No querría vivir tanto que la vida se me hiciera larga
vacía y caprichosa como un paseo de domingo por la tarde
rodar indefinidamente sin tener una pared que me pare
una sonrisa que me distraiga.
No quisiera perderte siempre, constantemente, indefinidamente
y tener que volver a la primera casilla de la oca cada vez
colocarme en los tacos de salida esperando
el disparo electrizante que me catapulte
tras los muros inaccesibles de lo que deseo y no tengo
en una vida que parezca eterna como parece eterno el tiempo que mide mi ansiedad cuando no me hablas.
No me gustaría vivir lentamente una existencia sin sobresaltos, que al menos sea rápida
diminuta
y al final que ralentice hasta hacerme consciente, lúcido.
“Mi casa sin ti está en ninguna parte”
No quiero abrir los ojos cada día como si fueran el primero o el último
prefiero la sensación constante que me impide cortar los trozos del tiempo
cada instante continuo. y encadenar los sentimientos en una línea perfectamente dibujada en la pared que puedo mirar cada día.
No querría vivir tanto que se me haga pesado, que se os haga pesado
que quisiera haberme perdido, haberme ido hace tiempo
haber cogido el hatillo y haber empezado a caminar mirando cada cosa como si me sorprendiera.
Solo me sorprendes tú cada noche, la mano indolente sobre mi piel
No quiero recordar casi nada, que la cabeza no me pida esfuerzo para nada
y luego dormirme
prefiero un sobresalto, la rugosidad y dormir a tu lado sin conocerte, sin saber de qué vas y sin miedo
No querría vivir tanto que los recuerdos sean el leit motiv
la condición sine qua non, la fuerza gravitatoria de cada espejo y se apoderen de todo
que las canciones se repitan aleatoriamente por días y días
no quiero vivir tanto, que te des cuenta de que no me quieres y un día te marches
y yo me quede esperando que todo se precipite.
No querría vivir tan silenciosamente como hasta ahora, pero no sé como vivir de otra manera
encerrado, carcelero de mi mismo, de una historia mal construida que pudiera alargarse aun cuando la trama esté deshilachada
me bastaría con un par de recuerdos y un atardecer
y que la casa se fuera vaciando al mismo tiempo que yo, perdiendo los muebles, los cuadros
las puertas, las ventanas, las paredes y al final quedase yo solo en la tierra anclado.
No querría vivir tanto que se os hiciese cuesta arriba.
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