Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa. RSS

Published on Apr 12, 2026

Llevo días queriendo sentarme a escribir un post tierno, esperanzador, pero hoy me siento a llorar en este rincón de Internet[^internet]. En días como hoy entiendo muchas cosas. No voy a ser yo la libre de pecado que lance piedra alguna, hace ya tiempo que no se me ocurre.

Es curioso. Una está bien. Ha tenido unos días agradables (salvo alguna cosa). Ha quedado con sus amigas después de tiempo, y se han reído mucho. Ha recibido regalos muy considerados. Sigue encajando piezas de un proyecto ilusionante. Ha hecho el amor con su pareja. Ha recibido sol. Su planta parece no querer morirse. Tiene mil y un motivos por los que dar gracias (y algunos por los que maldecir, claro, pero ¿quién no?). Está bien, es fin de semana y se ha dado permiso para holgazanear un poco y posponer alguna tarea. Puede permitirse también ver la tele o leer sin mirar el reloj. Está bien. Y entonces...

Entonces el temporal que sorprende mientras tomas el sol en la playa. Las sombrillas volando, la arena arañándote la piel, metiéndose en los ojos, el caos y las carreras. Entonces lo que parece el fin del mundo. Y no es el fin del mundo un mal domingo, una crisis emocional sin causa aparente, igual que no lo es que se levante una tormenta de verano. Pero a veces lo parece. Y, lo que es peor, a veces una desea que lo fuera[^fuera].

[^internet]: hay cosas que no cambian. Llevo haciendo lo mismo desde los 16: llorar en un blog o sucedáneo.

[^fuera]: Creo que nunca me han encerrado, que nunca me han tomado en serio cuando hablo de estas cosas por la manera de contarlas. La metáfora despista, despreocupa, quita peso. Casi parece que me lo estoy inventando, ¿verdad?

Ojalá.


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Published on Jul 25, 2025

Hay dos cambios que hacen que me tiemblen los cimientos: cuando alguien dice tu nombre de manera distinta a como solía (para bien y para mal) y cuando alguien deja de mirarte como solía (para bien y para mal). Hoy quiero hablar de lo segundo.

¿Has leído El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba? Es un libro maravilloso. En él el autor escribe una larga carta en la que pone por escrito todo lo que sabe sobre el amor. En uno de los primeros capítulos habla de las señales del amor, es decir, de cómo saber cuándo alguien está enamorado. Una de las señales es la mirada: los ojos del amante siguen al amado como un imán. De hecho, esa metáfora misma utiliza, porque acompaña sus reflexiones con versos propios. Como estos:

Mis ojos no se paran sino donde estás tú.

Debes tener las propiedades que dicen del imán.

Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves,

como en gramática el atributo sigue al nombre.

Es bonito, ¿verdad? Y además cierto. Me encanta ver en mis adolescentes cómo se miran cuando empiezan a gustarse. Y me gusta cómo me miran cuando me aman. No soy muy buena dándome cuenta de estas cosas cuando concierne a mí misma: alguien puede mirarme con todo el amor o el deseo del mundo y probablemente no me dé cuenta. Eso sí: me doy perfecta cuenta de cuando alguien deja de mirarme así. Otra cosa es que haya jugado a hacerme la tonta. Eso también se me da bien.

Pero, por algún motivo que no consigo precisar, tolero con más gracia dejar de encontrar amor en la mirada de alguien que dejar de encontrar deseo. Probablemente sea mera vanidad. O tal vez entienda que el amor es mucho más complejo que el deseo. O quizá una mezcla de ambas.

Hace algo de tiempo me habría torturado mi superficialidad: he aquí a una casi cuarentona lamentándose porque alguien ha dejado de encontrarla deseable, que llamen a la buambulancia. Pero ahora ya no. Puede que sea un duelo estúpido, pero es mi duelo. Hace poco creí ver en la mirada de alguien ese cambio. Y no en alguien cualquiera: la primera persona que me consideró real y honestamente amable (digna de ser amada) y deseable, que me deseó (y tal vez me amó) cuando ya no debía, que no se olvidó de mí a pesar de que pasaron años y años sin saber de mí y que, cuando volvimos a encontrarnos, me demostró que todavía me deseaba tanto como cuando éramos adolescentes. Una habría querido que ese deseo envejeciese con nosotros, que a pesar de todo, de la distancia y las dificultades, tal vez de lo poco apropiado del sentimiento, que siguiese ahí, indómito e irreductible. Una es egoísta a veces, qué le voy a hacer. Eso no cambia que, desde que él ya no me desea, y a pesar de que haya quien sí lo hace (y mucho, y bien) me sienta bastante menos hermosa y dé por finalmente transmutada una historia de amor y hambre de 20 años de duración en amistad. Que, no me malinterpretes, es maravilloso, casi un milagro. Pero, como cualquier cambio o pérdida, conlleva un duelo y, como ya he dicho, puede ser superficial o estúpido, pero es mi duelo.

