Jodida, pero no sorprendida

Esto es lo que me pasa.

Published on Nov 28, 2025

Le he echado de menos. Esta semana ha sido dura, no solo por eso, pero sí en parte: me he acostumbrado a compartir, al menos, el final de mi día con él, a contarle cómo ha ido, lo bueno, lo malo, lo nuevo y lo que se repite, y no poder hacerlo me ha pesado como una losa. Lo mismo que no poder abrazarle por la noche, que no poder sentir su calor a mi lado.

El viernes por la noche se planteaba, desde la semana, como una especie de oasis: volveremos a estar juntos, volveremos a nuestra rutina. Y ahora, que ya ha llegado, mientras espero a que salga de la ducha, pienso en cómo se ha convertido en una de mis personas, alguien que no quiero que salga de mi vida, alguien a quien yo, que odio hablar por teléfono, quiero llamar cuando me pasa algo bueno para contárselo y contagiarle mi alegría.

Qué suerte tengo de haberle encontrado.


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Published on Jun 11, 2026

Haber vivido con personas, y no meramente entre ellas, supone ir por la vida cargada de huellas y marcas, de restos de su presencia cuando se marchan. Quique González siempre será cosa de D., igual que Terry Pratchett. Sandman, por más mío que lo haya hecho, siempre tendrá restos de C. Zoo o La Fúmiga me llevarán siempre a A. Podría seguir con facilidad, mucho, mucho rato.

Esto ocurre también con los lugares, siento que de una manera especial. ¿No os resulta raro volver con un nuevo amor al lugar que visitasteis con otro? Como si algo estuviese fuera de lugar o como cuando un actor o actriz aparece en la misma serie interpretando a otro personaje. Es extraño. Por supuesto, la intensidad también varía: puede ocurrir que haya lugares en los que este efecto no se da en absoluto y otros que una no se siente con fuerzas de volver a visitar. Hoy me he sorprendido viéndome en una de estas. En el último caso, concretamente.

Hoy vi a alguien triste en Mastodon. Se quejaba de que la gente no le visita y yo, medio en broma medio en serio, iba a decirle que me iba a obligar a que, en alguna de las visitas al pueblo, me escapase a Murcia, le secuestrase y le llevase a ver el mundo desaparecer en el faro de Cabo de Palos. Pero no lo he escrito porque me he quedado paralizada: no podría volver a ese lugar, no quiero hacerlo. Está demasiado impregnado de la presencia de otra persona y de su recuerdo.

Y no es por algo negativo, no te asustes. Es cierto que la persona acabó siendo un cucaracho pero no ha sido siquiera de los peores que me he cruzado. Ni en el top 10 está. Es por todo lo contrario. Llegué al faro de Cabo de Palos en el coche de un señor que conocía desde hacía menos de un mes, sin saber a dónde me llevaba, muerta de expectación y con dolor en las mejillas de tanto sonreír durante un día que había empezado mojando los pies en diciembre en el Mediterráneo. Qué día. Y yo entonces no sabía que lo mejor estaba por llegar.

Cuando vi aparecer el faro no lo podía creer. Mi primer faro. Estaba atardeciendo y en el rato que estuvimos allí, hablando de un futuro que ya entonces sabía que no iba a ser (aunque por razones distintas a las que acabó no siendo), diciendo cursiladas como dos adolescentes intensos, vimos la oscuridad cernirse sobre el mundo, el mar tornarse del color del cielo nocturno (cómo me gusta ese efecto) y, de repente, sentir que no había nada más, que allí se acababa el mundo. Quedarnos en silencio viendo como la luz del faro apuntaba a la aparente nada. Si pudiese hacer una composición con polaroids de momentos estelares de mi vida, ese sería uno sin dudarlo. Uno de los primeros, además.

No creo que vuelva en breve (ni tampoco a medio plazo) a Cabo de Palos. Puede que no lo haga nunca. Pero probablemente, aun así, en todos los faros del mundo encuentre la huella de esa persona que pasó por mi vida breve pero intensamente y dejó una marca indeleble. Conservar esa huella en mi recuerdo sin amargura, querer salvarla del olvido, la podredumbre y el cinismo, es un favor que nos hago: a mí, porque me merezco cosas bonitas; a él, porque mantengo vivo el testimonio de un amor que, estoy segura, fue irrepetible para ambos. Aunque él haya decidido no querer saberlo. Él se lo pierde.


