Así, sin más
mientras un rayo recorre tu espalda
la noticia de la posible oscuridad se presenta
y ya solo queda el goteo imparable del tiempo
esperar la noche íntima
descansar en el recuerdo de la luz recibida y disfrutada
aprenderse los pasos, las esquinas, los obstáculos.
Así, sin más
fade out.
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Espérame en el desaliento
tras la curva del desánimo
más allá del penúltimo peldaño.
Orden inaccesible, imposible.
No consigo emparejar las piezas correctamente
saber si lo que sigue debiera anteceder
si estás, estabas o estarás.
Espérame aunque parezca que no voy a volver
no tengo donde ir
salvo a tus brazos,
espérame convencide
porque ahora comprendo que no entendía nada
y tendré que regresar vencido.
No te pido nada más
pero al menos
que tu abrazo me recompense.
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Si puedo elegir me quedo con la caricia
con el bálsamo, con el elogio.
Pura supervivencia.
Pero casi nunca puedo
y es por eso que que ansío el refugio templado, tenue
hasta donde no llegan las críticas.
Mi ojos tapados por tus manos
para no ver lo que no quiero
la espalda curvada
las manos encogidas sobre el pecho
las piernas cerrando el círculo protector.
Si puedo elegir me quedo con la luz de la tarde reflejándose en tu cadera.
Pura supervivencia
pero no siempre puedo
y es por eso que recorro cada uno de los pasos que fueron seguros
hospitalarios
racionales
para no descubrir lo que no quiero ver.
Si puedo elijo el silencio para poder pensar
y un olor a humo y piel.
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Quise decirlo con mis labios
saber como sonaban las palabras
tendido junto a ti, mis ojos en tu cadera
la mano
dulcemente posada en tu sexo.
Quise saber del sonido.
Quise saber de ti
las palabras mágicas, la dulce enredadera de tus ojos
la voz que me calma, me adormece y me acuna
quise saber de ti, la mano
hurgando
abrazándote
buscando la suave caricia
la voz del sexo, mi pecho a tu espalda unido
la voz que suena en tus oídos.
Quise saber que se sabe al oír
al conocer, al descubrir la tarde sobre tu espalda
tan lánguidamente derramada que parece inexistente
la mano que introduce el sonido
que te busca tan dentro
mis labios sobre tu cuello.
Quise saber volar
allí silente, queriendo, deseando
la mano enredada en tu vello
rozando levemente la comisura
la ínfima parte
y mi sexo y tus nalgas
sutilmente recorridos por una línea imperceptible.
Entonces quise saber como suenan las palabras
las más íntimas, oscuras, las que no se dicen en las plazas
las que se esconden, las que buscan las manos en el regazo
las palabras que se susurran
las que no se escriben.
Quise saber como suenan en tus oídos
su efecto
la magia que ejercen, el vello erizado
quise conmoverte, que me sintieras
y te susurré al oído
y mi mano tocó el lugar que deseabas.
Luego un temblor. Te quiero
y la tarde se durmió en mis brazos tan lentamente
que mis ojos se cerraron sobre tus caderas.
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Deberíamos hacer algo
o no hacer nada
definitivamente
deberíamos es una palabra que termina mal
o empieza mal
deberíamos es un grito
que no podemos satisfacer
deberíamos hacer que hacemos algo
despistar por un momento el aburrimiento
o hacernos con él
deberíamos amarnos
y disfrutar
pero no nos llega el agua al cuello
nos llega una niebla densa
por eso no estoy seguro
no se si debo
o no debo
si el cambio bajaría el nivel
o por el contrario me ahogaría de una vez por todas
y entonces desearía no haber debido
y haber amado
solo amar y disfrutar.
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Vivo en una casa de papel
apenas separado de la furia
levemente protegido del grito
del espanto
de la guerra.
Vivo bajo un techo transparente que no me protege
y oigo los ruidos exteriores
cada una de las razones falsas, falseadas, repetidas
cada bomba que silba hacia un objetivo lejano
cada ceguera que implanta un criterio.
Vivo en una casa de papel
asustado, encogido, poco más o menos, acurrucado
oyendo los tambores de marcha
los engranajes poderosos
el choque metálico, chirriante.
Nada me protege, ni siquiera cerrar los ojos
en mi casa de papel traspasada,
aniquilada, registrada, violentada, mentida, abusada, destruida.
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