El escritorio de McAllus

Blog personal centrado en mis hobbies (principalmente escribir, leer, rol y videojuegos)

Para leer este relato deberías leer antes el del día 3 del reto: Noche de chicas

Eva se bebió la copa de vino de un trago. Clara comenzó a caminar por la habitación ante el silencio de Eva.

—Ya sabía que Daniel estaba bajo el naranjo —dijo, por fin, Eva.

Clara se detuvo en seco. Rocío y Cristina estaban ahora sentadas juntas en el sofá pasando su mirada de una hermana a otra.

—Yo regresaba a casa andando después de bajarme del bus nocturno —continuó—. Vi como lo arrastrabas hasta tu coche y os seguí en el mío.

—¿Y no dijiste nada?

Eva negó con la cabeza.

—Estaba segura de que le matarías cuando te conté que me pegaba.

Clara se apoyó en una silla.

—Me manipulaste.

Eva la miró a los ojos.

—Siempre lo he hecho.

¿FIN?


Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 9 la palabra es Vino.

Tenéis en esta entrada del blog el listado completo de palabras así como un listado de todos los relatos que he publicado del reto.

#Writeober26 #Writeober #RetoDeEscritura

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Juan conducía su camión cargado de naranjas por la comarcal 134 que tantas veces había recorrido. Iba tranquilo escuchando Stairway to Heaven cuando se empezó a formar la niebla.

—¡¿Pero qué cojones?!

Frenó hasta bajar la velocidad a veinte kilómetros por hora y encendió las luces antiniebla, pues se había vuelto tan espesa que ya no podía ver ni el campo más allá del arcén o nada a más de un metro por delante de él. La música se paró y la radio comenzó a emitir voces.

—¡Auxilio! —gritó una mujer.

—Por favor, ayúdenme a sacar a mis niños —decía un hombre—. ¡Están atrapados en las sillitas de bebés!

—¡Aaaaarrrgghhhh! —gritaron varias voces.

Hubo una tremenda explosión y las voces se callaron.

—Juan, no sigas —susurró una nueva voz.

Juan frenó en seco mientras en la radio continuaba el final de la canción de Led Zeppelin. Tras unos segundos de duda empezó a maniobrar por la carretera rezando para que no viniera ningún coche y dio media vuelta.

—¡Qué le den a las naranjas! —gritó cuando terminó el cambio de sentido.

Aceleró sin importarle no tener visibilidad. Tras unos minutos a toda velocidad dejó la niebla atrás. Frenó un poco y lanzó un suspiro de alivio.

—Interrumpimos nuestra programación habitual para informar de una grave noticia —dijo el locutor del programa—. Ha ocurrido un terrible accidente en la incorporación a la nacional 3 desde la comarcal 134. El conductor de un camión que transportaba naranjas parece que perdió el control del volante, tal vez por quedarse dormido, y ha arrollado a tres turismos.

Juan frenó en seco. Cerró un momento los ojos y cuando los volvió a abrir vio que estaba tendido en una camilla mientras lo subían a una ambulancia.


Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 8 la palabra es Niebla.

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—Cuentan las leyendas que en las noches de octubre un hombre vestido con un traje impecable y sombrero blanco vaga por estas tierras sin rumbo, como un espectro que no puede descansar. Dicen que si le dejas entrar puede concederte tu mayor deseo… o ser el causante de tu mayor desgracia.

El anciano vestido todavía con su gabardina cubierta de nieve apuró el trago de vino caliente.

—Esa historia la conoce todo el mundo por aquí, viejo —dijo un parroquiano lanzándole un trozo de pan—. Así no te vamos a invitar a nada.

—¿Para qué le has dejado entrar, Maya? —preguntó otro—. Se han colado dos kilos de nieve por nada.

—Nunca dejaré a un viajero pasar frío —replicó Maya—. Sea un extraño o un conocido, cuente buenas historias o no.

El anciano se levantó del taburete y sacó un sombrero blanco del interior de la gabardina. Todos pudieron ver que debajo llevaba un traje gris. Se hizo el silencio en la taberna.

—Maya, será mejor que se agache —dijo—. No salga hasta que cesen los gritos.

