Google la vuelve a liar con el reCAPTCHA
Google ha decidido que demostrar que eres humano ya no consiste en ser humano, sino en aceptar sus condiciones.
Su nuevo reCAPTCHA con verificación móvil y QR es otro paso más en esa vieja costumbre suya de convertir Internet en un sitio cada vez menos libre y cada vez más dependiente de sus reglas.
La idea, en resumen, es esta: si el sistema sospecha de ti, te saca del navegador y te manda al móvil.
Escaneas un QR y, con suerte, vuelves a entrar.
Si no usas el ecosistema adecuado, mala suerte.
Si llevas un Android sin Google, peor todavía.
Si prefieres vivir fuera del corral, directamente te jodes.
No es seguridad, es control absoluto
Llamarlo mejora de seguridad es bastante generoso.
Lo que Google vende como protección frente a bots huele más a cerrojo de plataforma que a defensa real de la web.
No están arreglando Internet; están metiendo más dependencia de sus servicios en cada esquina posible.
El problema no es solo que moleste.
El problema es que normaliza la idea de que para acceder a servicios básicos tienes que llevar encima un dispositivo “validado” por Google o Apple.
Hoy es un captcha. Mañana será cualquier otra excusa con el mismo resultado: menos libertad, más vigilancia, más exclusión.
Lo feo
Aquí es donde el invento se pone feo de verdad.
Usuarios de GrapheneOS, CalyxOS, Linux y otros entornos que no entran en el club reciben el mensaje habitual: si no juegas con nuestras reglas, no pasas.
Y eso no es una anécdota técnica. Es una forma bastante elegante de discriminación digital.
La parte más ridícula es que todo esto se presenta como si fuera inevitable, como si la única forma de frenar bots fuera obligar a millones de personas a tragarse un sistema cada vez más intrusivo.
Pero claro, cuando una empresa domina el navegador, la búsqueda, la publicidad, la autenticación y parte de la infraestructura web, cualquier “solución” acaba pareciendo casualmente buena para ella.
Encima le han puesto QR, que es justo lo que faltaba para complicarlo más.
Hemos pasado años diciendo que escanear códigos de origen dudoso es mala idea, y ahora vamos a convertir ese gesto en parte del proceso normal de acceso.
Brillante. Seguro que no sale mal.
Cuanto más se acostumbre la gente a escanear un QR para “verificar” algo, más fácil será colar imitaciones, pantallas falsas y trampas de phishing.
No hace falta ser paranoico para ver que mezclar autenticación, móvil y QR no es precisamente una receta de tranquilidad.
Esto no va solo de captchas. Va de quién decide cómo se entra en la web y bajo qué condiciones. Y cuando esa decisión la toma Google, el resultado suele ser el de siempre: más encierro y más poder para los mismos de siempre.
Lo peor es que ya ni se molestan en disimularlo demasiado. El mensaje implícito es bastante claro: si quieres navegar sin pelearte con nuestros filtros, usa nuestros servicios, nuestros dispositivos y nuestro ecosistema. Y si no, ya sabes dónde está la puerta.
Google no está haciendo Internet más segura. Está haciendo Internet más dependiente de Google.
Y eso, en 2026, ya no debería colar como una mejora, sino como lo que es: otro paso en la dirección equivocada. Y espero que al menos la UE haga algo esta vez...
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