Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa.

Published on Dec 14, 2025

Para pensar antes de leer...

¿Estás de acuerdo con la idea de que lo poco gusta y lo mucho cansa?

¿A veces te has sentido demasiado loquesea o has deseado ser menos loquesea?

Completa la frase: «Podría vivir con un poco menos de....»

Y ahora, el poema:

No mata la calidad sino la cantidad, de Gloria Fuertes

En demasía lo bueno se hace malo,

la píldora veneno

y vicio la caricia;

.

sabes de todo un poco y vas al cine,

sabes de todo mucho y te suicidas.

.

Mucha vida (cien años) es la muerte

-se hace malo lo bueno en demasía-.

La soledad, es ese gran espejo

donde acabas por verte monstruoso;

.

el silencio la tuerca en el oído

que se va ajustando al agujero,

demasiado silencio es igual que una bomba

y demasiado amor es igual que un entierro.


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Published on Jul 31, 2025

Hace un par de años trabajé con una señora estadounidense listísima. Se encargaba de, cada dos semanas, dinamizar una clase con mis criaturas hablando de algún tema de interés para mí, en tanto que docente titular, para ella, como auxiliar de conversación, y para las criaturas, que tenían que animarse a hablar en inglés. Se lo curró tela y yo disfruté mucho de esas clases, por no hablar de lo mucho que me dio que pensar. Por ejemplo, en el tema que te traigo hoy.

En los alrededores de San Valentín le pedí que preparase una clase sobre el amor romántico, problematizándolo en la medida que le fuera posible. Bueno, lo clavó. La presentación y la clase fueron interesantísimas. A mí se me clavó una pregunta: ¿Crees que te has enamorado alguna vez de la expectativa que tienes de alguien en lugar de enamorarte de esa persona? A ver, ella lo formuló mejor y en inglés, pero yo no recuerdo exactamente cómo lo hizo.

La cosa es que me hizo pensar: ¡Culpable! Cuántas veces me he enamorado del potencial de una persona y no de la persona en sí. Y qué injusta he sido conmigo y con esas personas. Con ellas, porque no he sido capaz de quererlas por lo que eran en ese momento, sino por lo que yo esperaba que llegasen a ser, empujándolas siempre a ser más, ser mejores, en definitiva, a ser otras. Y conmigo porque he asumido la responsabilidad de llevar de la mano a esas personas por el camino de superación personal de los cojones. No niego que puede que de fondo estuviese la idea de que no puedo tener lo que quiero si no le pongo trabajo. Yo qué sé, estoy rotísima.

La cosa es que yo no lo había pensado hasta ese momento y me da que es una idea que merece la pena examinar, porque creo que es algo en lo que muchas mujeres caemos con frecuencia. No es todo responsabilidad nuestra: nos han dicho que el amor lo puede todo y ahí están los referentes culturales, desde La Bella y la Bestia hasta Los Simpson, en los que una mujer inteligente se deja la vida en intentar arreglar a un patán, con mayor o menor éxito. Si te paras a pensarlo es una mentalidad muy especulativa: cojo algo que necesita una reforma, le meto trabajito y genero plusvalía. La materia prima unida a mi trabajo ha dado algo que ha incrementado mucho su valor. Je. Da miedo, ¿eh? Hasta qué punto el capitalismo está en todo.

En fin, no hay mucho más que decir. Si mantienes vínculos en los que, con frecuencia, sientes el impulso de arreglar a la gente...Dale una pensada a esto. Por si te sirve.


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Published on Aug 4, 2025

Ya. Ya sé. Porque elegimos tener ricos.

La cosa es que últimamente digo mucho esa frase: «No podemos tener cosas bonitas». Y la verdad es que me gustaría tener la esperanza necesaria para plantearme hasta qué punto es una buena estrategia, para creer que llegado un cierto punto vamos a plantarnos de alguna manera. Pero qué va.

