Hojas negras
Un día de primavera del año 623 después de la Unificación
—Cuánto tiempo hacía que no se veía una hoja negra en la ciudad —susurró la anciana.
—Han matado a alguien de forma injusta, ¿no, abu?
—Así es, Carlita. Creo que no se sabía de una muerte así en la capital desde que el Rey Temue III subió al trono, hace cuarenta años —respondió mientras se ajustaba el pañuelo—. Espero que no vuelvan los viejos tiempos.
Abuela y nieta continuaron su camino hacia el mercado.
Un día de primavera del año 632 después de la Unificación
Carla trabajaba limpiando las estatuas del interior del laberinto de setos. Lo hacía el primer día de la semana desde que su abuela le consiguió el trabajo en palacio antes de morir de unas fiebres dos años atrás. Esa mañana de primavera era más fría de lo que debería. Empezó a limpiar la última estatua, la que estaba en el centro del laberinto que representaba al primer Rey Ranif I. La escalerilla en la que estaba subida se tambaleó y se apoyó en el brazo alzado de la escultura. Logró mantener el equilibrio, pero el brazo cedió un poco hacia abajo. Oyó un ruido de piedra chirriar por detrás.
—Que no se haya roto nada, por favor —murmuró bajando rápido.
Miró la estatua y el brazo parecía haber vuelto a su posición. Caminó despacio a la parte trasera de la estatua y vio que el pedestal tenía una especie de puerta abierta con unas escaleras que descendían hacia la oscuridad. Miró dentro. Una ráfaga de viento surgió del interior, arrastrando la oscuridad hacia ella. Se cubrió la cara con las manos y gritó de dolor cuando sufrió pequeños cortes por todo el cuerpo. Abrió los ojos y vio todo el suelo lleno de hojas negras.
—No puede ser —dijo cogiendo una de las hojas— Son cientos.
Metió un puñado en el bolsillo de su delantal y corrió hacia las calles de la ciudad.
La noticia corrió pronto por la capital y el pueblo exigió respuestas en la Primera Catedral y en las puertas del palacio real. La Guardia Argéntea así como el ejército imperial tomaron la ciudad impidiendo que nadie saliera de ella.
Aquel día miles de hojas negras cubrieron los suelos de la ciudad. Los pocos supervivientes susurrarían en secreto que la Orden del Silencio estuvo dos semanas recogiéndolas para que los magos argénteos las quemaran con fuego arcano. Aun así, el viento logró llevarse muchas.
Un día de primavera del año 633 después de la Unificación
Allí donde una hoja negra cayó comenzó a crecer al año siguiente un árbol de carne. Ni la Guardia Argéntea ni la Orden del Silencio fueron esta vez capaz de acallar a tiempo los rumores que atravesaron todo el Imperio. Cuatro años después, cuando derribaron las puertas del palacio, todavía crecían árboles de carne en los caminos de la capital.
Este relato pertenece a la iniciativa Writeober26 creada por Witchy Kat en bluesky. Consiste en escribir cada día de octubre algo inspirado por la palabra que toca. Para el día 1 la palabra es Hojarasca.
Os dejo a continuación todas las palabras:
Y como no logro que el ALT salga correctamente en el blog os pongo el listado también en formato texto:
1. Hojarasca
2. Colmillo
3. Copa
4. Castillo
5. Luna
6. Camposanto
7. Espectro
8. Niebla
9. Vino
10. Hacha
11. Llovizna
12. Puente
13. Duende
14. Profecía
15. Caldero
16. Cabaña
17. Uñas
18. Sendero
19. Engullir
20. Estaca
21. Máscara
22. Grieta
23. Crujido
24. Dientes
25. Conjuro
26. Cosecha
27. Pelaje
28. Trono
29. Festival
30. Escarabajo
31. Regreso
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