“Tres modelos normativos de democracia”, J. Habermas

Tras leer el texto, no puedo pensar sino con dificultad que exista una sociedad civil que constituya una “base social de una esfera pública autónoma”. El poder del Estado y el poder del Mercado parecen atosigar hasta tal punto a la ciudananía que un espacio libre para que la sociedad autónoma actúe como contrapartida a estas dos lógicas, es decir, que constituya un espacio no sistémico, no dominado ora por la lógica estrátegica, ora por la lógica administrativa de reproducción del poder (en el caso de que en algún momento pudieramos separarlas) parece algo difícil de distinguir si uno no pone un gran empeño en hacerlo. Por otro lado, “el proceso de formación de la opinión y voluntad públicas” parece claramente secuestrado por la producción de subjetividad de las redes sociales. El “mundo de la vida” al que se refiere al final del texto transmite la sensación de quietud que expresa la mirada perdida de un sujeto lobotomizado que, cuando se mueve, lo hace como un zombie. Las “iniciativas de asociaciones conformadoras de opinión” parecen más bien iniciativas de asociaciones privadas de formación de opinión, que dan la sensación de constituirla y regenerarla espontáneamente, pero que, en un movimiento paradójico, la hilvanan finamente a través de impactantes afectos negativos canalizados mediante un algoritmo híper-customizado, generando realidades sociales completamente depredadoras entre ellas. No parece que estos recursos del mundo de la vida sean “difícilmente accesibles a los intentos de intervención y dirección”; quizá sí a una intervención política pero definitivamente no a una intervención privada. Finalmente, las exclusas que deberían ser la institucionalización de los procedimientos y presupuestos comunicativos que dan presunción de racionalidad a la voluntad y opinión democráticas están siendo continuamente derribadas por procedimientos de mercantilización y privatización; el filtro que hace potable el agua social se está vendiendo al mejor postor, que filtrará e infiltrará lo que dicte la lógica estratégica de mercado. No soy de los que creen que la transparencia deba ser una cualidad del agua social, pero sí debería serlo la potabilidad. Sin embargo, ni la transparencia ni la potabilidad son cualidades que impiden su potencial de energía hidráulica, sin la cual nada, ni Estado ni Mercado, se mueve. Hacia dónde es lo que queda por ver.