La mujer se agachó tras la barra y apretó con fuerza un trapo, mientras escuchaba los gritos de puro horror de sus clientes. Tardó unos minutos en salir tras apagarse el último alarido. Se asomó tras la barra y no había ni rastro del anciano, de sus clientes solo quedaban sus ropas.

Estaba dando unos pasos lentos hacia el centro del salón, cuando la puerta se abrió. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando vio aparecer a su hijo, dado por muerto en el frente de guerra un año atrás.


Me vais a aceptar que este microrrelato esté poco elaborado, pero es que lo he escrito en clase como ejercicio de escritura automática (a partir de una imagen escribir rápido lo que te inspirte). Creo que es bonito compartir también algo que ha salido de forma espontánea.

Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 7 la palabra es Espectro.

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Los niños solían jugar al escondite o el pilla en el camposanto después de salir de clases. Cuando el cielo era azul no les preocupaba demasiado a los padres que jugasen allí. Ahora, ya bien entrado el otoño, anochecía muy pronto y no les gustaba que fuera. Así que el guardia jurado vigilaba la entrada para impedirles el paso.

Aquel día el guardia pensaba que no iba a tener que discutir con los pequeños… hasta que oyó unas risas que rompieron el silencio del lugar. ¿Qué pasaba con estos niños? ¿Tenían un mapa con accesos secretos?

Le tocaba sumergirse en la niebla que empezaba a flotar entre las tumbas, como un explorador que llega a las orillas de un nuevo territorio. Hizo el gesto de la cruz y entró con su linterna alumbrando en todas direcciones. Sintió un frío antinatural en la piel en cuanto entró.

Fue girando por las intersecciones según escuchaba las risas en una dirección u otra. Siempre desaparecían cuando estaba a punto de alcanzarlos. De pronto las pilas, puestas de esa misma tarde, empezaron a parpadear. Salió corriendo.

Un rato después, con la calefacción puesta en la intimidad de su hogar, escribió su carta de dimisión.


Me vais a aceptar que este microrrelato esté poco elaborado, pero es que lo he escrito en clase como ejercicio de escritura automática (a partir de palabras aleatorias que nos dada la profesora cada cierto tiempo). Creo que es bonito compartir también algo que ha salido de forma espontánea tal y como lo leí en clase. En cursiva y negrita en el texto las palabras que había que introducir en el relato.

Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 6 la palabra es Camposanto.

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—No debes dejarte mangonear en el colegio, Jimmy —dijo el hombre, ajustándose la camiseta, que se ceñía a su musculatura como una segunda piel—. Si ves que va a haber pelea debes ser siempre el primero en golpear.

—Sí, papá.

—Y si te golpean, ¡te levantas! Pero, sobre todo, nunca llores.

—Vale, papá —dijo el niño cambiándose la mochila de hombro.

Padre e hijo doblaron una esquina. Había un parque a su izquierda.

—¡Guau! ¡Guau!

Un pomerania trotó hacia ellos. El hombre lo miró y cruzó rápidamente a la otra acera.

Jimmy acarició al perro antes de reunirse con su padre.


“Sé de qué va todo eso. Los que parecen grandes son pequeños por dentro” era la cita que teníamos el domingo 27 de septiembre de 2026 para escribir en “La cita que transita”. Se trata de una frase de la novela “Anuncios” de Camila Cañeque.

Laura nos proponía como reto adicional que usaremos un narrador “testigo o cámara”, que se limite a contar lo que ve y lo que oye, sin meterse en la mente del personaje: Con este tipo de narrador conseguiremos que sea directamente el lector quien interprete lo que sucede, sin intermediarios, como si colocásemos una cámara fija en un lugar, que se limita a grabar lo que sucede en la escena. Como siempre limitado a 160 palabras.

#LaVersalita #Microrrelato #LaCitaQueTransita #CamilaCañeque #Anuncios

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El anciano Jeremiah caminaba hacia la ventana del despacho cuando tropezó con una mesa que no debería estar allí. Oyó como se volcaba y rompía todo lo que había sobre ella.

—¡Malditos niños malcriados! —gritó mientras trataba de mantener el equilibrio—. ¿Queréis que me mate? Aún no estáis preparados para sustituirme como gran astrónomo de la corte. ¡Incluso ciego soy mejor interpretando las estrellas que vosotros!

