Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa. RSS

Published on Mar 20, 2026

Decía Aristóteles que los humanos tenemos de especial, respecto de los animales, que, además de tener voz, tenemos palabra. Por eso somos sociales: la naturaleza no hace nada en vano y si nos ha dado palabras será para que las usemos. Unos con otros, se entiende.

Y qué maravilla de don, la palabra. No porque lo diga Aristóteles, sino porque lo digo yo. ¿O acaso no te han dicho nunca la palabra precisa? O la más inoportuna. Seguro que sabes de qué te hablo.

Últimamente he desbloqueado un miedo. He estado leyendo Las gratitudes de Delphine de Vigan. Si no lo has leído y te apetece, para aquí, porque te voy a destripar un trozo.

En él hay un personaje entrañabilísimo, Michka, que en su vejez desarrolla afasia. Ahora entiendo la gravedad de una de las escenas del principio: Michka buscando por el suelo, bajo la cama, por todas partes, algo que no sabía qué era. Y eran las palabras que estaba perdiendo.

Qué atroz ser capaz de pensar y no poder decir, ni escribir, lo que hay dentro de nosotros. Qué horror irse convirtiendo en una isla sin conexión con el resto de la humanidad poco a poco.

Ya me jode darle la razón a Aristóteles, pero en esto creo que la tiene. Puedo tolerar (no de buena gana) perder la voz. Pero no me merecería la pena seguir viviendo si no pudiese echar mano a las palabras.


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Published on Dec 20, 2025

Para pensar un poco antes de leer...

¿Piensas en el mundo que está habitando la infancia y el que habitará cuando crezca?

¿Cómo conseguimos hacer habitable un mundo que es, al menos, medio horrible?

Y ahora, el poema (y su traducción libérrima perpetrada por servidora):

Good Bones de Maggie Smith

Life is short, though I keep this from my children.

Life is short, and I’ve shortened mine

in a thousand delicious, ill-advised ways,

a thousand deliciously ill-advised ways

I’ll keep from my children. The world is at least

fifty percent terrible, and that’s a conservative

estimate, though I keep this from my children.

For every bird there is a stone thrown at a bird.

For every loved child, a child broken, bagged,

sunk in a lake. Life is short and the world

is at least half terrible, and for every kind

stranger, there is one who would break you,

though I keep this from my children. I am trying

to sell them the world. Any decent realtor,

walking you through a real shithole, chirps on

about good bones: This place could be beautiful,

right? You could make this place beautiful.

*******

Buenos cimientos de Maggie Smith

La vida es corta, pero no se lo cuento a mis hijos.

La vida es corta, y yo he acortado la mía

de un millar de insensatas y deliciosas maneras,

un millar de insensatas y deliciosas maneras

que no cuento a mis hijos. El mundo es al menos

terrible al cincuenta por ciento, y eso tirando

por lo bajo, pero no se lo cuento a mis hijos.

Por cada pájaro, una piedra se lanza a un pájaro.

Por cada criatura amada, una rota, en un saco,

ahogada en un lago. La vida es corta y el mundo

es al menos medio terrible, y por cada extraño

amable, hay uno que te destrozará,

pero no cuento esto a mis hijos. Estoy intentando

venderles bien el mundo. Cualquier agente inmobiliario decente

mientras te pasea por un cuchitril, parlotea

sobre buenos cimientos: Este lugar podría ser bonito,

¿no crees? Podrías hacer de este lugar algo bonito.


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Published on Jul 30, 2025

Esta mañana en Mastodon una usuaria hablaba de que una amiga le había enseñado la apertura de conversación de Tinder de un muchacho como siendo esta la gran cosa. «Amiga», contestó la MastodontA, «esto huele a ChatGPT». A lo que la moza en cuestión contestó que ella también le había contestado con ChatGPT. La MastodontA acababa la reflexión señalando lo curioso de que dos manifestaciones del mismo LLM estuviesen ligando mientras dos humanos estaban allí a verlas venir.

Otro usuario contestaba diciendo que ya había señorEs, masculino no genérico, que decían que para qué necesitaban parejas si ya tenían a ChatGPT.