El título de este post me ha venido no sé muy bien por qué. Pero me parece que pega. Sale de esta canción: Flor del Mal – María Rodés. Espero que la disfrutes, a mí me encanta.


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Published on Oct 18, 2025

Ayer me enteré de lo tuyo y aún no se me pasa el coraje. De entrada, cuando me enteré, casi por accidente (lo de no estar en las redes sociales mainstream tiene estas cosas, de que ibas a parar tu gira por salud mental no me sorprendió: siempre me has parecido una di noi, esto es, una de esas personas demasiado sensibles para esta mierda de mundo. A mí también se me hace bola lo del vivir, qué te voy a contar. Así que bueno, me dio pena pero, en última instancia, me alegré de que pudieses tomar esa decisión y cuidarte.

Lo comenté en Mastodon y alguien me contestó haciendo referencia a la actuación de OT y a la avalancha de críticas crueles que se hicieron tras la misma. La busqué, quería entender qué cosa tan terrible habías hecho para merecer tal escarnio. Y lo que vi fue una mujer nerviosa, tensa, que estaba pasando un mal rato y a la que apenas le salía la voz hasta que su compañero de actuación la acoge, la arropa y la ayuda a soltarse con su compañía. Reconozco esa sensación, me es familiar. Supe lo que estaba pasando desde el primer momento.

No creo que jamás hubieses podido hacer nada que justificase tal escarnio y violencia pero me sorprendió ver que lo que la provocó fue un momento de vulnerabilidad, un momento de imperfección, un momento real como la vida misma en el que, aunque una no esté al 100% tiene que seguir adelante porque el mundo ni perdona ni espera.

Como digo, aún no se me pasa el coraje. Y mira que están pasando cosas en el mundo para encorajinarse, pero esto tuyo se me ha quedado clavado. Quizá porque ando en carne viva con lo que late de fondo en toda esta historia, que también está detrás de algunos de mis malestares y de los de otras muchas personas parecidas a ti y a mí: ser bueno, sensible, amable, no te protege del daño, es más, con frecuencia te hace el objetivo preferido de los que dañan. Y en este mundo se escoge con tanta frecuencia el ataque... Luego pasa lo que pasa: las niñas se suicidan, las personas no queremos seguir adelante y nos preguntamos qué sentido tiene, los mejores de entre nosotros bajan los brazos agotados de sacar mierda de este estercolero... Y cuando las cosas pasan los que llevan los bolsillos llenos de mierda para lanzarla en cuanto encuentran ocasión ponen cara de pikachu sorprendido.

Nos salva y nos castiga que no podemos ser de otra manera, Valeria. O eso creo. No podemos ser como ellos, así que seguimos yendo así por la vida, sin escudo antibalas, y, cuando nos hieren de gravedad, hacemos lo que podemos para recomponernos y seguimos, si nos quedan fuerzas. Pero así van las cosas, claro.

Y de ahí el título de este blog, que no para de amortizarse. Con lo tuyo, Valeria, como con tantas otras cosas: jodida, pero no sorprendida.


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Published on Aug 28, 2025

...si ni siquiera entienden mi idioma?

Hace unas semanas me quejaba exagerada y amargamente de que jo, yo sé que nadie puede leerme la mente, que tengo que pedir lo que quiero, lo que necesito, pero que estaría bien que la gente pudiera leerme la mente alguna vez y no tener que estar pidiendo yo cosas todo el rato, jo. En fin, soy una mujer empoderada, una mujer moderna, una mujer asertiva: tengo que responsabilizarme de mis movaidas y verbalizar claramente lo que quiero, claro que sí.

Pero es tan cansado... A veces una querría que alguien hiciera por ella justo lo que necesita sin tener que decirlo, pero claro, es cierto, nadie puede leerte la mente. Eso es lo que te enseñan en terapia, ¿no?