—Perdón, maestro —dijo Alba—. Estábamos limpiando esa zona del despacho porque pensábamos que todavía tardaría más en subir.

—¡Subo a mi estudio cuando me place!

—Por supuesto, maestro —dijo Viggo—. Arreglaremos la maqueta estelar inmediatamente.

—¡No! Recogedla y dejarlo todo sobre la mesa en su sitio —ordenó—. En cuanto lo hagáis, os marcháis a ordenar mi habitación y la biblioteca.

—Sí, maestro —respondieron a la vez.

Jeremiah escuchó como recogían el destrozo y cerraban la puerta al salir. Se asomó a la ventana y elevó su nublada mirada al cielo. Notó el calor de los primeros rayos del Sol en la cara. Ese día no prometía nada bueno.

¡PUM! ¡PUM!

La puerta se abrió despacio. Le llegó el olor a perfume de rosas que usaba Alissa.

—Venerable Jeremiah, disculpe la intromisión —dijo la joven—. Me han dicho sus alumnos cuando me los he cruzado que estaba muy ocupado, pero necesito hablarle de un tema.

—¡Ja! Te habrán dicho que estaba cabreado, si conoceré yo a esos malcriados —replicó, indicándole con la mano la silla al otro lado de su escritorio—. Siempre tengo un momento para la nueva Suma Sacerdotisa.

—¿Ha oído hablar de la profecía de la luna que nos vigila?

—Sí, habla sobre que la luna es el párpado cerrado de un dios muerto en los tiempos de la Guerra en los Cielos.

—Desde que ascendí a mi puesto he estado revisando los viejos libros de la Fe Primordial... He encontrado un texto que dice “cuando el ojo se abra se alimentará del mundo”.

—Los dioses me libren de poner en duda a la iglesia, pero eso no es más que una de tantas profecías que nunca se han cumplido.

—Eso hubiera pensado de no ser porque la profecía viene con la enumeración de tres calamidades que precederán a la apertura: un hermano alzándose contra su propia sangre, un invierno de hambruna y la muerte del primogénito de la corona —añadió poniéndose de pie—. La rebelión del hermano del rey hace un año y los problemas con las cosechas del norte que han traído racionamiento en todo el reino para este invierno ya se han cumplido.

—Admito la coincidencia, niña… Suma Sacerdotisa, pero el primogénito del rey está vivo y cada día más alto, fuerte y… guapo, según me dijo Alba, entre suspiros, el otro día —replicó el anciano levantándose—. No deberías preocuparte. Ya no eres una acólita más, eres la cabeza visible de nuestra iglesia.

—Supongo que tiene razón. Será mejor que vuelva a mis deberes —Caminó hasta la puerta y añadió—. Muchas gracias por atenderme.

—Siempre estaré aquí para ti, pequeña —susurró el anciano cuando la puerta se cerró.

Un joven Jeremiah corría por los jardines de palacio. La luna estaba completamente llena y más brillante que nunca. Jeremiah elevó la mirada al cielo y vio como aparecía una herida que la rasgaba, algo rojo le miraba desde dentro. Gritó.

Alba entró corriendo en la habitación.

—¿Está bien, maestro?

—Sí, niña —respondió tembloroso—. Ha sido solo una pesadilla.

—¡Maestro, algo le pasa a la luna!

El anciano se sentó al borde la cama. Las palabras de Alissa una semana atrás le martilleaban la cabeza.

—Descríbelo.

—Parece que haya aparecido un orbe rojo en medio de ella.

—¿Como si fuera una pupila?

—Bueno… con un poco de imaginación sí, podría ser un ojo sin pestañas.

En ese momento sonaron las campanas de la catedral.

—¿Es una hora en punto? —preguntó Jeremiah.

—No, maestro.

—Manda a Viggo a averiguar que pasa y luego vuelve a ayudarme para vestirme.

Una hora después estaban entrando a la sala del consejo real. Oyó los sollozos de la reina alejándose por el corredor, acompañados por los pasos apresurados de sus damas. En el consejo ya estaban esperando el propio rey Timoteo III, la Suma Sacerdotisa Alissa con su perfume a rosas, James, el escriba real con su habitual olor a vino y el general Sir Arthur Galathar que traía olor a sudor, cuero y perfume ajeno.