¿No te parece ultra distópico? Me hace pensar en cómo el turbocapitalismo ha influido ya y de forma aparentemente irreversible en nuestra forma de relacionarnos eróticamente (en sentido amplio, no solo en lo que respecta al sexo). Me gustaría mucho ser la gran Jana del Bosco, tener su tesón investigador y su paciencia para desgranar ideas, buscar referencias y argumentar mis pensamientos. Pero no lo soy, así que te vas a tener que conformar con mi manera chusca de escupir mis ideas. Perdon't.

Una de la cosas curiosísimas que se han llevado hasta el extremo es la performatividad (el parecer, el aparentar) en todo lo que respecta al amor. A ver, esto no es, en esencia, nuevo. Siempre ha existido lo que yo llamaba «campaña electoral»: ese periodo de la relación, al inicio, en el que intentamos dar nuestra mejor cara, impresionar, convencer de que nos compren. Y el lenguaje comercial no es inocente. Esto está motivado por una concepción de la vinculación amorosa basada en la seducción, en el tener que manipular o engañar a la otra persona para que se interese por una (femenino genérico). Pero lo realmente perverso es que ahora ya no hacemos el esfuerzo ni de pensar en cómo organizar la pantomima: que lo piense un LLM, que yo estoy muy liada. Liada para conectar. Ojú.

De verdad que es loquísimo lo muchísimo que se ha asimilado el ligar/enamorarse a la compra de productos. Desde las aplicaciones manejadas por algoritmos que te «recomiendan» a tu alma gemela hasta el pedir a un LLM que nos diga qué buscar en una pareja, cómo convencerla de que inicie una conversación con nosotros o a saber.

Aunque yo soy muy fan de la responsabilidad individual, no creo que esto sea una cosa por la que podamos culparnos al 100%. Por ejemplo, más de una persona, sobre todo hombres, me han manifestado lo difícil que es conseguir hablar con alguien en las aplicaciones de citas: «Si empiezas con un “Hola, ¿qué tal?” estás condenado». Ya digo: no es un temor individual. Parece ser que, en este mundo de hiperestimulación constante, necesitamos que nos dejen con la boca abierta todo el puñetero rato, en cada jodido momento. Qué agotador. Ante esa presión, mucho mejor que las impresione ChatGPT, ese Cyrano devorador de recursos y trabajo ajeno. Lo que vaya a pasar después ya es un problema de nuestro yo del futuro, ¿no?

Hasta aquí, aunque horrorizada, puedo ser comprensiva. Conectar es difícil, conocer gente complicado, la vida muy rápida, el mundo difícil. Yo qué sé. Pero lo de los señores abandonando la búsqueda de pareja porque ChatGPT les da lo que necesitan. Creo que esto puede resultar bastante esclarecedor para hablar de la epidemia de soledad masculina: las mujeres tienen cada vez unos estándares más exigentes en lo que quieren/necesitan en un compañero (lo cual no está mal, porque el listón estaba en el infierno) y los señores se conforman con tan poco que a algunos les vale un LLM que finja escucharles y les dé la razón amablemente.

Esta situación me recuerda al auge del Satisfyer. Las bondades del aparatejo corrieron de boca en boca entre grupos de amigas, llegaron a las redes sociales y a los medios. Rápidamente había opiniones a raudales sobre las maldades del aparatejo: que si adicción, que si insensibilidad, que si incapacidad de disfrutar del sexo sin el cacharro. Una cosa loquísima. De eso, de cómo asusta nuestra independencia para el placer, hablamos otro día si quieres. Pero lo más loco fue la marabunta de señores quejándose de que iban a ser sustituidos por el dichoso aparatejo. Y yo, qué quieres que te diga, no paraba de querer decirles a esos contrariados señores, cogiéndoles de los hombritos: «Cari, si tu desempeño como pareja, incluso como pareja meramente sexual, puede ser sustituido por un Satisfyer, el problema no es el Satisfyer, eres tú».

