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    <title>Sin oficio ni beneficio</title>
    <link>https://escritura.social/dyskolo/</link>
    <description>editor y lector (ahora en París)</description>
    <pubDate>Thu, 09 Apr 2026 05:13:23 +0000</pubDate>
    <item>
      <title>Un mes para leer</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/un-mes-para-leer</link>
      <description>&lt;![CDATA[Noticias y novedades de marzo&#xA;&#xA;img&#xA;Llegó marzo y con él un nuevo libro de nuestra editorial: Mito made in USA de Xan Eguía (Vigo 1975). Un texto en el que se indaga sobre el significado de determinados &#39;mitos&#39; en el imaginario de los Estados Unidos, exportadores de cultura mainstream de forma global y la forma en que estas alegorías nos influyen hoy en día. El cine de Hollywood, series, cómics, literatura pulp… Eguía se vale de estos y otros muchos elementos para recordarnos en un lenguaje certero y directo  que &#34;el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto&#34;.&#xA;!--more--&#xA;Para quien tenga interés en el libro dejamos aquí una reseña que se acaba de publicar: https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante&#xA;&#xA;Para leer&#xA;&#xA;Marzo es un mes reivindicativo, el día 8 por la mujer trabajadora y el 21 con motivo del Día Mundial de la Poesía. De modo que, uniendo ambas efemérides, bien podríamos traer a colación autoras y poetas de nuestro catálogo, o este ebook (libre) de Concepción Arenal.&#xA;&#xA;Pero también es un mes para recordar al universal César Vallejo. El próximo 16 se cumplirán 132 años de su nacimiento en Santiago de Chuco (Perú), por lo que tanto sus Poemas humanos como su libro de relatos Escalas pueden ser igualmente merecedores de ser (re)leídos.&#xA;&#xA;Aprovechamos para recordar a otros dos grandes autores que nos dejaron un 25 de marzo: Armando López Salinas, en 2014, autor de Año tras año (Dyskolo, 2015) y Una historia familiar; y Rodolfo Walsh, asesinado por la dictadura argentina en 1977, y que nos dejó su valiente testimonio La revolución palestina. &#xA;&#xA;Para compartir&#xA;&#xA;Hace unos meses un grupo de entidades y personas vinculadas al mundo editorial pusieron en marcha la campaña Libros contra la guerra. En ese momento para tratar de frenar la guerra en Ucrania con una llamada a la vida frente a la disyuntiva militarista de matar o morir. Ahora también contra la limpieza étnica y el genocidio que Israel está perpetrando en Gaza, ante la mirada cómplice de Occidente.&#xA;&#xA;Puedes sumarte a la campaña, participar en las actividades que se realizan o difundir esta iniciativa. Toda la información en la página: https://www.libroscontralaguerra.org/&#xA;&#xA;Gracias.&#xA;&#xA;#ebooks #libros #lectura&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Noticias y novedades de marzo</strong></p>

<p><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F496bf899-3a5e-42e1-8cd8-45f3aa43aac5_1288x521.jpeg" alt="img">
Llegó marzo y con él un nuevo libro de nuestra editorial: <strong><em><a href="https://www.dyskolo.cc/product/13411847/mito-made-in-usa" rel="nofollow">Mito made in USA</a></em></strong> de Xan Eguía (Vigo 1975). Un texto en el que se indaga sobre el significado de determinados &#39;mitos&#39; en el imaginario de los Estados Unidos, exportadores de cultura <em>mainstream</em> de forma global y la forma en que estas alegorías nos influyen hoy en día. El cine de Hollywood, series, cómics, literatura <em>pulp</em>… Eguía se vale de estos y otros muchos elementos para recordarnos en un lenguaje certero y directo  que “el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto”.

Para quien tenga interés en el libro dejamos aquí una reseña que se acaba de publicar: <a href="https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante" rel="nofollow">https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante</a></p>

<p><strong>Para leer</strong></p>

<p>Marzo es un mes reivindicativo, el día 8 por la mujer trabajadora y el 21 con motivo del Día Mundial de la Poesía. De modo que, uniendo ambas efemérides, bien podríamos traer a colación autoras y poetas de <a href="https://www.dyskolo.cc/ebooks" rel="nofollow">nuestro catálogo</a>, o este <a href="https://www.dyskolo.cc/noticias/1287631_un-libro-libre-para-un-8-de-marzo" rel="nofollow">ebook (libre) de Concepción Arenal</a>.</p>

<p>Pero también es un mes para recordar al universal César Vallejo. El próximo 16 se cumplirán 132 años de su nacimiento en Santiago de Chuco (Perú), por lo que tanto sus <a href="https://www.dyskolo.cc/catalogo/lib037" rel="nofollow"><em>Poemas humanos</em></a> como su libro de relatos <a href="https://www.dyskolo.cc/catalogo/lib052" rel="nofollow"><em>Escalas</em></a> pueden ser igualmente merecedores de ser (re)leídos.</p>

<p>Aprovechamos para recordar a otros dos grandes autores que nos dejaron un 25 de marzo: Armando López Salinas, en 2014, autor de <a href="https://www.dyskolo.cc/catalogo/lib012" rel="nofollow"><em>Año tras año</em></a> (Dyskolo, 2015) y <a href="https://www.dyskolo.cc/breve/nb005" rel="nofollow"><em>Una historia familiar</em></a>; y Rodolfo Walsh, asesinado por la dictadura argentina en 1977, y que nos dejó su valiente testimonio <a href="https://www.dyskolo.cc/catalogo/lib074" rel="nofollow"><em>La revolución palestina</em></a>.</p>

<p><strong>Para compartir</strong></p>

<p>Hace unos meses un grupo de entidades y personas vinculadas al mundo editorial pusieron en marcha la campaña <a href="https://www.libroscontralaguerra.org/" rel="nofollow"><strong>Libros contra la guerra</strong></a>. En ese momento para tratar de frenar la guerra en Ucrania con una llamada a la vida frente a la disyuntiva militarista de matar o morir. Ahora también contra la limpieza étnica y el genocidio que Israel está perpetrando en Gaza, ante la mirada cómplice de Occidente.</p>

<p>Puedes sumarte a la campaña, participar en las actividades que se realizan o difundir esta iniciativa. Toda la información en la página: <a href="https://www.libroscontralaguerra.org/" rel="nofollow">https://www.libroscontralaguerra.org/</a></p>

