Francisco Molinero

1959-

Destilo

En un instante tan amargo destilo las mariposas azules que murieron en mi estómago hace tiempo.

No hay noche.

El sol reseca el esqueleto blanquecino el esqueleto cansado los huesos crudos.

En un instante lúcido destilo en un enorme alambique la oscuridad.


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Ya lo veis, la vida se revuelve afanosa.

¡Qué madrugadas bajo la lona tímidamente agazapados, envueltos, acurrucados!

Ya lo veis, el recuerdo es indeleble este y el otro el bueno y el malo, lo que pasa es que seleccionamos hacemos el trabajo del entomólogo pinchando cada imagen con un alfiler y perdiendo cajas enteras de coleópteros innecesarios.

Ya lo veis, y si tenéis memoria lo oléis lo único que no cambia nunca es la mirada.

Me acuerdo de tus ojos como si me enamorara hoy mismo me acuerdo de ti con precisión, una mirada que iba más acá de la piel.

Ya lo veis, sagradas vacas multicolores Tengo una caja de recuerdos pinchados con un alfiler en alguna parte de mi cabeza tan cerca del placer como del desastre.

Ya lo veis, vengo de un hilo que continua.


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Anhelo

Ya no me importa la luz ni siquiera un aliento que me reviva solo quiero la palabra justa el verso que te alcance en el centro -dardo sutil en la mañana- apenas una ráfaga de aire frío que te recorra entera los blancos muslos las caderas donde me refugié tus pechos grandes la boca muda.

Ya no quiero nocturnos insomnes ni sábanas desiertas solo quiero el verso preciso que te hiera la daga que taje la herida por donde sangre el amor la voz perfecta que te cautive el alma y te devuelva la rima exacta que detenga el tiempo un instante, eterno, sublime solo eso quiero y no puedo tenerlo.


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Sentido común

Había olvidado como sabía tu piel por falta de tacto.

Había olvidado como deslumbran tus ojos por falta de vista.

Había olvidado como suena tu voz por hacer oídos sordos.

Entonces me llamaste y todo volvió a integrarse ordenadamente.


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Amanecer

Esperaba haberte visto al amanecer entre la bruma del sueño duermevela entre los trigales imaginados imaginarios.

Deseaba tenerte al alba junto al primer aliento hablar de las cosas imperceptibles susurrarte justo entre el sueño y la consciencia entre la lavanda imaginada imaginaria.

Soñé contigo en un reencuentro fractal donde nada está acabado ni empezado totalmente entre las olas y la arena imaginadas imaginarias.

Me dormí anhelándote tal y como te recordaba de los días en los que amanecimos juntos.


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Y ahora qué

Y ahora qué si nos hemos sentido enamorados de manera urgente en un instante que se nos escurría de entre las manos.

¿Cómo retomar el hilo? la luz que nos une la boca que espera un beso tan largo infinito.

Y ahora qué la vida sigue indiferente sin saber lo que nos pasa sin prestar atención dejándonos hacer.

Y ahora qué, ¿qué podemos soñar entre los dos?


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Deshacerse

He recortado cada una de mis esquinas las aristas peligrosas todas las espinas que me sobresalían una a una las ideas cortantes uno a uno los sentimientos puntiagudos los salientes cada ángulo el borde afilado he recortado cada uno de los destellos más preciados para ser romo y pasar desapercibido.

Ahora no soy simplemente he desaparecido entre la multitud tan redonda tan oscura.


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Tedio

Miro el reloj tan continuamente que el tiempo parece regresar buscar el big bang.


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Simplemente esperando

Bajé del monte tan rápido que el viento no me alcanzaba.

No te vi.

Ahora ¿para qué quiero el cielo sobre mi cabeza la luz tenue la sombra que permite la siesta?

Me he quedado en el sitio erguido esperando que algo cambie esperando que todo permanezca o simplemente esperando.


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Hace ya bastantes años que escribí este libro y aun creo que sigue vigente para mi. Para el día de su presentación, uno de los más excitantes de mi vida, escribí este discurso que dejé leer a otra persona porque yo sabía que las lágrimas no me dejarían. Las lágrimas siguen sin dejarme a día de hoy. Eso es algo que no se recompuesto y aunque lo vivo con cierta rabia, ya me voy acostumbrando. Me ha parecido un buen momento traerlo de vuelta usando este blog donde poco a poco estoy dejando los cristalitos que espero que alguien encuentre en la playa donde nuca va nadie.

Juliana, la persona que ha terminado dando forma al libro y que nos ha regalado dos preciosas ilustraciones, me dijo un día, cuando hablábamos sobre la imagen de la portada, que un accidente aéreo, la imagen de un avión destrozado tenía «mal feng-shui», que no le vendría bien al libro. Espero que no tenga razón. Ella es más mística que yo y posiblemente conecta con fuerzas que a mí la naturaleza me ha vedado. Yo simplemente soy un pesimista, un pesimista empedernido que hace años se quebró. Bastaron unas semanas de desgarro personal, de descenso a los infiernos, para desmoronarme como un castillo de naipes. Más tarde tuve que aprender a atravesar un desierto en el que la arena era la misma nada. Después aprendí a sobreponerme al desastre diario que supone vivir para mi, a reorganizar ese interior que se desmorona desde el mismo instante que empieza el día, a aumentar la entropía antes de que llegue a cero y el deseo le dé paso al desánimo, aprendí a vivir aguantando unas ganas enormes de llorar en cualquier momento del día, a sentir la piel de gallina si alguien me dice que me quiere.

De esto habla el libro; quizá para decirlo con algo más de precisión, este libro es el resultado del rescate que la poesía me brinda para no desaparecer, confundido entre los minutos como un proceso temporal que no conduce a ningún sitio. Y así os digo en alguno de los textos, que no hablo de mí, hablo de utilizar un espacio interior de otra manera, de volverlo a pensar, de encontrar la forma de hacerlo habitable después de que quede arrasado cada día. No hablo de mí, hablo desde mí, desde dentro de una habitación vacía donde las palabras tienen eco. No hablo de mí, hablo del espacio que contiene un vacío, aire, luz, distancia, hablo de la luz que emite cada cosa, de la distancia que hay entre una piel y otra piel.

No hablo de mí, quería hablar de ti y ver si mis palabras te acertaban, conseguían moverte, conmoverte, emocionarte, conmocionarte, comprobar si tú también estabas remodelando ese vacío que deja vivir, cada tarde.

No hablo de mí, no solo de mí, no solo; hablo de todo lo que me parece que es importante, lo que es sustancial, lo absolutamente estructural, aquello en lo que podría basarme para construir una vida menos efímera, por eso hablo de sexo, por eso del miedo, por eso de ti. No hablo de mí, me hablo a mí para poder escucharme vivo.

La vida son palabras, y yo solo puedo vivir cuando las pienso y las escribo; el silencio es simplemente la construcción del próximo verso.


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