El escritorio de McAllus

Enatheria

—¡Madre bendita! —gritó Robin desde la cubierta de popa.

—Es impresionante, ¿verdad? —dijo el capitán Armand— Estoy deseando ser el primer capitán que logra atravesarla. Nadie ha vuelto a intentarlo desde lo que le pasó a la flota del almirante Leclerc.

El Vent d’Argent navegaba a toda velocidad directo hasta una tormenta que superaba en ferocidad cualquier cosa que Robin hubiera imaginado sobre la Furia. Los marineros le habían contado que aquella tormenta llevaba siglos girando sobre sí misma, impidiendo que nadie llegara al continente perdido de los ulkrudas.

Ellos navegaban sobre el agua en calma y sobre sus cabezas brillaba un esplendoroso sol, pero a unos pocos cientos de metros había unas nubes grises antinaturales que se extendían por todo el horizonte. La lluvia era tan intensa que parecía casi un muro, los rayos iluminaban la oscuridad dentro de la tormenta, las olas parecían capaces de tragarse el barco en cuanto entrara y explosiones de magma surgían del fondo del mar.

—Aunque nuestro intrépido capitán es un loco valiente y sus tripulantes los mejores que el dinero puede contratar, solo nosotros consigueremos que lleguemos a salvo —susurró Althia en la lengua druídica,—. Una vez dentro quiero que te concentres en el fuego, yo apenas podré controlar el agua y el viento.

—Sí, maestra.

—Escúchame bien, niño. Porque una vez dentro vas a entender porque viajar hasta aquí esta prohibido no solo en el Círculo, sino en tantas naciones —continuó en su lengua secreta—. Debes olvidar las enseñanzas que te hemos inculcado estos años, con estos elementos no puedes entrar en comunión. Desde la guerra elemental solo obedecen a su propia furia. Tienes que someterlos contra su voluntad.

Robin tragó saliva.

—¡Plegad las velas! ¡Poned los motores a toda potencia! —gritó el capitán y miró a los druidas— Vosotros dos sería mejor que fuerais bajo cubierta.

—No, capitán —dijo Althia abandonando la popa. Armand negó con la cabeza.

Robin la siguió hasta que los dos estuvieron en el centro del barco. Estaban a punto de entrar a la tormenta.

—Prepárate muchacho, ahora es cuando tienes que demostrarme que no me equivoqué tomándote como alumno tras doscientos años de no ver a ninguno que lo mereciera.

El chico asintió y comenzó a concentrarse en los elementos por delante de ellos. Su maestra tenía razón, no había sentido nada tan salvaje.

El barco entró en la cortina de agua. Pareció que se hacía de noche.

Una erupción de fuego surgió en medio del mar embravecido. Robin se tambaleó y golpeó con la espalda el palo mayor.

El joven enroscó su brazo con una cuerda que estaba enrollada en el mástil y recuperó la concentración. La fuerza del viento y las olas ya estaban reduciéndose, cuando consiguió someter al fuego y mantener alejadas las explosiones volcánicas.

Armand gritaba órdenes en lengua enana. Llevaban varias horas navegando. Robin había caído de rodillas pero controlaba al fuego. Althia estaba sudando y tenía los ojos cerrados, manteniéndose estable en la cubierta como si no le afectaran las embestidas del mar.

Se puso de pie ante los gritos de júbilo de los enanos. Se fijó en que por delante de ellos la lluvia parecía amainar. Pronto distinguió lo que la afilada vista de los enanos ya había visto: tierra firme, el continente perdido. Ninguna expedición lo había alcanzado desde que se formó la tormenta antinatural.

—¡No! —gritó la anciana.

Robin también lo sintió. Un elemento que había permanecido acechando, esperando lejos su momento: la ira de la tierra iba directa hacia ellos. Un monolito se elevó debajo del barco, partiéndolo en dos. El joven salió volando aún atado al mástil, que ya no estaba anclado al barco.

Luchó con todas sus fuerzas para soltarse. Algo le golpeó la cabeza y el mundo se volvió negro.

***

Robin tosió y escupió agua salada. Abrió los ojos y se enderezó con la cabeza dándole vueltas. A su lado, Pierre, el primer oficial, estaba de pie sonriendo.

—Estabas hundiéndote atado al mástil —dijo con su marcado acento—. Menos mal que no perdí mi fiel hacha de mano cuando salí despedido al agua.

El joven recorrió la cala con la mirada. Había bastantes restos del navío, así como una docena de cadáveres de enanos.