<p>Gracias.</p>

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]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/dyskolo/un-mes-para-leer</guid>
      <pubDate>Mon, 04 Mar 2024 16:47:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Mito made in USA, los fundamentos de la cultura dominante </title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante</link>
      <description>&lt;![CDATA[img&#xA;&#xA;Si nos referimos a los mitos es casi seguro que nuestro pensamiento se traslade instantáneamente a esas epopeyas lejanas, vinculadas a civilizaciones pasadas, que con poca influencia ya en nuestros días se recogen en libros o trabajos antropológicos. Si nos detenemos un instante, quizá también relacionemos la palabra mito con alguno de los personajes actuales que pueblan nuestras pantallas o llevamos en nuestra memoria, sean estrellas del cine, del deporte o de la música. Su éxito puede ser analizado en base a la popularidad, las ganancias en sus negocios o los hitos profesionales. En la era del conocimiento y la tecnología los mitos parecen quedar relegados al mundo del espectáculo o ser figuras para el recuerdo.&#xA;!--more--&#xA;En Mito made in USA, Xan Eguía (Vigo 1975) considera por el contrario que &#34;el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto. Narraciones, ideas, personajes que suponen una visión de lo bueno, lo ontológicamente correcto, un modelo de conducta. Disfrutando de los golpes del héroe de turno en la gran pantalla, validando actitudes de apolíneos deportistas. Adorando una idea de patria. Odiando una idea extraña&#34;.&#xA;&#xA;En su libro Eguía se lanza a una búsqueda del sentido mítico en la cultura popular. En este caso, centrada en los Estados Unidos, exportadores de cultura mainstream de forma global. &#xA;&#xA;  Esto, como podemos suponer, implica una forma de entender el mundo, una idea acerca de bien y mal, una ideología. Por supuesto una estética, géneros propios y héroes como el cowboy y su mito de la frontera, los presidentes, sus actitudes y discursos. Los superhéroes, la llamada white trash, asesinos en serie como Unabomber, la utopía del cine familiar de los 80 y un largo etcétera. &#xA;&#xA;El texto trata de analizar y buscar otras formas de comprender, desde el punto de vista de la mitología, estas alegorías y cómo nos influyen hoy en día. Si es cierto que la nueva cosmogonía nos ha inducido a aceptar que el éxito es tener y consumir –el poder que nos permita satisfacer nuestros deseos, sin medida, sin límite–, entonces el mito americano, donde la desmesura es algo patente, no será una actitud denostada.&#xA;&#xA;Estados Unidos tiene el poder. Y gracias a su mito originario, en el que creen y al que otorgan poderes constituyentes, el pueblo puede aspirar a lo más alto. &#34;Encomendándose a Dios, el héroe, self-made man, triunfará en su lucha individual, símbolo de la lucha espiritual de la nación&#34;, apunta Eguía.&#xA;&#xA;  Peleando por la democracia (entrecomille el concepto, subráyelo o marque en negrita, a su gusto) en las oficinas de un periódico como Robert Redford en Todos los hombres del presidente, derrocando a Sadam o combatiendo a Hitler en las páginas del primer Capitán América. Sus presidentes, o sus soldados, son como reyes aqueos desembarcando en las playas de Ilión, la inmortal Troya (léase Normandía). In God we trust, reza el dólar. &#xA;&#xA;Si en lo que respecta al contenido el libro se mantiene un equilibrio entre las descripciones, amenas y directas, para el lector y la precisión conceptual de términos académicos, atendiendo a su estructura nos espera una original propuesta no basada en capítulos sino en enmiendas, jugando con conceptos americanos muy conocidos y citados en numerosas ocasiones como si de las Tablas de la Ley se tratasen. &#xA;&#xA;Así, en la Primera Enmienda se abordan las cuestiones de la libertad de expresión y religiosa, planteando al lector una aproximación desde la mitología escondida en el billete de dólar, una plausible defensa de la propiedad privada por parte de Superman, o la descripción de lo que significó la censura que sufrieron los cómics y la vida de john Edgar Hoover, primer director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI).&#xA;&#xA;La Segunda Enmienda, una de las más interesantes del texto, nos adentra en la figura del cowboy como mito de origen, para ayudarnos a entender el concepto de frontera, el medio oeste, las políticas de los presidentes cowboy (Roosvelt, L.B. Johnson, Reagan) y lo que hoy son nuevas fronteras.&#xA;&#xA;En la Tercera Enmienda se alude al ejército, analizando el arquetipo que sirvió de herramienta ideológica, propagandística, para demonizar primero a los alemanes y posteriormente a los soviéticos, y encumbrar a héroes americanos.&#xA;&#xA;Las enmiendas siguientes se centran en cuestiones como la esclavitud, vista desde la perspectiva del deporte-mito y las conexiones de los &#34;héroes&#34; actuales de la NBA; la propaganda y la ideología, estudiando el famoso discurso Yes we can de Barack Obama y la idea de presidente como arquetipo; el sincretismo de la población afroamericana; el desarrollo de la sociedad norteamericana en el siglo XX a la luz de la Ley seca, el jazz o el crack del 29; y la visión clásica de la mujer, sirviéndose para ello del arquetipo femenino a través de clásicos del cine de Hollywood, cómics de los años 30 y 40 o sobre conceptos como pin-up, femme fatale, vamps o la histeria como enfermedad femenina.&#xA;&#xA;Sin tratar de realizar una descripción exhaustiva de los numerosos temas que el autor saca a colación ni de los modelos utilizados de los que se sirve para su tarea, baste aclarar que la intención del autor es &#34;crear una madeja de ideas, personajes, conceptos propios de la mitología que nos hagan sentir la presencia de lo mítico de diversas formas. Que podamos percibirlo y analizarlo&#34;. Y como en toda red de sentido construida, &#34;se retoman temas, se enlazan, se superponen. Por supuesto, con intención de hacer asequible la lectura a cualquier lector, de ahí la división de capítulos y de volver sobre diversos temas desde enfoques diferentes&#34;.&#xA;&#xA;Pero la crítica al mito americano (conjunto, en realidad, de múltiples creencias ampliamente extendidas) no estaría completa si no fuéramos conscientes de lo que implica el consumo habitual y cotidiano del mismo, y es el propio autor quien entona el mea culpa al reconocer que&#xA;&#xA;  de niño disfruté del Tarzán de Johnny Weissmüller, de apaches de ojos azules, de La Masa cuando todavía no era The Hulk. Viví amagos de infarto cuando el monstruoso E.T. al fin aparece en la pantalla de cine, o con el estreno en nochevieja del Thriller. Kurt Cobain y animadoras con tattoos y símbolos de anarquía. Una manzana mordida. El World Trade Center. ¿Te gusta la Coca-Cola, Baby Joda, John Wick? ¿Netflix, el rock’n’roll o el rap? Entonces sí, eres cómplice.&#xA;&#xA;Es claro que cada quien tiene sus propios mitos, que le ayudan a descifrar el mundo en el que vivimos, estructuran su escala de valores y le encaminan hacia una estética presidida por la televisión, el cine, la literatura, el arte o las tradiciones propias. Y que, por supuesto, todo ello condiciona nuestra ideología, nuestra forma de ser y de pensar. Pero conviene parase de vez en cuando detenerse y analizarse, de dónde procede nuestro ser irracional y qué parte forjamos a partir del análisis y la reflexión, no basta con que los demás corroboren nuestras creencias, moral o costumbres. Y en eso, el libro de Xan Eguía es una pertinente herramienta de autoexamen.&#xA;&#xA;#libros #crítica &#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><img src="https://primary.jwwb.nl/public/h/h/w/temp-tneraxoagstxlqnoawtq/n672f2/banner_mito.jpg?enable-io=true&amp;enable=upscale&amp;fit=cover&amp;width=900&amp;height=246" alt="img"></p>

<p>Si nos referimos a los mitos es casi seguro que nuestro pensamiento se traslade instantáneamente a esas epopeyas lejanas, vinculadas a civilizaciones pasadas, que con poca influencia ya en nuestros días se recogen en libros o trabajos antropológicos. Si nos detenemos un instante, quizá también relacionemos la palabra <em>mito</em> con alguno de los personajes actuales que pueblan nuestras pantallas o llevamos en nuestra memoria, sean estrellas del cine, del deporte o de la música. Su éxito puede ser analizado en base a la popularidad, las ganancias en sus negocios o los hitos profesionales. En la era del conocimiento y la tecnología los mitos parecen quedar relegados al mundo del espectáculo o ser figuras para el recuerdo.

En <a href="https://www.dyskolo.cc/product/13411847/mito-made-in-usa" rel="nofollow"><em>Mito made in USA</em></a>, Xan Eguía (Vigo 1975) considera por el contrario que “el pensamiento mítico, mágico, está ahí, campando a sus anchas, carcajeándose de quienes lo daban por muerto. Narraciones, ideas, personajes que suponen una visión de lo bueno, lo ontológicamente correcto, un modelo de conducta. Disfrutando de los golpes del héroe de turno en la gran pantalla, validando actitudes de apolíneos deportistas. Adorando una idea de patria. Odiando una idea extraña”.</p>

<p>En su libro Eguía se lanza a una búsqueda del sentido mítico en la cultura popular. En este caso, centrada en los Estados Unidos, exportadores de cultura <em>mainstream</em> de forma global.</p>

<blockquote><p>Esto, como podemos suponer, implica una forma de entender el mundo, una idea acerca de bien y mal, una ideología. Por supuesto una estética, géneros propios y héroes como el cowboy y su mito de la frontera, los presidentes, sus actitudes y discursos. Los superhéroes, la llamada white trash, asesinos en serie como Unabomber, la utopía del cine familiar de los 80 y un largo etcétera.</p></blockquote>

<p>El texto trata de analizar y buscar otras formas de comprender, desde el punto de vista de la mitología, estas alegorías y cómo nos influyen hoy en día. Si es cierto que la nueva cosmogonía nos ha inducido a aceptar que el éxito es tener y consumir –el poder que nos permita satisfacer nuestros deseos, sin medida, sin límite–, entonces el mito americano, donde la desmesura es algo patente, no será una actitud denostada.</p>

<p>Estados Unidos tiene el poder. Y gracias a su mito originario, en el que creen y al que otorgan poderes constituyentes, el pueblo puede aspirar a lo más alto. “Encomendándose a Dios, el héroe, <em>self-made man</em>, triunfará en su lucha individual, símbolo de la lucha espiritual de la nación”, apunta Eguía.</p>

<blockquote><p>Peleando por la democracia (entrecomille el concepto, subráyelo o marque en negrita, a su gusto) en las oficinas de un periódico como Robert Redford en <em>Todos los hombres del presidente</em>, derrocando a Sadam o combatiendo a Hitler en las páginas del primer <em>Capitán América</em>. Sus presidentes, o sus soldados, son como reyes aqueos desembarcando en las playas de Ilión, la inmortal Troya (léase Normandía). <em>In God we trust</em>, reza el dólar.</p></blockquote>

<p>Si en lo que respecta al contenido el libro se mantiene un equilibrio entre las descripciones, amenas y directas, para el lector y la precisión conceptual de términos académicos, atendiendo a su estructura nos espera una original propuesta no basada en capítulos sino en enmiendas, jugando con conceptos americanos muy conocidos y citados en numerosas ocasiones como si de las Tablas de la Ley se tratasen.</p>

