Francisco Molinero

1959- Autor: @fmolinero@neopaquita.es

En muchos momentos buscamos cosas que realmente no necesitamos y en otras muchas ocasiones lo que es verdaderamente necesario viene a nosotros de una forma inesperada. Lo dramático es que casi nunca somos capaces de saber que es lo verdaderamente importante y es por eso que con frecuencia corremos tras del aire, de lo intangible. Unas navidades Julio me escribió diciendo que estaba llorando. Llorando de felicidad porque le habían invitado en nochebuena a cenar. Julio está solo, tan solo que la expresión de su alegría es el síntoma de su situación. Nadie se merece una vida así, una vida rodeada de silencio, de ausencias. Pienso en quienes lo han invitado y aunque no les conozco comprendo que han sido sensibles, mucho más que yo, mucho más que todos los que conocemos a Julio y no le hemos invitado aun sabiendo que se encuentra solo. No tengo una mirada triste sobre la vida. Lo juro. Las cosas se me muestran así.


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A los seres humanos nos gusta hacernos propietarios de los éxitos, mientras que los fracasos son huérfanos y luego está lo de la suerte y su repercusión en nuestras vidas. ¿Hasta qué punto somos libres y por lo tanto responsables de nuestra situación? Azar y destino. Un profesor que tuve y que me enseñó bastante de lo que luego he enseñado sobre la toma de decisiones explicaba que es muy importante saber qué factores están en nuestra mano modificar y cuales de ellos no. Sobre estos solo nos queda recoger información, pero es sobre los primeros sobre los que nuestra actuación es prioritaria. No controlamos casi ninguno de los procesos totalmente; más bien al contrario los factores sobre los que actuamos son apenas insignificantes en el conjunto y luego está lo de los sentimientos que no siempre juegan a nuestro favor, pero es verdad que la tendencia natural es la de sentirnos con capacidad de ser decisivos en nuestro propio futuro y si no fuera así la verdad es que tenderíamos a la desidia.

Me manda un beso Cristina y me alegra. Sé de ellos por Jose que me cuenta una estupenda sobremesa frente al mar disfrutando del cambio climático y que Jesús anda pergeñando una noche de San Juan tan mágica como la del año pasado en la que el alba nos pilló solucionando España «empapados en alcohol» como cantaba Serrat, luego «el sol nos dijo que llego el final» pero quedó el recuerdo en nuestros corazoncitos. Espero poder volver a estar allí.

Recibo la foto de la futura hija de Segundo y Mariajo (Shi Ping/ Candela). Nació en China y tiene esa carilla exótica tan simpática a nuestros ojos. Segun ya sabe que se parece a él, pero no sabe hasta que punto eso será verdad. Está pletórico y le entiendo, recibir la foto de tu futuro hijo es una experiencia inexplicable. A partir de ese momento solamente piensan en lo que estará haciendo y si le querrás o no. ¿Cómo es el amor que no viene de la sangre? Ya lo descubrirás, el amor que se construye cada día desde la cabeza.


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Obstáculo, embarazo, estorbo, impedimento.


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Panchita hacía los calamares a la romana más exquisitos que he comido nunca. Regentaba con su marido un bar con aire retro en la calle donde vivían mis tíos en Laredo y donde yo disfrutaba de la buhardilla familiar con mi primo Nachi que quería ser pintor. Rabas, allí les llaman rabas y en vez de cortarlos en aros lo hacen en tiras

Alguna vez tuve la ocasión de preguntarle a Panchita el secreto de la ternura de sus rabas. El congelador, Paco, el congelador. Panchita congelaba convenientemente sus calamares antes de limpiarlos y cortarlos a tiras. Luego batía huevos, colocaba su artesa con harina, pasaba las tiras de calamar por la harina y seguidamente por el huevo batido hasta que se impregnaban cubriendo la raba con el rebozo.

Tenía una enorme sartén a fuego fuerte con abundante aceite, y cuando el aceite empezaba a humear, echaba los calamares, los tenía en el fuego apenas dos minutos, removiendo para que no se le pegasen entre sí, y los retiraba con la rasera para que quitaran el aceite que sobraba, entonces no había papel de cocina.

Panchita se jubiló y nadie más hace las rabas como ella, ¿o sí?


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Al final de una larga estancia todo termina inmóvil la luz enroscada entre el alfeizar y las jambas, el aire suspendido en el haz luminoso que proyecta el polvo depositándose en las superficies el sonido del vacío rebotando en los objetos yermos.

Los tiburones nunca dejan de nadar desafiando al imposible mobile perpetuo y las leyes de la termodinámica.

Hay un espacio, un hueco que no alberga la vida más bien la excluye la inmovilidad es el objetivo final la razón misma de la existencia.


