“Si algo he aprendido en esta vida, es que difícilmente puede uno escapar al funcionamiento propio de las cosas. Quiero decir que, si vives en Tokio, compartirás tu vagón de metro con once mil japoneses y, si lo haces en Oslo, raro será el día en que te libres del abrigo y la bufanda. Y yo, por aquel entonces, vivía en Londres.”
Una cosa que me gusta tanto como leer son los propios libros. Reconozco cierto fetichismo en mi relación con ellos; con el objeto. No tengo muchos, pero poco a poco voy construyendo una colección más o menos a mi gusto.
No sé si tanto como los libros (o leer) me gusta el orden. Soy una persona bastante ordenada. Aunque sin llegar a un extremo patológico, cierto es que algún que otro quebradero de cabeza me ha traído esta afición a tenerlo todo ordenado; normal cuando convives con personas con un concepto del orden diferente al de uno mismo. Muy diferente.
Desde que tengo uso de razón siempre ha habido una radio ahí, aunque fuera de fondo, aunque no siempre la escuchara. Seguramente este hecho explique el gusto que le tengo al formato podcast. Y no es que sea un “consumidor” de podcasts fuera de lo normal, si es que hay una norma para ello, pero me sale la media a más de un programa diario.