<p>Así, en la Primera Enmienda se abordan las cuestiones de la libertad de expresión y religiosa, planteando al lector una aproximación desde la mitología escondida en el billete de dólar, una plausible defensa de la propiedad privada por parte de Superman, o la descripción de lo que significó la censura que sufrieron los cómics y la vida de john Edgar Hoover, primer director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI).</p>

<p>La Segunda Enmienda, una de las más interesantes del texto, nos adentra en la figura del cowboy como mito de origen, para ayudarnos a entender el concepto de frontera, el medio oeste, las políticas de los presidentes cowboy (Roosvelt, L.B. Johnson, Reagan) y lo que hoy son nuevas fronteras.</p>

<p>En la Tercera Enmienda se alude al ejército, analizando el arquetipo que sirvió de herramienta ideológica, propagandística, para demonizar primero a los alemanes y posteriormente a los soviéticos, y encumbrar a héroes americanos.</p>

<p>Las enmiendas siguientes se centran en cuestiones como la esclavitud, vista desde la perspectiva del deporte-mito y las conexiones de los “héroes” actuales de la NBA; la propaganda y la ideología, estudiando el famoso discurso <em>Yes we can</em> de Barack Obama y la idea de presidente como arquetipo; el sincretismo de la población afroamericana; el desarrollo de la sociedad norteamericana en el siglo XX a la luz de la Ley seca, el jazz o el crack del 29; y la visión clásica de la mujer, sirviéndose para ello del arquetipo femenino a través de clásicos del cine de Hollywood, cómics de los años 30 y 40 o sobre conceptos como <em>pin-up</em>, <em>femme fatale</em>, <em>vamps</em> o la histeria como enfermedad femenina.</p>

<p>Sin tratar de realizar una descripción exhaustiva de los numerosos temas que el autor saca a colación ni de los modelos utilizados de los que se sirve para su tarea, baste aclarar que la intención del autor es “crear una madeja de ideas, personajes, conceptos propios de la mitología que nos hagan sentir la presencia de lo mítico de diversas formas. Que podamos percibirlo y analizarlo”. Y como en toda red de sentido construida, “se retoman temas, se enlazan, se superponen. Por supuesto, con intención de hacer asequible la lectura a cualquier lector, de ahí la división de capítulos y de volver sobre diversos temas desde enfoques diferentes”.</p>

<p>Pero la crítica al mito americano (conjunto, en realidad, de múltiples creencias ampliamente extendidas) no estaría completa si no fuéramos conscientes de lo que implica el consumo habitual y cotidiano del mismo, y es el propio autor quien entona el <em>mea culpa</em> al reconocer que</p>

<blockquote><p>de niño disfruté del Tarzán de Johnny Weissmüller, de apaches de ojos azules, de <em>La Masa</em> cuando todavía no era <em>The Hulk</em>. Viví amagos de infarto cuando el monstruoso E.T. al fin aparece en la pantalla de cine, o con el estreno en nochevieja del <em>Thriller</em>. Kurt Cobain y animadoras con <em>tattoos</em> y símbolos de anarquía. Una manzana mordida. El World Trade Center. ¿Te gusta la Coca-Cola, Baby Joda, John Wick? ¿Netflix, el rock’n’roll o el rap? Entonces sí, eres cómplice.</p></blockquote>

<p>Es claro que cada quien tiene sus propios mitos, que le ayudan a descifrar el mundo en el que vivimos, estructuran su escala de valores y le encaminan hacia una estética presidida por la televisión, el cine, la literatura, el arte o las tradiciones propias. Y que, por supuesto, todo ello condiciona nuestra <em>ideología</em>, nuestra forma de ser y de pensar. Pero conviene parase de vez en cuando detenerse y analizarse, de dónde procede nuestro ser irracional y qué parte forjamos a partir del análisis y la reflexión, no basta con que los demás corroboren nuestras creencias, moral o costumbres. Y en eso, el libro de Xan Eguía es una pertinente herramienta de autoexamen.</p>

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      <guid>https://escritura.social/dyskolo/mito-made-in-usa-los-fundamentos-de-la-cultura-dominante</guid>
      <pubDate>Fri, 01 Mar 2024 09:27:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Por qué me gustan los ebook (y II)</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/por-que-me-gustan-los-ebook-y-ii</link>
      <description>&lt;![CDATA[img&#xA;&#xA;Cuando se analizan los pros y los contras de los  avances tecnológicos en relación con cierto tipo de manifestaciones  culturales, como la lectura, la música o el cine, se tiende a plantear  una búsqueda de ganadores y perdedores como si de un torneo se tratase,  sin pararnos demasiado a reflexionar que, más allá de los novedosos  dispositivos que puedan ir apareciendo, lo que busca el rodillo del mercado capitalista es crear dependencias, modificando para ello comportamientos. Me explico. &#xA;!--more--&#xA;Lo importante no es si el vinilo sonaba mejor que un CD, o las  cintas de vídeo VHS eran más duraderas que los DVD, al final las  plataformas de música en streaming como Spotify o las de contenidos  audiovisuales tipo Netflix han acabado barriendo todo tipo de soportes o reproductores, fueran buenos, malos o mejorables. Esta industria ha  barrido con los cines de barrio, los videoclubs y por supuesto con las  colecciones personales de música, creadas durante años, fueran estas  discos, casetes o CD&#39;s. Lo malo no fue la invención del formato MP3, que se puede escuchar en multitud de soportes y situaciones,  lo peor fue  el modelo de negocio que las multinacionales del sector impusieron, sin  más consideración que su beneficio. &#xA;&#xA;En el terreno editorial está comenzando a suceder algo parecido. El  disenso no es entre libros y ebooks, creo que ambos son complementarios y tienen ventajas evidentes (como ya cité en el artículo anterior). La verdadera cuestión es ¿qué está en camino de imponerse, vía gigantes tecnológicos y multinacionales del ocio? ¿qué patrón mercantil buscan  establecer con la anuencia de los consumidores?&#xA;&#xA;Una de las claves de esta contienda radica en comprender que los  libros son para la industria artículos de consumo, mientras que para los lectores son bienes culturales. Además, y en el caso concreto de los  libros electrónicos, plantean su modelo de negocio con las cartas  marcadas. &#xA;&#xA;Primero blindan el ebook con una tecnología intrusiva como es el DRM (por sus siglas en inglés de digital rights management) o gestión digital de derechos (a veces escrito también gestión de  derechos digitales), un término genérico que se refiere a las   tecnologías de control de acceso usadas para limitar el uso de medios o  dispositivos digitales. Desde un punto de vista práctico, el adquirir  contenido protegido por un sistema DRM supone que el comprador no puede disponer con libertad de dicho contenido: no puede instalarlo en los dispositivos que elija, puede tener limitado un número de visualizaciones o descargas del contenido, es incluso  posible que el contenido que ha adquirido desaparezca debido a que el  proveedor decida revocar la licencia. Porque de hecho, y este es el  segundo aspecto, las empresas no venden libros, sino que los &#34;alquilan&#34;, otorgan licencias de uso. El lector cree comprar un libro (aunque su  formato sea un archivo digital) pero no puede, sin embargo, regalarlo,  prestarlo a un amigo o dejarlo en herencia, porque de hecho no es suyo  (hay varios litigios en tribunales estadounidenses por esta cuestión). &#xA;&#xA;Tanto es así que en un reciente estudio llevado a cabo por Tiendeo, donde se identifican las tendencias de consumo en relación con los libros físicos y los libros digitales en España (no  hábitos de lectura), un 61 por ciento de los encuestados prefieren leer  en papel &#34;porque les gusta guardarlos y poder compartirlos&#34;. Ahí hemos  llegado, ¿los ebooks no se pueden guardar ni compartir? Pues una buena  parte de los que dominan las listas de venta tienen ese gran lastre, defecto y desventaja. Pero no son todos, como ya he dicho, existen  numerosas plataformas y editoriales que apuestan por ebooks libres, sin  DRM ni cortapisas tecnológicas, que incluso dificultan la compra del  propio libro.&#xA;&#xA;Como editor independiente apunto, además, otras ventajas innegables del formato electrónico:&#xA;&#xA;Para una editorial sería impensable poder pensar en publicar un libro sin  tener en cuenta los costes económicos de su edición (impresión,  distribución...). El formato digital lo permite. Crear un epub a partir  de un texto digitalizado no requiere más que un poco de tiempo y otro  tanto de conocimientos de herramientas informáticas como el editor Sigil (un programa de software libre). Olvidándonos también de otro tipo de gastos como el almacenaje.  &#xA;Hace varios años un amigo me preguntó cuánto costaba hacer un ebook. No se  sabe. Las editoriales comerciales cobran cuanto pueden. Tanto como sus  potenciales lectores/clientes estén dispuestos a pagar. Lo que sea,  cuanto más mejor. La cosa no va de calcular el tiempo y los recursos  invertidos en transformar el archivo digital que se envía a imprenta,  para su copia en papel, o crear uno nuevo para subir el libro  electrónico a una página web donde venderlo. Si así fuera, el precio  sería mucho más bajo. Y aún más para una gran editorial que sabe que  venderá miles de ejemplares. Amazon, por ejemplo, varia los precios de  los ebooks a lo largo del día en función de la demanda y de otras  múltiples variables, dándose el caso de venderlos por encima del precio  de lo que cuestan en papel.  &#xA;Si para un lector medio los libros en papel pueden llegarse a convertir en un auténtico  problema doméstico, para un editor o para una editorial habría que  multiplicar por 100 (o por 1000) esta dificultad. de modo que de nuevo  el libro electrónico facilita hasta el extremo el manejo y la gestión  del catálogo por muchos títulos que contenga.&#xA;Por  esta misma razón se podría pensar que los críticos y reseñistas, la  mayor parte de ellos para revistas o portales en soporte digital,  deberían tender a leer ebooks (por aquello de ahorrar tiempo, espacio, y un capítulo importante de gasto a las editoriales) en lugar de  almacenar libros en papel que nunca leerán (algunos así lo confiesan  públicamente). Pues no. Trabajarán y escribirán sus crónicas en  ordenador, y serán publicadas en páginas web, que los lectores leerán  desde sus dispositivos electrónicos, pero para ellos solo existe el libro en papel.&#xA;Es obvio, que cada día más los libros son descatalogados a ritmo  vertiginoso, por ello la opción del ebook permitiría ofrecer títulos  inencontrables de manera bastante sencilla y asequible.&#xA;&#xA;Como muy bien recuerda Irene Vallejo en &#34;El infinito en un junco&#34;,  &#34;el libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un  corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras  revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí&#34;. Y continúa más adelante: &#34;leemos más que nunca&#34;, estamos  cercados por todo tipo de mensajes, de la mañana a la noche, y la mayor  parte de ellos &#34;parpadean en los teléfonos móviles, y en las pantallas  de los ordenadores [...] Dedicamos varias horas de nuestra jornada y de  nuestro ocio a tamborilear sobre distintos teclados&#34;. En cierta forma la tecnología ha vencido, pero que no nos quite la posibilidad de elegir  con libertad.&#xA;&#xA;#lectura #ebooks #libros&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><img src="https://cdn-images.postach.io/522289e0-7bfd-4eb2-a902-79152694e672/7c33b749-c4e6-4e87-9eba-99def4a1576a/a7b9120b-9f9f-dd52-20ba-8de3d60983c6.jpg" alt="img"></p>

