Una jaula de grillos: cuando el cine era libre y no tenía miedo

Hay películas que envejecen como el buen vino, y luego está “Una jaula de grillos” (The Birdcage, 1996). La volví a ver el otro día y, joder, qué bofetada de realidad me llevé al compararla con el cine que se hace hoy. No solo es una comedia magistral, es un recordatorio de una época en la que el cine se atrevía a reírse de todo y de todos sin que nadie se rasgara las vestiduras.

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Un reparto en estado de gracia

Lo de Robin Williams y Nathan Lane en esta película es de otro planeta. Williams, contenido pero brillante, y Lane, desatado en el papel de su vida. La química entre ellos es tan real, tan humana, que te olvidas de que estás viendo una comedia de enredos.

Pero es que los secundarios no se quedan atrás. Gene Hackman haciendo de senador ultraconservador es una delicia, y ver a Hank Azaria como Agador Spartacus es, sencillamente, historia del cine.

Comedia contra la hipocresía

Lo que hace grande a esta película no es solo el humor físico o los diálogos afilados. Es cómo utiliza la risa para desnudar la hipocresía de la sociedad. Enfrenta dos mundos: el de una pareja gay dueña de un club de cabaret en Miami y el de una familia política ultraconservadora que vive de las apariencias.

La genialidad reside en que se ríe de los dos bandos. No intenta dar lecciones de moral baratas ni se pone solemne. Al final, nos enseña que todos, seamos como seamos, somos igual de ridículos cuando intentamos aparentar algo que no somos.

¿Se podría hacer hoy?

Sinceramente, creo que no. Hoy vivimos en la era de la piel fina. Cualquier chiste, cualquier estereotipo, cualquier salida de tono sería analizada con lupa por los inquisidores de turno en las redes sociales. Se perdería la frescura y la mala leche que hacen que esta película funcione.

“Una jaula de grillos” es cine libre. Es una película que celebra la diversidad a través de la carcajada, no a través del sermón. Y eso es algo que el cine actual, tan preocupado por no molestar a nadie, parece haber olvidado por completo.

Si quieres reírte de verdad y ver una película que respira libertad por los cuatro costados, hazte un favor y vuelve a verla. Porque directores como Mike Nichols sabían que la mejor forma de unir a la gente no es el consenso forzado, sino una buena risa compartida.

Menos corrección política y más Agador Spartacus, por favor.

#CineySeries #Reseñas

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