Hoy un compañero (ya excompañero, en realidad :( ) me mandaba un vídeo en el que se citaba a Netanyahu diciendo que para evitar la formación de un Estado Palestino solo había que financiar a Hamás. A raíz de eso hemos hablado de la impotencia que sentimos. Cada vez que hablo con él, que sabe mucho de historia y de política, mi sensación de ser una mota de polvo en el tablero de ajedrez se acrecenta. Es descorazonador.

Y no es que él me lo induzca: es que sé que no puedo hacer demasiado, o así lo siento. Pero tengo otra compañera (también excompañera) que es su contrapunto: también sabe mucho de historia y de política, pero mantiene la esperanza y eso la mueve a hacer, a resistir, a empujar.

Yo supongo que soy el tercer tazón que encuentra Ricitos de Oro: no tengo esperanza, pero no quiero irme sin haber pataleado algo. Aunque sé que soy cómplice de multitud de desmanes, aunque sé que me beneficio de los malestares de otros, intento ejercer mi poder en lo que siento posible para resistir. Por eso acabo de cerrar mi cuenta en Substack y, por consiguiente, cesar indefinidamente la actividad en mi newsletter poética. Por mucho que Substack se disculpe ahora por haber enviado una notificación animando a la gente a suscribirse a un blog neonazi, su política respecto de gente que promueve discursos de odio ya era una vergüenza. Esto ha sido solo la gota que ha colmado el vaso para mí.

Y me da pena. Empecé la newsletter unos meses antes de la pandemia. La pandemia y el confinamiento contribuyeron a consolidarla (incluso me grababa leyéndola para añadir cercanía) y, salvo algún parón puntual, la publicación semanal de un poema con un poquito de reflexión ha sido constante. Me gustaba, me hacía bien. Y me ha permitido recibir abrazos y palmaditas en al espalda en forma de palabras de gente chulísima. Me permitía conectar, que es lo que pasa cuando una abre su corazón y pasa por allí gente buena.

La intención cuando empecé era, simplemente, perder la vergüenza a enseñar mis poemas. Luego, combinado con eso, poner algo «bonito» ahí fuera y hacer algo bonito y bueno por mí. Sin más. No quería dinero, no quería difusión, nada. Simplemente conectar y compartir algo que me gusta. Entonces cerró Tinyletter, el servicio simplísimo que usaba. la empresa que lo gestionaba, Mailchimp, decidió centrarse en su servicio de pago (la avaricia y eso). Me mudé una temporada, pero me cansé de pagar para hacer algo que me gusta (y eso que hubo quien arrimaba el hombro con kofis para que siguiera). Cambié a Substack con ciertas reticencias: sin ser lo que yo quería, era lo que más se ajustaba. Y hace unas semanas me di cuenta de que mis poemas habitaban un bar nazi. Aguanté un poco, no quería renunciar a mi newsletter, pero ya con la última de Substack no he podido aguantar. Y estoy bastante cansada de informarme, buscar servicios, migrar, adaptarme a algo para acabar descubriendo que el CEO come bebés o que lo cierren para sacarle más pasta o a saber.

La newsletter me ha dado mucho. Gracias a ella he conseguido mi sueño de publicar un libro, por ejemplo. De firmar en la Feria del Libro de Madrid (tres años, nada más y nada menos). Pero, sobre todo, gracias a ella la gente me ha leído, ha conectado conmigo, ha dialogado conmigo. Eso es lo que más feliz me ha hecho. Y me entristece tremendamente dejarlo.

Pero no es solo la newsletter: es que Internet se está convirtiendo en una mierda, en un centro comercial donde no se puede estar si no es para consumir. De un tiempo a esta parte estoy intentando usarlo de forma más consciente en lo que puedo: he dejado las redes sociales comerciales/privadas (no sin consecuencias), he vuelto a escribir en un blog (no sin reticencias porque no me gusta estar educando a LLM para que me puteen), he vuelto a tener un lector RSS para leer a otra gente que sigue poniendo su mente ahí fuera desinteresadamente. Pero todo eso es agotador. No debería serlo, pero lo es porque la enmierdificación de Internet es colosal. A veces pienso en mi yo de 16 años, conectándose por primera vez a Internet con un módem de 56k, en los chats, los blogs abiertos, el IRC... y me da mucha pena. En otros momentos he pensado que es porque entonces era joven e inocente, pero lo cierto es que Internet no era la mierda de conglomerado de clubes privados que es ahora. No es solo nostalgia.