<p>Cuando se analizan los pros y los contras de los  avances tecnológicos en relación con cierto tipo de manifestaciones  culturales, como la lectura, la música o el cine, se tiende a plantear  una búsqueda de ganadores y perdedores como si de un torneo se tratase,  sin pararnos demasiado a reflexionar que, más allá de los novedosos  dispositivos que puedan ir apareciendo, <strong>lo que busca el rodillo del mercado capitalista es crear dependencias, modificando para ello comportamientos</strong>. Me explico.

Lo importante no es si el vinilo sonaba mejor que un CD, o las  cintas de vídeo VHS eran más duraderas que los DVD, al final las  plataformas de música en streaming como Spotify o las de contenidos  audiovisuales tipo Netflix han acabado barriendo todo tipo de soportes o reproductores, fueran buenos, malos o mejorables. Esta industria ha  barrido con los cines de barrio, los videoclubs y por supuesto con las  colecciones personales de música, creadas durante años, fueran estas  discos, casetes o CD&#39;s. Lo malo no fue la invención del formato MP3, que se puede escuchar en multitud de soportes y situaciones,  lo peor fue  el modelo de negocio que las multinacionales del sector impusieron, sin  más consideración que su beneficio.</p>

<p>En el terreno editorial está comenzando a suceder algo parecido. El  disenso no es entre libros y ebooks, creo que ambos son complementarios y tienen ventajas evidentes (como ya cité en <a href="https://escritura.social/dyskolo/por-que-me-gustan-los-ebooks-i" rel="nofollow">el artículo anterior</a>). La verdadera cuestión es ¿qué está en camino de imponerse, vía gigantes tecnológicos y multinacionales del ocio? ¿qué patrón mercantil buscan  establecer con la anuencia de los consumidores?</p>

<p>Una de las claves de esta contienda radica en comprender que los  libros son para la industria artículos de consumo, mientras que para los lectores son bienes culturales. Además, y en el caso concreto de los  libros electrónicos, plantean su modelo de negocio con las cartas  marcadas.</p>

<p>Primero blindan el ebook con una tecnología intrusiva como es el <strong>DRM</strong> (por sus siglas en inglés de <strong>digital rights management</strong>) o gestión digital de derechos (a veces escrito también gestión de  derechos digitales), un término genérico que se refiere a las   tecnologías de control de acceso usadas para limitar el uso de medios o  dispositivos digitales. Desde un punto de vista práctico, el adquirir  contenido protegido por un sistema DRM supone que <strong><a href="http://blog.lektu.com/2017/01/cory-doctorow-o-como-hacer-desaparecer.html" rel="nofollow">el comprador no puede disponer con libertad de dicho contenido</a></strong>: no puede instalarlo en los dispositivos que elija, puede tener limitado un número de visualizaciones o descargas del contenido, es incluso  posible que el contenido que ha adquirido desaparezca debido a que el  proveedor decida revocar la licencia. Porque de hecho, y este es el  segundo aspecto, <strong><a href="https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/vivir/protesta-Bruce-Willis-espanol-Apple/20170119191049084141.html" rel="nofollow">las empresas no venden libros, sino que los “alquilan”</a></strong>, otorgan licencias de uso. El lector cree comprar un libro (aunque su  formato sea un archivo digital) pero no puede, sin embargo, regalarlo,  prestarlo a un amigo o dejarlo en herencia, porque de hecho no es suyo  (hay varios litigios en tribunales estadounidenses por esta cuestión).</p>

<p>Tanto es así que en un reciente estudio llevado a cabo por <a href="https://www.tiendeo.com/" rel="nofollow">Tiendeo</a>, donde se identifican las <strong>tendencias de consumo</strong> en relación con los libros físicos y los libros digitales en España (no  hábitos de lectura), un 61 por ciento de los encuestados prefieren leer  en papel “porque les gusta guardarlos y poder compartirlos”. Ahí hemos  llegado, ¿los ebooks no se pueden guardar ni compartir? Pues una buena  parte de los que dominan las listas de venta tienen ese gran lastre, defecto y desventaja. Pero no son todos, como ya he dicho, existen  numerosas plataformas y editoriales que apuestan por ebooks libres, sin  DRM ni cortapisas tecnológicas, que incluso dificultan la compra del  propio libro.</p>

<p>Como editor independiente apunto, además, otras ventajas innegables del formato electrónico:</p>
<ol><li>Para una editorial sería impensable poder pensar en publicar un libro sin  tener en cuenta los costes económicos de su edición (impresión,  distribución...). El formato digital lo permite. Crear un epub a partir  de un texto digitalizado no requiere más que un poco de tiempo y otro  tanto de conocimientos de herramientas informáticas como el editor <a href="https://sigil-ebook.com/about/" rel="nofollow">Sigil</a> (un programa de software libre). Olvidándonos también de otro tipo de gastos como el almacenaje.<br></li>
<li>Hace varios años un amigo me preguntó cuánto costaba hacer un ebook. No se  sabe. Las editoriales comerciales cobran cuanto pueden. Tanto como sus  potenciales lectores/clientes estén dispuestos a pagar. Lo que sea,  cuanto más mejor. La cosa no va de calcular el tiempo y los recursos  invertidos en transformar el archivo digital que se envía a imprenta,  para su copia en papel, o crear uno nuevo para subir el libro  electrónico a una página web donde venderlo. Si así fuera, el precio  sería mucho más bajo. Y aún más para una gran editorial que sabe que  venderá miles de ejemplares. Amazon, por ejemplo, varia los precios de  los ebooks a lo largo del día en función de la demanda y de otras  múltiples variables, dándose el caso de venderlos por encima del precio  de lo que cuestan en papel.<br></li>
<li>Si para un lector medio los libros en papel pueden llegarse a convertir en un auténtico  problema doméstico, para un editor o para una editorial habría que  multiplicar por 100 (o por 1000) esta dificultad. de modo que de nuevo  el libro electrónico facilita hasta el extremo el manejo y la gestión  del catálogo por muchos títulos que contenga.</li>
<li>Por  esta misma razón se podría pensar que los críticos y reseñistas, la  mayor parte de ellos para revistas o portales en soporte digital,  deberían tender a leer ebooks (por aquello de ahorrar tiempo, espacio, y un capítulo importante de gasto a las editoriales) en lugar de  almacenar libros en papel que nunca leerán (algunos así lo confiesan  públicamente). Pues no. Trabajarán y escribirán sus crónicas en  ordenador, y serán publicadas en páginas web, que los lectores leerán  desde sus dispositivos electrónicos, pero <strong>para ellos solo existe el libro en papel</strong>.</li>
<li>Es obvio, que cada día más los libros son descatalogados a ritmo  vertiginoso, por ello la opción del ebook permitiría ofrecer títulos  inencontrables de manera bastante sencilla y asequible.</li></ol>

