Otro sí

No hay un solo instante que no me acuerde de mí. Me tengo presente corpóreo en un círculo de ideas que no me vienen bien. De vez en cuando recuerdo la sensación de oler café o cualquier otro aroma reconfortante y entonces vuelvo obsesivo al mantra de mí mismo la gaza que me oprime el cuello. No soy capaz de escapar de mi propio infierno encontrar la grieta que me permita la huida o al menos que me deje mirar hacia fuera donde sé que andáis todes tan felices tan tristes como sois y yo os recordaba. Anhelo olvidarme de mi cuerpo el tiempo preciso para la lucidez sin miedo a que lo de fuera me espante y me recoja de nuevo en la cárcel de mi piel. No hay un solo instante que pierda el miedo a lo que hay fuera.


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