Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa.

Published on Dec 3, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

Piensa en alguna cosa que te arrepientes de no haber hecho. ¿Por qué no la hiciste?

¿Cuánto peso tiene en tu vida la opinión de los demás?

¿Te has planteado alguna vez la diferencia entre lo correcto y lo aceptado?

Y ahora, el poema...

4 (Ciclo satánico), de Carmen Jodra Davó

¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido

vivir sin vida todos estos años?

Por evitarme daños, tuve daños,

y huyendo penas, penas me han venido.

.

¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido

en virtud, muerte, ritos tan extraños

como inflexibles, místicos engaños,

humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!

.

Me arrepiento del tiempo en que fui buena,

viviendo sin gozar el prodigioso

fulgor del mal, quebrando mi destino.

.

Y ahora que su goce me envenena,

¿cómo negarse, si es tan delicioso,

o cómo retornar al buen camino?


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Published on Oct 31, 2025

Hoy he salido a hacer la compra por la mañana. Es curioso cómo cambia la ciudad a las distintas horas del día. Suelo hacer la compra los viernes por la tarde o los sábados por la mañana si no me queda más remedio, y ahí el ambiente es totalmente distinto: personas agotadas de la jornada laboral intentando quitarse una tarea más antes de encontrar algún resquicio de descanso. Tal vez sea así o tal vez lo proyecte yo desde mi situación, pero la cosa es que el ambiente es más acelerado, más ansioso, más apremiante. Por la mañana todo parece transcurrir con más quietud.

Comentaba estas sensaciones con mi amiga Mariache y le decía que me gustaba la sensación y que estaba deseando llegar a jubilada para hacer mis tareas por la mañana y que el resto del día me perteneciera. Ella me respondió hablando del derecho a la luz del día. Qué agudas mis amigas. Porque es así: deberíamos tener derecho a la luz del día, a consumir sol, a sintetizar vitamina D, en lugar de pudrirnos en el metro, las oficinas, los hospitales... Y sí, supongo que esto es hablar desde el privilegio de alguien que trabaja a cubierto, claro.

Entonces le solté la santísima turra, porque si saben cómo me pongo, pa qué me hablan: que los llamados Derechos Humanos son en buena medida, si te pones a rascar un poco, derechos de supervivencia al servicio del sistema. O al menos en eso los han convertido. ¿Derecho a la educación? Derecho a ser formado para ser útil al sistema. ¿Derecho a la sanidad? Derecho a mantenerte en un estado que te permita producir. ¿Derecho al descanso y a las vacaciones pagadas? Derecho a reponerse del maltrato del sistema para poder seguir funcionando. ¿Derecho a la cultura? Derecho a disfrutar de algo para que queramos seguir viviendo. ¿Derecho a la jubilación? Derecho a que no te dejen morir cuando ya no puedes producir (y una zanahoria en un palo para los que trabajamos), pero nada de derecho al disfrute y al tiempo libre mientras se tiene energía, que cuanto más se alarga la esperanza de vida, más atrasan la jubilación. Je.

No me malinterpretéis: benditos derechos humanos. Ojalá se cumpliesen y se respetaran todos y cada uno. Ojalá se hiciese sin retorcerlos para entrar en la lógica capitalista. Pero ojalá no solo tuviéramos derecho a sobrevivir con cierta dignidad. Ojalá existiesen los derechos para vivir con ganas, con gozo, con disfrute. Porque eso parece que sigue siendo una cosa solo al alcance de quien puede pagársela.

¿Qué otros derechos de vida gozosa, y no de supervivencia, se te ocurren? Tengo curiosidad.


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Published on Mar 25, 2025

Por alguna razón que no llego a entender (probablemente la esperanza, que siempre ha sido uno de mis vicios), de pequeña creía que, cuando fuese mayor la gente sería menos mala conmigo. Yo era una niña atormentada por el acoso de sus compañeros de colegio, sin amigas, marginada por todo el mundo, que se comía su bocadillito en una esquina del patio deseando que nadie reparase en ella (aprendí muy pronto que estar sola no es lo peor que te puede pasar). Pero eso era porque los niños son muy crueles. Cuando crecen, cuando maduran, seguro que dejan de tener tanta malicia.