<p>Como muy bien recuerda Irene Vallejo en “El infinito en un junco”,  “el libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un  corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras  revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí”. Y continúa más adelante: “leemos más que nunca”, estamos  cercados por todo tipo de mensajes, de la mañana a la noche, y la mayor  parte de ellos “parpadean en los teléfonos móviles, y en las pantallas  de los ordenadores [...] Dedicamos varias horas de nuestra jornada y de  nuestro ocio a tamborilear sobre distintos teclados”. En cierta forma la tecnología ha vencido, pero que no nos quite la posibilidad de elegir  con libertad.</p>

<p><a href="/dyskolo/tag:lectura" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">lectura</span></a> <a href="/dyskolo/tag:ebooks" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">ebooks</span></a> <a href="/dyskolo/tag:libros" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">libros</span></a></p>

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]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/dyskolo/por-que-me-gustan-los-ebook-y-ii</guid>
      <pubDate>Sat, 30 Dec 2023 15:16:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Por qué me gustan los ebooks (I)</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/por-que-me-gustan-los-ebooks-i</link>
      <description>&lt;![CDATA[ebook&#xA;&#xA;Desde hace bastante tiempo --años-- son recurrentes los artículos en blogs y también en revistas que se enfrentan al irresoluble dilema: libros en papel o en formato electrónico (ebook). En general los argumentos utilizados son bastante manidos, recurriendo a los habituales lugares comunes, apegos sentimentales y preferencias personales, sin entrar a valorar cuestiones más objetivas y fundamentales.&#xA;!--more--&#xA;La más común de las apreciaciones en favor del libro en papel, es que representa un compendio de recuerdos y sensaciones imperecedero, sencillo, ligero, sólido y económico. Y es verdad. Como explicó hace un tiempo Juan Mayorga con respecto al teatro, el libro alcanzó un desarrollo casi perfecto a partir del invento de la imprenta. Desde entonces los cambios han sido pocos y solo han servido para mejorar cuestiones técnicas en su formato, ya de por sí brillante.&#xA;&#xA;Los libros permiten incluso un trato descuidado, pueden ser reparados con relativa facilidad y superan con creces la vida de su propietario; en ellos es posible incluir notas, dibujos y escribir en sus márgenes; permiten guardar fotos, hojas, flores... en sus páginas; y, además, no necesitan ninguna fuente de alimentación para leerlos ni actualizaciones del fabricante para mantenerlos al día. Cualquiera de estas razones serían suficientes para considerar que está garantizada la continuidad de los libros en papel.&#xA;&#xA;Sin embargo, lo dicho hasta ahora no invalida otras cuestiones muy favorables con respecto al ebook: son fáciles y muy baratos de fabricar, pueden ser almacenados en gran número utilizando para ello soportes muy baratos y pequeños (como una llave USB o una tarjeta de memoria SD), y hay millones de ellos en Internet (clásicos y actuales) que pueden ser descargados libremente (la editorial Dyskolo, por ejemplo, es uno de los proyectos sin ánimo de lucro entre los cientos o miles que existen). Y existen también plataformas de bibliotecas públicas que ofrecen una buena parte las novedades editoriales en modalidad de préstamo.&#xA;&#xA;Uno de los errores más comunes en este debate entre libro vs. ebook, es confundir este último con el soporte utilizado para leerlo (e-reader). Es cierto que también se tiende a llamar ebook al dispositivo específico para su lectura (Kindle, Kobo o Wooxter, entre otras, son las marcas comerciales), y que desde luego no tienen nada que ver con un iPad o una tablet, aunque haya quien lo mezcle todo. Cualquiera que haya leído durante horas con un libro electrónico, sabe que el placer de la lectura está garantizado, al nivel de su homólogo en papel, y que no tiene nada que ver con leer en otro tipo de pantallas como una tablet, un ordenador o (no digamos) en un teléfono.&#xA;&#xA;Para alguien que se considere un buen lector, el ahorro de espacio que en una vivienda actual proporciona un libro electrónico es más que considerable, y más si nos paramos a pensar cuántos libros de los que hemos leído el último año merecería la pena guardar y no deshacernos de ellos nunca.&#xA;&#xA;De alguna manera el libro electrónico puede hacer la misma función que cumplen los libros que tomamos de las bibliotecas públicas. Al menos en mi caso que leo indistintamente en ambos soportes, solo compro en papel y conservo los que considero &#34;buenos&#34; libros. No tengo tanto dinero ni espacio para comprar y almacenar sin criterio.&#xA;&#xA;Por otra parte, ciertos libros en papel (y no me estoy refiriendo precisamente a los formatos &#39;de bolsillo&#39;) son realmente problemáticos para leer en la cama, o en un vagón atestado de tren.&#xA;&#xA;Pero hay una cuestión fundamental, que siempre se obvia o se pasa por alto en este tipo de debates, y que hace referencia a la forma en que la tecnología se impone de manera arrolladora en otros órdenes del ocio, queramos o no, por encima de nuestros gustos y preferencias. De hecho, esta imposición del mercado tecnológico es tan abrumadora que anula cualquier discusión pública en otros terrenos.&#xA;&#xA;#libros #lectura #ebooks&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><img src="https://cdn-images.postach.io/522289e0-7bfd-4eb2-a902-79152694e672/78af7c91-2c6c-680c-e36d-0ca21e540bb5/f851fb85-ad70-9263-49e1-39400a437cf3.jpg" alt="ebook"></p>

<p>Desde hace bastante tiempo —años— son recurrentes los artículos en blogs y también en revistas que se enfrentan al irresoluble dilema: libros en papel o en formato electrónico (ebook). En general los argumentos utilizados son bastante manidos, recurriendo a los habituales lugares comunes, apegos sentimentales y preferencias personales, sin entrar a valorar cuestiones más objetivas y fundamentales.

La más común de las apreciaciones en favor del libro en papel, es que representa un compendio de recuerdos y sensaciones imperecedero, sencillo, ligero, sólido y económico. Y es verdad. Como explicó hace un tiempo <a href="https://festivale%C3%B1e.com/ene20-conversaciones-juan-mayorga-y-alberto-conejero/" rel="nofollow">Juan Mayorga con respecto al teatro</a>, el libro alcanzó un desarrollo casi perfecto a partir del invento de la imprenta. Desde entonces los cambios han sido pocos y solo han servido para mejorar cuestiones técnicas en su formato, ya de por sí brillante.</p>

<p>Los libros permiten incluso un trato descuidado, pueden ser reparados con relativa facilidad y superan con creces la vida de su propietario; en ellos es posible incluir notas, dibujos y escribir en sus márgenes; permiten guardar fotos, hojas, flores... en sus páginas; y, además, no necesitan ninguna fuente de alimentación para leerlos ni actualizaciones del fabricante para mantenerlos al día. Cualquiera de estas razones serían suficientes para considerar que está garantizada la continuidad de los libros en papel.</p>

<p>Sin embargo, lo dicho hasta ahora no invalida otras cuestiones muy favorables con respecto al ebook: son fáciles y muy baratos de fabricar, pueden ser almacenados en gran número utilizando para ello soportes muy baratos y pequeños (como una llave USB o una tarjeta de memoria SD), y hay millones de ellos en Internet (clásicos y actuales) que pueden ser descargados libremente (la <a href="https://www.dyskolo.cc/" rel="nofollow">editorial Dyskolo</a>, por ejemplo, es uno de los proyectos sin ánimo de lucro entre los cientos o miles que existen). Y existen también plataformas de bibliotecas públicas que ofrecen una buena parte las novedades editoriales en modalidad de préstamo.</p>

<p>Uno de los errores más comunes en este debate entre libro vs. ebook, es confundir este último con el soporte utilizado para leerlo (e-reader). Es cierto que también se tiende a llamar ebook al dispositivo específico para su lectura (Kindle, Kobo o Wooxter, entre otras, son las marcas comerciales), y que desde luego no tienen nada que ver con un iPad o una tablet, <a href="https://blog.dainachaviano.com/2012/03/05/por-que-no-me-gustan-los-e-books/" rel="nofollow">aunque haya quien lo mezcle todo</a>. Cualquiera que haya leído durante horas con un libro electrónico, sabe que el placer de la lectura está garantizado, al nivel de su homólogo en papel, y que no tiene nada que ver con leer en otro tipo de pantallas como una tablet, un ordenador o (no digamos) en un teléfono.</p>

<p>Para alguien que se considere un buen lector, el ahorro de espacio que en una vivienda actual proporciona un libro electrónico es más que considerable, y más si nos paramos a pensar cuántos libros de los que hemos leído el último año merecería la pena guardar y no deshacernos de ellos nunca.</p>