Así que bueno, a partir de hoy hay una cosa bonita menos en internet. Sé que he hecho lo que mi conciencia me pedía pero aun así lo siento como una derrota o como una rendición. Probablemente porque no haya manera de ganar.

Perdona el caos, no estoy en mi mejor momento y, como ves, las circunstancias[nota1] no dejan de mejorar.

Se agradecen razones para mantener la esperanza.

[nota1]: Que sí, que cerrar un proyecto gratuito que no me reportaba nada económico, que tampoco es que estuviese salvando la vida de nadie y que probablemente era en su mayor parte «pornografía emocional», como lo llamó el señor triste de la última newsletter, no es el fin del mundo. Pero para mí es importante y me afecta.


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Published on Jun 7, 2025

La historia que se transmite en este post, aunque tiene base en la realidad, ha sido ficcionalizada, es decir, los detalles han sido cambiados para proteger la identidad de las personas implicadas

Cuando supe que había intentado suicidarse habían pasado dos semanas del intento, con su correspondiente ingreso. No había dejado de venir a clase y no había dejado de ser en clase el estereotipo de adolescente despreocupada y feliz que bromea con sus amigas, lanza indirectas al chico que le gusta y salpica agua en el laboratorio cuando la profesora no mira. Hay que joderse: morirse un sábado, resucitar el domingo, volver a clase el lunes. Como si nada.

Si me hubiesen pedido que hiciese una apuesta macabra y dijese, de las personas de mi entorno, quién sería la primera en intentar suicidarse, ella no habría estado ni siquiera entre las cincuenta primeras: parecía tan feliz.

Una di noi pienso cuando veo su silla vacía. Otra de esas superheroínas que nadie necesita (que no necesitamos ser), tremendamente capaces de seguir sosteniendo la sonrisa y tirando del carro mientras por dentro todo se nos llena de carcoma. Así, ¿cómo van a protegernos?


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Published on Sep 7, 2025

Hace un rato, mientras intentaba aguantar unas lágrimas que no estaban ahí, le he pedido a mi compañero de alegrías y fatigas perdón por ser un rollo. Agradezco honestamente que no me haya querido llevar la contraria y que no me haya dicho que no lo soy, porque él sabe y yo más que él que sí lo estoy siendo. No estoy ni triste, ni ansiosa, ni inquieta, ni frustrada, ni desesperanzada, ni enfadada, pero sí un poco de cada una de esas cosas y algunas más, en proporciones tan mínimas que nada de lo que haga por calmar alguna de esas sensaciones tiene el mínimo impacto en el resto. Empiezo a pensar que no tengo más opción que seguir adelante haciéndome la muerta y esperar que, con suerte y tiempo, la marea me devuelva a la orilla. He aprendido que a veces eso justo es lo que pasa.

Tampoco voy a hacerme luz de gas con esto: tengo motivos para estar así. Puede que sean problemas champán, pero mis problemas champán no dejan de ser mis problemas. Hay una parte de mí que me dice cuéntalo, pero, al parecer, otra parte de mí, con más control que la primera, me pide que no lo haga. No se lo he contado a nadie, no con honestidad y por completo, porque siento que requeriría horas y no voy a tener la destreza ni la energía para transmitirlo y hacerme entender. Puede que escribirlo sea más fácil, pero parece que no lo suficiente. Así que bueno, seguiré manteniendo el secreto a la sombra hasta ver qué si, como decía en aquel poema, me transforma o me destruye.

Pero, acto seguido, mientras mi pareja me acariciaba la nuca en silencio, he tenido la iluminación y le he preguntado: «Tengo derecho a ser un rollo, ¿verdad?». Y ahí sí ha respondido: «Sí, claro». Mi #ingeñero es un señor de pocas palabras, pero bueno, con frecuencia suele decir lo adecuado y suficiente.

