El rincón de ferlagod

Blog personal sobre tecnología, cine, series, libros y cualquier frikada.

Ya estamos en 2026 y la película no solo no cambia, sino que se ha vuelto una de terror de serie B. Tenemos otra vez al “Zanahorio” dando por saco, más desfasado y crecido que nunca, tratándonos al resto del mundo como si fuéramos sus vasallos o el decorado de uno de sus casinos.

Lo último ya clama al cielo: chantajear a la Unión Europea con aranceles brutales por el capricho de comprar Groenlandia o por cualquier otra pataleta que le dé al despertarse. Si no bailamos al son de sus amenazas, nos corta el grifo comercial. Es el matonismo de toda la vida elevado a política internacional.

Y yo me pregunto: ¿A qué esperamos los europeos para empezar a mirar un poco más por nosotros mismos?

Cada vez que compramos un dispositivo de Apple, usamos el buscador de Google o compramos en Amazon, estamos financiando el mazo con el que luego nos golpean. Les regalamos nuestros datos, nuestra privacidad y nuestro dinero para que luego ellos lo usen como arma arancelaria contra nosotros. Es de locos.

He decidido que, por mi parte, el grifo se ha cerrado. Si ellos no nos respetan, nosotros no tenemos por qué mantenerles el chiringuito.

No hace falta irse a vivir a una cueva, pero sí empezar a ser conscientes de dónde ponemos cada euro. Ya os he contado mi mudanza a Escritura.socialy Lectura.social. Mi nube está en Infomaniak (Suiza), y mi buscador es Qwant. Es software europeo o, al menos, software libre que respeta al ciudadano.

Sé que es imposible encontrar un móvil fabricado en Europa, pero en todo lo demás no hay excusa. Ropa, zapatos, muebles... busquemos la etiqueta de “Made in EU”. Si compramos lo que se fabrica aquí, el dinero se queda aquí.

Estamos en un momento crítico. O seguimos siendo la colonia digital y económica de un tipo que no tiene ni idea de diplomacia, o empezamos a construir nuestra propia autonomía. No se trata de odio, se trata de amor propio y de supervivencia.

Como enfermero, sé que una herida no se cura si sigues dejando que entre suciedad. Y la deriva de EE.UU. ahora mismo es una infección para el resto del planeta. Empecemos a consumir europeo, a usar software libre y a valorar lo que tenemos cerca.

Ahí lo dejo...

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Copia de Enredando Temas

Si estás leyendo esto, bienvenido a mi nuevo refugio. He decidido dar el salto definitivo: me largo de Blogger y mudo este blog a escritura.social .

No es un cambio estético, es un cambio político y ético. Me paso a WriteFreely, una plataforma de software libre, federada y, sobre todo, que no pertenece a ningún gigante que se dedica a mercadear con cada coma que escribo.

Llevaba tiempo dándole vueltas. Blogger es cómodo, sí. Es gratis y fácil de usar. Pero en el mundo actual, “gratis” significa que el precio eres tú. Mantener mi blog bajo el paraguas de Google supone aceptar sus rastreadores, sus algoritmos y su control absoluto.

Con la situación internacional actual, donde EE. UU. está usando su tecnología como un mazo para amenazar con aranceles y chantajes (solo hay que ver el circo que están montando con Groenlandia y las amenazas a la UE), he decidido que no quiero que mi contenido sea un activo más en sus servidores.

He elegido escritura.social por varios motivos que para mí son innegociables a estas alturas:

  • WriteFreely vuelve a lo que importa: el texto. Sin distracciones, sin anuncios, sin widgets absurdos que solo sirven para que la página tarde tres años en cargar.

  • Al ser software libre y estar alojado en una instancia ética, sé que mis datos no se están vendiendo.

  • Aquí no escribo para posicionar en un buscador que me pide que cumpla 50 reglas absurdas. Escribo para personas, no para máquinas.

Soy consciente de las consecuencias. Al salir de la red de Google, voy a perder visibilidad. El SEO me va a castigar y no apareceré en las primeras páginas de resultados de la misma manera. Pero, ¿sabéis qué? Me da exactamente igual.

