Salivalberto
¡Cuidado! ¡Mucho cuidado! Corred todos a cubierto que aquello que se aproxima y parece un aspersor se llama Salivalberto y, ante todo, es un señor. Es persona muy normal con la boca bien cerrada pero si empieza a hablar ya puedes llevar paraguas. ¡Pobre Salivalberto! Moja sin querer a todos aunque pasen a tres metros. Con esto de tanta baba la gente no se le acerca, a no ser que lleven puestas la ropa y las botas de agua. Un día con poca suerte para nuestro Salivalberto le echaron de su trabajo y se fue al paro obrero. ¡Entonces cambió su vida! Porque encontró otro empleo donde sí que aplaudían su dominio del babeo. ¡Qué primor en sus tareas! ¡Qué elegancia y qué salero! Da gloria ver trabajar a este ufano jardinero. Unas veces riega lejos, y otras veces, más cerca. Por allá por donde pasa no queda una planta seca. ¡Qué feliz, Salivalberto, tiene el trabajo perfecto! Y aquí termina la historia del señor Salivalberto. (No la creáis, es un cuento.)
Comentarios y saludos siempre bienvenidos.