Compendio de historia anul

guardián

He vuelto a dejarte las ofrendas bajo el tamarindo en flor. El árbol todavía era joven y ya sobrepasaba la altura de nuestra casa la primera vez que acudí en tu búsqueda, con la certeza de que sus ramas retorcidas ofrecían el resguardo ideal para ti.

En mis sueños como sanuli, cuando el agua llenaba mis pulmones, imaginaba que no solo tú, sino que una familia entera se instalaba en mi árbol. Aunque en mis fantasías, las ramas no eran de madera, sino de coral, y el fosforilo en cuestión de un azul tan brillante que contrastaba incluso contra el cielo de un día despejado.

He dejado mis ofrendas, durante años, bajo un tamarindo de un desabrido color marrón y flores pálidas, esperando distinguir zafiros y rubíes entre sus hojas. Sin embargo, la primera vez que te vi, te confundí con un roado en busca de un nido que robar. Me asusté y enfadé tanto que volví a casa a por una vara de secar, y con fiereza la moví de un lado a otro mientras berreaba que ese árbol era para ti.

Entonces no sabía que eras tú, claro. Pero tu piel era como la de la flor del tamarindo, y tus ojos del marrón de su corteza me miraron confusos. Por fortuna, no te asustaste.

La vara se me cayó de las manos cuando te reconocí, y tú, con esas garras diminutas, esos brazos que cuando se extienden lo hacen en unas alas magníficas, que sirven para mucho más que planear, te lanzaste hacia las confituras que había escamoteado a los vecinos, para atraerte; a los pasteles de tamarindo y limón que mi primo siempre cocinaba, y aún cocina; a los dulces que mi abuela compraba a escondidas para agradarnos, y que ahora compro yo sin necesidad de subterfugios para agradarte a ti.

¿De qué disfrutaste más esa primera ocasión? ¿Del caramelo que se derritió en tus manos? ¿Del bizcocho que tostaste con tu aliento? ¿O del crepitar de los granos de anís que ardieron frente a ti?

Ahora te conozco mejor, y sé que disfrutas tanto del azúcar tostado, como del buñuelo aceitoso, del pan recién hecho untado con manteca, como de la torta simple mordisqueada que solo pude ofrecerte en una ocasión. Te agradezco que siempre aceptes mis ofrendas, y que tú a cambio, nos regales el fuego que nos mantiene con vida cuando la marea se retira y la comida se acaba.

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Es difícil juzgar la relevancia de este relato, dado que mezcla componentes de dos épocas distintas en la historia de los anul: aquella en la que en lugar de brazos tenían aletas y en que se referían a sí mismos como sanuli, y aquella en la que anhelaban que la membrana bajo sus brazos (similar a la que describe en el fosforilo) se fortaleciera hasta convertirse en alas que les permitieran volar como a las aves. De ser veraz, el relato respaldaría la teoría en que durante mucho tiempo los anul vivieron entre el agua y la tierra.
En cuanto al fosforilo, resulta obvio que se trata del predecesor de muchas de las razas hoy conocidas.

#Guardián #Independiente


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El nombre del hogar corresponde a Vera. El nombre del anul que hemos de despedir corresponde a Zhealla. El nombre del anul que hemos de juzgar corresponde a Fcheoli.

El ritual de bienvenida ha sido omitido por completo. El ritual de hospitalidad ha sido reducido a su fórmula elemental. El ritual de abundancia se ha llevado a cabo con la cantidad habitual. El ritual de pompas fúnebres se ha realizado en su totalidad con las ciento veinte horas requeridas.

A tal efecto, puede dar comienzo el juicio de Fcheoli y su pretensión como habitante del hogar de Vera tras el fallecimiento de su progenitora Zhealla.

Se ha llamado al maullido de Vera.

Antecedentes: Fcheoli niega haber formado un nuevo hogar durante su ausencia de Vera.

Nota: Uno de descendientes de Zhealla afirma que esta había negado a Fcheoli con anterioridad y con profusión. No todos los descendientes se han expresado con tal vehemencia, aunque el consenso es evidente.

El maullido de Vera ha llegado. Es un animal imponente, como corresponde a un hogar de la importancia de este. Su aspecto corresponde a la descripción dada: de una mano de altura, posee un pelaje de un lustroso color ambarino y ojos azules en un iris como de vidrio fragmentado.

No hay ocasión de observarlos con detalle, porque en cuanto ha vislumbrado a Fcheoli la pupila se ha dilatado en un negro que ha apagado todo brillo anterior.

Fcheoli se ha arrodillado ante el maullido, adoptando posición de servidumbre en lugar de la de familiar. El maullido ha lanzado un gruñido quedo y depositado su zarpa sobre la cola expuesta del interpelado. Menos de medio minuto después ha alzado la garra, de la que han caído tres gotas de sangre. A continuación, se ha dado la vuelta y marchado con la cola enhiesta, con el pelaje desplegado en abanico y los ojos del azul habitual, concluyendo así con su juicio.

El análisis del zarpazo se ha realizado sin oposición. Las heridas tienen poca profundidad, la sangre apenas ha empapado el paño dispuesto y tras realizar el ritual de sanación, se han cerrado al cabo de unos minutos dejando una cicatriz apenas perceptible.

Veredicto: Fcheoli forma parte del hogar en cualidad de familia lejana.

Atribución: Una duodécima parte de la herencia que habría recibido como miembro de la familia de primera generación.

Nota: Uno de los otros descendientes ha afirmado, no sin cierta desazón, que jamás conocemos con certeza los últimos pensamientos, deseos y arrepentimientos de nuestros progenitores.

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No es la primera referencia que encuentro a un animal cuyo nombre referencia el sonido que produce. Tras cotejarlo con algunas referencias adicionales, queda claro que se trata de lo que nosotros conocemos como «gato». Aunque en la descripción que dan de él los anules posee habilidades ligeramente más siniestras que la de las criaturas que hoy consideramos guardianas de nuestros hogares. Sin fechas exactas, sin embargo, es difícil concretar la longevidad de esta especie a través de las épocas.
Me intriga sobremanera las menciones a los otros rituales que el texto menciona, pero me reconozco derrotado, puesto que no he encontrado ninguna descripción ni representación de estos, salvo algunos símbolos cuyo significado no logro discernir. Quizás, porque a diferencia del aquí referido, eran rituales de índole hogareña que no necesitaban ser transcritos.

#guardián


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