Prefiero tener 10 lectores reales que han llegado aquí porque les interesa lo que digo, que 1.000 que han llegado por un algoritmo de recomendación invasivo. Ganar soberanía digital implica aceptar que el camino es más estrecho, pero mucho más limpio.

Esta migración del blog no es un hecho aislado. Es parte de una limpieza general que estoy haciendo en mi vida digital para apoyar servicios europeos y libres:

  • He movido mis lecturas de Goodreads a lectura.social.

  • Mis archivos y correo ya respiran aire suizo con Infomaniak.

  • Navego con Vivaldi y busco con Qwant.

Incluso mi ocio ha cambiado: prefiero Filmin o mi propio disco duro con mis archivos locales antes que depender de plataformas que deciden qué puedo ver y qué no según les sople el viento en Washington.

¡Nos leemos en el fediverso!

#Divagaciones #Blog #Fediverso #Tecnología

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Copia de Enredando Temas

Si me lees de hace tiempo, ya sabes que estoy un poco harto de que cada vez que queremos organizar nuestra vida digital, tengamos que pasar por el aro de una gran corporación. Que si Amazon con Goodreads, que si algoritmos que te dicen qué leer, que si publicidad por todos lados… Al final, tú no eres un lector, eres un dato más en su cuenta de resultados.

Como ya os conté cuando hablé de Bookwyrm , me va el rollo de la soberanía digital. Y como no encontraba algo que se adaptara exactamente a lo que yo quería —una herramienta sencilla, privada y que no me trate como a un producto—, decidí aplicar eso de “si quieres algo, hazlo tú mismo”.

Hoy os presento oficialmente BiblioHouse.

¿Qué es BiblioHouse?

Básicamente, es una aplicación diseñada para que gestiones tu biblioteca personal sin que nadie te espíe por el agujero de la cerradura. Ni anuncios, ni rastreadores.

Es una herramienta creada por un lector para lectores. Punto.

¿Por qué deberías probarla?

  1. Privacidad real: Tus datos son tuyos. No vendo tu historial de lectura a ninguna empresa de marketing ni entreno IAs con tus reseñas, todo se encuentra en local.

  2. Software Libre: Como creo en la transparencia, el código es abierto. No hay trampa ni cartón.

  3. Sencillez: No quiero una red social llena de ruido. Quiero saber qué libros tengo y cuáles he leído. Sin distracciones.

Descarga y Código Fuente

Como esto es un proyecto personal y libre, aquí no hay muros de pago ni tonterías:

BiblioHouse es mi pequeña aportación a la comunidad. No pretendo competir con los gigantes, pero sí ofrecer un refugio para los que, como yo, valoramos nuestra privacidad.

Echadle un ojo, probadla y decidme qué os parece. Si encontráis algún bug o mejora(que alguno habrá, que soy un novato), ya sabéis dónde encontrarme.

#Tecnología #BiblioHouse #Libros

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Voy a ser muy claro y muy explícito: lo que está pasando con el Servicio Andaluz de Salud (SAS) no tiene otro nombre que una tomadura de pelo monumental. Es, literalmente, el arte de vender humo mientras la casa se quema.

Llevamos meses, años ya, escuchando promesas de mejora, de inversiones millonarias y de una gestión impecable. Pero la realidad, la que pisamos los que vamos al centro de salud o al hospital, es radicalmente distinta. Y ya está bien de que nos intenten engañar con gráficos de colores y notas de prensa que parecen ciencia ficción.

La realidad frente a la propaganda

La propaganda oficial nos dice que todo va sobre ruedas. Pero la realidad es que:

  • Conseguir una cita en atención primaria se ha convertido en una misión imposible. Intentar que te vea tu médico de cabecera en menos de diez días es como esperar que te toque la lotería.
  • Las listas de espera para especialistas y operaciones son una vergüenza. Miles de andaluces están atrapados en un limbo administrativo mientras su salud se deteriora.
  • Los profesionales están quemados. No puedes dar un buen servicio cuando tienes a los médicos y enfermeros desbordados, con contratos precarios y sin tiempo ni para respirar entre paciente y paciente.

