Escritura Social

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from Lo necesario imposible

mío, me duele, me parece, me interesa, mío, mío mío y nos damos golpes en el pecho. Demasiadas veces una posesión sin pertenencia. Desaparezco en ese deseo de consumir mediante la acumulación. Algo excreta una versión de lo que quise ser y la deja retorcerse en la realidad presidio. Acaparar tesoros que nunca existieron, en eso parece consistir la ciudadanía y el orden.

ME LLAMO

Escribo Mi nombre, con Mi letra inclinada hacia el futuro, tomo el lápiz con Mi mano dominante, Mi mano derecha, Mi mano inflexible para la lucha confiesa que quiso repartir entre todos tanto harapo. Mi rígida preocupación por no torcerme, por acumular renglones y pasos pulcros, nunca demasiado atrevidos. Mi forma de estar en los relieves, con voz sin mano alzada, escrito para siempre en lo de siempre. Mi nombre para intentar algún punto de sutura que cierre el paso a la verdad de las avispas. Mi nombre que resuena como el agua estancada en el ombligo. Leo Mi nombre en voz alta, con mi lengua esbozo la uve y enseguida me extraño del timbre, del tono y del augurio. Alguien llama e incendia Mi cuello. Qué habrá en ese cajón de seis letras, quién nació y creció a la sombra de una pila bautismal llena de peces, quién habitará el silencio detrás de Mi voz, Mi carne, Mi manía de fingir el tropezón por si mañana.

No creo en el reflejo de Mi rostro. No hay nada mío aquí entre los vestigios pragmáticos de mi nombre.


#poesía #revisiones

 
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from miscelánea de @shichimi

Ha llovido toda la noche, la nieve de las montañas se está deshaciendo y el río lleva mucha agua.

Paseo con sol y algunas nubes. Aki ha encontrado un rastro, iba y venía, olisqueando inquieta. Al fondo tres corzos ramoneaban al lado del camino. Han tardado un rato en vernos y entonces han empezado a correr, ingrávidos y gráciles, perdiéndose entre los setos. Siempre me alegra verlos. A Aki también, corre tras ellos esperanzada como si pudiera alcanzarlos.

Anoche hice una galette de apionabo para la cena. Nunca lo había visto en el mercado pero ayer, para mi sorpresa, lo tenían en el puesto de verduras en el que compro. Me gustan las raíces, remolachas, chirivías, zanahorias, asadas en el horno de la estufa de leña, a partir de ahora también apionabo, qué delicioso.

Ganas de que empiecen a crecer los días, ya falta menos.

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

Sin lima

En 2014 dejé de escribir. Pasaba por un período depresivo (He vivido tres; éste fue el segundo) y me encerré en mí misma durante muchos meses. Siempre he odiado mi cara y también me he hecho muchas fotos, todo en pack. Me fotografiaba constantemente desde el ángulo más adulador e intentaba convencerme a mí misma de que mi cara era esa y no otra, de que no existía aquello que me incomodaba y cuyo rastro procedía sistemáticamente a borrar sin pararme a mirarlo dos veces. Durante ese período depresivo la distancia apática que me separaba del mundo no sólo me anestesiaba de la alegría, sino también del dolor. Eso me permitió atreverme a mirar algunas cosas de frente, sin evitar ningún ángulo potencialmente hiriente; un trabajo que había estado posponiendo indefinidamente durante la mayor parte de mi vida. Escribir siempre había sido para mí una forma de limar la realidad, de desbrozar el caos y estetizar la desgarradora aleatoriedad con la que las cosas sencillamente suceden. Pero entonces decidí prescindir de la lima, y, amparada en la apatía, atreverme a mirar a la realidad de frente, la realidad cruda. Recuerdo uno de los pocos días en los que me hice fotos durante aquel periodo. Me propuse esforzarme en salir mal, elegir los peores ángulos que evitaba automáticamente. Quería ver qué pasaba, explorar un territorio desconocido y averiguar si era capaz de soportar las versiones incómodas de mí misma. Aprendí que la incomodidad cruda, sin filtro y sin limar, no era únicamente tolerable una vez la miraba durante el suficiente tiempo como para acostumbrarme a ella, sino que también era fascinante. A pesar de lo desagradable de aquel encierro, extraje de él cosas buenas que todavía me acompañan hoy. Al final, conseguí encontrar un camino y salí del letargo. Pero no volví a escribir hasta mucho tiempo más tarde.

