El SAS y el arte de vender humo
Voy a ser muy claro y muy explícito: lo que está pasando con el Servicio Andaluz de Salud (SAS) no tiene otro nombre que una tomadura de pelo monumental. Es, literalmente, el arte de vender humo mientras la casa se quema.
Llevamos meses, años ya, escuchando promesas de mejora, de inversiones millonarias y de una gestión impecable. Pero la realidad, la que pisamos los que vamos al centro de salud o al hospital, es radicalmente distinta. Y ya está bien de que nos intenten engañar con gráficos de colores y notas de prensa que parecen ciencia ficción.
La realidad frente a la propaganda
La propaganda oficial nos dice que todo va sobre ruedas. Pero la realidad es que:
- Conseguir una cita en atención primaria se ha convertido en una misión imposible. Intentar que te vea tu médico de cabecera en menos de diez días es como esperar que te toque la lotería.
- Las listas de espera para especialistas y operaciones son una vergüenza. Miles de andaluces están atrapados en un limbo administrativo mientras su salud se deteriora.
- Los profesionales están quemados. No puedes dar un buen servicio cuando tienes a los médicos y enfermeros desbordados, con contratos precarios y sin tiempo ni para respirar entre paciente y paciente.
Vender humo como solución
Lo que más me cabrea es la desfachatez. Nos venden la “digitalización” y las “apps” como la panacea. Está muy bien que haya una aplicación, pero la aplicación no te ausculta, ni te opera, ni te cura. De nada sirve tener una tecnología puntera si no hay nadie detrás para atenderte.
Están externalizando servicios a la privada a una velocidad de vértigo, inyectando dinero público en empresas privadas mientras los centros públicos se caen a pedazos por falta de mantenimiento y personal. Eso no es gestionar, eso es desmantelar.
El SAS se está convirtiendo en una cáscara vacía. Muy bonita por fuera en los anuncios de la tele, pero podrida por dentro. El “arte de vender humo” tiene un límite, y ese límite es cuando la gente empieza a sufrir las consecuencias reales de una mala gestión.
Menos humo, menos propaganda y más médicos. Menos excusas y más recursos. Porque con la salud no se juega, y los andaluces ya estamos hartos de que nos vendan motos que ni siquiera tienen motor.
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