El calzado minimalista no es para mí

Poco más que añadir, en principio, que lo ya indicado en el título de esta entrada. He probado el calzado minimalista, barefoot, y tras varios meses con un uso constante me he dado cuenta de que es un calzado que no se adapta a mí.

El verano pasado, siempre que podía, estaba descalzo. Y eso hizo que, llegado un momento, me costase ponerme las deportivas. Mi hermana, que lleva años usando barefoot, me dijo que probase con este tipo de calzado y me dio una serie de consejos para acostumbrarme a ellos. Así que le hice caso y me compré unos escarpines para pasar lo que quedaba de verano. Y me encantaron. Los usaba diariamente hasta que llego el mal tiempo, momento en el que me decidí a comprarme unas botas barefoot.

Ese ha sido mi calzado diario hasta hace unas semanas que he vuelto al calzado tradicional. Hará un par de meses empecé a notar unas molestias en la planta del pie al caminar y, por las mañanas, en los tobillos. En un principio, pensé que podría haberme hecho daño y no le di mayor importancia, pero cada vez las molestias eran mayores. Me di cuenta de que los días que no salía de casa esas molestias se atenuaban, por lo que decidí probar de nuevo con las deportivas. A los pocos días las molestias en los pies habían desaparecido.

He intentado volver a utilizar los escarpines y las botas, pero siempre vuelven las molestias al usarlas. Aunque me gusta lo cómodo que es este tipo de calzado, está claro que no es para mí. Una lástima, porque a los escarpines les he hecho muchísimos kilómetros y siguen como nuevos.


#VidaCotidiana


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Lechuza apoyada sobre una estilográfica rodeada por una corona de olivo.