*Publicado originalmente el 26 de marzo de 2023

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

Hodně štěstí, zdraví (feliz cumpleaños)

M y yo entramos en silencio a casa de Vilém. Caminamos de esa forma ridícula como de peli de espías que usa la gente cuando no quiere hacer ruido, para evitar tropezarnos con alguno de todos los trastos desperdigados por el pasillo. Las niñas duermen. La casa está a oscuras, salvo por la luz de la cocina. La mujer de Vilém vuela en ese momento en un avión hacia Praga, tumbada en una camilla, y está a punto de morirse. No sabemos qué le pasa. Algo neurológico. No nos lo ha dicho él. A M se lo dijo Pedro, y a mí me lo dijo M. Hemos venido a su casa para vaciar la despensa. Vuelan a Praga de urgencia, muy temprano, al día siguiente. Sólo ida. Él y las niñas, y un par de maletas, supongo. El resto sobra.

Hace dos semanas, almorzaba con M y sus colegas del curro, entre ellos Vilém. Era su cumpleaños y alguien había traído una vela para clavarla en una de las mini-magdalenas que el camarero, Fermín, nos trae siempre con el café. Fermín nos trae todos los días las pulguitas, los cafés con las magdalenas y chistes malísimos que tenemos que traducirle a Vilém: «Escuchen, chicos, estoy más agobiao que spiderman en un descampao». Vilém no habla español, solamente checo e inglés, y M y el resto le estaban enseñando a decir «Eso tu madre». Su mujer se puso enferma de repente. Hace un mes alguien le llamó para decirle que su madre, a tres mil kilómetros de distancia de Tenerife, tenía metástasis. Entre esos dos días, apretado como dentro de un sándwich, su cumpleaños. «¿Cómo se canta cumpleaños feliz en checo?» «Hodně štěstí, zdraví» «¡Jodnesteeeeeetiiiii estraaaavííiiiiiiii, Jodnesteeeeeetiiiii estraaaavííiiii, we wish you dear Vilém, jodnesteti estraví!». Risas. «Yeah, you guys, you are doing a pretty good job».

Vilém abre todos los cajones y nos enseña envases de comida. Hablamos con susurros. «Yes, we can use that». Todo, lo queremos todo, dánoslo todo, no vamos a rechazar nada, ¿Cómo vamos a rechazar nada? «I bought this in Praga, it’s cinnamon» «OK, we like cinnamon». Otro pequeño envase más a la bolsa. Nos regala estrellitas de pasta para la sopa, cajas de helados, chocolate. Puedo visualizar a las niñas con la boca manchada de sándwich de nata después de comerse una sopa. La casa huele como huelen las casas donde viven niños pequeños. Hay dibujos colgados con imanes en la nevera. Llegaron hace tres meses. Tres meses nada más. Tienen seis y cinco años, son delgadas y muy rubias, como Vilém, y no saben decir nada en español, sólo «Hola» «Muchas gracias» y «Tortilla de patatas». ¿Qué recordarán estas niñas de la isla cuando sean mayores? ¿Qué les habrá dicho Vilém sobre su madre? ¿Cómo les dices a tus hijas algo así? ¿Cómo te mantienes en pie?

Vilém hace bromas en su perfecto inglés y nosotros respondemos con otro inglés, uno fragmentado, macarrónico. Toda la fluidez que pudiésemos haber ganado en los últimos meses nos la quita la situación. Estamos incómodos, no sabemos qué decir, cómo ayudar, más allá de no hacer ruido y decir a todo que yes, yes, of course we want two bags of potatoes. Nos habla desde la tranquilidad más absoluta. Nos habla como supongo que habla a sus hijas, controlando la situación, calmándonos. Calmándonos a nosotros, que estamos cagados de miedo porque nos hemos encontrado a la muerte mirando a un amigo y tememos decir algo inadecuado para la gravedad de la circunstancia. Visualizo a Vilém dentro de un sándwich de niñas rubias, desgarrarrado por dentro mientras les dice que no pasa nada, pero sí pasa, que todo va a ir bien, pero no va a ir bien, mientras les ata las zapatillas de sus pequeños pies, llorando cuando no mira nadie, pensando qué hacer con el alquiler, pensando qué decir en la empresa, pidiendo trabajo remoto y media jornada en la empresa, porque no puede dejar de trabajar ahora que se va a quedar solo con las dos niñas; llevando a cabo la burocracia, eligiendo que la operen en Praga, adelantándose a una posible muerte repentina sin tiempo para salir de España y toda la cantidad de papeleo en el que podría llegar a leerse la palabra repatriación.