Tengo derecho a ser un rollo, claro que sí. Es liberador, ¿sabes? Toda mi vida he creído que no tenía derecho a incomodar. No tenía derecho a pedir nada si molestaba, si tan siquiera requería un esfuerzo. Si lo hacía nadie me iba a querer. Pero que alguien que, creo, me quiere, me diga (o conceda) que estoy siendo un rollo pero que tengo derecho a serlo es nuevo. Bueno.

Pero aunque él no me lo hubiese concedido sería verdad. Estoy acostumbrada a cuidar/atender/consolar a gente que está siendo un rollo. Y no pasa nada. Ni me planteo que estén siendo un rollo: las personas estamos genial y fatal, y todo lo que hay en medio. Y no somos cosas que querer solo cuando funcionan bien, cuando son bonitas, cuando nos divierten (lo de que las personas no somos cosas también merece un post, creo). He entendido eso perfectamente cuando tiene que ver con otros pero, por lo que sea, rara vez he conseguido aplicármelo a mí misma. Quizá porque no me han hecho sentir segura y querida en esas situaciones. Yo qué sé. Pero que no me lo hayan reconocido no significa que no tenga el derecho a estar mal y, a pesar de eso, ser querida y cuidada.

Pues lo dicho, que estoy siendo un rollo, una compañía horrible, que no me soporto ni yo así que imagino que debo estar insoportable... Pero tengo derecho a estar así y a que me quieran, se materialice o no ese derecho.

Y tú también. Date un tiempo para procesarlo: tú también.


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Published on Dec 6, 2025

Antes de leer, para pensar un poco....

¿Te has sorprendido a veces haciendo «cálculos» a la hora de relacionarte con otra persona?

¿Qué crees que hay detrás de esas personas que, habiéndose amado mucho, se convierten en extraños?

¿Qué cosas (actitudes, miedos, prejuicios...) pueden boicotear una relación? ¿Cómo las evitamos?

#Y ahora, el poema:

Ajedrez, de Rosario Castellanos

Porque éramos amigos y a ratos, nos amábamos,

quizá para añadir otro interés

a los muchos que ya nos obligaban

decidimos jugar juegos de inteligencia.

.

Pusimos un tablero enfrente

equitativo en piezas, en valores,

en posibilidad de movimientos.

.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto

y empezó la partida.

.

Henos aquí hace un siglo, sentados,

meditando encarnizadamente

como dar el zarpazo último que aniquile

de modo inapelable, y para siempre, al otro.


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Published on Dec 20, 2025

Para pensar un poco antes de leer...

¿Piensas en el mundo que está habitando la infancia y el que habitará cuando crezca?

¿Cómo conseguimos hacer habitable un mundo que es, al menos, medio horrible?

Y ahora, el poema (y su traducción libérrima perpetrada por servidora):

Good Bones de Maggie Smith

Life is short, though I keep this from my children.

Life is short, and I’ve shortened mine

in a thousand delicious, ill-advised ways,

a thousand deliciously ill-advised ways

I’ll keep from my children. The world is at least

fifty percent terrible, and that’s a conservative

estimate, though I keep this from my children.

For every bird there is a stone thrown at a bird.

For every loved child, a child broken, bagged,

sunk in a lake. Life is short and the world

is at least half terrible, and for every kind

stranger, there is one who would break you,

though I keep this from my children. I am trying

to sell them the world. Any decent realtor,

walking you through a real shithole, chirps on

about good bones: This place could be beautiful,

right? You could make this place beautiful.

*******

Buenos cimientos de Maggie Smith

La vida es corta, pero no se lo cuento a mis hijos.

La vida es corta, y yo he acortado la mía

de un millar de insensatas y deliciosas maneras,

un millar de insensatas y deliciosas maneras

que no cuento a mis hijos. El mundo es al menos

terrible al cincuenta por ciento, y eso tirando

por lo bajo, pero no se lo cuento a mis hijos.

Por cada pájaro, una piedra se lanza a un pájaro.

