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    <title>crítica &amp;mdash; Sin oficio ni beneficio</title>
    <link>https://escritura.social/dyskolo/tag:crítica</link>
    <description>editor y lector (ahora en París)</description>
    <pubDate>Sun, 05 Jul 2026 23:18:44 +0000</pubDate>
    <item>
      <title>Mito made in USA, los fundamentos de la cultura dominante </title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante</link>
      <description>&lt;![CDATA[img&#xA;&#xA;Si nos referimos a los mitos es casi seguro que nuestro pensamiento se traslade instantáneamente a esas epopeyas lejanas, vinculadas a civilizaciones pasadas, que con poca influencia ya en nuestros días se recogen en libros o trabajos antropológicos. Si nos detenemos un instante, quizá también relacionemos la palabra mito con alguno de los personajes actuales que pueblan nuestras pantallas o llevamos en nuestra memoria, sean estrellas del cine, del deporte o de la música. Su éxito puede ser analizado en base a la popularidad, las ganancias en sus negocios o los hitos profesionales. En la era del conocimiento y la tecnología los mitos parecen quedar relegados al mundo del espectáculo o ser figuras para el recuerdo.&#xA;!--more--&#xA;En Mito made in USA, Xan Eguía (Vigo 1975) considera por el contrario que &#34;el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto. Narraciones, ideas, personajes que suponen una visión de lo bueno, lo ontológicamente correcto, un modelo de conducta. Disfrutando de los golpes del héroe de turno en la gran pantalla, validando actitudes de apolíneos deportistas. Adorando una idea de patria. Odiando una idea extraña&#34;.&#xA;&#xA;En su libro Eguía se lanza a una búsqueda del sentido mítico en la cultura popular. En este caso, centrada en los Estados Unidos, exportadores de cultura mainstream de forma global. &#xA;&#xA;  Esto, como podemos suponer, implica una forma de entender el mundo, una idea acerca de bien y mal, una ideología. Por supuesto una estética, géneros propios y héroes como el cowboy y su mito de la frontera, los presidentes, sus actitudes y discursos. Los superhéroes, la llamada white trash, asesinos en serie como Unabomber, la utopía del cine familiar de los 80 y un largo etcétera. &#xA;&#xA;El texto trata de analizar y buscar otras formas de comprender, desde el punto de vista de la mitología, estas alegorías y cómo nos influyen hoy en día. Si es cierto que la nueva cosmogonía nos ha inducido a aceptar que el éxito es tener y consumir –el poder que nos permita satisfacer nuestros deseos, sin medida, sin límite–, entonces el mito americano, donde la desmesura es algo patente, no será una actitud denostada.&#xA;&#xA;Estados Unidos tiene el poder. Y gracias a su mito originario, en el que creen y al que otorgan poderes constituyentes, el pueblo puede aspirar a lo más alto. &#34;Encomendándose a Dios, el héroe, self-made man, triunfará en su lucha individual, símbolo de la lucha espiritual de la nación&#34;, apunta Eguía.&#xA;&#xA;  Peleando por la democracia (entrecomille el concepto, subráyelo o marque en negrita, a su gusto) en las oficinas de un periódico como Robert Redford en Todos los hombres del presidente, derrocando a Sadam o combatiendo a Hitler en las páginas del primer Capitán América. Sus presidentes, o sus soldados, son como reyes aqueos desembarcando en las playas de Ilión, la inmortal Troya (léase Normandía). In God we trust, reza el dólar. &#xA;&#xA;Si en lo que respecta al contenido el libro se mantiene un equilibrio entre las descripciones, amenas y directas, para el lector y la precisión conceptual de términos académicos, atendiendo a su estructura nos espera una original propuesta no basada en capítulos sino en enmiendas, jugando con conceptos americanos muy conocidos y citados en numerosas ocasiones como si de las Tablas de la Ley se tratasen. &#xA;&#xA;Así, en la Primera Enmienda se abordan las cuestiones de la libertad de expresión y religiosa, planteando al lector una aproximación desde la mitología escondida en el billete de dólar, una plausible defensa de la propiedad privada por parte de Superman, o la descripción de lo que significó la censura que sufrieron los cómics y la vida de john Edgar Hoover, primer director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI).