Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa. RSS

Published on Dec 18, 2025

Antes de leer el poema, para pensar un poco...

La rebeldía puede residir en actos cotidianos. ¿Se te ocurre alguno?

Cuando piensas en la palabra felicidad, ¿qué se te viene a la mente?

¿Cómo te gustaría que te recordasen cuando ya no estés?

Y ahora, el poema:

Vamos a ser felices de Luis Alberto de Cuenca

Vamos a ser felices un rato, vida mía,

aunque no haya motivos para serlo, y el mundo

sea un globo de gas letal, y nuestra historia

una cutre película de brujas y vampiros.

Felices porque sí, para que luego graben

en nuestra sepultura la siguiente leyenda:

“Aquí yacen los huesos de una mujer y un hombre

que, no se sabe cómo, lograron ser felices

diez minutos seguidos.”


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Published on Jun 11, 2026

Haber vivido con personas, y no meramente entre ellas, supone ir por la vida cargada de huellas y marcas, de restos de su presencia cuando se marchan. Quique González siempre será cosa de D., igual que Terry Pratchett. Sandman, por más mío que lo haya hecho, siempre tendrá restos de C. Zoo o La Fúmiga me llevarán siempre a A. Podría seguir con facilidad, mucho, mucho rato.

Esto ocurre también con los lugares, siento que de una manera especial. ¿No os resulta raro volver con un nuevo amor al lugar que visitasteis con otro? Como si algo estuviese fuera de lugar o como cuando un actor o actriz aparece en la misma serie interpretando a otro personaje. Es extraño. Por supuesto, la intensidad también varía: puede ocurrir que haya lugares en los que este efecto no se da en absoluto y otros que una no se siente con fuerzas de volver a visitar. Hoy me he sorprendido viéndome en una de estas. En el último caso, concretamente.

Hoy vi a alguien triste en Mastodon. Se quejaba de que la gente no le visita y yo, medio en broma medio en serio, iba a decirle que me iba a obligar a que, en alguna de las visitas al pueblo, me escapase a Murcia, le secuestrase y le llevase a ver el mundo desaparecer en el faro de Cabo de Palos. Pero no lo he escrito porque me he quedado paralizada: no podría volver a ese lugar, no quiero hacerlo. Está demasiado impregnado de la presencia de otra persona y de su recuerdo.

Y no es por algo negativo, no te asustes. Es cierto que la persona acabó siendo un cucaracho pero no ha sido siquiera de los peores que me he cruzado. Ni en el top 10 está. Es por todo lo contrario. Llegué al faro de Cabo de Palos en el coche de un señor que conocía desde hacía menos de un mes, sin saber a dónde me llevaba, muerta de expectación y con dolor en las mejillas de tanto sonreír durante un día que había empezado mojando los pies en diciembre en el Mediterráneo. Qué día. Y yo entonces no sabía que lo mejor estaba por llegar.

Cuando vi aparecer el faro no lo podía creer. Mi primer faro. Estaba atardeciendo y en el rato que estuvimos allí, hablando de un futuro que ya entonces sabía que no iba a ser (aunque por razones distintas a las que acabó no siendo), diciendo cursiladas como dos adolescentes intensos, vimos la oscuridad cernirse sobre el mundo, el mar tornarse del color del cielo nocturno (cómo me gusta ese efecto) y, de repente, sentir que no había nada más, que allí se acababa el mundo. Quedarnos en silencio viendo como la luz del faro apuntaba a la aparente nada. Si pudiese hacer una composición con polaroids de momentos estelares de mi vida, ese sería uno sin dudarlo. Uno de los primeros, además.

No creo que vuelva en breve (ni tampoco a medio plazo) a Cabo de Palos. Puede que no lo haga nunca. Pero probablemente, aun así, en todos los faros del mundo encuentre la huella de esa persona que pasó por mi vida breve pero intensamente y dejó una marca indeleble. Conservar esa huella en mi recuerdo sin amargura, querer salvarla del olvido, la podredumbre y el cinismo, es un favor que nos hago: a mí, porque me merezco cosas bonitas; a él, porque mantengo vivo el testimonio de un amor que, estoy segura, fue irrepetible para ambos. Aunque él haya decidido no querer saberlo. Él se lo pierde.