—Perdón por la tardanza, majestad —dijo Jeremiah, intentando recuperar el aliento—. Siento mucho la muerte del príncipe Gabriel.

—Gracias, viejo amigo —respondió el rey—, pero ahora debo hacer de rey y no de padre para atender un asunto más preocupante.

—La profecía se ha cumplido —dijo Alissa con la voz quebrada—. No le tenía que haber hecho caso, Jeremiah. Debería haber avisado al príncipe de que tuviera cuidado.

—Ha sido una casualidad, Alissa. Era imposible que…

—Quizás usted no pueda verlo, Jeremiah —interrumpió James—, pero le aseguro que el aspecto de la luna es preocupante y unido a la profecía que descubrió nuestra Suma Sacerdotisa, debemos hacer algo.

—¿Ha averiguado algo más, Divina? —preguntó el rey.

—Encontré una cita más dentro de la profecía, pero me da miedo lo que significa.

—Usted díganoslo —ordenó el rey.

—Cuando el ojo mire al mundo, dadle aquello que todavía respira.

—¿Qué se supone que debemos darle?

—En los textos de la época “lo que respira” se refiere a ofrendas vivas. Los sacerdotes y yo pensamos que podría tratarse de un sacrificio humano.

—¿Y cree que con eso volverá a la normalidad la luna? —intervino por primera vez Arthur.

—Es posible —respondió despacio la joven.

—¡Eso son supersticiones! —exclamó Jeremiah—. No hay sacrificios humanos en este continente desde antes incluso de que se fundara este reino.

—No perdemos nada por probar con alguno de los delincuentes de las mazmorras —sugirió James.

—De acuerdo. Suma Sacerdotisa investigue la forma correcta de realizar el ritual —ordenó el rey—. Sé que es cruel, pero no permitiré que la luna devore el reino.

Continuará en noviembre...


Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 5 la palabra es Luna.

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Álvaro suspiró al ver que del autobús de línea se bajaba otro grupo de turistas. Tenía la esperanza de que, siendo tan tarde, el anterior grupo fuera el último. Miró el reloj, cuarenta minutos más y para casa. Observó como se acercaban hacia él. Una pareja de personas mayores, un par de jovencitas que no paraban de hacerse fotos y un japonés con una cámara al cuello y un trípode colgando de un lado de su mochila.

Los dos ancianos llegaron a su lado antes que los demás.

—¿Hay muchos escalones, niño? —preguntó la mujer en un impecable acento inglés. «De Londres, casi seguro», pensó el guía.

—No, señora. La zona que visitamos está toda en la planta baja del castillo.

—Buenas noches —dijo el hombre, ofreciéndole la mano. Álvaro se la estrechó—. Disculpe a Margaret, cuando está cansada no se acuerda ni de saludar.

—Calla, Edward.

Miró hacia el camino de subida y vio que las dos jóvenes estaban tomándose unos selfies al borde del foso seco que rodeaba la fortaleza.

—¡Buenas tardes, soy Álvaro Romero! —gritó—. Vamos a visitar la parte rehabilitada del Castillo Montalbán. Por favor, reuníos en el patio.

Las chicas se cogieron del brazo y corrieron riéndose hacia el lugar donde ya estaban esperando los ingleses.

—Ingrid y Nora —dijeron las dos chicas casi a la vez. Nunca le quedó claro quien era quien.

El japonés llegó un poco después.

—Kenji —se presentó con una ligera reverencia.

—No pasa nada —dijo Álvaro con una sonrisa—-. Vamos a empezar con la visita.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis —contó Álvaro para sí mismo y luego elevó la voz—. Perfecto, vamos allá.

Comenzaron la visita por los antiguos barracones de la guardia, siturados a un lado del patio. Tras ese pequeño edificio iban al propio castillo. Álvaro se quedó sujetando la enorme puerta de madera mientras los turistas entraban. Estaba cerrándola cuando tuvo la impresión de que faltaba alguien, se asomó al patio y no había nadie.