Por cada criatura amada, una rota, en un saco,

ahogada en un lago. La vida es corta y el mundo

es al menos medio terrible, y por cada extraño

amable, hay uno que te destrozará,

pero no cuento esto a mis hijos. Estoy intentando

venderles bien el mundo. Cualquier agente inmobiliario decente

mientras te pasea por un cuchitril, parlotea

sobre buenos cimientos: Este lugar podría ser bonito,

¿no crees? Podrías hacer de este lugar algo bonito.


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Published on May 14, 2025

La semana pasada estuve en una boda. No una boda cualquiera: la boda de una gran amiga. Incluso (todavía no me lo creo) fui bendecida con una distinción especial junto con otras pocas personas, un agradecimiento por, no sé, supuestamente haberla apoyado y acompañarla durante la locura que ha sido la preparación de esto. Ya ves tú, la compañía que le he podido hacer, a más de 2500 kilómetros de distancia... Pero bueno, sirva el detalle para dejar claro que fue una boda especial, la boda de alguien importante en mi vida, una de esas bodas por las que te coges el coche al salir de currar y te tiras 6 horas en carretera. Eso.

La cosa es que la primera vez que yo vi a mi amiga en vivo y en directo llevaba el traje de novia puesto. Y no porque la acompañase a una prueba: qué va. Mi amiga y yo coincidimos espaciotemporalmente por primera vez el día de su boda. Conocí a su marido el día de su boda (mención especial a mi broma recurrente de repetir «me gusta mucho pa mi amiga este señor, ojalá se casen»). La abracé, por primera vez, el día de su boda. Curioso, ¿eh?

Bueno, probablemente a ti no te lo parezca tanto. Si estás leyendo esto es porque, probablemente, eres una persona acostumbrada a habitar las aguas del interné de una forma poco mainstream y, me atrevo a deducir que esa idea de querer mucho a alguien con quien nunca te has tomao ni medio café no te es ajena. Pero cuando contaba la movida recibía miradas raras. Y yo lo entiendo, ojo. Pero no me importa, ni me molesta. Lo que me siento es muy afortunada de haber podido encontrar a gente tan estupenda, con la que vibro tan bien, y que vayan a enriquecer mi vida durante el tiempo que sea. Y eso, sin Interné, no podría ser posible.

No recuerdo cuándo conocí a Ana, ni cómo. Sé que fue en Twitter, pero no me preguntes más de las circunstancias. Tampoco sé cómo empezamos a hablar más, y más, y cómo acabamos tejiendo esa intimidad que tenemos (y que consiste básicamente en que mi amiga, que es la reina de la socialización y que controla el calendario vacunal, las vacaciones y la talla de pie de todo el mundo, me hace el seguimiento y yo, una vez hecho eso, le doy conversación y la quiero mucho xD) ni cómo llegó a posicionarse entre las personas importantes de mi vida. Sé que ocurrió, y aunque me dé un poco de coraje no tener los elementos necesarios para reconstruir nuestra historia completa, el relato de esto, me vale con que sea real.

Porque es real. Esa distinción «amigas de la vida real» vs. «amigas de interné» no hace referencia a ningún elemento cualitativo, sino más bien a una cuestión circunstancial: tengo amistades con las que he acabado compartiendo espacio físico y tiempo y otras con las que solo he podido compartir tiempo y espacios virtuales. Y no me da vergüenza decir que, en multitud de ocasiones, han sido estos últimos los que me han salvado el momento, el día, la semana, el curso o incluso la vida.

En estos días he mirado mi palomita de cerámica mucho (el detalle que te decía que los novios nos dieron a unos cuantos afortunados) y he pensado cómo todo fue normal. Cómo la abracé como si fuera lo lógico, cómo hablamos como si no fuera la primera vez que nos escuchábamos las voces sin mediación de un aparato, como lloré de felicidad en varios momentos viéndola feliz y enamorada, sabiéndola valorada y querida. Y, aunque no es mi primer rodeo en esto de las amistades de interné, no deja de sorprenderme a ratos.

