Balada solitaria de Pulpo Joe
En las aguas del puerto de mi ciudad, bajo la superficie con restos de suciedad flotando, el ambiente es bastante peligroso. Hay bandas de lucios que pululan por ahí dándose empujones y buscando bronca. Hay rodaballos mafiosos traficando con gasolina. Congrios dispuestos a darte un buen susto. Pero también en ese barrio, en pleno centro aunque tranquilo porque todos lo conocen, vive Pulpo Joe.
Sabes que te acercas a casa de Pulpo Joe porque lo primero que oyes es su piano. Se pasa el día entero tocando. Su casa está junto a las rocas y la construyó con viejas chapas metálicas y sus habilidosos ocho tentáculos. Se puede definir como una casa destartalada pero él piensa que es más que suficiente. Los artistas son así. Pulpo Joe no necesita más para vivir tranquilo, tocar el piano, y alguna noche que otra, tomarse unos vasos de gasolina con soda.
Pulpo Joe toca viejas baladas de blues. Y ¡ah!, es una gozada oírle. La mayoría de los que se mueven por esa zona del puerto no aprecian su arte, pero si te gusta un poco la buena música lo disfrutarás.
Una noche de viernes, con el típico ajetreo por el barrio marino, Pulpo Joe estaba tocando una buena versión de Long Distance Call de Muddy Waters. Estaba tan feliz con los ojos cerrados, viviendo cada nota, cuando oyó que alguien llamaba a su puerta de lata. Siguió tocando, esperando que fuera algún gamberro pero no: volvieron a llamar.
Pulpo Joe chasqueó con la boca, dejó de tocar y fue hasta la puerta. La abrió con su tentáculo número tres, pero él no pensaba en números, igual que tú no piensas en brazo uno y brazo dos. Abrió la puerta y punto. Allí fuera estaba un mero repeinado y con gafas de sol.
—¿El auténtico Pulpo Joe?
El viejo pianista no contestó, solo miró de arriba abajo al visitante y al final asintió. El mero hizo una pequeña reverencia y se presentó como Tino Varela, representante musical de artistas. Se recolocó las gafas de sol y le dijo que tenía una buena oferta para él, pero ¿podía pasar?
Pulpo Joe consideraba que ya no tenía edad para muchas ofertas pero aun así le invitó a entrar. Un tema de educación. Además, no sabía por qué pero aquel mero le había caído bien. Se sentaron a la única mesa que había en la casa de lata y tomaron café mientras Tino el representante hablaba, hablaba y hablaba.
Le contó que alguien con el talento de Pulpo Joe no podía estar en casa tocando viejas baladas, que por cierto sonaba de perfeeeeeeecto cuando él llegaba, pero que tenía que estar atento a las oportunidades y él, Tino Varela, conocido representante de grandes estrellas de música submarina, tenía una gran oportunidad para él.
Pulpo Joe asentía y estaba empezando a aburrirse. Entonces Tino se pasó la mano por el pelo engominado y se puso serio:
—¿Has oído hablar de Laura and The Fabulous Krills? ¿No? Es imposible.
El mero tomó aire y continuó: era una banda que estaba subiendo como la espuma. Al frente estaba Laura, una ballena joven con una voz excepcional, y la acompañaba un coro de krills que cantaban desde dentro de su boca. Algo impresionante, tenía que verlo, el público se volvía loco en los conciertos. Peeeeero andaban siempre cambiando de músicos, por cosas que no venían al caso, y ahora mismo necesitaban un pianista, un buen pianista con experiencia. Pulpo Joe no dijo nada. El mero estiró una sonrisa que casi se salía de la caseta.
—Es una oferta única. ¿Preparado para el rocanrol?
Pulpo Joe abrió la boca al fin y dijo que lo iba a pensar, que pasara al día siguiente. El mero no supo que contestar, cosa muy rara, y se quedó abriendo y cerrando la boca. Pulpo Joe aprovechó para levantarse e indicarle la puerta disimuladamente (tentáculo 4).
Finalmente el visitante se fue y Pulpo Joe pudo volver a su tranquilidad.
Se sentó al piano y estuvo un rato jugueteando con las teclas. Después, volvió a tocar desde el principio Long Distance Call de Muddy Waters.
Para cuando volvió el mero Varela al día siguiente, Pulpo Joe tenía más que pensada su respuesta.
—Muchas gracias pero creo que estoy viejo para el rocanrol.
A Tino Varela se le movió el peinado del disgusto. ¿Pero pero pero estaba seguro de lo que decía?
Educadamente, Pulpo Joe cerró la puerta. Qué le iba a hacer, si le gustaban más las baladas. Qué le iba a hacer, si era un pulpo solitario.
Se sentó al piano y empezó a tocar. Y aunque llevaba un tiempo sin hacerlo, sonrió.
Comentarios y saludos siempre bienvenidos.