No quiero que llegue el día, me digo todas las noches. No quiero que llegue el mañana, me digo mientras arranco horas al sueño. Miro al techo en la oscuridad, que daría igual a donde mirar porque todo se ve con negrura, pero miro al techo porque parece que de allí puede venir una luz, un rayo que me ilumine y que haga que la siguiente jornada sea digerible. No quiero dormir, no quiero perder la conciencia, no quiero perder el hilo. Ocurren cosas mientras duermo, acechan males en los ángulos muertos.