—Lo siento por tus compañeros.

—Todos conocíamos los riesgos cuando tu jefa nos ofreció el trabajo.

—Es mi maestra, y no veo rastros de ella.

—Las corrientes son salvajes en toda la Furia, pueden haber acabado a kilómetros de distancia.

—Tengo que encontrarla.

—Es improbable que haya sobrevivido.

—Tú y yo lo hemos hecho.

El enano rió.

—Yo sobreviví, a ti te rescaté.

—Vamos, la anciana es más dura de lo que parece —dijo Robin ignorando la pulla.

El enano le dio una palmada en la parte baja de la espalda.

—Andando, chaval.


Este ejercicio fue para la semana 18 del taller de escritura de Librería Luces 2025/2026. En este caso teníamos que demostrar que en un relato, podíamos mostrar nuestro mundo propio como parte de la narración. Creo que dejo unas pinceladas de mi mundo de fantasía propio sin que molesten a la narración, en puntos tales como la mención al almirante o a las ruinas.

#TallerDeEscritura #Relato #Fantasía #Enatheria

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Ōka Haruhisa estaba sentado con los ojos cerrados en posición de loto. Las puertas de su despacho se encontraban abiertas hacia el pequeño jardín interior. El frescor primaveral de la madrugada le había acompañado durante toda la noche de meditación. Su kimono blanco apenas le había mantenido abrigado, y agradeció los primeros rayos de sol de la mañana sobre su rostro.

Mientras se levantaba, sus veteranas articulaciones crujieron al ponerse en movimiento tras tantas horas. Caminó despacio hacia su escritorio y se detuvo a mirar el cerezo en flor que ocupaba la mayor parte del patio. Al mirarlo su mente viajó muy atrás en sus recuerdos.

Como regalo en la ceremonia del genpukku, su padre le había entregado unas tierras donde construiría su propio hogar para vivir hasta que heredara Eizakura-jō, la fortaleza ancestral de su familia. Su madre le entregó un pequeño esqueje de cerezo que treinta años después, era un árbol maduro como él mismo. Aún recordaba el olor y la textura de la tierra cuando lo plantó con sus propias manos.

Terminó su paseo hasta el escritorio y se sentó de rodillas. Mojó el pincel en tinta y dejó su mano fluir. Leyó los versos, sonrió y dejó el papel de arroz en la mesa.

Caminó por la casa desierta, atravesando todas sus habitaciones. No había pasado una noche allí desde que heredó el liderazgo del clan hacía quince años. Detuvo su deambular junto a la puerta principal donde colgaba el kamon del clan: un kitsune de nueve colas, su pelaje teñido del delicado rosa de los cerezos en flor y del profundo verde del jade.

Salió al enorme jardín, que iba desde allí hasta los muros que aislaban la casa del resto de la ciudad. El viento trajo unas pocas gotas del riachuelo que atravesaba toda la finca. Fue como el abrazo de un viejo amigo. Sin detenerse caminó hacia el pequeño dojo que había en el extremo este.

Dentro ya estaban todos los asistentes a la ceremonia. Al entrar a la izquierda se encontraban Toyozakura Genji y Sakuragawa Haruji, los daimyo de las dos familias vasallas más importantes del clan. Les saludó con una leve inclinación de cabeza, ellos respondieron con una reverencia más profunda.

A la derecha de la entrada se encontraba su hijo Fumabei con su esposa embarazada Masako. Les dedicó a ambos una pequeña sonrisa. La joven apretó con fuerza la mano de su marido. Lamentó que su hija Rikei no hubiera podido dejar sus deberes en las lejanas Ciudades Libres para asistir.

Al fondo de la sala estaba Mitsunaga Hitsuhito, el hijo de la luz, emperador de las tierras benditas por el Sol y las Lunas. Por respeto no miró directamente su rostro pero quiso suponer que compartía la mirada de pesar con todos los demás.

A la izquierda del Emperador, Takemitsu Toki, su viejo compañero de batallas y yojimbo del emperador. Con él sí cruzó una mirada y ambos inclinaron levemente la cabeza. A la derecha del hijo de la luz una mujer de largo pelo blanco con el rostro tapado con una máscara de oni, la Voz del emperador.

Haruhisa alcanzó la esterilla que había por delante del elegido de los cielos y se arrodilló tocando con la frente el suelo. La Voz del emperador habló.

