Francisco Molinero

1959-

Antes de nada quiero pediros disculpas porque ya solo quiero volver desandar el camino andado volver sobre cada una de las pisadas dadas exhalar todo el aire respirado y volver ahora mismo solo quiero volver tan rápido como pueda volver y dejar delante lo que no he visto porque ya no lo quiero no me interesa el tiempo que viene, ni la luz que ha de crearse ni lo sonidos que han de producirse solo quiero volver al útero personal a mi refugio más querido al recuerdo amable de tus pechos.

Disculparme por no seguiros más estoy cansado triste y solo quiero que mis pasos retrocedan regresen a las postas en las que paré porque no quiero ya casi nada que no sea un pasado más pequeño e íntimo la soledad merecida, la que no se impone.

El tiempo que me buscaba la espalda me ha alcanzado y solo quiero huir hacia atrás tan deprisa como sea posible solo quiero volver volver y cerrar los ojos, dejar el dolor delante la miseria de los segundos huecos los minutos secos las horas rotas.

Os pido disculpas, pero me vuelvo.


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De entre todas las cosas que hago la que más me gusta es distraerme perder el hilo saltar mentalmente hasta que no hay ya salto posible porque todo es blanco.

De entre todas las cosas que hago la que menos me gusta es pasar miedo perderme en una pelea.

Por las noches sueño con violentas peleas golpeo doy patadas a veces empuño un arma con la que disparo a bocajarro y mato.

La oscuridad está siempre ahí tan dispuesta como sea necesario para que no me distraiga y me busca la espalda por la noche y por eso duermo poco porque no le quiero dar ventaja permitir que me llene la cabeza de sangre y huesos rotos que esparza por el aire el olor de la ira desatada, sin sentido la sensación de que se abre la carne y se quiebran los cuerpos.

Cada minuto que duermo le doy una oportunidad y no quiero cada minuto que estoy despierto, vigilante, sé que no tiene posibilidades y a pesar del esfuerzo el cansancio perpetuo la somnolencia me gusta la vigilia distraída, en blanco.

A veces me despierto sobresaltado acabo de matar a alguien sangre fría en una ejecución reglada que cuadra las cuentas del otro lado o quizá sea al revés y es la cotidianidad la que cuadra el balance la que me permite dejar mi saldo a cero.

Recuerdo haberme dormido bajo los efectos de la anestesia y despertarme limpio sin necesidad de haber ajustado cuentas con la oscuridad Recuerdo sentirme en paz creo que en un estado feliz y sé que son las drogas las que tienen el poder sobre la sangre y no yo mismo.

De entre todas las cosas que hago hay más de las que yo deseo que son inconfesables.

Siempre temo que terminen ganado la batalla.


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Todo pende de un hilo y ni siquiera lo vemos.

Un hilo delgado un leve sonido una curva de luz.

Todo pende de un hilo y ni siquiera lo entendemos.

Un hilo sutil un leve roce una linea imaginada.

Todo pende de un hilo invisible incomprensible.

Así nos va.


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José Ramón Zuaznabar me dijo que a él le era imposible masturbarse soñando con la mujer que amaba. Zua, que era como le llamábamos murió con apenas 18 años de un síncope mientras se duchaba y no digo esto tras de aquello por verlo relacionado sino porque así me han venido las ideas a la cabeza. Zuaznabar y yo éramos buenos amigos y compartíamos nuestra ubicación en clase. Antiguamente los amigos se hacían en función del apellido pues esa era la forma en la que los profesores dividían a la tropa de alumnos. Avilés, Berenguer… Merchán, Merino, Molinero, Ocaña. Ocaña era un comunista convencido, como su padre con el que años después coincidí en IU. En las últimas filas, Oria, Oliva y Zuaznabar que si ese año tenía mala suerte andaría en su pupitre solo durante el curso entero. Yo discrepaba de Zuaznabar, a mi me era sencillo pensar en ellas mientras me tocaba, quizá porque estaba enamorado de muchas, sin embargo para él esa imposibilidad era la prueba inequívoca de si tu amor era verdadero o solamente encerraba sexo y necesidad. Durante meses anduve preocupado sobre mis verdaderos sentimientos hacia las mujeres con las que soñaba en mis noches intranquilas; superado el problema de masturbarme aun sabiendo que por su causa muchos males se terminarían cebando en mí, ahora resultaba que si aparecían en mis ensoñaciones era que mi amor hacia ellas no era de buen ver. Éramos adolescente y hablábamos con cierta libertad de estos temas entre nosotros. José Ramón, como yo, nunca fuimos de esos que con mirar a una chica la tenían derrotada a sus pies, así que la masturbación era por lo general una salida airosa a nuestra pulsión. Hoy me he acordado de él, no se si a cuento de tanta mierda de noticias sobre los EE.UU. o por otras cuestiones que no viene al caso nombrar, pero lo cierto es que su presencia, su sonrisa, que era fina y franca como pocas y la forma tan lastimosa en la que truncó sus sueños se me han revelado tan claras como un manantial en lo alto de la montaña.


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Te busco desesperadamente bajo las piedras en el aire.

Te busco entre las sombras de mis dedos te deseo.

Te busco alocadamente sin sentido te busco como una alimaña herida como un fugitivo.

Te busco sin saber por qué te busco.


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Al otro lado hay otro mundo una luz desconocida una oscuridad que no he visto y tú no estarás.

Al otro lado no tengo el control no sé si todo estará cabeza abajo o será rutina y sitio y cosas amables y tú no estarás.

Tengo miedo de pasar el límite cruzar la línea imperceptible pisar sin saber si hay suelo tocar sin conocer el tacto, la piel sentir una temperatura nueva saber un sabor desconocido y tu no estarás.

