¡PENITENTIAGITE!
Recuerdo cuando leí El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Fue un libro que me impactó y me conectó con lecturas que había tenido de Cortázar y otras. Luego vino la película de Jean-Jacques Annaud, con aquella escena en la que Adso está observando la portada de la iglesia de la Abadía, cuando se encuentra con el hermano Salvatore que interpreta magistralmente Ron Perlman, gritando: !Penitentiagite! !Penitentiagite!
Tardé años en saber que Penitentiagite era el grito de los dulcinitas que tenían entre sus ideales:
la oposición a la jerarquía eclesiástica y la conversión de la iglesia a los ideales de pobreza y humildad, la oposición al sistema feudal, la liberación de los hombres de cualquier restricción, la organización de una sociedad igualitaria, de ayuda y respeto mutuos, basada en la propiedad comunitaria y en la igualdad de sexos.
Se dedicaban a matar al clero rico. Querían vivir la pobreza y hacer que la iglesia la viviera y terminaron martirizados y quemados en la hoguera.
Me lo ha recordado el rifirafe que ha tenido el Papa actual con Trump y creo que hubiera estado bien que Robert Francis Prevost, conocido entre sus seguidores como León XIV le hubiera exhortado al homicida ¡PENITENTIAGITE! Penitentia agite como diríamos ahora ¡Haz penitencia!
En la secuencia se hace referencia a los temas iconográficos que corresponden al Apocalipsis y al Purgatorio, con toda una galería de animales fantásticos recogidos en los libros Bestiarios. Hoy esos bestiarios modernos son las armas con las que estos genocidas han masacrado a miles y miles de personas en Gaza, Irán o el Líbano. Les tiene que llegar el momento de la penitencia, seguro. Estoy esperanzado.
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