Francisco Molinero

1959- Autor: @fmolinero@neopaquita.es

Cuando escribo un verso me extiendo a lo ancho, a lo largo nunca a lo alto.

Cuando escribo un verso lucho contra lo de siempre golpeo la monotonía del día.

Cuando escribo un verso empujo un poco más hacia fuera -insuficiente-

Cuando escribo un verso me consumo un poco más pero si no escribo me aíslo me deshago en mi sitio me rindo a la repetición me vivo un poco menos.


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¿Vendrás a visitarme? Hay un territorio donde la vida se desarrolla silenciosamente que no tiene marcas, ni señales de advertencia. La luz reflejada en un espejo es la única señal distorsionada que nos ayuda a proponer el siguiente paso.

¿Vendrás a visitarme? Para que vuelva el recuerdo nítido la sombra de mi cuerpo con el sol a mis espaldas.

Persigo un futuro que me sea al menos amable luminoso la promesa latente de que el tramo final sea de arena blanca junto al mar.

¿Vendrás a visitarme? Hay un territorio inhóspito, tu cuerpo que no tiene apenas señales de mi paso ni la silueta recortada de mis besos en tus labios ni aguarda un futuro azul intenso, marino transparente como lo eran mis manos cuando sujetaban las pompas que juntos construíamos ¡tan meticulosamente! dos escultores tras la forma más liviana la nada recubierta de luz.

¿Vendrás a visitarme? a esta prisión de silencio donde habito mudo las palabras huidas, esparcidas sin sentido en miles de hojas de papel ¿me traerás al menos una promesa reconfortante? tus ojos limpios para que yo pueda modelar el caos en mi poema componer de nuevo un verso perfecto que te reviva.


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Cuando sueñas conmigo mi voz te acompaña suavemente en tu cuello un murmullo te arrulla.

Y mi mano templa las cuerdas del placer suavemente en tus caderas una caricia te excita.


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Había abandonado la costumbre de quererte el gozo imperceptible de decirte el sortilegio la sensación tibia de templar tu piel con mis dedos.

Me había vuelto indolente, como un hipopótamo en medio del Mara.

Después vino la tormenta tu huida y engarzado en el collar de las desgracias el silencio.

Había abandonado la costumbre de quererte ahora que no estás no sé, no sé, quizá un esfuerzo un último intento te hubiera reconciliado hubiera abierto la tierra bajo tus pies pequeños y te hubiera obligado a mirar mis ojos sobresaliendo en la línea del agua asustado entristecido.

Luego me hundí para no verte. Hipopótamo


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A punto de abandonar la navegación me refugio en la soledad y el silencio en un retiro íntimo que busca mi ave fénix y encuentra trozos de luz escondidos entre la arena hilos de palabras que no han llegado a ser nada y deambulan solitariamente por otros caminos.

Todos los miedos están ahora sentados conmigo en un círculo como pintado de negro de humo todas mis armas, veintisiete puñales, al alcance solo de mi mano inerte todas la horas detrás en una hilera que se pierde.

Mi nombre es duda y soy alcohólico llevo meses sin beber y necesito al menos un abrazo una mano que me saque del círculo una insignia que me recuerde que cada día venzo al miedo un matiz de titanio que ilumine la estancia donde me refugio en la soledad y el silencio aquí donde la luz son cristales en la arena y la palabra se ausenta.


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He contado las piedras una a una cada minuto, cada hora, cada día ensartando las cuentas en el hilo del tiempo la luz que enhebra la vida.

El tiempo no es nada si descuentas el tedio las piedras romas por eso busco cristales de colores a ti entre los guijarros el espacio entre tus labios el silencio que te ofrezco.

He recontado los cristales entre las horas los colores por minuto, por año los días resplandecientes las sombras que produce tu pelo.

La vida no es nada si descuentas el espacio la distancia aparente por eso te busco bajo las sábanas presencia que sana la voz que deseo.


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Una amiga decidió desaparecer para estar tranquila y a mi me dio por buscar en la red. Metí su nombre en el buscador y resultó que apareció el mio. El círculo se ha cerrado. Otra vez la espalda desprotegida, la gatera. La sensación de linealidad es engañosa y nos mete siempre en estas sorpresas. La vida es un hilo del que cuelgan los acontecimientos, un hilo débil que pierde las cuentas, un hilo enmarañado que de vez en cuando nos trae el pasado en forma de presente y nos despista. Sigo la búsqueda.


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He esperado escondido tras la luna tu respuesta.

Acurrucado, temeroso del rechazo agarrado al intenso azul asido de la cornamusa.

Tus ojos me dicen lo que tu boca me niega.

Por eso espero una nevada intensa una luz que lo aplane todo que subvierta lo que pienso que te traiga.

Me inclino a buscar las lágrimas de tu no.

Pacientemente, entre los granos de tierra las busco las rebusco para saber de ti.

No soy capaz de decirte por qué me pasa esto.

Ni cuando te beso al oído y te susurro que te quiero.

Estoy acurrucado tras la luna esperándote escuchándote, por si tus ojos me buscaran por si tus labios dijeran lo que quiero.

Atrapo el tiempo entre los dedos los estrujo lo llevo triturado hasta lo alto.

Ahora sólo necesito dormir tal vez mañana tal vez mañana.


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Me rehago, aparezco, me reinvento y me desdigo; es lo malo de no saber qué quiero o qué no. Mientras me ubico donde quería con los colores que deseaba, porque para hablar con los amigos hay que estar a gusto y pago mis cuotas aprovechando la extraordinaria y decido que renacer es moverse como los cangrejos, algo hacia el lado. Luego leo a Cristina y me da un vuelco el corazón, después la prensa y la disputa de los jueces y me reafirmo o los elegimos y acabamos con la Audiencia, es pus, o ellos acaban con nosotres. Quiero hacer cosas, pero ya no encuentro cómo y recuerdo que ya sabía cómo iba a ser la historia que quería escribir. Todo ocurre en un círculo de antiguos amigos, un segundo y la historia se tuerce y se acelera y la vida se desboca hasta que todos caen.

Resucito de entre los vivos a remover las ascuas y soplar con mimo por si hay fuego. De pronto espero que sea capaz de escribir al menos una buena poesía, solo una que diga lo que quiero, cuanto quiero, a quien quiero, me vuelve la fe y es posible que sea por unas judías pintas exquisitas que he conseguido cocinar y comer, recordando el restaurante Jaun.

Me rehago, resucito y os pido disculpas, las enésimas, las más sentidas, las que tienen que ver con la indecisión y el amago. Os prometo resarcimiento.


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He pasado mucho miedo todo el miedo que cabe en el corazón de un niño en la noche nunca dejé de estar asustado de temer de llorar por eso sé que soy fuerte.

He pasado mucho miedo todo el miedo que cabe en una mujer de noche en la gran ciudad nunca deje de temer lo peor de sentir el corazón encogido de temer de llorar.

He pasado mucho miedo todo el miedo que cabe en un emigrante en su cayuco nocturno nunca dejé de pensar que no podría superarlo de sentir las manos entumecidas de temer de llorar.

He pasado mucho miedo aun hoy la vida me parece insuperable salvo que cada noche me refugio en ti como un niño tan triste y amedrentado sabiendo que pronto vendrá el día y estaré sólo de nuevo esperando que llegue la noche y mi refugio se abra sobre tu costado mi mano descansada tranquila esperando relajado el próximo envite el día a día estremecedor.

Nunca he dejado de tener miedo ni de sonreír ni de luchar ni de morir ni de llorar.


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