a hacer todo lo posible por contentarla.

Porque se lo merece. No en vano lleva muchos años aguantándome.

 
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from Notas al margen

No puedo programar.

Bueno, sí puedo. Pero no puedo hacerlo en casa. No puedo hacerlo como hobby.

Por más que lo he intentado, me aburro. Me canso. Y lo dejo.

Pero no sé por qué lo sigo intentando.

Pensé en juegos, en apps. Pero al final todo queda en la idea, en un proyecto a medio coser. Y así, poco a poco, fui dejando un montón de cadáveres en mi GitHub.

Tengo amigos que lo disfrutan. Que pueden dedicarse a esto y aun así seguir con sus proyectos personales. Pero yo, por más que lo intento, no lo puedo separar.

Para mí es trabajo.

Algo que hago para ganarme la vida.

He tenido momentos en los que lo he odiado. Otros en los que lo he amado. Pero, ante todo, sigue siendo trabajo. No un hobby. Quizás en los primeros años fue así, pero cuando me dediqué a esto dejó de serlo.

Y cuando llego a casa, lo último que quiero es trabajar.

A veces siento la obligación de hacerlo. Como si tuviera alguna obligación de crear.

Y creo que debo dejar de intentarlo.

Porque al final no me lleva a ningún lado. Solo a más proyectos muertos. A más ideas que nunca terminan.

Así que hoy dejo todo.

No más proyectos muertos. No más intentos vanos. No más repositorios abandonados.

Por fin me he dado cuenta de algo simple: no puedo convertir mi trabajo en un hobby. Me es imposible.

Seguiré programando mientras sea mi trabajo.

Pero el día que deje de serlo, será también el último día que escriba una línea de código.

 
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from keyeoh

Dejemos por hoy el narcisismo a un lado. Hablemos de ella. La razón por la que estoy vivo. El calor que me sirve de faro cuando vuelvo a casa entre la niebla. La que evita que todo se hunda y convierte en calma chicha lo que hace un momento eran tormentas.

Ella siempre ha estado ahí. Ha sido el pecho sobre el que derramar lágrimas, y la mirada que todo lo entiende y respeta. Eso en los momentos malos. Me cuesta por otro lado recordar algún instante de felicidad del que no haya sido cómplice.

A veces soy malo con ella. Discuto, critico, o simplemente la descuido. Los locos es lo que tenemos. Mordemos la mano que nos da de querer. Pero me basta un segundo sin ella para darme cuenta de lo mucho que la necesito. Y entonces lamento todas y cada una de mis acciones que hayan podido insinuar siquiera una tara en su comportamiento.

A lo mejor no es perfecta. No lo puedo ni imaginar. Pero sé que es la pieza del rompecabezas que vino a mostrarme el paisaje, la visión general de una vida que merece la pena. Es mi compañera de viaje y mi destino.

A veces, se marchita un poco y parece una película a cámara lenta. Me gusta en esos momentos ofrecerle un abrazo, tratar de devolverle una ínfima parte de todo lo que ella me ha dado. Creo que lo consigo.

Con ella he mejorado como hombre, como padre y como hijo. Como compañero y amigo. Es la mejor madre, amiga, compañera, confesora, cuidadora, asesora y persona con la que podía haber soñado.

Escribo esto desde un tren que me lleva a toda velocidad hacia sus brazos. Cada segundo se me hace bola. Cada parada es un pequeño martirio, tolerable porque sé que, al final de la vía, ella me espera.

 
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from El rincón de ferlagod

Si hay algo que he aprendido en los últimos años es que EE.UU. no es el aliado que muchos creen. Cada vez más, sus políticas y acciones demuestran un desprecio total por la soberanía y los intereses de otros países, incluyendo a sus supuestos aliados en Europa. Y si hay algo que me ha hecho perder la paciencia por completo es la actitud de Donald Trump hacia España y Europa en general.