—Tengo que coger turnos más cortos… O no salir hasta tan tarde la noche de antes de tener jornada completa —masculló.

Durante algo más de cuarenta minutos recorrieron la capilla, el gran comedor, la sala de baile, las cocinas y dos dormitorios de invitados. Álvaro les contó la historia del castillo desde su construcción en 1522 hasta la maniobra política en la que la familia Montalbán se lo arrebató a los Moncada.

Volvieron a la entrada casi veinte minutos tarde, entre las fotos de Ingird y Nora, las paradas de Kenji y las preguntas de Edward. El conductor del autobús señalaba su reloj desde la puerta justo cuando se encendían las luces. Junto a él esperaban Ramiro, el vigilante nocturno con su habitual sonrisa, y Juan el vigilante del día con cara de pocos amigos.

Junto a la salida se hicieron unas cuantas fotos con el trípode y la cámara con mando de Kenji. Cuando salieron, Álvaro hizo su habitual cuenta de visitantes.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco —esperó unos instantes y miró hacia el interior— Espera. ¿Dónde está el que falta?

—¿Pero qué dice? —pregunta Margaret—. Estamos todos.

—No, no, no. Erais seis al empezar.

—Siempre fuimos cinco, guapo —dijo Nora, o quizás Ingrid.

—Estoy seguro de que conté seis.

—No, señor —intervino Kenji—. Le aseguro que siempre fuimos cinco.

—¡Vamos! —gritó Juan—. Que me gustaría ver un rato a mis mellizos antes de que se acuesten.

—De acuerdo, podéis iros —dijo Álvaro—. Ramiro, ¿te importa venir a echar un vistazo conmigo por si se ha quedado alguien dentro? Le bajo yo en mi coche si es así.

—Claro, sin problema.

Hicieron el mismo recorrido que en la visita. Llegaron a la zona final donde estaban los dormitorios. Nadie.

—Oye, Álvaro, ¿aquí no había solo dos dormitorios abiertos?

—Sí, los otros están medio enterrados porque se cayó el techo.

—Pues hay uno abierto de más.

Los dos se acercaron corriendo al cuarto dormitorio de invitados, que llevaba meses cerrado y miraron con preocupación dentro. Nadie.

—¿Cómo habrá abierto la puerta si tenía la llave echada? —preguntó Álvaro.

Ramiro se agachó, miró la cerradura y probó su llave.

—Funciona perfectamente. O sea que o es un maestro de las ganzúas o por error nunca estuvo cerrada con llave.

—Joer, ¿dónde puede estar? —dijo Álvaro con voz temblorosa—. Los falsos muros que tapan el acceso a las escaleras siguen intactos.

—Vamos a ver las cámaras. Seguro que con las grabaciones lo localizamos.

Fueron a la pequeña garita de vigilancia y Ramiro se puso a trastear con las grabaciones. Rebobinó hasta las 20:00, la hora del último grupo. Cuando le dio al play se vio llegar primero a la pareja de ingleses, luego a las jovencitas y finalmente al japonés. Cinco turistas.

—Imposible, estoy seguro de que conté seis.

—Has trabajado todo el fin de semana y ayer estoy seguro de que fuiste a las fiestas del pueblo —dijo Ramiro—. Seguro que el cansancio te ha jugado una mala pasada.

—Supongo que sí. Necesito dormir.

—Conduce con cuidado —dijo Ramiro.

Álvaro fue directo al coche. Le sonó el móvil cuando iba a abrir la puerta del coche. Varios whatsapp de Kenji. Eran las fotos que había quedado en mandarles a todos por el grupo que montó al entrar.

En la primera foto, tomada en el patioo, distinguió una silueta en la zona de sombra junto a los cinco turistas. En la capilla, la figura aparecía detrás de Edward y Margaret, Kenji había tomado la foto desde unos metros más atrás. Pasó varias fotografías sin encontrarla. Hasta que en una foto del pasillo de los dormitorios la figura volvió a aparecer al lado de Álvaro. Tragó saliva. Fue pasando más fotos y llegó a la que se hicieron todos juntos. Allí estaban los cinco turistas, con Álvaro entre ellos y la figura de rostro borroso detrás de él con las manos apoyadas en sus hombros. No distinguía los rasgos pero sí claramente el uniforme que los guías del castillo usaban antes de que él se incorporara.