&#xA;&#xA;La Segunda Enmienda, una de las más interesantes del texto, nos adentra en la figura del cowboy como mito de origen, para ayudarnos a entender el concepto de frontera, el medio oeste, las políticas de los presidentes cowboy (Roosvelt, L.B. Johnson, Reagan) y lo que hoy son nuevas fronteras.&#xA;&#xA;En la Tercera Enmienda se alude al ejército, analizando el arquetipo que sirvió de herramienta ideológica, propagandística, para demonizar primero a los alemanes y posteriormente a los soviéticos, y encumbrar a héroes americanos.&#xA;&#xA;Las enmiendas siguientes se centran en cuestiones como la esclavitud, vista desde la perspectiva del deporte-mito y las conexiones de los &#34;héroes&#34; actuales de la NBA; la propaganda y la ideología, estudiando el famoso discurso Yes we can de Barack Obama y la idea de presidente como arquetipo; el sincretismo de la población afroamericana; el desarrollo de la sociedad norteamericana en el siglo XX a la luz de la Ley seca, el jazz o el crack del 29; y la visión clásica de la mujer, sirviéndose para ello del arquetipo femenino a través de clásicos del cine de Hollywood, cómics de los años 30 y 40 o sobre conceptos como pin-up, femme fatale, vamps o la histeria como enfermedad femenina.&#xA;&#xA;Sin tratar de realizar una descripción exhaustiva de los numerosos temas que el autor saca a colación ni de los modelos utilizados de los que se sirve para su tarea, baste aclarar que la intención del autor es &#34;crear una madeja de ideas, personajes, conceptos propios de la mitología que nos hagan sentir la presencia de lo mítico de diversas formas. Que podamos percibirlo y analizarlo&#34;. Y como en toda red de sentido construida, &#34;se retoman temas, se enlazan, se superponen. Por supuesto, con intención de hacer asequible la lectura a cualquier lector, de ahí la división de capítulos y de volver sobre diversos temas desde enfoques diferentes&#34;.&#xA;&#xA;Pero la crítica al mito americano (conjunto, en realidad, de múltiples creencias ampliamente extendidas) no estaría completa si no fuéramos conscientes de lo que implica el consumo habitual y cotidiano del mismo, y es el propio autor quien entona el mea culpa al reconocer que&#xA;&#xA;  de niño disfruté del Tarzán de Johnny Weissmüller, de apaches de ojos azules, de La Masa cuando todavía no era The Hulk. Viví amagos de infarto cuando el monstruoso E.T. al fin aparece en la pantalla de cine, o con el estreno en nochevieja del Thriller. Kurt Cobain y animadoras con tattoos y símbolos de anarquía. Una manzana mordida. El World Trade Center. ¿Te gusta la Coca-Cola, Baby Joda, John Wick? ¿Netflix, el rock’n’roll o el rap? Entonces sí, eres cómplice.&#xA;&#xA;Es claro que cada quien tiene sus propios mitos, que le ayudan a descifrar el mundo en el que vivimos, estructuran su escala de valores y le encaminan hacia una estética presidida por la televisión, el cine, la literatura, el arte o las tradiciones propias. Y que, por supuesto, todo ello condiciona nuestra ideología, nuestra forma de ser y de pensar. Pero conviene parase de vez en cuando detenerse y analizarse, de dónde procede nuestro ser irracional y qué parte forjamos a partir del análisis y la reflexión, no basta con que los demás corroboren nuestras creencias, moral o costumbres. Y en eso, el libro de Xan Eguía es una pertinente herramienta de autoexamen.&#xA;&#xA;#libros #crítica &#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><img src="https://primary.jwwb.nl/public/h/h/w/temp-tneraxoagstxlqnoawtq/n672f2/banner_mito.jpg?enable-io=true&amp;enable=upscale&amp;fit=cover&amp;width=900&amp;height=246" alt="img"></p>

