Morir en esta colina
Siempre me gustó la expresión. No hace mucho que la empecé a oír y creo que refleja fielmente el concepto: permanecer fiel a una idea, a un sentimiento, sabiendo que esa defensa es fútil, como dirían los Borg.
La IA ha calado en el uso masivo de la población. Ha necesitado de un fuerte empujón mediático y una indolencia política o peor aún, de un interés político excepcionales, pero hoy en día su uso se ha extendido como la pólvora. Algo peor, la idea de inevitable, el concepto de tecnología del futuro navega sin compuertas por las cabezas de familiares, amigos, cuñados y demás parientes como el mismo hecho inevitable de la muerte. Hace tiempo que sé que tenemos la batalla perdida. No importan los argumentos sobre el robo de los derechos de los creadores, la avaricia de agua o energía que sus centros de datos conllevan, la misma concepción de herramienta de poder y control que ha guiado a sus creadores a la génesis de la IA misma, el hecho de que sean multimillonarios estadounidenses quienes la controlan o que los resultados que proporciona a las banales consultas de los humildes usuarios sean mediocres en el mejor de los casos y sus imágenes absurdas y carentes de belleza. Empresas y particulares se jactan de su uso a diario. Hace tiempo que sé que tenemos la batalla perdida quienes no la usamos y vemos que su aceptación es una vez más, una derrota para las clases trabajadoras y en general para los oprimides del mundo. Sin embargo no voy a dejar de dar la batalla, moriré en esta colina permaneciendo fiel a mi idea primigenia que la IA no va a solucionar problemas y va a crear otros mayores. Sé que es la misma colina en la que un puñado de idiotas defendemos la huida de Google, las redes sociales algorítmicas, la banca ética o que la amabilidad es revolucionaria y también sé que la única manera de lucha es ser coherentes con las ideas que nos aíslan, porque estamos en lo cierto. Hace tiempo que sé que tenemos la batalla perdida, no discuto con sus defensores, me limito a no usar la IA, Google o las redes sociales que no sean libres y federadas. Hay una resistencia pasiva que es la esperanza.
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