—Haruhisa-sama, estamos aquí reunidos para que pagues por tu fracaso en el ejercicio de tus deberes —su tono no expresaba ninguna clase de sentimiento—. El emperador Mitsunaga Hitsuhito-dono, en su eterna y celestial benevolencia, le permite realizar la ceremonia del seppuku debido a sus anteriores gestas al servicio del imperio.

—Y yo humildemente acepto su benevolencia y agradezco su iluminada presencia.

Se enderezó de rodillas y se giró, dejando a su izquierda al emperador con su séquito y a la derecha a su familia y vasallos. Quedó de frente, contemplando el pequeño altar a la Fortuna de los guerreros. Dejó caer la parte superior del kimono y puso las manos sobre sus muslos.

Toki se situó a su lado, para ejercer de kaishakunin, y desenvainó su katana.

—El emperador quiere que sepas que le desagrada este desenlace, pero es necesario para mantener la paz imperial —susurró su amigo—. Nos aseguraremos de que ningún otro clan intente nada más contra el tuyo.

Haruhisa asintió. El aire se volvió denso, como si el jardín entero contuviera la respiración. Desenvainó el tantō con cuidado reverencial. La hoja devolvió un destello pálido. Reconoció las muescas diminutas del acero antiguo. Había pertenecido a su padre.

Por primera vez, dudó. No del acto, sino de la palabra que le había llevado hasta allí: honor. ¿Era honor aceptar la culpa? ¿O era orgullo disfrazado de obediencia?

El pulso se aceleró y sintió un latido seco en las sienes. Clavó la punta del cuchillo en su abdomen. El dolor fue inmediato, limpio, casi luminoso. Lo deslizó con firmeza, notando como el acero abría no solo la carne, también años de decisiones.

No gritó.

Mientras trazaba el corte, comprendió que el honor no era pureza, sino peso. Y que todo linaje se sostiene sobre sacrificios que nadie celebra.

Cuando el mundo empezó a oscurecerse, sintió el movimiento de Toki a su lado.

Un susurro apenas audible:

—Descansa, hermano.

La hoja descendió.

El cerezo dejó caer un pétalo, que fue arrastrado por el viento sobre el papel de arroz:

Cae la flor. El tronco sigue erguido. No hay regreso.

FIN


Apéndice: Daimyo: Señor de familia o clan Eizakura-jō: Castillo del Cerezo Eterno Genpukku: Ceremonia de mayoría de edad Kaishakunin: Asistente en la ceremonia del sepukku encargado de decapitar al que lo realiza. Kamon: Símbolo familiar (como un escudo heráldico) Katana: Espada larga japonesa. Kimono: vestimenta tradicional. Kitsune: Zorro mitológico de nueve colas Oni: Demonio japonés Seppuku: Suicidio ritual para restaurar el honor. Tantō: cuchillo corto. Yojimbo: Guardaespaldas


Este fue el ejercicio que llevé a clase para la semana 15 del taller de escritura de librería Luces 2025/2026. La verdad es que debíamos homenajear a Katherine Mansfield, de quien solo he leído el relato Felicidad. En este relato sale un peral, que me llevó a un cerezo y a escribir tres páginas de una nación de mi mundo de fantasía que ni siquiera sale en la novela (solo se menciona porque hay un secundario de este país).

#TallerDeEscritura #Relato #Fantasía #Enatheria

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En los últimos meses he estado bastante bloqueado a nivel de la novela. Y es que con seis capítulos escritos, unos 30 con sinopsis y, por supuesto, toda la trama planificada me di cuenta de que no me iba a funcionar.

Demasiados puntos de vista y las piezas en el tablero mal colocadas. También me di cuenta de que había algunos fallos de base en la cronología de mi worldbuilding, que me cantó cuando tuve que introducir en la historia las consecuencias de un evento histórico.

He estado reescribibiendo la cronología y ordenando algunas naciones dentro del mapa, ya casi he terminado, y con eso me sentiré cómodo para escribir... porque aunque la mayoría de esos datos no voy a contarlos en la novela, yo necesito que existan.

Y en cuanto a los puntos de vista y como se colocan los personajes en el mapa también los he estado recolocando para que me funcionen mejor. Vosotros no conocéis estos nombres aún pero lo comento para que os hagáis una idea. He adelantado el momento en que se conocen Ansira y Onises (me será más fácil hacer avanzar su relación) o Ansel y Philip (eso también hace mover el inicio de la trama de Ansel).

También he reestructurado cuando Robin se va a ir de viaje y la información a la que tendrá acceso Anastasia desde el principio. Y le he devuelto punto de vista a Gerard, que se lo quité cuando hice la planificación completa de la trama y creo que necesito que tenga unos pocos POV.