Sintió una respiración junto a su oído. Se giró y no había nadie. Las luces del aparcamiento empezaron a parpadear.

A la mañana siguiente

Rocío esperaba al primer grupo del día. Un grupo de seis bajaron del autobús. Como era habitual, y le gustaba a ella especialmente, todos de distintas nacionalidades. Pasaron al patio y antes de entrar a visitar los barracones uno de los turistas le pidió que les hiciera una foto a todos con una Polaroid. Rocío disparó la cámara y al momento salió la foto por debajo. La sacudió un poco para que terminara de revelarse. Miró la fotografía, luego miró al grupo y a la zona en sombras de un lado del barracón, volvió a mirar la fotografía.

Aunque la imagen era borrosa, estaba segura de que la figura situada detrás del grupo era Álvaro. Tenía las manos en el rostro y con la boca abierta en grito. Dejó caer la fotografía y corrió hacia allí mientras marcaba su número. Álvaro no estaba allí… pero escuchó un teléfono sonar al otro lado del muro, en el aparcamiento.


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—Vamos hermanita, ¡saca el vino bueno! —gritó Clara apurando su cuarta copa de vino.

Eva se levantó y abrió el mueble donde guardaba sus mejores reservas. Cristina vio que entre las botellas había una copa de aspecto antiguo, con símbolos extraños grabados en su superficie.

—¿Qué es esta copa? —dijo cogiéndola sin permiso.

—Era de nuestra abuela —respondió Eva abriendo la botella.

—Siempre he querido beber en una copa de la nobleza —rió, tendiéndosela a Eva.

—¿De verdad vas a beber de esa copa vieja y polvorienta? —preguntó Rocío que estaba tumbada en el sofá con los mofletes muy colorados.

—El alcohol desinfecta. Llénala.

Eva dudó un instante pero la rellenó.

—La abuela era más pobre que las ratas —dijo Clara—, la verdad que es no sé de dónde la sacaría.

Cristina dio un par de sorbos.

—Sí que está bueno este vino —Cristina apuró el resto de la copa— Por cierto, llevo tres meses tirándome al marido de Arancha.

Las tres mujeres miraron a Cristina con los ojos abiertos.

—¿Pero qué dices? —preguntó Rocío poniéndose en pie.

—No sé por qué lo he dicho… He tenido la necesidad de hacerlo al beber de la copa.

—Es una broma, ¿verdad? —dijo Eva dubitativa, aunque viendo la cara descompuesta de su amiga tenía claro que no.

—¡Una copa que te hace confesar tu mayor secreto! —exclamó Clara—. Bebamos todas.

—Pero que dices, loca —dijo Rocío—. Las copas mágicas no existen.

—Pues bebe tú —ofreció Cristina.

Rocío cogió la copa y la rellenó con la botella de Eva. La bebió de un solo trago.

—No fue un accidente que tu gato se escapara, Cristina, fui yo la que dejó abierta la ventana —Rocío dejó la copa en la mesa llorando—, siempre me arañaba y quería que desapareciera.

Cristina también empezó a llorar.

—Ahora tú, Eva.

—No, yo no pienso beber.

—¿Por qué no? ¿Qué ocultas? —preguntó Cristina todavía sorbiendo los mocos—. Nosotras dos ya hemos dicho dos secretos, así que os toca a vosotras.

Clara cogió la copa y la llenó. Se la ofreció a Eva.

—Venga, hermanita.

La mujer la golpeó y la copa cayó. Rebotó varias veces en el suelo sin romperse.

—Vale… pues parece que también es irrompible —Clara la recogió y la rellenó—. Habría sido mejor que bebieras tú.

Bebió tres tragos. Miró primero a sus amigas y luego fijamente a su hermana.

—Yo sé dónde está Daniel.

Eva abrió la boca, pero no fue capaz de decir nada.

—No te abandonó, lo maté —confesó— Lo has visitado a menudo. Lo enterré debajo del naranjo de la casa de campo de papá.

—No te creo.

—No lo hagas si no quieres —Clara dejó la copa en la mesa y apuntó con el dedo a su hermana—. Te pegaba, te engañaba con cualquiera y aun así ibas a casarte con él. No podía permitirlo.