Vender humo como solución

Lo que más me cabrea es la desfachatez. Nos venden la “digitalización” y las “apps” como la panacea. Está muy bien que haya una aplicación, pero la aplicación no te ausculta, ni te opera, ni te cura. De nada sirve tener una tecnología puntera si no hay nadie detrás para atenderte.

Están externalizando servicios a la privada a una velocidad de vértigo, inyectando dinero público en empresas privadas mientras los centros públicos se caen a pedazos por falta de mantenimiento y personal. Eso no es gestionar, eso es desmantelar.

El SAS se está convirtiendo en una cáscara vacía. Muy bonita por fuera en los anuncios de la tele, pero podrida por dentro. El “arte de vender humo” tiene un límite, y ese límite es cuando la gente empieza a sufrir las consecuencias reales de una mala gestión.

Menos humo, menos propaganda y más médicos. Menos excusas y más recursos. Porque con la salud no se juega, y los andaluces ya estamos hartos de que nos vendan motos que ni siquiera tienen motor.

#Divagaciones #Sanidad

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Mi ecosistema tecnológico es un completo caos: Windows para el curro, Linux para trastear, un Pixel en el bolsillo... y sí, por ahí tengo un MacBook Air M1. Y ahí es donde me quiero detener, porque acabo de cometer un peaso de error que te cagas.

Lo he actualizado.

He caído en la trampa del nuevo sistema operativo, ese que Apple ha bautizado con un nombre ridículo como “Liquid Glass” (o como mierdas se llame, porque el nombre ya es tan pretencioso como el resultado final). Y la conclusión, sin pelos en la lengua, es que es una basura. Una auténtica y profunda basura.

¡¡¡La estabilidad se fue al carajo!!!

El M1 fue una maravilla cuando salió. Era rápido, la batería duraba una eternidad y el sistema se sentía suelto. Elegante. Era el ejemplo perfecto de que el hardware y el software estaban en perfecta sintonía.

Ahora... la estabilidad se ha ido a la mierda.

El sistema se ha vuelto más lento, pesado. El simple gesto de abrir una aplicación o cambiar de escritorio ya no tiene esa fluidez instantánea que enamoraba. Y no hablemos de los bugs, que son una vergüenza para una compañía que presume de la calidad de su software:

  • Bugs aleatorios: Aplicaciones que se quedan pensando, ventanas que no quieren abrir o cerrar a la primera.
  • Conexiones WiFi que bailan: Pérdidas de conexión intermitentes sin motivo aparente.
  • El diseño es un Cristo: Tenemos iconos con transparencias al lado de otros que no. Es feo de cojones, un desorden visual que rompe esa coherencia estética que antes era la bandera de la marca.

Apple ha pasado de hacer sistemas operativos que funcionan a hacer sistemas operativos que parecen molones en el vídeo de presentación. Han sustituido la solidez por el efectismo barato.

Ahora le toca a “Apple Intelligence”

Y si el sistema va mal, la guinda del pastel es ese “Apple Intelligence”. Vamos a ver, si el ordenador no es capaz de mantener una conexión WiFi estable o de abrirme el Finder sin pensárselo, ¿de verdad me tengo que creer que su IA revolucionaria va a hacer algo más que estropear la experiencia?

Es un desastre que resume a la perfección el problema actual de los gigantes tecnológicos: en lugar de centrarse en que sus productos funcionen bien, le meten capas y capas de funciones “que no son inteligentes” y efectos visuales que solo sirven para lastrar el sistema, obligarte a comprar el siguiente modelo y, de paso, llenarlo de marketing vacío.

El problema no es que hayan añadido una funcionalidad, es que no lo han hecho y además han roto lo que ya funcionaba.

Extraño profundamente la época donde Mac OS era un sistema sobrio, pensado para trabajar, para ser invisible y eficiente.

Mi consejo: no actualices.

#Tecnología #Divagaciones. #Apple

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Se ha ido.

