Compendio de historia anul

mensajera

El comienzo de la historia anul se asocia a distintos puntos de inflexión en su cultura, tecnología y evolución; se habla de su surgimiento del agua como si respirar el oxígeno del aire, en lugar de extraerlo del agua fuera más sofisticado. Se menciona la capacidad de escritura con un pincel o una vara como si fuera el único modo de dejar constancia de los hechos. Corren ríos de tinta hablando de cómo la agricultura de superficie supusiera el pináculo de su conocimiento, como si no hubieran desarrollado cultivos volumétricos en sus esferas subacuáticas.

Si se observa con atención, tierra, agricultura y escritura, tienen las tres un denominador común en los comienzos de la historia anul en la figura de la aradora.

La aradora es un reptil serpentino de colores brillantes, de predominante rojo y azul, aunque en ocasiones también se las ha visto con patrones celestes, morados y fucsias. De un tamaño que no sobrepasa el metro de longitud en su madurez, con un carácter dócil y su afición a hundirse en la tierra blanda, convirtió su domesticación en un proceso trivial y al animal en una valiosa herramienta para las labores agrarias. Con una cuidadosa planificación, la tierra florecía y los frutos abundaban bajo el auspicio de la aradora.

¿Quién iba a imaginar, que un cuerpo tan a propósito para la labranza pudiera poseer más virtudes?

Fue durante la plaga de la palitepcha cuando las aradoras hicieron gala de sus cualidades, llenando los campos de advertencias y señales, de un complejo sistema de símbolos y figuras que si los anul hubieran identificado con antelación o descifrado con mayor premura, los hubiera librado de la calamidad que asoló sus tierras más occidentales.

Sin embargo, aquella plaga no supuso el fin de los anul, sino el comienzo de su escritura, o como suele decirse, de su historia. Adoptaron aquellas formas y figuras como su propia expresión escrita, y no únicamente para comunicarse con las aradoras. Es de esos símbolos, simples en su esencia, que empezaron hablando de la experiencia inmediata: tierra, agua, lluvia, sol; de los cuales surgió el alfabeto agrario, y que con el tiempo se convertiría en el abecedario que usamos hoy en día.

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Cabe añadir un detalle que no menciona este texto, y es que con el tiempo las labores agrarias parecieron superfluas entre las virtudes de este animal. Su cualidad para la escritura los convirtió en seres casi inteligentes, muy fiables a la hora de transmitir un mensaje, como demuestra la exposición histórica de la Universidad de Taraccio en el que se exhiben los fósiles y restos de multitud de estas criaturas junto a los documentos con los se las halló. Sé a ciencia cierta que mucho de lo que sabemos, de lo que escribo, lo sabemos gracias a estas criaturas.
Me guardaré mis opiniones sobre los comienzos de la historia de los anul, a pesar de que las poseo en abundancia, pues no son tantas, ni tan precisas, ni tan concisas como las que podría dar mi buena amiga Cenani.

#extractiva #mensajera


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