Los vampiros liberales
«Nos consideramos vegetarianos», le dice mientras intenta hacerse el interesante con una adolescente norteamericana de diecisiete años. Tras más de cien años viviendo en la piel de un joven, parece ser que las hormonas han afectado más de lo esperado a este anciano no tan anciano. Pero no me interesa ahora explayarme sobre la flagrante historia de pedofilia que tenemos delante, ni sobre lo mal que te puede llegar a caer Bella (¿lo han hecho adrede?). Lo que me interesa es el tema de vegetarianismo. Nos encontramos ante una familia de vampiros liberales que ha encontrado en la convivencia con los seres humanos un sentimiento de pertenencia; una pertenencia con sus evidentes fronteras y límites, pero pertenencia. Y claro, qué mejor para convivir con los humanos que respetar sus derechos. Entonces, de este modo, los vampiros liberales no se alimentan de humanos, sino de animales. Esta idea me fascina. Como antes, eludo el tema de que se denominen vegetarianos precisamente por comer animales. Lo que me parece atractivo es el hecho de que el cabeza de familia, Carlisle Cullen, decide ignorar completamente su condición de superioridad en la cadena trófica de seres que habitan el planeta Tierra para... ponerse al nivel de los humanos. ¿Qué otro artefacto, sino el liberalismo, sería capaz de operar tal cambio? De nuevo, completamente imbuido en su capacidad de ignorar que las relaciones humanas son relaciones antagónicas que encierran relaciones y estructuras de poder; imbuido de un universalismo que ha cautivado a nada menos que a un vampiro, haciendo que éste esté dispuesto a pagar el precio de ignorar la propia naturaleza para integrarse en una comunidad de ciudadanos. Este vampiro liberal, que decide ignorar la relación de poder que constituye su manera de habitar el planeta, no ignora otras relaciones de poder. Curiosamente, tras vivir más de cuatrocientos años, ha elegido ayudar a sus queridos humanos mediante la práctica de la medicina; es decir, ha decidido ayudarlos uno a uno, en bata. Y pensando que la historia se sitúa en los Estados Unidos, tras un velo de dólares. Ha elegido también formar parte del grupo de selectos vampiros heterosexuales con una familia canónica con descendencia «adoptada» a quienes ha convencido de los valores liberales de no matar a humanos; de no dominarlos mediante la fuerza, pero sí quizá mediante el trabajo u otras estructuras sociales menos esotéricas. En fin, una historia de ancianos pederastas, adolescentes sosas y vampiros liberales.