Buboso
Todo anul y cada registro de su historia coinciden en que la primera granja de bubosos fue la casa de un médico, probablemente anterior a la transición sanuli, y con aún mayor probabilidad durante una de las plagas frenéticas.
Los bubosos son unas criaturas de tamaño similar a un anul. El buboso se sostiene sobre dos poderosas patas traseras, mucho más gruesas desde que sus, antaño alas, se atrofiaran hasta evolucionar en unos brazos cortos de dedos romos. El único recuerdo que queda de que una vez fueron alas, es una cortina de pelo que cae lustroso desde la articulación de la muñeca hasta el hombro en la forma de dicha extremidad.
Es de destacar que el buboso posee un pelaje abundante que cubre la práctica totalidad de su cuerpo, con excepción de los ojos, las garras de las patas y, según el zoólogo, de la cola. Es tema de debate si el músculo de la cola está recubierto por un tipo de pelaje más fino y suave, o es lo que queda de lo que una vez fueron plumas. Sin embargo, lo más interesante que cubre esa capa de pelo son las bubas que crece a lo largo de su torso y cuello.
Estas bubas empiezan a formarse a partir de su madurez. Crecen hasta alcanzar aproximadamente dos o tres centímetros de diámetro, y entonces, pueden desprenderse con facilidad de la piel del buboso, como los frutos de un árbol. Aunque al principio pueden tardar varios días en crecer, en su plenitud, cada buba tarda apenas unas horas en formarse por completo. Un buboso sano puede llegar a secretar entre medio millón y un millón de bubas a lo largo de su vida.
Estas bubas son tremendamente jugosas. Es natural, pues, que en su entorno natural, las manadas de bubosos se vean rodeadas de un sinfín de criaturas que buscan servirse de estas bubas como alimento.
Ya que se desplazan en grandes manadas, y las bubas, además de numerosos nutrientes, poseen ciertas cualidades calmantes y adictivas, salvo raras excepciones, los bubosos no son vistos como presas por depredadores de mayor tamaño.
Tampoco los bubosos son agresivos, a pesar de ser carnívoros; como la especie carroñera que es, se aprovechan del propio ciclo natural para alimentarse. No es infrecuente que entre su séquito tan variopinto se compita por las bubas, abundantes, pero limitadas; o atraigan a ejemplares ancianos o débiles, incapaces de sobrevivir a la procesión que lideran los bubosos.
Aunque suponen tan buen alimento para los anul como para cualquier otra especie omnívora, los anul aprendieron pronto que digerir una buba sin procesar suponía un riesgo innecesario. Incapaces de renunciar a una fuente de alimento tan nutritiva y abundante, fue en medicina donde su efecto sedativo supuso una revolución. Así, fueron los anul la primera especie capaz de aprovecharse de estas bubas sin necesidad de que sus productores, bien alimentados y atendidos por sus cuidadores, dependieran de la muerte como medio de subsistencia, destacando así el carácter pacífico, afable y generoso que estas criaturas poseen por naturaleza.
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