Lo último: Amenazas y chantajes

Recientemente, Trump ha vuelto a demostrar su desprecio por España y Europa. En una serie de declaraciones, ha amenazado con cortar las relaciones comerciales con España y aplicar embargos por nuestra negativa a permitir el uso de las bases militares en Rota y Morón para ataques contra Irán. Pero esto no es nuevo. Ya hemos visto cómo EE.UU. utiliza su poder económico y militar para imponer su voluntad sobre otros países, sin importarles las consecuencias para los demás.

Según un artículo de ElDiario.es, Trump ha dicho: “Podría parar todo lo relacionado con España, todos los negocios relacionados con España; tengo derecho a pararlo. Embargos. Hago lo que quiera con ellos, y podríamos hacerlo con España”. Y si esto no es suficiente, también ha cargado contra el Reino Unido y otros países europeos por no seguir sus órdenes.

Pero España no se ha quedado de brazos cruzados. El gobierno ha respondido que no permitirá el uso de las bases para acciones que no están amparadas por la legalidad internacional. Y aunque esto es un paso en la dirección correcta, es hora de que los ciudadanos también tomemos medidas.

Boicotear a EE.UU.

No se trata solo de políticas internacionales. Se trata de cómo EE.UU. trata a sus aliados y cómo sus acciones afectan a personas comunes y corrientes. Cada vez que compramos un producto de Apple, usamos Google o compramos en Amazon, estamos financiando a un gobierno que no duda en amenazarnos y chantajearnos cuando no hacemos lo que quiere.

¿Por qué deberíamos seguir apoyando a empresas que no respetan nuestra soberanía y privacidad? ¿Por qué deberíamos seguir financiando a un gobierno que nos trata como vasallos?

Afortunadamente, hay alternativas. Durante años, he estado migrando mis servicios y productos a opciones europeas y de código abierto. Desde mi mudanza de Blogger a WriteFreely hasta mi uso de Forgejo para gestionar mis proyectos de código, he encontrado que hay muchas opciones que respetan nuestra privacidad y soberanía.

Por ejemplo, en lugar de usar Google, podemos usar Qwant, un motor de búsqueda europeo. En lugar de Amazon, podemos apoyar a librerías locales o usar plataformas europeas de comercio electrónico. Y en lugar de Apple o Microsoft, podemos usar software libre y hardware de empresas europeas.

Es hora de que dejemos de financiar a EE.UU. y comencemos a apoyar productos y servicios que respetan nuestros valores y nuestra soberanía. No se trata de odio, sino de amor propio y de supervivencia.

Así que, si estás harto de las políticas de EE.UU. y quieres hacer algo al respecto, te invito a un boicot. Deja de comprar productos de Apple, Google, Amazon y otras empresas estadounidenses. Busca alternativas europeas y de código abierto. Apoya a empresas locales y productos hechos en Europa.

Porque al final del día, cada euro que gastamos es un voto. Y es hora de que votemos por nuestra soberanía y nuestro futuro.

 
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from keyeoh

Llevo ya dando vueltas un tiempo a una teoría loca. La de que el fenómeno de los vasos comunicantes puede servir para explicar muchas dinámicas dañinas que afectan a nuestro día a día. En mi caso, me sirve para explicar cierto patrón que estoy detectando en el entorno laboral en el que me muevo habitualmente. En concreto, estoy hablando de los “IA-bros”, acólitos de la tecnología disruptiva y de la programación basada en “vibras” (como diría algún adolescente).

Imaginemos a un equipo dentro de una empresa. El equipo A, como en la tele. Su función es la de mantener, remozar y actualizar proyectos muy complicados, con mucha lógica de negocio detrás. Esto, para los que no sean del gremio, es una labor muy tediosa, con mucha carga de trabajo y que requiere de mucho esfuerzo cognitivo. Mucho más si, como es el caso de nuestro equipo A, ninguno de los proyectos que manejan fue creado por ellos. Es decir, y esto es importante, su labor siempre es la de mantener productos desarrollados por otros.