Lo siento, persona de mastodon que puede que sí o puede que no haya pillado la referencia. No te puedo raptar y llevarte al faro de Cabo de Palos. Pero puedo fingir que no sé cómo se comen los paparajotes y probarlos por primera vez contigo, por ejemplo.


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Published on Apr 15, 2026

Nunca, desde que salí de casa de mis padres, he conocido a mis vecinos. No sé cómo se llaman, no sé apenas nada de sus vidas, más allá de lo que pueda deducir cuando me los cruzo por la escalera... ¡Qué leches! Si ni siquiera sé a qué piso van cuando me los cruzo en el ascensor... Mi mente no es capaz de retenerlo. Sé que se me lee como una persona reservada, algo arisca, que no tiene interés en relacionarse demasiado. Yo no lo intento, ellos no lo intentan... Y ahí queda la cosa.

A veces, muchas, me da pena. Siento que en esto también he sido vencida por el turbocapitalismo: aislamiento, individualismo, atomización. Lo que es peor: me he dejado vencer, porque #IngeñeroPrometido sí tiene conocimiento de sus vecinos y es tan reservado socialmente como yo, o más. Pero no sé, no me sale hacerlo de otra manera, no sé cómo se hace.

Lo bueno es que a veces me permito fantasear con que vivo en un patio de vecino, de estos cuadrados y cuajados de geranios, de vida comunal y crianza tribal de las criaturas. Es mucho fantasear, lo sé, pero no puedo evitarlo cuando vuelvo a casa en las horas previas a la hora de comer, cuando por las puertas de las casas se filtran el olor a cocido de una vivienda, las lentejas de otra, la pizza casera de la de más allá y los (probablemente) flamenquines fritos de otra. Que buena parte de las viviendas estén haciendo lo mismo al mismo tiempo me permite soñar con cierta comunidad. Al menos aquí todavía se cocina. No es poco.


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Published on Dec 3, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

Piensa en alguna cosa que te arrepientes de no haber hecho. ¿Por qué no la hiciste?

¿Cuánto peso tiene en tu vida la opinión de los demás?

¿Te has planteado alguna vez la diferencia entre lo correcto y lo aceptado?

Y ahora, el poema...

4 (Ciclo satánico), de Carmen Jodra Davó

¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido

vivir sin vida todos estos años?

Por evitarme daños, tuve daños,

y huyendo penas, penas me han venido.

.

¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido

en virtud, muerte, ritos tan extraños

como inflexibles, místicos engaños,

humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!

.

Me arrepiento del tiempo en que fui buena,

viviendo sin gozar el prodigioso

fulgor del mal, quebrando mi destino.

.

Y ahora que su goce me envenena,

¿cómo negarse, si es tan delicioso,

o cómo retornar al buen camino?


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Published on Apr 7, 2026

Hoy he escrito un poema con el mismo título que este post. Ya, ya sé, es un poco exagerado. Pero el poema ha venido a cuenta de la disonancia que me provoca vivir últimamente[^ultimamente]. Una vive su vida normal, va al trabajo, tiene conflictos familiares, se regala algún capricho, sale a tomar una caña, va al parque a ver los renacuajos, lee libros... En fin, hace lo que suele hacer como si no pasara nada. Pero entonces una pone la televisión, enciende la radio o se mete en cualquier red social y se da cuenta de lo jodidamente mal que van un montón de cosas: dementes amenazando con hacer desaparecer civilizaciones enteras (y con el poder para hacerlo), guerra, hambre, aumento de la temperatura global, movimientos económicos frenéticos, aumento de los precios de todo, ...

La disonancia es aún mayor si cabe ahora. He vuelto a casa embriagada de olor a azahar, disfrutando del escándalo que es la primavera en mi ciudad, con flores haciendo lo suyo locamente en cada esquina, después de tener un encuentro con adolescentes para hablar de poesía, tras haberme encontrado, por sorpresa, con un exalumno que me ha dado un par de abrazos que me han dado ganas de vivir para varios días. Y entonces, las noticias. Los mensajes del tarado ese que se cree el rey del mundo, los desplazados de Líbano, las mentiras [^mentiras] de la IA... ¿Cómo se navega la situación actual desde la cotidianidad sin perder la cabeza? Si alguien lo sabe, que me lo cuente.

[^ultimamente]: quien dice últimamente dice en los últimos años. [^mentiras]: una se pregunta si los conceptos de mentira y verdad conservan algo de la solidez que tuvieron en otro momento. Una chispa, siquiera.