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El final del verano está ligado al silencio, Al silencio que dejan los ruidosos vecinos de la ciudad, que no son capaces de acompasarse con la naturaleza ni por un instante. ¡Qué Dios te dé tanta paz como nos dejas! decía Manolo algunas veces y tenía razón. El silencio es lo que más vale de mi casa. El silencio y el Guadarrama que no se inmuta, que no pide. Cumpleaños de Jesús, energético y renovado para el nuevo curso, Almudena ya tiene Ubuntu y Eles ha podido conectarse de nuevo a la red gracias a Linux y entre medias María me cuenta que está nostálgica. El tiempo acumula conocimientos y polvo en cantidades similares. He tenido ocasión de hablar con Jim, de Oregón, aprovechando el calor de una hoguera en medio de un bosque en Franconia sobre las elecciones en los estados, como dicen ellos. Es republicano y sin embargo no apuesta por su victoria; sabe que la fuerza de los republicanos es que siempre votan, «Democrats only chat..» El tiempo tiene forma de círculo pero es solamente una visión premeditada, realmente el tiempo es una línea negra que ha salido de un bote de pintura. Casa renovada, pintura y habitación con nuevas disposiciones. Delante tiempo.


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Selecciono las palabras con las que amarte. Las siembro silenciosamente las abono con el gesto las riego y las abrigo si el viento fuerza para llevárselas.

Estoy esperando la cosecha.

Ansioso en el zaguán sentado, espero mirando al cielo.

Siembro las palabras de mi amor de una en una.

Las cosecho.


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No es que no esté bien es que no estoy aunque hago esfuerzos por no sentirme por no sentirte por no sentir por no haber por no haber sentido tengo agujetas en los dedos de querer agarrar el viento.

No es que no esté bien es que a veces simplemente no estoy.


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Después de la fiesta, Trini nos preparó una caldereta extremeña. No tenía de todo, así que hubo de conformarse, pero si hubiera tenido la lista de la compra hubiera sido: CARNE DE CORDERO, 1 kilo AJO, 5 dientes VINO BLANCO SECO, ½ taza ACEITE DE OLIVA, 6 cucharadas PIMIENTO MORRÓN, 1 unidad HOJA DE LAUREL, 2 unidades PIMENTÓN PICANTE, 1 cucharadita PIMIENTA NEGRA EN GRANO, 8 unidades COMINO, 1 cucharadita SAL

Ella no tuvo pimientos y si tomate, y le salió estupenda.

El cordero estaba cortado en trozos pequeños y se sazonaron generosamente. En un caldero de hierro con aceite, empezó por freír los ajos, pelados y enteros. Una vez fritos, los sacó y los reservó. Echó los trozos de cordero y el hígado entero y lo rehogó a fuego vivo, removiendo con la espumadera, hasta que estuvieron ligeramente dorados. En este punto separó el hígado y echó la cebolla picada y el laurel, dorándolo todo en el aceite y espolvoreándolo todo con el pimentón; añadió el vino (casi un litro) y continuó removiendo el cordero con la espumadera, mientras el vino se iba reduciendo. Le añadió la harina y, después de rehogarla con la carne la mojó con el caldo. Estuvo cociendo cerca de una hora. Mientras cuece la caldereta se machacan, en el almirez, los granos de pimienta, los ajos fritos reservados, unas gotas de aceite y el pimiento morrón. Una vez bien majado, se agrega el hígado frito y se hace una pasta finísima, que se diluirá con la salsa de la caldereta o bien con un cacillo de agua caliente si aquella escasea. Añadiremos esta pasta al cordero, que estará ya tierno. Un poco de perejil picado por encima, unos diez minutos más de cocción y la caldereta estará terminada.


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Jose me enseñó ha hacer masa de pizza. El sabe mucho de esto y aunque la hace con la batidora esta super guay que calienta y pesa y de todo, se puede hacer de manera más casera.

Para una masa grande con unos 350 gr de harina será suficiente. Yo mezclo normal, integral y de maiz, pero en esto cada cual debe ajustar la receta. Un vaso de agua y un chorreoncillo de aceite, una cucharada de sal y una pizca de azucar, además de 8 gr de levadura de panadería o si no se tiene, levadura sintética.

Con todo esto vamos a hacer una masa que no se nos pegue en las manos para lo cual iremos añadiendo harina poco a poco a nuestra bola de amasar y la trabajamos hasta que tenga un aspecto uniforme, una tacto suave y una consistencia plástica. La tapamos y la dejamos reposar 15 minutos.

Aprovechar este rato para poner el horno a calentar a unos 200 grados.

Destapamos la masa y comprobaremos, sobre todo si la levadura era de pan, que nuestra masa habrá crecido al menos un tercio. La extendemos para que nos quepa en la bandeja del horno y con un tenedor la pinchamos varias veces para evitar que suba en la cocción. Como el horno estará caliente, la metemos entre 3 y cinco minutos para que la masa se cueza levemente y suba.

Sacamos nuestra masa y la rellenamos con aquello que más nos guste, para devolverla al horno a 200 grados y mantenerla allí durante 15 o 20 minutos. (yo prefiero comprobar el horneado de la masa para saber si está)


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