Así que, bueno, como mujer no me vas a oir lamentarme por que los señores nos estén sustituyendo por ChatGPT (aunque sí me lamente amargamente de la omnipresencia de los LLM y cómo se están obviando los problemas éticos y medioambientales que comportan). Tengo claro que lo que yo puedo aportar a una relación no hay LLM que lo sustituya: sé que el problema no está en mí. Y, honestamente, a los hombres que consideran que una mujer puede ser sustituida por ChatGPT y que esto les compensa los prefiero entretenidos con el ordenador que importunando a mis hermanas.


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Published on Jan 14, 2026

Mi compañero me hace marcaje como el que me hacían las dependientas de El Corte Inglés cuando tenía 20 años y pinta de ir a su tienda más a robar que a comprar. Vaya, que el señor no se fía de mí, no lo ha hecho en ningún momento, e intenta hacer control de daños periódicamente [^porqueyo]. Intenta ser sutil, pero le sale bastante mal, porque para que yo me dé cuenta de estas cosas tienen que ser tremendamente obvias. O tal vez es tremendamente obvio para que yo me dé cuenta de que me está vigilando y solo finge que intenta ser sutil. En fin, me importa más bien poco. Tampoco es importante para lo que quiero contarte. Solo pretendía dar contexto y mira...

La cosa es que la última vez que me hizo marcaje sutilmente (empezó a hablarme así, como quien no quiere la cosa, de por dónde iba y qué iba a hacer después y a plantearme su planificación de la materia como la mejor de las planificaciones posibles, porque cómo no) y en un determinado momentro la siguiente afirmación salió de su boca:

—¡Porque cómo va a acabar alguien 2º de Bachillerato sin haber estudiado la Crítica de la Razón Pura! ¡Es inconcebible!

Y lo dijo mientras gesticulaba señalando los dos tomos del año de la picor que hay de la obra de Kant en el departamento.

Yo no sé si es el salto generacional, que yo me tomo a los señores filósofos muertos mucho menos en serio o que yo me siento, antes que otra cosa, maestra y, en ningún caso, experta en filosofía, pero, sea como sea, la frase me pareció tremendamente ridícula.

No se puede ver todo, eso lo tenemos claro: hay que seleccionar. Y a Kant le ha tocado que veamos su filosofía práctica, qué le vamos a hacer. Me puede parecer mejor o peor, pero nadie se muere por no estudiar la Crítica de la Razón Pura y, si me apuras, se puede vivir perfectamente sin estudiar a Kant.

No me malinterpretéis: claro que defiendo la educación filosófica, incluido el estudio de autores (que prácticamente nadie cuestiona) y de autoras (que es cuestionadísimo, claro, porque parece que si estudiamos a María Zambrano o a Mary Wollstonecraft hay que quitar a Platón ¡Y CÓMO VAMOS A QUITAR A PLATÓN! En fin. Pero no fetichizo a los autores: me parece importante lo que se aprende a través de ellos, pero se puede llegar a esos aprendizajes de muchas maneras, por muchos caminos. Puede que incluso los que marca el canon no sean los mejores.

Y luego, lo otro. Yo entiendo que para esta persona la Crítica de la Razón Pura sea la cosa más importante y necesaria del mundo para un adolescente (sí, sé que estoy haciendo un poco de hombre de paja con esto, pero permíteme la exageración), pero de ahí a pretender que esa creencia es la verdad, que lo que a él le parece importante es LO importante va un trecho.

Podría hacer sin pensar demasiado una lista de al menos 20 cosas que un adolescente tiene que saber al acabar el instituto y que siento que no acaba sabiendo, empezando por el hecho de que las cosas que no ha elegido y que le han tocado en suerte (raza, familia, estatus socioeconómico, sexo, etc.) no le hacen mejor o peor persona. Pero qué sabré yo: solo soy una chica a la que su compañero siente tiene que hacerle marcaje.

[^porqueyo]: El por qué me hace marcajea mí y no a mi otra compañera que ha tenido que robarme los apuntes para saber cómo impartir la materia tiene su guasa, pero oye, esto es lo que hay.