El otro gran fallo era el como escribir... He escrito en papel, como siempre desde que empecé en el taller de escritura, pero tengo problemas con donde guardar mis datos del mundo (lo que llamo mi enciclopedia) y donde escribir la novela.

He estado probando alternativas para la enciclopedia: obsidian, wiki y actualmente lo tengo todo en un doc gigante e inmanegable de forma práctica. Creo que descarté obsidian demasiado pronto y estoy pensando en darle otra oportunidad, aunque tiene el problema de que no se sincroniza con dropbox o proton drive pero si con iCloud... Y diréis “pero Isaías si no tienes un dispositivo Apple”.

Pues eso se relaciona con la segunda parte de mi dilema, donde escribir la novela, que de base seguirá siendo a mano pero eso luego tengo que pasarlo a ordenador. Pensaba en escribir la novela usando yWriter pero en móvil/tablet me da muchos problemas sincronizando con lo que tengo guardado en dropbox (que es el sistema que permiten usar para sincronizar). Además, la app tiene graves problemas de usabilidad.

Tengo una licencia que conseguí barata de Scrivener para Windows hace tiempo, y la verdad es que la aplicación funciona muy bien per para móviles solo está para iPad. Entonces estoy pensando en pillar un iPad pequeñito para llevar siempre en el bolso y poder escribir la novela en cualquier momento. Pero sincroniza curiosamente solo con dropbox en lugar de con iCloud y me da miedo que tenga los mismos problemas de conflictos que me da yWriter (aunque Scrivener al menos es muy usable y cómodo con respecto a yWriter).

Entonces si me pillo ese iPad podría usar Scrivener+Dropbox para la novela y Obsidian+iCloud para la enciclopedia... y de paso puedo jubilar mi vieja tablet Android para los viajes, que va ya a pedales y tiene la pantalla rota. No sé, me lo tengo que seguir pensando.

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Cuando empecé a escribir mi novela de fantasía, aún no tiene título, me lancé a la aventura con un capítulo, que era del principio de la segunda mitad de la novela, porque encajaba en un ejercicio del taller. Me pasó igual con el segundo capítulo que escribí, encajaba en otro ejercicio y en esta caso estaba situado casi al final de la primera parte de la novela.

Separo la novela en dos partes porque hay un pequeño salto temporal entre ambas mitades pero no va a ser una saga ni nada de eso. Será un solo libro pero con dos mitades bien diferenciadas.

Luego en otro momento se me ocurrió perfectamente el final (epílogo) y también escribí el antepenúltimo capítulo. Y no se me ocurría el primer capítulo pero entonces la primera semana del taller de 2025/2026, la el tema de la actividad me hizo ver el inicio de mi novela, un primer capítulo con cuatro escenas. Que, por cierto, ayer escribí esa última escena del primer capítulo (unas 700 palabras que hoy pasaré a ordenador).

Y con ese primer capítulo mi mente se abrió y, por fin, supe que podría escribir la novela. Me senté pasé a limpio todas mis notas del worldbuilding caótico de mi mundo, 91 páginas de contenido ahora mismo, e hice todo el guión de la primera mitad de la novela: 31 capítulos. Sé que mucho escritor funciona sin planificar tanto pero mi mente no puede funcionar así (salvo para relatos cortos espontáneos)

Aunque todavía tengo que escribir el guión de la segunda mitad, la historia sí está totalmente resumida, ya puede sentarme a escribir tranquilo teniendo bien el mapa del mundo y el guión (con días y meses incluido) que me permite saber en todo momento cuando y donde está cada personaje.

Quería haber escrito un trozo de capítulo cada semana del taller, pero como las actividades no encajan del todo (solo han encajado 2 de 7) pues la novela tengo que ir escribiéndola de forma adicional. La profesora me ha dicho que puedo pasar del tema del ejercicio y llevar trozos de la novela, pero yo soy muy formal con las clases y prefiero practicar las actividades y dedicar tiempo separado a mis proyectos cuando no pegan.

Había creado un blog para compartir datos de mi mundo (y otro para el Cyberpunk) pero luego me ha dado miedo ponerlo en público porque una cosa es que la IA se alimente con mis cutrereseñas o mis relatos rápidos del taller pero no quiero que se alimente con algo a lo que sí le tengo cariño y le dedico mimo. Quizás cree un fanzine que solo lo puede leer quien lo “compre” (gratis) y así evito la IA... ya veré como lo hago.

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