La vida me ha dado más soledad de la que quise
más trenes y hoteles de los que eran necesarios
y ahora la boca me sabe a tierra
cada bocado muerdo las pequeñas piedras del tiempo
las mastico
las trago
y sueño con una vida compartida
tardes saboreando la compañía
noches soñando que vuelo
mañanas junto a ti
y el tacto del agua en la garganta.
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Día de nostalgia por el dolor de lo perdido
la libertad que huye perseguida por el fascismo
horas tristes para la vida
toca apretar los dientes
apretar el puño.
España en manos de los inútiles vendidos
la patria regalada al expolio
las sucias manos del fascismo
sobre las flores de mi país.
Día de dolor por lo perdido durante la siesta
los derechos de los más, pisoteados por los mismos
la escuela cerrada
el agua vendida
la muerte en almoneda
la tierra esquilmada
la persona desestimada.
Día amargo de lucha
solo espero a mi costado
les camaradas de siempre
patria o muerte
venceremos.
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En la noche un cuchillo surca el tiempo
su filo separa el aire
¡tan silencioso!
En la noche de los poderosos
a tientas
una mano blande la hoja que ha de surcar el aire
el tiempo.
En la noche de los protegidos
un cuchillo separa en dos la vida,
un cuchillo imperceptible
una hoja afilada que busca la carne dormida
metal frío que hiere
tajo preciso que secciona al poderoso.
En la noche obligada, un cuchillo popular atraviesa las horas
un destino que no le barrunta, no le teme, no le conoce
y un escalofrío recorre la piel que toca el acero
el roce mortal del filo quirúrgico
el tajo violento seco, silencioso.
En la noche de las noches
en la oscuridad pretendida
en un segundo angustioso
cárabo vengador
sigiloso
la libertad es un cuchillo.
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Después me vine aquí
me senté sobre la hierba esquilmada
y apoyándome la espalda en el tronco de un roble
cerré los ojos.
Te miro caminar
marcar la huella de tus pasos
de tus pies delicados en el hielo estelar
y siento no poder seguirte, sentado entre la hierba seca
apoyado en un tronco amable.
Quizá exista un futuro luminoso
para mi.
Ahora la luz se me escapa entre los ojos entreabiertos
los dedos
y siento no poder amarte desde aquí
tumbado sobre la hojarasca
dormido.
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En el mes de marzo, por mi cumpleaños, me regalé un teléfono NO inteligente, concretamente un Nokia 105 y adquirí una tarjeta prepago para hacerlo útil. La cuestión tenía que ver con la broma que teníamos Raquel y yo sobre el uso de teléfonos prepago en las series y películas estadounidenses en la que los malos los usan, hacen una llamada y luego los rompen o los tiran al Hudson. Aun no he hecho esa llamada y me pilla lejos el Hudson, así que conservo mi teléfono cuyo número no recuerdo porque cada vez recuerdo menos cosas. Para poder recordarlo lo apunté en la agenda de mi teléfono inteligente (pero poco, ya que no usa android sino e/OS) con un nombre en clave, tipo espía y salvo el día del apagón que lo usé como receptor de radio, no lo he vuelto a usar.
El caso es que hace unos días recibí en mi cuenta de Telegram la noticia de que ese contacto mio con nombre de espía ruso se ha abierto cuenta en Telegram.
¿Qué?
Como te lo cuento. Los sinvergüenzas de Telegram mienten descaradamente y te dicen que tus conocides se abren cuentas, no sea que quieras hablar con elles y así les incites a abrirse su propia cuenta de Telegram.
Esta introducción se me ha ido de las teclas y a estas alturas mi queride lectore, te preguntarás por qué titular Dioses menores una columna que habla de la mierda seca que son las Big Tech.
Todo llegará.
Hace no mucho estuve tentado de abandonar Mastodon. Una sensación de abandono y silencio se fue adueñando de cada uno de los mensajes que escribía, alguna respuesta airada de une desconocide que sin saber lo más mínimo de mí opina de manera condescendiente sobre lo que digo, mensajes de anarquistas de salón proponiendo olvidarse de las penas del día a día en pos de una victoria final sobre todo y sobre todos que solo elles ven en sus cabezas y que soy de naturaleza nostálgico, pesimista y triste, trabajaron cual barman de un garito en el East Village para preparar el cóctel perfecto de tristeza y rabia que en mi caso preceden de manera inexorable a una huida despavorida de lo que sea que esté haciendo. Me salvó un mensaje de alguien que notaba mi ausencia y de conversar con mi hija. Volví y retomé las rutinas no sin antes curar, que así se dice, mi Línea de Tiempo eliminando algunas cuentas que no me estaban aportando nada, otras cuyo interés no era recíproco y algunas cuyos mensajes me estaban irritando innecesariamente.
He aceptado mi papel de ser hijo de un dios menor que creo que es el que más incomodidad me está generando estos últimos años y solo espero que mi linaje descienda de Temis.
Continuará.
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De vuelta a casa solo en mi coche
pongo música tan alta como puedo,
necesito la ducha de sonido que me limpie
el barro diario y la costra del dolor.
De vuelta a casa el deseo de huir crece
como la espiga lo hace en el campo
silvestre, enérgica
necesito una dosis extra de calma interior
una razón poderosa
o un impedimento insalvable.
De vuelta a casa oigo la nada que proporciona la vida
ese ingente universo oscuro y silencioso
y necesito llenar el vacío con luz
para que expulse todo el hastío.
De vuelta a casa solo en mi coche
sé que estoy alienado y triste
y combato el dolor con rock,
la música penetra en mi cuerpo
como una droga anestesiante
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Como en medio de una tormenta
las manos sobre la cabeza, las piernas abiertas, los pies firmes.
Hay que parar el ruido que nos ahoga
decir no, no, no
cien mil veces no, antes de que sea tarde
y la tormenta nos arranque los brazos
nos doble las piernas
nos arranque los pies de la tierra.
¿Cómo será la playa tranquila de olas rítmicas?
Hay que apagar la enorme luz, el flash que nos ciega
decir no, no, no
cien mil veces no, antes de quedarnos ciegos
y perder perspectiva, sombras, el espacio mismo
la única ventana por la que mirábamos las tardes frescas.
Hay que acabar con el ruido ensordecedor que aturde
y decir no, no, no
cien mil veces no, antes de no entender nada
porque todo sea un enorme ruido blanco
y no podamos escuchar claramente las voces, las palabras, los versos.
Como en medio de una tormenta
¡tan solos!
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