En la Taberna del Salmón Dorado
Eran diecisiete los osos que estaban tomando un refrigerio aquella tarde en la Taberna del Salmón Dorado, y se respiraba entre ellos, entre los diecisiete, un ambiente raro.
Se acercaba la temporada de salmón y se rumoreaba que apenas se iba a poder pescar. Que si había pocos salmones, que si del valle subían negras noticias de ríos medio vacíos…
Así, los diecisiete osos estaban cabizbajos cuando entró en la Taberna del Salmón Dorado un pequeño armadillo que llevaba en la mano un maletín. Al principio nadie se dio cuenta, pero cuando el armadillo pidió un vasito de vino y empezó a hablar con el tabernero, su voz aflautada resonó y rebotó por toda la taberna. Y lo que contaba hizo que los osos fueran levantando las miradas de las mesas, y que sus orejas se fueran poniendo en punta.
—Un río vacío, ciertamente —aseguraba el armadillo—. Eso es lo que viene esta temporada. Y nadie sabe por qué. Pero el caso es que no va a haber salmón más que para unos pocos.
Los osos se sintieron aún más apesadumbrados. El armadillo, que hablaba con mucho aplomo, continuó:
—Claro que si uno sabe cómo hacer salir a los salmones del agua…
Uno de los osos se acercó de un salto y le preguntó:
—¿CÓMO?
—Hombre, bueno —respondió el armadillo haciéndose el remolón—, yo es que soy vendedor de medicamentos, sabe usted, para las farmacias. Y yo creo que si uno es un poco astuto y pone una pizquita de un producto, concretamente en este caso de bencemato de politonelo en el agua, donde va a pescar, pues…
En menos de tres segundos, el armadillo tenía a los diecisiete osos rodeándole. Los diecisiete osos querían saber qué pasaba si se ponía un poco de bencemato de politonelo en el agua.
—Lo descubrí un día de casualidad —siguió el armadillo completamente rodeado por los osos—. Resulta que si tú pones un poco de bencemato de politonelo en el agua… ¡Alehop! ¡El salmón salta fuera del agua!
Los osos saltaron también al oírlo. ¡El salmón saltaba fuera del agua! Uno de los osos preguntó con voz muy fuerte si el armadillo tenía bencemato de politonelo en su maletín. Quería comprárselo. Automáticamente, a muchos otros también les pareció una buena idea.
—Aaaaaah no, no, lo siento, muy señores míos. No llevo bencemato de politonelo. Bueno sí, la verdad es que un poco sí que llevo, pero este material es para las farmacias…
No pudo hacer mucho más. Enseguida todos los osos le quisieron comprar el bencemato de politonelo. Y se pusieron tan insistentes que al final, el armadillo casi se vio obligado a vendérselo.
En pocos minutos, cada uno de los diecisiete osos tenía su cápsula de bencemato de politonelo en el bolsillo. Después de esto, el bar no tardó en quedarse vacío, mientras que la cartera del armadillo estaba llena, rebosante de billetes. Se pidió un segundo vinito y el tabernero, que era un tejón ya entrado en años, le miró con el ojo un poco torcido.
El armadillo se bebió el vino tranquilamente y se marchó.
Un par de días después comenzó la temporada de salmón y allá fueron los diecisiete osos con sus diecisiete cápsulas de bencemato de politinelo. Cada uno se colocó en su recoveco, su roca, su zona del río favorita para la pesca. Y esperaron. Y no tardaron en ver que, en efecto, por el río subían muy pocos salmones. Así que cada uno de los diecisiete osos sacó su cápsula de bencemato de politinelo y la colocó en el fondo del río.
El río se llenó de espuma, de más y más espuma, porque las pastillas no eran otra cosa que detergente concentrado. ¡Vaya engañifa! ¡Y pobre río, como sufrió con tanta limpieza que no necesitaba! Por suerte, se le quitó pronto toda aquella espuma.
Cuando los diecisiete osos comprendieron que habían sido timados, lanzaron ruidosos gruñidos hacia el cielo y dieron zarpazos de rabia al agua. Y enseguida fueron todos corriendo hasta la Taberna del Salmón Dorado.
Nuestro amigo el armadillo, como podéis imaginar, estaba muy pero que MUY lejos de allí, y al tejón tabernero le dio un ataque de risa cuando le contaron lo que había pasado. En cambio, a los diecisiete osos todo aquello no les hacía ni pizca de gracia…
Los diecisiete osos buscaron durante mucho tiempo al armadillo y a su maletín, pero nunca jamás lo volvieron a ver por aquellas tierras.
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