Y entonces una señora estupenda, creo recordar que fue tirasdenaranja vino a decirme algo como: Buenoaver, ¿esperas que te lean la mente o simplemente que sean conscientes de que tienes ciertas necesidades y las atiendan sin necesidad de estar pidiendo todo el tiempo que te cuiden? BOOOOOOOOOOM, hermanas. Hostiaputa, de nuevo el patriarcado colándose en nuestras mierdas.

Y es que, si te paras a pensarlo, lo de no te pueden leer la mente es otra de las muchas formas que usamos para hacernos luz de gas. Yo no sé tú, pero yo cuido de mi gente sin parar sin necesidad de que me digan nada. Sé cuando una amiga ha tenido un mal día, cuando noto rara a mi pareja, cuando un alumno necesita que le dejen solo, cuando alguien quiere decirme algo difícil. No lo sé siempre, claro, no soy omnisciente por muy diosa que sea, puedo equivocarme. Pero en muchísimas ocasiones sí lo sé. Y cuando se dan las circunstancias, intento actuar para atender esas necesidades. De hecho, sí hay gente que me lee la mente: MIS AMIGAS. Ellas sí saben cuándo me pasa algo (aunque no ocurra siempre, de nuevo, son diosas pero no infalibles), y sí que intentan atender esas necesidades aunque no siempre sepan la mejor manera de hacerlo. Pero se dan cuenta. Así que, de nuevo, va a resultar que las señoras no somos tan misteriantes y, en general, tenemos un ejemplo más (y van enecientos) de señores haciéndose el muerto y no llegando al punto de reciprocidad ni de lejos. Ajam.

Me explotó el selebro, la verdad. No pido realmente que me lean la mente, pero sí que me lean un poco a mí como yo lo hago con los demás. Y que obren en consecuencia. No es tanto, no debería ser tanto. Así que estop hacerse luz de gas. Ser asertiva, bien, pero que eso no sea excusa para que el resto baje los brazos.

Pero claro, hoy mi querida Anushka me ha mandado una newsletter en la que se hacía referencia a unas declaraciones de Meryl Streep (en este enlace unidas a las de la estupenda Hannah Waddingham) en las que dice que hombres y mujeres tenemos idiomas distintos, nos expresamos de forma diferente (y esto ocurre por multitud de factores y circunstancias que pueden ser discutidos, pero creo firmemente que es así, que ocurre). Dice también que las mujeres hablamos el idioma de los hombres con fluidez (normal, nos han hecho inmersión lingüística en la escuela del patriarcado, je), pero los hombres, en general, no hablan el idioma de las mujeres, no lo entienden y, en muchos casos, creo que ni siquiera son conscientes de su existencia.

Los chistes son infinitos, claro. Las bromas sobre lo difíciles de entender que son las mujeres, je, lo que quiere decir la parienta, el por qué se ha pillao tremendo cabreo cuando dijo nojequé y yo hice nojecuantos... Pero el tema se zanja en que las mujeres somos complicadas, jeje. El esfuerzo de intentar sondear lo insondable ni se plantea. Ya veis: alguno se ha aventurado a intentar desentrañar la naturaleza misma de la belleza, la verdad o la justicia antes que intentar entender a su propia esposa. El género de los grandes filósofos, los grandes diplomáticos, los grandes exploradores... impotente ante la naturaleza femenina. Anda ya a zurrir mierdas con un látigo, hombre.

Hoy estoy poco diplomática: si los hombres no entienden a las mujeres, si no chapurrean siquiera su idioma es porque, dos puntos, no les da la gana. Pues bien, como dice la estupenda, maravillosa, reina, faraona Hannah Waddingham, ya es hora de que lo vayan aprendiendo.

Me imagino si el señor del donut y todos los de su club habrán tenido ya la epifanía o seguirán preguntándose qué cojones queremos las mujeres.

Dice Luis García Montero que “el amor, como todo, es cuestión de palabras” pero se equivoca en lo de que amarse es crear un idioma: amarse es entenderse, y eso funciona en los dos sentidos[^poema]. Me parece que durante demasiado tiempo una parte de los amantes ha estado renunciando a su lengua materna. Pues nada, señores, aquí tienen la oportunidad de hacer un gran gesto de amor: si de verdad aman a las mujeres, aprendan su lengua materna. Y a ver qué pasa.[^disclaimer]

[^poema]: Puedes leer el poema al que me refiero aquí. [^disclaimer]: Este post ha sido escrito desde la certeza visceral pero sin demasiado tiempo para ordenar ideas ni para revisar, así que se publica tal cual fue parido, y así lo quiero, con sus virtudes y defectos. Que conste en acta.