«Qué feo, qué feo, qué feo». Lo hablamos con Guillem y Marta en el almuerzo. Qué feo y qué jodido, todo el mundo está de acuerdo, y comentamos una película de Filmin que vimos ayer, qué feo, ¿qué vais a hacer estas vacaciones? Qué feo. Venir a trabajar a canarias durante seis meses, mover de su país a tu mujer, mover de su colegio a tus dos hijas, que no saben decir en español más que hola y muchas gracias y tortilla de patatas, y que tras los primeros tres meses tu mujer se vaya a morir y tengan que mandarla en avión a Praga persiguiendo una diminuta posibilidad de salvarla, y que hayas que irte de nuevo, corriendo, y que tengas que explicarle a tus hijas que su madre se está muriendo y mantener la compostura mientras tu mujer se muere. Llega Fermín con los cafés y las magdalenas. Nos cuenta el chiste del día: «Como dice el presidente de los estreñidos de España, a veces las cosas no salen como a uno le gustaría».

Es absurdo, le digo a M. Hoy le ha escrito a Vilém de parte de los dos. Su mujer murió el viernes. Cuando lo supe lloré. «Es tan absurdo que hace unas semanas le cantáramos cumpleaños feliz y luego su mujer se muera». Y después lloro con el tercer capítulo de The last of us. M me dice que la vida es eso. Sí que lo es, pero es tan absurda... Es absurda la vida y es absurda la muerte, absurda descontextualizada, rodeada de frivolidad, de cosas que hacen gracia, apretada entre cosas que hacen gracia como dentro de un sándwich. Vilém le escribe a M:

«If I only could help the kids to don’t miss her so much...»

M le contesta: «For anything you nerd, we are with you»

«Need*»

*Publicado originalmente el 24 de septiembre de 2023

 
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from FURBY FUCSIA FUMADOR

El redoble

“He tornat a vagar desficiós / Pels carrers del meu poble / Paissatge de grues i pols / Em van ofegant les hores”. Suena una canción de La gossa sorda en mis auriculares, y sus versos narran exactamente lo que estoy haciendo en ese momento. Vagar por mi pueblo. Sentirme ahogada por las horas que parecen no pasar, sino arrastrase lentamente como pequeñas orugas por la corteza de un árbol. No esperaba seguir escuchando La gossa sorda con treinta y pico años. Tampoco los primeros discos de Extremoduro. Ambos grupos se disolvieron hace mucho, sus melodías suenan a un tiempo que ya no me pertenece. Y sin embargo sigo volviendo a ellos cuando los relojes pesan demasiado y el penoso discurrir del minutero no parece estar conduciendo a transformación alguna: este día no va a convertirse en una mariposa que abre sus coloridas alas y me transporta volando lejos de aquí.

Extremoduro, La gossa sorda y todos esos grupos que escuchaba con diecimuchos y veintipocos me despliegan los recuerdos de primera juventud como escenarios de cartón piedra, listos para la representación de una obra que me sé de memoria. Hay una sensación omnipresente en todos ellos, soy capaz de olerla, noto en las encías su sabor a cloro: la expectativa. No recuerdo un solo momento vital de aquella época que no estuviese empapado de este deseo: «por favor, que pase algo». Que no se pareciese mínimamente a un redoble. Y el que no estaba empapado, al menos sí un poco húmedo, de expectación y de ganas. ¿Ganas de qué? De cualquier cosa.

Hay una canción de Rigoberta Bandini, Julio Iglesias, que habla sobre su juventud y contiene la siguiente estrofa, que me pone los pelos de punta:

Tanto trampolín

Tanta percusión

Y nunca saltamos

Impelida por esta manía mía de imaginar videoclips, cierro los ojos y veo, durante los cuatro minutos que dura el tema, un loop de pocos segundos en el que una niña se impulsa para saltar desde un trampolín hacia una piscina, que se corta justo antes de que la niña despegue los pies y vuelve a empezar. Ese pequeño clip ficticio, esta imagen, encapsula perfectamente la sensación de la que hablo.

No esperaba seguir escuchando La gossa sorda ni Extremoduro a los treinta años porque, cuando era más joven, estaba convencida de que en algún momento pasaría algo y de que aquello que estaba viviendo entonces no era más que la antesala de la vida verdadera, un sucedáneo, una tontería en comparación con lo que vendría, que sería olvidada y sustituida por años mejores. La vida antes de ese algo era sólo el impulso, y después vendría el salto.