<p>Si nos referimos a los mitos es casi seguro que nuestro pensamiento se traslade instantáneamente a esas epopeyas lejanas, vinculadas a civilizaciones pasadas, que con poca influencia ya en nuestros días se recogen en libros o trabajos antropológicos. Si nos detenemos un instante, quizá también relacionemos la palabra <em>mito</em> con alguno de los personajes actuales que pueblan nuestras pantallas o llevamos en nuestra memoria, sean estrellas del cine, del deporte o de la música. Su éxito puede ser analizado en base a la popularidad, las ganancias en sus negocios o los hitos profesionales. En la era del conocimiento y la tecnología los mitos parecen quedar relegados al mundo del espectáculo o ser figuras para el recuerdo.

En <a href="https://www.dyskolo.cc/product/13411847/mito-made-in-usa" rel="nofollow"><em>Mito made in USA</em></a>, Xan Eguía (Vigo 1975) considera por el contrario que “el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto. Narraciones, ideas, personajes que suponen una visión de lo bueno, lo ontológicamente correcto, un modelo de conducta. Disfrutando de los golpes del héroe de turno en la gran pantalla, validando actitudes de apolíneos deportistas. Adorando una idea de patria. Odiando una idea extraña”.</p>

<p>En su libro Eguía se lanza a una búsqueda del sentido mítico en la cultura popular. En este caso, centrada en los Estados Unidos, exportadores de cultura <em>mainstream</em> de forma global.</p>

<blockquote><p>Esto, como podemos suponer, implica una forma de entender el mundo, una idea acerca de bien y mal, una ideología. Por supuesto una estética, géneros propios y héroes como el cowboy y su mito de la frontera, los presidentes, sus actitudes y discursos. Los superhéroes, la llamada white trash, asesinos en serie como Unabomber, la utopía del cine familiar de los 80 y un largo etcétera.</p></blockquote>

<p>El texto trata de analizar y buscar otras formas de comprender, desde el punto de vista de la mitología, estas alegorías y cómo nos influyen hoy en día. Si es cierto que la nueva cosmogonía nos ha inducido a aceptar que el éxito es tener y consumir –el poder que nos permita satisfacer nuestros deseos, sin medida, sin límite–, entonces el mito americano, donde la desmesura es algo patente, no será una actitud denostada.</p>

<p>Estados Unidos tiene el poder. Y gracias a su mito originario, en el que creen y al que otorgan poderes constituyentes, el pueblo puede aspirar a lo más alto. “Encomendándose a Dios, el héroe, <em>self-made man</em>, triunfará en su lucha individual, símbolo de la lucha espiritual de la nación”, apunta Eguía.</p>

<blockquote><p>Peleando por la democracia (entrecomille el concepto, subráyelo o marque en negrita, a su gusto) en las oficinas de un periódico como Robert Redford en <em>Todos los hombres del presidente</em>, derrocando a Sadam o combatiendo a Hitler en las páginas del primer <em>Capitán América</em>. Sus presidentes, o sus soldados, son como reyes aqueos desembarcando en las playas de Ilión, la inmortal Troya (léase Normandía). <em>In God we trust</em>, reza el dólar.</p></blockquote>

<p>Si en lo que respecta al contenido el libro se mantiene un equilibrio entre las descripciones, amenas y directas, para el lector y la precisión conceptual de términos académicos, atendiendo a su estructura nos espera una original propuesta no basada en capítulos sino en enmiendas, jugando con conceptos americanos muy conocidos y citados en numerosas ocasiones como si de las Tablas de la Ley se tratasen.</p>

<p>Así, en la Primera Enmienda se abordan las cuestiones de la libertad de expresión y religiosa, planteando al lector una aproximación desde la mitología escondida en el billete de dólar, una plausible defensa de la propiedad privada por parte de Superman, o la descripción de lo que significó la censura que sufrieron los cómics y la vida de john Edgar Hoover, primer director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI).</p>

<p>La Segunda Enmienda, una de las más interesantes del texto, nos adentra en la figura del cowboy como mito de origen, para ayudarnos a entender el concepto de frontera, el medio oeste, las políticas de los presidentes cowboy (Roosvelt, L.B. Johnson, Reagan) y lo que hoy son nuevas fronteras.</p>

