Perder la palabra.
Published on Mar 20, 2026
Decía Aristóteles que los humanos tenemos de especial, respecto de los animales, que, además de tener voz, tenemos palabra. Por eso somos sociales: la naturaleza no hace nada en vano y si nos ha dado palabras será para que las usemos. Unos con otros, se entiende.
Y qué maravilla de don, la palabra. No porque lo diga Aristóteles, sino porque lo digo yo. ¿O acaso no te han dicho nunca la palabra precisa? O la más inoportuna. Seguro que sabes de qué te hablo.
Últimamente he desbloqueado un miedo. He estado leyendo Las gratitudes de Delphine de Vigan. Si no lo has leído y te apetece, para aquí, porque te voy a destripar un trozo.
En él hay un personaje entrañabilísimo, Michka, que en su vejez desarrolla afasia. Ahora entiendo la gravedad de una de las escenas del principio: Michka buscando por el suelo, bajo la cama, por todas partes, algo que no sabía qué era. Y eran las palabras que estaba perdiendo.
Qué atroz ser capaz de pensar y no poder decir, ni escribir, lo que hay dentro de nosotros. Qué horror irse convirtiendo en una isla sin conexión con el resto de la humanidad poco a poco.
Ya me jode darle la razón a Aristóteles, pero en esto creo que la tiene. Puedo tolerar (no de buena gana) perder la voz. Pero no me merecería la pena seguir viviendo si no pudiese echar mano a las palabras.
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