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Published on Feb 21, 2025

Como decía mi querida Gloria Fuertes en su poemario Poeta de guardia: “Hago versos, señores, hago versos”. Lo hago de forma inevitable, porque es una de las maneras que tengo de ordenar mi mundo, mi experiencia. Y lo comparto porque en la poesía de otros he aprendido que nunca se está del todo sola si se encuentra refugio en un poema y, quién sabe, tal vez los míos puedan resguardar a alguien.

No obstante, cumplido ya el sueño de mi infancia de verme publicada, no anhelo el reconocimiento, ni quiero ver mis versos estampados en merchandising o que se usen en anuncios publicitarios. Me gusta que vivan fuera de mí, pero en hogares cálidos y acogedores. Y me gusta que se paseen por el mundo, pero llevados de la mano de alguien que nos quiera (a ellos y a mí): me gusta que me lean y que me lleven mis amigas.

Mi amiga Sonia ha bordado mis versos en bolsas, neceseres, fundas para libros y cualquier pedazo de tela que se le haya puesto por delante. Lo hace con cariño, pasión y mimo, porque le sale del alma. Mi amiga Coru ha caligrafiado mis versos con tintas preciosas y todo el arte que tiene en su cuerpo serrano, y lo ha hecho desde la comprensión profunda de lo que significaban. Mi amiga Sam ha decidido que las dos (Coru y yo) la acompañemos, bordando un verso mío en su flamante chaqueta bordada, expresión de todo su brillo y su originalidad indómita. Y me encanta. Me encanta que sean ellas las que nos lleven a mí y a mis palabras de la mano, de modo que, si alguien les pregunta, sean ellas quienes hablen de mí y digan: “¿Te gusta? Lo escribió una amiga mía”. Siento que así, con sus hebras de hilo, sus tintas, sus lápices y otros útiles que para el ojo no entrenado no encierran magia alguna, consiguen mantenerme pegada a este mundo del que mi espíritu en fuga (esto es de Chantal Maillard) quiere escapar con tanta frecuencia.


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Published on Aug 28, 2025

...si ni siquiera entienden mi idioma?

Hace unas semanas me quejaba exagerada y amargamente de que jo, yo sé que nadie puede leerme la mente, que tengo que pedir lo que quiero, lo que necesito, pero que estaría bien que la gente pudiera leerme la mente alguna vez y no tener que estar pidiendo yo cosas todo el rato, jo. En fin, soy una mujer empoderada, una mujer moderna, una mujer asertiva: tengo que responsabilizarme de mis movaidas y verbalizar claramente lo que quiero, claro que sí.

Pero es tan cansado... A veces una querría que alguien hiciera por ella justo lo que necesita sin tener que decirlo, pero claro, es cierto, nadie puede leerte la mente. Eso es lo que te enseñan en terapia, ¿no?

Y entonces una señora estupenda, creo recordar que fue tirasdenaranja vino a decirme algo como: Buenoaver, ¿esperas que te lean la mente o simplemente que sean conscientes de que tienes ciertas necesidades y las atiendan sin necesidad de estar pidiendo todo el tiempo que te cuiden? BOOOOOOOOOOM, hermanas. Hostiaputa, de nuevo el patriarcado colándose en nuestras mierdas.

Y es que, si te paras a pensarlo, lo de no te pueden leer la mente es otra de las muchas formas que usamos para hacernos luz de gas. Yo no sé tú, pero yo cuido de mi gente sin parar sin necesidad de que me digan nada. Sé cuando una amiga ha tenido un mal día, cuando noto rara a mi pareja, cuando un alumno necesita que le dejen solo, cuando alguien quiere decirme algo difícil. No lo sé siempre, claro, no soy omnisciente por muy diosa que sea, puedo equivocarme. Pero en muchísimas ocasiones sí lo sé. Y cuando se dan las circunstancias, intento actuar para atender esas necesidades. De hecho, sí hay gente que me lee la mente: MIS AMIGAS. Ellas sí saben cuándo me pasa algo (aunque no ocurra siempre, de nuevo, son diosas pero no infalibles), y sí que intentan atender esas necesidades aunque no siempre sepan la mejor manera de hacerlo. Pero se dan cuenta. Así que, de nuevo, va a resultar que las señoras no somos tan misteriantes y, en general, tenemos un ejemplo más (y van enecientos) de señores haciéndose el muerto y no llegando al punto de reciprocidad ni de lejos. Ajam.