<p>En la Tercera Enmienda se alude al ejército, analizando el arquetipo que sirvió de herramienta ideológica, propagandística, para demonizar primero a los alemanes y posteriormente a los soviéticos, y encumbrar a héroes americanos.</p>

<p>Las enmiendas siguientes se centran en cuestiones como la esclavitud, vista desde la perspectiva del deporte-mito y las conexiones de los “héroes” actuales de la NBA; la propaganda y la ideología, estudiando el famoso discurso <em>Yes we can</em> de Barack Obama y la idea de presidente como arquetipo; el sincretismo de la población afroamericana; el desarrollo de la sociedad norteamericana en el siglo XX a la luz de la Ley seca, el jazz o el crack del 29; y la visión clásica de la mujer, sirviéndose para ello del arquetipo femenino a través de clásicos del cine de Hollywood, cómics de los años 30 y 40 o sobre conceptos como <em>pin-up</em>, <em>femme fatale</em>, <em>vamps</em> o la histeria como enfermedad femenina.</p>

<p>Sin tratar de realizar una descripción exhaustiva de los numerosos temas que el autor saca a colación ni de los modelos utilizados de los que se sirve para su tarea, baste aclarar que la intención del autor es “crear una madeja de ideas, personajes, conceptos propios de la mitología que nos hagan sentir la presencia de lo mítico de diversas formas. Que podamos percibirlo y analizarlo”. Y como en toda red de sentido construida, “se retoman temas, se enlazan, se superponen. Por supuesto, con intención de hacer asequible la lectura a cualquier lector, de ahí la división de capítulos y de volver sobre diversos temas desde enfoques diferentes”.</p>

<p>Pero la crítica al mito americano (conjunto, en realidad, de múltiples creencias ampliamente extendidas) no estaría completa si no fuéramos conscientes de lo que implica el consumo habitual y cotidiano del mismo, y es el propio autor quien entona el <em>mea culpa</em> al reconocer que</p>

<blockquote><p>de niño disfruté del Tarzán de Johnny Weissmüller, de apaches de ojos azules, de <em>La Masa</em> cuando todavía no era <em>The Hulk</em>. Viví amagos de infarto cuando el monstruoso E.T. al fin aparece en la pantalla de cine, o con el estreno en nochevieja del <em>Thriller</em>. Kurt Cobain y animadoras con <em>tattoos</em> y símbolos de anarquía. Una manzana mordida. El World Trade Center. ¿Te gusta la Coca-Cola, Baby Joda, John Wick? ¿Netflix, el rock’n’roll o el rap? Entonces sí, eres cómplice.</p></blockquote>

<p>Es claro que cada quien tiene sus propios mitos, que le ayudan a descifrar el mundo en el que vivimos, estructuran su escala de valores y le encaminan hacia una estética presidida por la televisión, el cine, la literatura, el arte o las tradiciones propias. Y que, por supuesto, todo ello condiciona nuestra <em>ideología</em>, nuestra forma de ser y de pensar. Pero conviene parase de vez en cuando detenerse y analizarse, de dónde procede nuestro ser irracional y qué parte forjamos a partir del análisis y la reflexión, no basta con que los demás corroboren nuestras creencias, moral o costumbres. Y en eso, el libro de Xan Eguía es una pertinente herramienta de autoexamen.</p>

