¿Vendrás a visitarme?
Hay un territorio donde la vida se desarrolla
silenciosamente
que no tiene marcas, ni señales de advertencia.
La luz reflejada en un espejo es la única señal
distorsionada
que nos ayuda a proponer el siguiente paso.
¿Vendrás a visitarme?
Para que vuelva el recuerdo
nítido
la sombra de mi cuerpo con el sol a mis espaldas.
Persigo un futuro que me sea al menos amable
luminoso
la promesa latente de que el tramo final sea de arena blanca junto al mar.
¿Vendrás a visitarme?
Hay un territorio inhóspito,
tu cuerpo
que no tiene apenas señales de mi paso
ni la silueta recortada de mis besos en tus labios
ni aguarda un futuro azul intenso, marino
transparente
como lo eran mis manos cuando sujetaban las pompas que juntos construíamos
¡tan meticulosamente!
dos escultores tras la forma más liviana
la nada recubierta de luz.
¿Vendrás a visitarme?
a esta prisión de silencio donde habito
mudo
las palabras huidas, esparcidas sin sentido en miles de hojas de papel
¿me traerás al menos una promesa reconfortante?
tus ojos limpios para que yo pueda modelar el caos en mi poema
componer de nuevo un verso perfecto
que te reviva.
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Había abandonado la costumbre de quererte
el gozo imperceptible de decirte el sortilegio
la sensación tibia de templar tu piel con mis dedos.
Me había vuelto indolente,
como un hipopótamo en medio del Mara.
Después vino la tormenta
tu huida
y engarzado en el collar de las desgracias el silencio.
Había abandonado la costumbre de quererte
ahora que no estás
no sé,
no sé,
quizá un esfuerzo
un último intento te hubiera reconciliado
hubiera abierto la tierra bajo tus pies pequeños
y te hubiera obligado a mirar mis ojos sobresaliendo en la línea del agua
asustado
entristecido.
Luego me hundí para no verte.
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A punto de abandonar la navegación
me refugio en la soledad y el silencio
en un retiro íntimo que busca mi ave fénix
y encuentra trozos de luz escondidos entre la arena
hilos de palabras que no han llegado a ser nada
y deambulan solitariamente por otros caminos.
Todos los miedos están ahora sentados conmigo
en un círculo como pintado de negro de humo
todas mis armas, veintisiete puñales,
al alcance solo de mi mano inerte
todas la horas detrás
en una hilera que se pierde.
Mi nombre es duda y soy alcohólico
llevo meses sin beber y necesito al menos un abrazo
una mano que me saque del círculo
una insignia que me recuerde que cada día venzo al miedo
un matiz de titanio que ilumine la estancia
donde me refugio en la soledad y el silencio
aquí donde la luz son cristales en la arena
y la palabra se ausenta.
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He contado las piedras una a una
cada minuto, cada hora, cada día
ensartando las cuentas en el hilo del tiempo
la luz que enhebra la vida.
El tiempo no es nada si descuentas el tedio
las piedras romas
por eso busco cristales de colores
a ti entre los guijarros
el espacio entre tus labios
el silencio que te ofrezco.
He recontado los cristales entre las horas
los colores por minuto, por año
los días resplandecientes
las sombras que produce tu pelo.
La vida no es nada si descuentas el espacio
la distancia aparente
por eso te busco bajo las sábanas
presencia que sana
la voz que deseo.
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Una amiga decidió desaparecer para estar tranquila y a mi me dio por buscar en la red. Metí su nombre en el buscador y resultó que apareció el mio. El círculo se ha cerrado. Otra vez la espalda desprotegida, la gatera. La sensación de linealidad es engañosa y nos mete siempre en estas sorpresas. La vida es un hilo del que cuelgan los acontecimientos, un hilo débil que pierde las cuentas, un hilo enmarañado que de vez en cuando nos trae el pasado en forma de presente y nos despista. Sigo la búsqueda.
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Me rehago, aparezco, me reinvento y me desdigo; es lo malo de no saber qué quiero o qué no. Mientras me ubico donde quería con los colores que deseaba, porque para hablar con los amigos hay que estar a gusto y pago mis cuotas aprovechando la extraordinaria y decido que renacer es moverse como los cangrejos, algo hacia el lado. Luego leo a Cristina y me da un vuelco el corazón, después la prensa y la disputa de los jueces y me reafirmo o los elegimos y acabamos con la Audiencia, es pus, o ellos acaban con nosotres. Quiero hacer cosas, pero ya no encuentro cómo y recuerdo que ya sabía cómo iba a ser la historia que quería escribir. Todo ocurre en un círculo de antiguos amigos, un segundo y la historia se tuerce y se acelera y la vida se desboca hasta que todos caen.
Resucito de entre los vivos a remover las ascuas y soplar con mimo por si hay fuego. De pronto espero que sea capaz de escribir al menos una buena poesía, solo una que diga lo que quiero, cuanto quiero, a quien quiero, me vuelve la fe y es posible que sea por unas judías pintas exquisitas que he conseguido cocinar y comer, recordando el restaurante Jaun.
Me rehago, resucito y os pido disculpas, las enésimas, las más sentidas, las que tienen que ver con la indecisión y el amago. Os prometo resarcimiento.
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He pasado mucho miedo
todo el miedo que cabe en el corazón de un niño en la noche
nunca dejé de estar asustado
de temer
de llorar
por eso sé que soy fuerte.
He pasado mucho miedo
todo el miedo que cabe en una mujer de noche en la gran ciudad
nunca deje de temer lo peor
de sentir el corazón encogido
de temer
de llorar.
He pasado mucho miedo
todo el miedo que cabe en un emigrante en su cayuco nocturno
nunca dejé de pensar que no podría superarlo
de sentir las manos entumecidas
de temer
de llorar.
He pasado mucho miedo
aun hoy
la vida me parece insuperable
salvo que cada noche me refugio en ti
como un niño
tan triste y amedrentado
sabiendo que pronto vendrá el día
y estaré sólo de nuevo
esperando que llegue la noche
y mi refugio se abra sobre tu costado
mi mano descansada
tranquila
esperando relajado el próximo envite
el día a día estremecedor.
Nunca he dejado de tener miedo
ni de sonreír
ni de luchar
ni de morir
ni de llorar.
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