Mi sombra paterna
Estoy empezando a entender las consecuencias de mi frágil salud mental desde que hace más de diez años tuve mi primera crisis de ansiedad. Por resumirlo en uno e ir al grano: pérdida de confianza en mí mismo. Estuve rápido tras estos peros episodios, y pronto deduje -sin entenderlo del todo- que necesitaba algo nuevo para renconciliarme conmigo mismo. La apuesta fue el teatro, y salió ganadora. Del casal de la juventud con 23 años a hacerme autónomo y estrenar mi primera obra profesional con 29. Mucha formación, mucha mierda en salas a menudo vacías, mucho teatro de las oprimidas y mucha impro en una corta y emocionante trayectoria. El escenario era mi sitio seguro, y Momo y Lea eran mis anclas. Como Diciendo Teatro fue mi hogar, un lugar donde expandirme, disfrutar, aprender y ponerme a prueba constantemente. Entonces llegó un embarazo ilusionante que transformó mi cabeza y me conectó de nuevo con la falta de confianza en mí mismo. Mis cimientos no eran sólidos y el edificio se derrumbó antes incluso de ser, de facto, padre. Pero la idea de ser padre es también poderosa, y los miedos afloraron en mí a partir del tercer trimestre de embarazo de mi pareja. Soy un artista precario, impostor, irresponsable. Necesito ser otra cosa, mi familia necesita que sea otra cosa. Esos pensamientos son el caballo de Troya para la ansiedad.
Tras estrenar este primer montaje profesional, y con el nacimiento de mi hijo al caer, una llamada lo cambia todo: ¿quieres trabajar a media jornada como auxiliar de bibliotecas en la universidad? Emoción y dudas, pero yo había aprobado ese proceso y era un trabajo estable con el niño a punto de llegar. Sí, quiero.
La sombra se cernió sobre mi, implacable. Ya era padre, y no estaba preparado para ello. Nadie lo está. Solo me preocupaba ser el padre que decidí ser: presente y cariñoso. Pero no tuve en cuenta que no sabía cómo hacerlo. No lo había visto, no tenía un modelo. La sombra. Deseos y heridas que chocan constantemente y que hacen que te cuestiones día tras día. Un juicio que no cesa, en el que llevo ya inmerso más de cuatro años. Y en camino, unas costas altísimas derivadas de la falta de amor propio y confianza: pérdida de amistades, abandono de actividades, aislamiento silencioso y paulatino… He renunciado durante mucho tiempo a ser yo mismo por miedo. Me he sentido insuficiente durante mucho tiempo. Cuánto dolor. Años en los que estar bien era un estado transitorio. Estos últimos meses, coincidiendo con crecimiento de mi hija pequeña, me he dado cuenta de que con pacientes y trabajo, poco a poco, vuelvo a sentirme iluminado. El foco me apunta a mí. Aún es un cenital bien cerrado, duro. Pero es mi marca, me muevo ahí. El momento de soliloquio. Vuelvo a verme. Voy entendiendo mi sombra, el miedo a mirarla directamente ya no es tan grande.
Hoy, puedo decir con benevolencia que no soy el padre que aspiraba a ser, pero tampoco el que temía. Y me abrazó a eso para seguir haciendo crecer mi propia voz. Empieza, de nuevo, el seluloquio.
*Si te apetece que comentemos el post, puedes escribirme en Mastodon: @selu@masto.es