Lo siento, persona de mastodon que puede que sí o puede que no haya pillado la referencia. No te puedo raptar y llevarte al faro de Cabo de Palos. Pero puedo fingir que no sé cómo se comen los paparajotes y probarlos por primera vez contigo, por ejemplo.


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Published on Jun 13, 2025

Hace aproximadamente un siglo[^uno] recibí este mini cómic sobre los errores titulado «Erasers are wonderful» (las gomas de borrar son maravillosas) y guardé el enlace aquí, en un borrador del blog, porque me apetecía mucho escribir sobre este tema. Y bueno, yo qué sé: más vale tarde que nunca.

En el cómic el autor habla sobre lo mucho que se avergonzaba de borrar mucho porque borrar estaba asociado a cometer errores y los errores eran algo intrínsecamente malo. Supongo que porque acertar es algo intrínsecamente bueno, así que si no estás acertando (que es lo que está bien) pues estás cometiendo un error (que está mal). Esto podría tener sentido si cuando tomamos una decisión, justo antes de hacer nada, sonase una campanita feliz o triste que nos indicase si la decisión es correcta o incorrecta, por ejemplo. A veces no sabes si algo es un acierto o un error hasta que no lo intentas. A veces algo que parece un error acaba siendo un acierto. A veces algo que empieza siendo un acierto se convierte en un error. Y otras veces una se va de cabeza hacia el error, viendo el letrero de neón rosa gigante que dice «ERROR!» porque bueno, el Nobel de Tener La Vida Perfecta no existe y hay errores que una no quiere dejarse sin cometer. Y no pasa nada[^dos].

Parece que tenemos que vivir la vida como un recado: ir del punto A al punto B de la forma más directa y eficiente posible. Pues lamento deciros que si ese es el plan mejor nos pegamos un tiro nada más nacer, porque al final ese es el punto al que llegamos todas, ¿no? Si queremos ser consecuentes ese sería el procedimiento. Pero es que la vida no es un recado sino un paseo: sales, caminas, cambias de calle, descubres mapa, entras en una tienda de cosas que no te puedes permitir aunque finges que sí, acaricias un perrito ajeno, te sientas en un banco a ver atardecer y luego a ver levantarse la luna aunque al día siguiente trabajes... Creo que se entiende lo que quiero decir: vivir no es acertar sino explorar. Y cuando estás explorando no te equivocas: descubres, aprendes, y sí, a veces tienes que arreglar algún desastre, cosas de hacer la exploraceón.

Y diréis: que sí, jodía, que todo eso de explorar está muy bien, pero los errores en la vida tienen consecuencias. Y sí, no lo niego. Sobre todo cuando una no es parte de los grupos privilegiados los errores pesan mucho. Un error puede dejarte sin beca. Un error puede hacer que no te cojan en ese trabajo que necesitas desesperadamente para que no te echen del piso de alquiler. Que yo lo entiendo: para poder seguir explorando el mapa tenemos que ir cumpliendo misiones en el videojuego, al menos en cosas importantes que tienen que ver con la supervivencia material. Pero, ¿equivocarte de pareja? Pos se rompe. ¿Equivocarte de libro para leer? Pues lo dejas. ¿Equivocarte haciendo la tortilla de patata? Pues a la próxima saldrá mejor.

Equivocarse no es fracasar. El tiempo invertido en algo que acaba no siendo «un acierto» no es tiempo perdido. Y ya, dicho sea de paso, desconfiad de quienes dicen no equivocarse nunca y tener siempre la respuesta correcta. Primero, porque eso no hay quien se lo crea. Y segundo, porque probablemente sean un pozo de estulticia.

Y ya estaría. Estás bien. Tus errores tienen sentido. ¡Abrazos, abrazos!

[^uno]: Vale, puede que algo menos, pero hace más tiempo del que me gustaría. [^dos]: Sí, amiga, yo también la cagué de gordo sabiendo que la estaba cagando de gordo, no pasa nada, no hay nada mal en ti y te abrazo.


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Published on Dec 10, 2025

Para pensar antes de leer...

¿Has pensado en la importancia de la salud mental?

¿Qué podemos hacer para que este mundo sea más habitable para la gente que sufre por cuestiones de salud mental?