<p>De alguna manera el libro electrónico puede hacer la misma función que cumplen los libros que tomamos de las bibliotecas públicas. Al menos en mi caso que leo indistintamente en ambos soportes, solo compro en papel y conservo los que considero “buenos” libros. No tengo tanto dinero ni espacio para comprar y almacenar sin criterio.</p>

<p>Por otra parte, ciertos libros en papel (y no me estoy refiriendo precisamente a los formatos &#39;de bolsillo&#39;) son realmente problemáticos para leer en la cama, o en un vagón atestado de tren.</p>

<p>Pero hay una cuestión fundamental, que siempre se obvia o se pasa por alto en este tipo de debates, y que hace referencia a la forma en que la tecnología se impone de manera arrolladora en otros órdenes del ocio, queramos o no, por encima de nuestros gustos y preferencias. De hecho, esta imposición del mercado tecnológico es tan abrumadora que anula cualquier discusión pública en otros terrenos.</p>

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]]></content:encoded>
      <guid>https://escritura.social/dyskolo/por-que-me-gustan-los-ebooks-i</guid>
      <pubDate>Wed, 27 Dec 2023 10:47:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Luis Do Santos, el contador de historias</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/luis-do-santos-el-contador-de-historias</link>
      <description>&lt;![CDATA[A un libro nos podemos acercar, como a una corriente de agua, de dos maneras: braceando en su superficie y dejándonos arrastrar por su corriente o sumergiéndonos en sus profundidades para descubrir lo que no se ve a simple vista. Con la primera nos acercamos al relato en la forma y el estilo que concibió su autor, con la segunda podemos llegar a interpretar el sentido de su escritura, el propósito de una historia que una vez terminada deja de ser suya y comienza a tener vida propia.  &#xA;!--more--&#xA;En el caso de El zambullidor esta doble consideración se intuye especialmente necesaria. Si el relato esta construido con un lenguaje tan lírico como evocador, que atrapa como las aguas del río a los desprevenidos, el fondo de la corriente nos adentra en un mundo en vías de extinción donde podemos encontrar los asideros firmes, que nos ayudan a soportar los avatares de la vida. &#xA;&#xA;Si a ello le sumamos que el río es además uno de los personajes destacados de este libro y que su autor, Luis Do Santos, considera su literatura “líquida como el río, y al igual que su corriente puede ser cristalina o turbia, tranquila o furiosa, desbordándose a veces”, entonces ya contamos con algunos de los elementos necesarios para acercarnos con una particular mirada a este texto fronterizo.&#xA;&#xA;Antoine Barral y Luis do Santos&#xA;&#xA;París 24 de mayo [2022], los organizadores del club de lectura del Instituto Cervantes han conseguido que Luis Do Santos esté hoy con nosotros para hacernos partícipes de este pequeño milagro que ha significado El zambullidor (gracias sin duda a la colaboración de la Embajada de Uruguay y la editorial). Un libro que en un breve lapso de tiempo fue traducido y publicado en Francia, y también en Brasil y en España. &#xA;&#xA;En poco más de 100 páginas su autor consiguió atraparnos con las andanzas y diabluras de un niño (sin nombre) en los confines de una tierra áspera, marcada por una naturaleza siempre amenazante, y condicionado por un entorno familiar donde la falta de ternura y comprensión constituyen igualmente peligros que ha de sortear. En una de sus reflexiones, el pequeño protagonista considera que “la indiferencia es la muerte verdadera”, pues “cuando uno se siente de nadie, la tristeza se mete en los huesos, hasta quebrarte el alma”. De su padre observa “su forma particular de enterrar las manos en los bolsillos, dónde escondía también toda caricia, el rostro agrietado por el sol, sin la más mínima mueca que le delatará el alma”, y cuyo carácter “siempre fue agrietado y hosco, cultivador de pocos amigos, parecido a la tierra”. Sobre su madre nos cuenta que “la pobre andaba demasiado ocupada en la vida de tantos hijos, como para pararse a escuchar a uno de ellos”. De modo que la historia discurre entre amargos desatinos, inquietantes personajes, sinsabores y situaciones propias del realismo mágico, del que Do Santos se declara heredero. &#xA;&#xA;La literatura si es verdadera no puede quedarse en entretener o deleitarse en su forma, a pesar de que en este caso sea fascinante por su ritmo y su musicalidad, más cercana a la poesía que a la narrativa. Hay que leer la literatura como un modelo de vida, como un oráculo personal –que diría Ricardo Piglia–, que nos sirva como experiencia y para abordar acontecimientos importantes de nuestra vida. Y en este caso Do Santos ha firmado un alegato contra la incomunicación, especialmente entre padres e hijos, y resaltado el valor sanador que tiene el cariño y el perdón en nuestras vidas, así como la amistad, sea entre niños, mayores o entre ambos. Nos acerca entonces,  de forma muy personal, a un torrente de imágenes alimentado con palabras que muestran debilidades (“el amor también tiene formas de cegarte y los ángeles cargan tantos defectos, que a veces les tapan las alas”), frustraciones (“desde que tengo memoria, la pasión sin aduanas, ha sido mi perdición”), o nostalgias (“un puñal desgarrando piel inesperada, debe causar el mismo dolor  que ver a cuarenta años de recuerdos, convertirse de pronto en ceniza”), pero no las suyas o las del protagonista, sino las de cualquiera que sea capaz de desnudar sus sentimientos. Vida y escritura forman un todo único, que se encauzan en el proyecto del escritor para desembocar en las experiencias o sensaciones de quienes lo leemos.&#xA;&#xA;El libro tiene además otra gran virtud y es su extensión. No le falta ni le sobra ninguna página. Para Rafael Chirbes la gran aportación de García Márquez a la literatura fueron sus novelas breves, en las que exhibía su manejo de la economía, más que sus &#34;Cien años de soledad&#34;. Y yo, que siento especial predilección por las novelas cortas, creo que quien es capaz de contar una historia tan cautivadora en pocas páginas, lejos de ser una limitación, tiene un mérito añadido. Esta forma sincopada, y en ocasiones minusvalorada, se acerca más al cuento, y por tanto a la narrativa oral. De modo que cuando Do Santos se describe como un “militante de la memoria oral”, cuando recuerda que sus primeros libros fueron sus abuelos o cuando asegura que en el momento de escribir “vuelvo a ser el niño que se sentaba en la silla de paja a escuchar historias” no está inventando una bonita descripción de sus capacidades, destinada a encandilar a quienes le escuchan. Una lectura reposada de “El zambullidor” deja bien clara la impronta de la oralidad en sus páginas, de las narraciones escuchadas a la caída de la tarde o junto al fuego del hogar sobre personajes o situaciones extraordinarias, inciertas o sorprendentes.&#xA;&#xA;Quizá en ello estriba la fuerza de un libro que ha cautivado a lectoras y lectores de latitudes tan distantes y diferentes, que se ha convertido en lectura de institutos, universidades e incluso centros penitenciarios, y que ha conseguido transformar a su autor de “trabajador de un comercio que escribía cuentos” a “escritor de novelas que trabaja en un comercio”, además de haber servido como puente de encuentro con su público (en varios países) y hacerle reflexionar sobre su propia obra.&#xA;&#xA;Y si el valor sanador de la amistad figura igualmente entre los propósitos de este libro y de su autor, sirva como ejemplo la compañía y presencia de Gustavo Revetria, una mano amiga que realizó una serie de dibujos con los que no hay una relación de continuidad con la novela, sino de contigüidad, y de los que pudimos disfrutar durante el encuentro con Luis Do Santos en el Instituto Cervantes de París.&#xA;&#xA;#autores #libros #encuentros&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>A un libro nos podemos acercar, como a una corriente de agua, de dos maneras: braceando en su superficie y dejándonos arrastrar por su corriente o sumergiéndonos en sus profundidades para descubrir lo que no se ve a simple vista. Con la primera nos acercamos al relato en la forma y el estilo que concibió su autor, con la segunda podemos llegar a interpretar el sentido de su escritura, el propósito de una historia que una vez terminada deja de ser suya y comienza a tener vida propia.<br>

En el caso de <em>El zambullidor</em> esta doble consideración se intuye especialmente necesaria. Si el relato esta construido con un lenguaje tan lírico como evocador, que atrapa como las aguas del río a los desprevenidos, el fondo de la corriente nos adentra en un mundo en vías de extinción donde podemos encontrar los asideros firmes, que nos ayudan a soportar los avatares de la vida.</p>

<p>Si a ello le sumamos que el río es además uno de los personajes destacados de este libro y que su autor, Luis Do Santos, considera su literatura “líquida como el río, y al igual que su corriente puede ser cristalina o turbia, tranquila o furiosa, desbordándose a veces”, entonces ya contamos con algunos de los elementos necesarios para acercarnos con una particular mirada a este texto fronterizo.</p>

<p><img src="https://sujetossujetados.files.wordpress.com/2022/05/do_santos1.jpg" alt="Antoine Barral y Luis do Santos"></p>