Partimos entonces de una situación de, podríamos decir, “secuestro intelectual”. Me explico. Una persona del equipo A se enfrenta a diario a los errores derivados de decisiones tomadas por otra gente. Como bien dicen en algunos tratados de psicología, la combinación de una gran responsabilidad con una total falta de control es la ruta más corta hacia el estrés. Y no meto en la ecuación la desmotivación que eso conlleva porque ya sería jugar con mucha ventaja.

La gente que tomó las decisiones puede seguir o no en la empresa. Puede estar en otros equipos. No tienen por qué ser jefes o cargos intermedios. Su único rol en este escenario es el de perpetradores. Son los que tomaron una decisión. No entro en si esas decisiones son buenas o malas, pero sí en el proceso mediante el cual se toman.

Cuando uno tiene que decidir entre varias alternativas, son muchos los factores que podemos tener en cuenta. Es verdad que al final, muchas veces es nuestro cerebro reptiliano (por favor, discúlpenme los psicólogos por esta burda simplificación) el que la toma sin más, por alguna corazonada. Pero en general valoramos en nuestras cabezas el coste y el beneficio de cada posible camino a tomar.

Ahí es donde yo quería llegar. Tengo la sensación de que, en algunos casos, muchas personas toman decisiones sólo en base al beneficio (y a corto plazo, además) porque inconscientemente saben que el coste se lo va a comer otro. En el caso de nuestra empresa de ejemplo, los miembros del equipo A no tuvieron ni voz ni voto en las decisiones originales, pero ahora se comen a diario las consecuencias de aquellas.

Tristemente, me da la impresión de que esto es algo generalizado. Y que nuestro querido equipo A no está solo en su cofradía. Miramos alrededor y percibimos este patrón en muchas escenas cotidianas. Jefes que compran productos software que nunca van a tener que usar. Tenderos que te recomiendan productos que ellos no consumirían. Curanderos que te prescriben remedios cuyos efectos secundarios no van a sufrir. En general, consejos vendo que para mí no tengo.

En informática, el caso más paradigmático quizás es el de la gente que programa de manera descuidada, porque es consciente de que no va a tener que mantener dicho código. Suele ser la gente que se lleva las medallas, trabajadores del mes que deslumbran con su rapidez. Mi hipótesis es que esto no funcionaría si estas personas tuviesen que responder de sus decisiones, esto es, mantener, documentar y reparar el fruto de su entusiasmo digital. Ya vendrán otros. El equipo A, por ejemplo.

En determinados ámbitos, como el de la investigación, es normal crear engendros tecnológicos, porque normalmente quieres probar una idea de forma rápida. Pero en estos casos la persona que lo crea no tiene pensado ponerlo en producción. Se lo guisa y se lo come, con más o menos dolores de cabeza. Sólo hay que ver muchos de los programas o scripts que acompañan algunos artículos científicos.

No me quiero extender mucho más, así que voy a intentar ir al grano. Lo que planteo es que, cuando los fanáticos de la IA nos venden el aumento de productividad asociado, en realidad ese tiempo ahorrado no desaparece, sino que se transforma y traspasa a otro pringado. Cuando formas parte del equipo A, no te hace mucha gracia que ciertas personas cojan mucha velocidad.

Si alguien deja caer algo de basura al suelo, y nuestra labor es recogerla, se hace y punto. Sobre todo si te pagan por ello y las condiciones son dignas. Pero es que ahora ese alguien esparce la mierda en moto y te piden que lo sigas corriendo.