Aún lo estoy asimilando. La noticia me ha golpeado como una de esas canciones de Extremoduro que te entra por la nuca y te deja sin aliento. Roberto Iniesta, el puto Robe, el poeta sucio, el que le puso letra a la vida que va por el arcén, ya no está. Y con él se va un pedazo inmenso del rock en español.

Para los que crecimos con el rock nacional, Robe no era solo un músico. Era una biblia mal encuadernada, un manual de instrucciones para vivir jodidamente libre, o al menos para intentarlo.

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El legado de Extremoduro es precisamente eso: la ruptura absoluta.

Hoy, el cine y la música tienen miedo de decir las cosas por su nombre. Todo es suave, pulido, diseñado para no molestar. Pero Robe venía de otra escuela. Él cantaba a la mierda, a la rabia, al amor desgarrado, a las drogas y a la belleza que solo se encuentra cuando miras el mundo con los ojos bien abiertos y sin anestesia.

Sus letras eran un golpe en la mesa contra lo políticamente correcto mucho antes de que esa frase se pusiera de moda. No usaba metáforas complejas ni se escondía tras grandes producciones. Su poesía era callejera, visceral, pero con una profundidad que ya quisieran muchos autores laureados.

La verdad sin filtros. Cuando escuchabas Jesucristo García o te perdías en los más de diez minutos de La Ley Innata, sentías que esa música era real. No era un producto de marketing. Era el resultado de un tipo que ponía el alma en el asador, a veces quemándose.

Y esa es la esencia que se ha perdido. Hoy, en el arte, vemos mucha película “plana” y mucha canción medida al milímetro para el algoritmo. Robe y su banda eran todo lo contrario: eran imprevisibles, caóticos, imperfectos y, por eso mismo, perfectos.

¿Quién se atreve a soltar frases como “Si me ves con otra pídele que se muera”?

Nadie. Porque ahora hay miedo a herir, a la cancelación, al qué dirán. Robe nunca tuvo ese miedo. Él hacía su música, la entregaba y el que quería, que la cogiera.

Esto no es solo la muerte de un cantante. Es el cierre definitivo de una era donde la autenticidad valía más que los likes. Es un recordatorio de lo difícil que es encontrar hoy en día un artista que sea tan honesto, tan crudo y tan inmensamente talentoso como él.

Solo nos queda subir el volumen, agarrar una guitarra si la tenemos, y gritar con más fuerza que nunca esos himnos que nos acompañaron en la carretera, en la rabia y en el amor.

Gracias por todo, Robe. Ahora sí, se ha consumado la “ruptura absoluta”.

#Divagaciones #Música #Rock #Extremoduro

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Si eres de los míos, te gusta la tecnología y la ciencia (como sé que te gusta), y si además lees, sabes que el mundo de los libros online tiene un único dictador: Goodreads.

Goodreads (la red social de libros más grande) está bien, funciona, pero es como la cafetería de un aeropuerto: impersonal, fea y, lo más importante, es propiedad de Amazon. Sí, el mismo gigante que ha reventado las librerías de barrio y que hace negocio hasta con el aire que respiras.

Pues bien, ha llegado la hora de que el fediverso (ese universo de redes sociales descentralizadas, como Mastodon o Lemmy) ponga orden.

Aquí es donde entra en escena Bookwyrm. Y sí, te prometo que es la alternativa que llevabas años pidiendo a gritos.

Y me preguntareis... ¿Qué demonios es Bookwyrm?

Para que nos entendamos: Bookwyrm es una plataforma de lectura social. Puedes hacer todo lo que harías en cualquier otra red: marcar libros como leídos, hacer reseñas, ver qué están leyendo tus amigos, ponerte metas anuales... Lo básico.

Pero la gran, G-R-A-N diferencia, es que es descentralizada y comunitaria.

Imagínate que en lugar de un único cuartel general dirigido por Amazon, tu mundo de lectores está formado por miles de pequeñas “islas” independientes (servidores o instancias). Cada isla tiene sus propias normas de convivencia y su propio ambiente.

Lo mejor es que todas esas islas están interconectadas. Es decir, tú puedes estar en una instancia pequeñita dedicada solo a lectores españoles, y seguir e interactuar con un amigo que está en una instancia centrada en lectores italianos que le gustan yo que se...