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Published on Jun 30, 2025

Suelo decir que soy una persona rencorosa cuando lo que ocurre en realidad es que tengo buena memoria. No me olvido fácilmente de quién y cómo me hizo daño y eso, evidentemente, afecta a la confianza. Pero no suelo desear mal a la gente y, con frecuencia, si hay algo que se puede salvar en la historia que tuve con quien me hizo daño intento salvarlo porque en mi buena memoria también influye lo de ser una sentimental.

Así me van las cosas, claro. Cuando hace tres o cuatro días escribí a un ex con el que compartí una historia breve pero intensísima (y un tanto tormentosa) para preguntarle qué tal le había ido el curso (consciente de que estaría por irse de la ciudad definitivamente) estaba haciendo valer lo bueno de aquella historia, la parte que me gustaría contar a los nietos que no voy a tener para sacarles los colores dejando claro que su abuela era una señora de armas tomar. Le hablaba desde la certeza de que no pudo ser, y es bueno que no pudiera ser, que no éramos el uno para la otra y viceversa, pero que bueno, que lo que fuésemos o dejásemos de ser juntos no habla de lo que somos o dejamos de ser individualmente. Aunque bueno, podría matizar, porque al final de nuestra historia fue un absoluto cucaracho, pero bueno, no quise centrarme en eso.

¡Mal, Jodía, mal! Piensa mal y acertarás y todo eso, desgraciá, que no has aprendido nada de la vida. En fin, la cosa es que, después de intercambiar unos 7 mensajes de lo más civilizados hoy, dos días después del último mensaje, me encuentro esto:

Captura de conversación. Un interlocutor pide a otra que no se escriban más y la otra dice que preguntaría por qué, pero que no va a obtener respuesta. El otro interlocutor le dice que es el curso natural

«Te agradecería que no nos contactemos más», dice. Y espera más de un año desde su gran cagada para decírmelo. Casualmente, elige para hacerlo el momento en el que se va de mi ciudad para siempre. Una podría pensar que dejó la puerta abierta por si pudiera sacar algo de mí pero ahora, que ya no va a pasar, pues le es demasiada molestia que nos escribamos para felicitarnos el Año Nuevo y el cumpleaños, que es lo que ha pasado este año.

Evidentemente, no le voy a echar en falta: ya no era parte de mi vida. Pero me joden las ínfulas, esos aires de no sé exactamente qué. Y me jode un poco haber creado la situación para que me dé la patada, como queriendo quedar triunfante. Sé lo que buscaba: drama. Ese «si no tienes nada que objetar» no es gratuito. Esperaba que entrase al trapo, que me enzarzase con él de alguna manera para sentirse vivo, para sentir que todavía tiene algún peso en mi vida. As if.

Por eso no le he respondido más y he sido casi tan fría y descorazonada como él. Casi. Pero me habría gustado contestarle y ser cruel, como he aprendido a ser en los últimos tiempos (aunque no lo ponga en práctica porque no está en mi naturaleza). Decirle, por ejemplo, que es un hombre triste, como los del poema de Piedad Bonnett y que admiro su compromiso con tomar malas decisiones y apartar de su lado a cualquier buena persona. Podría haberle hecho mucho daño. Pero, como digo, no está en mi naturaleza clavar puñales en las grietas de otros. Sé que, en cuanto se me pase la rabia, volveré a encontrar consuelo en la misma idea que lo encontré hace año y pico y que se ha ido confirmando con el paso del tiempo. Jamás, en su triste y miserable vida, va a tener a su lado a nadie mejor que yo ni le van a ofrecer lo que yo le ofrecí. Y para que yo diga algo así mi convicción tiene que ser profunda: ya sabéis que no es que yo tenga un ego muy hinchado.

Bon vent i barca nova, persona a la que quise. Qué pena que no supieras qué hacer con todo lo hermoso que te di.


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Published on Dec 6, 2025

Antes de leer, para pensar un poco....

¿Te has sorprendido a veces haciendo «cálculos» a la hora de relacionarte con otra persona?