Hace poco le contaba a una amiga, mientras esperábamos nuestras cervezas en la barra de un bar, que me había dado cuenta de lo mucho que me aburrían antes las fiestas. Que ha sido un descubrimiento tardío, reflexionado, una vez que he aprendido lo que significa pasármelo bien y cómo separar ese brillo del resto de la experiencia. Le conté que he bebido mucho, fumado mucho, besado a gente sólo para que pasase algo, porque me aburría soberanamente y la opción de irme a casa o no salir no la concebía en una etapa tan ligada a la opinión del grupo. De todas formas, no me arrepiento, le dije. De todo aquello que hice por puro aburrirme han quedado anécdotas. Como aquella noche en la que me enrollé con un tío que resultó ser millonario y le mordí tan fuerte el labio inferior que le hice una brecha. Ni si quiera me gustaba especialmente. ¿Por qué hice eso entonces? Para que pasase algo. Para saltar.

Hace un tiempo ya que me siento adulta. Y, aunque han tenido que ver la independencia económica y la convivencia en pareja, la sustancia principal de este cambio ha consistido en comprender que aquello que estaba pasando mientras esperaba o intentaba provocar que pasase algo era lo único que iba a pasar, que la vida era eso; que pasarían más cosas, pero nada extraordinario -pues hasta lo extraordinario se vuelve normal con el tiempo-; y que lo verdaderamente extraordinario era precisamente esa intensidad con la que deseaba entonces, esa furiosa expectativa y las cosas que hacía en su nombre. Que esa parte de mi vida no era ni mucho menos un sucedáneo, sino un ancla, el centro mismo de lo que soy, que se ha construido a partir de ese punto, con los mismos materiales que ya en aquel tiempo me componían, solo que en bruto. Y eso, aunque no podía concebirlo entonces, no era malo. Ya no me aburro, me siento en calma. A veces estoy triste y las horas se arrastran como gusanos, y entonces me refugio en el eco de esas ganas con sabor a cloro y en su banda sonora, sintiendo un pico de nostalgia y preguntándome si, quizás, ese algo aún está por pasar y pasará y se romperá el reloj; y ese pensamiento me alivia, me arropa, me mece un rato. Como lo hacía antes.

 
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from Random parole

Balconear

1. tr. Arg. y Ur. Observar los acontecimientos sin participar en ellos. * 2. intr. coloq. Arg., Guat., Hond., P. Rico y Ur. Mirar, observar con* curiosidad desde un balcón o cualquier otro sitio elevado. U. t. c. tr.

Ortega y Gasset se pensaba que su oficio era balconear. Por y para justificar eso escribió “El Espectador”. Balconear es todo lo contrario a mojarse y a tomar partido. De quienes así actuan , los equidistantes, lo que mejor se aprecia es su silencio. Cuando hablan, escriben u opinan, se abre la tierra para que se nos trague a toda la gente que padecemos de vergüenza ajena. Ese alarde de servidumbre voluntaria expuesta de óptimo grado. Un servicio para reproducir y consolidar lo que ya existe.

Ortega apoyó la República y fundó la Revista de Occidente, o sea, que poco partido no tomaba, aunque él se reclamara para sí como expectante. Dicha revista acogía, entre otros autores, escritos de Einstein, Rilke, Faulkner o Kafka. En su empeño equidistante,o menos, también amparó las firmas de Ernesto Giménez Caballero y Ramiro Ledesma Ramos, ambos dos introductores del facismo en España. Aceptarlos como portadores de un discurso discutible acabo acabó por engullirle. Se exilió y volvió en 1945 para seguir callado, el precio del balconeo. Y es que la práctica estricta del balconeo supone el repudio por parte de todas las partes y tiene cono primera consecuencia dar nombre a un nuevo asiento del inventario malditista ( tiene que haber alguien malo para que los demas se sientan buenos) . De entre semejante universo, suele ser los ecuánimes ( otro sinónimo de equidistante) los primeros en manifestar su más enérgica repulsa.

Quizá los últimos balconistas auténticos hayan sido los anarquistas. No en balde fue Durruti quien propuso destruir al fascismo, en vez de discutirle. Acabó muerto,claro. El otro hasta llegó a cobrar alguna nómina atrasada a la vuelta. En pago a su equidistancia.

 
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from Random parole

Barco encallado

La arena es muy permeable, así que no es util para enterrar cosas definitivamente, o al menos. para un tiempo largo, ya que nada es para siempre. Para enterrar cosas, condenarlas al olvido es mejor cubrirlas con arcilla. Los primeros recipientes, según las zonas claro,eran de cerámica, de arcilla cocida. De ese modo evitaban las filtraciones, y eran más impermeables una vez cocidos. Enarenar´( sinónimo de arenar),leo, tiene diversos usos en la agricultura. En Canarias, enarenan los cultivos con ceniza volcánica con el objeto para conservar la humedad.

