Francisco Molinero

1959-

La experiencia de la ausencia casi siempre es amarga. Los amigos que no están, el amor que nos abandona, los padres que fallecen; de una u otra manera nos entristece no tener a nuestro lado a quienes queremos y muy posiblemente aunque lo razonable sería olvidarnos y dedicarnos a seguir viviendo, a coleccionar esos pocos días felices que nos depara la vida o a pasar por uno de esos días normales que dicen son la mayoría, nos dedicamos a ahondar en los sentimientos. Lo razonable nunca es lo que hacemos, casi nadie elige lo razonable. Lo razonable es aburrido porque nos da seguridad pero no nos ayuda a sentirnos vivos, así que elegimos guardar la ausencia, recordar, pensar que seríamos más felices si no se hubiesen ido, si no nos hubiera abandonado o si no hubiese muerto. Lo razonable es una invención, un constructo teórico. Yo soy un hombre poco sentimental, creo, o por lo menos me cuesta sacar mis sentimientos, demostrarlos, compartirlos, así que casi siempre soy un hombre razonable, aburrido en ese aspecto y bien protegido contra las aventuras, sin embargo me cuesta olvidarme de las personas a las que quiero, recuerdo cada mujer a la que he amado y a todas aquellas personas que me han dado lo mejor que tenían. Acabo de oír que la celebración de Halloween es una fiesta de origen celta para conjurar el peligro que supone que el comienzo del invierno borre la tenue línea entre la vida y la muerte. Dar miedo al miedo, evitar que los fantasmas se hagan con nuestro cuerpo aprovechando que un día al año ambos, vivos y muertos, estamos juntos. No me disfrazo y no he ido al cementerio a visitar a los muertos y no lo hago por falta de convicción sobre lo sobrenatural, lo divino, el ateísmo que me corroe, pero el próximo Halloween encenderé una lámpara de color calabaza para conjurar la llegada de la tristeza.


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Tenía ganas de escribir

Tenía ganas de escribir. Hace mucho que no escribo poesía. Me he tomado un respiro de las redes para reordenar las ideas, los papeles, el cuerpo, de manera que esa destrucción diaria de la que habla mi libro Arquitectura interior sea hoy menos acusada. Además estoy desanimado. Hace tiempo que siento que la vida se me escapa entre los dedos, el tiempo me adelanta y tengo una vívida sensación de final. Esto se acaba

Tenía muchas ganas de escribir de política como hacía antes, pero la verdad es que lo que pasa en este país es tan destructivo, tan infame, que no sé si escribir lo que pienso puede que sea ilegal. Creo que sí, seguro que lo es, porque no puede ser legal ya casi nada en un país que se está dejando extorsionar, secuestrado por una élite inmoral e insaciable a la que apoyan millones de personas fanatizadas con unos contra otros. Me quiero ir de mi país y sé que lo haré tarde o temprano, porque no se puede vivir rodeado de tanta basura sin terminar oliendo a podre.

Tenía muchas ganas de escribir de novelas como hacía antes, y sacar a pasear a Román por algún pueblo de una república olvidada de la URSS en su reencuentro con Luba, sexo, amor y muerte, como no puede ser de otra manera en una novela de espías; pero para ello necesito calma, algo de paz interior y la motivación de publicar y esa hace muchos años que la perdí después del esfuerzo y el dinero que me supuso el libro, tendré que recuperar gota a gota.

Tenía ganas de escribir y al final lo he hecho, me he quitado el mono de no estar atado a un verso, aunque cuando el verso es perfecto, más que atadura es liberación. Tenía ganas de dejar que los dedos me interpretaran libremente y se posaran en las letras con la decisión de quién sabe lo que quiere hacer y me dejaran entonces vivir viendo como las palabras salían de mis manos por su propio pie. Tenía ganas de escribiros y convocaros. Estoy triste y sé que solo el tiempo, ese que se me escapa, vendrá a mi rescate. Mientras os dejo estas miguitas por si me pierdo y me tuvierais que ir a buscar.


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Escenas

En la noche cuando se oye el silencio cuando vienen los rumores del recuerdo y retumban en el eco de la soledad se abren las heridas del pasado.


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Las canciones no se acaban

Las canciones no se acaban si la luna sale y el sol prepara una vez más la ronda, la esférica circunvalación diaria.

Las canciones no se acaban y mi recuerdo prepara una vez más el anillo que te devuelva intacta.

Las canciones no se acaban pero no explican casi nada no te explican.


