Una vida perdiendo música

Me gusta la música. Apenas oigo música. Parece una contradicción pero es un hecho. Mi infancia está recorrida por la música que se oía en casa de mis padres. Conservo sus discos: Nat King Cole, Four tops, o la que traía mi tía Concha de London: Engelbert Humperdinck y un puñado de discos de coplas con Antonio Molina en el centro. Luego la que ponía mi hermana mayor: Los Beatles, Los Canarios, Formula V... cuando tuve edad para comprar mis propios discos me decanté por el rock sinfónico y me lo escuché todo: Pink Floyd, Mike Oldfield, Alan Parsons Project, King Crimson, Jethro Tull, Génesis, Emerson, Lake and Palmer, Yes y Camel. The Snow Goose pude oirlo miles de veces. Luego fui derivando hacia Simon & Garfunkel aunque revisitaba grupos como The Mamas and the Papas y consumía mucho folk español y sobre todo sudamericano. Entré en el mundo de Asfalto y aluciné y lo conecto con Mago de Oz. De esa época recuerdo a Joaquin Díaz en España y a los Chalchaleros, Inti Illimani, Quilapayun, Violeta Parra y entraron los cantautores españoles. Entonces tres amigos y yo formamos un grupo que cantábamos canción andina. Con nuestros ponchos, charangos, guitarras y bombos legüeros recorríamos los locales de Madrid al ritmo de las chacareras. Jesucristo Superstar nos voló la cabeza a muchos. Pasó la juventud y empecé a oír menos y menos música. Luego la vida me llegó a regentar una orquesta de las que van a las fiestas de los pueblos, empiezan con pasodobles y terminan con metal a las tres de la madrugada cuando volaban las litronas. Muchas noches en vela y madrugadas recogiendo con los pipas cables, micros y luces y cientos de kilómetros en el camión. Hasta compuse una canción: Las chicas del año pasado que tuve la osadía de registrar en la SGAE y creé un sello discográfico B&A música con el que tuvimos la proeza de sacar un único disco con el que pateamos todas las emisoras de radio de este bendito país sin éxito. Ahora solo me emociona el rap, Residente, Los chicos del maíz, cualquier rapero francés de la Banlieue y mi móvil solo lleva música clásica que oigo cuando creo que todo va mal.


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