 
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from Francisco Molinero

La palabra, como tantos anglicismos usados en la actualidad, tiene carga. La podríamos traducir como convertir en fantasma a alguien. Matarle para las relaciones sociales y hacerle transparente o invisible que de las dos maneras se siente la persona condenada como fantasma. Ignorar es más sencillo y creo que aplica bien salvo porque en el acto de convertirte en fantasma hay una intención malévola. La persona que te ignora de esta manera quiere que sufras y lo quiere de una forma consciente, quiere hacer daño. No ignora por desatención o falta de tacto, quiere que sepas que eres ignorade, que lo que hagas o lo que digas va a perderse en un universo de silencio, en un espacio vacío donde no hay propagación para tus palabras y que con eso te castiga y la peor parte del castigo es que tú no sabrás nunca cuál es el pecado cometido y no sabiendo qué pudiste haber hecho mal, no tienes ninguna forma de remediarlo, revertir la actitud, pedir perdón, reparar el daño. Estás condenade a vagar como un espíritu sin que tu presencia cause ninguna respuesta, pensando en el error, haciendo que este se convierta en ti en culpa y la culpa se vaya destilando para que tu autoestima se haga tan fina que desaparezca por arte de magia. Las redes sociales son el ámbito natural de la actitud. Te dejo que me sigas pero no contesto tus mensajes, no reacciono, no comento tus ocurrencias, has dejado de existir, eres un fantasma para mi. Les psicólogues lo caracterizan como maltrato y evidentemente lo es, quien lo sufre lo sabe, quien lo ejerce lo controla con fuerza para que duela. Hay un punto en la vida en la que nos hacemos invisibles para muches, salvo para quien nos quiere. Puede que aquelles que ahora nos invisibilizan sufran la transparencia más tarde. ¿Karma? no creo en el más allá.

 
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from Notas al margen

Tengo algunos posts en el tintero y, mientras se van cocinando, me he puesto a trabajar un poco en un microcuento.

Abro los ojos en medio del océano, quieto hasta el horizonte. Cada cien metros, una barca como la mía. Exactamente como la mía. Un patrón infinito. Rostros distintos; la misma distancia. Nadie se acerca. Nadie rema. Nos vemos, pero no nos alcanzamos. Uno salta. El mar lo traga. Yo no.

 
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from Francisco Molinero

Me gustaría pensar con claridad, pero para eso debería rebajar el ruido de mi deseo, la punzada de los sentimientos y no soy capaz. Hay un pozo que se va llenando con lo que no hago, las conversaciones que no he tenido. A mí me gusta hablar con la gente. Voy a contratiempo, lo sé, pero es así como me reconozco, entendiendo lo que pasa debajo de la piel de otres. Sé que para traspasar la barrera hay que dar y ahora estoy en una fase en la que soy capaz de dar mucho, desprenderme de las capas que he ido tejiendo porque la cuenta atrás ya ha comenzado y no merece la pena llevar alforjas, ni quedarse la experiencia. No me alcanza para saber qué debí hacer y tengo una sensación de estarme equivocando que no me deja ver claro. Ahora solo deseo tener el tiempo suficiente no el de ahora, el de después, el que me rescate del error.

 
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from keyeoh

Hoy vengo menos literario y más personal. Me acabo de levantar, es un domingo por la mañana y he pasado una noche horrible. Me siento en este momento como si me hubieran pegado una paliza un alegre grupo de drugos vestidos de blanco y de gustos neoliberales extremos. De hecho, me ha costado mucho esfuerzo el sentarme aquí y cumplir con mi compromiso diario. Porque sí, tengo un propósito que empezó como hábito a adquirir en el 2026 y que ya se ha instalado en mi vida. Todos los días me siento y escribo durante un mínimo de quince minutos.

Y ya está. Así de simple. Lo único que quería era seguir los consejos del señor James Clear en su famoso libro “Hábitos Atómicos”. A saber, ponerse metas muy bajas pero frecuentes, anclar los hábitos a otros ya instalados en nuestra vida, y regalarme alguna recompensa una vez terminada mi incursión diaria. Lo último fue fácil. Chocolate.

Lo bueno es que parece que la cosa ha cuajado. Llevo ya muchos días escribiendo sin pretensiones. Una entrada del blog por aquí. Avanzando con algún proyecto aparcado por allí. Sin pretensiones. Sin metas. Sin plazos. Puedo decir que la cosa funciona cuando, hasta en días como hoy, me encuentro aquí asomado al teclado.