Escribo esto pensando en ella, en mi Ana, a la que le huele el culito a luna de miel ahora mismo, pero pienso en mi comuna sáfica, en mi Rosa (años y años y años de amistad, más de una década, y aún esa Estrella Galicia pendiente), en Mariache, en mis señoras taradas, en mi Alberto... En gente que es parte de mi día a día, porque lo es, sin que el espacio nos haya juntado. Y me alegro muchísimo del potencial de la tecnología para unirnos, para dejar que nos queramos, a pesar de los impedimentos.

Y mira, entre tanta IA y tanta cosa, no todo iba a ser malo.

Lo que ha unido interné, no hay mundo que lo separe.


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Published on Mar 23, 2026

o El diario de Noah, versión folklórica.

El sábado pasado escuché por primera vez el nuevo disco de Rodrigo Cuevas, Manual de Belleza. Empecé como lo hago con muchas cosas, dando un bocado al azar, por enmedio. La canción elegida, ésa en la que cayó mi atención y mi dedo índice, fue «Sácame a bailar». Pensaba que era una versión de otra de Collado que tiene el mismo título. Pero no. Cuando le di a reproducir empezó a sonar mi nuevo pasodoble favorito.

Me eché a llorar antes de entender qué estaba escuchando, tal es el poderío y la fuerza de la música. Pero es que la letra habla de una anciana que le pide a su pareja que la saque a bailar un pasodoble, que eso es lo único que la hace recordar (se intuye que la mujer ha perdido la memoria en cierta medida). Y bueno, por ahí transcurre la historia hasta llegar a la última estrofa, cantada a dúo por Rodrigo Cuevas y Ana Belén como en un susurro, sonando algo más la voz de esta, de la que no os digo nada porque es que te acaba de destruir si no estabas destruida de antes.

La canción me transportó de golpe y porrazo a las noches de verbena en mi pueblo. Fuese cual fuese la ocasión siempre había unas cuantas personas bien mayores que, con dificultad, llegaban siguiendo la música a donde quiera que estuviese la fuente de esta. Algunos llegaban solos y una podía leerles la añoranza en los ojos: de volver a bailar, de la pareja con la que hacerlo era fácil. Otros, afortunados, llegaban en pareja y, al sonar el primer pasodoble (siempre era un pasodoble), se levantaban del asiento que hubiesen encontrado y caminaban a la pista con lentitud y torpeza, la misma lentitud y torpeza con la que empezaban a bailar, desfasados del 4/4 de la música. Pero entonces, a medida que iban entrando en materia, a medida que se acercaba el primer estribillo, tal vez porque sus cuerpos iban recordando que aún estaban vivos, tal vez porque lograban acceder a la energía que guardaban para las grandes ocasiones, tal vez porque se sabían apoyados por su partenaire, sus pasos se iban haciendo más veloces, más enérgicos, más solemnes y gráciles. Y entonces la sonrisa, contando mil y un secretos compartidos sin palabras.

Lo recuerdo y me emociono. Y me pasa cada vez.

Un día, si las fuerzas y la suerte me acompañan, yo también me haré vieja. ¿Con qué rejuveneceré yo? ¿Con qué me volverán las fuerzas? Porque ahora mismo, si puedo pedir un deseo, me gustaría que fuese con este pasodoble. ¿Quién me saca a bailar?


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Published on Dec 16, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

¿Te has planteado alguna vez la maternidad como un problema?

¿Crees que esa decisión es cada vez más difícil de tomar?

¿Qué cosas deberían cambiar para que el mundo invitase a tener hijos?

Y ahora, el poema.

NO-MO de Rosa Berbel

«no hay poesía capaz de hacer bella esta guerra»

Carlos Catena Cózar

Les digo a otras mujeres

que en realidad no sé si quiero hijos.

Porque el mundo es hostil,

igual que siempre,

pero la resistencia de la piel,

su solidez, es cada vez más débil.

.

No hay poesía capaz de hablar

de esto:

de los niños dormidos y de los padres muertos,

de tanta lucidez

guardada en los armarios.

.

Y siento entre mis piernas

el peso de la vida con sus dudas,

gritando a todas horas

sin consuelo.


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