Esto no es solo un capricho friki; es un cambio de modelo que lo pone todo patas arriba:

  1. Sin Publicidad Molesta: No hay anuncios. Cero. Porque nadie está intentando monetizarte ni venderte nada.
  2. Tú Tienes el Control (De verdad): Tus datos son tuyos. No estás encerrado en la jaula de un solo dueño. Si un servidor se pone feo o no te gusta su moderación, simplemente te mudas con tu lista de libros a otro sin perder nada.
  3. Comunidad de Escala Humana: Como se fomentan las comunidades pequeñas, las conversaciones son más reales y menos ruido. Las recomendaciones vienen de personas, no de un algoritmo que te quiere colar la última novedad de un best-seller prefabricado.

Y entonces, ¿Por qué elegir Bookwyrm en vez de Goodreads?

Aquí es donde me explayo, porque la diferencia no es un color de interfaz más bonito, es la filosofía.

Bookwyrm Goodreads (Amazon)
Código Abierto y Descentralizado. El código es de todos. Propiedad de Amazon. Tu actividad alimenta su negocio.
Recomendaciones Humanas. Ves lo que la gente que te importa lee. Algoritmos Invasivos. Te empujan libros basados en lo que les genera más pasta.
Comunidades de Nicho. Perfectas para tus gustos específicos (Thrillers, Terror, etc.). Comunidad Masiva y Genérica. Mucho ruido y conversaciones superficiales.
Anti-Corporativo. Creado por un desarrollador independiente que no busca dominar el mundo. Corporativo al Máximo. Su único objetivo es hacerte pasar por caja.

Bookwyrm te da la libertad de ser un lector, no un producto. Pero no es perfecto, ojo. Su base de datos es más pequeña que la de Goodreads, y a veces tendrás que añadir un libro a mano. Pero esa es la contrapartida de la libertad: hay que currársela un poco más.

Si quieres una red de libros que te trate como a una persona adulta e inteligente, es hora de que te mudes. Ya puedes importar tus datos de Goodreads, así que no hay excusas. Dale una oportunidad.

#Tecnología #Libros

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Hay películas que envejecen como el buen vino, y luego está “Una jaula de grillos” (The Birdcage, 1996). La volví a ver el otro día y, joder, qué bofetada de realidad me llevé al compararla con el cine que se hace hoy. No solo es una comedia magistral, es un recordatorio de una época en la que el cine se atrevía a reírse de todo y de todos sin que nadie se rasgara las vestiduras.

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Un reparto en estado de gracia

Lo de Robin Williams y Nathan Lane en esta película es de otro planeta. Williams, contenido pero brillante, y Lane, desatado en el papel de su vida. La química entre ellos es tan real, tan humana, que te olvidas de que estás viendo una comedia de enredos.

Pero es que los secundarios no se quedan atrás. Gene Hackman haciendo de senador ultraconservador es una delicia, y ver a Hank Azaria como Agador Spartacus es, sencillamente, historia del cine.

Comedia contra la hipocresía

Lo que hace grande a esta película no es solo el humor físico o los diálogos afilados. Es cómo utiliza la risa para desnudar la hipocresía de la sociedad. Enfrenta dos mundos: el de una pareja gay dueña de un club de cabaret en Miami y el de una familia política ultraconservadora que vive de las apariencias.

La genialidad reside en que se ríe de los dos bandos. No intenta dar lecciones de moral baratas ni se pone solemne. Al final, nos enseña que todos, seamos como seamos, somos igual de ridículos cuando intentamos aparentar algo que no somos.

¿Se podría hacer hoy?

Sinceramente, creo que no. Hoy vivimos en la era de la piel fina. Cualquier chiste, cualquier estereotipo, cualquier salida de tono sería analizada con lupa por los inquisidores de turno en las redes sociales. Se perdería la frescura y la mala leche que hacen que esta película funcione.

“Una jaula de grillos” es cine libre. Es una película que celebra la diversidad a través de la carcajada, no a través del sermón. Y eso es algo que el cine actual, tan preocupado por no molestar a nadie, parece haber olvidado por completo.