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Published on Apr 7, 2026

Hoy he escrito un poema con el mismo título que este post. Ya, ya sé, es un poco exagerado. Pero el poema ha venido a cuenta de la disonancia que me provoca vivir últimamente[^ultimamente]. Una vive su vida normal, va al trabajo, tiene conflictos familiares, se regala algún capricho, sale a tomar una caña, va al parque a ver los renacuajos, lee libros... En fin, hace lo que suele hacer como si no pasara nada. Pero entonces una pone la televisión, enciende la radio o se mete en cualquier red social y se da cuenta de lo jodidamente mal que van un montón de cosas: dementes amenazando con hacer desaparecer civilizaciones enteras (y con el poder para hacerlo), guerra, hambre, aumento de la temperatura global, movimientos económicos frenéticos, aumento de los precios de todo, ...

La disonancia es aún mayor si cabe ahora. He vuelto a casa embriagada de olor a azahar, disfrutando del escándalo que es la primavera en mi ciudad, con flores haciendo lo suyo locamente en cada esquina, después de tener un encuentro con adolescentes para hablar de poesía, tras haberme encontrado, por sorpresa, con un exalumno que me ha dado un par de abrazos que me han dado ganas de vivir para varios días. Y entonces, las noticias. Los mensajes del tarado ese que se cree el rey del mundo, los desplazados de Líbano, las mentiras [^mentiras] de la IA... ¿Cómo se navega la situación actual desde la cotidianidad sin perder la cabeza? Si alguien lo sabe, que me lo cuente.

[^ultimamente]: quien dice últimamente dice en los últimos años. [^mentiras]: una se pregunta si los conceptos de mentira y verdad conservan algo de la solidez que tuvieron en otro momento. Una chispa, siquiera.


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Published on Sep 30, 2025

No sé cómo estará ahora la cosa, pero hace una década no era extraño encontrarse señores en interné que daban lecciones sobre cómo seducir a mujeres. Evidentemente, ellos se presentaban como grandes triunfadores entre las féminas, verdaderos conquistadores. Solían demostrarlo poniendo en práctica algunos de sus trucos, que en el mejor de los casos eran cutres y en el peor acoso sexual, y las muchachas de los vídeos que para nada eran actrices, o amigas, o a saber, caían a sus pies sin demasiado esfuerzo. Un poco de esfuerzo sí había que hacer, claro, porque ya se sabe que las mujeres, cuando dicen que no, lo que quieren decir es «insiste hasta que te diga que sí»[^chorrada]. Estos ejemplos no eran más que el aperitivo porque, por supuesto, estos donjuanes cibernéticos vendían cursos, webinars y toda clase de mierdas para enseñar a chavales con poco éxito entre las mujeres, habilidades sociales regulinchis y demás y, así, forrarse.

Intuyo que el éxito de estos cursos era relativo. Bajo. Prácticamente nulo. Sobre todo si uno es capaz de distinguir cuándo una mujer te está demostrando interés genuino de cuándo te está siguiendo el rollo porque está acojonada y está intentando salir de la situación de la mejor manera posible. La cosa es que esos señores con necesidad de formación para relacionarse con mujeres (vaya tela) no tenían más recurso que acudir a otros hombres porque preguntar a las mujeres qué les gusta o qué esperan debía ser algo demasiado rompedor.

Vaaaale, vale. Puede que no tuvieran mujeres a las que preguntarles. Puede que ese fuera el origen del problema[^amigas]. Pero a lo mejor hay lugares donde buscar, ¿no? Me pregunto por qué a esos señores no se les ocurrió la idea de acudir a ficción femenina, por ejemplo, hecha para mujeres pero, sobre todo, por mujeres. Y sí, me estoy refiriendo a la novela romántica adulta o, como suele conocérsela despectivamente, a la novela rosa.