Enterrarse en arena hasta la cabeza forma parte de los juegos playeros. De hecho, es una de las actividades más populares en la playa, a la que se le atribuyen propiedades curativas. Aunque hay disputas al respecto Por contra, figura como método de tortura. Depende de su intensidad pasar de vital a mortal. Arenar sirve también para quitar óxido de los cascos de los barcos y la mugre incrustada en los edificios públicos tras años siglos de exposición a la intemperie. Luego quedan de un color crudo despelletado, anomalia albina de los cascos urbanos, Los barcos si enarenan, escollan. Un problemón que, a menudo, ya no, provocaba una dinámica de grupo que ha inspirado pelis y reality shows. Molaría ver el naufragio de un crucero, su arenamiento, a ver qué pasaba. Prosáica alegoría de un colapso anunciado. Un escenario adecuado para empezar a decrecer, una vez agotadas las existencias de buffets y barras libres y tiendas “on board”.

 
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from La estantería de McAllus

Bienvenidos a este nuevo proyecto de blog que viene asociado a mi nuevo perfil en “lectura.social”. En la estantería de McAllus voy a escribir sobre las lecturas que vaya haciendo.

Mi idea es escribir reseñas extensas de algunas obras y luego una entrada quincenal o mensual con un resumen de todo lo que haya leído ese mes.

Y por si tenéis curiosidad tengo otro blog El Laberinto de McAllus. Allí escribo relatos y hago algún unboxing de vez en cuando. Además, en breve, empezaré a subir material rolero (principalmente para Savage Worlds o sin sistema de juego).

Y si queréis seguirme en diversas plataformas tenéis todos mis enlaces aquí

 
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from Random parole

Descojonantes

Maurochistes

Como me gusta cumplir con la palabra dada, me ciño escrupulosamente al resultado random del Wiccionario y me sale la palabra citada arriba. En plural. Lo que mehace pensar que a la autor(a) de esta entrada,también le dio cosica entrar a definirla. Llevo desde ayer, sábado, al punto de la mañana,dándole vueltas. Me fuí al diccionario online de la RAE y veo que pone: “1. adj. malson. Esp. Tronchante, muy divertido.”

Estos de la RAE se sacuden el pudor y se enfrentan a las palabras tal como vienen ( habría mucho que hablar en cualquier caso, sobre el carácter apolítico de sus criterios). It's their job.

Es cosa de hombres

Troncharse, mondarse, partirse la caja, debe ser cosa de hombres, según se deduce del origen del término, cuya raiz proviene de la denominación vulgar de los genitales masculinos. Escena de sobremesa: ellos, descojonándose con chascarrillos, chanzas y gracietas que luego darán lugar a chistes ( o no, todo depende si el ingenio y la repetición lo propician) Es la hora del coñac, el carajillo,o el trifásico (aunque ahora se lleva más el gintonic que anticipa el tardeo) Ellas, ponen y quitan cosas de la mesa, mientras rien y observan discretamente; o acaban haciendo su propio corro porque constatan que ese aire descojonante no va con ellas,porque ellas no se descojonan (obviamente).

Eunucos y sentido del humor

Prosigo con mi reflexión y me pregunto: si descojonarse tiene como resultado verse privado de las gónadas, ¿que ocurre con los eunucos? ¿disfrutan de una gracia especial? ¿son la monda lironda? ¿son magníficos contadores de chistes?¿gozan de un permanente estado risueño? Trato de despejar mis dudas,y acudo a la autoridad del diccionario de la RAE, que me ayude a alcanzar alguna conclusión válida. Y ¿qué me encuentro?

“* 1. m. Hombre castrado.

  1. m. despect. Hombre poco viril, afeminado.

  2. m. Hombre castrado que convivía en los harenes con las mujeres*“.

Se ve pues, que no, que descojonante sería algo que tiene la cualidad de castrar, pero que en realidad es una situación transitoria privativa de los hombres completos, por lo que cabría entender que sólo ellos podrìan troncharse, mondarse y partirse la caja. Lo de hacer reir ( ser objeto de risa o tener la capacidad de mover a la risa) es otra cosa...

PD: He elegido este dibujo de mi admirado Mauro Entrialgo (@tyrexito@mas.to) por su potencia evocadora en cuanto a humor inteligente se refiere. Espero haber acertado y que al autor no le sepa malo.

 
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