¿Qué crees que hay detrás de esas personas que, habiéndose amado mucho, se convierten en extraños?

¿Qué cosas (actitudes, miedos, prejuicios...) pueden boicotear una relación? ¿Cómo las evitamos?

#Y ahora, el poema:

Ajedrez, de Rosario Castellanos

Porque éramos amigos y a ratos, nos amábamos,

quizá para añadir otro interés

a los muchos que ya nos obligaban

decidimos jugar juegos de inteligencia.

.

Pusimos un tablero enfrente

equitativo en piezas, en valores,

en posibilidad de movimientos.

.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto

y empezó la partida.

.

Henos aquí hace un siglo, sentados,

meditando encarnizadamente

como dar el zarpazo último que aniquile

de modo inapelable, y para siempre, al otro.


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Published on Dec 4, 2025

Antes del poema, para pensar un poco...

¿En qué piensas cuando escuchas la expersión carpe diem?

¿Crees que estás viviendo el momento lo mejor que te es posible?

¿Se te ocurre alguna cosa que puedas hacer hoy (o mañana) para sentir que estás haciendo tuyo parte del tiempo que se te ha dado?

Y ahora, el poema:

Si todo ha de acabar, por Eduardo García

Si todo ha de acabar, qué importa nada.

Si el río ha de arrastrar cuanto queremos,

días, amigos, cuerpos, libros, senos,

cavando a nuestro paso una hondonada;

.

si todo ha de anegar la mar helada

y al cabo nos aguardan crisantemos,

más vale no olvidar lo que seremos

y enterrar en olvido la alborada.

.

Mas si el destino está en quedar en nada

rema a contracorriente, a tumba abierta,

apurando los cauces, siempre alerta

al destello que inflama la mirada.

.

Si todo ha de acabar, muerde muy fuerte

cada hora que le robas a la muerte.


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Published on Oct 23, 2025

Lo típico. Es necesario que alguien muera y llegue a los medios (porque leyendo sobre el tema he llegado al caso de Dani, que se quitó la vida en julio tras sufrir acoso escolar de forma persistente) para que esto vuelva a «importar». Y digo «importar», con bien de comillas, porque todos estamos consternadísimos y con cara de Pikachu sorprendido, como si no hubiese explicación a por qué pasan estas cosas. Pero bueno, todo en orden, en unos meses, si no en unas semanas, Sandra caerá en el olvido y el mundo tendrá la conciencia tranquila porque se escandalizó de forma pública y conveniente. Y en las escuelas y los institutos todo seguirá igual.

¿Por qué? Pues porque las escuelas son microcosmos reflejo de la sociedad. Ni más, ni menos. Y nuestra sociedad, me van a disculpar, es UNA PUÑETERA MIERDA. Una sociedad en la que más vale ser malo que vulnerable, es preferible ser victimario que víctima y la ley del más fuerte, se entienda la fuerza como se entienda, es al final lo que prima. Una sociedad que no sabe qué cojones significa la palabra cuidado.

Y no es que yo vaya a defender la inacción de los centros educativos, no se me ocurriría. Pero como parte de la comunidad educativa tengo una visión bastante clara de las limitaciones existentes. El acoso escolar, a pesar de lo que pueda indicar su nombre, no es un problema circunscrito al ámbito escolar: es un problema social. Por eso creo que dejar el peso de su abordaje encima de los centros educativos, o al menos en su mayor parte, no va a ser efectivo. ¿Y si nos planteamos un Pacto de Estado contra el acoso escolar? Uno que implique a todos los agentes de la sociedad: sanitarios, policía, adultos de referencia (monitores deportivos, profesores de academias, etc.), con unidades de intervención especializadas y dedicadas y con medidas que protejan a las víctimas de forma eficaz y lo menos traumática posible. Ojo, que tampoco renuncio a lo mío: la inversión en recursos en educación, fundamentalmente en profesionales, también ayudaría. Grupos más pequeños permitirían una relación más cercana al alumnado y una posibilidad mayor de detectar problemas. Profesores menos sobrecargados también podrían dedicar más atención a cuestiones relacionales entre alumnos o a dinámicas grupales. Yo qué sé.