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      <guid>https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante</guid>
      <pubDate>Fri, 01 Mar 2024 09:27:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Lectura crítica y mercado editorial</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/lectura-critica-y-mercado-editorial-x5ym</link>
      <description>&lt;![CDATA[[Artículo escrito en marzo de 2016]&#xA;&#xA;Hace unos días la editorial Tierradenadie presentó en el Fòrum de Debats de la Universitat de Valencia el libro “Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual”, coordinado por David Becerra Mayor, y en el que se analizan obras específicas o las trayectorias literarias de Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Alfons Cervera, Rafael Reig, Elvira Navarro, Fernando Díaz, Eva Fernández, Javier Mestre, Matías Escalera, Fanny Rubio y Juan Francisco Ferré.&#xA;!--more--&#xA;En la crónica sobre el evento, realizada por Enric Llopis, se incide en la importancia de este ensayo de 500 páginas por cuanto pone en cuestión “el canon establecido, pero sin plantear un modelo cerrado, [sino que] realmente el ensayo es una invitación al debate”. Un libro que trata de responder a la pregunta: “¿Existe acaso y es posible una novela crítica —disidente, contrahegemónica, de oposición— en el capitalismo avanzado, cuando éste muestra su rostro más totalizador?”.&#xA;&#xA;Para David Becerra el discurso dominante en la literatura (capitaneado por autores integrados como José Ángel Mañas, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes o Javier Cercas) ha borrado al capitalismo del relato, remitiendo los conflictos de los personajes al terreno de los problemas individuales o a lugares comunes como el que responsabiliza a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades. De modo que la literatura antagónica de Rafael Chirbes o Belén Gopegui, por citar solo dos ejemplos, esa novela que cuestiona los fundamentos del poder y que es digna heredera del “realismo social” aparecido en las décadas 50 y 60 del pasado siglo, continúa siendo denostada como entonces. Si hace unos años se decía de estas novelas que estaban mal escritas, porque anteponían las consignas políticas al estilo literario, y dejaron de estudiarse en las universidades. Hoy los suplementos literarios de los grandes grupos mediáticos —como “Babelia”, de El País— barren contra los escritores “comprometidos” con argumentos parecidos como la pobreza de estilo, la falta de originalidad por los argumentos recurrentes o un supuesto anclaje en la realidad de hace cuatro décadas.&#xA;&#xA;Es cierto, como en su día denunció Chirbes, que “la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos”. Presentadores de televisión o periodistas estrella se convierten en novelistas, con la misma facilidad que los escritores devienen en asalariados de estos emporios, donde unos y otros publican columnas en sus periódicos, novelas en sus editoriales, o participan como tertulianos en sus emisoras de radio o cadenas de televisión. Que además la crítica, en su papel de revisora del tren de la literatura, vigila para que no se cuelen en los vagones de primera quienes deben ir en tercera de acuerdo a ese sistema de afinidades electivas. Un mecanismo que aparentemente parece dejar la puerta abierta a la lectura bajo la máxima de que todo se puede leer, de que “todo vale” (no estamos en una dictadura que censure textos y autores). Sin embargo, dice Constantino Bértolo, la realidad es que “no todo vale lo mismo, que lo que más vale es lo que más se hace valer, es decir, lo que más se promociona. Entretenerse escondería así su verdadero rostro: la aceptación de los valores dominantes”. En otras épocas, los regímenes totalitarios contaban con los mecanismos necesarios para prohibir o impedir la difusión de determinados escritos, con mayor o menor éxito. Ahora el poderoso e impersonal mercado se encarga de proyectar el consenso literario sobre los escaparates de los medios hegemónicos. Lo que Bértolo denomina la inteligencia mercantil: la industria del ocio y sus servicios adyacentes. Detrás de una presunta calidad literaria, o estilos preferidos por los lectores, se ejerce una criba ideológica que se ajusta al proyecto social, económico y político que persigue la globalización neoliberal. Al tiempo que se ensalza a determinados autores y se imponen ciertas modas, se van eliminando espacios de debate, como la universidad, y se margina a cuantos se mueven fuera de los límites del canon. Prestigio y ventas, parecen ser los vectores de un buen escritor.&#xA;&#xA;En medio de ese lodazal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum nos dice que el capitalismo ha convertido a la literatura en una simple niñera que se ocupa de los adultos cuando salen del trabajo. La lectura como entretenimiento supone o bien un abandono de nuestros quehaceres, o bien un divertimento para hacer más llevadera nuestra existencia o recrear nuestro ánimo. De lo que se desprende, en palabras de Bértolo, “que quienes, por mor de entretenimiento, nos incitan a la lectura, o bien quieren que dejemos de hacer aquello que tenemos que hacer, o bien, conscientes de algún descontento que nos atenaza, desean que satisfagamos nuestra carencia con un sucedáneo: la lectura, fomentando así la irresponsabilidad y el autoengaño”.&#xA;&#xA;Esta perspectiva nos enfrenta a un problema añadido el autor como marca y la novela como espectáculo constituyen en manos de los grandes grupos el inicio de una campaña, de un bombardeo mediático, con el que se dirige la lectura hacia los códigos establecidos por el poder. El acto de leer se circunscribe entonces al ámbito privado y personal de ocio y consumo. Cada vez son menos los lectores que consiguen escapar de esa espiral, quedando la mayoría atrapados en los gustos dictados por la industria, al igual que les ocurre a los jóvenes novelistas que, habiendo perdido el interés por la tradición literaria, desprecian en la misma medida que desconocen el pasado de su lengua.&#xA;&#xA;El debate, por tanto, no se limita a denunciar el papel censor del mercado editorial, sino a ofrecer alternativas para escritores y lectores que rompan el círculo infernal en el que nos encontramos. Una de ellas, enunciada por Bértolo hace ya unos años, propone una visión de la lectura como un acto colectivo al que solo la comunidad puede otorgar sentido, y para lo cual las bibliotecas pueden jugar un importante papel, convirtiéndose en “espacios de lectura compartida, a medio camino entre la lectura colectiva (en voz alta) y la lectura privada. Espacio para el intercambio crítico de los juicios y gustos privados”.   &#xA;&#xA;¿Qué futuro nos espera sin alternativas? Seguramente seamos capaces de plantear otras muchas. &#xA;&#xA;#edición #lectura #crítica&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>[Artículo escrito en marzo de 2016]</em></p>

