La chica de porcelana rota (dos veces)


Polvo fuimos y polvo seremos, porque hay niveles de ruptura de los que no puedes salir indemne.

He pasado los últimos años intentando hacer para recuperarme pensándome como un jarroncito de porcelana al que echan loctite, contando los trozos que se me desprendían y guardándolos hasta saber cómo volver a pegarlos. Tratando de recordar el orden en el que me había roto para conjurar un hechizo de tiempo-atrás que permitiera reconstruir todo lo que iba desagregándose de mi core. He parado todo lo que no era esencial: escribir, incluso. Me dije a mí misma “si me hago lo suficientemente pequeña no tendré que temer perder más partes porque no habrá nada que perder”. Y así me encerré en la vuelta a los básicos: comer, ducharme, dormir. No ha funcionado.

Intenté buscar ayuda en lo institucional: procesos de diagnóstico, evaluaciones, discapacidades, dependencias, peticiones de servicios que nunca llegan... Los servicios públicos son insuficientes y ahí estaba yo, un núcleo palpitante que sólo aspiraba a las funciones mínimas esperando por un rayo de luz que le permitiera viajar a otro planeta.

Me he perdido. Me he perdido. Me he perdido. Ya no sé quién soy aparte de unos trozos de porcelana recogidos y empolvorizados. No hay milagros. No hay luces que te iluminen. Sigo esperando una.

Sin embargo, algo en mi espíritu me dice que podré salir adelante. Quizás la solución sea no intentar conservar nada del core, machacar y volver polvo y mezclar con agua y conformar un nuevo qué, ¿pero cómo? ¿qué forma tendrá?

La red es inmensa.