Me explotó el selebro, la verdad. No pido realmente que me lean la mente, pero sí que me lean un poco a mí como yo lo hago con los demás. Y que obren en consecuencia. No es tanto, no debería ser tanto. Así que estop hacerse luz de gas. Ser asertiva, bien, pero que eso no sea excusa para que el resto baje los brazos.

Pero claro, hoy mi querida Anushka me ha mandado una newsletter en la que se hacía referencia a unas declaraciones de Meryl Streep (en este enlace unidas a las de la estupenda Hannah Waddingham) en las que dice que hombres y mujeres tenemos idiomas distintos, nos expresamos de forma diferente (y esto ocurre por multitud de factores y circunstancias que pueden ser discutidos, pero creo firmemente que es así, que ocurre). Dice también que las mujeres hablamos el idioma de los hombres con fluidez (normal, nos han hecho inmersión lingüística en la escuela del patriarcado, je), pero los hombres, en general, no hablan el idioma de las mujeres, no lo entienden y, en muchos casos, creo que ni siquiera son conscientes de su existencia.

Los chistes son infinitos, claro. Las bromas sobre lo difíciles de entender que son las mujeres, je, lo que quiere decir la parienta, el por qué se ha pillao tremendo cabreo cuando dijo nojequé y yo hice nojecuantos... Pero el tema se zanja en que las mujeres somos complicadas, jeje. El esfuerzo de intentar sondear lo insondable ni se plantea. Ya veis: alguno se ha aventurado a intentar desentrañar la naturaleza misma de la belleza, la verdad o la justicia antes que intentar entender a su propia esposa. El género de los grandes filósofos, los grandes diplomáticos, los grandes exploradores... impotente ante la naturaleza femenina. Anda ya a zurrir mierdas con un látigo, hombre.

Hoy estoy poco diplomática: si los hombres no entienden a las mujeres, si no chapurrean siquiera su idioma es porque, dos puntos, no les da la gana. Pues bien, como dice la estupenda, maravillosa, reina, faraona Hannah Waddingham, ya es hora de que lo vayan aprendiendo.

Me imagino si el señor del donut y todos los de su club habrán tenido ya la epifanía o seguirán preguntándose qué cojones queremos las mujeres.

Dice Luis García Montero que “el amor, como todo, es cuestión de palabras” pero se equivoca en lo de que amarse es crear un idioma: amarse es entenderse, y eso funciona en los dos sentidos[^poema]. Me parece que durante demasiado tiempo una parte de los amantes ha estado renunciando a su lengua materna. Pues nada, señores, aquí tienen la oportunidad de hacer un gran gesto de amor: si de verdad aman a las mujeres, aprendan su lengua materna. Y a ver qué pasa.[^disclaimer]

[^poema]: Puedes leer el poema al que me refiero aquí. [^disclaimer]: Este post ha sido escrito desde la certeza visceral pero sin demasiado tiempo para ordenar ideas ni para revisar, así que se publica tal cual fue parido, y así lo quiero, con sus virtudes y defectos. Que conste en acta.


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Published on Dec 3, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

Piensa en alguna cosa que te arrepientes de no haber hecho. ¿Por qué no la hiciste?

¿Cuánto peso tiene en tu vida la opinión de los demás?

¿Te has planteado alguna vez la diferencia entre lo correcto y lo aceptado?

Y ahora, el poema...

4 (Ciclo satánico), de Carmen Jodra Davó

¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido

vivir sin vida todos estos años?

Por evitarme daños, tuve daños,

y huyendo penas, penas me han venido.

.

¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido

en virtud, muerte, ritos tan extraños

como inflexibles, místicos engaños,

humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!

.

Me arrepiento del tiempo en que fui buena,

viviendo sin gozar el prodigioso

fulgor del mal, quebrando mi destino.

.

Y ahora que su goce me envenena,

¿cómo negarse, si es tan delicioso,

o cómo retornar al buen camino?


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Published on Oct 31, 2025

Hoy he salido a hacer la compra por la mañana. Es curioso cómo cambia la ciudad a las distintas horas del día. Suelo hacer la compra los viernes por la tarde o los sábados por la mañana si no me queda más remedio, y ahí el ambiente es totalmente distinto: personas agotadas de la jornada laboral intentando quitarse una tarea más antes de encontrar algún resquicio de descanso. Tal vez sea así o tal vez lo proyecte yo desde mi situación, pero la cosa es que el ambiente es más acelerado, más ansioso, más apremiante. Por la mañana todo parece transcurrir con más quietud.