Eso creía, y creo que no es algo que me pasara a mí, por ilusa. Creo que es una creencia generalizada: que las cosas de niños se curan cuando una se hace adulta, viéndose imbuida entonces de la sabiduría y la sensatez propias de la edad que la hacen a una moverse flotando cinco centímetros por encima del suelo, de lo mundano y de sus mezquindades.

Y una poca polla.

La edad no cura nada, no te reforma per se: una persona desgraciada, malvada, cruel, no deja de serlo simplemente por cumplir años. Es más: en más de una ocasión perfeccionan ese talento.

Esta es otra de las grandes decepciones de mi vida: los bullies no dejan de serlo cuando crecen, la crueldad no disminuye con los años y se puede ser igual de mezquino con 10 años que con 50.

Lo he recordado esta tarde.

Por suerte, creo, yo ahora soy un poco más lista. No estoy muy segura.


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Published on Dec 9, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

¿Qué es lo que más miedo te da/daría de criar a un hijo?

¿Qué cosas podríamos hacer mejor respecto de la infancia?

¿Qué crees que le diría la niña que fuiste a la persona que eres hoy? ¿Y tú a ella?[^femenino]

Y ahora, leamos el poema:

Un niño, un sueño de Ida Vitale

Un niño es un campo minado

de hermosos imprevistos.

Si pudiera evitarse, ay

el desvío

hacia el hombre derrumbe y lo sabido

apartar el guijarro

que va a obturar la fuente

de la gracia posible, su derecho

[^femenino]: Femenino genérico.


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Published on May 26, 2026

En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso

Son fragmentos del Evangelio de Lucas. Una, que ha aprendido de pe a pa el catecismo y que ha estado más metida en la Iglesia de lo que es bueno para cualquier persona, no puede evitar que, cuando escucha, lee o vive según qué cosas, se le vengan encima citas bíblicas.

Hace poco leí algo que me hizo pensar en esta en concreto. Para las que no sepáis de qué leches se habla aquí (he constatado en los últimos tiempos con cierta estupefacción que hay gente que no tiene ni idea de algunos de los episodios más célebres de las historias de la Biblia), es la breve conversación que se da entre «el buen ladrón», uno de los dos que crucificaron junto a Cristo, y este. Mientras el otro crucificado se ve que tiene energías y ánimo de mofarse de Jesús, el otro se lo reprocha y le dice que al menos ellos están allí pagando por su crimen, mientras que Jesús no ha hecho nada malo. Es entonces cuando le pide que se acuerde de él cuando llegue a su Reino y cuando Jesús le contesta que le guarda sitio, que no se preocupe.

Nunca he sabido muy bien qué pensar de esta escena. La entiendo, pero hay algo que me incomoda. ¿Tal vez el mandato, la petición en forma de imperativo? No sé.

El otro día lo tuve más claro. Vi una petición de este estilo que pedía a las personas que habían conseguido algo por lo que habían batallado mucho que recordasen que había gente que todavía estaba en la lucha. Qué necesidad, me pregunto. Si la persona es tan individualista como para olvidarse del resto en cuanto consiga su objetivo, de nada sirve ese mensaje. Y si no lo es probablemente consiga simplemente amargar su momento feliz con una chispita más o menos grande de remordimiento, culpabilidad o mala conciencia (tal vez sea el exceso de catolicismo, ojo, no lo descarto).

Y sé que está feo señalar a quien lo está pasando mal, lo sé, y puede que esto sea problemático de alguna manera que no llego a ver ahora, pero me parece egoísta querer estar presente en los dulces momentos de gozo de otras personas como una gotita de vinagre. Son tan pocos los buenos momentos, tan pocos los motivos de celebración... ¿Por qué remarcar el hecho de que el mundo no es perfecto, de que, aunque tu sufrimiento haya menguado, hay gente que sigue sufriendo? Como si fuese fácil de ignorar. Al menos el buen ladrón no tenía otro momento para elevar su petición: estaba ante alguien con contactos para permitirle acceder al Paraíso y ese alguien estaba a punto de espichar: era entonces o nunca. Pero, ¿por qué dirigir nuestra reivindicación justo a quien acaba de conseguir algo? ¿Por qué alguien sacaría la pancarta «Hoy no es mi cumpleaños» en el cumpleaños de alguien? Sí, lo sé, es una simplifiación que espero me sepas perdonar.

