Votar, ese ejercicio de riesgo
Desde que se han convocado las elecciones, la izquierda ha empezado su particular akelarre electoral. Mucha gente pidiendo, exigiendo que los partidos se unan da igual cómo, para que solo haya una papeleta posible. Esta postura siempre me ha parecido una barbaridad enorme. En el trasfondo de la idea subsiste el convencimiento de que “todos” los partidos de izquierda son iguales y no, no es verdad, cada uno es distinto por muchas cosas, entre otras por les dirigentes que están al frente y comparar a Yolanda Díaz con Irene Montero es una maldad. Decir que defienden las mismas cosas después de haber oído al candidato de Más Madrid defender que el mundo hetero está siendo silenciado, es otra incuria. No son iguales en casi nada. ¿Esto debe ser un obstáculo para la unidad? A mi modo de entender no. Se pueden llegar a acuerdos, lugares comunes en el buen sentido y listas que representen esa heterogeneidad en aras de tener más fuerza parlamentaria. Pero desde las redes y los medios solo se dice: ¡pónganse de acuerdo y unánse! Pues no, esa idea no vale si no se explicita sobre qué ideas hay que unirse y cómo se deciden los puestos electorales. A mí sí me importa quién me va a representar y prefiero que no sea Rufián o Mónica García, pero admitiría votar la lista en la que van ellos si en ella estuvieran en las posiciones adecuadas les que sí me representan verdaderamente. Hoy ya es igual toda esta disquisición, aunque llama la atención que se pidan explicaciones por ejemplo a Podemos y no a Adelante Andalucía o a EH Bildu o a BNGo a IU que bloqueó algunos de los acuerdos posibles, por no participar de ese unicornio del orbe izquierdista que es la unión de todas “las izquierdas”. Es igual porque ha habido acuerdos parciales que presentarán candidaturas únicas en un par de circunscripciones y desacuerdo en el resto donde se podrá elegir entre dos o más alternativas. Incluso hay quien ha pactado con el PSOE para ir al Senado, esa cámara inútil del parlamentarismo español, que debería desparecer cuanto antes si me preguntan. Pongo el acento en el poder elegir entre varias alternativas, porque una vez constatada la realidad, lo que sí pasa es que no nos veremos obligados a votar con la nariz tapada. Esto de la nariz tapada es otro de esos espantajos que se mueve en el ideario de la ishquierda berdadera. Para demostrar que se es muy de izquierda y mucho de izquierda hay que decir que se va a votar con la nariz tapada. ¡Qué memez! Se vota con criterio o si quieres no se vota, pero no hay nada que no se pueda oler. Si te parece que tu voto es más eficiente votando al PSOE, bien votado está, si crees que tu voto hay que depositarlo en una de las dos o tres alternativas que hay a la izquierda, lo valoras y votas, bien votado está. Los electores no somos responsables de lo que pasa con los resultados finales, ni con la composición del parlamento, ni siquiera si el gobierno que sale lo hace bien o mal. Nuestra obligación es votar en conciencia, a quien queramos, a quien pensamos o sentimos que lo hará mejor. Si la ultraderecha llega al poder hay que buscar las razones fuera de nuestro humilde voto. Otra cosa es la lucha en la calle, el día a día en tu organización de barrio, en tu asociación. Pero eso es más cansado, y muches de quienes hablan de la unidad no se han pasado en su vida por un CSO o han militado en un partido, o se han sindicado. ¡Viva la unidad desde mi teclado de PC! Este año, por fin voy a poder votar a quien quiero. Las pasadas elecciones voté al PSOE horrorizado con la unión a la fuerza e in extremis, tras el chantaje, en la aberración de Sumar. El tiempo me dio la razón y Podemos se separó parlamentariamente del invento de Yolanda para poder hacer política sin ataduras. Y se consiguieron pequeñas victorias como la regularización de extranjeros o algunas mejoras para les que alquilan. En noviembre voy a tener la ocasión de votar para que Irene Montero esté en el parlamento y sea quien me ponga voz. Hacerlo por una mujer que en mi opinión en la mejor ministra que ha habido desde la restauración democrática es un acto de reparación tal y como yo lo veo. Espero que la derecha no tenga la mayoría. Si no es así seguiré luchando en la calle y sabré que alguien en la tribuna me pondrá voz.
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