Eva apretó los puños y dio unos pasos hacia su hermana. Volcó en la copa lo que quedaba de la botella.

—Entonces ahora me toca beber a mí.


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Os dejo a continuación todas las palabras:

Writeober 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso Y como no logro que el ALT salga correctamente en el blog os pongo el listado también en formato texto: 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso

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—Recuerde recomendarnos a sus amigos de confianza —le dijo la recepcionista.

—Sí, claro —respondió Karen despidiéndose con la mano, mientras se frotaba la mandíbula dolorida.

Bajó las desvencijadas escaleras de aquel bloque decadente, donde no quedaba ni un trozo de pared que no estuviera ocupado con un grafiti.

Una vez en la calle corrió hacia donde había dejado el coche. Carmen le había recomendado tanto la clínica como el aparcamiento, un descampado vigilado por un tipo sin dientes y con mala pinta, eso sí, cuidaba con celo todos los coches a su cargo. También tenía que darle la razón sobre la clínica, era increíble lo limpia que estaba para ser clandestina. Carmen se había ganado una cena en casa, desde luego, con la de dinero que se había ahorrado.

La primera noche la pasó bien gracias a los restos de la anestesia, pero los días siguientes los pasó a base de calmantes para aguantar el dolor del implante. La quinta mañana se despertó con el implante empapado en sangre. Aquella tarde, después de trabajar, Carmen la acompañó a ver al doctor López. Cuando llegaron al bloque vieron que estaba reducido a sus vigas, pilares y algunas paredes, en una de ellas Karen reconoció medio borrador uno de los grafitis de su anterior visita. Era como si un incendio lo hubiera arrasado… pero no un incendio reciente, su aspecto era el de años de abandono.

—¡No puede ser! —exclamó Karen— Si estuve aquí hace menos de una semana.

—Y yo el mes pasado para lo de las últimas fundas de la ortodoncia. Te va a tocar pasar por un dentista normal.

—No tengo dinero para pagarme un implante nuevo.

—Ya, pero como mínimo necesitas que te lo revisen y quizás que te lo extraigan. Eso no es tan caro como un implante nuevo —replicó su amiga—. Si hace falta te ayudo.

—Vale, pido cita y mañana a primera hora me acerco. ¿Te quedas esta noche a dormir conmigo?

—Claro, K.

Karen cayó dormida enseguida bajo los efectos del calmante. Carmen se quedó corrigiendo unos exámenes, semi tumbada en la cama con su amiga. Cuando iba por el cuarto suspenso escuchó un ruido. Giró para ver a su amiga y vio como se movía algo en su boca.

—Karen, ¿estás...?

Su pregunta se convirtió en un alarido cuando un colmillo del que sobresalían unos pequeños tentáculos, como raíces, salía de la boca de su amiga. Se le clavó directo en el ojo. Sintió como aquellos filamentosse adherían a la piel alrededor del ojo y tiraban. El ruido de succión fue tan asqueroso que casi eclipsó el dolor que sintió. El colmillo corría por la cama, mientras Carmen se llevaba las manos al rostro y descubría que el ojo colgaba de un amasijo de nervios y tejido.

Carmen trató de golpear el colmillo con el fajo de exámenes pendientes, el latigazo de dolor que le llegó con el balanceo del ojo casi le hace perder el conocimiento. Cuando consiguió enfocar de nuevo con su ojo sano, el colmillo había desaparecido. Zarandeó a su amiga sin lograr despertarla.

—Maldita sea, ¿dónde te has metido, diente del demonio?

Trató de introducir su ojo en la cuenca, cayó de rodillas ante el dolor atroz que sintió. En ese mismo instante el colmillo salió de detrás de una pata de la cama y se le clavó en la garganta. Carmen intentó arrancárselo, pero las raíces se hundieron en la herida y sintió como algo reptaba dentro de su cuello. Intentó gritar, pero de su boca salió un borbotón de sangre. Cayó al suelo ahogándose.

El colmillo salió por el agujero del cuello y, con sumo cuidado, regresó al hueco de la dentadura de Karen.