Hoy no he dormido bien. Me he levantado como cuatro veces al baño (mi vejiga debe de ser como la de un click de Playmobil, porque tengo menos autonomía que un móvil oxidado). Arrastro un dolor de espalda continuo desde hace meses que empeora mucho en la cama. Añadimos una pizca de mi habitual ansiedad y todo listo y en bandeja.

No tengo nada grave. Sobre todo, cuando lo comparo con el estado de salud de alguno de mis amigos. Según mi psicóloga, es necesario apreciar también esa condición, esto es, nuestro lugar en el mundo del sufrimiento físico y mental. La clave, sin embargo, está en el verbo “apreciar”. Aquellos que, como yo, no tengan la salud mental en la columna de las ventajas, sabrán entender que, precisamente, la parte de la percepción es donde reside la mayor vía de agua. ¿Cómo puede uno “apreciar” lo bien que está en comparación con los demás si sus sentidos le transmiten lo contrario?

Yo, además, siempre comparo el dolor de espalda con el de muelas o el de cabeza. Son situaciones que no tienen por qué ser provocadas por ninguna dolencia grave. Sin embargo, ese runrún continuo puede llegar a afectar con gran fuerza a una estructura mental ya de por sí frágil. Por otro lado, la pequeña parte de uno que sí es consciente del privilegio de estar sano se viene arriba y sube la apuesta añadiendo un quintal de culpa a la ecuación.

Para romper con este círculo vicioso, la psicología normalmente recurre a técnicas escritas. Parece ser que el hecho de escribir y razonar sobre nuestras distorsiones cognitivas ayuda bastante a ver con claridad. Por eso a veces escribo sobre estas cosas aquí, y abandono el tono más literario. Porque quiero desahogar, soltar alguna de estas pesadas alforjas llenas de mierda y meditar sobre la situación real y privilegiada en que me encuentro.

 
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from El escritorio de McAllus

Ōka Haruhisa estaba sentado con los ojos cerrados en posición de loto. Las puertas de su despacho se encontraban abiertas hacia el pequeño jardín interior. El frescor primaveral de la madrugada le había acompañado durante toda la noche de meditación. Su kimono blanco apenas le había mantenido abrigado, y agradeció los primeros rayos de sol de la mañana sobre su rostro.

Mientras se levantaba, sus veteranas articulaciones crujieron al ponerse en movimiento tras tantas horas. Caminó despacio hacia su escritorio y se detuvo a mirar el cerezo en flor que ocupaba la mayor parte del patio. Al mirarlo su mente viajó muy atrás en sus recuerdos.

Como regalo en la ceremonia del genpukku, su padre le había entregado unas tierras donde construiría su propio hogar para vivir hasta que heredara Eizakura-jō, la fortaleza ancestral de su familia. Su madre le entregó un pequeño esqueje de cerezo que treinta años después, era un árbol maduro como él mismo. Aún recordaba el olor y la textura de la tierra cuando lo plantó con sus propias manos.

Terminó su paseo hasta el escritorio y se sentó de rodillas. Mojó el pincel en tinta y dejó su mano fluir. Leyó los versos, sonrió y dejó el papel de arroz en la mesa.

Caminó por la casa desierta, atravesando todas sus habitaciones. No había pasado una noche allí desde que heredó el liderazgo del clan hacía quince años. Detuvo su deambular junto a la puerta principal donde colgaba el kamon del clan: un kitsune de nueve colas, su pelaje teñido del delicado rosa de los cerezos en flor y del profundo verde del jade.

Salió al enorme jardín, que iba desde allí hasta los muros que aislaban la casa del resto de la ciudad. El viento trajo unas pocas gotas del riachuelo que atravesaba toda la finca. Fue como el abrazo de un viejo amigo. Sin detenerse caminó hacia el pequeño dojo que había en el extremo este.

Dentro ya estaban todos los asistentes a la ceremonia. Al entrar a la izquierda se encontraban Toyozakura Genji y Sakuragawa Haruji, los daimyo de las dos familias vasallas más importantes del clan. Les saludó con una leve inclinación de cabeza, ellos respondieron con una reverencia más profunda.