<p>París 24 de mayo [2022], los organizadores del club de lectura del Instituto Cervantes han conseguido que Luis Do Santos esté hoy con nosotros para hacernos partícipes de este pequeño milagro que ha significado <em>El zambullidor</em> (gracias sin duda a la colaboración de la Embajada de Uruguay y la editorial). Un libro que en un breve lapso de tiempo fue traducido y publicado en Francia, y también en Brasil y en España.</p>

<p>En poco más de 100 páginas su autor consiguió atraparnos con las andanzas y diabluras de un niño (sin nombre) en los confines de una tierra áspera, marcada por una naturaleza siempre amenazante, y condicionado por un entorno familiar donde la falta de ternura y comprensión constituyen igualmente peligros que ha de sortear. En una de sus reflexiones, el pequeño protagonista considera que “la indiferencia es la muerte verdadera”, pues “cuando uno se siente de nadie, la tristeza se mete en los huesos, hasta quebrarte el alma”. De su padre observa “su forma particular de enterrar las manos en los bolsillos, dónde escondía también toda caricia, el rostro agrietado por el sol, sin la más mínima mueca que le delatará el alma”, y cuyo carácter “siempre fue agrietado y hosco, cultivador de pocos amigos, parecido a la tierra”. Sobre su madre nos cuenta que “la pobre andaba demasiado ocupada en la vida de tantos hijos, como para pararse a escuchar a uno de ellos”. De modo que la historia discurre entre amargos desatinos, inquietantes personajes, sinsabores y situaciones propias del realismo mágico, del que Do Santos se declara heredero.</p>

<p>La literatura si es verdadera no puede quedarse en entretener o deleitarse en su forma, a pesar de que en este caso sea fascinante por su ritmo y su musicalidad, más cercana a la poesía que a la narrativa. Hay que leer la literatura como un modelo de vida, como un oráculo personal –que diría Ricardo Piglia–, que nos sirva como experiencia y para abordar acontecimientos importantes de nuestra vida. Y en este caso Do Santos ha firmado un alegato contra la incomunicación, especialmente entre padres e hijos, y resaltado el valor sanador que tiene el cariño y el perdón en nuestras vidas, así como la amistad, sea entre niños, mayores o entre ambos. Nos acerca entonces,  de forma muy personal, a un torrente de imágenes alimentado con palabras que muestran debilidades (“el amor también tiene formas de cegarte y los ángeles cargan tantos defectos, que a veces les tapan las alas”), frustraciones (“desde que tengo memoria, la pasión sin aduanas, ha sido mi perdición”), o nostalgias (“un puñal desgarrando piel inesperada, debe causar el mismo dolor  que ver a cuarenta años de recuerdos, convertirse de pronto en ceniza”), pero no las suyas o las del protagonista, sino las de cualquiera que sea capaz de desnudar sus sentimientos. Vida y escritura forman un todo único, que se encauzan en el proyecto del escritor para desembocar en las experiencias o sensaciones de quienes lo leemos.</p>

<p>El libro tiene además otra gran virtud y es su extensión. No le falta ni le sobra ninguna página. Para Rafael Chirbes la gran aportación de García Márquez a la literatura fueron sus novelas breves, en las que exhibía su manejo de la economía, más que sus “Cien años de soledad”. Y yo, que siento especial predilección por las novelas cortas, creo que quien es capaz de contar una historia tan cautivadora en pocas páginas, lejos de ser una limitación, tiene un mérito añadido. Esta forma sincopada, y en ocasiones minusvalorada, se acerca más al cuento, y por tanto a la narrativa oral. De modo que cuando Do Santos se describe como un “militante de la memoria oral”, cuando recuerda que sus primeros libros fueron sus abuelos o cuando asegura que en el momento de escribir “vuelvo a ser el niño que se sentaba en la silla de paja a escuchar historias” no está inventando una bonita descripción de sus capacidades, destinada a encandilar a quienes le escuchan. Una lectura reposada de “El zambullidor” deja bien clara la impronta de la oralidad en sus páginas, de las narraciones escuchadas a la caída de la tarde o junto al fuego del hogar sobre personajes o situaciones extraordinarias, inciertas o sorprendentes.</p>

<p>Quizá en ello estriba la fuerza de un libro que ha cautivado a lectoras y lectores de latitudes tan distantes y diferentes, que se ha convertido en lectura de institutos, universidades e incluso centros penitenciarios, y que ha conseguido transformar a su autor de “trabajador de un comercio que escribía cuentos” a “escritor de novelas que trabaja en un comercio”, además de haber servido como puente de encuentro con su público (en varios países) y hacerle reflexionar sobre su propia obra.</p>

<p>Y si el valor sanador de la amistad figura igualmente entre los propósitos de este libro y de su autor, sirva como ejemplo la compañía y presencia de Gustavo Revetria, una mano amiga que realizó una serie de dibujos con los que no hay una relación de continuidad con la novela, sino de contigüidad, y de los que pudimos disfrutar durante el encuentro con Luis Do Santos en el Instituto Cervantes de París.</p>

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      <guid>https://escritura.social/dyskolo/luis-do-santos-el-contador-de-historias</guid>
      <pubDate>Sat, 23 Dec 2023 11:37:34 +0000</pubDate>
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      <title>Lectura crítica y mercado editorial</title>
      <link>https://escritura.social/dyskolo/lectura-critica-y-mercado-editorial-x5ym</link>
      <description>&lt;![CDATA[[Artículo escrito en marzo de 2016]&#xA;&#xA;Hace unos días la editorial Tierradenadie presentó en el Fòrum de Debats de la Universitat de Valencia el libro “Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual”, coordinado por David Becerra Mayor, y en el que se analizan obras específicas o las trayectorias literarias de Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Alfons Cervera, Rafael Reig, Elvira Navarro, Fernando Díaz, Eva Fernández, Javier Mestre, Matías Escalera, Fanny Rubio y Juan Francisco Ferré.&#xA;!--more--&#xA;En la crónica sobre el evento, realizada por Enric Llopis, se incide en la importancia de este ensayo de 500 páginas por cuanto pone en cuestión “el canon establecido, pero sin plantear un modelo cerrado, [sino que] realmente el ensayo es una invitación al debate”. Un libro que trata de responder a la pregunta: “¿Existe acaso y es posible una novela crítica —disidente, contrahegemónica, de oposición— en el capitalismo avanzado, cuando éste muestra su rostro más totalizador?”.&#xA;&#xA;Para David Becerra el discurso dominante en la literatura (capitaneado por autores integrados como José Ángel Mañas, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes o Javier Cercas) ha borrado al capitalismo del relato, remitiendo los conflictos de los personajes al terreno de los problemas individuales o a lugares comunes como el que responsabiliza a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades. De modo que la literatura antagónica de Rafael Chirbes o Belén Gopegui, por citar solo dos ejemplos, esa novela que cuestiona los fundamentos del poder y que es digna heredera del “realismo social” aparecido en las décadas 50 y 60 del pasado siglo, continúa siendo denostada como entonces. Si hace unos años se decía de estas novelas que estaban mal escritas, porque anteponían las consignas políticas al estilo literario, y dejaron de estudiarse en las universidades. Hoy los suplementos literarios de los grandes grupos mediáticos —como “Babelia”, de El País— barren contra los escritores “comprometidos” con argumentos parecidos como la pobreza de estilo, la falta de originalidad por los argumentos recurrentes o un supuesto anclaje en la realidad de hace cuatro décadas.&#xA;&#xA;Es cierto, como en su día denunció Chirbes, que “la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos”. Presentadores de televisión o periodistas estrella se convierten en novelistas, con la misma facilidad que los escritores devienen en asalariados de estos emporios, donde unos y otros publican columnas en sus periódicos, novelas en sus editoriales, o participan como tertulianos en sus emisoras de radio o cadenas de televisión. Que además la crítica, en su papel de revisora del tren de la literatura, vigila para que no se cuelen en los vagones de primera quienes deben ir en tercera de acuerdo a ese sistema de afinidades electivas. Un mecanismo que aparentemente parece dejar la puerta abierta a la lectura bajo la máxima de que todo se puede leer, de que “todo vale” (no estamos en una dictadura que censure textos y autores). Sin embargo, dice Constantino Bértolo, la realidad es que “no todo vale lo mismo, que lo que más vale es lo que más se hace valer, es decir, lo que más se promociona. Entretenerse escondería así su verdadero rostro: la aceptación de los valores dominantes”. En otras épocas, los regímenes totalitarios contaban con los mecanismos necesarios para prohibir o impedir la difusión de determinados escritos, con mayor o menor éxito. Ahora el poderoso e impersonal mercado se encarga de proyectar el consenso literario sobre los escaparates de los medios hegemónicos. Lo que Bértolo denomina la inteligencia mercantil: la industria del ocio y sus servicios adyacentes. Detrás de una presunta calidad literaria, o estilos preferidos por los lectores, se ejerce una criba ideológica que se ajusta al proyecto social, económico y político que persigue la globalización neoliberal. Al tiempo que se ensalza a determinados autores y se imponen ciertas modas, se van eliminando espacios de debate, como la universidad, y se margina a cuantos se mueven fuera de los límites del canon. Prestigio y ventas, parecen ser los vectores de un buen escritor.&#xA;&#xA;En medio de ese lodazal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum nos dice que el capitalismo ha convertido a la literatura en una simple niñera que se ocupa de los adultos cuando salen del trabajo. La lectura como entretenimiento supone o bien un abandono de nuestros quehaceres, o bien un divertimento para hacer más llevadera nuestra existencia o recrear nuestro ánimo. De lo que se desprende, en palabras de Bértolo, “que quienes, por mor de entretenimiento, nos incitan a la lectura, o bien quieren que dejemos de hacer aquello que tenemos que hacer, o bien, conscientes de algún descontento que nos atenaza, desean que satisfagamos nuestra carencia con un sucedáneo: la lectura, fomentando así la irresponsabilidad y el autoengaño”.&#xA;&#xA;Esta perspectiva nos enfrenta a un problema añadido el autor como marca y la novela como espectáculo constituyen en manos de los grandes grupos el inicio de una campaña, de un bombardeo mediático, con el que se dirige la lectura hacia los códigos establecidos por el poder. El acto de leer se circunscribe entonces al ámbito privado y personal de ocio y consumo. Cada vez son menos los lectores que consiguen escapar de esa espiral, quedando la mayoría atrapados en los gustos dictados por la industria, al igual que les ocurre a los jóvenes novelistas que, habiendo perdido el interés por la tradición literaria, desprecian en la misma medida que desconocen el pasado de su lengua.&#xA;&#xA;El debate, por tanto, no se limita a denunciar el papel censor del mercado editorial, sino a ofrecer alternativas para escritores y lectores que rompan el círculo infernal en el que nos encontramos. Una de ellas, enunciada por Bértolo hace ya unos años, propone una visión de la lectura como un acto colectivo al que solo la comunidad puede otorgar sentido, y para lo cual las bibliotecas pueden jugar un importante papel, convirtiéndose en “espacios de lectura compartida, a medio camino entre la lectura colectiva (en voz alta) y la lectura privada. Espacio para el intercambio crítico de los juicios y gustos privados”.   &#xA;&#xA;¿Qué futuro nos espera sin alternativas? Seguramente seamos capaces de plantear otras muchas. &#xA;&#xA;#edición #lectura #crítica&#xA;&#xA;---&#xD;&#xA;Puedes hacer algún comentario en Mastodon: @dyskolo@escritura.social&#xD;&#xA;Puedes seguir este blog mediante RSS&#xD;&#xA;---&#xD;&#xA;Liberapay]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p><em>[Artículo escrito en marzo de 2016]</em></p>