Fotografía de una mujer sonriendo en la que solo se ve su nariz y sus dientes blancos junto a sus hombres y el pelo castaño
Fuente de la imagen: Fotografía de simonapilolla75


Este texto pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 2 la palabra es Colmillo.

Os dejo a continuación todas las palabras:

Writeober 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso Y como no logro que el ALT salga correctamente en el blog os pongo el listado también en formato texto: 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso

#Writeober26 #Writeober #RetoDeEscritura

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Un día de primavera del año 623 después de la Unificación

—Cuánto tiempo hacía que no se veía una hoja negra en la ciudad —susurró la anciana.

—Han matado a alguien de forma injusta, ¿no, abu?

—Así es, Carlita. Creo que no se sabía de una muerte así en la capital desde que el Rey Temue III subió al trono, hace cuarenta años —respondió mientras se ajustaba el pañuelo—. Espero que no vuelvan los viejos tiempos.

Abuela y nieta continuaron su camino hacia el mercado.

Un día de primavera del año 632 después de la Unificación

Carla trabajaba limpiando las estatuas del interior del laberinto de setos. Lo hacía el primer día de la semana desde que su abuela le consiguió el trabajo en palacio antes de morir de unas fiebres dos años atrás. Esa mañana de primavera era más fría de lo que debería. Empezó a limpiar la última estatua, la que estaba en el centro del laberinto que representaba al primer Rey Ranif I. La escalerilla en la que estaba subida se tambaleó y se apoyó en el brazo alzado de la escultura. Logró mantener el equilibrio, pero el brazo cedió un poco hacia abajo. Oyó un ruido de piedra chirriar por detrás.

—Que no se haya roto nada, por favor —murmuró bajando rápido.

Miró la estatua y el brazo parecía haber vuelto a su posición. Caminó despacio a la parte trasera de la estatua y vio que el pedestal tenía una especie de puerta abierta con unas escaleras que descendían hacia la oscuridad. Miró dentro. Una ráfaga de viento surgió del interior, arrastrando la oscuridad hacia ella. Se cubrió la cara con las manos y gritó de dolor cuando sufrió pequeños cortes por todo el cuerpo. Abrió los ojos y vio todo el suelo lleno de hojas negras.

—No puede ser —dijo cogiendo una de las hojas— Son cientos.

Metió un puñado en el bolsillo de su delantal y corrió hacia las calles de la ciudad.

La noticia corrió pronto por la capital y el pueblo exigió respuestas en la Primera Catedral y en las puertas del palacio real. La Guardia Argéntea así como el ejército imperial tomaron la ciudad impidiendo que nadie saliera de ella.

Aquel día miles de hojas negras cubrieron los suelos de la ciudad. Los pocos supervivientes susurrarían en secreto que la Orden del Silencio estuvo dos semanas recogiéndolas para que los magos argénteos las quemaran con fuego arcano. Aun así, el viento logró llevarse muchas.

Un día de primavera del año 633 después de la Unificación

Allí donde una hoja negra cayó comenzó a crecer al año siguiente un árbol de carne. Ni la Guardia Argéntea ni la Orden del Silencio fueron esta vez capaz de acallar a tiempo los rumores que atravesaron todo el Imperio. Cuatro años después, cuando derribaron las puertas del palacio, todavía crecían árboles de carne en los caminos de la capital.

Fotografía mía de una hoja que convertí a blanco y negro Fuente de la imagen: Fotografía mía de una hoja que convertí a blanco y negro


Este relato pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 1 la palabra es Hojarasca.

Os dejo a continuación todas las palabras:

Writeober 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso Y como no logro que el ALT salga correctamente en el blog os pongo el listado también en formato texto: 1. Hojarasca 2. Colmillo 3. Copa 4. Castillo 5. Luna 6. Camposanto 7. Espectro 8. Niebla 9. Vino 10. Hacha 11. Llovizna 12. Puente 13. Duende 14. Profecía 15. Caldero 16. Cabaña 17. Uñas 18. Sendero 19. Engullir 20. Estaca 21. Máscara 22. Grieta 23. Crujido 24. Dientes 25. Conjuro 26. Cosecha 27. Pelaje 28. Trono 29. Festival 30. Escarabajo 31. Regreso

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