A la derecha de la entrada se encontraba su hijo Fumabei con su esposa embarazada Masako. Les dedicó a ambos una pequeña sonrisa. La joven apretó con fuerza la mano de su marido. Lamentó que su hija Rikei no hubiera podido dejar sus deberes en las lejanas Ciudades Libres para asistir.

Al fondo de la sala estaba Mitsunaga Hitsuhito, el hijo de la luz, emperador de las tierras benditas por el Sol y las Lunas. Por respeto no miró directamente su rostro pero quiso suponer que compartía la mirada de pesar con todos los demás.

A la izquierda del Emperador, Takemitsu Toki, su viejo compañero de batallas y yojimbo del emperador. Con él sí cruzó una mirada y ambos inclinaron levemente la cabeza. A la derecha del hijo de la luz una mujer de largo pelo blanco con el rostro tapado con una máscara de oni, la Voz del emperador.

Haruhisa alcanzó la esterilla que había por delante del elegido de los cielos y se arrodilló tocando con la frente el suelo. La Voz del emperador habló.

—Haruhisa-sama, estamos aquí reunidos para que pagues por tu fracaso en el ejercicio de tus deberes —su tono no expresaba ninguna clase de sentimiento—. El emperador Mitsunaga Hitsuhito-dono, en su eterna y celestial benevolencia, le permite realizar la ceremonia del seppuku debido a sus anteriores gestas al servicio del imperio.

—Y yo humildemente acepto su benevolencia y agradezco su iluminada presencia.

Se enderezó de rodillas y se giró, dejando a su izquierda al emperador con su séquito y a la derecha a su familia y vasallos. Quedó de frente, contemplando el pequeño altar a la Fortuna de los guerreros. Dejó caer la parte superior del kimono y puso las manos sobre sus muslos.

Toki se situó a su lado, para ejercer de kaishakunin, y desenvainó su katana.

—El emperador quiere que sepas que le desagrada este desenlace, pero es necesario para mantener la paz imperial —susurró su amigo—. Nos aseguraremos de que ningún otro clan intente nada más contra el tuyo.

Haruhisa asintió. El aire se volvió denso, como si el jardín entero contuviera la respiración. Desenvainó el tantō con cuidado reverencial. La hoja devolvió un destello pálido. Reconoció las muescas diminutas del acero antiguo. Había pertenecido a su padre.

Por primera vez, dudó. No del acto, sino de la palabra que le había llevado hasta allí: honor. ¿Era honor aceptar la culpa? ¿O era orgullo disfrazado de obediencia?

El pulso se aceleró y sintió un latido seco en las sienes. Clavó la punta del cuchillo en su abdomen. El dolor fue inmediato, limpio, casi luminoso. Lo deslizó con firmeza, notando como el acero abría no solo la carne, también años de decisiones.

No gritó.

Mientras trazaba el corte, comprendió que el honor no era pureza, sino peso. Y que todo linaje se sostiene sobre sacrificios que nadie celebra.

Cuando el mundo empezó a oscurecerse, sintió el movimiento de Toki a su lado.

Un susurro apenas audible:

—Descansa, hermano.

La hoja descendió.

El cerezo dejó caer un pétalo, que fue arrastrado por el viento sobre el papel de arroz:

Cae la flor. El tronco sigue erguido. No hay regreso.

FIN


Apéndice: Daimyo: Señor de familia o clan Eizakura-jō: Castillo del Cerezo Eterno Genpukku: Ceremonia de mayoría de edad Kaishakunin: Asistente en la ceremonia del sepukku encargado de decapitar al que lo realiza. Kamon: Símbolo familiar (como un escudo heráldico) Katana: Espada larga japonesa. Kimono: vestimenta tradicional. Kitsune: Zorro mitológico de nueve colas Oni: Demonio japonés Seppuku: Suicidio ritual para restaurar el honor. Tantō: cuchillo corto. Yojimbo: Guardaespaldas


Este fue el ejercicio que llevé a clase para la semana 15 del taller de escritura de librería Luces 2025/2026. La verdad es que debíamos homenajear a Katherine Mansfield, de quien solo he leído el relato Felicidad. En este relato sale un peral, que me llevó a un cerezo y a escribir tres páginas de una nación de mi mundo de fantasía que ni siquiera sale en la novela (solo se menciona porque hay un secundario de este país).