Tengo miedo de no volver de no poder volver de no querer volver de no tenerte de no saber y quiero ir, saberme valiente probar otros besos, caminar otras calles, volar otros cielos y tú no estarás.


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Es muy posible que todo o parte del mundo del esoterismo se demuestre algún día como realidad tangible. Yo soy escéptico, no digo ateo, más bien como me enseñó Tierno Galván soy agnóstico para estas cosas, así que no ando preocupado con ellas ni me atormenta si la balanza de la verdad se inclinará por unas o por otras, lo que no me impide de vez en cuando saltar la línea del materialismo militante y encomendarme a brujas y meigas «no sea que..» y esto es lo que hice un fin de semana participando con amigos en un curioso ritual en la playa aprovechando la noche anterior al solsticio de verano. A la española, es decir con mucha comida y aun más bebida, a las doce en punto hora local la inmensa mayoría de los congregados en la playa, de espaldas mojamos nuestros pies enunciando mentalmente un deseo. Yo no recuerdo el mio, lo digo de verdad aunque conociéndome como me conozco, seguro que incluía algún matiz sexual, o ni siquiera pedí nada, con esa dosis exagerada que tengo de creencia en mi mala estrella. Después saltos a las brasas, más alcohol, y los primeros descubrimientos de gente sobre la que merecería la pena pararse y conocer y según las horas se abrían camino, la playa poco a poco dejaba su arena a disposición de los últimos, los resistentes, que allí y entonces, fuimos Jesús, Curro y yo mismo en un intento etílico de entender el país en el que vivimos y ya de paso de apañarlo si quiera para hacerlo habitable. Al final, con el sol crujiendo desde el levante se nos acercó Mari Paz, con más alcohol de lo debido y contando una historia trágica de quien anclado en ideas antiguas y poco amables para con los demás, siente que el mundo gira a la contra y no como siempre había sido. Le dije a Mari Paz que era albañil y no se lo creyó, ella me dijo que era periodista y no me lo creí, así que los dos incrédulos discrepamos sobre casi todo. Hecha la buena acción del día, oír al que necesita ser escuchado, volví a mi casa de fortuna, de amanecida, con ese ruido de fondo que deja el ron en la cabeza.


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Cuando tengo miedo, leo dejo que las palabras me hieran los ojos que la luz entre, el rayo, la intensidad del verbo.

Cuando tengo miedo busco tu regazo dejo que tus manos acaricien mis sienes que el amor me penetre, el rayo, la intensidad del sexo.

Cuando tengo miedo lloro y leo y te amo y eso me salva de la barbarie la brutalidad de los otros que me rodean y me hieren.

Cuando tengo miedo lo espanto escribiendo sobre el sexo, sobre ti, sobre mí las palabras me protegen de todo.


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Debajo de la piel siento el hueso rotundo de mi calavera la frente el arco ciliar sobre el cóncavo hueso el pómulo sobresaliente.

Debajo de la piel estoy yo resistiendo estructurado ante todo preparado para decir las palabras la frente que piensa los ojos que te miran.

Debajo de la piel hay un mundo que no me pertenece yo mismo futuro lo que permanecerá cuando nadie recite mis versos un esqueleto esbelto y hermoso.

Debajo de mi piel la vida se desespera por seguir y yo lo siento poniendo mi mano en mi frente notando el hueso personal íntimo de donde salen todas las palabras.


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No querría vivir tanto que la vida se me hiciera larga vacía y caprichosa como un paseo de domingo por la tarde rodar indefinidamente sin tener una pared que me pare una sonrisa que me distraiga.

No quisiera perderte siempre, constantemente, indefinidamente y tener que volver a la primera casilla de la oca cada vez colocarme en los tacos de salida esperando el disparo electrizante que me catapulte tras los muros inaccesibles de lo que deseo y no tengo en una vida que parezca eterna como parece eterno el tiempo que mide mi ansiedad cuando no me hablas.

No me gustaría vivir lentamente una existencia sin sobresaltos, que al menos sea rápida diminuta y al final que ralentice hasta hacerme consciente, lúcido.

“Mi casa sin ti está en ninguna parte”

No quiero abrir los ojos cada día como si fueran el primero o el último prefiero la sensación constante que me impide cortar los trozos del tiempo cada instante continuo. y encadenar los sentimientos en una línea perfectamente dibujada en la pared que puedo mirar cada día.

No querría vivir tanto que se me haga pesado, que se os haga pesado que quisiera haberme perdido, haberme ido hace tiempo haber cogido el hatillo y haber empezado a caminar mirando cada cosa como si me sorprendiera.

Solo me sorprendes tú cada noche, la mano indolente sobre mi piel

No quiero recordar casi nada, que la cabeza no me pida esfuerzo para nada y luego dormirme prefiero un sobresalto, la rugosidad y dormir a tu lado sin conocerte, sin saber de qué vas y sin miedo

No querría vivir tanto que los recuerdos sean el leit motiv la condición sine qua non, la fuerza gravitatoria de cada espejo y se apoderen de todo que las canciones se repitan aleatoriamente por días y días no quiero vivir tanto, que te des cuenta de que no me quieres y un día te marches y yo me quede esperando que todo se precipite.

No querría vivir tan silenciosamente como hasta ahora, pero no sé como vivir de otra manera encerrado, carcelero de mi mismo, de una historia mal construida que pudiera alargarse aun cuando la trama esté deshilachada me bastaría con un par de recuerdos y un atardecer y que la casa se fuera vaciando al mismo tiempo que yo, perdiendo los muebles, los cuadros las puertas, las ventanas, las paredes y al final quedase yo solo en la tierra anclado.

No querría vivir tanto que se os hiciese cuesta arriba.


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