¿Te has planteado que puedes tener a tu alrededor personas batallando con su salud mental sin saberlo?

#Y ahora, el poema:

Poema sin título de María Castrejón, incluido en su poemario La inutilidad de los miércoles

En muchas ocasiones parezco

muerta La gente se asusta

me mueve las manos que

caen inertes No saben que viajo

lejos de mi cuerpo que duele

y vuelo por encima de las casas

que siempre hay al lado de los

aeropuertos con jardines tristes

de piscinas cubiertas con lonas

y bicicletas tiradas en el suelo

Por encima de las cuadrículas

de tierra ese mundo ficticio

desde arriba que no hiere

Vuelo sobre las nubes

Siempre hace sol encima de

las nubes y el brillo de las alas

de los aviones me deja ciego

el estómago y nada hace daño

Hasta que un coche pasa o

alguien ríe debajo de la ventana

Me dan palmadas en la cara

Me echan agua en el rostro

y los brazos Yo no quiero

volver a este cuerpo que se

sienta en la consulta y se traga

las píldoras El miedo de los otros

me acerca a las cuchillas

a la muerte Yo solo quiero

volar pero el viaje siempre

termina cuando abro los ojos y una

voz triste que desconozco

me dice Thank you for flying


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Published on Jan 15, 2025

Hace muchos, muchos años, en otra vida (esa sí que era otra vida) y en otro blog escribí sobre la ruptura de los padres de una amiga. Todo se desencadenó por el profundo impacto que me causó ver solo un cepillo de dientes en el baño del dormitorio de sus padres.

Ya, ya lo sé, soy una persona bastante impresionable. Cualquier cosa puede provocarme una emoción intensísima. Y eso es lo que me ha salvado al vida en multitud de ocasiones.

Volviendo al tema. Los hechos incontestables es que el señor en cuestión era un cucharacho, una persona terrible, un señor de esos que hoy salen en los periódicos digitales con referencia al #MeToo. Yo, que entonces era una cría de 17 años, lo sabía. El pueblo entero lo sabía. El universo lo sabía. Y aún así, a mí, en aquel momento, la visión de aquella casa tan grande y tan vacía, lo que me provocó fue pena, mucha pena. Hoy, con veinte años más, lo veo distinto: independencia, liberación, intimidad, autonomía... Pero entonces era una cría con el seso comido por el mito del amor romántico.

No fui yo sola: el pueblo entero pensó que pobrecita ella, la mujer abandonada por otra, la que se quedaba sola (su hija, al parecer, no era una persona, tampoco su hermana, ni sus padres). Lo peor de todo es que ella también llegó a creérselo. No voy a entrar en detalles ahí, pero digamos que la travesía hasta salir de ese mar de concepciones erróneas fue larga y difícil.

Pero llegó. Y parece ser que en aquella casa tan grande y solitaria no vio un problema, sino una oportunidad: montó una pequeña pensión con las habitaciones vacías. Ahora tiene un cucaracho menos y una fuente de ingresos más. Y no sé qué pensará el pueblo, ni ella, pero yo lo tengo claro: la que salió ganando de toda aquella historia fue ella. Aunque le haya costado verlo (porque lo que el resto viéramos o dejáramos de ver carece totalmente de importancia).

Me encantan las historias de señoras con final feliz.


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Published on May 18, 2025

El día que me separé cambié las sábanas. No tocaba hacerlo, era miércoles, creo, y yo siempre cambio las sábanas en fin de semana, pero no importó: cuando él se fue lo primero que hice fue cambiar las sábanas. Puse unas con una bajera malva y las almohadas y la sábana superior estampada con un horror vacui de flores que tenía muchas ganas de estrenar. Eran de algodón bueno, de las que se arrugan una barbaridad, pero que son bien suaves. Hice la cama con primor y la perfumé con agua de rosas. Esa noche cuando, a las tantas, me metí en la cama, aspiré el aroma a rosas, me tumbé en el centro de mi cama de 1.50 y me dormí sin llorar.