 
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from El escritorio de McAllus

Richard terminó de ajustar las cuerdas de su arpa. Se pasó la mano por su frondoso pelo blanco, como hacía siempre antes de tocar.

Unos bellos acordes recorrieron las hojas de los árboles. Incluso los insectos y animales nocturnos se callaron.

—Amor mío —susurró una voz de mujer.

Una joven vestida con un elegante y vaporoso vestido rojo surgió de la niebla que rodeaba la pequeña colina donde estaba sentado el hombre, apoyado en un enorme y viejo ciprés.

—Qué alegría verte, luz de mi vida.

—Deberías dejar de venir —Se acercó sin hacer ruido y se sentó a su lado—. Sabes que no podemos estar juntos.

—Estos instantes son mi razón de vivir.

Ella sonrió con tristeza y asintió.

—Pues toca para mí la canción con la que me cortejaste.

Él sonrió y, con lágrimas en los ojos, comenzó a tocar la más bella melodía que cualquier ser hubiera oído jamás, y que por siempre sería solo para ella.

—Deléitame con tu bella voz, Kira —le dijo al acabar.

Nuevas notas salieron del arpa para acariciar la noche. La voz de la mujer cantó una letra que habría hecho llorar al mercenario más duro.

Toda la noche se intercalaron canciones alegres, melancólicas, tristes e incluso subidas de tono.

Cuando el sol asomó de manera tímida más allá de las copas, él murmuró:

—Hasta la próxima luna nueva, hermosa guardiana de mi corazón.

—Adiós, amor mío. Ojalá pudieras olvidarme.

—No será así.

—Lo sé.

La mujer se alejó hacia el interior del lugar, perdiéndose en los últimos jirones de niebla.

El bardo bajó la pequeña colina. La niebla ya había desaparecido cuando entró en el familiar camino empedrado. Se acercó a la segunda lápida a la izquierda de la senda y la acarició antes de marcharse. Solo en ese instante los pájaros empezaron a cantar.

En la lápida podía leerse: Kira Warrington 156-173 La luz más brillante y hermosa se apagó demasiado pronto.


Para la semana 2 del taller de escritura de Librería Luces 2025/2026 para casa nos mandaron escribir un cuento. Teníamos que tener en cuenta varios conceptos de los cuentos, entre ellos que hubiera una historia «pública» y otra escondida, que puede revelarse al final o solo insinuarse. Yo lo he insinuado y al final he revelado la verdad pero estaba pensando en dejarlo solo insinuado.

La cosa es que esto se me ocurrió yendo en el tren y luego pensé en como integrarlo dentro de mi proyecto del año en el taller, mi novela de fantasía, así que al final escribí una escena donde un personaje le cuenta a su amante este cuento en forma de leyenda porque han visitado el pueblo de donde surgió. Esa escena ya la leeréis en la novela.

 
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from Sacronte

Dragones, cuevas y lamparas.

Leía en la app de agregación de videojuegos Stash que un chico habia terminado el Animal Well pero que, parafraseo “Tienes que estar enfermo para conseguirte to los huevos”. Alguna vez he pensado en meterme en el pozo de Animal Well (jeje) porque viendo gameplays en YouTube rebosa ese aire de complejidad e infinitud en los puzzles que te lleva a tener que buscar y rebuscar en cada rincón algo que interactué con otro algo, una pieza que encaje u otra conexión insospechada y te crea una familiaridad con el entorno de tanto recorrerlo cuando al mismo tiempo esa familiaridad te puede hacer perder la claridad de que tienes que buscar sus secretos y que pueden estar delante de tus narices.