<p>Hace unos días la editorial Tierradenadie presentó en el Fòrum de Debats de la Universitat de Valencia el libro “Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual”, coordinado por David Becerra Mayor, y en el que se analizan obras específicas o las trayectorias literarias de Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Alfons Cervera, Rafael Reig, Elvira Navarro, Fernando Díaz, Eva Fernández, Javier Mestre, Matías Escalera, Fanny Rubio y Juan Francisco Ferré.

En la crónica sobre el evento, <a href="https://rebelion.org/el-capitalismo-un-espectro-literario-recorre-el-mundo/" rel="nofollow">realizada por Enric Llopis</a>, se incide en la importancia de este ensayo de 500 páginas por cuanto pone en cuestión “el canon establecido, pero sin plantear un modelo cerrado, [sino que] realmente el ensayo es una invitación al debate”. Un libro que trata de responder a la pregunta: “¿Existe acaso y es posible una novela crítica —disidente, contrahegemónica, de oposición— en el capitalismo avanzado, cuando éste muestra su rostro más totalizador?”.</p>

<p>Para David Becerra el discurso dominante en la literatura (capitaneado por autores integrados como José Ángel Mañas, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes o Javier Cercas) ha borrado al capitalismo del relato, remitiendo los conflictos de los personajes al terreno de los problemas individuales o a lugares comunes como el que responsabiliza a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades. De modo que la literatura antagónica de Rafael Chirbes o Belén Gopegui, por citar solo dos ejemplos, esa novela que cuestiona los fundamentos del poder y que es digna heredera del “realismo social” aparecido en las décadas 50 y 60 del pasado siglo, continúa siendo denostada como entonces. Si hace unos años se decía de estas novelas que estaban mal escritas, porque anteponían las consignas políticas al estilo literario, y dejaron de estudiarse en las universidades. Hoy los suplementos literarios de los grandes grupos mediáticos —como “Babelia”, de El País— barren contra los escritores “comprometidos” con argumentos parecidos como la pobreza de estilo, la falta de originalidad por los argumentos recurrentes o un supuesto anclaje en la realidad de hace cuatro décadas.</p>