No sé, no me parece una postura del todo sana. No seré yo quien censure la rabia, pero intento seleccionar a quién quiero dirigirla. A las personas que han conseguido, generalmente después de mucha lucha y sacrificio, lo que quiero para mí sin hacerle daño a nadie, en definitiva, a las que han sido mis compañeras de batalla, prefiero verlas no como salvadoras sino como recordatorio de que lo que ansío es posible (incluso aunque puede que yo no lo consiga). Y lo hago desde la alegría y la celebración de que lo hayan logrado.

Más que exigirles que piensen en mí desde su Paraíso escojo pensar en ellas mientras transito mi Purgatorio.


Sí, sé que este post es muy pseudo y ha quedado bastante deslavazado, lo mismo no he conseguido expresar bien lo que quería decir, pero esto llevaba muchos días dando vueltas en mi cabeza y necesitaba sacarlo fuera, que ya estaba un poco hartita de la cita bíblica en cuestión. Si has llegado hasta aquí, admiro tu capacidad de tener esperanza. En este caso, de que la cosa mejoraba al final :P


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Published on Mar 26, 2026

Me encanta mi pareja. Es un hombre maravilloso, en buena medida por todo lo que se distancia del arquetipo de hombre. Y es una persona estupenda, sobre todo por lo mucho que se distancia del comportamiento habitual de las personas.

Es una persona extraña y, aunque sus extrañezas no encajan exactamente con las mías, creo que eso nos hace bastante conscientes de las dificultades del otro, así que nos cuidamos. Es estupendo. Y, además, es muy divertido.

Nuestras casas son un cúmulo de ruiditos raros, comunicación no verbal, caras de tontos al concentrarnos, rutinas particulares, humor absurdo, correteos y otros movimientos que no vienen mucho a cuento y todo tipo de marcianadas. No tenemos que disimular y eso nos hace sentir libres y en paz. A veces pienso en cómo nos lo montaremos si un día tenemos un hijo, porque si aprende nuestros comportamientos por imitación no va a ser la persona más popular del cole, eso desde luego. Pero, mientras tanto, lo pasamos bien.

A veces, cuando una u otro decimos algo del estilo de por qué no puedo ser normal, el otro o la otra le contesta: “Porque si fueses normal no estaría aquí contigo”. Y es tan maravillosamente cierto que la rareza deja de doler casi del todo.

Hoy he llamado un instante a mi pareja. Cuando me ha cogido el teléfono su voz sonaba normal, su tono era normal ... y he sabido que no estaba bien. La normalidad en nosotros es una mala señal. Siempre. El grado puede variar, pero siempre es malo.

Así que el deseo que le pido hoy a la vida es que nos permita mantenernos adecuadamente extraños. Eso significará que las cosas marchan bien.


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Published on Aug 10, 2025

«Qué mal repartido está el mundo desde el primer mes de enero». Estopa, Vacaciones.

Son palabras de Estopa, pero las hago mías porque son muy sabias y, además, porque la canción viene al tema del que voy a hablar hoy: las vacaciones.

El otro día ví en el telediario un reportaje que me hizo volver a plantearme si yo habito en un mundo distinto al resto de españoles o si (lo más probable) he sido toda la vida parte del porcentaje de gente corta de bienes y, como las clases sociales existen, la gente de la que me he rodeado ha sido, en general, más o menos igual de corta de bienes que yo.

El reportaje decía que un tercio de los españoles no va a poder irse de vacaciones ni siquiera una semana. Dedicaba un buen rato a hablar de lo terrible que es eso para la salud mental y para todo, el no poder salir del entorno cotidiano, el no poder cambiar de aires. Un verdadero drama. Mientras tanto, yo en mi casa me quedé con la boca tan abierta que casi se me cae la ensaladilla rusa de la boca: en mi vida, y tengo 37 años y medio, me he ido de vacaciones una semana, hulio. Este es el primer año que voy a hacerlo y me estoy cuestionando si no será el último. Lo que te decía el otro día de que las cicatrices de la pobreza no se van.

