Cuadernito de Khardan

Emma

Hay algo mágico en el primer libro que terminas del año. Cómo que te da el ánimo para lo que vas a leer durante ese año o te marca un poco tu estado de ánimo. Quizá es cosa mía, que suelo asociar mis estados de ánimo a la lectura, porque, al final es una parte importante de mi forma de ver la vida. Este año, después de casi medio mes de lectura, he conseguido terminar Emma de Jane Austen. He leído otros libros suyos y, la verdad, ahora mismo Emma está en el tercer puesto. Entiendo que sea uno que no guste particularmente, ya que tiene varios detalles que lo diferencian de los más famosos de la autora. Lo primero que llama la atención es la casi Stream of Consciousness de la narración. Pasas tranquilamente de la cabeza de una a la cabeza de otra y de ahí al discurso sin control de la otra señora. No es algo sencillo de leer, pero al mismo tiempo le da una naturalidad que a veces faltaba en otras obras. En cuanto al argumento, pues una chica que cree que se las sabe todas y que su destino es estar soltera tiene al hermano del esposo de su hermana para “educarla” (sí, es MUY groomer, visto con perspectiva), mientras ella se cree que sabe lo que esconden los corazones y las expectativas de todos los que conoce. Así que intenta liar a una amiga con el párroco del pueblo, porque así la sube de nivel y puede verla incluso estando casada. Se entiende porque es la sociedad que es, y, desde luego, se puede ver la acidez con la que Austen va narrando todas las complicaciones que tienen las mujeres con temas sociales, expectativas de cuidados y mosqueos varios. Es gracioso, porque precisamente esta, que técnicamente me parece mejor que otras, queda muy acelerada hacia el final almibarado que cabe esperar de una novela de Jane Austen. Sobre todo de una dedicada al mismísimo Príncipe Regente. Ese final acelerado es uno de los puntos más en contra que tiene, porque la forma en que descubre todos los secretos la protagonista y la forma en que la sociedad responde está genial. Así que empiezo el año con una novela romántica, clara antecesora en estilistica de obras de Joyce y con un punto sardónico muy apreciable que, desde nuestra perspectiva varios siglos después sigue estando bastante vigente. ¿Qué quiere decir eso para mi estado mental de este año? Pues ni idea. Y ahora las etiquetas #EscrituraSocial #Lecturas #Emma #JaneAusten #Sociedad #estilística

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Estoy avanzando la lectura de Phoenix King y con la de Emma. Se trata de dos novelas tan sumamente distintas que a veces hay un choque fuerte en el cambio entre una y otra. La primera es una novela de fantaciencia centrada en el aspecto político de un mundo donde hay una religión hacia el fénix, mientras que el segundo es una novela de Jane Austen. El tema de leer dos libros a la vez siempre me ha parecido costoso, porque mi cerebro tiende a focalizarse en uno de ellos cuando llega a una parte en la que no quiere dejar de leer. Este mecanismo es uno que me ha traído por la calle de la amargura en más de una ocasión, sobre todo en época estudiantil. Os podéis imaginar que si estoy leyendo para estudiar y de repente mi cerebro decide que parar en el tema que marca el libro es aburrido y que mejor sigo que seguro que mejora más adelante puede ocasionar conflictos en los exámenes de cosas como filosofía, donde a veces respondía cosas que todavía no habíamos visto, o historia, donde de paso sacaba las conclusiones acerca de lo que podía llevar al siguiente tema. Pero lo peor no era cuando pasaba esto, porque, seamos sinceros, al menos eso me mantenía en el mismo tema. Ahora, imaginaos una casa llena de sagas eternas de ciencia ficción y fantasía. Pongamos por ejemplo, el Ciclo de la Puerta de la Muerte. Son siete libros. SIETE. Y todos acaban con cliffhanger (aunque más a partir del cuarto). ¿Leo eso o estudio matemáticas? Venga, va, solo diez páginas. Bueno, quien dice diez páginas dice cincuenta. Y si mejor me acabo el libro, nadie se va a dar cuenta. Oh, cómo puede acabar así, está claro que al menos tengo que leerme el primer capítulo del siguiente libro. Y así. Ahora que no tengo que estudiar es mejor, y también ayuda que he aprendido a marcarme límites fijos con los libros. Por ejemplo, decir el número de capítulos que voy a leer, o el tiempo que voy a dedicar a leer con un temporizador. Así, en los momentos de más foco puedo salir a hacer otras cosas, y en los de menos foco, al menos leo lo que quiero leer. De todos modos, ahora mismo tengo dos libros a la vez, lo que implica que leo en la comida, en plan el periódico, uno de ellos, y luego cuando voy a descansar me pongo a leer el otro. Básicamente por tener uno en digital y otro en físico. Hablando de estudios, me hace mucha gracia con respecto a Emma de Jane Austen que no se estudie como un antecedente del Stream of consciousness tan famoso dentro de la literatura inglesa. Sí, no va a la intensidad de Joyce... pero casi, la verdad. Y creo que si la gente estudiara los antecedentes, entenderían mejor tanto el uso como el formato de este tipo de escritura. Dado que es un tipo de escritura que te venden como la gran revolución estilística del siglo XX, quizá ver que tiene su antecedente en una novela de Jane Austen puede facilitar que comprenda el estudiante cuál es el motivo de que en inglés ese estilo funcione. Por si acaso me lee alguien que no sepa de qué va la vaina, el stream of consciousness es la escritura de forma lineal en la forma de pensamientos del personaje. Como puse por ahí en un toot, es ser capaz de escribir “Y este de qué va, pero cómo va y se declara... y ahora qué hago yo con Harriet, a ver si me la va a liar. Bueno, no, que es lo más dulce que hay, pero aun así, esto le va a doler.” Y luego meter diálogo como si no pasara nada y volver fuera del personaje, o incluso saltar a la cabeza de otro personaje. Y ahora, las etiquetas: #EscrituraSocial #literatura #rambling #StreamOfConsciousness #Emma #JaneAusten

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