Desde 2016 he estado preparándome para habitar la soledad, aprendiendo a transitar el cable tendido entre ser capaz de valerme por mí misma y aceptar la conexión con los demás (con éxito apenas moderado). Ese año fue cuando tuvo lugar mi caída del caballo, cuando, a lo Scarlett O'Hara, me puse a mí misma por testigo de que no iba a volver a perderme. Y eso implicaba gobernarme como una autarquía para gantizar mi libertad, empezando, como buena materialista, por las condiciones materiales de existencia. Y, aunque pueda parecer un chiste, eso fue, para mí, lo fácil: conseguido el trabajo fijo y decentemente pagado, del ahorro se encargaron años y años de austeridad impuesta por la pobreza. Pude pagar mi alquiler, mis gastos, mis pocos caprichos. Al cabo de unos años pude dar la entrada para un piso que pagué con bastantes agonías durante dos años mientras seguía pagando alquiler. Cuando me lo entregaron, pude amueblarlo y empezar a habitarlo. La princesa se había procurado un castillo y unos ingresos más o menos estables. La princesa podía ser libre. Por eso, cuando por fin se dio cuenta de que había tenido el corazón roto y que ya estaba casi recompuesto, pudo dormir envuelta en sus sábanas de flores en el medio de su cama.

Como digo, eso fue lo fácil. Lo difícil lo vine haciendo antes de esa ruptura. Porque prepararse para habitar la soledad no consiste solo en ser independiente económicamente, sino en ser independiente emocionalmente porque resulta que, como dice Valeria Castro, «resulta que la compañía es deseo del ser humano» y lo de asumir que una tiene que prepararse para estar en el mundo consigo misma (en muchos momentos), cuesta. Especialmente en una sociedad en la que todo orbita alrededor de la familia nuclear y la pareja. Pero a la fuerza ahorcan: en un determinado momento decidí que lo que merece la pena vivir también merece la pena vivirlo sola. Empecé a ir a exposiciones sola, a conciertos, a pasear... y basculé mi emocionalidad en otros lados (benditas amigas, benditas sean). Por eso, y porque ya le había echado mucho de menos, la princesa pudo dormir sin llorar en el centro de su cama disfrutando del olor a rosas.

Cuando una llega a ese punto el problema es que a una tiene que compensarle dejar a otros entrar en su vida porque ya no es una cuestión de necesidad sino de querencia: para que entres o permanezcas en mi vida tengo que querer lo que me ofreces, tu presencia en mi vida tiene que merecer la alegría (me gusta haber cambiado esa expresión), porque sé que puedo estar razonablemente bien sola. Incluso muy bien.

Así que resulta que, al final, el castillo de la princesa (con su parte material y su parte emocional) acaba siendo una fortaleza inexpugnable (o casi inexpugnable) y ella una señora difícil [^difícil] de satisfacer. A la princesa le han dicho que estas cosas se pueden tratar en terapia, pero ella no ve cuál es el problema. A lo mejor el problema lo tiene el mundo, porque la princesa ha descubierto que no se necesita más que a sí misma para sentirse una reina y que, por lo tanto, ya no es fácil engañarla con cuentos.

*la princesa le da un sorbito a su refresco de cola con sabor a cereza y hace clic en publicar post

[^difícil]: el término difícil es relativo, entre otras cosas, al esfuerzo que una persona está dispuesta a poner en la tarea, también, no es absolutamente objetivo.


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Published on Mar 24, 2025

No sé hasta qué punto Yeguas exhaustas es ficción pura y dura y hasta dónde se han colado las vivencias de Bibiana Collado Cabrera. Si tengo que apostar, diría que hay mucha verdad en ese invento. Tal vez porque hay mucha de mi realidad ahí. A saber. Sea como sea, ha conseguido contar una verdad con maestría, independientemente de cuál sea su grado de correspondencia con los hechos.

Al acabar el libro he deseado tener la maestría que tiene ella para contar cosas tan crudas y tan dolorosas. Yo, por no tener ese talento, he preferido durante mucho tiempo callarme. Contar la verdad desnuda, con todo el dolor, con todo el daño, a la gente cercana, pasado ya mucho tiempo. Pero, para los demás, ser la víctima perfecta que guarda silencio y que, por tanto, al callar, otorga que no es víctima de nada, que es la caricatura que su maltratador hizo de ella. Porque la mejor defensa es un buen ataque, y quién va a creer la defensa de alguien que ya se supone loco, manipulado, desquiciado y difícil. Quién va a creer que el entregado novio perfecto era un maltratador y forzaba sus deseos sobre ella a pesar de su llanto. Luego pedía perdón, eso sí. Pero, ¿perdón por qué? Si él era, es y será un caballero de brillante armadura que no ha hecho otra cosa que amarla y que, al parecer, nunca jamás hará otra cosa.