Me quedé pensándolo seriamente. Jamás me fui de vacaciones mientras estuve viviendo con mis padres (lo máximo, unos días, dos o tres, en casa de mi tía en València, conviviendo con mis tíos y mis cuatro primos, en total, diez personas en un piso, no recuerdo cómo lo hacíamos). Después, cuando me fui de casa bastante tenía yo con no morirme de hambre o frío como para pensar en vacaciones. De hecho, eran un buen periodo para trabajar dando clases particulares a criaturinchis. Cuando, por fin, conseguí la plaza de funcionaria, tras superar el año de prácticas, decidí tirar la casa por la ventana y concederme un deseo: ir a ver el Museo del Prado. Así que me regalé 4 o 5 días en Madrid en agosto, . No llega a una semana. Nótese: Tenía 29 años la primera vez que visité el Museo del Prado. El año pasado volví a salir, pero tampoco llegó a una semana: unos 5 días en Cazorla. Ahora, mientras escribo, dudo si un verano llegué a pasar 1 semana en el apartamento de Fuengirola de los padres de mi ex. Puede que sí, no estoy segura. Si llegó fue por los pelos.

Normalizamos lo que es normal (habitual) en nuestro entorno. En mi mundo lo normal ha sido que la gente no se vaya de vacaciones. Es cierto que algunos compañeros de clase del cole lo hacían, pero no sé, para mí era una absoluta extravagancia. Han tenido que pasar años y años para que el telediario me saque de mi error: la extravagancia era la mía. Aun así, un tercio de extravagantes que no pueden permitirse irse de vacaciones (y a saber qué más cosa) son demasiados, ¿no te parece?


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Published on Dec 22, 2025

Antes de leer, para pensar...

¿Cuál es tu actitud respecto de la tentación?

¿Sueles hacer siempre lo correcto o te dejas llevar a veces?

¿Cuál es la mayor locura que hayas hecho y de la que te enorgullezcas?

Y ahora, el poema:

Decir no de Idea Vilariño

Decir no

decir no

atarme al mástil

pero

deseando que el viento lo voltee

que la sirena suba y con los dientes

corte las cuerdas y me arrastre al fondo

diciendo no no no

pero siguiéndola.


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Published on Jan 10, 2025

Hay en mi instituto un adolescente guapísimo. Lo pongo en cursiva no solo porque me mole mucho escribir usando markdown, sino porque es guapo, pero guapo de veras. Escandalosamente guapo. Me atrevería incluso a decir que es el adolescente más guapo que he tenido delante en mi vida. Pero parece que nadie se da cuenta. Desde luego no sus iguales.

Le conocí el curso pasado, durante una guardia. El alumno forma parte de un grupo de diversificación curricular. Para quien no esté familiarizado, son grupos destinados a atender a alumnado que presenta dificultades de aprendizaje que se acentúan en el aula ordinaria y que cubren 3º y 4º de ESO. Algunas de sus particularidades es que son grupos muy reducidos y que las materias se imparten por ámbitos (agrupando varias asignaturas para que se estudien de manera más interdisciplinar y atendiendo a saberes mínimos). Se trata de grupos bastante heterogéneos, donde puedes encontrarte a alumnado neurodivergente, alumnado que se ha incorporado de forma tardía al sistema educativo y no ha sido capaz de alcanzar el nivel requerido (normalmente por cuestiones de idioma), el alumnado que coloquialmente se dice que trabaja pero no llega, alumnado que fuera de clase no tiene un ambiente que le permita estudiar... En fin, que entre los hasta 15 alumnos que puede tener el grupo puede haber hasta 15 circunstancias muy distintas.

Te cuento esto para que entiendas que entrar de guardia a un aula de diversificación es toda una experiencia. No lo digo en un sentido negativo, en absoluto. Me encanta hacer guardias en diversificación. Primero, porque son poquitos alumnos. Y segundo, porque en esos grupos reducidos de marginados (por la razón que sea) se forma un ecosistema chulísimo. Así que siempre entro muy emocionada.

Cuando le conocí, de hecho, entré hablando en inglés (pues era la asignatura que tenían)

̣̣—Hello, darlings. How are you?

Y bueno, saltó la sorpresa, claro. Primero porque una seño que no era la de inglés estaba hablando en inglés y segundo porque si falta la seño de inglés no se da clase de inglés. Eso qué era.

̣̣—mAEstraaaaaa ̣̣—con acento en la primera sílabạ̣̣̣—, ¿qué haces hablando inglés? ̣̣—me espetó una alumna con mucho arte desde la fila del fondo.

̣̣—Bueno, como os tocaba inglés... ̣̣—dije, sonriendo.

Y entonces él, el alumno guapísimo, me miró levantando los ojos pero no la cabeza y me dijo:

̣̣—Hello, teacher.

