Jazmín
Ocho patitas tiene el jazmín, si le quitas una le crecerán mil. Siete patitas tiene el jazmín, si le quitas otra rodará hacia ti. Seis patitas tiene el jazmín, hazle cosquillas o perderá la raíz. Cinco patitas tiene el jazmín…
―¡No! ¡Eso está mal! Solo le hemos arrancado dos patitas ―se quejó el niño. No mencionó que supuestamente le habían crecido otras mil, aunque lo pensó. ―La canción es así ―respondió con dulzura una voz adulta. ―Pues la canción está mal ―insistió el niño. ―¿No quieres arrancarle otra patita? ―preguntó. El jazmín, obediente, había rodado sobre la cama hasta quedarse patas arriba y aguardaba expectante el siguiente verso. Se sentía muy orgullosa de su interpretación, y no cabía lugar a dudas de que quería terminar la canción. ―¿Por cuál íbamos? ―preguntó el niño, cogiendo a la bestezuela de pétalos anaranjados, con sus ocho patas aún intactas y solo ligeramente encogidas, porque con cada tirón, le hacían cosquillas. Tal y como decía la canción. ―Por la quinta.
Cinco patitas tiene el jazmín, tira de ellas o te morderá la nariz. Cuatro patitas tiene el jazmín, empieza otra vez y dejará de mentir. Tres patitas tiene el jazmín, salta a la cama y te hará reír. Dos patitas tiene el jazmín, cierra los ojos y hazle venir. Una patita tiene el jazmín, cuando no le queden se dormirá por fin.
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