Pero bueno, parece que eso no va a pasar, que al final la clave de todo es la educación, entendiéndose por educación dar talleres. Señoras, señores, llevamos con el tema del bullying ya añitos, ¿eh? He perdido la cuenta de las veces que he impartido o visto impartir talleres sobre el tema, he perdido la cuenta de las veces que he hecho menciones relacionadas a la importancia del respeto, el buen trato y el cuidado en clase, y he perdido la cuenta de las veces que he intervenido en situaciones de acoso o que podían parecerse a acoso. Y seguimos igual o peor. Y tengo una teoría: ¿Os habéis dado cuenta de cómo los malos casi siempre piensan que están haciendo lo correcto, aunque sea de alguna forma retorcida? Pues con los acosadores pasa igual. Así que podemos predicar todo lo que queramos que, si no se dan por aludidos, poco puede mejorar el problema.


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Published on Sep 22, 2025

Hoy al salir de trabajar tenía un mensaje de mi antiguo compañero de departamento al que debería empezar a referirme como «mi amigo N», porque supongo que eso es lo que es. Me decía que tenemos que quedar, que no podemos dejarlo estar, sin prisa pero sin pausa. Y me decía que este año tiene en clase a una alumna del año pasado que le ha pedido que me transmita un mensaje: que le encanta escribir, y que le encanta la poesía, y que ha leído mis poemas y que le han encantado, que nunca encontró el momento o la valentía de decírmelo el curso pasado.

Ha sido muy bonito. Y más en este momento en el que el cuerpo me pide hacer listas para seguir levantándome por las mañanas y en el que siento que soy una farsante en mi trabajo, una impostora y una inepta.

En esta ocasión el mensaje ha llegado, aunque sea de forma indirecta (es cierto que me habría gustado poder sonreír cuando me lo dijese ella, que viese que me había hecho feliz, hacerle preguntas, en fin, esas cosas) pero me planteo cuántas veces no nos decimos las cosas. Y, consciente de cómo una sola palabra puede desviar un cuerpo de su trayectoria, siento vértigo.


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Published on Dec 4, 2025

Hoy me he cruzado en el supermercado, ya harta del día y de la semana (y aún queda el viernes) con el hermano de mi expareja y su esposa. No son personas que me cayesen nunca particularmente bien, pero durante el tiempo que tuve que hacerlo fui tremendamente cordial. Supongo, no sé, que lo de no gustarnos especialmente era mutuo. Tampoco me importa. Hoy todos hemos fingido no vernos o, mejor dicho, no conocernos y, honestamente, ha sido un alivio. No estaba yo para improvisar reacciones a situaciones incómodas en ese momento.

Pero como mi cabeza funciona como funciona, he pensado en la gente de esa familia que sí me caía bien y en como ahora no somos nada. Y me muero de la pena. Lo de que personas a las que has querido se conviertan en extraños de un día para otro es uan cosa que me desequilibra enormemente.

Y luego, claro, la cosa se ha puesto peor, porque para qué me voy a dar tregua, ¿verdad? Y he pensado en la penita que doy: la niña que he sido y que, para bien o para mal, sigue viva en mí, no tuvo ni tiene una familia ni medio funcional así que se va metiendo bien hasta el fondo en las familias de sus parejas. Je. La sed de amor, que es malísima. Pero claro, esas familias no son mi familia. Nunca llegan a serlo. Soy usufructuaria, no propietaria. El usufructo es el derecho al goce o disfrute de algo sin alterarlo durante el tiempo que el propietario estime. Pues bien: mi disfrute de esas personas acaba cuando la relación sentimental se acaba. Y esto, que supongo que todo el mundo ve lógico, a mí me parece de una crudeza inaudita.

Y, por supuesto, está el miedo: que vuelva a pasar, que estas personas a las que ahora quiero y que parecen quererme decidan, de un momento a otro, que ya nada.

Es doloroso sentir que vas por la vida siendo casi siempre el +1 de alguien (gracias infinitas a quienes me quieren por mí, sin más).


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