<p>Hace unos días la editorial Tierradenadie presentó en el Fòrum de Debats de la Universitat de Valencia el libro “Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual”, coordinado por David Becerra Mayor, y en el que se analizan obras específicas o las trayectorias literarias de Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Alfons Cervera, Rafael Reig, Elvira Navarro, Fernando Díaz, Eva Fernández, Javier Mestre, Matías Escalera, Fanny Rubio y Juan Francisco Ferré.

En la crónica sobre el evento, <a href="https://rebelion.org/el-capitalismo-un-espectro-literario-recorre-el-mundo/" rel="nofollow">realizada por Enric Llopis</a>, se incide en la importancia de este ensayo de 500 páginas por cuanto pone en cuestión “el canon establecido, pero sin plantear un modelo cerrado, [sino que] realmente el ensayo es una invitación al debate”. Un libro que trata de responder a la pregunta: “¿Existe acaso y es posible una novela crítica —disidente, contrahegemónica, de oposición— en el capitalismo avanzado, cuando éste muestra su rostro más totalizador?”.</p>

<p>Para David Becerra el discurso dominante en la literatura (capitaneado por autores integrados como José Ángel Mañas, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes o Javier Cercas) ha borrado al capitalismo del relato, remitiendo los conflictos de los personajes al terreno de los problemas individuales o a lugares comunes como el que responsabiliza a los ciudadanos de haber vivido por encima de sus posibilidades. De modo que la literatura antagónica de Rafael Chirbes o Belén Gopegui, por citar solo dos ejemplos, esa novela que cuestiona los fundamentos del poder y que es digna heredera del “realismo social” aparecido en las décadas 50 y 60 del pasado siglo, continúa siendo denostada como entonces. Si hace unos años se decía de estas novelas que estaban mal escritas, porque anteponían las consignas políticas al estilo literario, y dejaron de estudiarse en las universidades. Hoy los suplementos literarios de los grandes grupos mediáticos —como “Babelia”, de El País— barren contra los escritores “comprometidos” con argumentos parecidos como la pobreza de estilo, la falta de originalidad por los argumentos recurrentes o un supuesto anclaje en la realidad de hace cuatro décadas.</p>

<p>Es cierto, como en su día denunció Chirbes, que “la literatura, y en concreto la novela, se ha convertido en una esclava más del promiscuo harén de los que se conocen como grandes grupos mediáticos”. Presentadores de televisión o periodistas estrella se convierten en novelistas, con la misma facilidad que los escritores devienen en asalariados de estos emporios, donde unos y otros publican columnas en sus periódicos, novelas en sus editoriales, o participan como tertulianos en sus emisoras de radio o cadenas de televisión. Que además la crítica, en su papel de revisora del tren de la literatura, vigila para que no se cuelen en los vagones de primera quienes deben ir en tercera de acuerdo a ese sistema de afinidades electivas. Un mecanismo que aparentemente parece dejar la puerta abierta a la lectura bajo la máxima de que todo se puede leer, de que “todo vale” (no estamos en una dictadura que censure textos y autores). Sin embargo, dice Constantino Bértolo, la realidad es que “no todo vale lo mismo, que lo que más vale es lo que más se hace valer, es decir, lo que más se promociona. Entretenerse escondería así su verdadero rostro: la aceptación de los valores dominantes”. En otras épocas, los regímenes totalitarios contaban con los mecanismos necesarios para prohibir o impedir la difusión de determinados escritos, con mayor o menor éxito. Ahora el poderoso e impersonal mercado se encarga de proyectar el consenso literario sobre los escaparates de los medios hegemónicos. Lo que Bértolo denomina la <em>inteligencia mercantil</em>: la industria del ocio y sus servicios adyacentes. Detrás de una presunta calidad literaria, o estilos preferidos por los lectores, se ejerce una criba ideológica que se ajusta al proyecto social, económico y político que persigue la globalización neoliberal. Al tiempo que se ensalza a determinados autores y se imponen ciertas modas, se van eliminando espacios de debate, como la universidad, y se margina a cuantos se mueven fuera de los límites del canon. Prestigio y ventas, parecen ser los vectores de un buen escritor.</p>

<p>En medio de ese lodazal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum nos dice que el capitalismo ha convertido a la literatura en una simple niñera que se ocupa de los adultos cuando salen del trabajo. La lectura como entretenimiento supone o bien un abandono de nuestros quehaceres, o bien un divertimento para hacer más llevadera nuestra existencia o recrear nuestro ánimo. De lo que se desprende, en palabras de Bértolo, “que quienes, por mor de entretenimiento, nos incitan a la lectura, o bien quieren que dejemos de hacer aquello que tenemos que hacer, o bien, conscientes de algún descontento que nos atenaza, desean que satisfagamos nuestra carencia con un sucedáneo: la lectura, fomentando así la irresponsabilidad y el autoengaño”.</p>

<p>Esta perspectiva nos enfrenta a un problema añadido el autor como marca y la novela como espectáculo constituyen en manos de los grandes grupos el inicio de una campaña, de un bombardeo mediático, con el que se dirige la lectura hacia los códigos establecidos por el poder. El acto de leer se circunscribe entonces al ámbito privado y personal de ocio y consumo. Cada vez son menos los lectores que consiguen escapar de esa espiral, quedando la mayoría atrapados en los gustos dictados por la industria, al igual que les ocurre a los jóvenes novelistas que, habiendo perdido el interés por la tradición literaria, desprecian en la misma medida que desconocen el pasado de su lengua.</p>

<p>El debate, por tanto, no se limita a denunciar el papel censor del mercado editorial, sino a ofrecer alternativas para escritores y lectores que rompan el círculo infernal en el que nos encontramos. Una de ellas, enunciada por Bértolo hace ya unos años, propone una visión de la lectura como un acto colectivo al que solo la comunidad puede otorgar sentido, y para lo cual las bibliotecas pueden jugar un importante papel, convirtiéndose en “espacios de lectura compartida, a medio camino entre la lectura colectiva (en voz alta) y la lectura privada. Espacio para el intercambio crítico de los juicios y gustos privados”.</p>

<p>¿Qué futuro nos espera sin alternativas? Seguramente seamos capaces de plantear otras muchas.</p>

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      <pubDate>Sat, 23 Dec 2023 11:28:40 +0000</pubDate>
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