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El silencio íntimo

Me alivio y recupero el aliento sustraigo el ánima del aire que se me había escapado la presencia de espíritu, desenredo la madeja de las horas y los minutos enmarañados el esfuerzo cotidiano con el peine del olvido y me miro al espejo de los días vacíos las noches negras los despertares solitarios en habitaciones desconocidas desconcertantes.

Me reclino sobre las teclas conocidas apoyo mi espalda en el sofá templado de la rutina doméstica el gato sobre las piernas, remolón; me cuesta cerrar los ojos para mirar hacia atrás, descabalgar tanta visión espeluznante del vacío lo que no se puede mirar, ni ver me cuesta cerrar los ojos sin marearme conciliar el sueño zanjar de una vez por todas el apetito enfermo.

Por eso me refugio en el silencio íntimo.


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No encuentro una regla fija que mida los pasos la distancia una ecuación perfecta, milimétrica que me aproxime ni siquiera un truco mnemotécnico una razón invariable o que al menos sea útil.

Camino sin saber cuánto me acerco o me alejo.

Uno, dos, tres, cuatro ¡qué más da el recuento si ni siquiera puedo medir el tiempo la distancia de la luz entre cada pisada el enigmático peso de mi cuerpo de mi cansancio.

Desplazo la incertidumbre, la ecuación no resuelta.


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Contabilidad

Detrás de un verso una suma verso y sigue contabilidad del alma estoy en números rojos viviendo de las rentas de ejercicios anteriores.

Si sigo así suspenderé pagos los cobros martes y jueves.


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Esperaba que vinieras agazapado, escondido en la sombra.

Esperaba que aparecieras me rescataras de la noche, de las sombras.

Esperaba y la noche se fue haciendo oscura densa.

Esperaba volar pero mis pies se hundieron en la bruma plomo en las alas.

Luego las luces se hicieron tenues y poco a poco perdí la esperanza de oírte de volar.

¡Me pesa tanto la noche!

Hay un lugar intermedio, fractal un lugar abierto en medio de la pradera pero no sé como llegar no sé por eso desgrano los minutos aquí en silencio con plomo en las alas y deseo el instante de la luz.

La vida se me revela amarga.

La noche al menos me acuna y si no llegas y si no vienes soñare que vuelo.

Plomo en las alas


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Una curva blanca

I Música y llanto con la mano aprieto el tallo, la espina y pienso y pienso y pienso y sueño que la arena no se me cae entre los dedos aprieto el puño, recojo el aire y siento la espina que se clava entre dos venas entre dos ojos que miran lo que no han mirado nunca el viento que reseca mi mirada, mis ojos que recuerdan y sueño y sueño y sueño y pienso que hay una forma distinta, una espina que no se clava.

II

Se puede dibujar una línea recta alrededor de cada cuerpo de cada almohada que espera, de cada grano de arroz que busca la tierra húmeda que germina y sueño y pienso y deseo y deseo poder contar cada piedra recogida en la playa cada cuenta que recuenta mi vida, cada cristalito que me llama la atención.

Pienso, sueño, deseo y mientras tanto espío las horas cuando me dejan atrás cada una de las historias que no he contado cada una de las verdades que me he tragado como un enorme sapo como piedras de volcán que salieran disparadas en medio del fuego.

La espina se clava entre la carne y el hueso, en ese punto donde las cosas se muestran se revelan ¡con tanta claridad!

Cada gota me recuerda lo que no hice y cada olvido se descuelga como lágrima cada olvido me acerca imparable.

III

No se trata de lo hecho, se trata de todos los sitios que no he pisado los labios, los rincones que quedaron tejidos por la araña las canciones que no brotaron, los manantiales de los que no pude beber cada una de las manos que no he tenido.

IV

Se puede dibujar una línea curva perfecta entre el pensamiento y el sueño una elipse que recoja todas las cosas que se han ido colando entre los dedos como arena una enorme curva blanca, luminosa.

Me gustaría dejar de apretar la mano sobre el tallo que hiere la carne, dejar de pensar, pensar, pensar sentir soñar y después dormir una siesta tibia, la mano descolgada sobre ti, amante mía y morir y resucitar.

Desearía poder vivir la tarde eternamente.


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Descender al infierno no es tan malo

Tengo que bajar tanto, tanto descender deshacerme para encontrar cada verso que apenas me quedan fuerzas.

Ahora ya, desgastadas las palabras ¡qué podré ofreceros!

Tengo que bajar tanto descender deshacer la rutina que me deshace que apenas me quedan palabras.

La luz de la tarde que se cuela por mi frente el silencio de la carne que ya no espera.

Tengo que bajar tan abajo que el infierno me parece benigno y me quedo resignado en silencio.


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