<p>Es cierto, como en su día denunció Chirbes, que “la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos”. Presentadores de televisión o periodistas estrella se convierten en novelistas, con la misma facilidad que los escritores devienen en asalariados de estos emporios, donde unos y otros publican columnas en sus periódicos, novelas en sus editoriales, o participan como tertulianos en sus emisoras de radio o cadenas de televisión. Que además la crítica, en su papel de revisora del tren de la literatura, vigila para que no se cuelen en los vagones de primera quienes deben ir en tercera de acuerdo a ese sistema de afinidades electivas. Un mecanismo que aparentemente parece dejar la puerta abierta a la lectura bajo la máxima de que todo se puede leer, de que “todo vale” (no estamos en una dictadura que censure textos y autores). Sin embargo, dice Constantino Bértolo, la realidad es que “no todo vale lo mismo, que lo que más vale es lo que más se hace valer, es decir, lo que más se promociona. Entretenerse escondería así su verdadero rostro: la aceptación de los valores dominantes”. En otras épocas, los regímenes totalitarios contaban con los mecanismos necesarios para prohibir o impedir la difusión de determinados escritos, con mayor o menor éxito. Ahora el poderoso e impersonal mercado se encarga de proyectar el consenso literario sobre los escaparates de los medios hegemónicos. Lo que Bértolo denomina la <em>inteligencia mercantil</em>: la industria del ocio y sus servicios adyacentes. Detrás de una presunta calidad literaria, o estilos preferidos por los lectores, se ejerce una criba ideológica que se ajusta al proyecto social, económico y político que persigue la globalización neoliberal. Al tiempo que se ensalza a determinados autores y se imponen ciertas modas, se van eliminando espacios de debate, como la universidad, y se margina a cuantos se mueven fuera de los límites del canon. Prestigio y ventas, parecen ser los vectores de un buen escritor.</p>

<p>En medio de ese lodazal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum nos dice que el capitalismo ha convertido a la literatura en una simple niñera que se ocupa de los adultos cuando salen del trabajo. La lectura como entretenimiento supone o bien un abandono de nuestros quehaceres, o bien un divertimento para hacer más llevadera nuestra existencia o recrear nuestro ánimo. De lo que se desprende, en palabras de Bértolo, “que quienes, por mor de entretenimiento, nos incitan a la lectura, o bien quieren que dejemos de hacer aquello que tenemos que hacer, o bien, conscientes de algún descontento que nos atenaza, desean que satisfagamos nuestra carencia con un sucedáneo: la lectura, fomentando así la irresponsabilidad y el autoengaño”.</p>

<p>Esta perspectiva nos enfrenta a un problema añadido el autor como marca y la novela como espectáculo constituyen en manos de los grandes grupos el inicio de una campaña, de un bombardeo mediático, con el que se dirige la lectura hacia los códigos establecidos por el poder. El acto de leer se circunscribe entonces al ámbito privado y personal de ocio y consumo. Cada vez son menos los lectores que consiguen escapar de esa espiral, quedando la mayoría atrapados en los gustos dictados por la industria, al igual que les ocurre a los jóvenes novelistas que, habiendo perdido el interés por la tradición literaria, desprecian en la misma medida que desconocen el pasado de su lengua.</p>

<p>El debate, por tanto, no se limita a denunciar el papel censor del mercado editorial, sino a ofrecer alternativas para escritores y lectores que rompan el círculo infernal en el que nos encontramos. Una de ellas, enunciada por Bértolo hace ya unos años, propone una visión de la lectura como un acto colectivo al que solo la comunidad puede otorgar sentido, y para lo cual las bibliotecas pueden jugar un importante papel, convirtiéndose en “espacios de lectura compartida, a medio camino entre la lectura colectiva (en voz alta) y la lectura privada. Espacio para el intercambio crítico de los juicios y gustos privados”.</p>

<p>¿Qué futuro nos espera sin alternativas? Seguramente seamos capaces de plantear otras muchas.</p>

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      <guid>https://escritura.social/dyskolo/lectura-critica-y-mercado-editorial-x5ym</guid>
      <pubDate>Sat, 23 Dec 2023 11:28:40 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title>Categorías</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/categorias</link>
      <description>&lt;![CDATA[autores&#xA;ebooks&#xA;libros&#xA;encuentros&#xA;edición&#xA;lectura&#xA;crítica]]&gt;</description>
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      <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 20:15:45 +0000</pubDate>
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