Comentaba estas sensaciones con mi amiga Mariache y le decía que me gustaba la sensación y que estaba deseando llegar a jubilada para hacer mis tareas por la mañana y que el resto del día me perteneciera. Ella me respondió hablando del derecho a la luz del día. Qué agudas mis amigas. Porque es así: deberíamos tener derecho a la luz del día, a consumir sol, a sintetizar vitamina D, en lugar de pudrirnos en el metro, las oficinas, los hospitales... Y sí, supongo que esto es hablar desde el privilegio de alguien que trabaja a cubierto, claro.

Entonces le solté la santísima turra, porque si saben cómo me pongo, pa qué me hablan: que los llamados Derechos Humanos son en buena medida, si te pones a rascar un poco, derechos de supervivencia al servicio del sistema. O al menos en eso los han convertido. ¿Derecho a la educación? Derecho a ser formado para ser útil al sistema. ¿Derecho a la sanidad? Derecho a mantenerte en un estado que te permita producir. ¿Derecho al descanso y a las vacaciones pagadas? Derecho a reponerse del maltrato del sistema para poder seguir funcionando. ¿Derecho a la cultura? Derecho a disfrutar de algo para que queramos seguir viviendo. ¿Derecho a la jubilación? Derecho a que no te dejen morir cuando ya no puedes producir (y una zanahoria en un palo para los que trabajamos), pero nada de derecho al disfrute y al tiempo libre mientras se tiene energía, que cuanto más se alarga la esperanza de vida, más atrasan la jubilación. Je.

No me malinterpretéis: benditos derechos humanos. Ojalá se cumpliesen y se respetaran todos y cada uno. Ojalá se hiciese sin retorcerlos para entrar en la lógica capitalista. Pero ojalá no solo tuviéramos derecho a sobrevivir con cierta dignidad. Ojalá existiesen los derechos para vivir con ganas, con gozo, con disfrute. Porque eso parece que sigue siendo una cosa solo al alcance de quien puede pagársela.

¿Qué otros derechos de vida gozosa, y no de supervivencia, se te ocurren? Tengo curiosidad.


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Published on Mar 25, 2025

Por alguna razón que no llego a entender (probablemente la esperanza, que siempre ha sido uno de mis vicios), de pequeña creía que, cuando fuese mayor la gente sería menos mala conmigo. Yo era una niña atormentada por el acoso de sus compañeros de colegio, sin amigas, marginada por todo el mundo, que se comía su bocadillito en una esquina del patio deseando que nadie reparase en ella (aprendí muy pronto que estar sola no es lo peor que te puede pasar). Pero eso era porque los niños son muy crueles. Cuando crecen, cuando maduran, seguro que dejan de tener tanta malicia.

Eso creía, y creo que no es algo que me pasara a mí, por ilusa. Creo que es una creencia generalizada: que las cosas de niños se curan cuando una se hace adulta, viéndose imbuida entonces de la sabiduría y la sensatez propias de la edad que la hacen a una moverse flotando cinco centímetros por encima del suelo, de lo mundano y de sus mezquindades.

Y una poca polla.

La edad no cura nada, no te reforma per se: una persona desgraciada, malvada, cruel, no deja de serlo simplemente por cumplir años. Es más: en más de una ocasión perfeccionan ese talento.

Esta es otra de las grandes decepciones de mi vida: los bullies no dejan de serlo cuando crecen, la crueldad no disminuye con los años y se puede ser igual de mezquino con 10 años que con 50.

Lo he recordado esta tarde.

Por suerte, creo, yo ahora soy un poco más lista. No estoy muy segura.


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Published on Dec 9, 2025

Antes de leer, para pensar un poco...

¿Qué es lo que más miedo te da/daría de criar a un hijo?

¿Qué cosas podríamos hacer mejor respecto de la infancia?

¿Qué crees que le diría la niña que fuiste a la persona que eres hoy? ¿Y tú a ella?[^femenino]

Y ahora, leamos el poema:

Un niño, un sueño de Ida Vitale

Un niño es un campo minado

de hermosos imprevistos.

Si pudiera evitarse, ay

el desvío

hacia el hombre derrumbe y lo sabido

apartar el guijarro

que va a obturar la fuente

de la gracia posible, su derecho

[^femenino]: Femenino genérico.


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