Mi historia con Linux

Tras unos años sin utilizar Linux, he vuelto con un portátil con Linux Mint y muchas ganas de cacharrear. El otro día, hablando con mi pareja, le contaba como entré yo en este mundillo y he pensado escribir esa historia aquí también.

Empecé la carrera en el año 2006 y ese mismo año me uní al Seminario de Ciencias Planetarias (refundado posteriormente como Grupo de Ciencias Planetarias y extinto actualmente, pero esa es otra historia). En ese grupo conocí a unas estudiantes de físicas y empezaron a meterme ideas raras en la cabeza, no tenía suficiente con las ciencias planetarias. Empezaron a hablarme de software libre y de sistemas operativos libres y gratuitos. En aquella época, la recomendación fue, por supuesto, Ubuntu. En casa, busqué en internet información hasta que me animé a descargar e instalar Ubuntu en mi ordenador. Creo que fue en las Navidades de 2006 cuando ya tenía corriendo en mi ordenador de sobremesa Ubuntu 6.10. Y reconozco que me gustó.

Durante esos tiempos en el Seminario de Ciencias Planetarias, otros colegas me recomendaron nuevas distribuciones: “prueba Arch”, “Ubuntu es el mal, usa Debian”, “únete a Fedora”, etc. Como me gustaba tanto eso de los sistemas operativos libres decidí probar otras distribuciones (lo que ahora he descubierto que llaman distrohopping). No recuerdo cuantas ni cuáles probé durante el verano de 2007. OpenSuse seguro, aunque solo logré instalarla y no pude hacer nada más (la cambié cuando me harté de ser incapaz de configurar internet o alguna cosa así). Fedora y Arch creo que fui incapaz de instalarlas. Debian no recuerdo si la instalé o no, pero al final decidí quedarme con Ubuntu y, como era el ordenador de la familia, convivía en alegre sintonía con Windows en el mismo disco duro.

En 2008 o 2009 me compré un Notebook con Windows hasta que se le acabó la garantía (momento en el que fue formateado y le instalé también Ubuntu). Fue el ordenador que me acompaño toda la carrera, el máster, la tesis y mi breve periplo en la universidad privada (un Notebook con 1 núcleo con turbo a 1,8 GHz, 1 GB de RAM y arquitectura de 32 bits). Estuve con Ubuntu hasta que se hizo demasiado pesado para el pobre Notebook y decidí cambiar a Lubuntu, que tiene un escritorio más ligero. En 2019 me compraron un portátil en el trabajo (con Windows) y el Notebook se quedó para un ocio más ligero, aunque de vez en cuando seguía utilizándolo para trabajar. Hasta que en enero de 2022, durante mi mudanza a las infames tierras francófonas, decidí que era hora de jubilarlo. No sé podía navegar ya por internet con él y hacer casi cualquier cosa lo llevaba al límite.

En 2022 fue, por tanto, el último año que use una distribución de Linux de manera habitual... hasta hace unos meses, cuando me regalaron un MacBookAir de 2015 de tercera mano. Según lo recibí lo primero que hice fue instalarle Linux Mint. Y ahora es mi ordenador principal en casa. Tengo que probar si algunos de los programas de Windows del trabajo, que hace años no funcionaban en Linux con wine, ahora funcionan y si funcionan algunos videojuegos. Si todo funciona, creo que el portátil de casa lo formatearé para instalarle Linux (aunque quizás haga un poco de distrohopping y pruebe con Fedora u OpenSuse, que me gusta el escritorio de Plasma, o con Arch, que he visto que tiene PHREEQC en sus repositorios).


¿Esta entrada es #VidaCotidiana o #software? Bueno, dejo los dos hashtags.


Si te ha gustado esta entrada puedes enviarme tus comentarios en Mastodon: @doclomieu@masto.es

Puedes seguir este blog desde cualquier red del fediverso o mediante RSS.

También puedes seguir todas las publicaciones de Escritura Social mediante RSS.

Lechuza apoyada sobre una estilográfica rodeada por una corona de olivo.