El otro día estaba leyendo una novela (Guía de brujas para citas falsas con un demonio, de Sarah Hawley) en la que una bruja torpe invoca por accidente a un demonio y la cosa resulta en que están condenados a estar juntos porque el demonio no puede volver a casa hasta que no haga un pacto por el alma de la bruja, cosa que ella no está dispuesta a hacer. Pues bien, mientras, en pleno ataque de ira, ella se pone a limpiar, el otro, apabullado por el desorden, le hace la cama y le dobla la ropa. Buah. Hoy, por ejemplo, he leído que el cortejo de los demonios incluye actos de servicio, tales como cocinar para la persona a la que cortejan o hacer tareas que necesiten para demostrar sus habilidades. Buah. Y hombre, evidentemente, yo no quiero que un señor que acabo de conocer se ponga a doblarme las bragas o me instale un ventilador de techo (o a lo mejor sí), pero ahí está una de las fantasías femeninas: alguien que cuide, que se haga cargo de la casa, que no se haga el muerto y haga las cosas sin que tengas que irlas pidiendo todo el rato, por ejemplo. Que a lo mejor a uno no le sale así, sin pensar, una frase del tipo «You are the bane of my existence», pero sí que hay otras cosas que se pueden aprender.

En general, hay ficción escrita por mujeres en la que los señores son absolutamente estupendos. Sí, algunos de ellos son escoceses fornidos y otros vampiros o demonios, pero el carácter está ahí. Incluso hay libros en los que los protagonistas son señores normales que no se dan cuenta de las indirectas y, aun así, consiguen enamorar a la prota.

Pues no, a nadie se le ocurrió mirar ahí. Supongo que porque son cosas de chicas, dicho así, como si oliese mal. Porque se trata de ficción menor (evidentemente una historia en la que se plasman inseguridades, miedos, deseos y ansiedades de una mujer tiene que ser algo menor, que interpele a la mitad del género humano es una minucia), de tonterías románticas (cuando la historia de amor la escribe un señor es un romance atemporal, claro). O a lo mejor es que culpar a las mujeres de ser incomprensibles y absolutamente misteriantes es mucho más sencillo que preguntarles a ellas o ir a buscar en los lugares donde se sienten libres y seguras para expresarse.

No sé, José Luis, por 20 euros aproximadamente tienes dos novelas de bolsillo que lo mismo te enseñan más cosas (y sobre todo, mejores) que el curso de Seduct0rInfalible en Youtube. Pero qué sabré yo: solo soy una chica :)

[^chorrada]: supongo que asumir que las personas dicen lo que quieren decir es una cosa demasiado subversiva. [^amigas]: y es tan problema que yo, en los últimos tiempos, he decidido no relacionarme demasiado con señores que no tengan amigas. Tal vez esto lo desarrolle otro día.


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Published on Mar 3, 2025

Ayer estuve viendo fotos antiguas, viajando como una vulgar polizona por las memorias de alguien que ha tenido una vida interesantísima a través de sus álbumes de fotos.

Me encanta ver esas fotos de tiempos pasados, detenerme en los peinados, los maquillajes, los vestidos, la decoración: todo eso que hace que una misma escena (un niño echando una siesta, una foto escolar, un bautizo, una comunión, una boda) sea distinta. Lo disfruto mucho. Siento debilidad por esas fotos que llegaban dedicadas en cartas, que hablan de la nostalgia, el echar en falta, la distancia y el recuerdo (el volver a traer a alguien al corazón).

En el álbum había unas cuantas de esas: fotos de hermanas, de sobrinas... De hecho, yo misma le llevé a esta mujer fantástica una foto mía (con su nieto) para que la añadiese a sus álbumes o a sus portarretratos. «¿No viene dedicada?», me preguntó. Y por supuesto que se la dediqué en el instante, encantada de ser partícipe de la tradición. Pero me llamó la atención, en concreto, una de ellas, porque la cabra tira al monte y no puedo resistirme al romanticismo (ni siquiera al peor entendido, lo reconozco). En ella aparecía un hombre joven (probablemente mucho más joven de lo qu podría decirse por la foto), de perfil, bien peinado, con su traje elegante (aunque humilde). Sobre la esquina inferior derecha de la foto, unas letras en una caligrafía pulcrísima, preciosa: «De tu amorcito...¡que cuánto te quiere!» Y, bajo la dedicatoria, el nombre del amante caballero.

Me imaginé a la mujer joven que fue la señora que me enseñaba los álbumes leyendo esa dedicatoria (con esa letra tan bonita) y llevándose la foto al pecho, arrebatada de amor. Y me imaginé al joven, escribiendo a su novia tras la larga jornada de trabajo, poniéndole una dedicatoria de lo más cursi en la foto, con esa falta de pudor que nos imbuye cuando estamos enamorados. Y me enternecí mucho... durante un rato.