Si quieres reírte de verdad y ver una película que respira libertad por los cuatro costados, hazte un favor y vuelve a verla. Porque directores como Mike Nichols sabían que la mejor forma de unir a la gente no es el consenso forzado, sino una buena risa compartida.

Menos corrección política y más Agador Spartacus, por favor.

#CineySeries #Reseñas

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A veces miro alrededor y alucino. Nos gastamos un dineral en alarmas para casa o en candados para la bici, pero luego vamos por internet con la puerta abierta de par en par y la cartera asomando por el bolsillo trasero.

Me revienta ver cómo seguimos cayendo en las mismas trampas de siempre. Hablamos mucho de tecnología, pero a la hora de la verdad, la seguridad digital de la mayoría de la gente da pena. Y no, no es culpa de los hackers rusos ni de las corporaciones malvadas. La culpa es nuestra.

“123456” y por qué pasas de todo

Vamos a ser claros: si tu contraseña sigue siendo “123456”, “qwerty” o el nombre de tu perro seguido de tu año de nacimiento, _te mereces lo que te pase _te lo tienes que hacer mirar. Usar datos personales o palabras del diccionario es ponerle una alfombra roja a cualquiera que quiera entrar en tu vida.

El problema es que somos vagos. Nos da pereza recordar veinte claves distintas y acabamos usando la misma para todo. Error garrafal. Si te revientan una cuenta (y pasará), te las revientan todas.

Aquí es donde todo el mundo te dice: “Usa un gestor de contraseñas”. Y sí, tienen razón, es una bóveda digital cifrada donde solo tienes que recordar una clave maestra. Pero cuidado con lo que te recomiendan por ahí.

Si buscas en Google o lees los típicos artículos de “los mejores gestores”, siempre te salen los mismos nombres:1Password , LastPass.... A ver, no están mal, pero me jode que siempre se olviden del mejor.

Me parece indignante que se sigan recomendando herramientas que a veces son puro marketing o que han tenido problemas serios en el pasado, y se ignore a Proton o Bitwarden. Los de Proton lleva años peleando por la privacidad real en el correo electrónico. Tanto Proton Pass como Bitwarden no solo es seguro, es que su cifrado es real (lo que llaman zero-knowledge), lo que significa que ni ellos mismos pueden ver tus datos. Es ágil, funciona de lujo y no te vende la moto. Si de verdad te importa tu privacidad, pasa de las listas comerciales y pásate a uno de ellos.

El doble factor lo pones o te jodes

Lo llaman el “estándar de oro”, yo lo llamo tener dos dedos de frente. La autenticación multifactor (MFA) es, sencillamente, que para entrar en tu cuenta no baste con la contraseña (algo que sabes), sino que necesites también algo que tienes (tu móvil) o algo que eres (tu huella o tu cara).

Es ponerle un segundo cerrojo a la puerta. Si un hacker consigue tu contraseña pero no tiene tu móvil para recibir el código, se queda en la calle. Es así de simple. Si tu cuenta del banco o tu correo principal no tiene esto activado hoy mismo, eres un irresponsable.

Los ciberdelincuentes no son genios informáticos encapuchados tecleando código verde a toda velocidad. Son estafadores que juegan con tu mente. El phishing funciona porque te meten miedo o urgencia. “Tu cuenta va a ser bloqueada “, “Ha habido un problema con el pago “...

No seas impulsivo. Antes de hacer clic como un pollo sin cabeza, pasa el ratón por encima del enlace y mira la dirección real. Si el correo dice ser de tu banco pero el enlace te manda a una web rara, es una estafa. Nadie regala nada y las urgencias en internet suelen ser mentira.

Y por favor, dejad de conectaros al Wi-Fi del aeropuerto, del hotel o de la cafetería “a pelo”. Esas redes públicas son un nido de espías donde cualquiera puede ver tu tráfico. Si tienes que usar una red pública por narices, usa una VPN. Cifras tus datos, ocultas tu IP y te vuelves invisible. Navegar sin VPN en una red pública es como ir desnudo por la calle: te van a ver todo.