Pero ya me hago mayor y he perdido esa capacidad y paciencia de la infancia y la adolescencia de explotar cada juego hasta la saciedad, principalmente por dos razones. La primera, que antes tenía la imaginación suficiente para fantasear sobre lo que podría haber más allá de los propios límites del videojuego programado, visto de forma infantil por supuesto. Y la segunda porque vivíamos con la pensión de mi abuela y una tiendecita de “20 duros” que tenía mi madre junto a una compañera y apenas le daba ni para pagar el autónomo; si veía dos juegos al año me podía dar con un canto en los dientes.

Fue en esos años —creo que en la navidad del 99— que mi madre, imagino que con gran esfuerzo, apareció con una PlayStation y el Spyro 2. Conseguí agenciarme ese día la única televisión del piso, coloqué el disco y me puse a jugar. El primer mapa era una pradera llena de gemas y con una especie de templete, posteriormente entrabas en una cueva en la que había más gemas en una elevación, un puente y unas lamparas que colgaban del techo y por último una zona circular con un potenciador de vuelo para una misión que consistía en encender otro puñado de lamparas con fuego para recibir una recompensa. Terminé la zona y seguí jugando hasta donde pude pero claro, cuando fui a guardar la partida me di cuenta que era imposible, necesitaba otro dispositivo, una memory card, que dado el desconocimiento de mi madre en el aspecto videojueguil pues ni siquiera pensaría en su existencia y en que fuese a hacerme falta. Por suerte un primo me dio una a los tres o cuatro meses pero hasta entonces tuve que empezar el juego cada día y llegar hasta donde llegase para luego apagar la consola y volver a empezar.

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En esa repetición eterna buscaba sacar todo lo posible del juego, otras veces probaba hasta donde era capaz de llegar en una sola sesión y claro, como no solía conseguir las habilidades necesarias para acceder a los lugares donde se encontraban los tesoros pues intentaba presionar al juego de alguna manera. Y fue en esa cueva del primer mapa donde mas lo intenté, haciendo algo que ahora evidentemente con mi mentalidad de adulto y mi tiempo de adulto no se me ocurriría repetir indefinidamente: Usar el potenciador de vuelo, entrar en la cueva y encender las lamparas para conseguir el orbe de premio. Era imposible, el juego no estaba diseñado para eso y en el momento que accedía a la cueva, el temporizador de la mejora de vuelo se aceleraba y aunque conseguía encender unas cuantas siempre quedaban dos o tres después de terminarse. Era imposible y creo que aun sabiéndolo intentaba arañar milésimas de segundo, hacer un quiebro entrando por los arcos de acceso a la cueva, lanzar la bocanada de fuego desde un angulo imposible, ir casi rozando el techo para en el último momento de planeo poder avanzar unos metros más. Y nada, obviamente nunca lo logré hasta que no conseguí la habilidad correspondiente. Eso si, seguí jugando como un autentico enfermo, ya con memory card, al único juego que tenia, rebuscando en sus entrañas algo nuevo que hacer, me dejara o no el diseñador. Porque era jugar por jugar, por divertirse y por explorar, no era uno más en la lista a pasarse porque tienes diez más esperándote en el disco duro para fichar, reseñar, puntuar y olvidar.

Cuanto echo de menos disfrutar los videojuegos de esa manera...

 
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from El escritorio de McAllus

Dejé de llorar a los seis años. No tardé mucho más en aprender a ponerme delante de mi hermana, antes que él cruzase la puerta de nuestra habitación. Hoy, con las manos manchadas de su sangre, me siento libre al fin.


En el programa de radio La Versalita de Canal Sur cada semana proponen una cita de un autor o autora para que los oyentes manden un texto de hasta seis líneas para que algunos de ellos los lean en el programa. Podéis escuchar el de esta semana aquí con Cervantes como tema central.

Me tiré más de una página de mi libreta pensando, escribiendo y tachando hasta que llegué a ese texto, que por una vez me gusta como quedó. Ojalá las próximas semanas las citas también me encajen y pueda hacer algo digno de ser enviado.

 
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