Desde entonces cada vez que me lo cruzo, arrastrando su mochila con ruedas por los pasillos, no falta ese dulce y amable «Hello, teacher». Al que yo, por supuesto, contesto siempre en inglés. Y, si bien en aquel momento yo tampoco me dí cuenta de lo guapísimo que era este alumno (a mi favor diré que prácticamente no levantó la mirada de la mesa, a pesar de estar hablando conmigo buena parte de la hora), a fuerza de irme cruzando con él lo he ido viendo.

Tiene los ojos claros, preciosos. No sabría decir exactamente de qué color (¿azules? ¿grises?) porque son bastante esquivos, pero destacan mucho en su cara, de piel bastante morena. Sus facciones están bastante marcadas: una mandíbula fuerte, unos labios bien dibujados, los ojos (ya he dicho que son preciosos) bien enmarcados por unas pestañas oscuras y unas cejas naturalmente perfectas. Pero todas estas cosas no solían verse porque suele ir mirando al suelo y el pelo, largo, le tapaba casi siempre la cara. Además, aunque no se le note, porque camina siempre encorvado, es alto y, sospecho que tiene un cuerpo bastante normativo (tampoco puedo afirmarlo porque suele llevar ropa ancha e ir bastante desaliñado.

Así que podríamos decir que mi adolescente es guapo, canónicamente guapo, normativamente guapo (aunque no se le vea). Pero no se nota porque es raro. Estoy segura de que sus compañeros y compañeras (y no me refiero solo a los de su clase) no han reparado en él lo más mínimo. Y si no han visto que es guapo, cuando es una cosa que se detecta a simple vista, imagino que no se habrán dado cuenta de lo agradable que es charlar con él, de lo interesante que es y de lo bonita que es su voz.

Pues bien, aun sabiendo todo esto, el miércoles me llevé el sorpresón. Iba de camino a clase cuando me lo crucé, pero no lo reconocí hasta su clásico «Hi, teacher!». Entonces frené en seco y lo miré. ¡Se había cortado el pelo! ¡Ahora se veía lo bellísimo que es a simple vista, sin forma de ocultarlo! ¡Pero bueno! Evidentemente, no pude contener mi entusiasmo.

̣̣—God, I didn't recognise you! You look so handsome! The haircut really suits you, darling!

(O en castellano de Castilla: Dios, ¡no te había reconocido! ¡Qué guapo estás! ¡El corte de pelo te queda realmente bien, cariño!

Él se removió, miró al suelo, me dio las gracias. Yo insistí: estás muy, muy guapo. Él se puso rojo. No suelo incidir tanto en estas cosas (cuestiones físicas o apariencia) de mis alumnos, pero que mis niños y niñas no sean conscientes de las cualidades positivas que tienen me parece una injusticia cósmica con la que, en lo que a mí respecta, no estoy dispuesta a colaborar.

No obstante, creo que no ha cambiado gran cosa: me parece que la rareza, que no se quita por mucho que los raros lo intentemos, tapa el resto de sus cualidades. Espero que, al menos, otros raros, como la profesora que entró de guardia aquel día en su clase, sean capaces de verlo. Pareciera que los raros somos gente guay de incógnito, reconocible solo para otros como nosotros. Y bueno, yo he llegado a estar conforme con esto. Hasta agradecida.


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Published on Dec 24, 2025

Antes de leer, para pensar...

¿Has pensado alguna vez que las cosas pierden valor por no ser eternas?

¿Has dejado de hacer cosas que te hacían bien por el pensamiento de que «no merece la pena»?

Si hoy tuvieras que hacer del mundo un lugar mejor, ¿qué harías que esté a tu alcance?

Y ahora, el poema:

Y aun así de Beatriz Minaya

«Ya nunca podré amar ni aun en el sueño

porque una voz insobornable grita

y su grito vacía mis entrañas:

“¡El amor es también polvo y ceniza!“»

Rosario Castellanos, VI, Trayectoria del polvo.

Fuera de nuestro alcance lo divino.

Nada inmaculado tras rozarlo nuestros dedos.

Todo lo humano huele a hollín;

su aspereza constante, cuando disminuye,

es justo lo que llamamos suavidad

porque hemos florecido en la batalla

—nacer es ser arrojado a una guerra—

y sabemos que ha habido y habrá tiempos peores.

Incluso el amor no es más que ceniza y polvo

cuando observamos lo que queda tras la llama.

Aun así, en el fango, buscamos la belleza

y elegimos arder porque es hermoso.


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