Espera
Yodo comenzó con detalles sin importancia. La misma canción sonando en varias tiendas. El número siete repitiéndose en el cambio, los portales en los que me fijaba, el minuto en el reloj. La misma frase en distintas personas, en distintas situaciones.
No le di importancia. Pero todo fue a más. Ya no eran repeticiones, parecían continuaciones.
Un hombre en el metro terminó en voz alta una idea que yo había dejado a medias cuando se abrieron las puertas. Una mujer sonrió con el mismo gesto que había visto en un muchacho dos calles atrás.
Me dije que todo era casualidad. Que estaba cansado.
Hasta que dudé. Me quedé quieto en un paso de peatones, sin decidirme a cruzar. Durante un instante, todo se detuvo. Los coches, la gente, incluso los segundos del semáforo.
Solo cuando me atreví a dar un paso, el mundo volvió a moverse. Todo me estaba esperando.
Este relato fue el primero que escribí para la semana 24 del taller de escritura de Librería Luces 2025/2026, pero al final llevé uno inspirado por algo que me ocurrió (y que ya publiqué aquí bajo el título Permanencia)
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