En fin. Cómo me gustaría tener la paciencia y el arte para hacerlo doloroso, real, pero también hermoso. Para decir algo que no convierta la experiencia en patética o en banal. Pero como no creo poder hacerlo, como no tengo las fuerzas para intentarlo, tiro la piedra, escondo la mano y mastico la pena que se siente como arena en la boca.


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Published on Jun 13, 2026

El día 14 de junio se celebra en Andalucía el día de la Memoria Histórica y Democrática, conmemorando el inicio de la exhumación de la primera fosa común de la Guerra Civil, el 14 de junio de 2003. Por si a alguien le bailan las fechas, Francisco Franco murió en 1975 y la Constitución Española que establece que España es una democracia se votó y aprobó en 1978. Pero bueno, pasan que cosas.

Por cosas, este año han avisado al coro en el que estoy para poner música a la ofrenda floral de un acto conmemorativo. Las cosas: objeciones de conciencia por motivos políticos. Je. La transición ejemplar, nojequé.

Este tipo de actos son muy emocionantes en mi ciudad. Aquí todavía quedan fosas por excavar, hay gente que sabe que sus familiares están en cierto cementerio, que solo haría falta un presupuesto minúsculo y voluntad para poder recuperar sus restos, pero siguen esperando. Y acudiendo sin faltar a cada acto, con flores, con la bandera republicana, con la foto de sus antepasados desaparecidos y un manojito de flores. Que es más de lo que han podido hacer en otros momentos, pero no es suficiente.

Hasta que ha llegado nuestro turno de cantar hemos estado en un rinconcito, escuchando las intervenciones. Entretanto, dos compañeras hablaban de alguien o álguienes, no sé si de nuestro coro o del que no ha podido venir. El caso es que hablaban de que esa persona o personas no habían venido, justamente, por motivos políticos. Lo comentaban indignadas, pero cada una por un motivo. Una de ellas, desde el convencimiento democrático, que no puede ser más que antifascista. La otra, desde una postura apolítica que ya ha mostrado otras veces con comentarios como qué más da que no vayas a votar, si todos los políticos son iguales. Yo estaba callada, cerca, escuchando. Entonces, mi compañera la apolítica ha dejado caer una frase que me ha revuelto el mondongo: “¿Qué tiene que ver esta gente con todo eso?” ¿PERDONA? Dime que no entiendes de qué va el tema sin decirme que no entiendes de qué va el tema.

¿Que qué tienen que ver los familiares de los desaparecidos de la Guerra Civil con cuestiones políticas? Pues todo, querida. Todo. Porque los desaparecidos de según qué bando están enterrados en monumentos, han recibido homenajes durante décadas, sus hijos y viudas han sido atendidos y consolados. Sin embargo esa gente que hoy tenías delante había vivido humillada y con miedo, escuchando en susurros la historia de su tío o de su abuelo, y con más miedo y silencio habían vivido sus padres o madres, muchos de los cuales no pudieron dejar siquiera una flor sobre la tierra. No podemos salirnos por la tangente, despolitizando la Memoria y tachando de “cabezonería” el empeño de algunos en no ir a este tipo de eventos con su coro, no. Se trata de un evento profundamente político, comprometido con la democracia y la justicia. Y quien se opone no es cabezón, es antidemócrata, eso para empezar. Y para seguir, una mierda de persona, porque, si fuese posible despojar de connotaciones políticas este tipo de actos, la situación no mejora: ¿qué basura humana puede oponerse a la demanda de aquellos que quieren poder localizar y enterrar a sus muertos?

Que qué tiene que ver esta gente con nada de eso, dice. Otro día más el título del blog amortizándose: jodida, pero no sorprendida.


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Published on Dec 1, 2025

#Antes de leer, para pensar un poco...

¿Qué has cambiado de ti misma[^femenino] para sentirte digna de amor?

¿Qué cualidades de ti misma crees que merecen ser amadas? ¿Serías la misma sin las otras, las que consideras menos dignas de amor?