Haz copias de seguridad antes de llorar

Para terminar, grábate esto a fuego: la regla 3-2-1.

No es una fórmula mágica, es la única forma de asegurarte de que no vas a perder las fotos de tus hijos o los documentos del trabajo cuando tu disco duro decida morir. Porque va a morir.

  1. Ten 3 copias de tus datos.

  2. En 2 soportes distintos (por ejemplo, tu ordenador y un disco duro externo).

  3. Y 1 copia fuera de casa (en la nube, por ejemplo).

Si no haces esto, cuando llegue el desastre —un virus, un robo o un café derramado—, las lágrimas no van a recuperar tus archivos.

La seguridad no es algo que compras y te olvidas. Es higiene digital. Deja de ser vago, instálate un gestor de contraseña, activa el doble factor y deja de ponerle las cosas tan fáciles a los malos.

#Tecnología #Divagaciones #Privacidad

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A veces me pregunto cuándo nos volvimos tan frágiles. Cuándo decidimos que la mejor forma de entender el pasado es borrarlo con Tipp-Ex o, peor aún, fingir que nunca existió.

Me he sentado a ver Cocodrilo Dundee. Sí, esa película de los 80 que todos hemos visto mil veces. Un clásico de aventuras, humor simple y un tipo rudo que no encaja en la gran ciudad. Me puse cómodo, esperando echarme unas risas nostálgicas, pero algo no cuadraba. La película avanzaba a saltos. Faltaban cosas.

Y no, no era un fallo del streaming. Era la tijera.

Resulta que hoy en día, ver la versión original de esta película es misión imposible en muchas plataformas. ¿El delito? Dos escenas concretas que la «sociedad moderna» ha decidido que son demasiado fuertes para nuestros delicados ojos.

La primera: esa escena en la fiesta donde Mick Dundee, ante la duda de si una persona es hombre o mujer, hace lo único que haría un cazador de cocodrilos que no entiende de sutilezas sociales: le agarra la entrepierna. Un agarrón de huevos en toda regla para comprobar el «material». La segunda: una situación similar con una mujer mayor.

¿Es una escena bruta? Sí. ¿Es de mal gusto hoy en día? Probablemente. ¿Había que borrarla? Rotundamente NO.

Lo que me revienta no es que la escena sea polémica bajo el prisma actual. Lo que me jode es que nadie nos ha preguntado. No ha venido un dictador ni un ministerio de censura a cortar el metraje. Ha sido algo mucho peor: una censura preventiva impuesta por el miedo a la ofensa.

Estamos viviendo una época absurda donde las obras originales, esas que son hijas de su tiempo, son mutiladas para que encajen en el molde moral de 2025. Ya pasó con los desnudos de los 80. Películas donde antes veías unas nalgas o un pecho de forma natural, ahora aparecen recortadas o con zoom extraños para que no se vea ni un centímetro de carne. Como si ver un culo nos fuera a traumatizar de por vida.

Lo triste es que esta censura es silenciosa. Te venden la película como siempre, pero te dan una versión light , descafeinada y mentirosa.

Cocodrilo Dundee reflejaba una época y una mentalidad concreta. Si borras lo que hoy te ofende, no estás protegiendo a nadie; estás reescribiendo la historia. Estás tratando al espectador como si fuera un niño pequeño incapaz de entender que hace 40 años el mundo era diferente.

En la música pasa igual. Canciones de rock que hemos cantado a grito pelado ahora se miran con lupa, analizando cada coma por si hiere la sensibilidad de alguien. Si seguimos así, dentro de poco tendremos que escuchar los discos instrumentales porque las letras serán «demasiado agresivas».

Dejemos de intentar limpiar el pasado con lejía. Las películas, los libros y las canciones son lo que son. Si algo ha envejecido mal, que se vea. Que sirva de ejemplo de lo que éramos, para bien o para mal. Pero por favor, dejad de cortar escenas y dejadnos decidir a nosotros si nos ofendemos o no.

Menos tijeras y más madurez.

#CineySeries #Divagaciones

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