No me cuesta imaginármela a ella porque, por lo que la he llegado a conocer, creo que se parece a mí en algunas cosas: es una amante de las historias y, si algo es hermoso, la verdad o la fidelidad a los hechos queda en un segundo plano. Es, como yo, una romántica (y yo lo digo a mi pesar, no creas). Pero a él... Me cuesta. Me sorprendió encontrarme esa dedicatoria, la verdad. Lo que he sabido de él (que ya murió) me ha llegado de distintos testimonios y todos ellos hablan de un hombre recto, riguroso en exceso, muy chapado a la antigua, dominante, curtido y endurecido como requería la época y, durante buena parte de su vida, poco cariñoso (cosa que cambió algo, parece ser, con la llegada de los nietos y en relación a ellos: en las fotos rara vez sonríe, salvo si en ellas está con sus nietos). Pero ese hombre, en algún momento, se sintió tan arrebatado por el amor como para escribir una dedicatoria cursi y azucarada a su novia a la que, seguro, echaba de menos.

Esa idea me obsesionó: la de la desaparición de ese joven para que apareciera el marido firme y autoritario. Le pregunté a su nieto qué podía haber pasado, me bebí con atención sus teorías y le rogué que él no desapareciera. Me aterroriza que él, que es un cursi, un romanticón, una persona absurdamente cariñosa que parece beber los vientos por mí (todo ello cualidades que me encantan) se convierta en algún momento en un señor indiferente, masculino en el peor de los sentidos, uno de esos hombres que hacen comentarios sobre la parienta, como si esta les hubiese caído de oficio, como si nunca la hubiesen buscado, deseado o querido.

Él me dijo «Tranquila, nosotros no somos como ellos» para acto seguido añadir «aunque supongo que eso es lo que piensa todo el mundo en algún momento». Y es justo lo que yo estaba pensando. Probablemente las personas con la relación más agria y tormentosa que puedas pensar estuvieron en algún momento enamorados o, al menos, creyeron que lo estaban. No sé a ti, pero a mí me inquieta mucho: veo la deriva de algunas relaciones y buf.

Menos mal que estamos en el siglo XXI y existen el no casarse, el romper relaciones y el divorcio... de momento.


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Published on Dec 2, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

¿Crees que el dolor es justificable? ¿Tiene sentido?

¿Qué historias nos contamos para tolerar el dolor?

¿Crees que se invierte más esfuerzo en hacer el dolor tolerable que en actuar sobre sus causas?

¿Qué sientes cuando alguien intenta justificar tu dolor?

Y ahora, el poema:

El dolor, por Amalia Bautista

El dolor no humaniza, no ennoblece

no nos hace mejores ni nos salva,

nada lo justifica ni lo anula.

El dolor no perdona ni inmuniza,

no fortalece o dulcifica el alma,

no crea nada y nada lo destruye.

El dolor siempre existe y siempre vuelve,

ninguno de sus actos es el último

y todos pueden ser definitivos.

El dolor más horrible siempre puede

ser más intenso aún y ser eterno.

Siempre va acompañado por el miedo

y los dos se alimentan uno a otro


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Published on Nov 30, 2025

¡Hola, hola!

Aunque parezca mentira, debido a que hace dos meses que hay polvorones en los supermercados, mañana empieza diciembre. Mientras pensaba en que me gustaría tener un calendario de adviento cuqui, pero no sabía muy bien de qué o cómo, se me ocurrió poner en el mundo algo bonito, algo que a mí me gustaría encontrarme, en definitiva, hacer un poco más agradable este mundo que habito y que tan inhóspito me parece a veces.

La poesía me ha acompañado en diversidad de sentimientos y situaciones, haciendo los malos tragos más llevaderos y los buenos aún más dulces. Así que bueno, he pensado compartir 24 poemas a lo largo de estos primeros días de diciembre, acompañadas de unas cuántas preguntas para animarte a reflexionar antes de la lectura, si te apetece, y llegar al poema con una cierta apertura o predisposición (esta parte te la puedes saltar, por supuesto, si así lo deseas).

Puedes ir «abriendo» tus sobrecitos de adviento acudiendo aquí al blog, suscribiéndote por RSS o email o a través de mi cuenta de mastodon, @bettie@masto.es, aunque ahí encontrarás bastantes más cosas que probablemente no te interesen.

Sin más, te invito a volver mañana y ver qué tengo para ti.

Espero que lo disfrutes.


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