¿Qué cambiarías de la persona que amas?

Y ahora, el poema:

Me basta así, de Ángel González

Si yo fuese Dios

y tuviese el secreto,

haría

un ser exacto a ti;

lo probaría

(a la manera de los panaderos

cuando prueban el pan, es decir:

con la boca),

y si ese sabor fuese

igual al tuyo, o sea

tu mismo olor, y tu manera

de sonreír,

y de guardar silencio,

y de estrechar mi mano estrictamente,

y de besarnos sin hacernos daño

—de esto sí estoy seguro: pongo

tanta atención cuando te beso—;

entonces,

si yo fuese Dios,

podría repetirte y repetirte,

siempre la misma y siempre diferente,

sin cansarme jamás del juego idéntico,

sin desdeñar tampoco la que fuiste

por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero

aclarar que si yo fuese

Dios, haría

lo posible por ser Ángel González

para quererte tal como te quiero,

para aguardar con calma

a que te crees tú misma cada día,

a que sorprendas todas las mañanas

la luz recién nacida con tu propia

luz, y corras

la cortina impalpable que separa

el sueño de la vida,

resucitándome con tu palabra,

Lázaro alegre,

yo,

mojado todavía

de sombras y pereza,

sorprendido y absorto

en la contemplación de todo aquello

que, en unión de mí mismo,

recuperas y salvas, mueves, dejas

abandonado cuando —luego— callas…

(Escucho tu silencio.

Oigo

constelaciones: existes.

Creo en ti.

Eres.

Me basta.)

[^femenino]: femenino genérico.


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Published on Jun 23, 2026

... ni me levanto de la cama».

Eso fue lo que soltó un alumno en voz alta y en tono de cachondeo mientras les explicaba cómo iba la movida de los permios extraordinarios de bachillerato. Levanté la ceja derecha hasta el cielo al mismo tiempo que el alma se me caía a los pies. Pero claro, suerte para la mayor parte de mis alumnos, no saben lo que cuesta ganar 500 euros. No les hace falta. Tienen una familia que puede permitirse cubrir sus gastos, pagarles los libros, los estudios, incluso alguna universidad privada local si no entran a la carrera que quieren. No obstante, un 25% menos de desprecio en el comentario no habría estado mal. Pero bueno, son chavales y, además, privilegiados como para no ser conscientes de sus privilegios.

Hoy, en cambio, quien me ha hecho el comentario ha sido un adulto, un profesor. «Es que 500 euros a estos chavales no les solucionan nada». Os juro que le he mirado con desprecio, no lo he podido evitar. Y voy ya tan sin filtros que le he contado mi vida para ver si se le caía la cara de vergüenza: «¿Sabes cuántos libros se compran con 500 euros y, por ende, cuántas horas de seleccionar y fotocopiar en la biblioteca me habría ahorrado? ¿Sabes cuántos abonos de transporte se compran y, por tanto, cuántas horas de cruzarme la ciudad a pata me habría podido evitar? ¿Sabes cuántas horas de clases particulares hay que trabajar para ganar 500 euros? ¿Cuántas peonadas de vendimia? ¿Cuántas horas en la hostelería? ¿Qué porción del salario mínimo interprofesional supone?» Spoiler: no ha funcionado.

La mitad de los años que fui universitaria mi beca fue de unos 2500 euros. Con eso tenía que vivir 10 meses en Valencia. 500 euros ahí importan. La otra mitad, la beca se elevaba a algo más de 4000 euros. No mucho más. De ahí tenía que guardar, claro, para los años de 2500. Aun así, 500 euros son mucho.

A ver si va a ser que ya se ha abolido la pobreza y yo no me he enterado...


PD: Entiendo el cansancio y entiendo muchas cosas, paso con los chavales y chavalas muchas horas. Puedo aceptar que uno ya esté cansado y no tenga ganas. Que se haya esforzado mucho durante meses y quiera desconectar. Puedo entender muchísimas cosas. Pero otras no. Y este año se ve que es el año en el que me rodeo de gente (alumnado, compañeros de trabajo, compañeros de tribunal) que piensa que 500 euros no son nada y lo defiende sin sonrojo. Yo qué sé: el Ingreso Mínimo Vital mensual para 1 persona es de poco más de 730 euros. Tápense un poco, que se les ven los privilegios.


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